Breves reflexiones sobre las palabras “Perfecto (perfección) y Diablo”
Estos dos vocablos: “perfección o perfecto y diablo” son de uso cotidiano en nuestra lengua. Todo el mundo las usa, sobre todo la primera, en multitud de ocasiones. En nuestra visión católica están cargadas de una significación muy determinada que se ha ido elaborando con el paso de los siglos y con la utilización que los humanos hemos hecho de ellas según las diversas visiones del universo que se han ido manteniendo según las creencias (la mayoría de ellas religiosas) y las actitudes cara al mundo “exterior”.
Mas esta utilización generalizada de dichos términos no supone en modo alguno, antes bien todo lo contrario, que se haya reflexionado por parte de la mayoría sobre cuál sea el significado originario de los mismos, cuál su etimología, por qué se introdujeron en el lenguaje cristiano, hace dos mil años, y con qué significación. Como casi siempre, ir al origen de las palabras, aunque no pueda ser en muchísimas ocasiones el origen último, puede iluminar lo que ellas no sólo manifiestan, sino también esconden.
Los cristianos de fe y de formación tenemos en nuestros corazones la resonancia de estas palabras puestas en boca de Jesús por los que escribieron los evangelios, que nos piden que seamos perfectos “como nuestro Padre celestial” y que llama a Satanás (el Diablo) “padre de la mentira”. No cabe duda de que la intimidad que Jesús tenía con el Padre era tal que el evangelio de Juan llega a afirmar: “el Padre y yo somos uno”. No es difícil concluir a partir de estos textos, que los evangelios y las primeras comunidades, de cuya fe los evangelios son expresiones, ven a Jesús con la misma perfección que ven al Padre, perfección que nos pide a todos sin excepción, pero perfección como la que tiene él y el Padre, no lo que nosotros podamos pensar que es perfección. Es cierto que los místicos cristianos, el primero Jesús, vivieron en plenitud la experiencia de la perfección como Totalidad, de ahí su lenguaje esencialmente paradójico, obscuro para la mente (también el del evangelio que nos pide amar sin límite, passim, y a la vez nos dice que Jesús vino a traer la guerra y no la paz, Mt. 10, 34... Lc.12 51...), claro para la experiencia de lo numinoso, pero la inmensa mayoría de los cristianos hemos sido adoctrinados en otro sentido: la ascética de la “mortificación (matar)”, represión hasta la muerte de lo considerado negativo o malo, y los místicos normalmente no han sido entendidos...
La primera palabra: Perfecto es el participio pasado (por tanto pasivo) del verbo perficio (per facere), cuyo significado más genuino es hacer totalmente, acabar, completar, por lo tanto su participio pasado significa lo completado o completo, lo total. Este significado originario es anterior a la utilización del término entre los cristianos, el latín era una lengua utilizada en todo el imperio romano en fechas muy anteriores (siglos) a Jesucristo. En cambio, en nuestra cultura cristiana ha pasado a significar el compendio de cualidades positivas en el que no hay lugar para lo negativo: “compendio de todos los bienes sin mezcla de mal alguno”. En esta concepción se excluye expresamente todo lo negativo, lo malo, lo que la psicología jungiana y posterior ha llamado “la sombra”. Así la santidad en el sentido católico se concibe como una actitud en la que la persona humana niega cada vez con mayor fuerza toda aquella parte de sí misma que percibe como mala, mutilándose en su propio ser, negando la polaridad del ser en sí mismo, polaridad que es la constitución de este mundo manifiesto. La santidad cristiana se entiende como la afirmación a lo que debe ser (¿según qué criterio?) y la negación de buena parte de lo que es, considerada pecaminosa: placer, sexo, pasiones, impulsos, cuerpo, soberbia, agresividad...
Este concepto de perfección, la perfección tal como la entiende nuestra cultura, niega la sombra, o sea, todos aquellos aspectos de nosotros mismos que no reconocemos como propios, pero que en verdad lo son, aunque no estemos en contacto consciente con los mismos. Y que por lo mismo proyectamos hacia lo exterior. Un ejemplo paradigmático de esta proyección es la persecución institucionalizada de la “brujería” y de la “herejía”, la realización de las “cruzadas”... Simplemente señalo el hecho, no pretendo juzgarlo, los criterios morales, como todo, evolucionan con los tiempos, y todo hecho, patológico o no, colabora en la historia para la evolución de la conciencia.
La sabiduría, o filosofía perenne, ha conservado el sentido originario del término “perfección”. Ha entendido que el camino para la misma consiste en un proceso de ampliación de nuestra conciencia, no simplemente moral ni psíquica, sino la conciencia sin epíteto, orientado a que esta abarque todo cuánto es, una vía de aceptación de la totalidad, de abrazo a lo que es. Lo cual no quiere decir más que el reconocimiento de nuestra realidad, que la aceptación de las polaridades que constituyen la existencia en el tiempo, que somos a la vez buenos y malos en el sentido que damos a estas palabras, en realidad ni buenos ni malos, pues son conceptos muchas veces arbitrarios que hemos tomado de nuestra visión particular de la Realidad. En modo alguno quiere decir esto que hemos de dejarnos llevar por la agresividad, por el odio.., sino que nos contemplemos y aceptemos tal cual somos para en la aceptación transcender esta polaridad y llegar hasta la Realidad, lo no-dual de lo que es manifestación en el tiempo nuestra polaridad constante. Sólo en la armonía que, abarcando los dos polos, los transciende está la verdadera sabiduría. Y en ella se establece el místico. Esta armonía es la del Ser, que no es ser de esta manera u otra sino que no es polar, no tiene otro polo contrapuesto. Es amor sin odio posible, es Vida sin muerte, sin duración, sin cambio, sin tiempo, es felicidad sin polaridad, no-dual. Es la liberación de toda forma. No olvidemos nunca que “(el Padre) hace salir el sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos” (Mt 5,45).
La segunda es: Diablo. Procede del griego diábolo (dia-bollein: dia-bollein) que significa: el que desgarra, el que divide. El padre de la mentira lo que hace es dividir, crear confusión, separar, oponer... “También resulta muy significativo advertir que “diabólico” es el antónimo de “simbólico” (sum ballein: sim-ballein) que que significa reunir. Este significado etimológico tiene una importancia extraordinaria en lo que respecta a la ontología del bien y del mal. Lo simbólico es, pues, lo que reúne, lo que vincula, lo que integra al individuo consigo mismo..., lo diabólico, por el contrario, es lo que separa, lo que divide al individuo, lo que lo escinde y mantiene separado...”(Rollo May). Vivimos en el tiempo, en el mundo de la separación de los polos, en lo diabólico y sólo asumiendo la dualidad, no eliminando ni reprimiendo una parte, y transcendiendo ambas en la misma aceptación, podremos llegar al Ser, al Espíritu que es quien mantiene esa dualidad de formas en nuestra existencia. Lo que es verdaderamente malo no es un polo de la dualidad (lo que no debemos ser) sino la dualidad misma, es la exclusión de uno de los polos, es la escisión de lo que en sí no es sino Ser, porque en definitiva la división es un error de nuestra percepción. Sólo hay Ser, sólo Amor y Vida. Si lo queremos llamar Dios, pues vale.
Quizás con lo dicho sea suficiente para abrir un principio de duda en las conciencias más abiertas, que no se han enroscado en sí mismas como el puerco espín.
lunes 12 de octubre de 2009
miércoles 23 de septiembre de 2009
Miedo existencial a la muerte... 3ª Parte
Miedo existencial a la muerte, símbolos de inmortalidad y trascendencia de la misma haciéndonos uno con el Misterio (Resurrección hic et nunc: disolución del yo en el Espíritu).
Tercera Parte
Etapa de la mente egoica o del yo racional (Siglos XVII-XVI a.C. hasta nuestros días)
Los datos de aproximación a las distintas etapas que hemos ido aportando en este escrito, son eso, burdas aproximaciones dadas con la finalidad de que podamos hacernos un ligera idea de cómo situar en el tiempo las diversas etapas. Ya sabemos que la diferencia de miles de años no tiene importancia, y más teniendo en cuenta las centenas de miles de años que llevan los homínidos y el hombre sobre la faz de la tierra. Y siempre hemos de contar con que las raíces de cualquier estructura de conciencia (arcaica, mágica, mítica...) suelen remontarse muchos miles de años antes del pleno florecimiento de la misma y que continúa ejerciendo su influencia mucho después del mismo. No hemos más que fijarnos en la influencia que la mente mágica (se vuelven a poner de moda los amuletos), y no digamos la mítica (toda la visión exotérica de las religiones, entre nosotros del catolicismo, que no ha salido de la mentalidad tribal-mezcla de mágica y mítica: pensemos en los ritos de difuntos, en el antiguo Dies irae. Igualmente las tribus urbanas que partiendo de Hispanoamérica están invadiendo todo Occidente, las corridas de toros...) siguen ejerciendo en nuestros días.
La etapa del yo racional se puede precisar algo más, pero poco. J. Gebser (que es mi pauta en este escrito) coloca el comienzo del período egoico (de la aparición del yo mental, de la persona, del individuo) en la aparición de la Ilíada. Otros autores opinan que no, pero todos vienen a coincidir que la aparición de un ego mental formado aparece en la Grecia de los siete sabios (Solón, Anamixandro, Pitágoras...) y dura hasta nuestros días. Gebser hace una bella descripción de la palabra con que empieza la Ilíada (Mênin 'aeide Zeá, Peleiadeos 'Ajileos) Mênin que viene de la raíz sánscrita men tiene una connotación claramente mental, y toda la Ilíada es “la evocación de una ceremonia llevada a cabo por un hombre (no por los dioses) en una sucesión ordenada de acontecimientos.” Ha aparecido el yo mental, comienza la historia.
No nos vamos a entretener en analizar el proceso evolutivo del yo mental, del ego racional, puede que nos baste saber la época del ego mental puede subdividirse en varias etapas según muchos eruditos,:
La primigenia, o período egoico inferior, que es anterior a la aparición del la Ilíada, comenzaría en torno al 2500 a.C. y llegaría hasta el 500 a.C., la época de Moisés, la Grecia de los sabios. Durante este período la conciencia egoica iría emergiendo del sustrato inconsciente, superando la mentalidad mítica promedio. Fue la época en que se comenzó a escribir el Antiguo Testamento de la Biblia (entre los siglos X al V antes de Cristo).
La media que situaríamos entre el siglo VI a.C. y el Renacimiento, cuajada de grandes místicos (los axiales: Platón, Buda, JESÚS, Plotino, Mahoma, Nagaryuna, Eckhart, Francisco de Asís...) y de grandes genios.
La etapa actual que partiendo desde el Renacimiento llega hasta nosotros, que nos hallamos en pleno período egoico superior, cargada con genios individuales que cambiaron para siempre la faz de la tierra desde Galileo a Einstein, y místicos que han deslumbrado a la humanidad desde Juan de la Cruz o Lutero hasta Ramana Maharsi.
Es la época de la aparición del héroe individual, que vence a la Gran Madre y a sus consortes que no es sino el ego racional que se impone a los mitos que durante miles de años han dominado la conciencia humana. Se da por entendido que nos referimos al mito en el sentido exotérico o superficial del término, que es el sentido que entiende la inmensa mayoría de la humanidad existente, y nunca en el esotérico o profundo, que exige una excelencia de conciencia que ha de subir en la escala de niveles hacia la Unidad.
“El instinto y la tradición dejaron de servir para encauzar la conducta del hombre, y el ser humano perdió la certeza y la seguridad con respecto a lo que hacía y con respecto a sí mismo” dice Whyte hablando de la crisis de la conciencia mítica. La estructura anterior de conciencia había demostrado su insuficiencia y poco a poco se fue gestando la erupción del héroe: del yo mental, que vencía los estados anteriores.
Tampoco voy a entretenerme en un estudio sobre la aparición y desarrollo posterior de este ego racional, que pensamos, en nuestra cultura, que es la etapa más alta posible de la conciencia humana: ya no podemos llegar a más, cuando esto es totalmente erróneo. ¿Por qué se va a parar la evolución de la conciencia en nosotros? ¿Qué creemos que somos? ¿Acaso no ha habido a lo largo de todo el desarrollo de la conciencia gente que superó los niveles de conciencia promedio? ¿No tenemos miles de casos de sabios y místicos que han superado y con creces esta etapa egoico-racional? Los estudiosos apuntan a niveles más altos, ya alcanzados y no sólo por los místicos axiales, sino por todos los místicos y grandes sabios de la historia y de la prehistoria. Por encima de esta conciencia egoica está el nivel intuitivo aperspectival, el psíquico, el sutil, el causal, el no-dual... lo Divino.
Pero nuestra intención es analizar los sustitutos de inmortalidad que cada forma o nivel de conciencia va asumiendo en su época, para luchar contra la constante amenaza de Thanatos, contra el miedo existencial a la muerte, que es un miedo real en el mundo manifiesto, porque tememos caer en la cuenta de que realmente estamos en el mundo no manifiesto también, que el manifiesto es el relativo, el polar, el del bien y el mal, que el no-manifiesto es el inalterable, sin tiempo, sin evolución, sin futuro ni pasado... pero caer en la cuenta para la humanidad promedio supone morir, la destrucción de la apariencia de identidad con la que nos hemos identificado (en mi caso José Antonio Carmona). Y esta destrucción que conlleva la disolución de cuerpo (y alma) y que vemos muy clara en un futuro (cercano o lejano) nos da pánico, como afirmaba Unamuno y con razón desde la perspectiva del tiempo y de la polaridad.
Hemos de decir que dichos sustitutos de inmortalidad no son ni buenos, ni malos (sería otra cuestión a tratar esta de la polaridad), nos prestan un servicio en esta existencia temporal, pero hemos de ser conscientes de eso mismo, de que se trata de una existencia temporal y que los sustitutos temporales son eso meros sustitutos y meramente temporales. ¿Estamos dispuestos a abrirnos a la Realidad, a lo No Temporal, a la Totalidad, a lo Divino (para los cristianos a lo Crítico)?
El primer sustituto que crea la mente egoica es el pensamiento: “
El pensamiento se convierte en dios, en la principal fuente de inspiración del hombre. De este modo, la sensación de identidad, en su huida de la muerte, de Thanatos, abandonó el cuerpo (demasiado mortal) y buscó asilo en el mundo sustitutorio del pensamiento en el que hoy todavía seguimos, por así decirlo, ocultos.” (Whyte).
Estamos en un nivel en el que hemos aprendido a utilizar el pensamiento para transcender el cuerpo (y lo hacemos sin esfuerzo) pero todavía no sabemos servirnos de la conciencia para transcender el pensamiento. ¿Será el próximo paso evolutivo de los humanos?
El segundo sustituto es la creación de un nuevo tiempo, lineal: histórico, interminable (no nos planteamos su final aunque lo tenga), con una finalidad, con una intencionalidad, no estacional o cíclico como en la época mítica, aquel tiempo sumido en el mito del eterno retorno, un tiempo que no se dirigía hacia ningún lugar (Campbell). Aún no había aparecido la historia, pues su conciencia quedaba satisfecha con un mundo circular.
En cambio hacia el 1300 a.C. aparecen crónicas históricas, y Herodoto, padre de la historia, vive en el siglo V a.C. La reflexión sobre lo acontecido es el paradigma del pensamiento reflexivo general. Y la reflexión sobre lo acontecido y la misma reflexión en general es algo muy bueno. Pero el tener un tiempo sin límites (concretos) impulsa el apetito desatado de poder y de acumula, porque tendemos a actuar como si el tiempo no fuera a acabar. En el mundo circular no cabía el acumular, pues todo había de empezar de nuevo, pero en el tiempo lineal, el tiempo sin límites incita las actitudes de avaricia, de ambición sin que éstas puedan ser nunca satisfechas.
El ego heroico se figura que puede llegar a dominar el futuro. Egoísmo en el que seguimos atrapados hoy y que inunda la mente promedio de este siglo XXI. El hombre actual se esconde detrás de este nuevo tiempo histórico, para no darse cuenta de que la Conciencia es nuestro auténtico destino, que todo se dirige solamente hacia un lugar: hacia la Totalidad, no hacia otros fines. El cientifismo y la mentalidad empírica sensitiva ha siglos que determinaron que no existía ninguna otra Realidad fuera de lo que era su objetivo, así que preguntar por esa Realidad no sensitiva era un infantilismo, un resto arcaico de una menta mágica o mítica.
Señalamos también como sustituto de inmortalidad “la deformación radical del ego humano y del cuerpo humano” (Brown). Al ir surgiendo el yo mental se ha ido separando del cuerpo humano, y ha terminado disociándose de modo que en el hombre se reprima el cuerpo hasta límites impensables, ¡llegando a hacerlo enemigo del alma!
Al comienzo de esta época egoico-mental el crecimiento de la conciencia le permitió al hombre transcender las fronteras físicas del cuerpo y a la vez se enfrentó a una comprensión más lúcida de la muerte, y para huir de ésta el yo mental se disoció (no sólo se diferenció), se separó del cuerpo, al que veía como impermanente y corruptible, en cambio a la mente (el alma) la veía como incorruptible. Con esta disociación lo que ha hecho es destrozar al hombre, un yo mental sin un yo corporal no es un hombre. El ego desvitalizó el organismo y sus energías, reprimió y deformó el cuerpo, con lo que deformó, como se ha dicho, lo humano, creó el divorcio entre el alma y el cuerpo, mecanizando a éste. Y en esta visión del hombre se instala el actual pensamiento racional, científico y de dogma y moral católicas.
La disociación entre el ego racional y el cuerpo terminó creando un cuerpo mecánico frente a aquel. A este respecto dice O.N. Brown, citado por Wilber:
“En esta naturaleza humana deshumanizada el hombre pierde el contacto con su propio cuerpo, más concretamente con sus sentidos, con la sensualidad y el principio del placer. Y esta naturaleza humana deshumanizada produce una conciencia inhumana cuya única actividad es la abstracción divorciada de la vida real, la mente productiva, la mente racional...”
Este cuerpo reprimido sirvió también de símbolo de inmortalidad, porque él muere pero no el principio racional, el alma.
Con la aparición del ego mental aparece también en la historia la presencia del padre y con él el fenómeno del patriarcado. Es totalmente cierto que en la aparición y consolidación de este patriarcado influyen multitud de factores tanto naturales como patológicos (de dominio). Se trata de un fenómeno universal mantenido durante los últimos milenios y que en parte, al menos, es debido a una desviación de la emergencia de un ego mental enfermo.
Cuanto más evolucionada y formada está una persona más claro tiene el equilibrio entre los polos masculino y femenino, en cambio los individuos menos desarrollados (actuales) exhiben manifiestamente los rasgos estereotípicos propios de su sexo. Llegada la plenitud del desarrollo “no habrá varón ni mujer, sino que seremos todos uno en Cristo” afirma Pablo de Tarso.
De hecho, si consideramos todas las culturas históricas, vemos que los padres aparecen como portadores de la ley, el orden, la autoridad, las relaciones sociales y esto es así tanto en los más primitivos tabúes como en los más modernos sistemas jurídicos. En cambio la mujer, la madre, en parte por su propia biología está más ligada a la naturaleza. Sin embargo, esto no es óbice para que tanto en la mujer como en el varón pueda desarrollarse un yo mental pleno y satisfactorio.
Una de las causas no natural que determinó fuertemente la aparición del patriarcado prepotente, que ha dominado la tierra durante el período histórico, ha sido la represión de la mujer. La causa no ha sido verdaderamente su naturaleza constitutiva, sino la función que se le fue asignando desde la aparición del arado en la agricultura (Para clavar el arado hacía falta la fuerza física del varón, una mujer, embarazada
sobre todo, no podía): parir y cuidar los hijos en la casa. Siglos más tarde, siguiendo esta línea apareció una norma religiosa que ha influido y sigue haciéndolo de forma terriblemente represora contra la mujer en la cultura cristiana: “mulier in ecclesia taceat”(la mujer calle en la iglesia). Y lo peor de todo es que los patriarcas prepotentes afirman que esta orden viene de lo Alto. ¡Confundir su propia soberbia con el deseo Divino! En un nivel inconsciente en la opresión de la mujer, en la marginación de lo femenino de toda la esfera de lo social, del ágora, de los negocios (hoy sigue discriminada en los salarios), del intercambio mental ha influido notablemente la disociación entre alma y cuerpo. El alma es el héroe mental, el principio inmortal, elevado a los cielos, capaz de pensar, razonar, ser lógico, asociado al varón y el cuerpo pegado a la tierra, manifestación de la naturaleza (biología), cargado de pasiones, placeres y dolores (visión patológica, pero histórica) asociado a la mujer. Recuerdo que cuando yo era niño, hará unos sesenta años (nada en comparación de los miles de la historia) me comentaba un rico hacendado de mi pueblo: “Me han dicho en el colegio que mi hija vale para estudiar. Pero ¿para qué va a estudiar? Lo que tiene que hacer es aprender a quitar mierda de la casa y de los hermanos”.
¡El cuerpo se sentía (y siente) como amenaza para el desarrollo! ¡La ascética cristiana! No tenemos un cuerpo, sino que somos un cuerpo, como dice Dürckheim, un cuerpo que es a la vez alma o psique y espíritu, no tres cosas unidas sino una sola realidad, el hombre, que las integra, como el agua, sacando una similitud del mundo químico, no es hidrógeno unido al oxígeno, sino una realidad distinta a ambos que las integra, o el fuego que no es carburante y oxígeno, sino una realidad distinta que las integra a ambas.
Y la figura del padre va a prestar un gran servicio al ego racional en su búsqueda de sustitutos de inmortalidad. (No tratamos de los muchos aspectos positivos que la presencia del padre ha aportado a la evolución de la conciencia porque no es el tema de este escrito).
“La organización de la sociedad llegó a centrarse en la familia patriarcal bajo la protección legal del estado. Fue en esa época cuando la paternidad biológica llegó a tener una importancia dominante debido a que se convirtió en la forma universal de asegurar la inmortalidad personal.” (Becker. La lucha contra el mal).
El patriarcado se convirtió en un nuevo símbolo de inmortalidad biológica. El padre permanecía vivo en el tiempo aún después de muerto, pues permanecía en los hijos, su semilla. Peor, no solamente en la vida de los hijos, sino también en la herencia que les legaba. La voluntad del muerto, manifestada en el testamento, en la herencia afirmaba una existencia póstuma del individuo y su voluntad entre sus herederos, su personalidad legal se transmitía intacta a sus herederos en los que pervivía. Esta ley de la herencia fue totalmente apoyada por el ius romanum.
Era una forma de transcender la muerte. Así que tanto el patriarcado biológico como el legal, refrendado por el estado, fueron símbolos sustitutos de inmortalidad.
El varón, el padre, tenía ya muchos símbolos de inmortalidad: no sólo el dinero, los bienes... que eran objetos que le pertenecían, sino también la familia (del latín famulus=esclavo), los hijos, los herederos que eran sujetos que le pertenecían, eran su propiedad. Para conocer hasta donde se extendía la propiedad del padre sobre los hijos, no digamos ya sobre la la mujer, bástenos recordar el relato del sacrificio de Isaac (Gen. 22), que tan conocido es en nuestra cultura abrahámica. Al margen de que el relato sea histórico o no, se trata de la expresión de una cultura que se apoyaba en Yahveh.
Así el proyecto de inmortalidad se creó sobre el ego masculino (paterfamilias), sobre el Adán promedio, y dejó a la mujer relegada en casa, sin propiedades, sin hijos, sin acceso al foro social, sin poder heredar, ni votar... Ella no tenía proyecto de inmortalidad, y ya sabemos que incluso entre muchos pensadores cristianos se le negó hasta el alma.
Por supuesto que siguieron en pleno auge los símbolos de inmortalidad de las mentalidades anteriores, aumentados dichos símbolos con la fuerza del pensamiento racional. En este sentido podríamos ver lo que la cultura racional ha hecho con la muerte, con la Vida eterna a la que ha sustituido en muchas personas por otros sustitutos, como la ciencia, ir alargando la presencia del hombre sobre esta tierra (algo que con la visión del mundo relativo manifiesto es algo muy bueno), el olvido de que aquí no tenemos estancia permanente, que nos dice el evangelio, o que todo es perecedero, impermanente salvo la impermanencia, como dice Buda. La cultura en líneas generales ha apartado la finitud de nuestra vida de la vista de los hombres.
Y en nuestra cultura occidental, llamada cristiana, existe una práctica religiosa, o no, de las exequias que aparecen como claro sustituto de inmortalidad, tratando de acallar la terrible voz de nuestro ser que nos enfrenta directamente a la muerte con placebos que poco o nada tienen que ver con Jesucristo, y sí mucho con una cultura que aún no ha salido de sus raíces agrarias y míticas (es evidente que siempre que hablo de mito, mítico me estoy refiriendo al sentido exotérico del mismo, nunca al esotérico en el que vivieron y viven los místicos, y más ninguno Jesús de Nazaret).
Una lectura desapasionada del ritual de difuntos de la institución católica nos puede llevar a muchas conclusiones, por supuesto no todas ellas válidas, pero sí que se recibe una impresión general de que las exequias tiene una falta de visión total de lo que es Eternidad, pues constantemente están hablando del futuro: “Dales, Señor, el descanso eterno...” “Dales” es una petición, por tanto es algo que aún no se ha conseguido, sino que se espera conseguir (nada de resucitar hoy y aquí). Y así en todas las oraciones de los funerales. El sentido del tiempo está impregnando las palabras y gestos de estas exequias, cuando está queriendo hablar del no-tiempo. Los conceptos e imágenes que se utilizan pertenecen a la época mítica: Dios como padre (no como Padre), la presencia de los ángeles, el alma liberada del cuerpo, el consuelo de la futura inmortalidad, el sentido puramente carnal de la resurrección, la oración de petición, el sentido satisfactorio (mérito) de la muerte de Cristo, la apelación a la misericordia divina, la constante oración de petición, la invocación de María y los santos como intercesores, la vida para siempre...
En modo alguno afirmo que todo esto no tenga su valor para la conciencia humana promedio de mucha gente, sólo afirmo que todas estas expresiones no superan una mentalidad que una gran parte de la humanidad ya ha superado, y sobre todo, que buena parte de la religiosidad contenida en estas exequias poco tiene que ver con la religiosidad vertical, la que nos trae Jesús y nos muestran la Bienaventuranzas, religiosidad que nos impulsa hacia niveles cada vez más altos de Conciencia, de Amor, de Unidad, de salir del individuo para ser Ser, Persona en su sentido más constitutivo: relación de fusión, de identidad en la Totalidad. Sirven, como mucho, para un consuelo horizontal, para buscar una actitud de conformismo con la muerte apoyada en una serie de visiones medievales, pero en modo alguno elevan el espíritu hacia una visión de altura en la que el espíritu tome más conciencia de que la Plenitud ni está en el futuro, ni en la inmortalidad el alma, ni en venerar, mucho menos pedir, a un Dios que está fuera de nosotros, y todo ello aderezado de mitos y gestos exotéricos totalmente desfasados. La Plenitud es la que nos proclama la Resurrección, la Unidad de todo cuanto es y no-es en un Absoluto atemporal, en un Cristo que dejó la individualidad del Nazareno por su muerte y apareció (a nuestros ojos) como Amor Universal en el que todos estamos fundidos, aunque en buena medida, no seamos conscientes de ello.
He hecho una afirmación anteriormente que puede resultar escandalosa para muchas personas que se autodenominan cristianas. He dicho que la afirmación de Dios como padre (no Padre) pertenece a una visión agraria de la conciencia humana. Y resulta que Jesús llama a Yahveh “Abba” papá. Dejo al margen el problema que con respecto a esta denominación de Dios se puede plantear en una visión teonómica del cristianismo, como es la que van aventurando los “sabios” (que no son los conocedores, sino los que experimentan al Ser en profundidad). Es totalmente cierto que Jesús y muchos místicos de toda la historia (de visión heterónoma) llaman a Dios, o a lo Divino, “Padre” pero siempre lo hicieron dentro de la experiencia de lo transcendente que embargaba sus vidas, profunda experiencia sutil o de más alto nivel, de la que carece totalmente la mentalidad promedio de nuestra época y al carecer de la misma utiliza la misma palabra pero sin su densidad transcendente-inmanente. Hablan pero no saben de lo que hablan porque no lo han experimentado, y utilizan la palabra padre como figura autoritaria o incluso amorosa, pero falta totalmente de profundidad, de experiencia esotérica en la que el espíritu (que somos) palpa su comunión con lo Divino. En las exequias se utiliza la palabra padre con un sentido totalmente exotérico, superficial, como aquel al que hay que suplicarle, aquel que tiene el poder y que está separado.
“No debe extrañarnos que, durante este período (racional primero y medio) los rituales culturales y las actividades religiosas exotéricas fueran dirigidas hacia “dios padre”... la gran imagen fetichista de un padre que podía prometer (pero no ofrecer) la liberación de la culpa, de la mortalidad y de la existencia separada.” Dice Wilber hablando de la aparición de la figura paterna en la historia y del uso de la palabra padre referida a lo Divino.
Resumimos ya las formas de luchar contra la presencia de la muerte en la vida de los hombres de la época racional.
Además de las de las época anteriores, potenciadas por el ego racional que emergió del substrato inconsciente...
La aparición del pensamiento, del mundo conceptual.
El tiempo lineal o histórico.
La disociación entre los elementos del hombre: cuerpo y alma.
La inmortalidad del alma.
El cuerpo reprimido.
La aparición del padre, centro de la familia.
La herencia.
La cultura científica.
La cultura de los rituales católicos.
Hasta aquí este somero análisis de los sustitutos de inmortalidad. Pero, ¿Hemos de quedarnos aquí? ¿Qué camino han seguido los místicos para transcender este miedo y esta muerte, este final del tiempo?
Transcendemos la muerte al caer en la cuenta de que somos Unidad, no entidad separada. En lenguaje cristiano decimos que la Resurrección aquí y ahora, está fuera del tiempo.
No voy a insistir en ninguna doctrina de tipo confesional, solamente haré una referencia al cristianismo. Ya he publicado en este mismo blog mi visión cristiana de la teonomía y la resurrección. Ahora quiero exponer unas ideas que proceden de las experiencias de los místicos, sin atenerme, como he dicho, a ninguna institución, sino sólo a las líneas fundamentales de la llamada Filosofía Perenne, experiencias que nos hacen vislumbrar en esta época de la racionalidad y de la transracionalidad una verdadera dimensión vital más allá de todos los mitos (en sentido exotérico), magias y negaciones que han ido poblando la conciencia humana en su evolución como paliativos a la muerte.
La modalidad de conciencia ligada al tiempo, o sea, nuestra conciencia de entidad separada, de nacimiento y muerte está profundamente enraizada en el psiquismo humano. Es más, hay identidad entre el hecho del nacimiento y de la muerte con el de conciencia de identidad separada. Ya hemos dicho que el autoidentificarse como ser separado por sí mismo conlleva el miedo al otro (no te percibes como Uno, sino como “yo frente a” y la muerte en este caso siempre aparece como la destrucción más que posible, segura, del yo). Caer en la cuenta de esto, de que nos identificamos con la conciencia de una falsedad (ser separado) es resucitar hoy y aquí, es vivir la Vida eterna, atemporal, que no tiene futuro. Cuando caemos en la cuenta de que no somos un ser separado, sino una persona en sentido óntico, y por consiguiente, nos damos cuenta de que somos lo que somos en esencia, Totalidad. Y Totalidad es todo, es materia, es biología, es carne, es psique, es espíritu, es Ser y no-Ser, es Nada, abarca todos los contrarios y los integra en la Unidad del Ser. Es apariencia y Realidad, es el mundo manifiesto y el no-manifiesto. No es tiempo ni es espacio porque los abraza e integra a ambos, a la vez que los transciende. Es, podríamos decir, la Simplicidad, la Eternidad. Aunque todo cuanto podamos decir sobre la Totalidad es puro humo, no podemos para referirnos a Ella sino señalarla con el dedo de nuestro lenguaje, pero conscientes de que el lenguaje no es la Totalidad, aunque lo es y lo es en su totalidad pues en ella no hay partes. Necesariamente hemos de usar el lenguaje contradictorio, oximorónico, porque en la Totalidad no hay contradicción, aunque la abarque.
Cuando (nuestro) sentido de identidad se deriva directamente del Ser y no nos vemos como entidad separada, cuando nos liberamos del devenir como necesidad psicológica, nos liberamos de todo miedo, nos liberamos del miedo existencial a la muerte, porque no buscamos la permanencia donde no está (en el mundo del nacimiento y de la muerte, de la pérdida y del éxito). Entonces sabes que “nada real puede ser amenazado”. Cuándo éste sea nuestro estado de Ser, hemos resucitado. Y este paso hay que darlo en vida en el cuerpo y el alma mortales y con ello la misma experiencia de pasar por el aro de la muerte cambia totalmente de sentido. Es simplemente el final de una ilusión, de la ilusión del yo separado, del tiempo y del espacio, ilusión tan fuerte en (nuestra) la conciencia que se identifica con ella. Lo que hicieron los místicos con sus métodos espirituales y meditativos de muchos años y su amor a los hombres y a todos los seres creados fue transcender esa ilusión y llegar a la Unión (con Cristo, Dios, Buda, Brahman, Alá, Yahveh...), así “cuando les llegó la hora de la muerte biológica, del final del tiempo, no murieron” puesto que ya habían muerto a la ilusión y resucitado a la común unión. O sea, simplemente se acabó la temporalidad, pero no entraron en la Eternidad, pues en la Eternidad no se entra, en la Eternidad somos y nunca hemos dejado de ser.
Por supuesto que negar la muerte, negar su existencia en este mundo de lo relativo, es estúpido. Es cierto, a mi entender, lo que afirmaba Unamuno de que es la destrucción de mi yo, pero mi yo es una sensación falsa con la que me identifico y por eso me aterra su destrucción.
No creo que se trate de dar un salto hacia la eternidad, en la eternidad no se puede entrar, como acabo de decir. Si se pudiera entrar, tendría un principio y por lo tanto no sería eternidad, sino tiempo. En la eternidad ya estamos, eternidad ya somos, el tiempo no es sino la cáscara que cubre esa dimensión profunda del Espíritu del que en nuestra apariencia temporal no somos sino manifestaciones, pero, es sólo eso apariencia. Nunca hemos dejado de ser Espíritu, nunca hemos abandonado la casa del Padre, de la que nos habla el salmo bíblico, nunca hemos dejado de ser Cuerpo Real de Cristo. La muerte es semejante a la ruptura de la cáscara.
¿Es, pues, nuestra vida en el tiempo un caminar hacia un punto Omega, hacia un punto final que podríamos llamar Resurrección? Para responder a esta pregunta quiero traer a colación unas palabras de Wilber, extraídas de un artículo suyo titulado: ¿Avanzamos hacia Omega?
“...Es necesaria cierta evolución para poder terminar saliendo de ella, saliendo del tiempo y adentrándonos en lo atemporal, en el conmocionante reconocimiento de nuestro yo auténtico, el yo anterior al Big Bang, el Yo completamente ajeno al mundo del tiempo, eternamente resplandeciente en este y en todo momento, el yo que no se ve afectado por los estragos del tiempo y la enfermedad del movimiento en el espacio. Nuestra conciencia primordial no radica en ningún punto omega sino en la vacuidad de la que todo emana, resplandeciendo en todas direcciones pero englobando, a la vez, todo tiempo y todo espacio por el sencillo motivo de que la eternidad está enamorada de las producciones del tiempo y el infinito de las del espacio.
… El juego finaliza con ese atisbo primordial en que lo único que perdura es el resplandor...”
Todas las formas (la vida terrenal y la muerte) son impermanentes, no son ni buenas ni malas, esto es un juicio de nuestra mente, simplemente son. Y lo único Real es la Totalidad.
Nota:
Con lo dicho a lo largo de este artículo puede ser que alguien pueda pensar que yo creo que los sacramentos cristianos, y en particular la eucaristía, sean invenciones mágico-míticas de nuestra conciencia ilusoria de identidad separada. Por ello quiero añadir esta nota aclaratoria.
Ciertamente que en el núcleo del ritual de los sacramentos podemos no encontrar nada que no pertenezca a las profundas raíces de la conciencia primordial, como en otras formas rituales de cualquier forma religiosa elaborada por los hombres (lo son todas, por supuesto), pero...
Cualquier sacramento religioso puede ser utilizado de forma exotérica, como he avanzado ya varias veces en este artículo, (en cuyo caso quien lo entienda así parece verse movilizado por la dinámica psicológica promedio, a la que se encarga de reforzar, tomando “el rábano por las hojas”, utilizándolos como certificado de garantía de “salvación” después de la muerte) y de forma esotérica (transcendiendo la mentalidad promedio y abriendo camino a impulsos auténticamente supraconscientes con los que vamos desidentificándonos de nuestro pequeño yo).
Un determinado rito, o ceremonia, puede actuar como símbolo (en cuyo caso se refiere a niveles de identidad y realidad superiores, sutil, causal, no dual...) o como mero signo (en cuyo caso ratifica y consolida el nivel de realidad mundano, la garantía de “gracia”, de “salvación”). El símbolo te pone en camino de una verdadera transformación, de una metanoya que exige de ti una ascensión en el nivel de conciencia en el que te halles, en cambio el signo no te pide ninguna transformación, simplemente te ayuda a adecuarte más con tu nivel de conciencia, puede ser una llamada a una mayor adecuación con las normas (mandamientos de la iglesia, la muy mal llamada “ley de Dios, o diez mandamientos”); un ejemplo nos puede iluminar bastante: en un bloque de ocho pisos el símbolo te está pidiendo que subas por las escaleras a un piso más alto, o a más de uno, el signo simplemente te está pidiendo, si es que lo pide, que cambies de lugar tus muebles sin subir más arriba. Por tanto, según el estado psicológico del individuo que los experimenta y de su grado de comprensión, el mismo rito, el mismo mito pueden desempeñar funciones muy diferentes. En esta línea, la misa católica para unos pocos es realmente simbólica y transformadora, pero para la mayoría de los cristianos no es sino un signo de la expectativa de inmortalidad del yo separado. La oración para unos pocos es contemplación, para la inmensa mayoría: petición.
José A. Carmona
Tercera Parte
Etapa de la mente egoica o del yo racional (Siglos XVII-XVI a.C. hasta nuestros días)
Los datos de aproximación a las distintas etapas que hemos ido aportando en este escrito, son eso, burdas aproximaciones dadas con la finalidad de que podamos hacernos un ligera idea de cómo situar en el tiempo las diversas etapas. Ya sabemos que la diferencia de miles de años no tiene importancia, y más teniendo en cuenta las centenas de miles de años que llevan los homínidos y el hombre sobre la faz de la tierra. Y siempre hemos de contar con que las raíces de cualquier estructura de conciencia (arcaica, mágica, mítica...) suelen remontarse muchos miles de años antes del pleno florecimiento de la misma y que continúa ejerciendo su influencia mucho después del mismo. No hemos más que fijarnos en la influencia que la mente mágica (se vuelven a poner de moda los amuletos), y no digamos la mítica (toda la visión exotérica de las religiones, entre nosotros del catolicismo, que no ha salido de la mentalidad tribal-mezcla de mágica y mítica: pensemos en los ritos de difuntos, en el antiguo Dies irae. Igualmente las tribus urbanas que partiendo de Hispanoamérica están invadiendo todo Occidente, las corridas de toros...) siguen ejerciendo en nuestros días.
La etapa del yo racional se puede precisar algo más, pero poco. J. Gebser (que es mi pauta en este escrito) coloca el comienzo del período egoico (de la aparición del yo mental, de la persona, del individuo) en la aparición de la Ilíada. Otros autores opinan que no, pero todos vienen a coincidir que la aparición de un ego mental formado aparece en la Grecia de los siete sabios (Solón, Anamixandro, Pitágoras...) y dura hasta nuestros días. Gebser hace una bella descripción de la palabra con que empieza la Ilíada (Mênin 'aeide Zeá, Peleiadeos 'Ajileos) Mênin que viene de la raíz sánscrita men tiene una connotación claramente mental, y toda la Ilíada es “la evocación de una ceremonia llevada a cabo por un hombre (no por los dioses) en una sucesión ordenada de acontecimientos.” Ha aparecido el yo mental, comienza la historia.
No nos vamos a entretener en analizar el proceso evolutivo del yo mental, del ego racional, puede que nos baste saber la época del ego mental puede subdividirse en varias etapas según muchos eruditos,:
La primigenia, o período egoico inferior, que es anterior a la aparición del la Ilíada, comenzaría en torno al 2500 a.C. y llegaría hasta el 500 a.C., la época de Moisés, la Grecia de los sabios. Durante este período la conciencia egoica iría emergiendo del sustrato inconsciente, superando la mentalidad mítica promedio. Fue la época en que se comenzó a escribir el Antiguo Testamento de la Biblia (entre los siglos X al V antes de Cristo).
La media que situaríamos entre el siglo VI a.C. y el Renacimiento, cuajada de grandes místicos (los axiales: Platón, Buda, JESÚS, Plotino, Mahoma, Nagaryuna, Eckhart, Francisco de Asís...) y de grandes genios.
La etapa actual que partiendo desde el Renacimiento llega hasta nosotros, que nos hallamos en pleno período egoico superior, cargada con genios individuales que cambiaron para siempre la faz de la tierra desde Galileo a Einstein, y místicos que han deslumbrado a la humanidad desde Juan de la Cruz o Lutero hasta Ramana Maharsi.
Es la época de la aparición del héroe individual, que vence a la Gran Madre y a sus consortes que no es sino el ego racional que se impone a los mitos que durante miles de años han dominado la conciencia humana. Se da por entendido que nos referimos al mito en el sentido exotérico o superficial del término, que es el sentido que entiende la inmensa mayoría de la humanidad existente, y nunca en el esotérico o profundo, que exige una excelencia de conciencia que ha de subir en la escala de niveles hacia la Unidad.
“El instinto y la tradición dejaron de servir para encauzar la conducta del hombre, y el ser humano perdió la certeza y la seguridad con respecto a lo que hacía y con respecto a sí mismo” dice Whyte hablando de la crisis de la conciencia mítica. La estructura anterior de conciencia había demostrado su insuficiencia y poco a poco se fue gestando la erupción del héroe: del yo mental, que vencía los estados anteriores.
Tampoco voy a entretenerme en un estudio sobre la aparición y desarrollo posterior de este ego racional, que pensamos, en nuestra cultura, que es la etapa más alta posible de la conciencia humana: ya no podemos llegar a más, cuando esto es totalmente erróneo. ¿Por qué se va a parar la evolución de la conciencia en nosotros? ¿Qué creemos que somos? ¿Acaso no ha habido a lo largo de todo el desarrollo de la conciencia gente que superó los niveles de conciencia promedio? ¿No tenemos miles de casos de sabios y místicos que han superado y con creces esta etapa egoico-racional? Los estudiosos apuntan a niveles más altos, ya alcanzados y no sólo por los místicos axiales, sino por todos los místicos y grandes sabios de la historia y de la prehistoria. Por encima de esta conciencia egoica está el nivel intuitivo aperspectival, el psíquico, el sutil, el causal, el no-dual... lo Divino.
Pero nuestra intención es analizar los sustitutos de inmortalidad que cada forma o nivel de conciencia va asumiendo en su época, para luchar contra la constante amenaza de Thanatos, contra el miedo existencial a la muerte, que es un miedo real en el mundo manifiesto, porque tememos caer en la cuenta de que realmente estamos en el mundo no manifiesto también, que el manifiesto es el relativo, el polar, el del bien y el mal, que el no-manifiesto es el inalterable, sin tiempo, sin evolución, sin futuro ni pasado... pero caer en la cuenta para la humanidad promedio supone morir, la destrucción de la apariencia de identidad con la que nos hemos identificado (en mi caso José Antonio Carmona). Y esta destrucción que conlleva la disolución de cuerpo (y alma) y que vemos muy clara en un futuro (cercano o lejano) nos da pánico, como afirmaba Unamuno y con razón desde la perspectiva del tiempo y de la polaridad.
