jueves, 8 de marzo de 2012

REFLEXIONES SOBRE EL TAO

Doy comienzo aquí a unas breves reflexiones sobre el Tao. Ese libro, Tao Te Ching (King), es un pilar de la evolución de la historia de la conciencia humana, o lo que es lo mismo, pilar de la mística, como lo son los Evangelios, los Vedas, la escuela pitagórica, Plotino y sus Enéadas, Al Corán… Es un libro difícil de asimilar para la cultura occidental.

Es cierto que lo que Jaspers llamó época axial comprende a los grandes místicos muy anteriores en el tiempo a Jesús de Nazaret. Estoy hablando del siglo VI antes de Cristo. En aquella época aparecieron con años de diferencia y en tres civilizaciones distintas tres grandes místicos: Lao Tse(u) en China, Buddha en India, Pitágoras en Grecia. Cinco siglos más tarde aparecería en la historia Jesús, totalmente conectado, según grandes pensadores, con los de la época axial. Creo que a él no lo podemos incluir sin más en una línea puramente racionalista como las referencias que tenemos de Pitágoras en Occidente. Sin negar nada humano, Jesús marca el camino hacia la Plenitud de la que forma parte el ser humano (forma parte = participa en lo indivisible, en modo alguno es un trozo). Y esto no es solamente racional sino integral.

No pretendo escribir ahora nada sobre Jesús de Nazaret, sabemos que es la persona de la que más libros se han escrito en la historia de la humanidad, como tampoco voy a escribir sobre Buddha, Pitágoras o Lao-Tse. Quiero simplemente plasmar unas reflexiones-meditaciones sobre el Tao.

¿Qué quiere decir el nombre del escrito de Lao-Tse: Tao Te Ching? A esta pregunta, tan utilizada en nuestra cultura, nos responde el primer versículo del Tao: El Tao que puede conocerse no es el Tao. Queremos conocer, y este deseo constante en los hombres nos ha hecho crecer inmensamente a lo largo de la historia, pero la Realidad es incognoscible, el “Misterio escondido desde el inicio” es insondable para la mente. Por otra parte, es cierto que de alguna manera ya lo conocemos, mejor, que ya tenemos algún barrunto del mismo pues de lo absolutamente desconocido no podemos hacernos cuestión.

La palabra Tao viene a significar algo así como el Camino. La realidad del camino es algo extraño para nuestra mente dual. Pensamos que camino es el trayecto a recorrer para llegar a una meta, incluso lo medimos: metros, kilómetros, años luz… cerca, lejos… así es en este mundo manifiesto que por otra parte no es otro que el mismo mundo inmanifiesto en tanto que manifestado. No hay dos mundos. Pero cuando tratamos del camino interior, dicen los místicos que el propio camino es ya la meta, puesto que nunca hemos salido en verdad de la casa del Padre, puesto que el camino no es útil para otra cosa, no es un instrumento sino que tiene en sí mismo pleno sentido, en él medio y fin se identifican. Y no caben dudas de que el Tao nos habla de este camino interior, -no nos está hablando de la distancia entre Beijing y Cantón-.

Puesto que nuestra mente no puede comprender la no-dualidad, no puede comprender que el Camino y la Meta sean uno, ni puede comprender el Tao –el Misterio-. Eso es un saber no sabiendo. Este supremo saber del Tao es de tan alta excelencia/… /que no hay facultad ni ciencia/que lo puedan emprender/… /Pues este saber no sabiendo/es de tan alto poder/que los sabios arguyendo/jamás le pueden vencer/que no llega su saber/ a no entender entendiendo/toda ciencia transcendiendo… (Juan de la Cruz).
Encontramos equivalentes homeomórficos en los místicos de todas las culturas.

Tres ideas-valores fundamentales del taoísmo –y de toda espiritualidad, entiendo- son: la armonía (que comporta ritmo), la complementariedad, y el cambio.

Es de destacar que la triple dimensión, la tríada, lo trinitario es una constante como estructura de la realidad. El tres expresa la armonía fundamental: Trinidad (Padre, Hijo, Espíritu Santo), Tríada (Dios, Mundo, Kosmos), Trikala (pasado, presente, futuro), tierra-aire-cielo, sujeto-verbo-predicado, principio-medio-fin, nacimiento-edad-muerte, sólido-líquido-gaseoso, la paz que es armonía, libertad y justicia,

La armonía. Está en la base de todo, es un valor fundamental de la cultura china ancestral, también lo fue en la Grecia clásica – Tales, Solón, Anaxímenes, Anaximandro…-, hoy este valor apenas es tenido en cuenta. Es lo mismo que “equilibrio”, o sea que cada cosa, cada parte, cada ser ocupe su puesto en el todo, no que sean todos iguales, pero “ne quid nimis”, "ne quid futile". Por tanto la armonía nunca puede ser imposición, habría subyugación, sino relación, nunca puede ser victoria sino conjunción. La “coincidentia oppositorum” tiene que ir más lejos de la simple co-incidencia, tiene que ser la casa común donde todos se reúnen, celebran, conviven, no meramente coinciden.