Hemos de decir que dichos sustitutos de inmortalidad no son ni buenos, ni malos (sería otra cuestión a tratar esta de la polaridad), nos prestan un servicio en esta existencia temporal, pero hemos de ser conscientes de eso mismo, de que se trata de una existencia temporal y que los sustitutos temporales son eso meros sustitutos y meramente temporales. ¿Estamos dispuestos a abrirnos a la Realidad, a lo No Temporal, a la Totalidad, a lo Divino (para los cristianos a lo Crítico)?
El primer sustituto que crea la mente egoica es el pensamiento: “
El pensamiento se convierte en dios, en la principal fuente de inspiración del hombre. De este modo, la sensación de identidad, en su huida de la muerte, de Thanatos, abandonó el cuerpo (demasiado mortal) y buscó asilo en el mundo sustitutorio del pensamiento en el que hoy todavía seguimos, por así decirlo, ocultos.” (Whyte).
Estamos en un nivel en el que hemos aprendido a utilizar el pensamiento para transcender el cuerpo (y lo hacemos sin esfuerzo) pero todavía no sabemos servirnos de la conciencia para transcender el pensamiento. ¿Será el próximo paso evolutivo de los humanos?
El segundo sustituto es la creación de un nuevo tiempo, lineal: histórico, interminable (no nos planteamos su final aunque lo tenga), con una finalidad, con una intencionalidad, no estacional o cíclico como en la época mítica, aquel tiempo sumido en el mito del eterno retorno, un tiempo que no se dirigía hacia ningún lugar (Campbell). Aún no había aparecido la historia, pues su conciencia quedaba satisfecha con un mundo circular.
En cambio hacia el 1300 a.C. aparecen crónicas históricas, y Herodoto, padre de la historia, vive en el siglo V a.C. La reflexión sobre lo acontecido es el paradigma del pensamiento reflexivo general. Y la reflexión sobre lo acontecido y la misma reflexión en general es algo muy bueno. Pero el tener un tiempo sin límites (concretos) impulsa el apetito desatado de poder y de acumula, porque tendemos a actuar como si el tiempo no fuera a acabar. En el mundo circular no cabía el acumular, pues todo había de empezar de nuevo, pero en el tiempo lineal, el tiempo sin límites incita las actitudes de avaricia, de ambición sin que éstas puedan ser nunca satisfechas.
El ego heroico se figura que puede llegar a dominar el futuro. Egoísmo en el que seguimos atrapados hoy y que inunda la mente promedio de este siglo XXI. El hombre actual se esconde detrás de este nuevo tiempo histórico, para no darse cuenta de que la Conciencia es nuestro auténtico destino, que todo se dirige solamente hacia un lugar: hacia la Totalidad, no hacia otros fines. El cientifismo y la mentalidad empírica sensitiva ha siglos que determinaron que no existía ninguna otra Realidad fuera de lo que era su objetivo, así que preguntar por esa Realidad no sensitiva era un infantilismo, un resto arcaico de una menta mágica o mítica.
Señalamos también como sustituto de inmortalidad “la deformación radical del ego humano y del cuerpo humano” (Brown). Al ir surgiendo el yo mental se ha ido separando del cuerpo humano, y ha terminado disociándose de modo que en el hombre se reprima el cuerpo hasta límites impensables, ¡llegando a hacerlo enemigo del alma!
Al comienzo de esta época egoico-mental el crecimiento de la conciencia le permitió al hombre transcender las fronteras físicas del cuerpo y a la vez se enfrentó a una comprensión más lúcida de la muerte, y para huir de ésta el yo mental se disoció (no sólo se diferenció), se separó del cuerpo, al que veía como impermanente y corruptible, en cambio a la mente (el alma) la veía como incorruptible. Con esta disociación lo que ha hecho es destrozar al hombre, un yo mental sin un yo corporal no es un hombre. El ego desvitalizó el organismo y sus energías, reprimió y deformó el cuerpo, con lo que deformó, como se ha dicho, lo humano, creó el divorcio entre el alma y el cuerpo, mecanizando a éste. Y en esta visión del hombre se instala el actual pensamiento racional, científico y de dogma y moral católicas.
La disociación entre el ego racional y el cuerpo terminó creando un cuerpo mecánico frente a aquel. A este respecto dice O.N. Brown, citado por Wilber:
“En esta naturaleza humana deshumanizada el hombre pierde el contacto con su propio cuerpo, más concretamente con sus sentidos, con la sensualidad y el principio del placer. Y esta naturaleza humana deshumanizada produce una conciencia inhumana cuya única actividad es la abstracción divorciada de la vida real, la mente productiva, la mente racional...”
Este cuerpo reprimido sirvió también de símbolo de inmortalidad, porque él muere pero no el principio racional, el alma.
Con la aparición del ego mental aparece también en la historia la presencia del padre y con él el fenómeno del patriarcado. Es totalmente cierto que en la aparición y consolidación de este patriarcado influyen multitud de factores tanto naturales como patológicos (de dominio). Se trata de un fenómeno universal mantenido durante los últimos milenios y que en parte, al menos, es debido a una desviación de la emergencia de un ego mental enfermo.
Cuanto más evolucionada y formada está una persona más claro tiene el equilibrio entre los polos masculino y femenino, en cambio los individuos menos desarrollados (actuales) exhiben manifiestamente los rasgos estereotípicos propios de su sexo. Llegada la plenitud del desarrollo “no habrá varón ni mujer, sino que seremos todos uno en Cristo” afirma Pablo de Tarso.
De hecho, si consideramos todas las culturas históricas, vemos que los padres aparecen como portadores de la ley, el orden, la autoridad, las relaciones sociales y esto es así tanto en los más primitivos tabúes como en los más modernos sistemas jurídicos. En cambio la mujer, la madre, en parte por su propia biología está más ligada a la naturaleza. Sin embargo, esto no es óbice para que tanto en la mujer como en el varón pueda desarrollarse un yo mental pleno y satisfactorio.
Una de las causas no natural que determinó fuertemente la aparición del patriarcado prepotente, que ha dominado la tierra durante el período histórico, ha sido la represión de la mujer. La causa no ha sido verdaderamente su naturaleza constitutiva, sino la función que se le fue asignando desde la aparición del arado en la agricultura (Para clavar el arado hacía falta la fuerza física del varón, una mujer, embarazada
sobre todo, no podía): parir y cuidar los hijos en la casa. Siglos más tarde, siguiendo esta línea apareció una norma religiosa que ha influido y sigue haciéndolo de forma terriblemente represora contra la mujer en la cultura cristiana: “mulier in ecclesia taceat”(la mujer calle en la iglesia). Y lo peor de todo es que los patriarcas prepotentes afirman que esta orden viene de lo Alto. ¡Confundir su propia soberbia con el deseo Divino! En un nivel inconsciente en la opresión de la mujer, en la marginación de lo femenino de toda la esfera de lo social, del ágora, de los negocios (hoy sigue discriminada en los salarios), del intercambio mental ha influido notablemente la disociación entre alma y cuerpo. El alma es el héroe mental, el principio inmortal, elevado a los cielos, capaz de pensar, razonar, ser lógico, asociado al varón y el cuerpo pegado a la tierra, manifestación de la naturaleza (biología), cargado de pasiones, placeres y dolores (visión patológica, pero histórica) asociado a la mujer. Recuerdo que cuando yo era niño, hará unos sesenta años (nada en comparación de los miles de la historia) me comentaba un rico hacendado de mi pueblo: “Me han dicho en el colegio que mi hija vale para estudiar. Pero ¿para qué va a estudiar? Lo que tiene que hacer es aprender a quitar mierda de la casa y de los hermanos”.
¡El cuerpo se sentía (y siente) como amenaza para el desarrollo! ¡La ascética cristiana! No tenemos un cuerpo, sino que somos un cuerpo, como dice Dürckheim, un cuerpo que es a la vez alma o psique y espíritu, no tres cosas unidas sino una sola realidad, el hombre, que las integra, como el agua, sacando una similitud del mundo químico, no es hidrógeno unido al oxígeno, sino una realidad distinta a ambos que las integra, o el fuego que no es carburante y oxígeno, sino una realidad distinta que las integra a ambas.
Y la figura del padre va a prestar un gran servicio al ego racional en su búsqueda de sustitutos de inmortalidad. (No tratamos de los muchos aspectos positivos que la presencia del padre ha aportado a la evolución de la conciencia porque no es el tema de este escrito).
“La organización de la sociedad llegó a centrarse en la familia patriarcal bajo la protección legal del estado. Fue en esa época cuando la paternidad biológica llegó a tener una importancia dominante debido a que se convirtió en la forma universal de asegurar la inmortalidad personal.” (Becker. La lucha contra el mal).
El patriarcado se convirtió en un nuevo símbolo de inmortalidad biológica. El padre permanecía vivo en el tiempo aún después de muerto, pues permanecía en los hijos, su semilla. Peor, no solamente en la vida de los hijos, sino también en la herencia que les legaba. La voluntad del muerto, manifestada en el testamento, en la herencia afirmaba una existencia póstuma del individuo y su voluntad entre sus herederos, su personalidad legal se transmitía intacta a sus herederos en los que pervivía. Esta ley de la herencia fue totalmente apoyada por el ius romanum.
Era una forma de transcender la muerte. Así que tanto el patriarcado biológico como el legal, refrendado por el estado, fueron símbolos sustitutos de inmortalidad.
El varón, el padre, tenía ya muchos símbolos de inmortalidad: no sólo el dinero, los bienes... que eran objetos que le pertenecían, sino también la familia (del latín famulus=esclavo), los hijos, los herederos que eran sujetos que le pertenecían, eran su propiedad. Para conocer hasta donde se extendía la propiedad del padre sobre los hijos, no digamos ya sobre la la mujer, bástenos recordar el relato del sacrificio de Isaac (Gen. 22), que tan conocido es en nuestra cultura abrahámica. Al margen de que el relato sea histórico o no, se trata de la expresión de una cultura que se apoyaba en Yahveh.
Así el proyecto de inmortalidad se creó sobre el ego masculino (paterfamilias), sobre el Adán promedio, y dejó a la mujer relegada en casa, sin propiedades, sin hijos, sin acceso al foro social, sin poder heredar, ni votar... Ella no tenía proyecto de inmortalidad, y ya sabemos que incluso entre muchos pensadores cristianos se le negó hasta el alma.
Por supuesto que siguieron en pleno auge los símbolos de inmortalidad de las mentalidades anteriores, aumentados dichos símbolos con la fuerza del pensamiento racional. En este sentido podríamos ver lo que la cultura racional ha hecho con la muerte, con la Vida eterna a la que ha sustituido en muchas personas por otros sustitutos, como la ciencia, ir alargando la presencia del hombre sobre esta tierra (algo que con la visión del mundo relativo manifiesto es algo muy bueno), el olvido de que aquí no tenemos estancia permanente, que nos dice el evangelio, o que todo es perecedero, impermanente salvo la impermanencia, como dice Buda. La cultura en líneas generales ha apartado la finitud de nuestra vida de la vista de los hombres.
Y en nuestra cultura occidental, llamada cristiana, existe una práctica religiosa, o no, de las exequias que aparecen como claro sustituto de inmortalidad, tratando de acallar la terrible voz de nuestro ser que nos enfrenta directamente a la muerte con placebos que poco o nada tienen que ver con Jesucristo, y sí mucho con una cultura que aún no ha salido de sus raíces agrarias y míticas (es evidente que siempre que hablo de mito, mítico me estoy refiriendo al sentido exotérico del mismo, nunca al esotérico en el que vivieron y viven los místicos, y más ninguno Jesús de Nazaret).
Una lectura desapasionada del ritual de difuntos de la institución católica nos puede llevar a muchas conclusiones, por supuesto no todas ellas válidas, pero sí que se recibe una impresión general de que las exequias tiene una falta de visión total de lo que es Eternidad, pues constantemente están hablando del futuro: “Dales, Señor, el descanso eterno...” “Dales” es una petición, por tanto es algo que aún no se ha conseguido, sino que se espera conseguir (nada de resucitar hoy y aquí). Y así en todas las oraciones de los funerales. El sentido del tiempo está impregnando las palabras y gestos de estas exequias, cuando está queriendo hablar del no-tiempo. Los conceptos e imágenes que se utilizan pertenecen a la época mítica: Dios como padre (no como Padre), la presencia de los ángeles, el alma liberada del cuerpo, el consuelo de la futura inmortalidad, el sentido puramente carnal de la resurrección, la oración de petición, el sentido satisfactorio (mérito) de la muerte de Cristo, la apelación a la misericordia divina, la constante oración de petición, la invocación de María y los santos como intercesores, la vida para siempre...
En modo alguno afirmo que todo esto no tenga su valor para la conciencia humana promedio de mucha gente, sólo afirmo que todas estas expresiones no superan una mentalidad que una gran parte de la humanidad ya ha superado, y sobre todo, que buena parte de la religiosidad contenida en estas exequias poco tiene que ver con la religiosidad vertical, la que nos trae Jesús y nos muestran la Bienaventuranzas, religiosidad que nos impulsa hacia niveles cada vez más altos de Conciencia, de Amor, de Unidad, de salir del individuo para ser Ser, Persona en su sentido más constitutivo: relación de fusión, de identidad en la Totalidad. Sirven, como mucho, para un consuelo horizontal, para buscar una actitud de conformismo con la muerte apoyada en una serie de visiones medievales, pero en modo alguno elevan el espíritu hacia una visión de altura en la que el espíritu tome más conciencia de que la Plenitud ni está en el futuro, ni en la inmortalidad el alma, ni en venerar, mucho menos pedir, a un Dios que está fuera de nosotros, y todo ello aderezado de mitos y gestos exotéricos totalmente desfasados. La Plenitud es la que nos proclama la Resurrección, la Unidad de todo cuanto es y no-es en un Absoluto atemporal, en un Cristo que dejó la individualidad del Nazareno por su muerte y apareció (a nuestros ojos) como Amor Universal en el que todos estamos fundidos, aunque en buena medida, no seamos conscientes de ello.
He hecho una afirmación anteriormente que puede resultar escandalosa para muchas personas que se autodenominan cristianas. He dicho que la afirmación de Dios como padre (no Padre) pertenece a una visión agraria de la conciencia humana. Y resulta que Jesús llama a Yahveh “Abba” papá. Dejo al margen el problema que con respecto a esta denominación de Dios se puede plantear en una visión teonómica del cristianismo, como es la que van aventurando los “sabios” (que no son los conocedores, sino los que experimentan al Ser en profundidad). Es totalmente cierto que Jesús y muchos místicos de toda la historia (de visión heterónoma) llaman a Dios, o a lo Divino, “Padre” pero siempre lo hicieron dentro de la experiencia de lo transcendente que embargaba sus vidas, profunda experiencia sutil o de más alto nivel, de la que carece totalmente la mentalidad promedio de nuestra época y al carecer de la misma utiliza la misma palabra pero sin su densidad transcendente-inmanente. Hablan pero no saben de lo que hablan porque no lo han experimentado, y utilizan la palabra padre como figura autoritaria o incluso amorosa, pero falta totalmente de profundidad, de experiencia esotérica en la que el espíritu (que somos) palpa su comunión con lo Divino. En las exequias se utiliza la palabra padre con un sentido totalmente exotérico, superficial, como aquel al que hay que suplicarle, aquel que tiene el poder y que está separado.
“No debe extrañarnos que, durante este período (racional primero y medio) los rituales culturales y las actividades religiosas exotéricas fueran dirigidas hacia “dios padre”... la gran imagen fetichista de un padre que podía prometer (pero no ofrecer) la liberación de la culpa, de la mortalidad y de la existencia separada.” Dice Wilber hablando de la aparición de la figura paterna en la historia y del uso de la palabra padre referida a lo Divino.
Resumimos ya las formas de luchar contra la presencia de la muerte en la vida de los hombres de la época racional.
Además de las de las época anteriores, potenciadas por el ego racional que emergió del substrato inconsciente...
La aparición del pensamiento, del mundo conceptual.
El tiempo lineal o histórico.
La disociación entre los elementos del hombre: cuerpo y alma.
La inmortalidad del alma.
El cuerpo reprimido.
La aparición del padre, centro de la familia.
La herencia.
La cultura científica.
La cultura de los rituales católicos.
Hasta aquí este somero análisis de los sustitutos de inmortalidad. Pero, ¿Hemos de quedarnos aquí? ¿Qué camino han seguido los místicos para transcender este miedo y esta muerte, este final del tiempo?
Transcendemos la muerte al caer en la cuenta de que somos Unidad, no entidad separada. En lenguaje cristiano decimos que la Resurrección aquí y ahora, está fuera del tiempo.
No voy a insistir en ninguna doctrina de tipo confesional, solamente haré una referencia al cristianismo. Ya he publicado en este mismo blog mi visión cristiana de la teonomía y la resurrección. Ahora quiero exponer unas ideas que proceden de las experiencias de los místicos, sin atenerme, como he dicho, a ninguna institución, sino sólo a las líneas fundamentales de la llamada Filosofía Perenne, experiencias que nos hacen vislumbrar en esta época de la racionalidad y de la transracionalidad una verdadera dimensión vital más allá de todos los mitos (en sentido exotérico), magias y negaciones que han ido poblando la conciencia humana en su evolución como paliativos a la muerte.
La modalidad de conciencia ligada al tiempo, o sea, nuestra conciencia de entidad separada, de nacimiento y muerte está profundamente enraizada en el psiquismo humano. Es más, hay identidad entre el hecho del nacimiento y de la muerte con el de conciencia de identidad separada. Ya hemos dicho que el autoidentificarse como ser separado por sí mismo conlleva el miedo al otro (no te percibes como Uno, sino como “yo frente a” y la muerte en este caso siempre aparece como la destrucción más que posible, segura, del yo). Caer en la cuenta de esto, de que nos identificamos con la conciencia de una falsedad (ser separado) es resucitar hoy y aquí, es vivir la Vida eterna, atemporal, que no tiene futuro. Cuando caemos en la cuenta de que no somos un ser separado, sino una persona en sentido óntico, y por consiguiente, nos damos cuenta de que somos lo que somos en esencia, Totalidad. Y Totalidad es todo, es materia, es biología, es carne, es psique, es espíritu, es Ser y no-Ser, es Nada, abarca todos los contrarios y los integra en la Unidad del Ser. Es apariencia y Realidad, es el mundo manifiesto y el no-manifiesto. No es tiempo ni es espacio porque los abraza e integra a ambos, a la vez que los transciende. Es, podríamos decir, la Simplicidad, la Eternidad. Aunque todo cuanto podamos decir sobre la Totalidad es puro humo, no podemos para referirnos a Ella sino señalarla con el dedo de nuestro lenguaje, pero conscientes de que el lenguaje no es la Totalidad, aunque lo es y lo es en su totalidad pues en ella no hay partes. Necesariamente hemos de usar el lenguaje contradictorio, oximorónico, porque en la Totalidad no hay contradicción, aunque la abarque.
Cuando (nuestro) sentido de identidad se deriva directamente del Ser y no nos vemos como entidad separada, cuando nos liberamos del devenir como necesidad psicológica, nos liberamos de todo miedo, nos liberamos del miedo existencial a la muerte, porque no buscamos la permanencia donde no está (en el mundo del nacimiento y de la muerte, de la pérdida y del éxito). Entonces sabes que “nada real puede ser amenazado”. Cuándo éste sea nuestro estado de Ser, hemos resucitado. Y este paso hay que darlo en vida en el cuerpo y el alma mortales y con ello la misma experiencia de pasar por el aro de la muerte cambia totalmente de sentido. Es simplemente el final de una ilusión, de la ilusión del yo separado, del tiempo y del espacio, ilusión tan fuerte en (nuestra) la conciencia que se identifica con ella. Lo que hicieron los místicos con sus métodos espirituales y meditativos de muchos años y su amor a los hombres y a todos los seres creados fue transcender esa ilusión y llegar a la Unión (con Cristo, Dios, Buda, Brahman, Alá, Yahveh...), así “cuando les llegó la hora de la muerte biológica, del final del tiempo, no murieron” puesto que ya habían muerto a la ilusión y resucitado a la común unión. O sea, simplemente se acabó la temporalidad, pero no entraron en la Eternidad, pues en la Eternidad no se entra, en la Eternidad somos y nunca hemos dejado de ser.
Por supuesto que negar la muerte, negar su existencia en este mundo de lo relativo, es estúpido. Es cierto, a mi entender, lo que afirmaba Unamuno de que es la destrucción de mi yo, pero mi yo es una sensación falsa con la que me identifico y por eso me aterra su destrucción.
No creo que se trate de dar un salto hacia la eternidad, en la eternidad no se puede entrar, como acabo de decir. Si se pudiera entrar, tendría un principio y por lo tanto no sería eternidad, sino tiempo. En la eternidad ya estamos, eternidad ya somos, el tiempo no es sino la cáscara que cubre esa dimensión profunda del Espíritu del que en nuestra apariencia temporal no somos sino manifestaciones, pero, es sólo eso apariencia. Nunca hemos dejado de ser Espíritu, nunca hemos abandonado la casa del Padre, de la que nos habla el salmo bíblico, nunca hemos dejado de ser Cuerpo Real de Cristo. La muerte es semejante a la ruptura de la cáscara.
¿Es, pues, nuestra vida en el tiempo un caminar hacia un punto Omega, hacia un punto final que podríamos llamar Resurrección? Para responder a esta pregunta quiero traer a colación unas palabras de Wilber, extraídas de un artículo suyo titulado: ¿Avanzamos hacia Omega?
“...Es necesaria cierta evolución para poder terminar saliendo de ella, saliendo del tiempo y adentrándonos en lo atemporal, en el conmocionante reconocimiento de nuestro yo auténtico, el yo anterior al Big Bang, el Yo completamente ajeno al mundo del tiempo, eternamente resplandeciente en este y en todo momento, el yo que no se ve afectado por los estragos del tiempo y la enfermedad del movimiento en el espacio. Nuestra conciencia primordial no radica en ningún punto omega sino en la vacuidad de la que todo emana, resplandeciendo en todas direcciones pero englobando, a la vez, todo tiempo y todo espacio por el sencillo motivo de que la eternidad está enamorada de las producciones del tiempo y el infinito de las del espacio.
… El juego finaliza con ese atisbo primordial en que lo único que perdura es el resplandor...”
Todas las formas (la vida terrenal y la muerte) son impermanentes, no son ni buenas ni malas, esto es un juicio de nuestra mente, simplemente son. Y lo único Real es la Totalidad.
Nota:
Con lo dicho a lo largo de este artículo puede ser que alguien pueda pensar que yo creo que los sacramentos cristianos, y en particular la eucaristía, sean invenciones mágico-míticas de nuestra conciencia ilusoria de identidad separada. Por ello quiero añadir esta nota aclaratoria.
Ciertamente que en el núcleo del ritual de los sacramentos podemos no encontrar nada que no pertenezca a las profundas raíces de la conciencia primordial, como en otras formas rituales de cualquier forma religiosa elaborada por los hombres (lo son todas, por supuesto), pero...
Cualquier sacramento religioso puede ser utilizado de forma exotérica, como he avanzado ya varias veces en este artículo, (en cuyo caso quien lo entienda así parece verse movilizado por la dinámica psicológica promedio, a la que se encarga de reforzar, tomando “el rábano por las hojas”, utilizándolos como certificado de garantía de “salvación” después de la muerte) y de forma esotérica (transcendiendo la mentalidad promedio y abriendo camino a impulsos auténticamente supraconscientes con los que vamos desidentificándonos de nuestro pequeño yo).
Un determinado rito, o ceremonia, puede actuar como símbolo (en cuyo caso se refiere a niveles de identidad y realidad superiores, sutil, causal, no dual...) o como mero signo (en cuyo caso ratifica y consolida el nivel de realidad mundano, la garantía de “gracia”, de “salvación”). El símbolo te pone en camino de una verdadera transformación, de una metanoya que exige de ti una ascensión en el nivel de conciencia en el que te halles, en cambio el signo no te pide ninguna transformación, simplemente te ayuda a adecuarte más con tu nivel de conciencia, puede ser una llamada a una mayor adecuación con las normas (mandamientos de la iglesia, la muy mal llamada “ley de Dios, o diez mandamientos”); un ejemplo nos puede iluminar bastante: en un bloque de ocho pisos el símbolo te está pidiendo que subas por las escaleras a un piso más alto, o a más de uno, el signo simplemente te está pidiendo, si es que lo pide, que cambies de lugar tus muebles sin subir más arriba. Por tanto, según el estado psicológico del individuo que los experimenta y de su grado de comprensión, el mismo rito, el mismo mito pueden desempeñar funciones muy diferentes. En esta línea, la misa católica para unos pocos es realmente simbólica y transformadora, pero para la mayoría de los cristianos no es sino un signo de la expectativa de inmortalidad del yo separado. La oración para unos pocos es contemplación, para la inmensa mayoría: petición.
José A. Carmona
martes 8 de septiembre de 2009
Miedo existencial a la muerte... (2ª parte)
Miedo existencial a la muerte, símbolos de inmortalidad y trascendencia de la misma haciéndonos uno con el Misterio (Resurrección hic et nunc: disolución del yo en el Espíritu).
Segunda parte
La época mítica
A esta época también se la llama con otros nombres: agraria, mítico-pertenencia, tribal...
Los comienzos de este período mítico los sitúan los estudiosos del tema en torno al año 12.000 -10.000 antes de Cristo. Dice Joseph Campbell en su libro sobre la Mitología Primitiva (Alianza Editorial) que en esta época (mítica) floreció un tipo de organización social casi completamente opuesta a la de los pueblos cazadores. La conciencia dio un salto tal (ya venía de miles de años atrás) que apareció el lenguaje plenamente desarrollado (paratáxico), el cual hizo posible la nueva estructura social del humano: la agricultura.
Cuando el ser humano se convirtió en campesino sufrió la más importante mutación de conciencia que jamás haya experimentado el hombre. La agricultura fue el efecto más evidente de esa mutación en la estructura de la conciencia del ser humano.
El mundo del tifón, como ya hemos dicho, había dejado de ser prepersonal, pero se hallaba fundamentalmente centrado en el presente fugaz, la inmortalidad consistía para el cazador en seguir vivo hasta el día de mañana. Pero el mundo agrícola es el del presente extendido, un mundo en el que hay que llevar a cabo los preparativos para cosechas futuras. El campesino trabaja en el presente por unas cosechas que se recogerán en el futuro, no mañana, ni pasado, lo cual supone una expansión de sus pensamientos, de sus acciones y de su conciencia más allá del presente fugaz y una demora de los impulsos inmediatos en aras de objetivos canalizados por su mente. Con el advenimiento de la agricultura el ser humano entró en el mundo del tiempo y de la comunidad temporal extendida, ampliando su horizonte vital, su conciencia hasta llegar a incluir el futuro. Fue un medio para alejar Thanatos, a la vez que un alimento para su vida (Eros) no sólo biológica, sino también psíquica.
Esta conciencia agraria ha terminado transformándonos a todos, pues todos demoramos los frutos de nuestro esfuerzo y trabajo, cobramos el salario, o la pensión a fin de mes, esperamos trabajando a la edad de jubilación, yo escribo esto esperando que sea leído por alguien..., la medicina (tanto la alopática como la homeopática) lo que hace es demorar el fin de la vida terrenal. Estamos distanciando a la muerte con el tiempo y no vivimos la Eternidad que se esconde dentro de él.
La agricultura promovió la aparición del refuerzo demorado: trabajar ahora para el futuro. Para ello fueron necesarias formas de control muy poderosas. Y todo ello fue posible gracias al aumento masivo de la población comunal, a la diferenciación de habilidades físicas y a la proliferación de ideas mentales. Tres elementos que aparecen en el hombre mítico.
Pero ¿por qué y sobre todo cómo tuvo esto lugar? ¿Qué es lo que posibilitó y movilizó a comunidades enteras a renunciar a la gratificación impulsiva por objetivos más elevados ubicados en el futuro?
Ello fue posible gracias a la emergencia del lenguaje y estimulado por una acometida nueva y más intensa de la muerte.
La agricultura fue simultáneamente una experiencia de crecimiento y una búsqueda de seguridad. La conciencia del ser humano se expandió y le permitió presentarse el futuro (al principio posiblemente hasta la próxima cosecha, luego se fue ampliando sin duda), y a su vez planificarlo. A la vez cobró una conciencia más vívida de su mortalidad que le obligó a proyectar su existencia hacia el futuro, para encontrarse consigo mismo el día de mañana (perpetuarse en el tiempo). Que es lo que seguimos haciendo, y creo, como ya he dicho,que está muy bien hecho, pero a su vez viviendo a través de la contemplación y el Amor la almendra que envuelve la cáscara del tiempo: la Eternidad, la Vida. A la vez adquirió una nueva sensación de identidad, el yo mental, y la agricultura cumplió con la función de consolidarla.
Parece casi seguro que esta época estuvo acompañada de una nueva acometida de la muerte, porque por aquellos siglos y milenios nos encontramos con la práctica común de celebraciones de enterramientos. Y los enterramientos constituyen un intento de hacer frente a la impronta de la muerte, a la que se quiere vencer con los rituales.
A mayor conciencia en el ser humano, más conciencia de la propia contingencia. Por ello, el yo separado debió crear un nuevo mundo temporal más expandido en el que proyectar imaginariamente la continuidad (ilusoria) de su propia existencia. Este yo tenso, extendido fue el que inventó la agricultura para comprar tiempo, para evitar la muerte y preservar su sensación (en un nivel superior al del tifón, al del hombre mágico) de identidad separada.
El tiempo, pero, ahora ya extendido, proyectado hacia un futuro, y no hacia mañana, siguió (y sigue) siendo un instrumento de lucha contra Thanatos y un alimento de Eros.
La conciencia agrícola permitía que los hombres y mujeres pudieran reunirse en comunidades que no eran simples hordas de cazadores, como las del hombre mágico. Se trataba de pueblos y aldeas con muchos habitantes (Recordemos los pueblos caldeos, los egipcios, sumerios...). Esto demuestra la transcendencia evolutiva de este nivel. La conciencia agrícola era una conciencia de pertenencia a un grupo, a una tribu (de conciencia comunal), una forma de unidad superior en el camino hacia la Unidad suprema o última, por otra parte una conciencia agrícola significa que se ha dejado de depender del alimento ocasional, o sea que la conciencia agrícola era una conciencia temporal, que transcendía el presente simple, que se labraba un futuro.
Ahora bien, la dinámica psicológica esencial de esta conciencia fue la represión de la muerte y su principal vehículo fue el lenguaje. Ya hemos dicho que el tiempo siguió siendo un vehículo de represión de la muerte, pero el específico de la época de pertenencia fue el lenguaje. Dicen muchos investigadores que el lenguaje es el gran vehículo del tiempo y de la representación temporal. Con el lenguaje se pueden representar una cadena de acontecimientos y proyectarlos más allá del presente inmediato. Es una actividad de una identidad ya mental, no meramente corporal.
El rasgo característico de la estructura mítica o tribal es el mismo lenguaje. Por eso el nivel de conciencia de pertenencia o mítica es el adecuado para mantener una cultura agrícola temporal.
El yo propio de la estructura de pertenencia era, en suma, un yo verbal, y como el lenguaje transciende el presente, el yo transciende el cuerpo, podía ver el mañana, demorar y canalizar sus deseos corporales… así la naturaleza humana pudo alcanzar un nivel nuevo y superior.
El paso de la imaginería mágico/emocional/pránica, propia del tifón, a la mentalidad lógico/racional/ conceptual, que comienza en la época mítica y llega a su plenitud con el paso a la época racional, no fue un salto en el vacío, sino que atravesó por un estadio intermedio de cognición mítica, lo que en un tiempo se consideró como una combinación entre magia y lógica que informa y estructura los primeros estadios del lenguaje. De todas formas al final de la época mítica el lenguaje estaba totalmente formado.
Es la época de las civilizaciones clásicas: Egipto, Babilonia, Sumer, la civilización azteco-maya en México, la Shang en China, la del valle del Indo, la micénica, la antigua Grecia.
El lenguaje, según una teoría defendida hoy por la mayoría de antropólogos culturales, debió haber provocado cambios tan dramáticos en la atención del hombre a las cosas y a las personas y debió permitir tal intercambio de información que debió dejar rastros arqueológicos. Por supuesto que debió haber una comunicación por gritos y sonidos guturales entre los homínidos anteriores, pero no un lenguaje propiamente verbal, pues exige la presencia de un nivel de conciencia más elevado que el nivel corporal.
Fue la nueva mentalidad lingüística la que desarrolló la agricultura, la que la hizo posible, no a la inversa, pues gracias al lenguaje la mente verbal podía diferenciarse a sí misma del yo corporal anterior (el hombre mágico o tifón), podía escapar de lo inmediato y concebir y mantener objetivos de largo alcance.
A partir de este momento, la humanidad se podía reproducir físicamente alimentándose, biológicamente por el sexo y culturalmente (mediante la mente). La reproducción de la mente humana generación tras generación es un acto de comunicación verbal. Esta comunicación no es un nivel superior de la biología, sino que la transciende, porque lo orgánico de otro nivel (verbal y mental) deja de ser orgánico. Se trata de un nivel transorgánico, transbiológico, un verdadero salto cualitativo en la evolución transcendente. “Es un verdadero salto a otro plano” se trata de un nivel supraorgánico (A.L. Kroeber).
Consecuencia de este nivel supraorgánico fue el control del cuerpo, la mentalidad agrícola, la conciencia temporal y la capacidad para elaborar un extenso simbolismo verbal. Creó todo un mundo de símbolos mentales con los que operaba en lugar de hacerlo con el mundo natural, como había sucedido hasta entonces. Pensamiento operacional concreto, lo llama Piaget, porque opera sobre el mundo y lo transciende vía pensamiento representacional.
Los símbolos, que indican a la vez presencia y ausencia de lo simbolizado, no sin físicos, como la mente tampoco lo es, sino un nuevo nivel de realidad, el nivel simbolizado. Se trata de significados transcorporales, transempíricos, transtifónicos y supraorgánicos. Los símbolos son presentacionales o creativos y representacionales o reflexivos.
La humanidad descubría un nivel de conciencia, que estaba operando en un nuevo plano, un plano intersubjetivo de símbolos compartidos que literalmente transciende las fronteras de los organismos separados a través de una red de participación y comunicación intersubjetiva. Es la función del lenguaje. La mente verbal-pertenencia era simplemente una forma nueva, superior y más ampliada de unidad en el camino que conduce a la Unidad.
Con este mundo simbolizado la muerte era alejada más y más del presente subjetivo. El hombre vivía proyectado más allá de su organismo concreto, y en la comunión intersubjetiva se diluía la presencia de Thanatos, a la vez que se alimentaba Eros y así crecía más y más la (falsa) sensación de identidad separada. En la comunidad intersubjetiva la muerte no tenía cabida en el presente, siempre quedaba relegada en el tiempo que se abría hacia el futuro. O sea empezaba a ser tiempo. El miedo a Thanatos encontraba una nueva y superior defensa: el simbolismo.
La agricultura (no tanto al principio en el que se utilizaba el palo y una azada rudimentaria, sino más tarde el arado) produjo un excedente de alimentos y bienes que pronto terminaría transformando por completo la faz de la historia. Este superávit liberó la conciencia para dedicarse a tareas diferentes y más especializadas: matemáticas, alfabeto, escritura, calendario… Por supuesto que esto no era lo que hacía el promedio de los hombres, sino algunos especializados. Hacia el sexto milenio aparecieron castas dedicadas a tareas específicas (sacerdotes, administradores, educadores…). Hacia el año 3200 a.C. ya se habían elaborado las primeras creaciones realmente mentales: alfabeto, calendario, escritura… El yo verbal-pertenencia fue capaz de cultivar el mundo material y de permitir el acceso a la mente. Esto no podía hacerlo el yo corporal del hombre tifónico.
Los hombres de esta época necesitaban transportar buena parte del excedente de alimentos y para ello habían de emplear mucho tiempo. Era necesaria una forma mental de intercambio material, fue la misión del dinero. El dinero simbolizaba una cantidad determinada de bienes materiales. Se transportaba el símbolo no los bienes.
Y todos estos avances fueron posibles gracias a la emergencia de la mente simbólica, la primera gran transcendencia de los mundos material, corporal y natural (niveles 1 y 2).
La agricultura, el tiempo y el dinero fueron tres pasos en la evolución de la conciencia. Y a la vez tres poderosos sustitutos de inmortalidad, que el hombre se aplicaba a sí mismo.
Estos avances suponen un paso adelante hacia la Unidad, un acercamiento y a la vez una nueva posibilidad de desvío. Pero, cada nuevo estadio evolutivo conseguido no sólo nos acerca a Dios sino que también se está resistiendo a él, el hombre en el fondo de su ser sabe que su verdadera naturaleza es Divina, que su meta en la evolución es su unión con la Unidad, con el Espíritu y por eso la quiere, pero a la vez la teme, pues para conseguir su meta ha de morir (a su falsa identidad separada, a su yo, la muerte física), y por eso va creando obstáculos para que Thanatos no llegue a alcanzarle. Comete un grave error: identifica su naturaleza divina con su pequeño yo separado, individual, concreto, así, para buscar esa inmortalidad que coloca en su pequeño yo va creando desviaciones constantes en su camino hacia la Unidad.
Es muy probable que desde los tiempos tifónicos, hayan existido formas rudimentarias de dinero, pero el auténtico dinero sólo aparece en los mercados de las ciudades de las sociedades agrícolas. El dinero expresa la capacidad de una conciencia superior y nueva para representar y simbolizar los niveles inferiores de la realidad y el poder transcender el intercambio físico por medio del simbólico. Por el contrario el dinero se puede convertir en un símbolo muy poderoso de la inmortalidad y de la cosmocentricidad, desviando hacia falsos símbolos, lo que en sí es el impulso natural del ser humano.
Uno puede convertir la simple acumulación de dinero, que no es una transcendencia vertical, en un fin en sí mismo, en lugar de utilizar el dinero para fomentar una transcendencia vertical hacia niveles superiores de conciencia. “El dinero es un sustituto de la religión, un intento de encontrar a Dios en las cosas” “Con el dinero resulta posible comerciar con la inmortalidad en la misma plaza del mercado, sin necesidad de acudir al templo” (Becker).
El nuevo yo, que es verbal, de pertenencia, supraorgánico constituyó una verdadera ampliación y expansión de la conciencia. Pero a la vez se enfrentó a una visión también nueva y expandida de la muerte y se vio abocada a una visión también nueva y expandida de negarla a través de los símbolos y a la vez conoció nuevas formas de cosmocentricidad. Estas nuevas formas de negarla fueron el excedente de bienes, el dinero, el oro.
La agricultura es tiempo, el tiempo es oro. Los tres son símbolos de un excedente de vida que expresan y representan, por una parte, una ampliación de la conciencia y, por la otra, la negación ritual de la muerte y la cosmocentricidad heroica. Pasos verdaderos hacia Dios, hacia la Totalidad y también posibles desvíos hacia nuevas modalidades de la negación del final de esta existencia, hacia la afirmación total de nuestro ego.
Sólo en los dos estadios extremos de la evolución (el letargo subconsciente o nivel arcaico o pleromático, y el despertar supraconsciente, o nivel no-dual, iluminación, salvación o resurrección) el ser humano se encuentra plenamente satisfecho. Los intermedios son duros. El estadio del ego está a mitad de camino entre el letargo inconsciente y la iluminación total, por ello es el más incómodo. Este estadio del ego comenzó hacia el 3.000 a.C. con la crisis de la estructura de pertenencia.
Desde el mismo comienzo de la evolución, del despertar de la humanidad, ésta percibió de alguna manera que su verdadera naturaleza era Dios. Este imán la impulsó hacia delante y hacia arriba, pero a la vez la condujo a buscar todas las estructuras sustitutorias, al unión en la Unidad. Cada una de esas estructuras fue creada como un sustituto de Dios y fue abandonada cuando dejaba de ser operativa (cuanto Thanatos vencía a Eros).
El mismo proceso tuvo lugar también en la naturaleza, pero en el ser humano la evolución fue tornándose consciente de sí misma (Huxley). Cada estructura de conciencia ha de ser integrada en el nivel superior como parte, así el hombre está atrapado entre lo que puede llegar a ser y el lastre de lo que ya fue. La tarea consiste en integrar las diferentes estructuras. La creciente complejidad de la conciencia ofrece nuevas oportunidades y a su vez conlleva nuevas responsabilidades.
En el breve período de unos pocos miles de años, la conciencia agraria floreció espectacularmente en las ciudades-estado y en las teocracias de Egipto y Mesopotamia. Según Spengler el catalizador hay que buscarlo en una nueva sensación y experiencia de la mortalidad, un nuevo miedo a la muerte y al mundo. Precisamente la grandeza de Egipto hay que buscarla en el culto a los muertos. Es la vertiente negativa de la unión en la Unidad: apartar la presencia de Thanatos, y esto nos impide realizar nuestro verdadero ser. Las obras de los egipcios fueron titánicas, pero sus sentimientos eran infantiles, querían prolongar el breve lapso de la vida del hombre con sus placeres hasta la eternidad (que se concebía como duración sin límites). Negar de una vez por todas a Thanatos. La inmortalidad estaba, residía ahora en la acumulación de oro, de monumentos, del poder manifiesto, no en la comunión totémica.
En cuanto al aspecto erótico o positivo de la unión en la Unidad, al intento del hombre de ser cosmocéntrico, omnipotente, divino…dice Campbell: “Los faraones creían en su divinidad temporal, y también cuantos les rodeaban” es decir estaban todos locos. Pero esta creencia en la divinidad temporal es propia de todo proyecto de unión en la Unidad, es un ingrediente de la dinámica esencial y universal de dicho proyecto, aunque asuma miles de formas diferentes. Nosotros también creemos que nuestra dimensión temporal es cosmocéntrica, divina e inmortal. Cualquier yo separado está loco en cuanto que se siente a sí mismo como el centro del universo. El error está en confundir lo que en esencia somos (de la misma naturaleza del Ser) con nuestro yo separado, con nuestra sensación de identidad separada que no es sino la mera manifestación temporal del Espíritu.
Al expandirse la conciencia, los hombres ampliaron no sólo el campo positivo, el acercamiento a Dios, el acercamiento a las formas transpersonales, sino también el aspecto negativo de este proyecto de unión en la Unidad, de la unión con Dios, con el Espíritu.
Egipto fue la mayor civilización, la mayor gratificación cultural sustitutoria de lo Eterno desde que el hombre salió del paraíso inconsciente. Pero también en Egipto existe Dios manifestado en un crecimiento excepcional de la conciencia, la creatividad y la cultura.
Si la humanidad como un todo se estaba acercando a los reinos supraconscientes, cada vez debía ser más fácil que hubiera individuos que accedieran a esos dominios… y ciertamente en ambos períodos de pertenencia han aparecido multitud de restos arqueológicos (sacras, ritos, actos sagrados) que hablan de una profundización en el misterio que gravita sobre el hombre. En contraste con el espíritu infantil de la magia de los cazadores tifónicos, una nueva profundización se logra en los horrendos ritos y mitos de la culturas agrícolas. “Eran horrendos y espantosos porque en el rito central de las grandes religiones de estas culturas nos encontramos con la clave secreta de los estados últimos de la transcendencia, pero también con las más aberrantes profundidades de la crueldad humana: Sacrificios humanos, canibalismo…”
¿Por qué esto?
La figura dominante de todas las religiones propias de las culturas del período mítico-pertenencia es la Gran Madre, la magnánima diosa Tierra, la madre dadora de vida, la que recibía a los muertos y los disponía para el renacimiento. Pero ¿la Diosa Madre representaba la transcendencia real o simplemente un deseo infantil de protección? ¿puede ser explicada exclusivamente en función de términos biológicos o psicoanalíticos, o realmente se ha de recurrir a interpretaciones místicas? Ambas posibilidades son igualmente ciertas, no podemos descartar ninguna según afirman los peritos en la materia.
Por todas partes existe evidencia manifiesta de que la Gran Madre está especialmente presente en las estructuras tifónicas y de pertenencia y domina la psicología de ambos estadios. Se trata de una generalización. Existe un paralelismo ontogenético indiscutible, el recién nacido carece de un verdadero yo personal. A medida que el niño va diferenciándose se encuentra con la madre, que es para él el mundo entero (en lo filogenético igual, la Gran Madre). La madre es el único personaje con el que el niño representa el drama de la separación.
Las relaciones existentes entre el yo corporal y la Gran Madre no son circunstanciales sino existenciales y giran en torno a los grandes temas ser versus no ser, vida versus muerte. Así la Gran Madre es a la vez la Gran Protectora y la Gran Destructora… la Buena y la Mala Madre.
En el período en que la humanidad está separándose de la naturaleza (madre naturaleza) y de la fusión con el medio (el gran entorno), saliendo de su etapa arcaica, su constante interlocutor es la Gran Madre.
Por estas razones si nuestra aproximación a la Gran Madre es buena, ella se convierte en la gran Protectora, mas si es mala, se transforma en Destructora vengativa. Aquí se asienta el fundamento psicológico del ritual. Para que no se convierta en Destructora es necesario llevar a cabo determinados ritos. Las figuras femeninas, muchas de ellas encontradas en santuarios, parecen haber sido los primeros objetos de culto del homo sapiens. Ya en el paleolítico, hace decenas de miles de años, aparecen vestigios de la Gran Madre, pero en la época de la que hablamos, de hace unos 6.000 hacia nosotros los hombres eran más conscientes de su contingencia y más conscientes de lo que la Gran Madre era y requería. Y lo que exigía eran sacrificios humanos.
Los símbolos asociados a la Gran Madre por asociación natural son: útero y luna, (ciclo lunar, ciclo menstrual,) – mantenido en la liturgia de la iglesia católica. La Gran Madre – la Luna. La Luna es el consorte de la Tierra, la luna o cualquier símbolo lunar (la serpiente lunar, el toro lunar…) es el dios-consorte .
Sucede que al final del ciclo lunar mensual la luna desaparece, se oculta en el mundo subterráneo y surge a los tres días. Observando este hecho natural la mente simbólica, o sea, que opera con significados no sensoriales, no perceptibles por los sentidos, del hombre mítico elaboró la siguiente afirmación, que se ha hecho expresión del Misterio en muchas religiones: el consorte de la Gran Madre es el dios-que-muere-y-a-los-tres-días-resucita.
También la mente simbólica del hombre mítico elaboró, viendo que a un cuerpo sin sangre le faltaba la vida, esta afirmación simbólica, que se ha mantenido en su fuerza mistérica hasta nuestros días: equiparación entre la sangre y la vida. La mentalidad primitiva asociaba el embarazo a la sangre menstrual, no a la cópula (hay muchas cópulas sin embarazo, pero durante el embarazo queda suprimida la pérdida menstrual). El hombre era sencillamente el portador del falo, y cualquier falo era igual que otro. Por eso la Gran Madre es representada como una virgen, no porque no mantuviera relaciones, sino porque no pertenecía a ningún hombre. Según esto ella, la diosa de la fertilidad es al mismo tiempo madre y virgen, la hetaira que no pertenece a ningún hombre.
En el pensamiento poleológico o mítico, la Gran Madre es, al mismo tiempo, madre y amante y su consorte es al mismo tiempo su marido y su hijo. No se puede hablar con precisión de padre, porque el principio paterno aún no ha entrado en escena, aparecerá más tarde con la aparición del ego, y de la función del varón dentro de la familia. La Gran madre siempre se presenta como la novia y como la virgen madre de Dios.
La substancia de la nueva vida es la sangre menstrual, de ahí la vida corporal depende de la sangre, quitar la sangre equivale a quitar la vida. La Gran Madre necesita sangre para crear nueva vida.
Uniendo ambas afirmaciones comprendemos la lógica de los sacrificios rituales humanos: el consorte simbólico de la Gran Madre (hombre o animal) es sacrificado sangrientamente, muere y según muchos ritos (a los tres días) resucita. La Gran Madre acompaña al dios consorte muerto hasta el mundo subterráneo o subacuático y allí consuma su resurrección, asegurando un nuevo ciclo vital, una nueva fertilidad, una nueva luna. La Gran Madre sigue siendo la madre-esposa del dios muerto y resucitado.
Las inmolaciones rituales eran llevadas a cabo literalmente, de ahí que el sacrifico consistiera en la inmolación de seres humanos. Más tarde fueron sustituidos por animales. Al principio fueron inmolados los mismos reyes, considerados los consortes de la Gran Madre..., reproducción ritual exacta de lo que pensaba la mente mítica.
En todo esto vemos la lógica del rito que sigue siendo la misma: el dios debe morir y renacer a manos de la Gran Madre para asegurar la fertilidad, y, con ella, la nueva vida. En Sumeria tales prácticas perduraron hasta una fecha tan tardía como el 2350 a.C.
La civilización y los sacrificios humanos nacieron simultáneamente.
El sacrificio ritual era una técnica para apaciguar y expiar la culpa de la muerte (apaciguando a la Madre Devoradora), asegurando de este modo la continuidad de la identidad separada, y fomentar todo lo posible el poder del yo separado (bajo los auspicios de la Gran Protectora). El ritual es una combinación de las dos vertientes de la unión o fusión de nuestro ser en la Unidad: liberarse de la muerte y aparecer como cosmocéntrico, como héroe (centro de la admiración de los otros), controlando las energías de la naturaleza. Expresa el deseo de vida absoluta, y el deseo de expiar la culpa del yo separado, que se sabe separado y por eso mismo se siente culpable (¿el pecado original?).
Los sacrificios y ofrendas rituales son totalmente congruentes con la lógica del período de pertenencia o tribal, con la estructura de la conciencia mítica. Es el intento de comunión con la Unidad propio de este nivel. Las formas paleológicas de conciencia también se hallaban impregnadas de la intuición de Dios.
Lo mismo podríamos decir con respecto al sacrificio ritual, pues hay dos formas de sacrificio; el literalmente sangriento, y la autoinmolación simbólica. Y en la historia en ambos caso se ha acudido a la misma ritualidad. En la etapa de permanencia tribal la mayoría de los individuos recurrió al sacrificio (a la Gran Madre) como estrategia de sustitución, sacrifico a otro (persona o animal en mi lugar) como mero signo, se entendía el sacrificio como mera exterioridad, mera sustitución. Se trataba de sacrificar a otro ser humano para salvarse uno. Para muy pocos se trataba de un símbolo de transformación y apoyo para la transcendencia, de una muerte al yo separado y una ascensión en los niveles de conciencia. ¿No queda mucho de esto, o todo esto, en nuestra celebraciones? El católico medio con sus obispos y clérigos al frente buscan el signo, no el símbolo. Volveré más en profundidad sobre ello posteriormente. Personalmente fui severamente amonestado por la autoridad eclesiástica por explicar en las clases de la facultad que los sacramentos no son signos, sino símbolos. La mentalidad de la institución católica es claramente mítica, pero la mítica de hace unos 6.000 años.
La mayor parte de los antropólogos modernos no distinguen entre signo (exterior) y símbolo (interior) y por tanto consideran a todos los sacrificios iguales.
Pero, no todos, “Advirtamos que estas ceremonias simbólicas ayudan a sofocar el deseo del individuo de alcanzar la inmortalidad, y que el nuevo destino resucitado del flujo de conciencia es la inmortalidad, la eternidad atemporal del Ser mismo.” (Campbell). Este tipo de ceremonias, rituales, plegarias vividas como símbolos conducía a aceptar la muerte de la sensación de identidad separada, favoreciendo la comunión con la Gran Diosa, que es la misma Gran Madre, en su cariz de bondadosa. Pero sólo en los casos de personas con un alto nivel de conciencia.
La Gran Madre exige sangre, mientras que la Gran Diosa, o Madre bondadosa reclama conciencia. La diferencia externa era: las ofrendas a la Gran Madre iban acompañadas de sacrificios sangrientos (y a veces asesinatos rituales), mientras que la inmolación del alma a la Gran Diosa nunca conllevaba la muerte del cuerpo, era un sacrificio del corazón.
El ejemplo cristiano en Occidente del dios que muere y a los tres días resucita es claro.
Es totalmente inadecuado intentar valorar el significado de un ritual recurriendo exclusivamente a su aspecto externo.
El hecho de erigir una frontera, mantener una sensación de identidad separada frente a la Totalidad requiere un gasto constante de energía, una contracción constante. Esta es la represión primordial, la represión de la conciencia universal y su transformación en un yo interior versus un mundo exterior.
Esta frontera determina dos factores dinámicos fundamentales: Eros y Thanatos. Eros constituye el deseo de recuperar la Totalidad anterior perdida en el momento en que se erige la frontera entre el yo y lo demás. Pero esta recuperación es imposible sin la disolución, la muerte del yo. La sensación de identidad separada se resiste y Eros no puede lograr la unión deseada, por ello se ve obligado a buscar paliativos simbólicos sustitutorios de la Totalidad perdida, sustitutos de inmortalidad. Eros jamás puede verse saciado, es el hambre ontológica.
La frontera existente entre el yo y los demás es irreal, debe ser constantemente recreada y así lo hacemos, y lo que es peor, nos creemos que esa es la realidad. Al mismo tiempo la Totalidad empuja para derribar esa barrera: esa fuerza que empuja contra la barrera de separación es Thanatos, que conspira instante tras instante por derribarla. La realidad conspira instante tras instante por derribar esa barrera. El objetivo real de Thanatos apunta hacia la transcendencia. Thanatos es el poder del sunyata budista, o sea de la túnica inconsútil de la Realidad, el impulso que impele a transcender las fronteras ilusorias, pero que se presenta ante el yo como una amenaza de muerte que pone en peligro su propia identidad.
Todo aquello que es ajeno al yo actúa como una fuente de Thanatos, pero todo lo ajeno no es sino una proyección de nuestra propia naturaleza profunda, la Totalidad última. Así de nuestro Ser Total se deriva un afán de destruir las fronteras, “un deseo de muerte”. Para reprimirla no hay más remedio que buscar unos medios: los sacrificios sustitutorios.
Estos sacrificios sustitutorios varían según los niveles de conciencia, cuando la sensación de identidad separada es muy débil, no hacen falta grandes sacrificios, cuando, como en el nivel de pertenencia, se alcanza una gran fuera en la sensación de identidad separada, las formas rudimentarias de sacrificios sustitutorios de la época tifónica no son válidos y se han de arbitrar unos nuevos para dominar a Thanatos. Hay que inventar nuevas formas sustitutorias (Eros) y nuevos sacrificios sustitutorios (Thanatos).
Ahora bien, en el desarrollo ontogenético (y también probablemente en el filogenético) el nivel de mítico-pertenencia es el primero en adentrarse en dimensiones temporales que transcienden el momento presente. Y el lenguaje es el instrumento o vehículo que permite desplazarse hacia metas situadas en el futuro.
Pero, este es también el primer nivel en el que Eros dispone, rudimentariamente, de la retroflexión, o sea, de la capacidad de volverse hacia el sistema del yo. Y del mismo modo en que Eros se intro-vierte hacia dentro, Thanatos se extra-vierte hacia fuera. Y cuando Thanatos se extra-vierte se convierte en agresividad asesina.
Según esta visión de la conciencia, Thanatos no es tanto el impulso de regresar a la existencia inanimada, como el impulso de recuperar la Totalidad Última, el estado primordial. Donde quiera aparezca una frontera aparece Thanatos pugnando por su destrucción, y el yo lo experimenta como una amenaza de muerte. Y es esa acometida de la muerte la que se extraviarte en el nivel de pertenencia, asumiendo la apariencia de esa forma de agresividad mórbida, perversa e implacable que constituye un patrimonio exclusivo de la humanidad.
El asesinato, pues, constituye una modalidad de sacrificio sustitutorio, una forma de transcendencia sustitutoria. El anhelo más profundo es destruir el propio yo, pero… es preferible destruir al otro. La única curación posible del homicidio descansa en la auténtica transcendencia. Transcender el yo y matarlo, en lugar de matar a otro hombre.
No negamos la existencia de una agresividad natural, instintiva y biológica. En los animales, mamíferos, humanos. Pero esta agresividad no mata a causa del odio. El coyote mata al conejo porque lo quiere (como posesión), como nosotros podemos querer el alimento.
Lo que negamos es que el odio asesino sea biológicamente innato. “El odio violento es una elaboración cognitiva y conceptual que transciende con mucho la agresividad meramente biológica.” (Arieti).
Se está diciendo que la muerte y el miedo a la muerte están íntimamente relacionados con la elaboración cognitiva que convierte a la simple agresividad biológica en el asesinato desenfrenado de seres humanos.
Esta hostilidad asesina es un estallido de agresividad realmente perversa y desproporcionada. Y la historia de la humanidad que comienza precisamente con el nivel tribal – mítico de conciencia, constituye el relato de los sacrificios sustitutorios, de las guerras, carnicerías y exterminios asesinos.
En la edad tribal, edad, por cierto, muy extensa aunque no tanto como la tifónica o mágica, al aparecer un nivel superior de conciencia, un nivel mental y simbólico (en cuanto que superaba la meramente sensible), el hombre va elaborando nuevas formas de defenderse de Thanatos, de la muerte, algo que siente como necesidad de su propio ser, y en verdad lo es, pero debido a la confusión de identificar su ser con lo que no es, el Ser. Por ello en el sentido transcendente, el verdadero sentido del Ser la lucha contra la muerte no es una necesidad, sino una ilusión generada por otra ilusión: la identificación del yo, del ego con su verdadero Ser.
Estas formas, aparte de las ya creadas por el hombre mágico son el
Tiempo extenso, un tiempo que iba mucho más allá que el del hombre mágico que abarcaba cada momento hasta mañana en que volvería a cazar, sino un tiempo que abarcaba de una cosecha a otra y otra... Un tiempo que ya tenía futuro.
La misma cultura, mucho más densa que la del hombre tifónico. Nos baste recordar todo lo que nos han legado en esta materia los grandes imperios antes mencionados y las culturas anteriores: celtas, iberos, etruscos, pelasgos... y las de China, India... de la época.
Los rituales, ya tremendamente elaborados, sobre todo en la época neolítica. El culto a la gran Madre (Gran Diosa), los enterramientos, embalsamamientos, los zigurats, las pirámides que tenía un claro matiz sacro...
El excedente agrícola, la abundancia de alimento que garantizaba poder alimentarse hasta un futuro mucho más lejano que el mero mañana de la caza...
El dinero, el gran sustituto, el gran falso símbolo de inmortalidad a lo largo de toda la historia hasta nuestros días, en los que la humanidad promedio se ve aún sumida en un nivel muy bajo de conciencia.
La vida en poblados extensos que garantizaban una convivencia inter subjetiva en la que el yo se alimentaba psicológicamente.
El sacrificio siempre entendido por la mayoría de los hombres como un signo sustitutorio y no como símbolo de transformación y metánoya.
Y lo que es mucho peor, los homicidios, asesinatos y las guerras, que en substrato inconsciente de la humanidad sólo responde al tremendo miedo al otro. Sencillamente porque no hemos asumido la Realidad: las fronteras son ilusorias. No hay otro, sólo Uno. “Mi Padre y yo somos uno”
…
Segunda parte
La época mítica
A esta época también se la llama con otros nombres: agraria, mítico-pertenencia, tribal...
Los comienzos de este período mítico los sitúan los estudiosos del tema en torno al año 12.000 -10.000 antes de Cristo. Dice Joseph Campbell en su libro sobre la Mitología Primitiva (Alianza Editorial) que en esta época (mítica) floreció un tipo de organización social casi completamente opuesta a la de los pueblos cazadores. La conciencia dio un salto tal (ya venía de miles de años atrás) que apareció el lenguaje plenamente desarrollado (paratáxico), el cual hizo posible la nueva estructura social del humano: la agricultura.
Cuando el ser humano se convirtió en campesino sufrió la más importante mutación de conciencia que jamás haya experimentado el hombre. La agricultura fue el efecto más evidente de esa mutación en la estructura de la conciencia del ser humano.
El mundo del tifón, como ya hemos dicho, había dejado de ser prepersonal, pero se hallaba fundamentalmente centrado en el presente fugaz, la inmortalidad consistía para el cazador en seguir vivo hasta el día de mañana. Pero el mundo agrícola es el del presente extendido, un mundo en el que hay que llevar a cabo los preparativos para cosechas futuras. El campesino trabaja en el presente por unas cosechas que se recogerán en el futuro, no mañana, ni pasado, lo cual supone una expansión de sus pensamientos, de sus acciones y de su conciencia más allá del presente fugaz y una demora de los impulsos inmediatos en aras de objetivos canalizados por su mente. Con el advenimiento de la agricultura el ser humano entró en el mundo del tiempo y de la comunidad temporal extendida, ampliando su horizonte vital, su conciencia hasta llegar a incluir el futuro. Fue un medio para alejar Thanatos, a la vez que un alimento para su vida (Eros) no sólo biológica, sino también psíquica.
Esta conciencia agraria ha terminado transformándonos a todos, pues todos demoramos los frutos de nuestro esfuerzo y trabajo, cobramos el salario, o la pensión a fin de mes, esperamos trabajando a la edad de jubilación, yo escribo esto esperando que sea leído por alguien..., la medicina (tanto la alopática como la homeopática) lo que hace es demorar el fin de la vida terrenal. Estamos distanciando a la muerte con el tiempo y no vivimos la Eternidad que se esconde dentro de él.
La agricultura promovió la aparición del refuerzo demorado: trabajar ahora para el futuro. Para ello fueron necesarias formas de control muy poderosas. Y todo ello fue posible gracias al aumento masivo de la población comunal, a la diferenciación de habilidades físicas y a la proliferación de ideas mentales. Tres elementos que aparecen en el hombre mítico.
Pero ¿por qué y sobre todo cómo tuvo esto lugar? ¿Qué es lo que posibilitó y movilizó a comunidades enteras a renunciar a la gratificación impulsiva por objetivos más elevados ubicados en el futuro?
Ello fue posible gracias a la emergencia del lenguaje y estimulado por una acometida nueva y más intensa de la muerte.
La agricultura fue simultáneamente una experiencia de crecimiento y una búsqueda de seguridad. La conciencia del ser humano se expandió y le permitió presentarse el futuro (al principio posiblemente hasta la próxima cosecha, luego se fue ampliando sin duda), y a su vez planificarlo. A la vez cobró una conciencia más vívida de su mortalidad que le obligó a proyectar su existencia hacia el futuro, para encontrarse consigo mismo el día de mañana (perpetuarse en el tiempo). Que es lo que seguimos haciendo, y creo, como ya he dicho,que está muy bien hecho, pero a su vez viviendo a través de la contemplación y el Amor la almendra que envuelve la cáscara del tiempo: la Eternidad, la Vida. A la vez adquirió una nueva sensación de identidad, el yo mental, y la agricultura cumplió con la función de consolidarla.
Parece casi seguro que esta época estuvo acompañada de una nueva acometida de la muerte, porque por aquellos siglos y milenios nos encontramos con la práctica común de celebraciones de enterramientos. Y los enterramientos constituyen un intento de hacer frente a la impronta de la muerte, a la que se quiere vencer con los rituales.
A mayor conciencia en el ser humano, más conciencia de la propia contingencia. Por ello, el yo separado debió crear un nuevo mundo temporal más expandido en el que proyectar imaginariamente la continuidad (ilusoria) de su propia existencia. Este yo tenso, extendido fue el que inventó la agricultura para comprar tiempo, para evitar la muerte y preservar su sensación (en un nivel superior al del tifón, al del hombre mágico) de identidad separada.
El tiempo, pero, ahora ya extendido, proyectado hacia un futuro, y no hacia mañana, siguió (y sigue) siendo un instrumento de lucha contra Thanatos y un alimento de Eros.
La conciencia agrícola permitía que los hombres y mujeres pudieran reunirse en comunidades que no eran simples hordas de cazadores, como las del hombre mágico. Se trataba de pueblos y aldeas con muchos habitantes (Recordemos los pueblos caldeos, los egipcios, sumerios...). Esto demuestra la transcendencia evolutiva de este nivel. La conciencia agrícola era una conciencia de pertenencia a un grupo, a una tribu (de conciencia comunal), una forma de unidad superior en el camino hacia la Unidad suprema o última, por otra parte una conciencia agrícola significa que se ha dejado de depender del alimento ocasional, o sea que la conciencia agrícola era una conciencia temporal, que transcendía el presente simple, que se labraba un futuro.
Ahora bien, la dinámica psicológica esencial de esta conciencia fue la represión de la muerte y su principal vehículo fue el lenguaje. Ya hemos dicho que el tiempo siguió siendo un vehículo de represión de la muerte, pero el específico de la época de pertenencia fue el lenguaje. Dicen muchos investigadores que el lenguaje es el gran vehículo del tiempo y de la representación temporal. Con el lenguaje se pueden representar una cadena de acontecimientos y proyectarlos más allá del presente inmediato. Es una actividad de una identidad ya mental, no meramente corporal.
El rasgo característico de la estructura mítica o tribal es el mismo lenguaje. Por eso el nivel de conciencia de pertenencia o mítica es el adecuado para mantener una cultura agrícola temporal.
El yo propio de la estructura de pertenencia era, en suma, un yo verbal, y como el lenguaje transciende el presente, el yo transciende el cuerpo, podía ver el mañana, demorar y canalizar sus deseos corporales… así la naturaleza humana pudo alcanzar un nivel nuevo y superior.
El paso de la imaginería mágico/emocional/pránica, propia del tifón, a la mentalidad lógico/racional/ conceptual, que comienza en la época mítica y llega a su plenitud con el paso a la época racional, no fue un salto en el vacío, sino que atravesó por un estadio intermedio de cognición mítica, lo que en un tiempo se consideró como una combinación entre magia y lógica que informa y estructura los primeros estadios del lenguaje. De todas formas al final de la época mítica el lenguaje estaba totalmente formado.
Es la época de las civilizaciones clásicas: Egipto, Babilonia, Sumer, la civilización azteco-maya en México, la Shang en China, la del valle del Indo, la micénica, la antigua Grecia.
El lenguaje, según una teoría defendida hoy por la mayoría de antropólogos culturales, debió haber provocado cambios tan dramáticos en la atención del hombre a las cosas y a las personas y debió permitir tal intercambio de información que debió dejar rastros arqueológicos. Por supuesto que debió haber una comunicación por gritos y sonidos guturales entre los homínidos anteriores, pero no un lenguaje propiamente verbal, pues exige la presencia de un nivel de conciencia más elevado que el nivel corporal.
Fue la nueva mentalidad lingüística la que desarrolló la agricultura, la que la hizo posible, no a la inversa, pues gracias al lenguaje la mente verbal podía diferenciarse a sí misma del yo corporal anterior (el hombre mágico o tifón), podía escapar de lo inmediato y concebir y mantener objetivos de largo alcance.
A partir de este momento, la humanidad se podía reproducir físicamente alimentándose, biológicamente por el sexo y culturalmente (mediante la mente). La reproducción de la mente humana generación tras generación es un acto de comunicación verbal. Esta comunicación no es un nivel superior de la biología, sino que la transciende, porque lo orgánico de otro nivel (verbal y mental) deja de ser orgánico. Se trata de un nivel transorgánico, transbiológico, un verdadero salto cualitativo en la evolución transcendente. “Es un verdadero salto a otro plano” se trata de un nivel supraorgánico (A.L. Kroeber).
Consecuencia de este nivel supraorgánico fue el control del cuerpo, la mentalidad agrícola, la conciencia temporal y la capacidad para elaborar un extenso simbolismo verbal. Creó todo un mundo de símbolos mentales con los que operaba en lugar de hacerlo con el mundo natural, como había sucedido hasta entonces. Pensamiento operacional concreto, lo llama Piaget, porque opera sobre el mundo y lo transciende vía pensamiento representacional.
Los símbolos, que indican a la vez presencia y ausencia de lo simbolizado, no sin físicos, como la mente tampoco lo es, sino un nuevo nivel de realidad, el nivel simbolizado. Se trata de significados transcorporales, transempíricos, transtifónicos y supraorgánicos. Los símbolos son presentacionales o creativos y representacionales o reflexivos.
La humanidad descubría un nivel de conciencia, que estaba operando en un nuevo plano, un plano intersubjetivo de símbolos compartidos que literalmente transciende las fronteras de los organismos separados a través de una red de participación y comunicación intersubjetiva. Es la función del lenguaje. La mente verbal-pertenencia era simplemente una forma nueva, superior y más ampliada de unidad en el camino que conduce a la Unidad.
Con este mundo simbolizado la muerte era alejada más y más del presente subjetivo. El hombre vivía proyectado más allá de su organismo concreto, y en la comunión intersubjetiva se diluía la presencia de Thanatos, a la vez que se alimentaba Eros y así crecía más y más la (falsa) sensación de identidad separada. En la comunidad intersubjetiva la muerte no tenía cabida en el presente, siempre quedaba relegada en el tiempo que se abría hacia el futuro. O sea empezaba a ser tiempo. El miedo a Thanatos encontraba una nueva y superior defensa: el simbolismo.
La agricultura (no tanto al principio en el que se utilizaba el palo y una azada rudimentaria, sino más tarde el arado) produjo un excedente de alimentos y bienes que pronto terminaría transformando por completo la faz de la historia. Este superávit liberó la conciencia para dedicarse a tareas diferentes y más especializadas: matemáticas, alfabeto, escritura, calendario… Por supuesto que esto no era lo que hacía el promedio de los hombres, sino algunos especializados. Hacia el sexto milenio aparecieron castas dedicadas a tareas específicas (sacerdotes, administradores, educadores…). Hacia el año 3200 a.C. ya se habían elaborado las primeras creaciones realmente mentales: alfabeto, calendario, escritura… El yo verbal-pertenencia fue capaz de cultivar el mundo material y de permitir el acceso a la mente. Esto no podía hacerlo el yo corporal del hombre tifónico.
Los hombres de esta época necesitaban transportar buena parte del excedente de alimentos y para ello habían de emplear mucho tiempo. Era necesaria una forma mental de intercambio material, fue la misión del dinero. El dinero simbolizaba una cantidad determinada de bienes materiales. Se transportaba el símbolo no los bienes.
Y todos estos avances fueron posibles gracias a la emergencia de la mente simbólica, la primera gran transcendencia de los mundos material, corporal y natural (niveles 1 y 2).
La agricultura, el tiempo y el dinero fueron tres pasos en la evolución de la conciencia. Y a la vez tres poderosos sustitutos de inmortalidad, que el hombre se aplicaba a sí mismo.
Estos avances suponen un paso adelante hacia la Unidad, un acercamiento y a la vez una nueva posibilidad de desvío. Pero, cada nuevo estadio evolutivo conseguido no sólo nos acerca a Dios sino que también se está resistiendo a él, el hombre en el fondo de su ser sabe que su verdadera naturaleza es Divina, que su meta en la evolución es su unión con la Unidad, con el Espíritu y por eso la quiere, pero a la vez la teme, pues para conseguir su meta ha de morir (a su falsa identidad separada, a su yo, la muerte física), y por eso va creando obstáculos para que Thanatos no llegue a alcanzarle. Comete un grave error: identifica su naturaleza divina con su pequeño yo separado, individual, concreto, así, para buscar esa inmortalidad que coloca en su pequeño yo va creando desviaciones constantes en su camino hacia la Unidad.
Es muy probable que desde los tiempos tifónicos, hayan existido formas rudimentarias de dinero, pero el auténtico dinero sólo aparece en los mercados de las ciudades de las sociedades agrícolas. El dinero expresa la capacidad de una conciencia superior y nueva para representar y simbolizar los niveles inferiores de la realidad y el poder transcender el intercambio físico por medio del simbólico. Por el contrario el dinero se puede convertir en un símbolo muy poderoso de la inmortalidad y de la cosmocentricidad, desviando hacia falsos símbolos, lo que en sí es el impulso natural del ser humano.
Uno puede convertir la simple acumulación de dinero, que no es una transcendencia vertical, en un fin en sí mismo, en lugar de utilizar el dinero para fomentar una transcendencia vertical hacia niveles superiores de conciencia. “El dinero es un sustituto de la religión, un intento de encontrar a Dios en las cosas” “Con el dinero resulta posible comerciar con la inmortalidad en la misma plaza del mercado, sin necesidad de acudir al templo” (Becker).
El nuevo yo, que es verbal, de pertenencia, supraorgánico constituyó una verdadera ampliación y expansión de la conciencia. Pero a la vez se enfrentó a una visión también nueva y expandida de la muerte y se vio abocada a una visión también nueva y expandida de negarla a través de los símbolos y a la vez conoció nuevas formas de cosmocentricidad. Estas nuevas formas de negarla fueron el excedente de bienes, el dinero, el oro.
La agricultura es tiempo, el tiempo es oro. Los tres son símbolos de un excedente de vida que expresan y representan, por una parte, una ampliación de la conciencia y, por la otra, la negación ritual de la muerte y la cosmocentricidad heroica. Pasos verdaderos hacia Dios, hacia la Totalidad y también posibles desvíos hacia nuevas modalidades de la negación del final de esta existencia, hacia la afirmación total de nuestro ego.
Sólo en los dos estadios extremos de la evolución (el letargo subconsciente o nivel arcaico o pleromático, y el despertar supraconsciente, o nivel no-dual, iluminación, salvación o resurrección) el ser humano se encuentra plenamente satisfecho. Los intermedios son duros. El estadio del ego está a mitad de camino entre el letargo inconsciente y la iluminación total, por ello es el más incómodo. Este estadio del ego comenzó hacia el 3.000 a.C. con la crisis de la estructura de pertenencia.
Desde el mismo comienzo de la evolución, del despertar de la humanidad, ésta percibió de alguna manera que su verdadera naturaleza era Dios. Este imán la impulsó hacia delante y hacia arriba, pero a la vez la condujo a buscar todas las estructuras sustitutorias, al unión en la Unidad. Cada una de esas estructuras fue creada como un sustituto de Dios y fue abandonada cuando dejaba de ser operativa (cuanto Thanatos vencía a Eros).
El mismo proceso tuvo lugar también en la naturaleza, pero en el ser humano la evolución fue tornándose consciente de sí misma (Huxley). Cada estructura de conciencia ha de ser integrada en el nivel superior como parte, así el hombre está atrapado entre lo que puede llegar a ser y el lastre de lo que ya fue. La tarea consiste en integrar las diferentes estructuras. La creciente complejidad de la conciencia ofrece nuevas oportunidades y a su vez conlleva nuevas responsabilidades.
En el breve período de unos pocos miles de años, la conciencia agraria floreció espectacularmente en las ciudades-estado y en las teocracias de Egipto y Mesopotamia. Según Spengler el catalizador hay que buscarlo en una nueva sensación y experiencia de la mortalidad, un nuevo miedo a la muerte y al mundo. Precisamente la grandeza de Egipto hay que buscarla en el culto a los muertos. Es la vertiente negativa de la unión en la Unidad: apartar la presencia de Thanatos, y esto nos impide realizar nuestro verdadero ser. Las obras de los egipcios fueron titánicas, pero sus sentimientos eran infantiles, querían prolongar el breve lapso de la vida del hombre con sus placeres hasta la eternidad (que se concebía como duración sin límites). Negar de una vez por todas a Thanatos. La inmortalidad estaba, residía ahora en la acumulación de oro, de monumentos, del poder manifiesto, no en la comunión totémica.
En cuanto al aspecto erótico o positivo de la unión en la Unidad, al intento del hombre de ser cosmocéntrico, omnipotente, divino…dice Campbell: “Los faraones creían en su divinidad temporal, y también cuantos les rodeaban” es decir estaban todos locos. Pero esta creencia en la divinidad temporal es propia de todo proyecto de unión en la Unidad, es un ingrediente de la dinámica esencial y universal de dicho proyecto, aunque asuma miles de formas diferentes. Nosotros también creemos que nuestra dimensión temporal es cosmocéntrica, divina e inmortal. Cualquier yo separado está loco en cuanto que se siente a sí mismo como el centro del universo. El error está en confundir lo que en esencia somos (de la misma naturaleza del Ser) con nuestro yo separado, con nuestra sensación de identidad separada que no es sino la mera manifestación temporal del Espíritu.
Al expandirse la conciencia, los hombres ampliaron no sólo el campo positivo, el acercamiento a Dios, el acercamiento a las formas transpersonales, sino también el aspecto negativo de este proyecto de unión en la Unidad, de la unión con Dios, con el Espíritu.
Egipto fue la mayor civilización, la mayor gratificación cultural sustitutoria de lo Eterno desde que el hombre salió del paraíso inconsciente. Pero también en Egipto existe Dios manifestado en un crecimiento excepcional de la conciencia, la creatividad y la cultura.
Si la humanidad como un todo se estaba acercando a los reinos supraconscientes, cada vez debía ser más fácil que hubiera individuos que accedieran a esos dominios… y ciertamente en ambos períodos de pertenencia han aparecido multitud de restos arqueológicos (sacras, ritos, actos sagrados) que hablan de una profundización en el misterio que gravita sobre el hombre. En contraste con el espíritu infantil de la magia de los cazadores tifónicos, una nueva profundización se logra en los horrendos ritos y mitos de la culturas agrícolas. “Eran horrendos y espantosos porque en el rito central de las grandes religiones de estas culturas nos encontramos con la clave secreta de los estados últimos de la transcendencia, pero también con las más aberrantes profundidades de la crueldad humana: Sacrificios humanos, canibalismo…”
¿Por qué esto?
La figura dominante de todas las religiones propias de las culturas del período mítico-pertenencia es la Gran Madre, la magnánima diosa Tierra, la madre dadora de vida, la que recibía a los muertos y los disponía para el renacimiento. Pero ¿la Diosa Madre representaba la transcendencia real o simplemente un deseo infantil de protección? ¿puede ser explicada exclusivamente en función de términos biológicos o psicoanalíticos, o realmente se ha de recurrir a interpretaciones místicas? Ambas posibilidades son igualmente ciertas, no podemos descartar ninguna según afirman los peritos en la materia.
Por todas partes existe evidencia manifiesta de que la Gran Madre está especialmente presente en las estructuras tifónicas y de pertenencia y domina la psicología de ambos estadios. Se trata de una generalización. Existe un paralelismo ontogenético indiscutible, el recién nacido carece de un verdadero yo personal. A medida que el niño va diferenciándose se encuentra con la madre, que es para él el mundo entero (en lo filogenético igual, la Gran Madre). La madre es el único personaje con el que el niño representa el drama de la separación.
Las relaciones existentes entre el yo corporal y la Gran Madre no son circunstanciales sino existenciales y giran en torno a los grandes temas ser versus no ser, vida versus muerte. Así la Gran Madre es a la vez la Gran Protectora y la Gran Destructora… la Buena y la Mala Madre.
En el período en que la humanidad está separándose de la naturaleza (madre naturaleza) y de la fusión con el medio (el gran entorno), saliendo de su etapa arcaica, su constante interlocutor es la Gran Madre.
Por estas razones si nuestra aproximación a la Gran Madre es buena, ella se convierte en la gran Protectora, mas si es mala, se transforma en Destructora vengativa. Aquí se asienta el fundamento psicológico del ritual. Para que no se convierta en Destructora es necesario llevar a cabo determinados ritos. Las figuras femeninas, muchas de ellas encontradas en santuarios, parecen haber sido los primeros objetos de culto del homo sapiens. Ya en el paleolítico, hace decenas de miles de años, aparecen vestigios de la Gran Madre, pero en la época de la que hablamos, de hace unos 6.000 hacia nosotros los hombres eran más conscientes de su contingencia y más conscientes de lo que la Gran Madre era y requería. Y lo que exigía eran sacrificios humanos.
Los símbolos asociados a la Gran Madre por asociación natural son: útero y luna, (ciclo lunar, ciclo menstrual,) – mantenido en la liturgia de la iglesia católica. La Gran Madre – la Luna. La Luna es el consorte de la Tierra, la luna o cualquier símbolo lunar (la serpiente lunar, el toro lunar…) es el dios-consorte .
Sucede que al final del ciclo lunar mensual la luna desaparece, se oculta en el mundo subterráneo y surge a los tres días. Observando este hecho natural la mente simbólica, o sea, que opera con significados no sensoriales, no perceptibles por los sentidos, del hombre mítico elaboró la siguiente afirmación, que se ha hecho expresión del Misterio en muchas religiones: el consorte de la Gran Madre es el dios-que-muere-y-a-los-tres-días-resucita.
También la mente simbólica del hombre mítico elaboró, viendo que a un cuerpo sin sangre le faltaba la vida, esta afirmación simbólica, que se ha mantenido en su fuerza mistérica hasta nuestros días: equiparación entre la sangre y la vida. La mentalidad primitiva asociaba el embarazo a la sangre menstrual, no a la cópula (hay muchas cópulas sin embarazo, pero durante el embarazo queda suprimida la pérdida menstrual). El hombre era sencillamente el portador del falo, y cualquier falo era igual que otro. Por eso la Gran Madre es representada como una virgen, no porque no mantuviera relaciones, sino porque no pertenecía a ningún hombre. Según esto ella, la diosa de la fertilidad es al mismo tiempo madre y virgen, la hetaira que no pertenece a ningún hombre.
En el pensamiento poleológico o mítico, la Gran Madre es, al mismo tiempo, madre y amante y su consorte es al mismo tiempo su marido y su hijo. No se puede hablar con precisión de padre, porque el principio paterno aún no ha entrado en escena, aparecerá más tarde con la aparición del ego, y de la función del varón dentro de la familia. La Gran madre siempre se presenta como la novia y como la virgen madre de Dios.
La substancia de la nueva vida es la sangre menstrual, de ahí la vida corporal depende de la sangre, quitar la sangre equivale a quitar la vida. La Gran Madre necesita sangre para crear nueva vida.
Uniendo ambas afirmaciones comprendemos la lógica de los sacrificios rituales humanos: el consorte simbólico de la Gran Madre (hombre o animal) es sacrificado sangrientamente, muere y según muchos ritos (a los tres días) resucita. La Gran Madre acompaña al dios consorte muerto hasta el mundo subterráneo o subacuático y allí consuma su resurrección, asegurando un nuevo ciclo vital, una nueva fertilidad, una nueva luna. La Gran Madre sigue siendo la madre-esposa del dios muerto y resucitado.
Las inmolaciones rituales eran llevadas a cabo literalmente, de ahí que el sacrifico consistiera en la inmolación de seres humanos. Más tarde fueron sustituidos por animales. Al principio fueron inmolados los mismos reyes, considerados los consortes de la Gran Madre..., reproducción ritual exacta de lo que pensaba la mente mítica.
En todo esto vemos la lógica del rito que sigue siendo la misma: el dios debe morir y renacer a manos de la Gran Madre para asegurar la fertilidad, y, con ella, la nueva vida. En Sumeria tales prácticas perduraron hasta una fecha tan tardía como el 2350 a.C.
La civilización y los sacrificios humanos nacieron simultáneamente.
El sacrificio ritual era una técnica para apaciguar y expiar la culpa de la muerte (apaciguando a la Madre Devoradora), asegurando de este modo la continuidad de la identidad separada, y fomentar todo lo posible el poder del yo separado (bajo los auspicios de la Gran Protectora). El ritual es una combinación de las dos vertientes de la unión o fusión de nuestro ser en la Unidad: liberarse de la muerte y aparecer como cosmocéntrico, como héroe (centro de la admiración de los otros), controlando las energías de la naturaleza. Expresa el deseo de vida absoluta, y el deseo de expiar la culpa del yo separado, que se sabe separado y por eso mismo se siente culpable (¿el pecado original?).
Los sacrificios y ofrendas rituales son totalmente congruentes con la lógica del período de pertenencia o tribal, con la estructura de la conciencia mítica. Es el intento de comunión con la Unidad propio de este nivel. Las formas paleológicas de conciencia también se hallaban impregnadas de la intuición de Dios.
Lo mismo podríamos decir con respecto al sacrificio ritual, pues hay dos formas de sacrificio; el literalmente sangriento, y la autoinmolación simbólica. Y en la historia en ambos caso se ha acudido a la misma ritualidad. En la etapa de permanencia tribal la mayoría de los individuos recurrió al sacrificio (a la Gran Madre) como estrategia de sustitución, sacrifico a otro (persona o animal en mi lugar) como mero signo, se entendía el sacrificio como mera exterioridad, mera sustitución. Se trataba de sacrificar a otro ser humano para salvarse uno. Para muy pocos se trataba de un símbolo de transformación y apoyo para la transcendencia, de una muerte al yo separado y una ascensión en los niveles de conciencia. ¿No queda mucho de esto, o todo esto, en nuestra celebraciones? El católico medio con sus obispos y clérigos al frente buscan el signo, no el símbolo. Volveré más en profundidad sobre ello posteriormente. Personalmente fui severamente amonestado por la autoridad eclesiástica por explicar en las clases de la facultad que los sacramentos no son signos, sino símbolos. La mentalidad de la institución católica es claramente mítica, pero la mítica de hace unos 6.000 años.
La mayor parte de los antropólogos modernos no distinguen entre signo (exterior) y símbolo (interior) y por tanto consideran a todos los sacrificios iguales.
Pero, no todos, “Advirtamos que estas ceremonias simbólicas ayudan a sofocar el deseo del individuo de alcanzar la inmortalidad, y que el nuevo destino resucitado del flujo de conciencia es la inmortalidad, la eternidad atemporal del Ser mismo.” (Campbell). Este tipo de ceremonias, rituales, plegarias vividas como símbolos conducía a aceptar la muerte de la sensación de identidad separada, favoreciendo la comunión con la Gran Diosa, que es la misma Gran Madre, en su cariz de bondadosa. Pero sólo en los casos de personas con un alto nivel de conciencia.
La Gran Madre exige sangre, mientras que la Gran Diosa, o Madre bondadosa reclama conciencia. La diferencia externa era: las ofrendas a la Gran Madre iban acompañadas de sacrificios sangrientos (y a veces asesinatos rituales), mientras que la inmolación del alma a la Gran Diosa nunca conllevaba la muerte del cuerpo, era un sacrificio del corazón.
El ejemplo cristiano en Occidente del dios que muere y a los tres días resucita es claro.
Es totalmente inadecuado intentar valorar el significado de un ritual recurriendo exclusivamente a su aspecto externo.
El hecho de erigir una frontera, mantener una sensación de identidad separada frente a la Totalidad requiere un gasto constante de energía, una contracción constante. Esta es la represión primordial, la represión de la conciencia universal y su transformación en un yo interior versus un mundo exterior.
Esta frontera determina dos factores dinámicos fundamentales: Eros y Thanatos. Eros constituye el deseo de recuperar la Totalidad anterior perdida en el momento en que se erige la frontera entre el yo y lo demás. Pero esta recuperación es imposible sin la disolución, la muerte del yo. La sensación de identidad separada se resiste y Eros no puede lograr la unión deseada, por ello se ve obligado a buscar paliativos simbólicos sustitutorios de la Totalidad perdida, sustitutos de inmortalidad. Eros jamás puede verse saciado, es el hambre ontológica.
La frontera existente entre el yo y los demás es irreal, debe ser constantemente recreada y así lo hacemos, y lo que es peor, nos creemos que esa es la realidad. Al mismo tiempo la Totalidad empuja para derribar esa barrera: esa fuerza que empuja contra la barrera de separación es Thanatos, que conspira instante tras instante por derribarla. La realidad conspira instante tras instante por derribar esa barrera. El objetivo real de Thanatos apunta hacia la transcendencia. Thanatos es el poder del sunyata budista, o sea de la túnica inconsútil de la Realidad, el impulso que impele a transcender las fronteras ilusorias, pero que se presenta ante el yo como una amenaza de muerte que pone en peligro su propia identidad.
Todo aquello que es ajeno al yo actúa como una fuente de Thanatos, pero todo lo ajeno no es sino una proyección de nuestra propia naturaleza profunda, la Totalidad última. Así de nuestro Ser Total se deriva un afán de destruir las fronteras, “un deseo de muerte”. Para reprimirla no hay más remedio que buscar unos medios: los sacrificios sustitutorios.