Se trata de la armonía fundamental del Ser, armonía que no es fácil entender dentro de la cultura católica del pecado, al menos a partir de Trento. Dante Alighieri, gran místico a juicio de quienes conocen en profundidad su obra, escribe en el canto III de la Divina Comedia las siguientes palabras: “El divino poder se unió al crearme/con el sumo saber y el primo amor”. Estas palabras pertenecen al cartel escrito que, en su recorrido por el infierno, ve colocado a la puerta del mismo. La Trinidad –divino poder, sumo saber, primo amor- fue la creadora del infierno. La suma maldad –el infierno- es obra, surge de la suma bondad: La Trinidad. Esta es la armonía fundamental del Ser. No dice simplemente Dios creó el infierno, sino que afirma que el poder, la sabiduría y el amor sumos se unieron para que surgiera. Paradoja tremenda para nuestra mente. La armonía radical (la no-dualidad) es pura paradoja para nuestra razón. Evidentemente la armonía, o ritmo del Ser, no es lo que nosotros entendemos, sino que escapa a nuestra comprensión razonable. No podemos, pues, imponer nuestra visión de la armonía, del equilibrio. Es un don como lo es la vida. Sólo podemos favorecer su presencia.

La complementariedad. Todos conocemos el símbolo del ying y el yang que representa perfectamente esta idea de la complementariedad. Vemos que en él no hay dualidad, hay simplemente complementariedad, o sea, integridad y completitud. El ying y el yang no están opuestos sino abrazados, son dos polos o aspectos de una sola realidad. Es no-dualidad.

El Tao no tiene complemento pues los abarca todos, es la fuente de todos ellos. No es un Dios todopoderoso que nos ama y protege, como aceptamos en la visión abrahámica. En la visión china no existe este concepto de un Dios, mejor se podría decir que el Tao es algo así como la Senda que nos abre a todos los caminos.

Wu Wei: No Acción. Nosotros entendemos la vida a partir de la acción. Sólo podemos interpretar la Realidad a partir de la causalidad, de ahí que la acción aparezca como fundamental en nuestro ordenamiento cultural. La propuesta del Tao es la No Acción, complementar la acción con la no acción, mejor, dentro de la no acción (wei wu wei). Sería bueno tratar aparte este tema. Pero sepamos que el wei wu wei vendría a ser algo similar (prefiero decir homeomórfico, que no significa simplemente similar, sino que lo que produce efectos parecidos) a nadar a favor de corriente o lo espontáneo, ¡pero no lo identifiquemos! Se trata de la actitud (o no actitud) de complementarse con lo que es, no de resignarse porque no se pueda hacer otra cosa. Es un planteamiento más allá de la lógica.

Nosotros actuamos, pero ¿qué hay tras nuestros actos? Quizás en muchos casos no estemos actuando. Los postmodernistas nos han enseñado que son muchísimos los contextos en los que brotan nuestras ¿acciones? Éstas en su inmensa mayoría no son más que reacciones ¿libres? ¿auténticas?... la No Acción es el complemento indispensable. También en este aspecto el Tao puede allanar nuestra senda.

Cambio. Todo es impermanente menos el cambio, decía Buddha. El cambio está en la misma estructura del ser, por eso toda pretensión de fijar algo para siempre es ilusa, sin embargo asociamos la seguridad a la negación del cambio, a la permanencia. Pretensión vana y lo que es peor, totalmente equivocada.
Dios, decimos, es inmutable: el dios que nosotros nos hemos creado a nuestra imagen y semejanza, el dios en el que hemos colocado todo aquello que no tenemos en nosotros (sabiduría, omnipotencia, permanencia-eternidad, justicia…) es inmutable, pero ese dios es sólo un objeto creación de nuestra mente. El Dios que nos manifiesta Jesús es muy otro, el Dios que nos manifiestan los místicos es muy otro. No sabemos qué es. Oteamos cómo es. Experimentamos su presencia. Afirmar cualquier cosa sobre él es una temeridad. ¿No es quizás nosotros mismos, no en cuanto individuos, sino en cuanto personas, relación..., en lo más profundo?

El Tao moviliza nuestras fuerzas interiores y exteriores, moviliza lo que es para que el cambio sea positivo en nosotros, para que seamos idénticos y auténticos pero no inmutables. El Tao sigue siendo una senda para poder caminar en el cambio, tanga el cariz que tenga dicho cambio.

José A. Carmona

4 comentarios:

Luis dijo...

Muy bueno este blog, no encuentro un correo donde ponerme en contacto.
Gracias¡¡¡¡¡¡

José A. Carmona dijo...

Luis, mi correo electrónico es
carmonabrea@yahoo.es

Gracias por tu comentario

Diego Santos dijo...

Muy interesante este artículo. Gracias.

Diego Santos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.