Estos sacrificios sustitutorios varían según los niveles de conciencia, cuando la sensación de identidad separada es muy débil, no hacen falta grandes sacrificios, cuando, como en el nivel de pertenencia, se alcanza una gran fuera en la sensación de identidad separada, las formas rudimentarias de sacrificios sustitutorios de la época tifónica no son válidos y se han de arbitrar unos nuevos para dominar a Thanatos. Hay que inventar nuevas formas sustitutorias (Eros) y nuevos sacrificios sustitutorios (Thanatos).
Ahora bien, en el desarrollo ontogenético (y también probablemente en el filogenético) el nivel de mítico-pertenencia es el primero en adentrarse en dimensiones temporales que transcienden el momento presente. Y el lenguaje es el instrumento o vehículo que permite desplazarse hacia metas situadas en el futuro.
Pero, este es también el primer nivel en el que Eros dispone, rudimentariamente, de la retroflexión, o sea, de la capacidad de volverse hacia el sistema del yo. Y del mismo modo en que Eros se intro-vierte hacia dentro, Thanatos se extra-vierte hacia fuera. Y cuando Thanatos se extra-vierte se convierte en agresividad asesina.
Según esta visión de la conciencia, Thanatos no es tanto el impulso de regresar a la existencia inanimada, como el impulso de recuperar la Totalidad Última, el estado primordial. Donde quiera aparezca una frontera aparece Thanatos pugnando por su destrucción, y el yo lo experimenta como una amenaza de muerte. Y es esa acometida de la muerte la que se extraviarte en el nivel de pertenencia, asumiendo la apariencia de esa forma de agresividad mórbida, perversa e implacable que constituye un patrimonio exclusivo de la humanidad.
El asesinato, pues, constituye una modalidad de sacrificio sustitutorio, una forma de transcendencia sustitutoria. El anhelo más profundo es destruir el propio yo, pero… es preferible destruir al otro. La única curación posible del homicidio descansa en la auténtica transcendencia. Transcender el yo y matarlo, en lugar de matar a otro hombre.
No negamos la existencia de una agresividad natural, instintiva y biológica. En los animales, mamíferos, humanos. Pero esta agresividad no mata a causa del odio. El coyote mata al conejo porque lo quiere (como posesión), como nosotros podemos querer el alimento.
Lo que negamos es que el odio asesino sea biológicamente innato. “El odio violento es una elaboración cognitiva y conceptual que transciende con mucho la agresividad meramente biológica.” (Arieti).
Se está diciendo que la muerte y el miedo a la muerte están íntimamente relacionados con la elaboración cognitiva que convierte a la simple agresividad biológica en el asesinato desenfrenado de seres humanos.
Esta hostilidad asesina es un estallido de agresividad realmente perversa y desproporcionada. Y la historia de la humanidad que comienza precisamente con el nivel tribal – mítico de conciencia, constituye el relato de los sacrificios sustitutorios, de las guerras, carnicerías y exterminios asesinos.
En la edad tribal, edad, por cierto, muy extensa aunque no tanto como la tifónica o mágica, al aparecer un nivel superior de conciencia, un nivel mental y simbólico (en cuanto que superaba la meramente sensible), el hombre va elaborando nuevas formas de defenderse de Thanatos, de la muerte, algo que siente como necesidad de su propio ser, y en verdad lo es, pero debido a la confusión de identificar su ser con lo que no es, el Ser. Por ello en el sentido transcendente, el verdadero sentido del Ser la lucha contra la muerte no es una necesidad, sino una ilusión generada por otra ilusión: la identificación del yo, del ego con su verdadero Ser.
Estas formas, aparte de las ya creadas por el hombre mágico son el
Tiempo extenso, un tiempo que iba mucho más allá que el del hombre mágico que abarcaba cada momento hasta mañana en que volvería a cazar, sino un tiempo que abarcaba de una cosecha a otra y otra... Un tiempo que ya tenía futuro.
La misma cultura, mucho más densa que la del hombre tifónico. Nos baste recordar todo lo que nos han legado en esta materia los grandes imperios antes mencionados y las culturas anteriores: celtas, iberos, etruscos, pelasgos... y las de China, India... de la época.
Los rituales, ya tremendamente elaborados, sobre todo en la época neolítica. El culto a la gran Madre (Gran Diosa), los enterramientos, embalsamamientos, los zigurats, las pirámides que tenía un claro matiz sacro...
El excedente agrícola, la abundancia de alimento que garantizaba poder alimentarse hasta un futuro mucho más lejano que el mero mañana de la caza...
El dinero, el gran sustituto, el gran falso símbolo de inmortalidad a lo largo de toda la historia hasta nuestros días, en los que la humanidad promedio se ve aún sumida en un nivel muy bajo de conciencia.
La vida en poblados extensos que garantizaban una convivencia inter subjetiva en la que el yo se alimentaba psicológicamente.
El sacrificio siempre entendido por la mayoría de los hombres como un signo sustitutorio y no como símbolo de transformación y metánoya.
Y lo que es mucho peor, los homicidios, asesinatos y las guerras, que en substrato inconsciente de la humanidad sólo responde al tremendo miedo al otro. Sencillamente porque no hemos asumido la Realidad: las fronteras son ilusorias. No hay otro, sólo Uno. “Mi Padre y yo somos uno”
…
viernes 28 de agosto de 2009
Unos poemas a mi esposa, a mi hijo, a mi nieta, y a mi interior
LA MIRADA DE NUESTRA LAIA
En tu mirada, mi Laia,
se bañan todos los mares,
y en el color de tus ojos
el arco iris se abre.
Tu mirada es tan profunda,
tan sencilla y tan directa,
que con sus rayos de luz
me libra de las tinieblas.
En esos ojos marinos,
cuajados de sal y perlas,
nos anegamos de Amor
los que te amamos de veras.
El día pierde su rumbo,
y el sol casi no calienta,
cuando ven que en tus ojos
ya existe la Luz perfecta.
Luz que te inunda toda
de rojos, verdes, violetas...
haciendo de ti, mi cielo,
una estrella aquí en la tierra.
Tus manitas, hechas don
con el que la Luz proyectas,
cuando acarician mi cara,
me infunden todas tus fuerzas.
En tu mirada, mi Laia,
se bañan todos los mares,
y en el color de tus ojos
el arco iris se abre.
El yayo José Antonio
11/agosto/2009
Tras largas horas contemplando tu mirada
Interioridad
Un silencio sin palabras,
no nacido,
plenitud de allende el tiempo,
que, multiplicado en luz de miles
de estrellas,
perfora las formas,
y se hace alegría, jugando con las sirenas
y las olas
en los mares vivos.
Una vida sin tiempo.
No nace, ni muere, sino
testigo constante del alboroto
de las edades,
permanece jubilosa
en la unidad de los abrazos,
que la conciencia entreteje.
Un mar de profundidades,
que asoma, leve, su faz
en colores, ondas y luces.
Y que expande sus entrañas,
preñadas de fecundidad de plata,
por los fondos abisales,
en los que la respiración
se licua en agua con peces, sales y misterio.
Y se hace ternura
al besar quedamente tus arenas.
Interioridad…
Vida…
Misterio
José Antonio
Otoño 2008
MARINO DE MARES LIBRES
Navegando va la barca de tus años
entre mares sosegados unos días,
y por olas tormentosas a momentos,
despejando los senderos de tu vida.
Te pusiste tú al timón ha largo tiempo,
oteando una ruta indefinida,
una ruta despejada de horizontes,
pero ruta que querías compartida.
Ya, por esos mares libres bien navegas
en tu barca de silencios y aventuras,
aventada con la fuerza del cariño,
e impulsada por alisios de ternura.
Hoy marino de aguas libres tú te sientes,
de tu Miriam, suave brisa, acompañado,
con la fuerza de quien pesca cada día
gratos dones del amor y del trabajo.
Fue tu madre quien, constante, a ti te hizo,
con la fuerza de los vientos que fecundan,
marino de los océanos sin límites
y pastor de montes, vegas y llanuras.
Hace un tiempo descubriste el compartir
con un ángel de ojos hechos de los mares,
dando un rumbo a tu barca hacia el punto
del encuentro que realice tus afanes.
Estas horas ya nos traen la esperanza
a tus padres, que gozosos hoy te vemos
controlando el timón firme de tu barca,
junto a Miriam, ese ángel bello y tierno.
A Ismael en cualquier momento
Tu padre
LA MADRE
En el acerado matutino
de un octubre de cielos nacarados
presencié, mi Paqui, absorto,
aquella eclosión de tu sangre,
que, preñada de amor,
se hizo Historia, porque fue Hijo.
Tu cuerpo, joven, bello,
pleno de vida y luz
se hizo raíz
y engendró un hombre.
Tu alma
a trozos valiente, a trozos indecisa,
lo forjó
con un interior de nobleza de robles.
Tu espíritu, subiendo día a día
las escalas
de la renuncia callada,
del esfuerzo en el trabajo constante,
del rescoldo amoroso de la acogida,
le ofreció el don
de una entrega
en la que apoyar su vida.
Y hoy, Tú,
en tu existencia de plata,
te desgajas de nuevo
con la fecundidad de un amoroso abrazo,
que abre tu corazón de madre
para dárselo a tu hijo
que comienza a trasminar
los senderos de su madurez humana.
Mas, sepas, mi Paqui amada,
que tu alma desgajada
es su puerta y su sendero,
es su arado y es su surco,
es su ayeo y su lamento.
Será luz cuando lo obscuro
amenace sus cimientos.
Será base y fundamento
de su esperanza y futuro
y de su vida y su tiempo.
José Antonio
En la boda de nuestro hijo
26/6/2004
1.ENCUENTRO
Un momento que no es tiempo,
un espacio en la nada,
una carne que no es densa,
una sensación alada.
Un vivir en otro mundo,
un no sé qué que se alarga,
un fluir que no se siente,
un zambullirse en las aguas.
Una experiencia imborrable
en la memoria callada,
un rebrotar de la sangre
a las puertas de mi casa.
Un caminar sin camino,
un realizar la esperanza,
un encontrar a tu lado
el rostro de la que amas.
Un descanso peregrino,
una eternidad en calma
un oasis de penumbra,
una fusión de dos almas.
Abandonarte sin prisas,
dejarte morir en aras
de un amor que no fenece:
de aquella pasión que amas...
Un esfuerzo que no es tal,
sino gracia regalada
en el encuentro vivido
al cobijo de tu amada.
José Antonio
En el éxtasis del encuentro
En tu mirada, mi Laia,
se bañan todos los mares,
y en el color de tus ojos
el arco iris se abre.
Tu mirada es tan profunda,
tan sencilla y tan directa,
que con sus rayos de luz
me libra de las tinieblas.
En esos ojos marinos,
cuajados de sal y perlas,
nos anegamos de Amor
los que te amamos de veras.
El día pierde su rumbo,
y el sol casi no calienta,
cuando ven que en tus ojos
ya existe la Luz perfecta.
Luz que te inunda toda
de rojos, verdes, violetas...
haciendo de ti, mi cielo,
una estrella aquí en la tierra.
Tus manitas, hechas don
con el que la Luz proyectas,
cuando acarician mi cara,
me infunden todas tus fuerzas.
En tu mirada, mi Laia,
se bañan todos los mares,
y en el color de tus ojos
el arco iris se abre.
El yayo José Antonio
11/agosto/2009
Tras largas horas contemplando tu mirada
Interioridad
Un silencio sin palabras,
no nacido,
plenitud de allende el tiempo,
que, multiplicado en luz de miles
de estrellas,
perfora las formas,
y se hace alegría, jugando con las sirenas
y las olas
en los mares vivos.
Una vida sin tiempo.
No nace, ni muere, sino
testigo constante del alboroto
de las edades,
permanece jubilosa
en la unidad de los abrazos,
que la conciencia entreteje.
Un mar de profundidades,
que asoma, leve, su faz
en colores, ondas y luces.
Y que expande sus entrañas,
preñadas de fecundidad de plata,
por los fondos abisales,
en los que la respiración
se licua en agua con peces, sales y misterio.
Y se hace ternura
al besar quedamente tus arenas.
Interioridad…
Vida…
Misterio
José Antonio
Otoño 2008
MARINO DE MARES LIBRES
Navegando va la barca de tus años
entre mares sosegados unos días,
y por olas tormentosas a momentos,
despejando los senderos de tu vida.
Te pusiste tú al timón ha largo tiempo,
oteando una ruta indefinida,
una ruta despejada de horizontes,
pero ruta que querías compartida.
Ya, por esos mares libres bien navegas
en tu barca de silencios y aventuras,
aventada con la fuerza del cariño,
e impulsada por alisios de ternura.
Hoy marino de aguas libres tú te sientes,
de tu Miriam, suave brisa, acompañado,
con la fuerza de quien pesca cada día
gratos dones del amor y del trabajo.
Fue tu madre quien, constante, a ti te hizo,
con la fuerza de los vientos que fecundan,
marino de los océanos sin límites
y pastor de montes, vegas y llanuras.
Hace un tiempo descubriste el compartir
con un ángel de ojos hechos de los mares,
dando un rumbo a tu barca hacia el punto
del encuentro que realice tus afanes.
Estas horas ya nos traen la esperanza
a tus padres, que gozosos hoy te vemos
controlando el timón firme de tu barca,
junto a Miriam, ese ángel bello y tierno.
A Ismael en cualquier momento
Tu padre
LA MADRE
En el acerado matutino
de un octubre de cielos nacarados
presencié, mi Paqui, absorto,
aquella eclosión de tu sangre,
que, preñada de amor,
se hizo Historia, porque fue Hijo.
Tu cuerpo, joven, bello,
pleno de vida y luz
se hizo raíz
y engendró un hombre.
Tu alma
a trozos valiente, a trozos indecisa,
lo forjó
con un interior de nobleza de robles.
Tu espíritu, subiendo día a día
las escalas
de la renuncia callada,
del esfuerzo en el trabajo constante,
del rescoldo amoroso de la acogida,
le ofreció el don
de una entrega
en la que apoyar su vida.
Y hoy, Tú,
en tu existencia de plata,
te desgajas de nuevo
con la fecundidad de un amoroso abrazo,
que abre tu corazón de madre
para dárselo a tu hijo
que comienza a trasminar
los senderos de su madurez humana.
Mas, sepas, mi Paqui amada,
que tu alma desgajada
es su puerta y su sendero,
es su arado y es su surco,
es su ayeo y su lamento.
Será luz cuando lo obscuro
amenace sus cimientos.
Será base y fundamento
de su esperanza y futuro
y de su vida y su tiempo.
José Antonio
En la boda de nuestro hijo
26/6/2004
1.ENCUENTRO
Un momento que no es tiempo,
un espacio en la nada,
una carne que no es densa,
una sensación alada.
Un vivir en otro mundo,
un no sé qué que se alarga,
un fluir que no se siente,
un zambullirse en las aguas.
Una experiencia imborrable
en la memoria callada,
un rebrotar de la sangre
a las puertas de mi casa.
Un caminar sin camino,
un realizar la esperanza,
un encontrar a tu lado
el rostro de la que amas.
Un descanso peregrino,
una eternidad en calma
un oasis de penumbra,
una fusión de dos almas.
Abandonarte sin prisas,
dejarte morir en aras
de un amor que no fenece:
de aquella pasión que amas...
Un esfuerzo que no es tal,
sino gracia regalada
en el encuentro vivido
al cobijo de tu amada.
José Antonio
En el éxtasis del encuentro
domingo 23 de agosto de 2009
Evolución de la conciencia de la muerte y la Resurrección
Miedo existencial a la muerte, símbolos de inmortalidad y trascendencia de la misma haciéndonos uno con el Misterio (Resurrección hic et nunc: disolución del yo en el Espíritu).
Primera Parte
Introducción
El tema de la transcendencia de(a) la muerte es muy ambicioso y se escapa totalmente a las posibilidades de la mente humana y a las experiencias biológicas o psíquicas que podamos tener (no tanto a las contemplativas, pese a toda la carga cultural-temporal que estas puedan llevar), mas no por ello menos necesitado de que se vayan aportando al mismo reflexiones y experiencias, sobre todo místicas, a lo largo de los siglos, pues en definitiva se trata de la respuesta radical a la pregunta radical. ¿Para qué estamos aquí? Por ello son las experiencias de los místicos de todas las épocas las que nos orientan y enseñan.
La investigación sobre el ADN es una de las tareas más arduas e interesantes en la que se ha empeñado la humanidad, y prácticamente todo el mundo está enterado por los medios de comunicación de su existencia. A la vez se está desarrollando por una buena colección de expertos una investigación sobre la evolución de la conciencia, cuya existencia apenas llega a los oídos de la gente interesada, y nunca a los de las mayorías, que dependen de los mass media para informarse. Estos temas han sido descartados de un plumazo de nuestra cultura de masas. El Espíritu no interesa, es más para la cultura cientista no existe, ¡y preguntar sobre ello es un infantilismo a superar!
Desde que Darwin iniciara el estudio científico del sistema evolutivo, han sido muchos sus sucesores en el camino, y otros tozudamente opuestos al mismo, amparados en principios (asumidos como tales por ellos) religiosos o morales. El caso es que el conocimiento humano avanza, se desarrolla, progresa, pese a todo, y esto es evolución. Y lo mismo sucede en el campo de la contemplación del Misterio. También progresa y evoluciona. Sin duda que la visión que tiene Lenaers del Cristianismo no es la del libro de la Imitación de Cristo, ni la visión de la supramente de Aurobindo es la de los libros de K'unt-fu-tzu (Confucio). Son legión los pensadores que han dedicado sus esfuerzos al seguimiento de la conciencia a lo largo de los siglos y milenios, o han mostrado interés en sus escritos por estos asuntos: Campbell, Gebser, Arieti, Burkhe, Cassirer, Eliade, James, Huston Smith..., entre muchísimos otros en nuestro tiempo.
Todos ellos concluyen que la existencia del miedo existencial a la muerte y sus pretendidas soluciones a lo largo de la vida de los hombres en la tierra es algo que está totalmente unido a la dimensión espiritual de Dios, del Misterio, de la Resurrección, Misterio al que muchas veces a lo largo de la historia de la iglesia se le ha convertido en un sustituto de la transcendencia (un sustituto de inmortalidad), sacado, en buena parte, de la cultura griega, no tanto de los evangelios (no sólo los llamados canónicos) y cargado de una mitología entendida literalmente y exotéricamente, y muchas veces de una temporalidad totalmente anacrónica al tratarse de la transcendencia del tiempo mismo (por ejemplo hablando del tiempo de las penas del purgatorio, o de la duración sin fin del infierno o del cielo).
Antes de introducirnos en la reflexión que nos pueda aportar algo de luz en este problema, creo necesario advertir que Jesús (¿el Nazareno? En interrogante porque hay quienes dudan con cierto fundamento histórico de que realmente viviera en Nazaret) nunca habló de inmortalidad, y mucho menos de inmortalidad del alma, sino de Vida o Vida Eterna: “Porque este es el designio de mi Padre: que todo el que reconoce al Hijo y cree en él tenga vida (zoê) eterna y lo resucite yo el último día”. Y Vida Eterna no es sino otro nombre de Dios, del Misterio (al menos en una visión teonómica de la Realidad). En un artículo anterior en este blog ya he hablado de la visión antropológica de los judíos, que luego no heredó el cristianismo y en otro hablé de la Vida Eterna y la Resurrección.. Éste se apegó a la visión platónica de la visión dualista de alma inmortal y cuerpo perecedero, y la ha convertido en doctrina común del catolicismo hasta nuestros días.
Tratar de todo el desarrollo de la conciencia humana (que se da cuenta de sí misma) excede con muchos las posibilidades de este artículo. No voy a estudiar cada estadio evolutivo, sino a dar una descripción global de ese fenómeno existencial del hombre que es el miedo a la muerte, los intentos de solución que el mismo ha ido , y va, elaborando a lo largo de la historia y lo que la experiencia más alta de los místicos, empezando por Jesús, nos dice de la auténtica solución a ese miedo. Quizás para empezar debiéramos hacernos unas preguntas en nuestra mente, en nuestro interior:
¿Existen verdaderos caminos para transcender la muerte? ¿Qué sustitutos de esta transcendencia de la muerte ha creado el hombre y nos seguimos creando? ¿Qué es resucitar en la Filosofía Perenne, en las experiencias de los místicos?
Por supuesto que cuanto voy a escribir aquí no es más que pura teoría, o pura palabrería inútil, si nos contentamos con lo que se pueda decir, si no nos movemos a hacer la experiencia personal de nuestra propia resurrección, muriendo cada día un poco más a nuestro mí-mismo (o egoísmo, pequeño yo, falsa sensación de identidad separada...) o como quiera que le hayan llamado los entendidos por experiencia y por conocimiento en este asunto. Todo lo que pueda yo decir aquí no son sino mapas, que pueden indicar más o menos para algunos, para otros no, la dirección que se pueda seguir, pero el mapa sólo indica no te lleva al lugar deseado. Lo único que importa es comer el pastel, no aprender su receta de memoria.
Los paraísos perdidos
Comencemos diciendo que en la perspectiva de la religión dentro de la Filosofía Perenne la historia es el lento y tortuoso camino que conduce hasta la transcendencia. Y este lento y tortuoso camino atraviesa una secuencia de peldaños o niveles jerárquicos de conciencia que crece en cada uno de ellos. A esta secuencia de niveles le llaman “La Gran Cadena del Ser” y de una forma u otra su existencia es defendida por todos los expertos del tema tanto orientales como occidentales, aunque no todos utilicen los mismos términos ni la misma cantidad de niveles para describirla.
Esta Cadena va desde la Materia hasta el Espíritu (materia, cuerpo, mente, alma, Espíritu, según algunos).
Las distintas leyendas del paraíso perdido, que existen en todas las cosmogénesis religiosas (no sólo en la bíblica), pretenden posiblemente explicar, en cuanto está en sus manos, el paso de los primeros prehomínidos y homínidos de un nivel subconsciente, en el que estaban dominados por impulsos subhumanos y subconscientes, a otro de un nivel de conciencia más consciente de sí misma (como dice Theilard), el paso del mundo pleromático y urobórico al mítico (en términos de Gebser). Es esta un postura defendida igualmente por E. Cassirer.
Lo que podemos afirmar desde la perspectiva de todas las grandes religiones de la historia es que nuestra verdadera Naturaleza de hombre es Divina. En las distintas confesiones se le llama de distinta manera: Cuerpo místico o Vid y Sarmientos, Unión o Identidad con Dios, con la Trinidad, Atman, Naturaleza de Buda, Tao..., pero mientras vivamos en esta tierra, sin pasar por la Muerte, los hombres no podemos aceptar esta conciencia de Unidad, porque ello supondría aceptar dicha Muerte, que como dice Unamuno es la destrucción de nuestro “yo”, y nadie quiere la destrucción de su yo, de su identidad, aunque como en este caso sea en realidad una identidad falsa, pero con la que nos sentimos identificados totalmente. La sensación de identidad separada (de la Totalidad), a la vez que la huida de la muerte, hace que nos creamos sustitutos simbólicos de nuestra verdadera Naturaleza, sustitutos (subjetivos y objetivos) que han ido elaborándose a lo largo del propio desarrollo de la misma conciencia humana. Sólo los grandes místicos fueron capaces de transcender este miedo y descubrir lo que “en Esencia eran” Esencia que no es ni subjetiva, ni objetiva sino Total. La comprensión en un abrazo de Vida de la Totalidad nos exige un paso previo: morir al sustituto subjetivo: Nuestra sensación de identidad separada, y con esta muerte a todos los demás sustitutos de inmortalidad. Hasta que no concluyamos nuestra evolución en el descubrimiento transcendente de la Totalidad, en nuestra fusión con Dios, Cristo, Espíritu, Naturaleza de Buda, Atman... la ansiedad radical del miedo a la muerte nos acompañará sin remedio.
Jean Gebser, filósofo, antropólogo cultural y artista, se dedicó concienzudamente al estudio de los orígenes y desarrollo de la conciencia, él entiende que “...por estructuras de conciencia se quiere significar a las diversas visiones del mundo o mapas cognitivos culturales que sociedades y personas asumen como paradigma epistemológico imperante”.
Dividió las etapas de dicha evolución en arcaica, mágica, mítica, mental.
Vamos a reflexionar principalmente sobre algunas de las etapas de la evolución de la conciencia, y al final intentaré aportar unas ideas que, creo, nacidas de una visión y una experiencia (contemplativas) de un cristianismo teonómico.
Los homínidos conforme se van liberando del dominio de lo subhumano (de donde procedían por evolución) van cristalizando en una aprehensión remota de su diferenciación del resto del mundo (su cuerpo no es la piedra con la que golpea) y así comienzan a tomar cierto conocimiento impreciso de su limitación y de su mortalidad, y esa mortalidad les aterroriza y por ello quieren espantarla creando ritos funerarios, que ya aparecen entre los restos del hombre de Neanderthal (inferior), quienes practicaban enterramientos y con el cadáver enterraban las armas y utensilios del fallecido.
De todos modos las reflexiones sobre cómo eran los mapas cognitivos de los prehomínidos arcaicos también se fundamentan en la idea de que la ontogenia y la filogenia siguen caminos muy parecidos, algo que a todas luces parece ser cierto, pues todos los niños siguen un proceso parecido tanto en lo biológico como en lo cognitivo y en la conciencia en su desarrollo para llegar a la edad adulta, y por otra parte, analizando la historia, conocida por documentos, vemos que los procesos casi se repiten. Pero,...
La etapa mágica
Mas vamos a llevar una ligera reflexión hasta la etapa mágica, a la que otros llaman época del Tifón, porque éste era, según la mitología, mitad hombre mitad serpiente, su conciencia se había diferenciado del mundo, pero no así su mente de su cuerpo. Aunque estemos hablando de decenas de miles de años, podemos resumir el paso entre el Edén primordial y el mundo mágico con pocas palabras. El hombre (tengo que recordar que hablo del ser humano, que es lo que etimológicamente significa la palabra “hombre”. No sólo varón.) poco a poco se va alejando de la no-conciencia individual del Edén y se va adentrando en la de su propia individualidad, de su separación, va intuyendo que él no es el Espíritu, que carece de él, que está irremisiblemente atado a un tiempo determinado, que no es inmortal. Aunque todo individuo intuye (de modo más o menos impreciso que su verdadera naturaleza es Divina, como afirman los místicos, entre ellos Plotino que fue mucho más que un mero filósofo, tal como hemos dado en interpretar la filosofía en nuestra época, que su naturaleza esencial es Atman como afirman en el hinduismo, pero distorsiona esta intuición y en lugar de aplicarla a su Naturaleza Esencial la aplica a su sí-mismo, a su yo separado, a su falsa sensación de identidad separada. Y entonces siente que su sí-mismo es inmortal, cosmocéntrico..., sustituye su verdadera naturaleza por su ego, y quiere que éste sea inmortal. Y como esto no es así, va creando a lo largo de su filogenia, de su desarrollo como especie, una serie de sustitutos de su propia esencia, satisfacciones perecederas con las que va consolándose, hasta que tome conciencia de que su Ser es lo Divino, su unidad, o identidad, (según las formas religiosas, y los niveles de conciencia) con lo Divino, su inmersión total en la Perichoresis Trinitaria (que diríamos los cristianos), entonces desaparecerán todos los sustitutos de inmortalidad y sus gratificaciones sustitutorias.
Pero, entretanto, donde hay un otro, donde hay una frontera, hay un miedo y donde se encuentra un límite al sí-mismo está el miedo existencial a la muerte.
Es esto lo que va descubriendo el hombre de la época mágica, aquel que poco a poco va despertando de su letargo primordial edénico de fusión preconsciente con el mundo, y va tomando conciencia, aún confusa, de su identidad separada, de que en el mundo está él y otro. Y nace el miedo existencial a la destrucción.
Estamos hablando de una época muy remota, empezó hace unos doscientos mil años, aunque nos referimos principalmente a los últimos 50.000 años. Los hombres eran cazadores, recolectores y algunos hechiceros que solían escapar de la conciencia promedio. Y su mentalidad era totalmente mágica, como han deducido por muchos motivos los antropólogos culturales. El hombre al despertar, como hemos dicho, de la fusión pleromática, cada vez se siente más independiente del resto y se ve obligado a 1) defender su identidad de su destrucción, en términos técnicos a defenderse de Thanatos y a su vez 2) a parecer permanente, duradero, estable, cosmocéntrico. Para ello ha de adquirir más Eros (en términos técnicos).
Para adquirir más eros y defenderse de Thanatos el hombre Neanderthal e igualmente los primeros Cro-Magnon contaban con una mente totalmente mágica.
Dice Arieti, estudioso del tema, sobre la mentalidad mágica de los homínidos de este período: “Los homínidos del nivel fantásmico debieron tener grandes dificultades para distinguir las imágenes, los sueños y los paleosímbolos de la realidad externa. Careciendo de lenguaje no podrían decirse a sí mismos, ni a los demás, “esto es una imagen, un sueño... y no se corresponde por tanto con la realidad externa”. La mente mágica se caracteriza por el adualismo, por su incapacidad para distinguir lo mental de lo real externo. Es la mente mágica, de la que afirma Hauser en su Historia Social de la Literatura y el Arte, “las representaciones plásticas eran la trampa en la que la caza tenía que caer; o mejor, eran la trampa con el animal capturado ya, pues la pintura era al mismo tiempo la representación y la cosa representada.” Esta es la mente mágica, la que no separa, la que identifica sueño con realidad externa, la que asume pars pro toto, como indica Gebser, una verdadera mente ingenua en el sentido etimológico de la palabra “ingenuo”.
Fraser, otro antropólogo de enorme talla, distingue dos principios fundamentales en la actitud mental de la magia: 1) la ley de la similitud: “lo similar produce lo similar”, o lo que es lo mismo, confusión entre semejanza e identidad. Hoy día hay mucho de todo esto en las supersticiones, a las que incluso en los medios de comunicación se les da carta de ciudadanía. Por ejemplo: si un extranjero es malo, todos los son. Si un miembro de un clan causa problemas, lo causan todos los miembros del clan. 2) La ley del contagio, según la cual no es la semejanza, sino la proximidad lo que causa la identidad. O sea, que cualquier parte de una entidad la contiene a toda ella. Ejemplo: si una persona tiene poderes, también lo tendrá su dedo... (¿Las reliquias tiene algo que ver con esto?)
Éste era el clima mental de la época mágica. Pero, se ha de añadir un punto muy importante: la visión mágica no era un error, una alucinación, como nos parece desde nuestra perspectiva egoico-racional, sino una percepción de un nivel primitivo de realidad. La media del hombre, homínido, primitivo no tenía otra percepción de lo otro. Tan sólo los grandes chamanes de aquellos milenios pudieron intuir unos niveles más altos de conciencia. Dice Wilber: “La magia no refleja un nexo lógico (entre la mente y la realidad externa), sino un nexo vital... El proceso mágico primario... no es tanto inexacto como incompleto.”
Los comienzos de la conciencia de la muerte
El hombre mágico comienza a tener una confusa conciencia de su identidad independiente, es cierto que mantiene muchas relaciones de dependencia con la realidad externa, ya lo hemos visto un poco, pero, ha dejado de ser el uroboros pleromático, o sea, ha dejado de estar fundido con el mundo. Él no es el mundo, hay una separación entre el mundo y él, hay una frontera, él se percibe como una entidad independiente, distinta y donde quiere hay un yo independiente está el miedo a la muerte, que por ello es existencial, que se confunde con la propia identidad independiente que rechaza su propia desaparición, su propia muerte. Rechaza a Thanatos y acoge a Eros.
Cuando se enfrenta a Thanatos el hombre sólo tiene (y ha tenido) dos alternativas: negarla con la represión, o transcenderla con la supraconsciencia, con la resurrección en la Totalidad, en el Misterio. Los místicos de todas las épocas realizaron el camino de la transcendencia, pero la gente promedio de la humanidad de todas las épocas se limitó a negar la muerte reprimiéndola.
Para ello fueron utilizando los medios apropiados a sus niveles de conciencia. Medios que en gran medida, y a veces mayor aún, en nuestros días se siguen utilizando.
Siguiendo los pasos de los estudiosos del fenómeno de la conciencia a lo largo de la evolución, se puede afirmar que el tiempo adquiere diversas formas conforme los niveles de conciencia van subiendo. Así
a) en la época mágica el tiempo pasó para el homínido de ser un momento fugaz que seguía el impulso primordial de tener que satisfacer el hambre al presente pasajero, que es simplemente un presente discreto (momentos separados: hoy, otro hoy que es mañana...).
b) En la época mítica el tiempo se vive más de forma cíclica, circular, todo se repite, y
c) en la histórica, la nuestra, el tiempo es lineal, es un desarrollo que va de un punto a otro.
d) En la plenitud de la divinización del hombre no hay tiempo, sólo hay eternidad, que es la falta total de pasado y de futuro. La Eternidad es atemporal.
Mas no nos vamos a detener en reflexionar sobre estas dimensiones de la existencia, sino que vamos a considerar, en tanto podemos saber, lo que hizo el hombre mágico, sobre todo en sus últimos siglos de vida terrenal para escapar del terror que la muerte le producía.
El hombre mágico comenzó a ser consciente de su identidad aunque de forma muy rudimentaria, él no se confundía con su entorno, sino que era distinto y esto le daba la sensación de la destrucción de su ser, si no era el todo podía ser destruido, de su muerte, para no morir necesitaba alimentarse (como el hombre arcaico, del que no hemos dicho nada en este escrito), o sea, necesitaba estar en el presente y conservarlo, mantenerlo hasta el nuevo presente en el que se volvería a alimentar, para seguir siendo “yo” sí-mismo, y así indefinidamente (de esto no tenía conciencia el hombre arcaico, tal como sucede con los otros seres vivos). Necesitaba una autoconservación no sólo física por el alimento, sino también psicológica por medio de la permanencia de su sensación de identidad separada, de la conciencia de su yo. De esta manera negaba la muerte en este presente y en el presente posterior y en el otro. Pero, es claro que esta exigencia de autoconservación, de esfuerzo continuo de mantener su sensación de identidad distinta al resto, de su yo, lo que requiere es tiempo, o mejor, la autoconservacion de la identidad es sencillamente tiempo. Mientras la sensación de identidad esté en este tiempo, que es presente pasajero, la muerte no es. Lo que diferencia al hombre mágico de su ancestro (y de todos los seres) es que empieza a tener conciencia de “estar en el presente simple”, algo que ningún otro ser tenía, y el esfuerzo por mantenerse en este presente simple es el tiempo (psicológico).
Con esto y de forma muy rudimentaria conseguía desterrar (fugazmente) a la muerte. “Para el cazador tifónico la inmortalidad consistía en llegar a vivir hasta el día siguiente” (Wilber). El tiempo extendido aún no había aparecido en la escena de la conciencia. “Los hombres y mujeres que franquearon las puertas del paraíso y penetraron en el mundo de la mortalidad utilizaron el tiempo como principal defensa” (id.).
Esto de utilizar el tiempo como defensa contra la muerte es algo tan enraizado en nuestras células que seguimos utilizándolo de forma aumentada y perfeccionada en nuestros días. Luchamos desaforadamente por la salud, cosa loable y necesaria en verdad, tenemos una vida temporal y la hemos de vivir en su plenitud, en ella hemos de dar testimonio del Ser, de la Trinidad, de la Vida, de la Iluminación, y más si nos profesamos ateos, agarrados a esta sola dimensión temporal. Pero solemos entender la salud de forma exclusivamente física, no como vida – Vida (biológica, anímica y espiritual), ignoramos sistemáticamente que la curación de una enfermedad física (personalmente pienso que no existe una enfermedad sólo física, el hombre es un holón, toda enfermedad abarca al hombre en su totalidad de cuerpo, alma y espíritu. Otra cosa es que entendamos cómo la misma afecta a todo el ser del hombre) es nada más que para un tiempo, y que el tiempo no es Eternidad. No asumimos la muerte como parte, como el otro polo de la vida, sino que la negamos y la colocamos en los tanatorios, en los lugares que estás fuera del desarrollo de la vida cotidiana. Reprimimos la muerte como hacía el hombre mágico, la posponemos muchas veces de forma verdaderamente cruenta en los hospitales. Utilizamos cualquier tipo de fármacos o intervenciones que con anterioridad sabemos que no van a hacer más que prolongar el dolor, la inconsciencia, los despojos del enfermo. No la asumimos, ni la transcendemos. Y es natural que así sea, porque nuestra conciencia aún está en una etapa del camino en la que sigue identificada con su yo, con su sensación (errónea) de identidad separada de la Totalidad, del Espíritu. Las experiencias de los místicos nos muestran que la desintificación con nuestro yo, es posible y real, que la Resurrección de la conciencia en el Espíritu es la meta que nos espera, no en un futuro, sino en la profundidad de nuestra Esencia, que no es sino manifestación del mismo Espíritu.
Otro de los elementos en los que apoyó el hombre mágico su rechazo de la muerte y el mantenimiento (temporal breve) de su identidad separada, de su yo, de su sí-mismo fue la cultura.
Dice Campbell que la cultura es lo que el hombre hace con la muerte. Y esto en todas las épocas de la existencia humana. Pero hemos de tener en cuenta que toda represión de la muerte (Thanatos) conlleva el otro polo de afirmación de Eros, y por ello hemos de afirmar que la cultura es el alimento de Eros realizado a través de la evolución.
En el mundo mágico (si contemplamos un niñito de dos añitos lo veremos muy claro cómo funciona la mente mágica, sus papas lo pueden todo, su imagnación es objetiva...), en el mundo del tifón la caza era indispensable para la supervivencia, para el proyecto de inmortalidad: era totalmente necesario derramar sangre y no sufrir la revancha que derramara la propia. Para ello estaba la magia. (Pensemos que los tifónicos no separaban sujeto y objeto, si la caza estaba en su mente, en sus pinturas, estaba en sus manos, en sus flechas, si su muerte no estaba en sus mentes, no morían). Por ello afirma Campbell que los primitivos tifones pensaban: “Donde existe magia, no existe muerte” “La magia se utilizaba tanto para evitar la propia muerte como para provocar la de los demás”.
Para reprimir Thanatos y abonar Eros el hombre mágico inventó y practicó el ritual. “El ritual es una técnica para dar vida” (E. Becker) Y gracias al ritual el hombre se expandió como centro de su universo. El hombre desea ser cosmocéntrico porque esa es su verdadera naturaleza, pero su yo, su sensación de identidad no es su verdadera naturaleza, y en cambio, ese yo mantiene el deseo genuino de ser cosmocéntrico, identificándose a sí mismo con su Esencia, que es el Kosmos, por eso el yo pretende con la cultura crear es cosmocentricidad que el yo no tiene, pero sí la Esencia del hombre. Esa cosmocentricidad le aleja de la muerte, de Thanatos.
Por eso los tifones comenzaron a reunirse en grupo para practicar sus ritos, para comunicarse sus proyectos (aún no existía el lenguaje verbal), para realizar actividades culturales intersubjetivas, todas muy rudimentarias, pero que superaban claramente la pura biología del período anterior. Esta cultura estaba compuesta de ritos mágicos, la negación mágica de la muerte, las posesiones de la caza, los amuletos, los símbolos de poder, (cuernos, pinturas, abalorios, huesos...) la organización para la caza...
Fue en esta larguísima época cuando posiblemente se pudo dar la más libre y menos represiva de las sociedades humanas a juicio de Wilber. Posteriormente cuando los seres humanos se convirtieron en objetos sustitutorios para otros seres humanos se convirtieron en víctimas y la sociedad vivió en la confrontación y la guerra.
José Antonio
Primera Parte
Introducción
El tema de la transcendencia de(a) la muerte es muy ambicioso y se escapa totalmente a las posibilidades de la mente humana y a las experiencias biológicas o psíquicas que podamos tener (no tanto a las contemplativas, pese a toda la carga cultural-temporal que estas puedan llevar), mas no por ello menos necesitado de que se vayan aportando al mismo reflexiones y experiencias, sobre todo místicas, a lo largo de los siglos, pues en definitiva se trata de la respuesta radical a la pregunta radical. ¿Para qué estamos aquí? Por ello son las experiencias de los místicos de todas las épocas las que nos orientan y enseñan.
La investigación sobre el ADN es una de las tareas más arduas e interesantes en la que se ha empeñado la humanidad, y prácticamente todo el mundo está enterado por los medios de comunicación de su existencia. A la vez se está desarrollando por una buena colección de expertos una investigación sobre la evolución de la conciencia, cuya existencia apenas llega a los oídos de la gente interesada, y nunca a los de las mayorías, que dependen de los mass media para informarse. Estos temas han sido descartados de un plumazo de nuestra cultura de masas. El Espíritu no interesa, es más para la cultura cientista no existe, ¡y preguntar sobre ello es un infantilismo a superar!
Desde que Darwin iniciara el estudio científico del sistema evolutivo, han sido muchos sus sucesores en el camino, y otros tozudamente opuestos al mismo, amparados en principios (asumidos como tales por ellos) religiosos o morales. El caso es que el conocimiento humano avanza, se desarrolla, progresa, pese a todo, y esto es evolución. Y lo mismo sucede en el campo de la contemplación del Misterio. También progresa y evoluciona. Sin duda que la visión que tiene Lenaers del Cristianismo no es la del libro de la Imitación de Cristo, ni la visión de la supramente de Aurobindo es la de los libros de K'unt-fu-tzu (Confucio). Son legión los pensadores que han dedicado sus esfuerzos al seguimiento de la conciencia a lo largo de los siglos y milenios, o han mostrado interés en sus escritos por estos asuntos: Campbell, Gebser, Arieti, Burkhe, Cassirer, Eliade, James, Huston Smith..., entre muchísimos otros en nuestro tiempo.
Todos ellos concluyen que la existencia del miedo existencial a la muerte y sus pretendidas soluciones a lo largo de la vida de los hombres en la tierra es algo que está totalmente unido a la dimensión espiritual de Dios, del Misterio, de la Resurrección, Misterio al que muchas veces a lo largo de la historia de la iglesia se le ha convertido en un sustituto de la transcendencia (un sustituto de inmortalidad), sacado, en buena parte, de la cultura griega, no tanto de los evangelios (no sólo los llamados canónicos) y cargado de una mitología entendida literalmente y exotéricamente, y muchas veces de una temporalidad totalmente anacrónica al tratarse de la transcendencia del tiempo mismo (por ejemplo hablando del tiempo de las penas del purgatorio, o de la duración sin fin del infierno o del cielo).
Antes de introducirnos en la reflexión que nos pueda aportar algo de luz en este problema, creo necesario advertir que Jesús (¿el Nazareno? En interrogante porque hay quienes dudan con cierto fundamento histórico de que realmente viviera en Nazaret) nunca habló de inmortalidad, y mucho menos de inmortalidad del alma, sino de Vida o Vida Eterna: “Porque este es el designio de mi Padre: que todo el que reconoce al Hijo y cree en él tenga vida (zoê) eterna y lo resucite yo el último día”. Y Vida Eterna no es sino otro nombre de Dios, del Misterio (al menos en una visión teonómica de la Realidad). En un artículo anterior en este blog ya he hablado de la visión antropológica de los judíos, que luego no heredó el cristianismo y en otro hablé de la Vida Eterna y la Resurrección.. Éste se apegó a la visión platónica de la visión dualista de alma inmortal y cuerpo perecedero, y la ha convertido en doctrina común del catolicismo hasta nuestros días.
Tratar de todo el desarrollo de la conciencia humana (que se da cuenta de sí misma) excede con muchos las posibilidades de este artículo. No voy a estudiar cada estadio evolutivo, sino a dar una descripción global de ese fenómeno existencial del hombre que es el miedo a la muerte, los intentos de solución que el mismo ha ido , y va, elaborando a lo largo de la historia y lo que la experiencia más alta de los místicos, empezando por Jesús, nos dice de la auténtica solución a ese miedo. Quizás para empezar debiéramos hacernos unas preguntas en nuestra mente, en nuestro interior:
¿Existen verdaderos caminos para transcender la muerte? ¿Qué sustitutos de esta transcendencia de la muerte ha creado el hombre y nos seguimos creando? ¿Qué es resucitar en la Filosofía Perenne, en las experiencias de los místicos?
Por supuesto que cuanto voy a escribir aquí no es más que pura teoría, o pura palabrería inútil, si nos contentamos con lo que se pueda decir, si no nos movemos a hacer la experiencia personal de nuestra propia resurrección, muriendo cada día un poco más a nuestro mí-mismo (o egoísmo, pequeño yo, falsa sensación de identidad separada...) o como quiera que le hayan llamado los entendidos por experiencia y por conocimiento en este asunto. Todo lo que pueda yo decir aquí no son sino mapas, que pueden indicar más o menos para algunos, para otros no, la dirección que se pueda seguir, pero el mapa sólo indica no te lleva al lugar deseado. Lo único que importa es comer el pastel, no aprender su receta de memoria.
Los paraísos perdidos
Comencemos diciendo que en la perspectiva de la religión dentro de la Filosofía Perenne la historia es el lento y tortuoso camino que conduce hasta la transcendencia. Y este lento y tortuoso camino atraviesa una secuencia de peldaños o niveles jerárquicos de conciencia que crece en cada uno de ellos. A esta secuencia de niveles le llaman “La Gran Cadena del Ser” y de una forma u otra su existencia es defendida por todos los expertos del tema tanto orientales como occidentales, aunque no todos utilicen los mismos términos ni la misma cantidad de niveles para describirla.
Esta Cadena va desde la Materia hasta el Espíritu (materia, cuerpo, mente, alma, Espíritu, según algunos).
Las distintas leyendas del paraíso perdido, que existen en todas las cosmogénesis religiosas (no sólo en la bíblica), pretenden posiblemente explicar, en cuanto está en sus manos, el paso de los primeros prehomínidos y homínidos de un nivel subconsciente, en el que estaban dominados por impulsos subhumanos y subconscientes, a otro de un nivel de conciencia más consciente de sí misma (como dice Theilard), el paso del mundo pleromático y urobórico al mítico (en términos de Gebser). Es esta un postura defendida igualmente por E. Cassirer.
Lo que podemos afirmar desde la perspectiva de todas las grandes religiones de la historia es que nuestra verdadera Naturaleza de hombre es Divina. En las distintas confesiones se le llama de distinta manera: Cuerpo místico o Vid y Sarmientos, Unión o Identidad con Dios, con la Trinidad, Atman, Naturaleza de Buda, Tao..., pero mientras vivamos en esta tierra, sin pasar por la Muerte, los hombres no podemos aceptar esta conciencia de Unidad, porque ello supondría aceptar dicha Muerte, que como dice Unamuno es la destrucción de nuestro “yo”, y nadie quiere la destrucción de su yo, de su identidad, aunque como en este caso sea en realidad una identidad falsa, pero con la que nos sentimos identificados totalmente. La sensación de identidad separada (de la Totalidad), a la vez que la huida de la muerte, hace que nos creamos sustitutos simbólicos de nuestra verdadera Naturaleza, sustitutos (subjetivos y objetivos) que han ido elaborándose a lo largo del propio desarrollo de la misma conciencia humana. Sólo los grandes místicos fueron capaces de transcender este miedo y descubrir lo que “en Esencia eran” Esencia que no es ni subjetiva, ni objetiva sino Total. La comprensión en un abrazo de Vida de la Totalidad nos exige un paso previo: morir al sustituto subjetivo: Nuestra sensación de identidad separada, y con esta muerte a todos los demás sustitutos de inmortalidad. Hasta que no concluyamos nuestra evolución en el descubrimiento transcendente de la Totalidad, en nuestra fusión con Dios, Cristo, Espíritu, Naturaleza de Buda, Atman... la ansiedad radical del miedo a la muerte nos acompañará sin remedio.
Jean Gebser, filósofo, antropólogo cultural y artista, se dedicó concienzudamente al estudio de los orígenes y desarrollo de la conciencia, él entiende que “...por estructuras de conciencia se quiere significar a las diversas visiones del mundo o mapas cognitivos culturales que sociedades y personas asumen como paradigma epistemológico imperante”.
Dividió las etapas de dicha evolución en arcaica, mágica, mítica, mental.
Vamos a reflexionar principalmente sobre algunas de las etapas de la evolución de la conciencia, y al final intentaré aportar unas ideas que, creo, nacidas de una visión y una experiencia (contemplativas) de un cristianismo teonómico.
Los homínidos conforme se van liberando del dominio de lo subhumano (de donde procedían por evolución) van cristalizando en una aprehensión remota de su diferenciación del resto del mundo (su cuerpo no es la piedra con la que golpea) y así comienzan a tomar cierto conocimiento impreciso de su limitación y de su mortalidad, y esa mortalidad les aterroriza y por ello quieren espantarla creando ritos funerarios, que ya aparecen entre los restos del hombre de Neanderthal (inferior), quienes practicaban enterramientos y con el cadáver enterraban las armas y utensilios del fallecido.
De todos modos las reflexiones sobre cómo eran los mapas cognitivos de los prehomínidos arcaicos también se fundamentan en la idea de que la ontogenia y la filogenia siguen caminos muy parecidos, algo que a todas luces parece ser cierto, pues todos los niños siguen un proceso parecido tanto en lo biológico como en lo cognitivo y en la conciencia en su desarrollo para llegar a la edad adulta, y por otra parte, analizando la historia, conocida por documentos, vemos que los procesos casi se repiten. Pero,...
La etapa mágica
Mas vamos a llevar una ligera reflexión hasta la etapa mágica, a la que otros llaman época del Tifón, porque éste era, según la mitología, mitad hombre mitad serpiente, su conciencia se había diferenciado del mundo, pero no así su mente de su cuerpo. Aunque estemos hablando de decenas de miles de años, podemos resumir el paso entre el Edén primordial y el mundo mágico con pocas palabras. El hombre (tengo que recordar que hablo del ser humano, que es lo que etimológicamente significa la palabra “hombre”. No sólo varón.) poco a poco se va alejando de la no-conciencia individual del Edén y se va adentrando en la de su propia individualidad, de su separación, va intuyendo que él no es el Espíritu, que carece de él, que está irremisiblemente atado a un tiempo determinado, que no es inmortal. Aunque todo individuo intuye (de modo más o menos impreciso que su verdadera naturaleza es Divina, como afirman los místicos, entre ellos Plotino que fue mucho más que un mero filósofo, tal como hemos dado en interpretar la filosofía en nuestra época, que su naturaleza esencial es Atman como afirman en el hinduismo, pero distorsiona esta intuición y en lugar de aplicarla a su Naturaleza Esencial la aplica a su sí-mismo, a su yo separado, a su falsa sensación de identidad separada. Y entonces siente que su sí-mismo es inmortal, cosmocéntrico..., sustituye su verdadera naturaleza por su ego, y quiere que éste sea inmortal. Y como esto no es así, va creando a lo largo de su filogenia, de su desarrollo como especie, una serie de sustitutos de su propia esencia, satisfacciones perecederas con las que va consolándose, hasta que tome conciencia de que su Ser es lo Divino, su unidad, o identidad, (según las formas religiosas, y los niveles de conciencia) con lo Divino, su inmersión total en la Perichoresis Trinitaria (que diríamos los cristianos), entonces desaparecerán todos los sustitutos de inmortalidad y sus gratificaciones sustitutorias.
Pero, entretanto, donde hay un otro, donde hay una frontera, hay un miedo y donde se encuentra un límite al sí-mismo está el miedo existencial a la muerte.
Es esto lo que va descubriendo el hombre de la época mágica, aquel que poco a poco va despertando de su letargo primordial edénico de fusión preconsciente con el mundo, y va tomando conciencia, aún confusa, de su identidad separada, de que en el mundo está él y otro. Y nace el miedo existencial a la destrucción.
Estamos hablando de una época muy remota, empezó hace unos doscientos mil años, aunque nos referimos principalmente a los últimos 50.000 años. Los hombres eran cazadores, recolectores y algunos hechiceros que solían escapar de la conciencia promedio. Y su mentalidad era totalmente mágica, como han deducido por muchos motivos los antropólogos culturales. El hombre al despertar, como hemos dicho, de la fusión pleromática, cada vez se siente más independiente del resto y se ve obligado a 1) defender su identidad de su destrucción, en términos técnicos a defenderse de Thanatos y a su vez 2) a parecer permanente, duradero, estable, cosmocéntrico. Para ello ha de adquirir más Eros (en términos técnicos).
Para adquirir más eros y defenderse de Thanatos el hombre Neanderthal e igualmente los primeros Cro-Magnon contaban con una mente totalmente mágica.
Dice Arieti, estudioso del tema, sobre la mentalidad mágica de los homínidos de este período: “Los homínidos del nivel fantásmico debieron tener grandes dificultades para distinguir las imágenes, los sueños y los paleosímbolos de la realidad externa. Careciendo de lenguaje no podrían decirse a sí mismos, ni a los demás, “esto es una imagen, un sueño... y no se corresponde por tanto con la realidad externa”. La mente mágica se caracteriza por el adualismo, por su incapacidad para distinguir lo mental de lo real externo. Es la mente mágica, de la que afirma Hauser en su Historia Social de la Literatura y el Arte, “las representaciones plásticas eran la trampa en la que la caza tenía que caer; o mejor, eran la trampa con el animal capturado ya, pues la pintura era al mismo tiempo la representación y la cosa representada.” Esta es la mente mágica, la que no separa, la que identifica sueño con realidad externa, la que asume pars pro toto, como indica Gebser, una verdadera mente ingenua en el sentido etimológico de la palabra “ingenuo”.
Fraser, otro antropólogo de enorme talla, distingue dos principios fundamentales en la actitud mental de la magia: 1) la ley de la similitud: “lo similar produce lo similar”, o lo que es lo mismo, confusión entre semejanza e identidad. Hoy día hay mucho de todo esto en las supersticiones, a las que incluso en los medios de comunicación se les da carta de ciudadanía. Por ejemplo: si un extranjero es malo, todos los son. Si un miembro de un clan causa problemas, lo causan todos los miembros del clan. 2) La ley del contagio, según la cual no es la semejanza, sino la proximidad lo que causa la identidad. O sea, que cualquier parte de una entidad la contiene a toda ella. Ejemplo: si una persona tiene poderes, también lo tendrá su dedo... (¿Las reliquias tiene algo que ver con esto?)
Éste era el clima mental de la época mágica. Pero, se ha de añadir un punto muy importante: la visión mágica no era un error, una alucinación, como nos parece desde nuestra perspectiva egoico-racional, sino una percepción de un nivel primitivo de realidad. La media del hombre, homínido, primitivo no tenía otra percepción de lo otro. Tan sólo los grandes chamanes de aquellos milenios pudieron intuir unos niveles más altos de conciencia. Dice Wilber: “La magia no refleja un nexo lógico (entre la mente y la realidad externa), sino un nexo vital... El proceso mágico primario... no es tanto inexacto como incompleto.”
Los comienzos de la conciencia de la muerte
El hombre mágico comienza a tener una confusa conciencia de su identidad independiente, es cierto que mantiene muchas relaciones de dependencia con la realidad externa, ya lo hemos visto un poco, pero, ha dejado de ser el uroboros pleromático, o sea, ha dejado de estar fundido con el mundo. Él no es el mundo, hay una separación entre el mundo y él, hay una frontera, él se percibe como una entidad independiente, distinta y donde quiere hay un yo independiente está el miedo a la muerte, que por ello es existencial, que se confunde con la propia identidad independiente que rechaza su propia desaparición, su propia muerte. Rechaza a Thanatos y acoge a Eros.
Cuando se enfrenta a Thanatos el hombre sólo tiene (y ha tenido) dos alternativas: negarla con la represión, o transcenderla con la supraconsciencia, con la resurrección en la Totalidad, en el Misterio. Los místicos de todas las épocas realizaron el camino de la transcendencia, pero la gente promedio de la humanidad de todas las épocas se limitó a negar la muerte reprimiéndola.
Para ello fueron utilizando los medios apropiados a sus niveles de conciencia. Medios que en gran medida, y a veces mayor aún, en nuestros días se siguen utilizando.
Siguiendo los pasos de los estudiosos del fenómeno de la conciencia a lo largo de la evolución, se puede afirmar que el tiempo adquiere diversas formas conforme los niveles de conciencia van subiendo. Así
a) en la época mágica el tiempo pasó para el homínido de ser un momento fugaz que seguía el impulso primordial de tener que satisfacer el hambre al presente pasajero, que es simplemente un presente discreto (momentos separados: hoy, otro hoy que es mañana...).
b) En la época mítica el tiempo se vive más de forma cíclica, circular, todo se repite, y
c) en la histórica, la nuestra, el tiempo es lineal, es un desarrollo que va de un punto a otro.
d) En la plenitud de la divinización del hombre no hay tiempo, sólo hay eternidad, que es la falta total de pasado y de futuro. La Eternidad es atemporal.
Mas no nos vamos a detener en reflexionar sobre estas dimensiones de la existencia, sino que vamos a considerar, en tanto podemos saber, lo que hizo el hombre mágico, sobre todo en sus últimos siglos de vida terrenal para escapar del terror que la muerte le producía.
El hombre mágico comenzó a ser consciente de su identidad aunque de forma muy rudimentaria, él no se confundía con su entorno, sino que era distinto y esto le daba la sensación de la destrucción de su ser, si no era el todo podía ser destruido, de su muerte, para no morir necesitaba alimentarse (como el hombre arcaico, del que no hemos dicho nada en este escrito), o sea, necesitaba estar en el presente y conservarlo, mantenerlo hasta el nuevo presente en el que se volvería a alimentar, para seguir siendo “yo” sí-mismo, y así indefinidamente (de esto no tenía conciencia el hombre arcaico, tal como sucede con los otros seres vivos). Necesitaba una autoconservación no sólo física por el alimento, sino también psicológica por medio de la permanencia de su sensación de identidad separada, de la conciencia de su yo. De esta manera negaba la muerte en este presente y en el presente posterior y en el otro. Pero, es claro que esta exigencia de autoconservación, de esfuerzo continuo de mantener su sensación de identidad distinta al resto, de su yo, lo que requiere es tiempo, o mejor, la autoconservacion de la identidad es sencillamente tiempo. Mientras la sensación de identidad esté en este tiempo, que es presente pasajero, la muerte no es. Lo que diferencia al hombre mágico de su ancestro (y de todos los seres) es que empieza a tener conciencia de “estar en el presente simple”, algo que ningún otro ser tenía, y el esfuerzo por mantenerse en este presente simple es el tiempo (psicológico).
Con esto y de forma muy rudimentaria conseguía desterrar (fugazmente) a la muerte. “Para el cazador tifónico la inmortalidad consistía en llegar a vivir hasta el día siguiente” (Wilber). El tiempo extendido aún no había aparecido en la escena de la conciencia. “Los hombres y mujeres que franquearon las puertas del paraíso y penetraron en el mundo de la mortalidad utilizaron el tiempo como principal defensa” (id.).
Esto de utilizar el tiempo como defensa contra la muerte es algo tan enraizado en nuestras células que seguimos utilizándolo de forma aumentada y perfeccionada en nuestros días. Luchamos desaforadamente por la salud, cosa loable y necesaria en verdad, tenemos una vida temporal y la hemos de vivir en su plenitud, en ella hemos de dar testimonio del Ser, de la Trinidad, de la Vida, de la Iluminación, y más si nos profesamos ateos, agarrados a esta sola dimensión temporal. Pero solemos entender la salud de forma exclusivamente física, no como vida – Vida (biológica, anímica y espiritual), ignoramos sistemáticamente que la curación de una enfermedad física (personalmente pienso que no existe una enfermedad sólo física, el hombre es un holón, toda enfermedad abarca al hombre en su totalidad de cuerpo, alma y espíritu. Otra cosa es que entendamos cómo la misma afecta a todo el ser del hombre) es nada más que para un tiempo, y que el tiempo no es Eternidad. No asumimos la muerte como parte, como el otro polo de la vida, sino que la negamos y la colocamos en los tanatorios, en los lugares que estás fuera del desarrollo de la vida cotidiana. Reprimimos la muerte como hacía el hombre mágico, la posponemos muchas veces de forma verdaderamente cruenta en los hospitales. Utilizamos cualquier tipo de fármacos o intervenciones que con anterioridad sabemos que no van a hacer más que prolongar el dolor, la inconsciencia, los despojos del enfermo. No la asumimos, ni la transcendemos. Y es natural que así sea, porque nuestra conciencia aún está en una etapa del camino en la que sigue identificada con su yo, con su sensación (errónea) de identidad separada de la Totalidad, del Espíritu. Las experiencias de los místicos nos muestran que la desintificación con nuestro yo, es posible y real, que la Resurrección de la conciencia en el Espíritu es la meta que nos espera, no en un futuro, sino en la profundidad de nuestra Esencia, que no es sino manifestación del mismo Espíritu.
Otro de los elementos en los que apoyó el hombre mágico su rechazo de la muerte y el mantenimiento (temporal breve) de su identidad separada, de su yo, de su sí-mismo fue la cultura.
Dice Campbell que la cultura es lo que el hombre hace con la muerte. Y esto en todas las épocas de la existencia humana. Pero hemos de tener en cuenta que toda represión de la muerte (Thanatos) conlleva el otro polo de afirmación de Eros, y por ello hemos de afirmar que la cultura es el alimento de Eros realizado a través de la evolución.
En el mundo mágico (si contemplamos un niñito de dos añitos lo veremos muy claro cómo funciona la mente mágica, sus papas lo pueden todo, su imagnación es objetiva...), en el mundo del tifón la caza era indispensable para la supervivencia, para el proyecto de inmortalidad: era totalmente necesario derramar sangre y no sufrir la revancha que derramara la propia. Para ello estaba la magia. (Pensemos que los tifónicos no separaban sujeto y objeto, si la caza estaba en su mente, en sus pinturas, estaba en sus manos, en sus flechas, si su muerte no estaba en sus mentes, no morían). Por ello afirma Campbell que los primitivos tifones pensaban: “Donde existe magia, no existe muerte” “La magia se utilizaba tanto para evitar la propia muerte como para provocar la de los demás”.
Para reprimir Thanatos y abonar Eros el hombre mágico inventó y practicó el ritual. “El ritual es una técnica para dar vida” (E. Becker) Y gracias al ritual el hombre se expandió como centro de su universo. El hombre desea ser cosmocéntrico porque esa es su verdadera naturaleza, pero su yo, su sensación de identidad no es su verdadera naturaleza, y en cambio, ese yo mantiene el deseo genuino de ser cosmocéntrico, identificándose a sí mismo con su Esencia, que es el Kosmos, por eso el yo pretende con la cultura crear es cosmocentricidad que el yo no tiene, pero sí la Esencia del hombre. Esa cosmocentricidad le aleja de la muerte, de Thanatos.
Por eso los tifones comenzaron a reunirse en grupo para practicar sus ritos, para comunicarse sus proyectos (aún no existía el lenguaje verbal), para realizar actividades culturales intersubjetivas, todas muy rudimentarias, pero que superaban claramente la pura biología del período anterior. Esta cultura estaba compuesta de ritos mágicos, la negación mágica de la muerte, las posesiones de la caza, los amuletos, los símbolos de poder, (cuernos, pinturas, abalorios, huesos...) la organización para la caza...
Fue en esta larguísima época cuando posiblemente se pudo dar la más libre y menos represiva de las sociedades humanas a juicio de Wilber. Posteriormente cuando los seres humanos se convirtieron en objetos sustitutorios para otros seres humanos se convirtieron en víctimas y la sociedad vivió en la confrontación y la guerra.
José Antonio
miércoles 22 de julio de 2009
Resumen del libro: "Breve historia de todas las cosas"
Coloco ahora en mi blog el resumen, que he hecho, de un libro muy interesante para una visión espiritual actual. Se trata del libro de Ken Wilber “Breve historia de todas las cosas”, el libro es un resumen que el mismo Wilber hace de su obra magna “Sexo, ecología y espiritualidad”. Fue editado en EE.UU. en 1996 y en España en 1997, hace ya diez años. En este tiempo, como es lógico, el pensamiento de Wilber, como el de todo pensador, que además es un contemplativo de primer orden, ha ido evolucionanado hacia posturas cada vez más abiertas e integrales. Hoy está muy interesado en una espiritualidad postmetafísica. Él mismo distingue las distintas etapas de pensamiento por las que ha pasado su vida, desde Wilber I hasta Wilber V, de momento.
Tener un pensamiento definitivo es un error contra el mismo pensamiento, es destruirlo. El dogma, o pensamiento último y definitivo, (que no es, o ha de ser, sino una formulación doctrinal de una experiencia contemplativa, que no es el dogma) no es razonable y sólo puede responder a una mente que está entrelazada entre las redes del infantilismo, además de que sólo puede ser válido para un tiempo determinado, nunca para siempre. Los pensadores, liberados de una sumisión a una estructura, o sea, los no ideólogos, no pueden aceptar los dogmas, y sus pensamientos siempre avanzan y evolucionan, como es el caso de Wilber y miles y miles... Hasta los místicos, que hoy aparecen como modelos de cristianos, tuvieron muchísimos problemas con los dogmas y con sus perros guardianes: los inquisidores, cuando no fueron condenados totalmente por ellos (Giordano Bruno, Eckhart, Lutero, Savonarola, ...)
Mas, pese a su evolución, todos los libros de Wilber tienen una validez que ha de ser tenida en cuenta, los temas por él abordados son suficientemente inspiradores para que muchas personas reflexionen sobre ellos y puedan incluso aplicarlos a su propia vida. Sus ideas deben ser tenidas en cuenta en cualquier debate académico y social que gire en torno a la cultura, la religión, la política...
Por estas razones oso colocar el susodicho resumen en este blog.
“”HISTORIA DE TODAS LAS COSAS
Ken Wilber
Advertencia al Lector
En este libro K.W. describe de una manera sistemática y comprensiva el camino de la evolución de la consciencia.. W afirma que una determinada formulación de la verdad puede ser válida sin ser completa, puede ser cierta pero sólo en la medida en que funciona y debe ser considerada como una parte de otras verdades igualmente importantes.
Los cuatro cuadrantes.
Individual – interno Individual – externo
Subjetivo Objetivo
El lenguaje del ello
El lenguaje del yo
Social – interno Social - externo
Cultura Objetivo
Intrasubjetivo Lenguaje del ello
El lenguaje del nosotros
Ninguna de estas formas de verdad puede ser reducida a las demás.
Es cierto que la verdad nos hace libres, pero sólo si reconocemos la existencia de más de un tipo de verdad.
“El proceso evolutivo sigue su camino y el Espíritu se halla en (es) el mismo proceso”
El mensaje de Wilber constituye un acontecimiento infrecuente. Se niega a considerar que todos los elementos compositivos son iguales.
Este libro es una introducción a su obra.
Advertencia al lector
Este libro trata de “Dios, de la vida, del universo, de la Totalidad de las cosas”
Los capítulos primeros tratan del cosmos material y de la aparición de la vida.
Los capítulos intermedios investigan la emergencia de la mente o consciencia (a través de los distintos estadios).
Después trata del dominio de lo divino y su posible relación con las fuerzas creativas de la materia, de la vida y de la mente ¿Cómo y por qué la religión ha dado lugar históricamente a la psicología? ¿A quién confiamos en última instancia las cuestiones que realmente nos importan?
Los últimos capítulos tratan del colapso del Kosmos. ¿Dónde está Dios y la Divinidad en las aguas cenagosas en que nos movemos? ¿Cuántos caminos nos quedan todavía por recorrer? Todos nosotros sabemos de ese asombro que nos habla en el lenguaje del Dios interior y que, de modo inexplicable, nos señala el camino del regreso al hogar.
Introducción
Un tema fundamental: la sexualidad y su relación con el género. Sexo = aspectos biológicos de la reproducción humana. Género = aspectos culturales que se basan en las diferencias sexuales biológicas.
Sexo: Hombre (varón) y mujer; género: masculino y femenino.
Las diferencias sexuales son interculturales y universales, las de género, no, son culturales.
Se han de transformar los roles de género, no los de sexo, que no pueden ser transformados. De todos modos existen ciertas constantes de género que tienden a perpetuarse en culturas muy diversas. Existen grandes diferencias entre la esfera de los valores masculinos y femeninos. Se trata de reconocer las diferencias y no explotarlas como privilegios, sino valorarlas por igual, no equipararlas.
Parece que en parte esas diferencias se asientan en diferencias hormonales. Testosterona (fornicar y matar) y oxitocina (sentimiento de identificación: nutrir, sostener, tocar)
La cultura puede ir cambiando aspectos culturales atávicos, por ejemplo el hombre sensible. Hormonalmente el varón no lo es, pero puede ser educado. El hombre tiende a ser autónomo, individualista…
La mujer para ser autónoma ha de ser educada.
La evolución pone siempre los límites más allá y una vez conseguidos, los rompe, los transciende para poner otros límites. Transcender e incluir.
Las formas culturales, incluido el patriarcado, de la historia han sido concreación de hombres y mujeres. Hay que considerar el status de los hombres y mujeres en cada uno de los estadios de la consciencia humana.
Hay que determinar cuáles son las constantes biológicas y luego estudiar las distintas formas en que estas diferencias biológicas se han ido desarrollando a lo largo de la evolución cultural.
Existen ciertas pautas comunes que conectan la materia, la vida, la mente. Existen también los estadios superiores de la evolución, los llamados espirituales. La evolución es el Espíritu en acción. El Espíritu no es un estadio particular, una ideología concreta, ni el dios preferido, sino la totalidad del proceso de desarrollo… Los estadios superiores son aquellos en los que el Espíritu deviene consciente de sí mismo. Y a la vez nos proporcionan ciertas pistas sobre lo que la evolución colectiva nos depara el día de mañana.
Las grandes tradiciones espirituales del mundo caen en dos campos diferentes: Espiritualidad ascendente y descendente
Ascendente. Fuera del mundo, ascética, futuro… Ha sido la vía hasta la modernidad.
Descendente. Inmanente, la diosa Gaia, la Naturaleza… Desde la modernidad.
El mundo chato del camino descendente: el materialismo, la ecología profunda, la industrialización…
La integración de ambos caminos es la tradición no dual.
Los caminos exclusivamente ascendente o descendente fragmentan el Kosmos, fomentan la violencia tratando de someter al otro bando. Pero integración no es confrontación.
Cap. 1. La pauta que conecta
Este libro trata de una breve historia de todo basada en las generalizaciones orientadoras. Y todo se ubica en el contexto de la espiritualidad. Prestaremos atención a los cinco o seis grandes estadios que ha atravesado la evolución de la humanidad.
Una generalización orientadora es una verdad amplia y general procedente de los diferentes campos del conocimiento humano, sobre las que existe muy poco desacuerdo. Por ejemplo, en el desarrollo moral se está de acuerdo en que se atraviesan tres grandes estadios: preconvencional, convencional y postconvencional.
Con estas generalizaciones orientadoras se puede construir un amplio mapa orientador del lugar que ocupan los hombres y mujeres en el universo.
El Kosmos
Se trata del Kosmos pitagórico que incluye el cosmos o fisiosfera, el nous o psique (noosfera) y la theos (teosfera).
La autopoyesis, característica del Kosmos.
Los veinte principios: la puerta que conecta.
Principio 1º La realidad está compuesta de holones y nada más que holones: totalidades/partes.
El camino tanto hacia arriba como hacia abajo no es más que holones. No existe una totalidad que a su vez no sea una parte de otra totalidad superior.
Descubrir lo que todos los holones tienen en común nos permite vislumbrar lo que tiene en común la evolución de todos los holones. Esto es, los veinte principios.
Principio 2º Individualidad y comunión, autotranscendencia y autodisolución.
En cada holón existen dos impulsos: como totalidad tiene que conservar su individualidad, su autonomía, si fracasa, deja de existir. Es la individualidad. Como parte debe adaptarse debe adaptarse a otras partes para formar la totalidad. Es la comunión.
Ambas son capacidades horizontales
Las capacidades verticales son autotranscendencia y autodisolución.
La autodisolución se realiza en el sentido opuesto en el que el holón se creó.
La autotranscendencia: nadie cree hoy en la validez del principio de la selección natural para explicar la evolución. Se dan muchas transformaciones múltiples y no letales… no es que no se dé la selección natural, pero se da en los holones que ya se han transformado, no como causa de la transformación.
¿Por qué de las moléculas inertes surge la célula viva? Todo el mundo habla de evolución cuántica, de evolución puntuada, de evolución emergente.
Es innegable que las transformaciones ocurren (miles de mutaciones no letales simultáneas). Por eso llamamos autotranscendencia a este proceso que tiene la asombrosa capacidad de ir más allá de donde antes se encontraba.
Impulsos horizontales: Individualidad y comunión
Impulsos verticales: Autotranscendencia y autodisolución
El resto de los principios consideran lo que ocurre cuando estas fuerzas actúan entre sí.
El proceso de autotranscendencia opera a través de discontinuidades, de modo que impide que la mente sea reducida a bios, la vida a materia inerte…El proceso de desarrollo mantiene unido el Kosmos convirtiéndolo en un universo.
Principio 3º Emergencia creativa
La evolución es un proceso de autotranscendencia que va siempre más allá de donde estaba. Así aparecen nuevas entidades, brotan nuevos holones. El Kosmos parece desplegarse en saltos cuánticos de emergencia creativa.
Si se analiza el holón en sus partes constitutivas, lo que se tiene son partes, no es la totalidad. Es un reduccionismo.
¡Creatividad y holones, estas son las categorías básicas que deberíamos tener en cuenta antes de pensar en cualquier cosa!
Creatividad: Espíritu, Vacuidad, holones… es el sustrato metafísico, el fundamento último de la realidad.
El Big Bang ha convertido en idealista a todo aquel que piense. Primero, no hay absolutamente nada; luego aparece el Big Bang y aparece algo. Muy extraño, del vacío emerge todo el mundo de lo manifiesto, y empieza el tiempo. Esto acaba con el estúpido azar, que para poder hacer algo necesita un tiempo infinito, pero el Big Bang nos dice que el tiempo empezó hace unos doce mil años. Con este tiempo según los cálculos de Fred Hoyle y F.B. Salysbury ni siquiera el azar hubiera podido hacer ni una simple encima.
Algo distinto al azar es lo que está empujando al universo. La autotranscendencia está instalada en el universo, es uno de los cuatro impulsos de todo holón.
El Kosmos tiene un impulso creativo, la autotranscendencia está integrada en la urdimbre del universo, pero además existe un Telos, el universo tiene una dirección. Su sustrato es la Vacuidad, su impulso la organización de la forma en holones cada vez más coherentes.
Principio 4º. La holoarquía
Los holones emergen holoárquicamente, o sean, emergen de una forma jerárquica. No confundir jerarquía natural con patológica o de dominio. Una jerarquía natural es un orden de totalidad creciente en el un determinado nivel de la jerarquía, forma parte de otra totalidad de un nivel superior.
Cuando un determinado holón de una jerarquía natural abandona su lugar (ser parte) e intenta dominar a la totalidad se forma la jerarquía patológica.
Los “holistas” que dedican a negar la existencia de las holoarquías, son en realidad “conglomeristas”, un reduccionismo. Los mismos teóricos antijerárquicos tienen su propia categorización, su propia jerarquía, pues ponen como primer principio que no hay jerarquía, lo cual es ya una jerarquía.
No hay forma de escapar de las jerarquías, una postura antijerárquica es profundamente contradictoria. Lo que se ha de hacer es diferencias las jerarquías normales de las de dominio y curar éstas.
Toda pauta evolutiva procede a través de un proceso de holoarquización. Por eso el principio básico del holismo es la holoarquía: las dimensiones superiores proporcionan un principio, un aglutinante, una pauta, que une y vincula partes que de otro modo estarían separadas, en conflicto y aisladas, en una unidad coherente.
El hecho de establecer relaciones es realmente importante, pero esto sólo es posible dentro de un ordenamiento y una holoarquía.
Principio 5º. Cada holón emergente transciende pero incluye a sus predecesores. En cuanto totalidad transciende, pero las partes son incluidas. En esta transcendencia los conglomerados se convierten en totalidades, en la inclusión las partes son integradas, unidas en una totalidad y un espacio compartido que las libera de ser un mero fragmento.
La evolución constituye un proceso de transcendencia e inclusión. De este modo comenzamos a aproximarnos al núcleo del Espíritu-en-acción.
Cap. 2º El impulso secreto
El tópico fundamental del holismo: la aparición de nuevos niveles de organización que no pueden ser reducidos a las dimensiones anteriores, sino que las transcienden. Pero a la vez incluye, el nuevo nivel de organización es indiviso: los holones anteriores son partes del nuevo holón.
El nuevo holón (de un nivel superior) posee las cualidades esenciales del nivel inferior más algo más. Ese algo más es irreducible al nivel inferior y esto determina la jerarquía, por ejemplo: la célula contiene moléculas y algo más y no viceversa; por esto se da la jerarquía
Lo superior y lo inferior
Sabemos qué es superior y qué inferior, cuando al destruir todos los holones de un nivel, vemos quienes permanecen y quienes son destruidos. Los destruidos son los niveles superiores.
Las holoarquías no son nada arbitrarias. Así la noosfera no es una parte de la biosfera, sino que la transciende e incluye.
Profundidad y amplitud
Mucha gente confunde amplitud (o tamaño) con profundidad.
Profundidad es el número de niveles que tiene una holoarquía.
Amplitud es el número de holones de cada nivel.
Lo que se dice con la palabra nivel es un tanto arbitrario. Son escalas relativas. Pero no hay problemas si utilizamos la misma escala de forma coherente. Podemos hablar de pisos, o de escalones, pero o tomamos piso, o tomamos escalera…. Pero siempre la amplitud y profundidad son reales.
La evolución procede creando niveles de más profundidad y menor amplitud, puesto que lo superior transciende e incluye lo inferior.
¿Qué es la filosofía perenne?
Es el núcleo de las grandes tradiciones de la sabiduría del mundo entero. Sostiene que la realidad es una Gran Holoarquía de Ser y de Conciencia que va desde la materia hasta el Espíritu. Cada nivel incluye a sus predecesores y les agrega sus propias cualidades emergentes.
A mayor profundidad menor amplitud
Cuanto más profundo es un holón más significativo es, porque más incluye dentro de sí, porque contiene (significa) más parte del Kosmos.
La con(s)ciencia Kósmica
El espíritu es el principio y el fin de toda secuencia evolutiva. El Espíritu lo incluye y lo transciende todo. Está más allá de este mundo, pero a la vez incluye todo holón individual de este mundo.
El punto transcendental de una verdadera ética medioambiental es que los seres humanos transcendemos e incluimos a todos los holones: materia, vida, mente. La materia, la vida, la mente tienen un valor intrínseco y además constituyen el fundamento de mi propio ser. Por eso una verdadera ética medioambiental ha de incluir y transcender la ecología. No a una vuelta regresiva a la visión chata del universo, a la vida unidimensional.
La visión chata de los teóricos de la red de la vida simplemente se centra en la igualdad de ser, dejando de lado la holoarquía de la realización. Por supuesto que todos los holones son una manifestación perfecta del Espíritu, pero la realización de dicha manifestación no se da por igual en todos los seres. Hay gradaciones de profundidad, hay gradaciones de valor intrínseco.
El espectro de la con(s)ciencia
La evolución tiene un telos, una dirección, un impulso hacia una mayor profundidad. Así pone orden en el caos.
La evolución tiende a moverse en la dirección de una complejidad creciente, de una diferenciación/integración creciente, de una organización/estructuración creciente. Desde luego que esto es mirado a largo plazo, porque existen regresiones y disoluciones.
El impulso básico de la evolución es la profundidad creciente, es el impulso autotranscendente del Kosmos.
Conciencia y profundidad son sinónimos. La conciencia es simplemente la apariencia de la profundidad vista desde el interior.
Utilización de los términos: Desplegar y englobar
Desplegar - englobar
Transcender - incluir
Crear - amar
Eros - ágape
El Espíritu en nosotros está llamado a devenir consciente o superconsciente de sí mismo.
Todos los místicos nos ofrecen la misma historia: Despertar un buen día y descubrir que se es uno con el Todo de un modo atemporal, eterno e infinito
Cap. 3º Demasiado humano
Hasta ahora sólo hemos recorrido el camino evolutivo que conduce hasta la emergencia del ser humano, la noosfera.
En la evolución hay una continuidad global: se cumplen los 20 principios, y esto le da cierto sentido.
Visiones del mundo predominantes en las épocas del desarrollo humano: Arcaica, mágica, mítica, racional y existencial, que se corresponden con los principales estadios del desarrollo tecnológico y económico, que han sido: Recolector, hortícola, agrario, industrial, informático.
Podemos examinar el status de los hombres y mujeres en esos estadios y aislar los factores que han contribuido a establecer esas diferencias de status.
Recolectores
Los roles de los varones y mujeres estaban claramente definidos en un 97% de los casos. Hombres, la caza, las mujeres la recolección y el cuidado de los hijos. No se prestaba atención a las esferas de valores masculinos y femeninos. Esta época duró desde un millón hasta 400.000 años a. C.C. lo que diferencia a los humanos de los homínidos fue el rol del padre, o familiarización del macho. El varón unió la caza (producción) y la familia (reproducción). Se domesticaba la testosterona (fornicar o matar).
La estructura tribal se construyó sobre la base del parentesco.
Los hombres y mujeres de todos los tiempos han saqueado la naturaleza, y lo han hecho por ignorancia simplemente.
En estas tribus primitivas se asientan nuestras raíces. Tuvieron la asombrosa creatividad que permitió a la humanidad elevarse por encima de la naturaleza y comenzar a construir la noosfera, el mismo proceso que traería los cielos a la tierra y elevaría ésta a los cielos.
Hortícola
En la agricultura hay dos tipos de culturas: la hortícola y la agraria..
La hortícola se basa en la azada o palo para cavar, la agraria en el arado que necesita ser tirado por animales.
Una mujer embarazada puede usar el palo o azada, pero no puede con el arado. Eran capaces de llevar a cabo las tareas hortícolas, pero no las agrarias. En las culturas hortícolas las mujeres producían el 80% de los alimentos. Un tercio de esas culturas tuvieron deidades sólo femeninas, otro tercio tenían deidades de ambos sexos y el status de mujeres y hombres era equiparable. Eran sociedades matrifocales pero igualitarias. Esta época abarca hasta el año 10.000 a. C.C.
No existe ninguna época definitivamente privilegiada. El proceso continúa siempre y el Espíritu se encuentra en el proceso mismo, no en un lugar concreto del espacio o tiempo.
Agraria
Las mujeres embarazadas no podían manejar un arado. Muchos abortos. El no poder arar conllevó una ventaja darwiniana: el arado supuso una auténtica transformación. No hubo opresión, los hombres y mujeres decidieron que la labor del arado era cosa de hombres y en sus manos quedó toda la producción de alimentos.
El patriarcado fue una co-creación consciente de hombres y mujeres. Para el hombre no era nada divertido arar.
Los dos sexos estaban fuertemente polarizados. Ambos sufrían. Las deidades pasaron a ser masculinas (el 90%).
El dios y la diosa pueden tener un significado transpersonal más profundo, pero para la mentalidad promedio de la conciencia humana de este período esas imágenes solían representar realidades más prosaicas: quien llevaba la comida a casa.
Las sociedades agrícolas eran patriarcales (gobierno del padre). El hombre empezó a dominar la esfera pública en materia de gobierno, religión… y la mujer reducida a la esfera privada.
Duración del año 4.000 al 2.000 a. C.
La agricultura creó excedente de alimentos. Hombres liberados para tareas ajenas a la producción (matemáticas, escritura, guerra especializada…) Grandes imperios militares modernas naciones estados. Tareas contemplativas: sentido de nuestra existencia, ubicaban al Espíritu “aquí adentro”. Aparecieron los grandes sabios axiales: Buda, Confucio, Lao Tse, Parménides, Sócrates, Platón, Patanjali, todos varones.
Tarea del mundo postmoderno es compensar esta espiritualidad orientada hacia lo masculino.
Industrial
“Modernidad” suele referirse a los hechos que comienzan a ponerse en práctica con la Ilustración, desde Descartes hasta Locke y Kant, y el desarrollo tecnológico concomitante que va de la época feudal y agraria (visión mítica) a la industrialización (visión racional). “Postmedernidad” se llama al desarrollo postilustrado y postindustrial.
La industrialización fue una forma de garantizar la supervivencia recurriendo a la tecnología y aplicando la fuerza de las máquinas a la naturaleza.
Ninguna sociedad agrícola ha tenido nada que se asemeje a los derechos de la mujer. Siempre ha reconpensado la fortaleza y movilidad del varón.
Al cabo de un siglo de industrialización apareció el movimiento de liberación de la mujer. Por primera vez en la historia las estructuras sociales habían evolucianado hasta el punto de que la fuerza física deja de ser determinante y tan abrumadora en el poder cultural.
No es que la mujeres se hayan vuelto más inteligentesy decididas, sino que han evolucionado las condiciones históricas.
El status de la mujer en las sociedades industriales es superior al conseguido en cualquier otra sociedad anterior en la historia.
Por supuesto que hacen falta cambios. La polarización de los sexos es brutal para los dos. Hay que seguir trabajando por la liberación y la transcendencia.
Hablando de la crisis de la industrialización, ha originado la ecología. La causa principal de la destrucción de la naturaleza es la ignorancia. Es necesario el conocimiento científico de la biosfera, no basta el simple respeto sagrado que se tuvo en épocas prehistóricas. Hoy la industria nos ha dado el poder real de destruir el planeta.
Sabemos más, pero si no actuamos en concordia con lo que sabemos, terminaremos todos muertos.
Cap. 4º La gran revolución postmoderna
Yo, José A. Carmona, soy distinto del que era hace 10 años. Por decirlo así, mi pequeño Kosmos es otro. No sólo es que yo veo de otra manera, de una forma distinta, sino que mi propio Kosmos ha evolucionado y es otro, y como otro lo percibo.
Estamos en condiciones de examinar las visiones del mundo, correspondientes a cada época: arcaica, mágica, mítica, racional, existencial.
No son simplemente formas distintas de ver el mundo concreto, ya predeterminado, sino que en la medida en que el Kosmos llega a conocerse a sí mismo más plenamente, emergen diferentes mundos. Ejemplo: las semillas y el árbol. No es lo mismo la semilla que el árbol, y al ver la semilla no se ve el árbol.
Las diferentes visiones del mundo crean, actualizan diferentes mundos, lo cual es algo muy distinto al hecho de contemplar el mismo mundo de forma diferente. No es que exista un mundo concreto y predeterminado que pueda ser contemplado de formas diferentes, sino que, en la medida en que el Kosmos llega a conocerse a sí mismo más plenamente, emergen mundos diferentes.
La frontera postmoderna
Hay una diferencia crucial que separa la visión moderna del conocimiento de la visión postmoderna. Se trata de una verdadera revolución en el conocimiento humano.
Si queremos realmente comprender cómo debe ser un paradigma postmoderno, hay que empezar comprendiendo el moderno.
El paradigma fundamental de la Ilustración es el paradigma de la representación. Sujeto y objeto. Se trata de trazar mapas del mundo empírico que se han de ajustar al mundo empírico. Cartografía del objeto. Pero es un paradigma estrecho y limitado. Por ejemplo: los mapas dejan fuera al cartógrafo. Todos los grandes teóricos de la Ilustración han suscrito el paradigma de la representación, la creencia en un mundo empírico objetivo que puede ser cartografiado empíricamente. Y no es que esté equivocado, sino que es estrecho. Sino que dejan fuera al cartógrafo. Ignoran por completo el hecho de que el cartógrafo pueda aportar algo a la imagen.
Todos los enfoques postmodernos coinciden en que el paradigma de la Ilustración es completamente ingenuo.
El gran descubrimiento postmoderno ha sido que ni el yo ni el mundo son simples datos, sino que existen en contextos y sustratos que tienen una historia, evolucionan. Así el cartógrafo en distintas etapas hará mapas totalmente diferentes.
Hegel: “la mente sólo puede concebirse inmersa en un proceso de desarrollo”
Al trazar la historia de las distintas visiones del mundo, la historia de las diversas formas en las que ha ido desplegándose el Espíritu-en-acción, el Kosmos se contempla a sí mismo con nuevos ojos, y en consecuencia, crea nuevos mundos antes inexistentes.
Dos caminos en la postmodernidad
El gran descubrimiento postmoderno: ni el mundo ni el yo están predeterminados. Ante esto los teóricos han seguido dos caminos: El constructivismo extremo y el evolutivo o desarrollista.
Constructivismo extremo (Derrida, Foucault joven): todo está socialmente construido, y por ende todo es arbitrario y está basado en el poder, sexo, dinero… los “ismos”.
Pero las visiones del mundo se hallan limitadas por las corrientes mismas del Kosmos, que no está predeterminado, pero sigue unas pautas, tiene un telos. No se puede plantar un trozo de hierro y hacerlo crecer y florecer. Y no solo la bios sino que también la noosfera tiene su propio proceso evolutivo (si A es inferior a B, no se le puede convertir “socialmente” en superior a B). Las visiones del Kosmos no son simplemente caprichosas.
Este constructivismo radical cae en la contradicción performativa: “todas las visiones del mundo son arbitrarias, menos la mía”. Se trata de una nueva forma de nihilismo.
Constructivismo evolucionista (Piaget, Hegel, Marx, Nietzsche, Habermas…) estudian en la visiones del mundo una pauta desarrollista o evolutiva que se haya parcialmente gobernada por las corrientes del Kosmos, de la misma evolución (los 20 principios según Wilber).
Cada visión del Kosmos da lugar a visiones subsiguientes, cuando sus limitaciones inherentes son tan patentes que generan una gran conmoción. Así si no se colapsan, dan origen a una visión más organizada que tiene sus propias dificultades.
Estas visiones del Kosmos son: Arcaica, mágica, mítica, racional, existencial …
Que relaciona Wilber con los sistemas de producción históricos: recolector, hortícola, agrario, industrial, informático.
La visión del mundo es la mente del Espíritu y su fundamento es su cuerpo, este cuerpo-mente evoluciona y va dando lugar a nuevos mundos, en el proceso de actualización del Espíritu. Es el gran Florecimiento.
Al filo del mañana
¿Cómo supera el dualismo cartesiano el último de los dos caminos postmodernos?
El dualismo cartesiano enfrenta a sujeto y objeto, mapa y cartógrafo. El nuevo paradigma cae en la misma trampa. Hace un mapa más holista y sistémico y con ello cree que salva el dualismo. Pero, el pensamiento es un reflejo de la realidad y la vez un movimiento de esa misma realidad. El cartógrafo, el yo es también producto y un movimiento de lo que quiere conocer. El mapa es parte del territorio.
El enfoque no dualista no niega que el mundo se pueda cartografiar, sino que afirma que a nivel más profundo el pensamiento en sí mismo es un producto de las corrientes del Kosmos.
“Aquello de lo que puede uno alejarse no es el verdadero Tao”. Hay que corregir los mapas para superar las incorrecciones, pero no podemos olvidarnos de las corrientes profundas, de las formas en las que todos los mapas son expresiones del espíritu.
Por supuesto que la evolución que ha llegado a lo racional y existencial no tiene por qué parar aquí ¿Quién puede negar visiones superiores del mundo?
Transcendencia y represión
La visión del mundo que transciende la anterior es mejor que ella. Puesto que la transciende y la incluye. La mantiene y le añade algo más diferenciado del estado anterior.
La visión anterior fue apropiada pero la nueva lo es aún más… Si no lo fuera no lo habría seleccionado la evolución. Pese a todo tiene sus propias limitaciones. Donde quiera hay transcendencia, hay posibilidad de represión. La emergencia lleva consigo una posibilidad de represión.
La transcendencia supone diferenciación e integración y la represión conlleva disociación y alienación, supresión y negación.
Hay que estar atentos a los signos de la represión en cada estadio de la evolución.
Cada nueva visión del mundo crea sus propios problemas que aparecen cuando dicha visión se acerca a su fin. El Espíritu ha tropezado ya con las limitaciones propias de la modernidad que florece en su última primavera.
Cap. LAS CUATRO ESQUINAS DEL KOSMOS
¿Nos estamos aproximando al límite de la visión racional-industrial del mundo?
Hay que matizar. Visión racional-industrial es la “modernidad”, es la visión general del mundo sostenida por la Ilustración. Cumplió con funciones muy importantes (democracia, abolición esclavitud, feminismo liberal, diferenciación entre arte, moral y ciencia… superación de las jerarquías sociales de dominio)
Transcender e incluir la modernidad supone: 1) abrirnos a modalidades de conciencia que transciendan la mera razón. 2) participar en estructuras tecnológicas y económicas que vayan más allá de la industrialización. Ambas cosas, no una sola.
Pero este cambio ha de incluir la razón y lo industrial, como componentes de una visión más equilibrada, más global y más integrada.
El racionalismo y la industrialización han excedido sus funciones y han derivado hacia un tipo de jerarquía de dominio. La nueva visión ha de limitar el poder del racionalismo, aunque traerá consigo sus propios problemas.
Los cuatro cuadrantes
Cualquier transformación futura deberá implicar al mismo tiempo un cambio de conciencia y una transformación institucional. Deberá implicar una nueva visión del mundo que se halle integrada en un nuevo sustrato tecno-económico, con una nueva modalidad de sensación de identidad que posea sus propias pautas conductuales. O sea, los cuatro cuadrantes que son cuatro tipos de jerarquía que ofrece todo holón.
Todo holón tiene cuatro aspectos, dos interiores y dos exteriores. Lo exteriores son el exterior individual: cuerpo, moléculas … y el exterior social o colectivo: sociedad, galaxia, tribu… Y dos interiores, el interior individual: emociones, percepciones, visión lógica… y el interior social: cultura y sus formas históricas, urobórico, pleromático…
Ver pag 110
Los cuatro cuadrantes no representan más que los aspectos interior y exterior, individual y colectivo de todos los holones. Son aspectos reales de los holones reales.
Lo intencional y lo conductual
Es lo mismo que la interior y exterior en el aspecto individual.
La conciencia es la apariencia de lo profundo visto desde adentro.
Lo conductual o individual externo es el objeto de las ciencias. Forma parte del mapa estándar científico, objetivo y empírico. Y es un mapa que funciona.
Lo intencional pertenece a la dimensión interior y no es objeto empírico de ninguna ciencia, es lo que cualquier holón experimenta desde dentro, pero ambos aspectos tiene su correlato en el otro.
Lo cultural y lo social
Esto se refiere a la mitad inferior del diagrama: lo colectivo.
Todo holón individual sólo existe en una comunidad de holones de la misma profundidad.
El aspecto comunal tiene dos facetas: interior o cultural (significados, valores, visión del mundo…) y exterior o social (fundamento tecno-económico, estilos arquitectónicos, ciudades, pueblos… que son el fundamento exterior de esa visión del mundo).
Y esto sucede en los holones humanos y en los no humanos
También los holones no humanos comparten profundidad y exterioridad. Todos los holones sean los que sean, responden a los estímulos, y sólo a estos, que significan algo para ellos. Esta es su cultura. Lo demás es un espacio extraño para ellos. Su espacio común es su cultura compartida. Por ejemplo, los lobos comparten un espacio emocional y se reúnen en manadas, pero para ellos tanto el cordero como el pastor no serán que comida y el Quijote nada en absoluto. Por esto el Kosmos es distinto en cada estrato cultural, porque realmente es distinto. No es algo acabado que se ve descubriendo sino algo que se va realizando, que va evolucionando. En el Neolítico no existían las ciudades industriales, ni luz eléctrica, ni pensamiento ilustrado, ni ordenadores, ni aviones… en cada avance el Kosmos es distinto y por eso lo vemos distinto.
Estos espacios culturales evolucionan de la físico a lo místico, pasando por la urobórico, tifónico, mítico… y a cada visión del mundo corresponde una estructura social distinta.
Los cuatro cuadrantes están relacionados entre sí, pero son irreducibles entre sí.
A modo de ejemplo
Un holón pensamiento tiene sus correlatos en los cuatro cuadrantes.
El pensamiento: “Tengo que ir al supermercado”
En el cuadrante superior izquierdo: lo que experimento, el pensamiento mismo, su significado, su simbolismo, la imágenes (calle, supermercado…)
En el cuadrante superior derecho: los correlatos del cerebro, aumento de ondas alfas o betas, aumento de dopamina… todos fenómenos observables empíricamente.
En el cuadrante inferior izquierdo: ese pensamiento sólo cobra sentido en un determinado sustrato cultural. Si yo viviera en una cultura medieval, la palabra supermercado carecería de sentido, ni tan siquiera existiría, y si estuviera en la prehistoria ni siquiera podría emitir este pensamiento, en todo caso este otro: “voy a cazar”. El hecho es que mis pensamientos individuales sólo emergen en un sustrato cultural determinado que los articula y les da significado. (La cultura como horizonte de inteligibilidad).
Así pues, la comunidad cultural impone un determinado sustrato intrínseco a cualquiera de mis pensamientos individuales. Mis pensamientos brotan de mi cabeza, pero no de la nada, sino de un sustrato cultural determinado. El individuo jamás puede liberarse del todo de ese sustrato, es más sin el mismo somos incapaces de pensar.
En el cuadrante inferior derecho: la cultura tiene componentes materiales: los sociales (tecnología, arquitectura, trazado de las ciudades, pueblos, estructuras políticas…) y esos componentes sociales materiales son cruciales a la hora de determinar la visión cultural del mundo. Hoy la globalización es un hecho gracias a la informática y a los medios de transporte.
Cuatro son, pues, las facetas que hemos de analizar en cada holón.
La forma de las cosas por venir (El Espíritu en acción)
La transformación está teniendo lugar, si queremos participar en ella, los cuatro cuadrantes nos ayudarán a comprenderla. El Espíritu no es una especie de YO superior, o consciencia superior, sino que existe en y como los cuatro cuadrantes, los cuatro puntos cardinales del Kosmos conocido que son necesarios para navegar con seguridad.
Los estadios superiores del desarrollo de la conciencia presentan pautas más profundas y amplias en el yo, en la conducta individual, en la cultura y en la sociedad. En los cuatro cuadrantes.
No tener en cuenta a los cuatro es negarse a tener en cuenta a las fuerzas que están en juego, es sencillamente negarse a participar.
6. LAS DOS MANOS DE DIOS
Cada cuadrante encierra un tipo distinto de verdad. Estos cuatro tipos de verdad son los cuatro rostros que asume el Espíritu en el mundo manifiesto. Son el antídoto del mundo chato y descolorido de la actualidad.
En realidad es lo más gozoso que puede llegar a experimentar el ser humano. Hay una forma muy fácil de resumir todo esto, que parece muy complejo y difícil.
Figura 6.1.
CAMINOS DE LA MANO CAMINOS DE LA MANO
IZQUIERDA DERECHA
Interpretativo Monológuico
Hermenéutico Empírico, positivista
Conciencia I I Forma
N N
D D
Freud I I Skinner
Jung V V Watson
Piaget I I Locke
Aurobindo D D Empirismo
Plotino U U Conductismo
Buda A A Biología molecular, neurología…
L L
Thomas Kuhn C C Teoría de sistemas
Wilhelm Dilthey O O Talcott Parsons
Jean Gesber L L Auguste Comte
Max Weber E E Karl Marx
Hans-Georg Gadamer C C Gerhard Lenski
T T
I I
V V
O O
La Mente y el Cerebro
Aunque sean aspectos íntimamente relacionados , también son diferentes en muchos sentidos.
Cuando se estudia el cerebro los neurofisiólogos analizan los componentes objetivos: La estructura neuronal, la composición bioquímica, los diversos tipos de sinapsis, los neurotransmisores… todos son aspectos objetivos, externos del ser humano. El neurofisiólogo está viendo el cerebro de otro ser humano, no el suyo, salvo que se lo abra y lo mire en un espejo. Pero el interior de la mente sólo la percibe el sujeto y de forma directa, inmediata e íntima, el neurofisiólogo no puede ver nada, si el sujeto no se lo comunica. La mente es la apariencia interna de la conciencia, mientras que el cerebro es la parte externa de la misma. Son fenómenos completamente distintos.
¿Son es realidad lo mismo, aunque todavía no lo hayamos descubierto?
Pongamos por caso que un neurofisiólogo pueda llegar a saber todo sobre mi cerebro, pueda llegar a saber lo que en cada momento está haciendo cada átomo de mi cerebro, pero ni aún así sabrá lo que pienso, si yo no se lo digo. Puede conocer mi cerebro objetivamente, pero mi mente no, tan solo la puede conocer dialogando conmigo.
Por eso la mirada empírica es monológuica, y la única forma de llegar al interior es la dialóguica, la interpretativa. No se trata de contemplar el exterior, sino de compartir interioridades.
Por más tiempo que estudie mi cerebro nunca llegará a conocer mi mente, si no habla conmigo. El estudio objetivo le servirá para conocer mi cerebro, pero nunca mi mente.
Las dos manos de Dios
Tanto lo exterior como lo interior son manos de Dios, del Espíritu.
La mirada monológuica: La clave del camino de la Mano Derecha.
Todo lo que existe en la Mano Derecha son objetos, exterioridades. En el camino de la Mano Derecha se ha de observar pero no hablar, es el camino monológuico, no dialóguico. No hay nada erróneo en el camino de la Mano Derecha, lo único es que proporciona una visión parcial. Es la mirada de un técnico de laboratorio, de un conductista, carente de interioridad y profundidad. El camino de la Mano Derecha es el de la Ilustración, que terminó, y ha influido durante los dos últimos siglos, negando la existencia de nada que no sea la Mano Derecha, y así, nos hemos vistos inmersos un universo sin valor, sin profundidad, sin cualidades, de un mundo chato y sin sentido.
La Interpretación: La clave del camino de la Mano Izquierda.
Todos los elementos de la Mano Derecha tienen una localización simple, pero los aspectos de la Mano Izquierda carecen de localización simple, son dimensiones internas, pero reales. ¿Cómo acceder a ellos? Por la interpretación.
La mano derecha percibe, la izquierda interpreta. Pero para interpretar primero el sujeto ha de hablar, para poder conocer su interior. La profundidad ha de ser comunicada y la comunicación ha de ser interpretada.
Los caminos de la M.D preguntan: ¿qué hace esto?
Los de la M.I. preguntan: ¿qué significado tiene?
Son dos abordajes muy diferentes de la conciencia, y para comprender el Espíritu que se manifiesta en el mundo necesitamos de ambas manos.
¿Qué significa este sueño?
Los sueños son algo íntimo, que ha de ser interpretado, y entendido, cosa que ya empezó Freud.
Algunos ejemplos d estos dos caminos.
Freud siguió el camino de la M.I. interpretó. El diálogo cura, porque ayuda a interpretar mejor nuestra profundidad y a actuar en consecuencia. Así son todas las terapias de la palabra. Se basan todas en el mismo principio: descubrir una interpretación más adecuada de nuestra profundidad interior.
Mi vida no sólo tiene superficie sino también profundidad, no sólo tengo que observar, sino también interpretar.
El conductismo (y la psiquiatría biológica) es el polo opuesto. Trata de descubrir la respuesta observable. Ni siquiera reconoce la interioridad. No se trata de conocer el significado de los síntomas. Se ataca directamente a los mismos. Se niega la existencia de cualquier interioridad.
Pero el diálogo intersubjetivo con un terapeuta le ayudará a la interpretación más adecuada y a conocer mejor sus profundidades. Y esta transparencia puede llegar a permitirle llegar a vislumbrar la Divinidad.
La ciencia social versus la comprensión cultural
La sociología se ha dividido desde su origen en dos campos: el interpretativo y el empírico o naturalista. El interpretativo trata de comprender los significados culturales desde dentro, el empírico se ocupa del sistema social, de sus estructuras… desde el exterior. El primero se pregunta ¿Qué significa? El segundo ¿Qué hace?
La comprensión del significado cultural es una cuestión interpretativa, su objetivo no es tanto la conducta externa, como su significado interno. Exige compartir, dialogar…
Pero la mayor parte de las ciencias sociales son empíricas, observan las tasas de nacimientos, las tasas de suicidios, la cantidad de dinero que circula…es monológuica, empírica, conductual. No busca el significado, sino la función social que desempeña.
Son dos abordajes distintos al mismo holón. Los caminos de las Manos Derecha e Izquierda.
La hermenéutica
Es el arte y la ciencia de la interpretación. Hay malas y buenas formas de interpretar. Es la clave que nos permite adentrarnos en los caminos de la Mano Izquierda. La interpretación es la única forma de acceder a las profundidades, para ello el empirismo es inútil.
El empirismo niega la realidad de la interpretación, por no ser objetiva. Pero esto es un error. Estudiar el Quijote empíricamente es estudiar la clase de papel, los gramos de tinta, el tipo de letra… pero para saber lo que realmente es el significado de El Quijote, habrá de sumergirse en su lectura e interpretar su significado. La interpretación no es arbitraria, sería una mala interpretación decir que El Quijote es un libro de cocina. Hay criterios para validar las interpretaciones. Esto lo determina la comunidad de quienes compartan el mismo nivel de profundidad y hayan penetrado en su interior.
El conocimiento interpretativo es más complejo y sofisticado que el de la observación monológuica.
Aún hay quienes niegan la existencia de las cosas que carecen de localización simple, aunque su creencia carece de dicha localización.
Toda interpretación depende del contexto
Porque sólo existen holones dentro de otros holones y contextos dentro de otros contextos hasta el infinito. Por tanto la interpretación es una actividad escurridiza. Derrida y los descontruccionistas niegan todo significado, lo cual conduce al nihilismo.
Se trata de tener en cuenta los contextos, y cuantos más se tengan más rica será la interpretación.
La interpretación no humana
Hay para ello que compartir el espacio interior común. Cosa que varía de una perro a una piedra. Desde un espacio de empatía, emocional común, hasta el ocupar un espacio y estar sometido a la gravedad. El sustrato común proporciona el contexto común.
Los sustratos se hallan en proceso de evolución. Los cuatro cuadrantes evolucionan constantemente y con la evolución de los cuadrantes el Kosmos va cambiando. No sólo se percibe de otra manera, como quiere la visión monológuica, sino que de hecho cambia con los cuadrantes.
La interpretación espiritual
(Supongamos una experiencia directa de iluminación interior)
La experiencia es directa e inmediata, pero cuando se ha de decir algo sobre ella, aunque sea a uno mismo, se ha de interpretar. Y de la forma de interpretarla dependerá la forma de comunicarla/se con el mundo. Es muy importante la forma en que la integre en su sensación de identidad separada. Y la interpretación puede ser buena o mala.
Si la experiencia no puede integrarla con el resto de su ser, es que la interpretación no ha sido buena.
Para saber si es buena la interpretación, hemos de tener en cuenta si se interpreta de acuerdo con los cuatro cuadrantes, no sólo de superior izquierdo, como sucede en el New Age. Es una interpretación narcisista.
Hay quienes consideran estas experiencias como un mero subproducto del cerebro, resultado de una liberación masiva de endorfinas… soslayan los aspectos sociales, culturales y los estados interiores de consciencia.
Otros las interpretan en función del cuadrante inferior derecho. Para ellos la realidad última es la red empírica de la vida, la biosfera. Reducen los componentes de la Mano Izquierda a meros entramados de la Derecha, confunden amplitud con profundidad. Es el ecofascismo.
Otros la interpretan como conciencia cultural colectiva, soslayando el papel de la conciencia individual y el aspecto social.
Todo esto es muy parcial. Tienen su parte de verdad, pero terminan mutilando la misma experiencia original. No fomentan el desarrollo posterior de la experiencia espiritual y pueden llegar a abortarlo.
Cualquier interpretación adecuada de la experiencia espiritual ha de tener en cuenta los cuatro cuadrantes. Estamos compuestos de niveles (materia, cuerpo, mente, alma Espíritu) y cada nivel se manifiesta en cuatro facetas distintas. Es una visión multinivel y multicuadrante. Y esto es especialmente importante en los estadios superiores.
Hemos de sintonizar con las cuatro esquinas del Kosmos y así de la sintonía a la liberación y, desde ahí, hasta una unidad en la que nos fundimos en el abrazo totalizador que nos aguarda en el mismo borde de la consciencia kósmica.
Para ello hay que escuchar con mucha atención.
CAP. 7
EN SINTONÍA CON EL KOSMOS
Para estar en sintonía con el Kosmos es necesario escuchar las distintas voces de la verdad.
Se trata de estar sintonizado con lo real, es decir en contacto con lo verdadero, lo bueno y lo bello (el Gran Tres: verdadero = ello, bueno = nosotros, bello = yo), pues, podemos también no estar conectados.
La humanidad ha trabajado muy duro para poder llegar a establecer las pruebas de validez que nos ayudan a saber si estamos conectado con lo real. Las pruebas de validez son las formas en que nos conectamos con el Espíritu, sintonizamos con el Kosmos. Ellas nos obligan a hacer frente a la realidad.
La verdad proposicional
Se trata de una especia de mapa que se corresponde con algún tipo de territorio. Una proposición que representa algo concreto. Se trata de comprobar por los sentidos que es cierto lo que se afirma en la proposición. Está ligada a los cuadrantes exteriores tanto superior como inferior, y tiene una localización simple. (Teoría correlacional de la verdad).
La verdad es el criterio o prueba de validez de lo exterior individual.
Veracidad
Se trata de la prueba del cuadrante superior izquierdo, de la interioridad del holón individual. Se trata de verdades interiores, no objetivas. La única posibilidad para conocer la interioridad de cualquier holón es el diálogo y la interpretación. Se trata de saber si al dialogar estoy mintiendo, o no.
Por tanto, el criterio de sintonía con la realidad para la mano izquierda es la veracidad. Los eventos interiores están ubicados en la conciencia, no tienen una localización simple.
(La psicología profunda y las terapias nos ayudan a interpretar más auténticamente nuestra interioridad para que no nos mintamos a nosotros mismos) al malinterpretarme a mí, malinterpreto a los demás y les miento.
Al interpretar mejor mi interioridad comenzaré a ajustar mi conducta. El camino hacia la profundidad se halla flanqueado por el engaño y la mentira. Es la veracidad la que nos permite navegar por ese dominio con ellos trabajan las terapias de la Mano Izquierda, cada una según el nivel de conciencia en el que se mueva.
No me basta la verdad para alcanzar la libertad, lo que realmente nos hace libres es la veracidad.
Rectitud
Es el criterio del cuadrante inferior izquierdo.
El mundo subjetivo está ubicado en un espacio intersubjetivo, en un espacio cultural que permite la emergencia del espacio subjetivo. Sin este sustrato cultural mis pensamientos individuales carecerían de todo sentido, es más, yo ni siquiera podría pensar.
No se puede separar el espacio subjetivo del intersubjetivo. La prueba de validez del cuadrante inferior izquierdo es el ajuste intersubjetivo. El sustrato cultural es el que proporciona el contexto común en el que mis pensamientos cobran sentido.
Ajuste intersubjetivo o ajuste cultural.
El objetivo de este criterio de validez es la comprensión mutua, que no quiere decir estar de acuerdo, sino comprenderse. La existencia de un trasfondo cultural común en el que sea posible la comunicación.
Para vivir en comunidad hay que ponerse de acuerdo en muchas cosas, es necesario recurrir a una entidad supraordenada con respecto a los yoes individuales que nos permita el respeto mutuo. Todo esto tiene que ver con el sustrato común de significado, pertenencia y justicia.
Gran parte de este ajuste cultural no es consciente. (El lenguaje, valores morales…)
La comprensión intersubjetiva es algo excepcional, para que se dé, es necesario que cada individuo habite en el interior del otro, es necesario compartir la profundidad.
Cuando apuntamos a la verdad y estamos ubicados en la veracidad, podemos conseguir el milagro de la comprensión mutua. Es el Espíritu, es el ajuste cultural o la justicia, o bondad y rectitud común.
¿Cómo podremos lograr el bien común? Porque no se trata de una disposición de objetos de localización simple, sino de una disposición de sujetos en el espacio interno de la cultura. Es sencillamente la bondad.
El ajuste cultural, o la justicia, tiene que ver con todo tipo de cuestiones: ética, derecho, identidad grupal, contexto cultural,… y este espacio cultural existe en todo tipo de holones. El Espíritu está en el “nosotros”, (Regnum Dei intra vos est) en el ajuste cultural. La justicia apunta a todos los seres sensibles para poder producir el bien más profundo.
Ajuste funcional
Se trata del cuadrante inferior derecho, es el gran exterior de los sistemas. El criterio de validez de este cuadrante es el ajuste funcional, o sea, la forma en que los diversos holones se agrupan en el sistema objetivo global.
El ajuste cultural no es una teoría de sistemas. Esta teoría de sistemas no ha superado el paradigma cartesiano. El paradigma fundamental de la Ilustración era el paradigma de la representación (monológuico, cartográfico) y esto es lo que hacen los teóricos de sistemas..
Es verdad que ambos cuadrantes inferiores tratan con sistemas en sentido amplio, pero el izquierdo describe los sistemas desde dentro, y el derecho desde el exterior, sin preocuparse por compartir los valores de forma intersubjetiva, sino que sólo se interesa en la forma en que su correlato objetivo se ajusta funcionalmente en un sistema social global poseedor de localización simple.
La teoría de sistemas no habla de valores éticos, de veracidad, profundidad… sino de sus correlatos objetivos externos, sólo trata de la localización simple. Atiende a la Mano Derecha, no a la Izda.
Lo que hace la teoría de sistemas es un reduccionismo sutil. El enfoque sistémico incluye en la red que posee localización simple todos los elementos subjetivos e intersubjetivos, reduce los sujetos a objetos.
El reduccionismo burdo lo reduce todo al cuadrante superior derecho, el sutil reacciona en contra y opera de otro modo, pero reduce todos los aspectos de la mano izquierda la derecha y termina destruyendo toda la profundidad del Kosmos y arruinando la vida de los holones.
Ajuste funcional. La verdad del cuadrante inferior derecho se encuentra en la forma en que los distintos holones individuales encajan funcionalmente dentro del gran sistema holístico. El teórico de sistemas siempre está hablando de sistemas colectivos (no es atomista) pero lo hace en términos monológuicos, objetivos.
No es que sea falso lo que dicen, pero es parcial, soslaya las dimensiones de la Mano Izda.
El ajuste cultural intenta comprender a la comunidad desde adentro, sumergiéndose en el contexto común que le permite interpretaciones adecuadas.
El ajuste funcional del teórico de sistemas sólo se interesa en la función que tiene el dato en el sistema social. No se introduce en el contexto común, simplemente se limita a observar. El ajuste cultural tiene que ver con la forma en que los sujetos se agrupan en el espacio cultural, y el ajuste funcional tiene que ver con la forma en que los objetos se agrupan en el espacio físico.
Ambos son enfoques válidos y el uno es correlato del otro.
Conclusión: Los cuatro rostros del Espíritu.
Todas esta cuatro son formas válidas del conocimiento porque están arraigadas en la realidad de las cuatros facetas de cada holón. Cada una de ellas exige una prueba de validez diferente.
Estas verdades constituyen un verdadero tesoro de la colectividad. Son los cuatro rostros a través de los cuales se manifiesta el Espíritu.
Son estos distintos caminos de verdad los que nos llevan fuera de nosotros mismos y nos obligan a refrenar nuestro egocentrismo.
El Kosmos nos susurra desde todos los rincones. Dejemos, pues, que la sinceridad, la verdad, la bondad y la belleza (los cuatro criterios) resplandezcan con el marchamo de la radiante Vacuidad que nunca estuvo –y que nunca podrá estar- lejos de nosotros.
CAP. 8 LA BONDAD, LA VERDAD Y LA BELLEZA
Los cuatro cuadrantes no son más que el Gran Tres de la Filosofía Perenne. Y de él se ha de hablar con un triple lenguaje: el del “yo”, el del “nosotros” y el del “ello”.
El lenguaje del “ello” es objetivo, neutral, carente de valores, monológuico… Describe la faceta exterior de los objetos y sus interrelaciones. Lo que puede ser observado por los sentidos y sus extensiones, sean superficies internas (no interiores), como el cerebro, el corazón… sean externas.
El lenguaje del “yo” es el de la subjetividad interior. La subjetividad es mayor, cuanto mayor sea la profundidad del holón. Pero describir al yo con el lenguaje del ello es convertir al sujeto en objeto, y los sujetos son comprendidos, pero los objetos son manipulados.
El lenguaje del “nosotros” es el del cuadrante inferior izquierdo. La dimensión intercultural, el lenguaje de la visión colectiva del mundo propia de un tiempo, lugar y cultura determinados. Visiones que evolucionan a lo largo del tiempo.
Es el Gran Tres, o los cuatro cuadrantes, de la Filosofía Perenne, y no se pueden confundir uno con otro. Para describir un holón hay que utilizar los tres lenguajes.
Otras formas de hablar del Gran Tres:
Yo, arte, belleza, La crítica del juicio estético (Kant)
Nosotros, bondad, moral, La crítica de la razón práctica (Kant)
Ello, ciencia, verdad (proposicional), La crítica de la razón pura (Kant)
El paradigma fundamental de la Ilustración redujo todo lenguaje al del ello, que es el único que reconoce como real. Redujo el Gran Tres al chato lenguaje del ello. Rechazó la moral y la conciencia a favor de la ciencia. Pero la Ilustración tuvo sus grandes contribuciones positivas. Toda etapa evolutiva tiene su propia dialéctica del progreso.
La contribuciones positivas de la modernidad. La diferenciación del Gran Tres.
La modernidad logró por primera vez en la historia de la evolución de la conciencia diferenciar el Gran Tres. Es decir diferenciar el arte o yo, la moral o nosotros, y la ciencia, o naturaleza o ello.
En la etapa mítica le gran tres estaba fundidas, no integradas, que es lo que tenemos que llegar a conseguir. Ejemplo interesante en la página 174 del libro. No se diferenciaban los espacios subjetivo y objetivo, cultural, así lo que ocurría en uno tenía que ocurrir en el otro. (El número 7, siete orificios en la cara, siete sacramentos, siete pecados, siete planetas, siete el hombre, septenarios, siete virtudes…) (si estabas en desacuerdo don la iglesia eras hereje y traidor, criminal político) Los dominios del yo, del ello y del nosotros no estaban diferenciados, mucho menos integrados.
La diferenciación del Gran Tres es la dignidad de la modernidad.
Ventajas de la diferenciación:
La diferenciación entre sí mismo y la cultura permitió la liberación del individuo del dominio de la iglesia y del estado, la aparición de la democracia…
La diferenciación entre la mente y la naturaleza propició las liberaciones del yo con respecto a la biología, de la mujer, de los esclavos, la aparición del feminismo, difusión de los movimientos culturales…
La diferenciación entre la cultura y la naturaleza permitió que la verdad dejara de estar sometida a la biología, permitió el surgimiento de la ciencia empírica, la medicina, la física….
Las malas noticias: la disociación del Gran Tres
La modernidad aún no ha aprendido a integrar el Gran Tres. Y el esplendor de la modernidad ha terminado siendo su miseria, pues ha terminado disociando el Gran Tres.
Los avances conseguidos en el dominio del “ello” han eclipsado los de los dominios del “yo” y del “nosotros”.
El modernismo ha terminado reduciendo el Gran Tres a los dominios del Uno, el “ello”, los sistemas científicos. Ha terminado no aceptando más conocimiento que el científico. Y el Gran Tres se colapsó en el chato Gran Uno. Negó la existencia de la Mano Izquierda.
Es más fácil el conocimiento científico, que es monológuico, que la complicada investigación hermenéutica, pero esto explica algo, pero no justifica nada.
Dejar de lado al cartógrafo y a la interioridad es cómodo. La naturaleza, interpretada desde la ciencia empírica, constituye un sistema armónico e interrelacionado.
Los teóricos del nuevo paradigma sostienen que lo único fundamental del paradigma ilustrado fue su “atomismo”, y que sus esfuerzos se orientan a reemplazarlo por le holismo.
Pero esto es un gran error. El concepto dominante de la ilustración fue la “gran red de la vida”, no el atomismo, pero sólo tenía en cuenta las dimensiones de la Mano Derecha. Y la teoría sistémica no trata de remediar el legado negativo de la Ilustración, sino que prolonga su propia pesadilla. Forma parte de la visión chata del Mundo
El gran error de la Ilustración no fue el atomismo, el modernismo era holista de hecho, sino que sólo tenía en cuenta las holarquías de la Mano Derecha. Colapsó el Gran Tres (conciencia, cultura y naturaleza) en el Gran Uno (naturaleza sensorial). Y la teoría sistémica lo que hace es prolongar lo mismo. Forma parte del universo descualificado.
El lenguaje del “ello” es carente de valores, es un lenguaje de cantidades no de calidades, de mayor o menor, no de mejor o peor. Por ejemplo, la tolerancia es mejor que el fanatismo, pero una roca no es mejor que un planeta, sino menor. Así han hecho del mundo “un asunto aburrido, mudo, inodoro, incoloro, el simple despliegue interminable y absurdo de la material” (Whitehead)… y ha terminado arruinando a la filosofía occidental.
Si lo único real es el dominio del ello, lo valores y virtudes son “meramente subjetivos”, arbitrarios, sin anclaje en la realidad, con lo que el Kosmos ha perdido toda su profundidad. Y la vida carece de sentido. Esto es también lo que hace la teoría de sistemas.
La misión de la postmodernidad: La integración del Gran Tres
No debemos superar el lado negativo de la Ilustración volviendo a la indisociación mítica del Gran Tres, ni sustituyendo un atomismo monológuico por un holismo monológuico. La misión es, aceptando la diferenciación, integrarlo (los 20 principios de la evolución) según la corriente de la evolución. Hay en la postmodernidad mucho pensamiento regresivo. Hay que buscar formas de integrar la mente, la cultura y la ciencia, o lo que es lo mismo los cuatro cuadrantes. Formas de respetar las cuatro caras del Espíritu y de honrar por igual a la Bondad, la Verdad y la Belleza.
El Gran Tres espiritual
La conciencia colectiva ha llegado hasta los dominios personales, hasta la racionalidad moderna. Más allá están los dominios transpersonales o espirituales. Y este desarrollo posterior también tiene lugar en los cuatro cuadrantes, o en el Gran Tres. El “yo” último es el Buda (un ser espiritualmente realizado), el último “nosotros” es Sangha (la comunidad de quienes están intentando esta realización), el último “ello” es el Dharma (la verdad que realizó) (en visión budista).
Yo soy Espíritu, en los estadios superiores van desplegándose estadios de conciencia más profundos y elevados hasta el momento en que el yo individual descubre su identidad previa con el Espíritu, no es ego, que es pura mentira, la mentira de la sensación de identidad separada. “No soy yo, es Cristo quien vive en mí” , el último yo es Cristo, no yo (JAC).
Y la última cultura es que todos y todo (todos los seres) somos miembros de la comunidad del Espíritu, (todos los holones participan de la Naturaleza del Espíritu). Todos somos miembros de la iglesia mística, del último nosotros.
El último ello del Kosmos es el Dharma, la Verdad, la Mismidad, la Talidad, la Esidad misma de todos los holones. La Verdad objetiva es que todos los holones, tal y como son, son manifestaciones perfectas de la Vacuidad, del Espíritu. ¡Esa es la última Verdad!
Precisamente porque el Espíritu se manifiesta igualmente en los cuatro cuadrantes, podemos describirlo: subjetivamente, como el “yo” del Espíritu, Belleza; objetivamente: como el “ello” del Espíritu, Verdad; culturalmente: como el “nosotros” del Espíritu, Bondad última. Cuando el Espíritu se manifiesta lo hace como sujeto u objeto, en singular o plural, de ahí los cuatro cuadrantes. Y todos estos dominios están en proceso de evolución hacia su propia naturaleza espiritual.
SEGUNDA PARTE
9. LA EVOLUCIÓN DE LA CONCIENCIA
La evolución de la conciencia va desde los estadios inferiores hasta los más elevados, transpersonales o espirituales.
Prescindimos de los cuadrantes exteriores y del inferior izquierda, no porque sean menos importantes, sino para centrarnos en el superior izquierda, en la dimensión individual interna. Sepamos que todos los cuadrantes son igualmente importantes.
Los estadios superiores del desarrollo.
Las estructuras básicas de la consciencia:
1-sensorio física (materia)
2-emocional fantásmica (cuerpo)
3-mente representacional (mente reprentacional) (mente)
4-mente regla – rol (m. Conop operacional concreta) (mente)
5-reflexivo – formal (formop formal operacional) (mente)
6-visión – lógica, integradora (mente)
7-psíquica (alma)
8-sutil (alma)
9-causal (Espíritu)
(10- No dual) (Espíritu). Es el estadio superior, no es ningún estado concreto, sino el sustrato en el que tiene lugar el despliegue
Los estadios medios de conciencia alcanzados hasta hoy por la colectividad llegan hasta el 5 (reflexivo – formal formop). Pero siempre ha habido personas que se han saltado esta conciencia promedio y han ascendido a dimensiones superiores.
Cada sociedad dispone de un centro de gravedad de conciencia (como de cultura…), que atrae hacia sí el desarrollo individual. Cualquiera que esté por debajo o por encima será un marginado. Los que sobresalían de la conciencia promedio en épocas pasadas eran una elite, que con muchas dificultades se elevaban por encima de la conciencia promedio.
La escalera, el escalador y la visión
Los cuatro estadios superiores de la evolución (psíquico, sutil, causal, no dual).
Los modelos evolutivos no son lineales, no son exactamente una escalera, se trata más bien de unas esferas anidadas, en las que las superiores transcienden, incluyéndolas, a la inferiores. Si la consideramos como una escalera, hay que tener en cuenta el escalador y su visión en cada peldaño.
Las estructuras básicas: la escalera
El uso de la metáfora de la escalera se debe a que, aunque los estadios superiores engloben a los inferiores y no se dé una evolución lineal, si se daña un peldaño, o estadio, inferior todos los superiores saldrán dañados.
Aparte hay un ordenamiento holoárquico cultural irreversible: las imágenes aparecen antes que los símbolos, y éstos antes que los conceptos, como las palabras antes que las frases y éstas antes que los párrafos. Los holones básicos se erigen sobre sus predecesores y los incorporan a su propia estructura. No es posible invertir este ordenamiento, como en la escalera.
El yo: El escalador
(El yo subjetivamente hablando es una persona, una sensación de identidad separada)
En el caso de la evolución de la conciencia la acción real tiene mucho que ver con el escalador, es ahí donde se desarrolla la acción. El yo, el escalador posee capacidades que son ajenas a la escalera.
La escalera carece de sensación de identidad separada, pero el yo se identifica con los peldaños y genera distintas sensaciones de identidad. (Wilber las llama: identificación ,organización, voluntad o atención, defensa, metabolismo y navegación).
Escalera y escalador son cuestiones totalmente diferentes.
En cada uno de los peldaños del desarrollo el yo tiene cuatro alternativas entre las que elegir, los cuatro impulsos de todo holón: la individualidad, la comunión, la autotranscendencia y la autodisolución. Y en todos los peldaños puede haber un desequilibrio en estas cuatro alternativas y darse una patología. De ahí que nos encontremos con una escala de patologías.
Los fulcros
A cada uno de estos pasos W. lo denomina fulcro. Un fulcro describe el importante proceso de diferenciación e integración que tiene lugar durante le crecimiento y el desarrollo del ser humano. Es una bifurcación que aparece en el camino evolutivo del yo. La forma de gestionarlo determinará el futuro del individuo. Cada uno de los peldaños es un fulcro.
La estructura básica de cada fulcro es trifásica: 1º fase, el yo evoluciona, asciende a un nivel de conciencia y se identifica con él (fusión/identificación). 2ª fase, comienza a ir más allá de ese nivel, a diferenciarse de él y transcenderlo (diferenciación/transcendencia). 3ª fase se identifica con el nuevo nivel superior (integración/inclusión). Descansa sobre los anteriores, que se ven integrados en el proceso global de expansión.
Y en el caso de que haya problemas en cualquier escalón, vendrán las patologías, más graves, cuanto más bajo sea el escalón.
La emergencia de un nuevo mundo: diferentes visiones del mundo
Cada uno de los peldaños del proceso de desarrollo evolutivo nos brinda una visión diferente del mundo. En cada uno el mundo es en realidad diferente. A medida que la conciencia evoluciona, surgen espacios diferentes que acompañados también de diferentes mundos.
Cada peldaño nos proporciona una sensación de identidad diferente, un tipo diferente de las necesidades del yo, y un tipo diferente de actitud moral, aspectos distintivos de los distintos mundos a los que se accede.
Algunos ejemplos de la escalera, el escalador y el paisaje
Estructura básica necesidades del yo sensación de identidad sensación moral
Sensoriofísica(F1) fisiológicas autística premoral
Simbiótica premoral 0. Deseo mágico
Emocional-fantásmica (F2) impulsiva-pertenencia 1. Castigo/obediencia
Mente rep (F3) seguridad impulsiva I Preconvencional 2. Hedonismo ingenuo
Autoprotectora
Mente regla/rol(F4) pertenencia conformista II convencional 3. Aprobación de los demás
Conformista consciente 4. Ley y orden
Mente reflexivo-formal (F5) autoestima consciente III postconvencional 5. Derechos del individuo
Individualista 6. Principios universales
De la conciencia
Visión-lógica (F6) autorrealización autónoma integrada
Psíquica (F7) autotranscendencia Séptimo estadio superior
Universal-espiritual
Sutil (F8) autotranscendencia
Causal (F9) autotranscendencia
Escalera (escalador)
La mente regla/rol comienza a emerger hacia los 7 años. Acata reglas mentales complejas y asume roles sociales. Comienza el fulcro de este nivel. 1 habrá de asentar bien los pies en él (identificarse). Sensación de identidad conformista. La necesidad básica es la pertenencia. La actitud moral es la aprobación convencional de los demás.
Cada peldaño que se sube supone realizar los tres pasos de cada fulcro: desidentificarse o transcender el peldaño anterior, identificarse con el nuevo, adquiriendo una nueva visión del mundo y una nueva actitud moral.
Ningún yo se halla sencillamente ubicado en un solo estadio, participa de los niveles inferiores también y a veces de los superiores. Y hay todo tipo de regresiones, saltos hacia delante, experiencias cumbres… Hablamos sencillamente de un promedio. El sistema del yo tiene su propio centro de gravedad, lo cual quiere decir que parte de sus elementos compositivos están en el estadio del centro, otros están más arriba o más abajo.
La patología
Cuando un fragmento del yo, v.c. el yo impulsivo queda desgajado del proceso de transcendencia, el resto del yo seguirá el ascenso, pero ese quedará anclado en el sótano. E interpretará al mundo a través de sus categorías. Así pueden darse personas muy evolucionadas intelectualmente y muy atrasadas moralmente.
Los estadios del desarrollo espiritual
Antes de llegar a los estadios superiores se han de pasar todos los inferiores, aunque puede hacerse a más o menos velocidad.
Ha sido muy popular el modelo de “un solo paso”, “todo lo que no es ego es divino” pero esto no es así, hay muchos estados no egoicos que son prerracionales y no transrracionales. Se trata del fenómeno pre/trans.
Pero las cosas no son tan sencillas, no se pasa de bellota a bosque con un simple salto cuántico, antes hay que ser roble…
Una persona puede tener en un momento una experiencia cumbre, que le permita vislumbrar la profundidad, pero lo cierto es que deberá crecer y desarrollarse hasta llegar a integrarla en su propia estructura y asentarse en ella.
La religión chata
Las experiencias cumbres son el atisbo del paisaje que hay que recorrer.
Y además el desarrollo cognitivo es condición necesaria, pero no suficiente para el desarrollo moral. Se puede ser un nazi muy brillante.
Una persona puede vislumbrar un nivel muy elevado de la escalera y negarse a vivir en él. Es necesario que el centro de gravedad del individuo se desplace hacia él. Que el sujeto se transforme hasta llegar a las esferas más profundas de la conciencia.
En los círculos del “nuevo paradigma” hay resistencia a aceptar la noción de estadios, al igual que a aceptar la noción de holoarquía.
Los americanos son la encarnación de la visión chata del mundo, de la espiritualidad de un solo paso. Un mundo chato que requiere un dios igualmente chato, con un paradigma chato, según el cual no es necesaria ninguna transformación. La religión del dios chato es fundamentalista y tiene su dios y su diablo y tiene sus inquisidores…
Freud y Buda
Hay que acudir a la psicología, mal llamada, profunda, mejor sería inferior, para curar los aspectos disociados del yo inferior y así tener toda la energía para saltar a la transcendencia, al desarrollo superior. Tenemos que unir a Freud y a Buda, hoy que es posible.
El desarrollo espiritual termina desembarazándose de la escalera, lanzándose a la Vacuidad. Ya no hay dentro y fuera, sujeto y objeto, aquí y allí, antes y después, ya nos habremos convertido en Kosmos. La chispa divina resplandecerá en cada visión y en cada sonido… eso somos.
EN EL CAMINO A LO GLOBAL: PRIMERA PARTE
La mayor parte de las aproximaciones del nuevo paradigma afirman que estamos viviendo en una aldea global, en una red planetaria…
Pero un mapa global es una cosa y cartógrafo capaz de vivir de vivir de acuerdo a él es otra. Una perspectiva global no es algo innato en el homínido.
Es desde dentro y más allá de esa perspectiva global es desde donde emergen los estadios genuinamente espirituales o transpersonales.
Vamos a subir por la escalera. Primer peldaño
La matriz primordial
Llamemos nacimiento al comienzo. El bebé es fundamentalmente un organismo sensoriomotor, un holón que transciende e incluye las células, moléculas, átomos…, pero no tiene desarrollado el lenguaje, la lógica… el “yo es, por así decirlo, material”. Está identificado con el mundo físico, todavía no se ha diferenciado. Es la matriz primordial, el estadio oceánico…es la fase 1 del primer fulcro.
El yo no está más allá de la dualidad, sino más acá de ella. El niño ni siquiera es consciente de la dualidad. Un narcicismo totalmente primario.
El niño puede desplazarse en principio cuanto quiera horizontalmente, pero no puede moverse verticalmente. Los teóricos de la visión chata se basan en este desplazamiento horizontal.
La forma de consciencia más superficial y limitada es ésta. En muchos y diferentes sentidos este estado de fusión es la antítesis misma del despertar, de la compasión y del amor auténticamente espirituales.
El trauma del nacimiento
El primitivo estadio evolutivo es el fulcro 0, el anterior al nacimiento. Este fulcro como todos tiene una dinámica trifásica. Lo ha estudiado muy bien S. Grof (las matrices perinatales) En algún momento de la vida posterior por diversas causas este fulcro puede ser reactivado.
El falso yo
Un trauma en cualquiera de los fulcros puede dar lugar a un complejo patológico que infecte el desarrollo subsiguiente. El yo puede permanecer fundido o atrapado en un estadio, generando una fijación y así tendrá dificultades para una diferenciación clara y para la integración posterior. Esta patología provoca una lesión en la conciencia que obstaculiza el desarrollo posterior.
El yo comenzará a mentirse a sí mismo. El yo real siempre estará ahí, pero sobre él se desarrollará un falso sistema del yo. La esencia de la represión consiste en mentirse a sí mismo sobre lo que realmente está ocurriendo en el propio psiquismo. Así se origina el inconsciente personal. El locus de la mentira es del yo es el inconsciente.
Las partes disgregadas de la consciencia consumen parte de la energía del yo. La terapia debe enmendar esta falta de sinceridad.
Al atravesar los distintos fulcros hay que prestar atención a los posibles problemas.
Fulcro 1. La incubación del yo físico
En este estadio el yo es sensoriomotor. A los 4 meses el niño separa las sensaciones físicas de su cuerpo y del entorno. Empieza la diferenciación del fulcro 1, hasta los 9 meses.
La diferenciación es el nacimiento real del yo físico. Si no se da esta diferenciación (donde termina el cuerpo físico y empieza el entorno) tenemos la psicosis, el adualismo, la incapacidad para establecer las fronteras físicas del yo, a la que acompañan alucinaciones e ilusiones narcisistas
Estos síntomas, aunque muy raramente, pueden darse por influjo de una consciencia sutil o transpersonal.
Fulcro 2. El nacimiento del yo emocional
En el fulcro 1 el niño permanece emocionalmente fundido con el entorno, sobre todo con la madre. El niño considera que lo que él está sintiendo lo siente todo el mundo que ve. Y que si el no ve (si se tapa los ojos) tampoco los demás lo ven.
Su identidad es biocéntrica y ecocéntrica, se halla fundido con la biosfera. Lo biocéntrico es muy ecocéntrico.
Hay una expansión horizontal, pero no vertical. Es superficial y narcisista.
Entre los 15 y 24 meses el yo emocional comienza a diferenciarse del entorno emocional. Es el nacimiento psicológico o emocional del niño. Surge la sensación de identidad separada. Se diferencia no se disocia. Diferenciación es preludio de la integración (posterior y) superior.
Hemos de tener en cuanta en contra de lo que piensan los retrorománticos que la fusión de los primeros meses no es beatitud, sino ignorancia, y que todo aquello que no ha sido transcendido nos hace cautivos, no libres.
El estadio del fulcro 2 es agridulce. El estadio previo es un estadio de letargo, pero no de beatitud. Cuando nos despertamos como yo emocional separado, hemos transcendido el estadio de fusión anterior, hemos ganado en profundidad, pero nos queda un largo camino hasta la integración superior.
Si el yo no se diferencia, permanece fundido con ese estadio emocional narcisista, el yo carecerá de fronteras emocionales reales, tendrá los problemas fronterizos entre la psicosis y la neurosis: problemas narcisistas y bordeline. El yo carece de una sensación de identidad coherente.
(Página 223 del libro cuadro de las estructuras básicas de conciencia, sus fulcros, patologías y tratamiento pertinente.)
Fulcro 3. El nacimiento del yo conceptual
El yo conceptual transciende el yo emocional, la mente representacional está compuesta por imágenes, símbolos y conceptos. Es el estadio preoperacional de Piaget.
Las imágenes surgen a los 7 meses, se trata de una representación casi física del objeto, por ejemplo la imagen de la Kala, que representa el color, la altura, la forma del hocico… que es la perra de Pepi.
Los símbolos son operaciones cognitivas más complejas. Sería los nombres propios. Se representa a un objeto. En el caso anterior sería el nombre “Kala”. Empiezan a los 2 años, hasta los 4.
El concepto. A partir de los cuatro años. Son operaciones cognitivas que representan a un conjunto de objetos. V.c. perro.
Todas estas estructuras básicas permanecen en la conciencia como capacidades básicas y así empieza a aparecer un yo especialmente mental, que se identifica con la mente conceptual.
A partir de aquí empieza a aparecer el mundo lingüístico, el mundo noosférico. Es una verdadera revolución.
En el fulcro 3 comenzamos a adentrarnos en la noosfera.
Toda neurosis es una crisis ecológica
El mundo lingüístico es nuevo y abre un nuevo espacio. Es un mundo temporal y por tanto histórico, ahora el yo puede pensar en el futuro y en el pasado (planificar y recordar, guardar rencor…) Puede reprimir impulsos inferiores, cosa que el yo anterior no podía, puede sencillamente negar la biosfera. Esta represión en lo individual es una neurosis, y en lo colectivo la negación de la biosfera es una crisis ecológica.
Normalmente el yo conceptual reprime la sexualidad y la agresividad. Este fulcro ya tiene un yo suficientemente fuerte para poder reprimir, en los fulcros anteriores era imposible. Por tanto la neurosis supone un paso adelante con respecto al fulcro 2.
Existe una jerarquía de sistemas de defensa del psiquismo. Pero si estos sistemas se desproporcionan el psiquismo termina devorándose a sí mismo, tenemos una patología. Así el yo comienza a mentirse a sí mismo, se hace opaco a sí mismo. Pero, hay una mentira psicótica, una bordeline, otra neurótica… y el falso yo puede hacerse cargo de la situación o explotar en una crisis… aquí vienen las terapias interpretativas de la Mano Izquierda.
En cualquier nivel del desarrollo, la existencia puede apoyarse en el yo real de la sinceridad o en el falso yo de la mentira. Y los diferentes niveles de la mentira son los diferentes niveles de la patología.
Las primeras visiones del mundo: Arcaica, mágica, mítica
Cada fulcro nos da una visión nueva del mundo. La visión del mundo es el aspecto que asume el Kosmos desde un determinado peldaño de la escalera de la evolución de la conciencia.
Al fulcro 1 corresponde la visión arcaica, al 2 la mágica, al 3 la mítica…
En el fulcro 2 las imágenes y los símbolos rudimentarios no se diferencian claramente de los objetos que representan. Así si se manipula una imagen se cree que se manipula el objeto, v.c. el vudú.
Cuando se acerca al fulcro 3 el niño se da cuenta que no puede manejar mágicamente el mundo, e intenta que otro lo maneje por él. Así aparecen los dioses…
La visión mítica del mundo comienza con la mente rep(representacional), prosigue con la mente regla/rol y se desvanece con la visión racional del mundo.
Fulcro 4. El nacimiento del yo rol
En Piaget es conop (operacional concreto) Va desde los 6 o 7 años hasta los 11-14. Implica capacidad para aprender reglas mentales y asumir roles mentales. Capacidad para asumir el papel de los demás.
En este estadio se ha dado un paso más hacia lo global.
La actitud moral cambia de una egocéntrica y preconvencional a una convencional y conformista.
Cambios de paradigma
Se da un cambio total de visión del mundo, y un profundo cambio de la sensación de identidad, de la actitud moral y de las necesidades del yo.
Al llegar a este punto el adulto habrá experimentado media docena de cambios de paradigmas, nosotros tendemos a expulsar de nuestra conciencia esos recuerdos de niños. Cuando los niños experimentan un cambio de paradigma, el paradigma anterior desaparece totalmente de su conciencia. Y el nuevo yo reinterpreta todos los acontecimientos de su vida anterior desde la nueva perspectiva.
Cuando analizamos lo que nos ha sucedido en etapas anteriores de nuestra vida, deformamos realmente lo que ocurrió.
11 EL CAMINO HACIA LO GLOBAL. II PARTE
Hemos llegado al cambio del fulcro 3, preconvencional, al fulcro 4, convencional. Todo el proceso de evolución de la conciencia es una batalla contra el egocentrismo.
Evolución versus egocentrismo
La evolución consiste en una continua disminución del egocentrismo, un continuo descentramiento.
En el momento en que aparece la capacidad de asumir el rol de los demás, la perspectiva egocéntrica experimenta otro cambio radical y pasa de ser egocéntrica a ser sociocéntrica.
El fulcro 4 (Cont.): los guiones de la vida social
Lo importante de este estadio es cómo me relaciono con mis roles, con mi grupo… Actitud sociocéntrica. Pero la expansión del ego se limita al grupo, no va más allá. Etnocentrismo. Es una postura de mítico-pertenencia, la visión es aún mitológica y se expande el respeto a los que pertenecen a la misma mitología, la misma cultura. No hay una actitud mundicéntrica, que se dará en el fulcro 5.
En este fulcro el yo ha de atenerse a los guiones. Muchos de estos son absolutamente necesarios, son los medios a través de los cuales el sujeto va más allá de sí mismo y penetra en el círculo intersubjetivo de la cultura.
Algunos de esos guiones pueden ser distorsionados, y la persona dispondrá de máscaras y mitos sociales falsos y dañinos. Son las mentiras sociales que alimentan el falso yo. Este es el objetivo de la terapia cognitiva (terapia familiar, análisis transacional, terapia narrativa…) en la que se hace frente a losa guiones distorsionados.
El fulcro 5.El ego mundicéntrico y maduro
Entre los 11 y 15 años aparece en la cultura de occidente el estadio de las operaciones formales (formop) que permite operar sobre el pensamiento, pensar sobre el pensamiento.
Así la persona puede empezar a imaginar mundos diferentes, “ qué ocurriría en caso de…” Un mundo ideal es posible. Por eso la adolescencia es la edad de la razón y de la revolución. El mundo interno se abre al ojo de la mente. Se puede pensar sobre las reglas y los roles.
Al final deberá integrar los roles sociales sin perderse en ellos (identificación, diferenciación, integración) transcendiéndolos.
Un nuevo descentramiento. Mi grupo no es el único…
Se trata de una transformación realmente difícil, pero, cuando ocurre (a mayor profundidad, menor amplitud) nos encontramos con la primera actitud auténticamente universal, mundicéntrica. Es el trampolín para acceder a cualquier desarrollo posterior superior.
Por primera vez en el curso de la evolución, el Espíritu contempla a través de sus ojos y ve un mundo global, un mundo descentrado del yo y de lo mío, un mundo que exige atención, respeto, compasión y convicción, un Espíritu que despliega sus propios valores intrínsecos, y que sólo se expresa a través de la voz de quienes tienen el coraje de permanecer en el espacio mundicéntrico y no caer en compromisos inferiores más superficiales.
Diversidad y multiculturalismo
La moralidad convencional es sociocéntrica y la postconvencional es mundicéntrica y basada en el pluralismo universal.
El multiculturalismo subraya la diversidad cultural pero esta actitud propia del fulcro 5 es muy infrecuente, muy difícil de lograr. La actitud universalmente pluralista es realmente multicultural y postconvencional, pero la mayor parte de los individuos son egocéntricos y etnocéntricos, por eso Vd. Ha de ser tolerante con individuos que no lo son.
Parece que sólo el 4% de los habitantes de EEUU son postconvencionales. Se trata de una elite. Sin embargo, los multiculturalistas afirman. Es una elite. Sin embargo, los multiculturalistas afirman (no sólo tratan a todos por igual, lo cual es bueno) sino que todos los individuos (y puntos de vista) son iguales. Es muy difícil llegar a esta visión de igualdad de todos, la mayoría de la gente no la ha alcanzado. Pero no todas las actitudes son equiparables. Unas son mejores que otras (una mundicéntrica mejor que una sociocéntrica) El multiculturalismo al uso se niega a hacer estos juicios, afirma que ¡todas las actitudes son iguales! Que tratan como la mejor y tratan de imponerla.
Se trata de la patología propia de este estadio. “Crisis de identidad”, porque ¿Quién es usted cuando comienza a cuestionar su cultura, se distancia de los prejuicios sociocéntricos y etnocéntricos y se independiza de ellos?
Los multiculturalistas padecen una crisis de identidad global, afirman que cualquier clase de elitismo es mala, y su propio yo es elitista y se ven obligados a distorsionarlo. Pasan de decir que todo debe ser juzgado de forma equitativa a decir que nada debe ser juzgado, y terminan sosteniendo una postura elitista que niega su propio elitismo.
Afirmar que todas las posturas son iguales supone afirmar la superficialidad preconvencional y etnocéntrica.
Es una patología de una mente adolescente, del desastre de la modernidad.
El fulcro 6. La integración corpomental del centauro
Es el último gran estadio ortodoxo.
La estructura básica es la visión – lógica, o lógico – global, una estructura de conciencia muy global e integradora. No dicotómica. Esta estructura unifica las partes separadas, y cuando se asienta en una auténtica transformación interior sirve de soporte a una personalidad integrada. Es cuando el yo se identifica con la visión – lógica. Integración entre mente y cuerpo, noosfera y biosfera que configura un yo que ha superado el aislamiento, un yo integrado en redes de responsabilidad y servicio.
Resumen de la investigación realizada por Broughton: “La mente y el cuerpo como experiencias de un yo integrado”. En este estadio el yo es perfectamente consciente tanto de la mente como del cuerpo: el yo observador de ambos como objetos de conciencia, comienza a transcenderlos.
El yo observa al comenzar a transcender la mente y el cuerpo, le permite comenzar a integrar la mente y el cuerpo: “centauro”
Es un estadio trifásico, como todos.
Fusión inicial: mente formal
Diferenciación: yo observador, mente objeto
Integración: con el resto de los componentes de la conciencia, cuerpo, mente, impulsos…
La locura aperspectivista
Centauro o nivel existencial. En este punto de la evolución uno se encuentra a solas consigo mismo, ha dejado los roles y reglas convencionales, el etnocentrismo… pero puede malograr la libertad conseguida. Libertad que es aperspectivista (término de Jean Gebser) La visión – lógica es aperspectivista porque dispone de una multiplicidad de puntos de vista y no privilegia automáticamente a ninguno.. Todas las perspectivas son relativas, pero no todas igualmente adecuadas, unas son relativamente mejores que otras: el mundicentrismo es mejor que el etnocentrismo… La locura aperspectivista olvida esto y afirma sin exclusión que todo es relativo y que no hay nada mejor que otra cosa. Pero, claro, su afirmación es mejor que las otras.
El Espíritu en la visión aperspectivista contempla el mundo a través de multitud de puntos de vista. Un descentramiento más.
La antesala de la transpersonal
El yo real del estadio existencial no se contenta con las distracciones existenciales, no se consuela con lo trivial. La tarea fundamental del fulcro 6 es la emergencia del yo auténtico, del yo existencial y para ello el yo finito debe morir y los dioses míticos y la ciencia racional no pueden salvarlo. El descubrimiento del auténtico ser–en–el-mundo exige la asunción de la propia contingencia, de la propia mortalidad, de la propia finitud.
Los existencialistas han descubierto que mentimos sobre nuestra finitud, creando símbolos de inmortalidad, mentimos sobre nuestra propia responsabilidad ocultándonos en el Otro, o en el rebaño. La autenticidad existencial es prerrequisito imprescindible para entrar en el reino de lo transpersonal sin el lastre de las mitologías o arrebatos etnocéntricos.
La patología de este estadio es la falta de sentido. El yo existencial ha probado todo lo que el dominio de lo personal puede ofrecerle y no le resulta satisfactorio, pero sigue anclado en el dominio de lo personal. ¿Para qué intentar la “fortaleza” si todo termina convirtiéndose en polvo?
Para el alma existencial lo personal se ha convertido en algo insubstancial. Está en la antesala de lo transpersonal.
CAP. 12 LOS DOMINIOS SUPRACONSCIENTES
1ª PARTE
En el estadio del centauro el yo observador toma conciencia de la mente y el cuerpo y empieza a transcenderlos.
El yo observador conduce directamente a Dios, inserta nuestra conciencia en el Infinito. El yo observador es el Yo, Testigo, Presencia, Cristo, Buda… Vacuidad.
Donde la mente queda atrás
El Testigo ha estado presente desde el comienzo mismo, como la forma básica de consciencia, no es más que la consciencia de todo holón, pero, va haciéndose cada vez más patente a medida que evoluciona el proceso de crecimiento.
En el estadio del centauro la consciencia está empezando a desidentificarse de la mente, puede contemplarla, verla, experimentarla… se convierte en un objeto del Testigo.
Las tradiciones místicas aparecen en este momento de la evolución, cuando el yo abandona la mente y se basan en una serie de experiencias sobre la consciencia.
¿Qué sucede cuando la consciencia va más allá de la mente, hasta una dimensión que no se halla confinada al ego ni al yo individual?
El Yo observador termina desplegando su propio origen, que es el mismo Espíritu, la misma Vacuidad. En esas profundidades místicas el Yo se funde con el Yo del Kosmos en una Identidad Suprema que eclipsa la totalidad del mundo manifiesto. Se desata el nudo del yo separado.
Los estadios transpersonales
Un puñado de hombres y mujeres recorrieron a lo largo de los siglos estos caminos y nos dejaron un mapa detallado de los mismos. Basados en el estadio actual de la investigación podemos hablar de cuatro niveles: psíquico, sutil, causal, no dual, cada uno de los cuales proporciona una visión distinta del mundo: misticismo natural, misticismo teísta, misticismo informe, misticismo no dual. Se trata de estructuras básicas, niveles discretos e identificables y visiones del mundo muy concretas. Cada una de ellas posee una estructura, sensación de identidad, actitud moral, necesidades, etcétera, diferentes.
Pero siempre la acción real no tiene lugar en la escalera, sino en el escalador.
El desarrollo real del yo en estos estadios, como en todos, no es exactamente lineal, no obstante el centro de gravedad tiende a centrarse en torno a una determinada estructura.
Se puede ir más o menos aprisa, pero se han de superar todos y cada uno de los estadios.
El fulcro 7: El nivel psíquico
A mi juicio (K.W.) constituye un estadio de transición entre la realidad cotidiana ordinaria y los dominios transpersonales. Aumenta la posibilidad de ocurrencia de fenómenos paranormales. En él una persona puede disolver provisionalmente la sensación de identidad separada y experimentar el misticismo natural. En este estadio no hay separación entre sujeto y objeto, entre el yo y el mundo natural. No hay dentro y fuera. El Yo Superior puede ser llamado el Yo eco-noético, o Alma del Mundo.
No es un salto brusco, se viene preparando desde el primer nivel o fulcro 1. Éste es un paso más hacia delante en el camino que conduce a la experiencia real de la identidad esencial del hombre con todos los seres vivos. La conciencia mundicéntrica es un paso más, una superación de los prejuicios antropocéntricos. Cada nueva emergencia es ir descubriendo más aspectos del mundo externo como algo realmente interno, integrándolo como una parte de tu propio ser. Es como si una mañana se despertasen las moléculas y tomaran consciencia de que los átomos están dentro de ella, formando parte de su propio ser. Es despertarse una mañana y descubrir que la naturaleza forma parte de ti mismo (no a la inversa) y en consecuencia se cambia la forma de tratarla.
La consciencia transpersonal no es el fruto de una transformación de un solo paso, sino fruto de un muy largo proceso de transformaciones.
La ecología profunda y el ecofeminismo
La experiencia fundamental de la ecología profunda: descubra ese Yo profundo que engloba la naturaleza y luego trátela con el mismo respeto con que se trataría a sí mismo.
Pero, reducen esta experiencia a la Mano Derecha, al cuadrante inferior derecho, concluyendo: todos somos hebras de la gran red, cayendo en un holismo empírico que sólo tiene en cuenta la dimensión funcional y externa, es más negando la existencia de toda interioridad.
Pero, en la experiencia mística usted no es una hebra de la gran red, sino que es la totalidad de la red. Usted hace algo que una simple hebra no podría hacer, transcender la red y fundirse con la totalidad.
Interpretar esta experiencia en términos de sistemas de redes de vida es muy pobre interpretación.
Desarrollo de la argumentación contra los ecologistas…página 276.
Le experiencia es muy genuina, pero la interpretación muy inadecuada.
No queremos quedar atrapados en un chato mapa holístico que es el paradigma fundamental de la Ilustración, que no tiene en cuenta para nada la profundidad de la Mano Izquierda. Que reduce todo “yo” y todo “nosotros” a “ellos” interrelacionados, toda profundidad interior a mero ajuste funcional y todas las dimensiones translóguicas y dialóguicas a monológuicas.
El eneagrama y el esqueleto básico
Todos los desarrollos del nivel psíquico comparten el hecho de tener un pie en el reino ordinario y personal y el otro en los dominios transpersonales.
Todos las fenómenos psíquicos comparten la misma estructura profunda, la que supone haber comenzado a transcender en la realidad ordinaria. (Algunos de estos fenómenos: viajes chamánicos, sensación abrumadora de lo numinoso, despertar espiritual espontáneo, liberación de traumas del pasado…)
Todos estos fenómenos son objetos que pueden ser percibidos en este nuevo espacio psíquico del mundo, como en el mundo sensoriomotor se perciben las piedras… Para percibirlos la cognición se ha de desarrollar hasta el nivel 7, el psíquico.
Cualquier nivel de conciencia es un espacio más amplio (que el anterior nivel) del mundo en el que puede presentarse un amplio abanico de fenómenos.
Los niveles no expresan más que el esqueleto al que hay que dotar de carne. Así está la teoría de las inteligencias múltiples de Martín Gadner (talento musical, artístico, atlético, matemático…) Las estructuras básicas inferiores no son eliminadas, sino transcendidas, y, por tanto, integradas por las superiores. No desaparecen sino que adquieren nuevas dimensiones psíquicas. Hay, además, una gran variedad de tipos que se presentan en cada uno de los niveles de conciencia.
El eneagrama: presenta nueve tipos fundamentales de personalidad, presentes en cualquier nivel de conciencia (9*9 = 81) Cuando comienza a desarrollarse, durante los tres primeros fulcros, la personalidad tiende a instalarse en uno de los nueve tipos eneagramáticos, dependiendo sobre todo de la disposición innata de los mecanismos de defensa. Estos tipos dominan la consciencia hasta el fulcro 7, el comienzo del dominio transpersonal, en donde se empieza a transformar en su correspondiente sabiduría.
Es una idea tántrica: si se entra despierto en un estado inferior, se terminará transformando ese estado en su correspondiente sabiduría. Así en los niveles superiores los tipos eneagramáticos posibilitan también el despliegue de la sabiduría correspondiente. El eneagrama no cubre bien las dimensiones sutiles o causales, pero incorpora la sabiduría psíquica transpersonal.
En todo caso los tipos y los niveles cubren las dimensiones horizontales y verticales.
Es un ejemplo de cómo se va articulando el esqueleto básico.
Fulcro 8. El nivel sutil
El nivel “sutil” simplemente se refiere a aquellos procesos que son más sutiles que la consciencia vigílica ordinaria, las iluminaciones, sonidos interiores,… los estados expandidos del amor y la compasión,… y también los estados patológicos sutiles.
Es el misticismo teísta. El estado de fusión den la Deidad es el comienzo del fulcro 8.
(El misticismo natural: Nirmanakaya. El misticismo teísta: Samboghakaya. El misticismo causal: Dharmakaya)
Las estructuras profundas de los niveles superiores se hallan presentes de manera potencial en todos los seres humanos, pero al irse desplegando sus estructuras superficiales reales van siendo moldeadas por los cuatro cuadrantes.
Las profundidades deben ser interpretadas y esas interpretaciones son imposibles fuera del contexto que proporciona las herramientas de la interpretación, el sustrato de la interpretación. Las estructuras profundas están dadas, pero no las superficiales, y la experiencia misma tiene un componente interpretativo que supone la existencia de unos sustratos que no existen en el psiquismo individual (culturales, conductuales…)
Pero la realidad básica de la experiencia interior sutil no es algo construido artificialmente por la cultura, sino que está ahí, es un acontecimiento ontológicamente real, aunque no está en los niveles inferiores. Esas experiencias existen en el espacio sutil y ahí es donde hay que buscarlas.
Jung y los arquetipos
Los arquetipos jungianos son formas psíquicas primordiales heredadas. Representan experiencias típicas comunes a las que se han visto expuestos todos los seres humanos en todo tiempo y lugar: experiencia del nacimiento, de la madre, del padre, de la sombra, del viejo hombre sabio, del mentiroso, del ego, del ánima y del ánimus (femenino y masculino) Es una sedimentación en el psiquismo humano de millones y millones de experiencias…
El análisis jungiano analiza e interpreta el inconsciente individual y el estrato colectivo en el que éste se halla inmerso. Los arquetipos jungianos son colectivos, no transpersonales. La mayor parte de los arquetipos pertenecen a las etapas mágica y mítica.
Colectivo no es igual a transpersonal, espiritual, ni místico.
Hay algún tipo de arquetipo jungiano raquíticamente transrracional como el hombre sabio, el mandala, el yo…
Los arquetipos reales.
Los arquetipos reales son (según todas las tradiciones místicas) las semillas-formas sutiles de las que depende toda manifestación, son las primeras formas básicas que emanan de la Vacuidad y de las que depende toda forma posterior, son la pauta original, el molde primordial, son una Consciencia comparada con la cual toda cognición es un mero reflejo. Son una experiencia meditativa imposible de comprender hasta que se realice la experiencia.
CAP 11 LOS DOMINIOS DE LO SUPRACONSCIENTE
SEGUNDA PARTE
Los arquetipos nos permiten contemplar el Rostro de lo Divino, y esto no puede ser desdeñado como “pura metafísica”. Si no se hace la experiencia meditativa y se descubren los datos por uno mismo, no se puede negar su existencia. Después de la experiencia vendrá la interpretación. No se puede demostrar el Teorema de Pitágoras a quien esté en el nivel mágico… Tampoco las experiencias sutiles a quien está en los estados inferiores. Hay que practicar: meditar.
El fulcro 9. Lo causal
Fulcro9: La Vacuidad pura. Estado de consciencia discreto, identificable, es absorción, cesación sin manifestación. Equiparable al estado de sueño sin sueños. No se experimenta como un vacío, sino como una plenitud que ninguna manifestación puede llegar a contener. Este Yo puro que nunca puede ser visto como objeto es la Vacuidad pura.
Todo lo que sabemos sobre nosotros son objetos de nuestra consciencia, no son el Yo observador, son lo que se ve, no El que ve. Cuando nos describimos a nosotros mismos enumeramos una retahíla de identidades erróneas, que no son el Testigo.
Hay que dar un paso atrás y desindentificarnos del cualquier objeto. El que ve no es pensamiento, ni sensación, ni objeto… es lo que contempla todo esto, pero que no puede ser contemplado. El yo que se contempla contemplando tampoco es el Yo, pues éste no puede verse, no es objeto.
Permanecer en la Consciencia observadora, contemplándolo todo es una experiencia enorme de sensación de libertad, sensación de no estar atado a ninguno de los objetos vistos. Se es una inmensa libertad, se es apertura, claro, Vacuidad.
Cualquier intento de ver al Testigo puro es identificarse con el tiempo, porque el Testigo está fuera de la corriente del tiempo y del espacio, no es objeto, ni sujeto alguno.
Nosotros identificamos Quien ve con las menudencias que pueden ser vistas t éste es el origen mismo de la esclavitud. El Testigo es la ausencia de todo sujeto y de todo objeto, es la liberación de todo esto. El Testigo puro no está en la corriente del nacimiento y la muerte, es no nacido, no viene, ni va; no es que permanezca después de la muerte, es que ni siquiera está en la corriente.
Y esta Vacuidad no nacida es la que nos permite liberarnos de lo nacido, del sufrimiento inherente al espacio y ala tiempo…
No es difícil entrar en contacto con el Testigo, pero, vivir desde esa Libertad es algo muy diferente. El Testigo es lo Causal sin manifestar, el sustrato creativo de todas las otras dimensiones, es Dios, Tao, Alá, Brahman… Capacidad “Autotranscendente”.
Vacuidad, creatividad, holones… que se desarrollan siguiendo los veinte principios, o sea, la forma en que se despliega la pauta de toda manifestación. Esta pauta encarna el impulso creativo a alcanzar mayor profundidad… mayor desarrollo que finalmente retorna a su sustrato infinito en la Vacuidad, que no es un emergente, sino el sustrato s9in fundamento y que estaba presente desde el comienzo en la profundidad de todo holón.
Lo no dual
Para las tradiciones no duales la cesación no es el estado último. La sensación de ser un Testigo “aquí” termina desvaneciéndose y el Testigo resulta ser idéntico a lo atestiguado.
Es el segundo significado de la Vacuidad, no es un estado discreto, sino el sustrato de todos los estados, la realidad misma de todos ellos.
No se contempla el cielo, se es el cielo. No hay nadie contemplado el paisaje, se es el paisaje, hay sólo paisaje. El mundo real le viene dado de forma inmediata de una sola vez, en una sola sensación, en un solo Sabor.
El mundo real viene dado de forma inmediata, de una sola vez, no una aquí y otra ahí. Es un singular que carece de plural… La dualidad es ajena a la inmediatez de la experiencia. La experiencia real antes de que usted (todo el libro está escrito en forma de diálogo) la cercene es ajena a toda dualidad. En la experiencia de la montaña, usted es usted y la montaña. Montaña, pero son dos facetas de una sola experiencia, de la misma experiencia.
Si usted se relaja en la experiencia presente, la sensación de identidad separada desaparecerá, usted dejará de contraerse ante la vida, ya no tendrá una experiencia, sino que se convertirá en experiencia. Ya no se halla en el cuerpo-mente, porque éste ha desaparecido, ya no hay usted, sino el mero despliegue de lo numinoso emanando espontáneamente instante tras instante en una dimensión en la que no hay lugar alguno en el que encontrar al yo separado.
Usted es Vacuidad pura, “es el sonido de una mano aplaudiendo”. Ya no hay nada ajeno. Todo es Kosmos, Totalidad.
Pero este estado no es algo que se pueda alcanzar, porque es la condición misma de toda experiencia antes de que usted la cercene. Es anterior al esfuerzo, es el mundo real antes de que usted haga algo con él. Es un estado del que resulta imposible salir, usted siempre ha estado en él, nunca ha salido de él, nunca ha habido un solo instante en el que no estuviera contemplando su Rostro Original. Y el objetivo de las tradiciones no duales n0o es producir este estado, sino señalárselo.
Los dualismos siguen apareciendo en este mundo, pero son verdades relativas, no son la última palabra.
El problema de dualismo no puede resolverse, sólo puede disolverse en el sustrato primordial no relativo. Deja a los dualismos tal cual son, poseyendo una cierta realidad relativa y convencional.
La inmediatez de la presencia pura
William James y Bertrand Russell estaban de acuerdo en este punto crucial: la no dualidad de sujeto y objeto en la conciencia inmediata.
La experiencia pura no está dividida en exterior e interior, en ella no hay dualidad.
No es difícil tener un atisbo, un sabor, una vislumbre de lo no dual, y éste es el comienzo. Cuando usted descansa en este estado no creado de inmediatez pura… comienzan a ocurrir cosas raras. Todas las tendencias subjetivas con las que usted se había identificado comienzan a consumirse en el fuego liberador de la no dualidad. Pero las muertes de estos yoes son muy intensas. Usted no tiene que hacer nada, sólo se mantiene ahí.
Poco importa el tipo de experiencia que aparezca porque el estado natural, no dual, es anterior a la experiencia. Usted debe permanecer en ese esfuerzo sin esfuerzo durante un tiempo y morir de continuo esas pequeñas muertes.
La iluminación
Pero los dualismos siguen presentándose. Es la dinámica misma de la manifestación. El Espíritu se manifiesta como sujeto y objeto, de forma singular y plural… Nosotros no podemos suprimir la existencia de esos cuadrantes, pero sí ver a través de ellos hasta atisbar su misma Fuente. Esto es muy fácil y lo más difícil.
Existen dos escuelas sobre el estado iluminado: causal y no dual.
Las tradiciones no duales no tratan de cambiar su estado, sino de despertar su reconocimiento de lo que siempre ha sido.
La naturaleza Esencial de todo estado ya tiene Un Solo Sabor y siempre está ante nuestros propios ojos. Hay que aprender a descubrirla, como el juego de descubrir las palabras en un conjunto informe (aparente) de letras…
La Esencia de las tradiciones no duales es: Morar en la Vacuidad y abrazar toda Forma. La Liberación está en la Vacuidad, pero ésta abraza toda Forma como un espejo refleja todos los objetos.
TERCERA PARTE. EL MUNDO CHATO
Cap. 14 Los ascendentes y los descendentes
Resumen de lo visto hasta el momento:
- De la Vacuidad emergen creativamente los holones y evolucionan siguiendo los veinte principios.
- Todos los holones poseen cuatro capacidades (individualidad, comunión, autotranscendencia, autodisolución) El motor de la evolución es el impulso autotranscendente, y su desarrollo es holárquico. Los holones evolucionan a mayor profundidad, y cuanto mayor es ésta, mayor es su conciencia y mayor el riesgo de tener problemas.
La evolución es un proceso dialéctico.
Cada holón presenta cuatro facetas: individual – colectivo, interior – exterior.
En los seres humanos la reflexión sobre los cuatro cuadrantes les lleva a tener consciencia de su situación y conciben varios tipos de conocimiento, varios tipos de búsqueda de la verdad y de pruebas de validez: verdad, veracidad, rectitud, ajuste funcional.
Las dos dimensiones exteriores pueden ser descritas con el lenguaje del ello. Los cuatro cuadrantes se resumen en el Gran Tres: Bello, Bueno y Verdadero; yo moral, ciencia; arte, ética y objetividad.
El lenguaje del ello requiere un abordaje empírico, el del yo y del nosotros requiere la interpretación. Las superficies pueden ser vistas, pero las profundidades han de ser interpretadas.
Los cuatro cuadrantes son irreducibles unos a otros. No podemos fijarnos sólo en los aspectos exteriores.
En la evolución interior se procede de lo prepersonal a lo personal y después a lo transpersonal. La evolución interior implica una escalera de estructuras básicas, un escalador o fulcros y un paisaje o visión del mundo. Así la sensación de identidad, las necesidades y la actitud moral discurren a través de los diversos estadios (fisiocéntrico, biocéntrico, egocéntrico, etnocéntrico,…) y las patologías propias de cada estadio.
Se han visto someramente los cuatro estadios superiores (psíquico, sutil, causal, no dual) y sus misticismos correspondientes.
A lo largo de nuestra evolución de conciencia colectiva futura han de surgir los estadios transpersonales, y lo harán en los cuatro cuadrantes (intencional, conductual, cultural y social) Está aún por ver las formas que asumirá dicha evolución.
El Espíritu deviene cada vez más consciente de su condición. De subconsciente a autoconsciente y a supraconsciente. El mismo Espíritu que ha estado plenamente presente a lo largo de todo el proceso de desarrollo. Así las Formas se revelan como el despliegue creativo de la Vacuidad en un universo de Un Solo Sabor. No existe ningún punto final, sólo la incesante gracia de la Vacuidad.
Así es como va desplegándose el luminoso juego, gesto atemporal tras gesto atemporal… extasiado en su perfecta entrega… maravillosa danza autoliberadora… sin que haya nadie para contemplarla, ni cantarle alabanzas.
La Gran Holoarquía
El hecho es que el sustrato cultural de la mayor parte de la historia de la humanidad contiene algún tipo de Gran Holoarquía.
La Gran Holoarquía ha sido la filosofía oficial predominante durante casi toda la existencia de la mayor parte de la humanidad.
Esta situación acabó en Occidente con la Ilustración, empeñada en cartografiar la Gran Holoarquía con el mapa monológuico y empírico. Y la mirada monológuica no puede acceder a lo interior, por tanto el yo y el nosotros desaparecieron de la vista, y se negó su existencia. Se decidió el mundo chato, en el que solo está lo grande y lo pequeño, pero no lo mejor y lo peor. Sólo lo cuantificable. Un mundo descualificado, despojado de valores y sentido, de conciencia y cualidades. Se produjo el colapso del Kosmos, y todo se quiso reducir al cosmos.
Y el Occidente moderno perdió el contacto con la Gran Holoarquía.
Lo intramundano versus lo ultramundano
Existen en la Gran Holoarquía dos direcciones posibles, la ascendente (transcendente o ultramundana) y la descendente (inmanente o intramundana)
Pese a la opinión de siglos Platón no es un filósofo ascendente, sino que reconoce la importancia de ambos movimientos. Reconoce que toda creación es una manifestación perfecta del Espíritu, porque el Uno se derrama en todas las formas.
Estas dos corrientes que debieron permanecer siempre unidas en la historia, se separaron y originaron una contienda. Pero tanto en Platón como en Plotino ambas corrientes se hallaban fundidas.
Plotino nos ofrece una Gran Holoarquía, una jerarquía anidada en la que disponemos de dos posibles movimientos: ascendente y descendente, a los que Plotino llamaba Flujo y Reflujo.
Los gnósticos llegaron a descubrir el Uno causal, pero no llegaron al no dual. Son ascendentes. Plotino acusa a los gnósticos de profanar las creaciones del Espíritu.
La sabiduría y la compasión
El camino de ascenso es el camino de la sabiduría, el descenso es el de la compasión.
El de ascenso o sabiduría, o prajna, nos permite ver que Toda Forma es Vacuidad. El de descenso o compasión, o karuna, nos permite ver que la Vacuidad es Forma. La Sabiduría nos permite advertir que los muchos son Uno, y la Compasión que el Uno es muchos. Sabiduría = Eros, Compasión = Ágape. Eros = Dios y Ágape = Divinidad.
Eros lucha por el bien del Uno en la sabiduría transcendente, mientras que Ágape engloba a los muchos con un respeto divino por todo lo inmanente.
Dos dioses diferentes
La guerra entre los ascendentes y los descendentes ha terminado convirtiéndose en el problema central característico de la mente occidental.
Durante el milenio que va de S. Agustín a Copérnico el ideal de Occidente es ascendente fundamentalmente. Las corrientes ascendentes existen en toda sociedad agraria, que tiende a afirmar la ilusoriedad de este mundo y terminan condenando la tierra, el cuerpo, los sentidos, la sexualidad, la mujer…
La vida está bien, pero lo realmente importante viene después de la muerte…
Con el Renacimiento todo empezó a cambiar… y los ascendentes fueron reemplazados por los descendentes. Para el modernismo lo ascendente se convierte en el nuevo pecado. La asunción de lo descendente sin atisbar mínimamente lo ascendente es el origen de la visión de un mundo chato, sin sentido ni espiritualidad.
Este marco de referencia chato y descendente ha determinado la condición moderna y postmoderna.
Para el mundo moderno la salvación, venga de la política, de la ciencia, de la sexualidad… sólo puede ser encontrada en esta tierra, en el mundo de los fenómenos, en la pura inmanencia… no existe nada transcendente, superior. Es la visión chata del mundo.
La visión descendente se halla tan arraigada en la cultura occidental que hasta los activistas del nuevo paradigma están atrapados en sus garras.. el marco de referencia descendente impregna por igual la ortodoxia y la vanguardia… lo industrial y lo ecológico. Y esta visión es una de las causas de la crisis ecológica.
Cap 15. EL COLAPSO DEL KOSMOS
El gran obstáculo que encontró la evolución al llegar al Renacimiento e Ilustración fue la no diferenciación del Gran Tres. Pero e la diferenciación pasó a la disociación y a la negación de la existencia del yo y el nosotros. Y la dignidad de la Ilustración se convirtió en miseria.
El esplendor de la modernidad
En la era agraria los determinantes biológicos eran determinantes culturales. No se había diferenciado el Gran Tres, la noosfera y la biosfera permanecían indiferenciadas. Lo único importante era la fuerza masculina. Al separar yo, cultura y naturaleza aparece el poder de la mente, de la razón y la mujer se independiza, empieza la abolición de la esclavitud, aparecen las democracias, la sociedad deja de ser agraria y se va convirtiendo en industrial-racional.
El dios mítico es agrario y etnocéntrico, es el dios de un pueblo concreto, o el de todos los pueblos que le rindan pleitesía, o un dios mundicéntrico por derecho de conquista militar. Este tipo de jerarquías de dominio suele tener una sola cabeza (papa, rey, khan…) que se halla en la cúspide y bajo la cual se despliegan diversos niveles de servidumbre. Todas estas sociedades guerrearon en nombre de su dios, o diosa, mítico predilecto, ante el cual debían postrarse todos los seres humanos.
En consecuencia la Edad de la Razón fue también la de la Revolución en contra de las grandes jerarquías de dominio.
Desde una postura postconvencional todas las personas son merecedoras de las mismas oportunidades.
En cambio en la estructura agraria no se podía ni pensar en la emancipación de los esclavos, era insostenible la estructura.
La miseria de la modernidad
De la diferenciación del Gran Tres se pasó a la disociación y de ahí a la negación de todo lo no empírico. El cientificismo quiso acaparar toda la verdad y todo conocimiento. Y el Gran Tres se colapsó en el Gran Uno y la ciencia empírica se arrogó la facultad de pronunciarse sobre la realidad última, y se excedió de sus dominios. Se determinó que lo único real eran los “ellos” objetivos poseedores de localización simple. El Espíritu y la Mente desaparecen, y lo mismo la supraconsciencia y la autoconsciencia, sólo queda el inconsciente inserto en un vasto sistema de ellos interrelacionados.
Cuando lo único realmente real son “ellos” objetivos poseedores de localización simple, la mente misma se convierte en una tabula rasa que debe ser llenada con imágenes de la única realidad existente, la naturaleza objetiva y sensorial. Entonces el Espíritu y la Mente desaparecen y lo único que existe es la naturaleza empírica
La racionalidad instrumental: un mundo de “ellos”
¿Por qué la ciencia aplastó los otros dominios? Confluyeron dos elementos: los logros alcanzados por la ciencia empírica (todos dominios del “ello”) y las extraordinarias transformaciones logradas por la industrialización (también dominios del “ello”) Dos fuerzas a favor del “ello”.
Las bases tecnoeconómicas de una civilización imponen las formas concretas en las que se puede mover una determinada cultura. No es que determine la superestructura cultural (marxismo), sino que impone los límites y la libertad de movimiento (el agua no puede salirse del vaso, pero no la produce el vaso "digo yo"). Ahora bien, la base industrial constituye también el fundamento de la productividad instrumental.
Toda cultura se desarrolla dentro de un marco de posibilidades que le proporciona su fundamento macroeconómico y, en este sentido, la industrialización favoreció el desarrollo de una mentalidad productiva, técnica e instrumental que enfatizó el dominio del “ello”.
Lo realmente esencial en esto es la presión ejercida por la base productiva sobre la conciencia para privilegiar el dominio del “ello”, para crear un mundo en el que el “ello” es lo único real. Tanto la ciencia atomista, como la holística se hallan al servicio del “ello”. La idea de que el cerebro forma parte de la naturaleza y de que la conciencia puede ser descubierta, mediante el estudio empírico del cerebro, supone una lamentable reducción a las superficies monológuicas. El cerebro forma parte de la naturaleza, pero la mente no forma parte del cerebro. La mente es una dimensión interna y su correlato externo es el cerebro, al que puedes ver. A la mente no la puedes ver, la has de interpretar, y para ello tienes que dialogar.
Cuando reducimos el Kosmos a la gran red de la naturaleza empírica, desnaturalizamos también el interior de la naturaleza. La dimensión interior carece de localización simple, sólo puede compartirse mediante la comunicación sincera, y a ella sólo se puede acceder por el diálogo y la interpretación.
Con el dominio del “ello” las únicas holoarquías ontológicas posibles se basarán en la extensión física, los órdenes de magnitud reemplazarán a los órdenes de significado, sólo se podrá discriminar la diferencia de tamaño.
La falacia de la localización simple: lo que puede ser localizado en un espacio físico no es realmente real. Y esto nos ha llevado a un universo sin sentido.
El paradigma fundamental de la Ilustración
Frase de Foucault, con la locura monológuica los hombres se transformaron en “objetos de información , nunca en sujetos de comunicación”.
El cientificismo apareció al mismo tiempo que las ciencias del hombre, el humanismo deshumanizado. Es la Era del Hombre de Foucault, porque se inventó al hombre como objeto de investigación.
Y hoy se conoce como conocimiento a la reducción de todos los sujetos a objetos en una gran red interrelacionada. La ironía de una racionalidad chata. El mundo se unidimensionalizó. Ni Espíritu, ni mente, sólo naturaleza sin interioridad. Al dios fragmentado ascendente, se le sustituyó por el dios fragmentado descendente. La naturaleza vacía, sin Espíritu, y el hombre moderno y postmoderno deambula entre los humeantes escombros de la quimera de buscar la salvación infinita en un mundo finito.
La ironía, el talante de la modernidad
La gran ironía de la modernidad ha sido conseguir la diferenciación del Gran Tres con sus avances y a la vez haber propiciado el colapso del Kosmos en las exterioridades absurdas y superficies sin significado. La misma razón que liberó a la humanidad está a punto de destruirla. ¡Una mayor libertad para ser superficial!
La ironía implica que el objetivo buscado y los resultados obtenidos son totalmente desproporcionados, la ironía es un tipo de mentira que permite que un falso yo suplante al verdadero.
El colapso del Gran Tres y la exaltación de la mera naturaleza empírica fue un proceso de achatamiento y superficialización. Ningún creyente mítico lo aceptaría.
El mundo moderno no tiene Espíritu sino ironía. La conciencia moderna y postmoderna ha asumido la extenuante misión de negar su propia existencia.
La voz del marco referencial industrial
Muy pocos, pese a lo que puedan decir, se hallan en condiciones de asumir una perspectiva mundicéntrica. Se tienen que haber superados los cinco o seis estadios anteriores. El único camino que nos lleva de verdad a esa consciencia es el de la Mano Izquierda. Y la industrialización nos ha llevado al mundo de la mononaturaleza de localización simple.
En otras culturas no descubrimos este colapso, pues la naturaleza es prediferenciada, o es una encarnación del Espíritu. ¡Nunca antes la naturaleza diferenciada se había equiparado a la realidad última! Este concepto de naturaleza es un producto de la industrialización. Si la naturaleza es la única realidad, o bien ésta es el Espíritu, como quieren los retrorrománticos, o no hay tal Espíritu, como sostienen los filósofos de la Ilustración, pero ambos estaban atrapados en la misma visión descendente.
Para Platón y para Plotino la naturaleza es una expresión del Espíritu, lo mismo que la mente.
Sólo en la aurora de la modernidad pudieron aparecer Marx, Feuerbach o Comte, los románticos y los ecofilósofos. De modo que el movimiento ecorromántico es un producto de la industria, no una rebelión contra ella, pues mantienen la ontología industrial de que la naturaleza es la única realidad. La religión de Gaia es una de las formas que asume la religión industrial.
En las eras mágica y arcaica no se había diferenciado la naturaleza, por tanto, no se adoraba.
El moderno marco de referencia descendente está destruyendo a Gaia porque la despoja de su interioridad. Y la religión de Gaia es uno de los principales mecanismos de transmisión del moderno marco de referencia descendente.
Sólo en la integración del Gran Tres y no en el dominio de uno de ellos, podemos hallar la salvación. Hay que volver a la transcendencia y luego descender a las formas.
Este marco de referencia descendente es en el que se haya instalado y estancado el mundo moderno y postmoderno, y es el marco de referencia que determina nuestros objetivos, nuestros deseos, nuestros logros y nuestra salvación.
Quienes más atrapados están en esta visión chata del mundo, son quienes más alto cantan sus alabanzas.
Cap. 16 El ego y el eco
La rebelión postilustrada empezó entre los siglos XVIII y XIX por las profundas contradicciones inherentes al paradigma fundamental de la Ilustración.
Ego versus eco
Las dos fuerzas enfrentadas fueron: la Ilustración racionalista y el romanticismo de la naturaleza. Y ambas eran fuerzas del marco de referencia descendente. La Ilustración racional y el romanticismo natural participaban de la misma ontología (industrial): zafarse por completo de todo lo ascendente, (no integrar lo ascendente y lo descendente en la Esencia no dual). Ambos participaban de la misma visión chata del mundo, pero la Ilustración lo hacía de un modo racional, calculado y metódico y los románticos se apoyaban en la sensación, sentimiento y emoción. Los románticos no querían controlar el mundo chato, sino fundirse con él. No Naturaleza, sino naturaleza.
Los dos hijos gemelos de la visión chata del mundo
Ambos afirmaban poseer la solución a los problemas de la disociación del Gran Tres. Ambos se movían en el marco descendente, pero en direcciones opuestas: El ego racional querían controlar e incluso sojuzgar la naturaleza. La vida en la naturaleza era sucia, cruel, pobre, corta, solitaria, amoral… “hay que emanciparse de la naturaleza”. Para los ecorrománticos esto era una ruptura, había que recuperar la armonía integrar al yo con la naturaleza y ambos con la corriente de la Vida cósmica.
Pero en ambos caso se trata de la misma naturaleza vacía del Espíritu, monológuica, la naturaleza como gran trama interrelacionada, como sistema de procesos empíricos. Como gran orden, que en sí mismo es la realidad última.
Y sin embargo, el problema de la disociación radica en que el marco de referencia es puramente descendente.
La verdad el ego
Ambos tenían sus verdades relativas. Para las fuerzas del ego: querían alejarse de la naturaleza porque ésta carece de valores morales conscientes, es amoral. En el mejor de los casos el mundo postmoderno tiene una moral mundicéntrica, la cual es inexistente en el mundo de la naturaleza sensorial. La moral mundicéntrica sólo la tiene un pequeño número de seres humanos, y supone haber transcendido muchas etapas anteriores. Sólo transcendiendo los impulsos egocéntricos, los compromisos inferiores, los deseos naturales y conformistas y asumiendo una actitud mundicéntrica podré descubrir mi yo más auténtico.
Kant se indignó con el empirismo chato e insensato de Hume y le respondió con la filosofía más exquisita elaborada en Occidente (¿?). A Kant se remontan casi todas las corrientes transcendentalistas modernas conocidas.
Resumiendo: la verdad del ego es que sólo es posible asumir una actitud superior y más inclusiva que permita el desarrollo de la tolerancia y de la compasión universal en las corrientes transcendentes del Kosmos.
El problema del ego
Las fuerzas del ego adolecen de graves limitaciones, Aunque todo lo que dice Kant es cierto, pero, aunque éste trató de superar la escisión existente entre el conocimiento de la moral y el de la naturaleza a través de la estética, no pudo conseguirlo. Kant reconoció que el gran fracaso de la modernidad fue no poder integrar el Gran Tres, y él tampoco pudo. Se llegó ala disociación.
El ego y la represión
La transcendencia del ego se convirtió en represión, el ego racional se elevó y terminó reprimiendo los impulsos naturales, la biosfera, y terminó arrancando sus propias raíces. Reprimió a la naturaleza tanto externa como interna, por eso apareció Freud. El ego terminó desencantando la naturaleza, cartografiándola mediante el conocimiento representacional.
Y todo esto indignó mucho a los ecorrománticos.
El reencantamiento del mundo
La rebelión romántica fue un alzamiento contra la represión del ego, que había ignorado sus raíces prepersonales y sus intuiciones transpersonales. Hay mucho de verdad en estas críticas. La escisión entre mente y naturaleza, entre mente y cuerpo, es para los románticos inadmisible. Ellos hablan de totalidad y unidad, los ilustrados de autonomía. La gran verdad romántica es la necesidad de salvar el abismo entre moral y naturaleza, y la de Kant es la necesidad de transcendencia.
Así se llegó al colapso filosófico, empate entre ambas fuerzas, y aún hoy es el problema crucial: ¿Cómo reconciliar el ego y el eco?
Para los defensores del ego la pregunta es ¿Cómo fundirse con la naturaleza sin abandonar la actitud moral mundicéntrica?
La respuesta romántica, muy pobre, se centraba en dos concepciones diferentes de la naturaleza. Para ellos la naturaleza lo abarca todo, pero de la que se ha desviado la cultura, y la está destruyendo. Pero, si la cultura se ha desviado de la naturaleza, ya no es Naturaleza, no lo abarca todo.
Los románticos comprometidos con un marco de referencia solamente descendente, confundieron naturaleza con Naturaleza, y terminaron equiparando al Espíritu con naturaleza sensorial. En la búsqueda de la Naturaleza los románticos terminaron en la naturaleza y cayeron en el agujero negro de su propio egoísmo, mientras seguían clamando el nombre de la divinidad.
El eco y la regresión
El colapso del Kosmos es el de la Naturaleza en la naturaleza.
Si se permanece abierto a las experiencias espirituales y a la vez fiel a la ontología industrial, se termina equiparando el Espíritu con naturaleza. La intuición es válida, pero la interpretación inadecuada. Y en vez de avanzar evolutivamente hacia la emergencia de la Naturaleza, se volverá a la naturaleza, a los fulcros anteriores a la racionalidad.
Esta regresión es lo distintivo de los movimientos románticos y ecofilósofos de hoy.
La única realidad espiritual para los ecorrománticos es la naturaleza, o biosfera, y la cultura la destruye necesariamente, por tanto es antiespiritual. Para estos movimientos la recuperación del paraíso perdido exige el regreso a formas de vida originales y primordiales, y toda la evolución ha sido un tremendo error.
El paraíso perdido
Este error se ha cometido en muchos dominios. La modernidad logró diferenciar el Gran Tres, pero fue demasiado lejos y la convirtió en disociación. Los románticos reaccionaron, pero creyeron que el problema estaba en la diferenciación (preludio necesario para la integración), y no en la disociación. Concluyeron que el hombre tenía que retroceder al período anterior a la diferenciación. Así se eliminaban los problemas de la disociación, pero se anulaban las ventajas de la diferenciación.
La cultura convencional es muy poco espiritual, pero hay que avanzar a lo postconvencional, no retroceder a lo preconvencional. Se trata de una regresión de la noosfera a la biosfera, cosa que le libra de las miserias de la modernidad y de sus ventajas. Lo que se hace es curar una represión con una regresión.
Si en la dinámica del ego se niega la transcendencia, se queda uno ahí, en el ego y no se da más. Pero los ecorrománticos tienen auténticas experiencias espirituales, que luego las interpretan inadecuadamente.
Usted puede contemplar la naturaleza, fundirse con el Alma del Mundo y experimentar que es uno con la naturaleza. Pero se ha de tener en cuenta que la naturaleza no es la fuente de esta intuición. Un animal con los sentidos mucho más desarrollados que los nuestros no siente esta experiencia. Se interpreta este éxtasis en un marco de referencia descendente, un marco de ontología industrial, y se confunde al Espíritu con la naturaleza, se le atribuye a la naturaleza sensorial lo que es del Espíritu postconvencional.
Si usted cree que el Espíritu, el Alma del Mundo, es un simple impacto sensorial, no se dará cuenta de que la cultura constituye una parte necesaria del camino evolutivo que conduce a una aprehensión consciente del Espíritu, y concluirá que la cultura oculta y distorsiona la mononaturaleza, en la que supuestamente reside su “yo real”.
La pesadilla retrorromántica es que soslaya por completo la causa real de los problemas de la modernidad: Diferenciación del Gran Tres, colapso en el Gran Uno y ontología industrial.
La sabiduría ecológica no es vivir de acuerdo con la naturaleza, sino ponernos de acuerdo en cómo vivir de acuerdo con la naturaleza. Es u problema intersubjetivo, de la noosfera, no una inmersión en la biosfera.
Es éste un error regresivo.
La maquinaria de la regresión
Los ecorrománticos en su regresión fueron en busca del paraíso perdido, pero no anhelaban el Espíritu atemporal, sino uno hipotéticamente presente en algún momento del pasado.
Fueron primero a Grecia, pero como ésta tenía una estructura agraria, eran patriarcales, y se fueron a culturas hortícolas, y de éstas a las recolectoras y cazadoras. Pero todas tienen acentuados aspectos desagradables, que los eco han terminado ignorando.
Terminan curando la enfermedad desembarazándose de la profundidad y siendo cada vez más superficiales.
CAP. 17 EL DOMINIO DE LOS DESCENDENTES
Schelling: integración de la mente y la naturaleza.
La Ilustración logró diferenciar la mente de la naturaleza y olvidó el sustrato transcendental que los unifica. Así terminó en la disociación. El paradigma de esta disociación es la investigación científica, el paradigma de la representación: la mente refleja la naturaleza.
Según Schelling este paradigma abrió una grieta, hizo a los seres humanos objetos de sí mismos y deshumanizó el humanismo. Schelling terminó transcendiendo el romanticismo y rechazando cualquier tipo de regresión a la naturaleza. Para él hay que ir más allá de la razón para descubrir que mente y naturaleza son dos movimientos del mismo Espíritu, que se manifiesta en los diferentes estadios sucesivos del desarrollo.
El Espíritu no es Uno se parado de los muchos, sino el mismo proceso mediante el cual es Uno se expresa a través de los muchos.
La evolución: el despliegue en el tiempo de la Gran Holoarquía.
El concepto no nació con Darwin. A partir de Leibniz los teóricos comenzaron a comprender que la Gran Cadena no es una Holoarquía que viene dada de una vez por todas, sino que va desplegándose en el tiempo. Un tiempo histórico inmensamente largo.
Y la Gran Cadena no tiene huecos, la plenitud del Espíritu llena todos los huecos, de ahí que no haya “eslabones perdidos”. Por tanto la idea de evolución era muy común antes de Darwin. (Giordano Bruno dedujo la vida en otros planetas). De hecho todo se remonta hasta Plotino.
La modernidad atada a una mano descendente, nos ofrece una evolución que acaba en la razón y no la transciende. La contribución de Darwin no fue a la teoría de la evolución, sino la teoría de la evolución por medio de la selección natural. Una teoría que en modo alguno puede explicar la macroevolución.
Los tres filósofos que más han influido en la mente occidental: Platón, Plotino y Schelling.
La idea que domina en la cultura actual es la de evolución.
La evolución: el Espíritu - en - acción
Para Schelling el proceso evolutivo es aún un proceso espiritual y se halla presente en todos y cada uno de los procesos del desarrollo en forma del mismo proceso. Y lo mismo dice Hegel, su amigo y discípulo. Para Schelling la única realidad esencial es el Espíritu, no la naturaleza, ni la mente.
El Espíritu desciende a la naturaleza, la crea y ésta no es más que Espíritu objetivo, la mente Espíritu subjetivo. L a naturaleza no es un estúpido sustrato mecánico, sino que es esencialmente espiritual, aunque ese Espíritu se halle todavía aletargado. Con la emergencia de la mente es Espíritu comienza a tomar conciencia de sí mismo, y así introduce la conciencia moral.
Para Schelling tanto la naturaleza como el ego son fases del arco total de la evolución del Espíritu. En lugar de retrotraernos al momento anterior a la diferenciación, hemos de avanzar en la evolución para superar el momento de autoafirmación “absolutistas” del ego y del eco. Para él el acto no dual de autoconocimiento del Espíritu de sí mismo es la síntesis del ego y del eco, una intuición mística directa que no se ve mediada por ninguna forma (ni la de la naturaleza objetiva, ni la de la mente subjetiva)
El Espíritu se conoce a sí mismo objetivamente como naturaleza, subjetivamente como mente y absolutamente como Espíritu.
Estos tres grandes momentos son subconsciente, consciente y supraconsciente, o prepersonal, personal y transpersonal, o prerracional, racional y transracional, o biosfera, noosfera y teosfera…
La intuición esencial de Schelling es que el Espíritu que se actualiza en forma consciente en la Suprema Identidad es el mismo Espíritu que ha estado presente desde el comienzo como la totalidad del proceso evolutivo.
Existe una profunda integración entre ego y eco, entre lo ascendente y lo descendente… el Espíritu se halla plenamente presente en todos y cada uno de los estadios de la evolución en forma de mismo proceso de autorrealización, y va desplegándose cada vez más plenamente a lo largo del proceso.
Se diferencia de los románticos en que el Espíritu transciende la naturaleza, cosa nunca admitida por los románticos. Para ellos la naturaleza es lo único que existe y mente y Espíritu no son más que hebras de la red..
Como Plotino enseñaba el “otro mundo” siempre es este mundo visto de la manera adecuada.
El desvanecimiento de la visión
En pocas décadas el marco de referencia descendente terminó devorando el idealismo y promulgando la salvación gaiacéntrica.
Pero, no podemos quedarnos estancados en los idealistas.
Errores que cometieron:
1º no desarrollar una práctica auténticamente contemplativa, una práctica realmente espiritual. Carecían de una disciplina meditativa… por eso fueron interpretados como pura metafísica, pura representación monológuica. Carecían de un camino para reproducir la conciencia transpersonal.
2º las intuiciones profundas de los dominios transpersonales se expresaron casi siempre en términos de visión-lógicos, imponiendo a la razón un objetivo que nunca podrá alcanzar. Hegel en concreto identificó l Espíritu con la razón madura, “Lo real es racional y lo racional es real”
Por supuesto que Hegel sabía de la pobreza de las palabras, pero se empeñó en que la razón debía hablar el lenguaje de los ángeles. Y esto no hubiera sido un error si hubiera diseñado prácticas para el desarrollo evolutivo, como hicieron los maestros Zen, que disponen del zazen o meditación, que les sirve para asentar sus intuiciones en criterios experimentales. El Zen es mucho más que un simple proceso de cartografiado.
El idealismo al no tener una metodología para reproducir sus intuiciones, hace que estas no sean fácilmente reproducibles y tampoco falseables. “Mera especulación”
El dominio de los descendentes
El fracaso del idealismo dejó el camino libre a los descendentes. No tardó Feuerbach, discípulo de Hegel, en afirmar que cualquier tipo de espiritualidad, de ascenso, era una proyección potencial de los humanos en un “ultramundano” totalmente imaginario. Pero Feuerbach confundía lo mítico con lo transpersonal, lo ignoraba.
Y tras él, Marx y todo el mundo moderno sigue sus pasos: “No existe nada fuera de la naturaleza y los seres humanos”
Internet
Forma parte de la nueva base tecno-económica (cuadrante inferior derecho). Es en sí misma neutra, depende del uso.
La Red es una estructura exterior que no garantiza en absoluto la transformación interior. La humanidad se halla globalmente en gran parte en modalidades de conciencia preconvencionales egocéntricas y como mucho sociocéntricas, y la Red no cambiará esta conciencia, en todo caso está contribuyendo al estancamiento o a una regresión.
La religión de Gaia
Los principales problemas de Gaia no son la superpoblación, el agujero de ozono… sino la falta de comprensión y acuerdo mutuo en la noosfera en cómo afrontar estos problemas.
El hecho es que al despojarnos de la transcendencia el marco de referencia descendente nos despoja de la única posibilidad de salvar a Gaia, pues el logro de una moral mundicéntrica nos exige un proceso de crecimiento y transformación interior, pertenece al mundo del yo y el nosotros y no al del ello.
La terrible verdad de la condición moderna es que el odio a la transcendencia es la forma a través de la cual el marco de referencia descendente se reproduce en la conciencia de aquello mismo que está destruyendo.
CAP. 18 EL DESVELAMIENTO DE DIOS
La escritura en la pared
Muchas personas tienen intuiciones verdaderamente espirituales, pero, atrapadas en el marco descendente, las interpretan mal. Atrapadas en la disociación entre el yo, la cultura y la naturaleza interpretarán las intuiciones en función (los defensores del ego) del Yo superior, teniendo en cuenta los componentes intencionales, pero sin tener en cuenta los componentes conductuales, culturales y sociales, totalmente necesarios para una auténtica transformación, en tal caso el Yo Superior aparece como una especie de Yo hiperautónomo, que nada tiene que ver con los asuntos sociales, conductuales, culturales, que crea su propia realidad… O puede interpretar (los defensores del eco) estas intuiciones como fusión con la naturaleza, pero que interpretada como mononaturaleza, o naturaleza empírica, le impedirá transformarse interiormente y poder devenir uno con la Naturaleza (habrá experimentado una unión con la montaña, pero no ha devenido uno).
La disociación moderna se halla tan arraigada en la mentalidad moderna que la interpretar una experiencia espiritual se interpreta desde el mundo fragmentario del marco descendente de la modernidad, y así se exalta un cuadrante y se ignoran los otros, con lo que se deforma la intuición.
Las interpretaciones afortunadas de las intuiciones espirituales favorecen la emergencia de una nueva profundidad, pero las desafortunadas tienden a dificultarlas.
Y esto es porque las interpretaciones son llevadas a cabo desde un solo cuadrante y no rinden tributo a los cuatro cuadrantes, o lo que es lo mismo al Gran Tres: lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero. Fragmentan el pleno desarrollo del Espíritu.
El Yo superman
Parece con la interpretación desde el ego, como si el hecho de conectar con nuestro Yo Superior fuera a resolver todo tipo de problemas. ¡Como si el Yo real fuera superman! Pero, de hecho las cosas suceden al revés de lo que interpreta esta teoría. Cuanto más en contacto se halle el Yo Superior, más comprometido estará usted con el mundo y con los demás, como un componente de su auténtico Yo, el Yo en el que todos somos Uno. La Vacuidad es Forma. Cuando usted conecte con su Yo superior una de las primeras cosas que hará será comprometerse con el Mundo (dar de comer al elefante) y respetar cada uno de los holones como forma de manifestación de lo Divino. Aunque no todo sea igual, como veremos. Ciertamente en la Suprema Identidad, uno está asentado en la Libertad, que se manifiesta como compasión, atención y respeto.
Un Yo que ignore el resto de los cuadrantes aborta su propia realización y se mantendrá encerrado en su propia conciencia hasta llegar a secarse.
El maravilloso yo de la Gran Red de Gaia
Hay mucha gente buena con verdadera intuición del Espíritu, pero que la interpreta en términos del ello. Reduciendo el Espíritu a una especie de suma de todos los fenómenos o procesos interrelacionados en una gran red (cuadrante inferior derecho). Todo esto tiene mucho de verdad, pero es una visión sin las dimensiones interiores, es una interpretación monológuicas.
Tratan, frente al atomismo y el mecanicismo, desde la física, biología, teorías sistémicas… demostrar objetivamente que la naturaleza del universo es holística, pero todas ellas son ciencias monológuicas. Se trata de una interpretación genuina, pero, inadecuada del Espíritu, porque ignora las dimensiones del yo y del nosotros. No hacen más que hablar de la Totalidad, pero el mero hablar no cambia nada, sigue siendo una interpretación monológuica. Adoran a la biosfera, convertida románticamente en Biosfera y a su gran amada la naturaleza (no Naturaleza)
Una experiencia de fusión cósmica, no lo es con la naturaleza (mono), sino con los cuatro cuadrantes de la Naturaleza, no es con un mundo de localización simple, sino con el Espíritu que se manifiesta de cuatro formas siempre.
La sabiduría ecológica no consiste en vivir de acuerdo con la naturaleza, sino en ponernos de acuerdo en cómo vivir de acuerdo con la naturaleza, en cómo integrar el Gran Tres. Y este estado es un esfuerzo largo y arduo de transformación.
La actitud fundamental de los ecologistas y multiculturalistas de respetar las diferencias individuales sólo puede ser producto de una conciencia mundicéntrica, que aparece en los fulcros postconvencionales, y no el resultado de zambullirse en los preconvencionales (volver al hombre primitivo…). Estamos favoreciendo la superficialidad y la fragmentación.
Así sólo se alimenta la falta de crecimiento, de desarrollo, de transcendencia, de evolución; sólo se promueve la cultura de la regresión y la política del narcicismo.
Mas allá de la mente postmoderna
La modernidad es considerada por las grandes religiones como el gran movimiento antirreligioso. Y así es, pero mató al dios mítico. Pero el Espíritu está presente en todos los momentos del proceso. La razón es más profunda que el mito, y en este sentido represente un mayor desarrollo de las potencialidades del Espíritu. La razón libera la luz atrapada en el mito y la distribuye entre los oprimidos de la tierra, liberándolos de sus cadenas.
Las alabanzas al pasado y el odio al presente suelen basarse en una falsa comparación. Se coge lo peor de esta cultura y se compara con lo mejor del pasado.
Por supuesto que hay que ir más allá de la mente postmoderna, pero no regresando a épocas anteriores, sino transcendiéndola.
Cada época de la evolución humana parece girar n torno a una idea central.
Recolectora: El Espíritu está integrado en el cuerpo de la tierra.
Hortícola: Pero el Espíritu exige sacrificio.
Agraria: Los distintos pasos del desarrollo del Espíritu están, de hecho, dispuestos según la Gran Cadena del Ser.
Modernidad: La Gran Cadena se despliega en el tiempo evolutivo.
Postmodernidad: Nada está dado, el mundo no es tanto una percepción, como una interpretación. (No es la locura aperspectivista).
Y los pensadores religiosos antimodernos se hallan atrapados en la visión agrícola del mundo y ni siquiera comprenden la modernidad y postmodernidad. No parecen comprender las manifestaciones modernas del Espíritu y menos aún las postmodernas.
Para éstas no existe nada predado, para la mentalidad agraria, todo lo contrario, todo está eternamente ahí, más allá del despliegue del tiempo y del desarrollo.
Y es precisamente la identificación del Espíritu con la visión agraria la que impide el reconocimiento moderno y postmoderno del Espíritu.
La transformación del mundo y el abismo cultural
A trompicones en el mundo ha habido un proceso de transformación de una sociedad racional-industrial a una informática visión-lógica. No es una transformación espiritual, pero sí muy profunda .
A lo largo de su historia la raza humana ha experimentado seis grandes transformaciones culturales (inf. izdo.) que se suelen resumir en tres: agraria, industrial e informática. Estamos al comienzo de la tercera-sexta o “tercera ola”
Esta transformación está impulsada por una base tecno-económica de transferencia de información digital (inferior derecho), que conlleva una nueva visión del mundo con un nuevo centro de gravedad socio cultural, la sociedad visión-lógica informática, con una nueva modalidad del yo, un yo centáurico con nuevas pautas intencionales y conductuales (superior izquierdo) que debe integrar su materia, su cuerpo y su mente para ajustar funcionalmente su conducta (superior derecho) al nuevo espacio del mundo.
Pero esto corresponde a un orden muy elevado y supone una terrible carga sobre el mundo.
Cuanto mayor es la profundidad de la transcendencia, mayor es la dificultad que conlleva la inclusión. Y la pesadilla es que pese al espacio superior del mundo, cada ser humano ha de empezar su desarrollo particular por el primer fulcro. Y cuanto más niveles de desarrollos verticales tenga una cultura mayor es la probabilidad de que las cosas vayan mal. Los sociedades más profundas han de afrontar mayores riesgos en los cuatro cuadrantes.
Cuanto más peso soporta el centro de gravedad de una determinada sociedad (cosa que ocurre cuando más individuos suben de un nivel a otro) mayores son sus dificultades para integrar verticalmente a individuos que presentan distintos niveles de desarrollo.
Y lo peor de todo no es el abismo económico, sino el cultural, el abismo de valores que impide la integración en el nivel que ofrece la sociedad. Porque la integración de los individuos en ese nivel se posibilita, pero no se garantiza. Este abismo entre el nivel ofrecido y los individuos que de hecho lo alcanzan crea una tensión que genera patologías culturales.
Y lo más grave aún en esta sociedad chata es que ni siquiera puede pensar en el abismo cultural, porque para ella todo tiene la misma profundidad, 0. No se reconoce ni la existencia del problema.
Y si nuestra visión del mundo sigue sin permitirnos reconocer el problema, no está lejos el momento en que el abismo cultural termine provocando un colapso en nuestra cultura.
La ética medioambiental
La crisis medioambiental y el abismo cultural son en realidad el mismo problema. Salvo por el temor, es imposible respetar las cuestiones globales.
Sólo será posible solucionar la crisis ecológica, salvando el abismo cultural. Pues sólo el punto de vista postconvencional y mundicéntrico puede permitir el reconocimiento real de la crisis y dar la fortaleza necesaria para tratar de modificarla. Y para ello es necesario que un número considerable de individuos alcance el desarrollo postconvencional.
Las discusiones sobre ética ambiental se basan en la axiología, la teoría de los valores.
Cuatro escuelas:
Bioigualdad. Todos los holones vivos tienen el mismo valor (ecólogos profundos y ecofeministas)
Hay diferentes derechos entre los animales. En función de los sentimientos trazan la línea divisoria.
Jerárquica u holoárquica. Las entidades más complejas son las que más derechos tienen. Primero los humanos.
Cuarta escuela: el ser humano es el único que posee derechos, pero estos incluyen el respeto y la gestión de la tierra y de los seres vivos.
Para Wilber: tres tipos de valor: Valor Sustrato, valor intrínseco y valor extrínseco.
Valor Sustrato el que corresponde por ser una manifestación perfecta de la Vacuidad. En este sentido todos los holones tienen el mismo valor. Toda Forma es Vacuidad.
Valor intrínseco el que corresponde a cada holón por ser una totalidad relativa, es el valor de la propia profundidad. Un simio tiene más que un átomo.
Valor extrínseco o instrumental el que corresponde a cada holón en tanto que una parte relativa. Es un valor para otros. A mayor amplitud mayor valor extrínseco.
Derechos: Los derechos expresan las condiciones de existencia del valor intrínseco de un holón, las condiciones necesarias para preservar su individualidad y conservar su profundidad.
Deberes: En cuanto parte todo holón es responsable de la conservación de la totalidad. Las responsabilidades expresan las condiciones de existencia del valor extrínseco del holón.
Holón = Totalidad Parte
V. Intrínseco V. Extrínseco
Derechos Deberes o responsabilidades
El fracaso en asumir las responsabilidades implica el fracaso en establecer las condiciones necesarias de existencia de holones… que conllevaría nuestra propia destrucción.
En el paradigma de la visión chata se ha terminado confundiendo derechos con deberes.
La versión ego ilustrada nos habla de derechos sólo del ego. Todos los demás holones son meras partes.
La versión eco romántica no admite más holón que la Gran Red. El único valor intrínseco, todos los demás somos meros instrumentos. Es un ecofascismo.
Llegan a confundir valor Sustrato con valor intrínseco, y así llegaron a la bioigualdad.
Es necesaria una ética medioambiental que respete los tres tipos de valores.
La intuición moral básica
La regla fundamental: Promover y proteger la mayor profundidad posible para la mayor amplitud posible.
Cuando yo intuyo al Espíritu no sólo la intuyo para mi yo, sino también en el dominio de los seres que comparten el Espíritu conmigo. Y además me siento impulsado a implementar este despliegue espiritual en el mayor número posible de seres, en los dominios del yo, del nosotros y del ello.
Adiós a la visión chata del mundo
Será imposible una auténtica transformación, que en parte ya está en marcha, si no se logra integrar el Gran Tres. No podemos construir el mañana sobre las llagas el ayer. Es necesaria la emergencia de un nuevo tipo de sociedad que integre la conciencia, la cultura y la naturaleza y abra paso al arte, la moral y la ciencia. Pero para ello hay que librarse de la visión chata del mundo.
La solución está en la integración de las corrientes ascendente y descendente, de modo que la sabiduría y la compasión puedan aunar sus esfuerzos en la búsqueda de un Espíritu que incluya y transcienda este mundo.
En lo más profundo del corazón, el juego finaliza, la pesadilla de la evolución concluye y usted se encuentra exactamente en el mismo punto en el que se hallaba antes de comenzar la representación. Usted reconoce su propio Rostro Original.””
Tener un pensamiento definitivo es un error contra el mismo pensamiento, es destruirlo. El dogma, o pensamiento último y definitivo, (que no es, o ha de ser, sino una formulación doctrinal de una experiencia contemplativa, que no es el dogma) no es razonable y sólo puede responder a una mente que está entrelazada entre las redes del infantilismo, además de que sólo puede ser válido para un tiempo determinado, nunca para siempre. Los pensadores, liberados de una sumisión a una estructura, o sea, los no ideólogos, no pueden aceptar los dogmas, y sus pensamientos siempre avanzan y evolucionan, como es el caso de Wilber y miles y miles... Hasta los místicos, que hoy aparecen como modelos de cristianos, tuvieron muchísimos problemas con los dogmas y con sus perros guardianes: los inquisidores, cuando no fueron condenados totalmente por ellos (Giordano Bruno, Eckhart, Lutero, Savonarola, ...)
Mas, pese a su evolución, todos los libros de Wilber tienen una validez que ha de ser tenida en cuenta, los temas por él abordados son suficientemente inspiradores para que muchas personas reflexionen sobre ellos y puedan incluso aplicarlos a su propia vida. Sus ideas deben ser tenidas en cuenta en cualquier debate académico y social que gire en torno a la cultura, la religión, la política...
Por estas razones oso colocar el susodicho resumen en este blog.
“”HISTORIA DE TODAS LAS COSAS
Ken Wilber
Advertencia al Lector
En este libro K.W. describe de una manera sistemática y comprensiva el camino de la evolución de la consciencia.. W afirma que una determinada formulación de la verdad puede ser válida sin ser completa, puede ser cierta pero sólo en la medida en que funciona y debe ser considerada como una parte de otras verdades igualmente importantes.
Los cuatro cuadrantes.
Individual – interno Individual – externo
Subjetivo Objetivo
El lenguaje del ello
El lenguaje del yo
Social – interno Social - externo
Cultura Objetivo
Intrasubjetivo Lenguaje del ello
El lenguaje del nosotros
Ninguna de estas formas de verdad puede ser reducida a las demás.
Es cierto que la verdad nos hace libres, pero sólo si reconocemos la existencia de más de un tipo de verdad.
“El proceso evolutivo sigue su camino y el Espíritu se halla en (es) el mismo proceso”
El mensaje de Wilber constituye un acontecimiento infrecuente. Se niega a considerar que todos los elementos compositivos son iguales.
Este libro es una introducción a su obra.
Advertencia al lector
Este libro trata de “Dios, de la vida, del universo, de la Totalidad de las cosas”
Los capítulos primeros tratan del cosmos material y de la aparición de la vida.
Los capítulos intermedios investigan la emergencia de la mente o consciencia (a través de los distintos estadios).
Después trata del dominio de lo divino y su posible relación con las fuerzas creativas de la materia, de la vida y de la mente ¿Cómo y por qué la religión ha dado lugar históricamente a la psicología? ¿A quién confiamos en última instancia las cuestiones que realmente nos importan?
Los últimos capítulos tratan del colapso del Kosmos. ¿Dónde está Dios y la Divinidad en las aguas cenagosas en que nos movemos? ¿Cuántos caminos nos quedan todavía por recorrer? Todos nosotros sabemos de ese asombro que nos habla en el lenguaje del Dios interior y que, de modo inexplicable, nos señala el camino del regreso al hogar.
Introducción
Un tema fundamental: la sexualidad y su relación con el género. Sexo = aspectos biológicos de la reproducción humana. Género = aspectos culturales que se basan en las diferencias sexuales biológicas.
Sexo: Hombre (varón) y mujer; género: masculino y femenino.
Las diferencias sexuales son interculturales y universales, las de género, no, son culturales.
Se han de transformar los roles de género, no los de sexo, que no pueden ser transformados. De todos modos existen ciertas constantes de género que tienden a perpetuarse en culturas muy diversas. Existen grandes diferencias entre la esfera de los valores masculinos y femeninos. Se trata de reconocer las diferencias y no explotarlas como privilegios, sino valorarlas por igual, no equipararlas.
Parece que en parte esas diferencias se asientan en diferencias hormonales. Testosterona (fornicar y matar) y oxitocina (sentimiento de identificación: nutrir, sostener, tocar)
La cultura puede ir cambiando aspectos culturales atávicos, por ejemplo el hombre sensible. Hormonalmente el varón no lo es, pero puede ser educado. El hombre tiende a ser autónomo, individualista…
La mujer para ser autónoma ha de ser educada.
La evolución pone siempre los límites más allá y una vez conseguidos, los rompe, los transciende para poner otros límites. Transcender e incluir.
Las formas culturales, incluido el patriarcado, de la historia han sido concreación de hombres y mujeres. Hay que considerar el status de los hombres y mujeres en cada uno de los estadios de la consciencia humana.
Hay que determinar cuáles son las constantes biológicas y luego estudiar las distintas formas en que estas diferencias biológicas se han ido desarrollando a lo largo de la evolución cultural.
Existen ciertas pautas comunes que conectan la materia, la vida, la mente. Existen también los estadios superiores de la evolución, los llamados espirituales. La evolución es el Espíritu en acción. El Espíritu no es un estadio particular, una ideología concreta, ni el dios preferido, sino la totalidad del proceso de desarrollo… Los estadios superiores son aquellos en los que el Espíritu deviene consciente de sí mismo. Y a la vez nos proporcionan ciertas pistas sobre lo que la evolución colectiva nos depara el día de mañana.
Las grandes tradiciones espirituales del mundo caen en dos campos diferentes: Espiritualidad ascendente y descendente
Ascendente. Fuera del mundo, ascética, futuro… Ha sido la vía hasta la modernidad.
Descendente. Inmanente, la diosa Gaia, la Naturaleza… Desde la modernidad.
El mundo chato del camino descendente: el materialismo, la ecología profunda, la industrialización…
La integración de ambos caminos es la tradición no dual.
Los caminos exclusivamente ascendente o descendente fragmentan el Kosmos, fomentan la violencia tratando de someter al otro bando. Pero integración no es confrontación.
Cap. 1. La pauta que conecta
Este libro trata de una breve historia de todo basada en las generalizaciones orientadoras. Y todo se ubica en el contexto de la espiritualidad. Prestaremos atención a los cinco o seis grandes estadios que ha atravesado la evolución de la humanidad.
Una generalización orientadora es una verdad amplia y general procedente de los diferentes campos del conocimiento humano, sobre las que existe muy poco desacuerdo. Por ejemplo, en el desarrollo moral se está de acuerdo en que se atraviesan tres grandes estadios: preconvencional, convencional y postconvencional.
Con estas generalizaciones orientadoras se puede construir un amplio mapa orientador del lugar que ocupan los hombres y mujeres en el universo.
El Kosmos
Se trata del Kosmos pitagórico que incluye el cosmos o fisiosfera, el nous o psique (noosfera) y la theos (teosfera).
La autopoyesis, característica del Kosmos.
Los veinte principios: la puerta que conecta.
Principio 1º La realidad está compuesta de holones y nada más que holones: totalidades/partes.
El camino tanto hacia arriba como hacia abajo no es más que holones. No existe una totalidad que a su vez no sea una parte de otra totalidad superior.
Descubrir lo que todos los holones tienen en común nos permite vislumbrar lo que tiene en común la evolución de todos los holones. Esto es, los veinte principios.
Principio 2º Individualidad y comunión, autotranscendencia y autodisolución.
En cada holón existen dos impulsos: como totalidad tiene que conservar su individualidad, su autonomía, si fracasa, deja de existir. Es la individualidad. Como parte debe adaptarse debe adaptarse a otras partes para formar la totalidad. Es la comunión.
Ambas son capacidades horizontales
Las capacidades verticales son autotranscendencia y autodisolución.
La autodisolución se realiza en el sentido opuesto en el que el holón se creó.
La autotranscendencia: nadie cree hoy en la validez del principio de la selección natural para explicar la evolución. Se dan muchas transformaciones múltiples y no letales… no es que no se dé la selección natural, pero se da en los holones que ya se han transformado, no como causa de la transformación.
¿Por qué de las moléculas inertes surge la célula viva? Todo el mundo habla de evolución cuántica, de evolución puntuada, de evolución emergente.
Es innegable que las transformaciones ocurren (miles de mutaciones no letales simultáneas). Por eso llamamos autotranscendencia a este proceso que tiene la asombrosa capacidad de ir más allá de donde antes se encontraba.
Impulsos horizontales: Individualidad y comunión
Impulsos verticales: Autotranscendencia y autodisolución
El resto de los principios consideran lo que ocurre cuando estas fuerzas actúan entre sí.
El proceso de autotranscendencia opera a través de discontinuidades, de modo que impide que la mente sea reducida a bios, la vida a materia inerte…El proceso de desarrollo mantiene unido el Kosmos convirtiéndolo en un universo.
Principio 3º Emergencia creativa
La evolución es un proceso de autotranscendencia que va siempre más allá de donde estaba. Así aparecen nuevas entidades, brotan nuevos holones. El Kosmos parece desplegarse en saltos cuánticos de emergencia creativa.
Si se analiza el holón en sus partes constitutivas, lo que se tiene son partes, no es la totalidad. Es un reduccionismo.
¡Creatividad y holones, estas son las categorías básicas que deberíamos tener en cuenta antes de pensar en cualquier cosa!
Creatividad: Espíritu, Vacuidad, holones… es el sustrato metafísico, el fundamento último de la realidad.
El Big Bang ha convertido en idealista a todo aquel que piense. Primero, no hay absolutamente nada; luego aparece el Big Bang y aparece algo. Muy extraño, del vacío emerge todo el mundo de lo manifiesto, y empieza el tiempo. Esto acaba con el estúpido azar, que para poder hacer algo necesita un tiempo infinito, pero el Big Bang nos dice que el tiempo empezó hace unos doce mil años. Con este tiempo según los cálculos de Fred Hoyle y F.B. Salysbury ni siquiera el azar hubiera podido hacer ni una simple encima.
Algo distinto al azar es lo que está empujando al universo. La autotranscendencia está instalada en el universo, es uno de los cuatro impulsos de todo holón.
El Kosmos tiene un impulso creativo, la autotranscendencia está integrada en la urdimbre del universo, pero además existe un Telos, el universo tiene una dirección. Su sustrato es la Vacuidad, su impulso la organización de la forma en holones cada vez más coherentes.
Principio 4º. La holoarquía
Los holones emergen holoárquicamente, o sean, emergen de una forma jerárquica. No confundir jerarquía natural con patológica o de dominio. Una jerarquía natural es un orden de totalidad creciente en el un determinado nivel de la jerarquía, forma parte de otra totalidad de un nivel superior.
Cuando un determinado holón de una jerarquía natural abandona su lugar (ser parte) e intenta dominar a la totalidad se forma la jerarquía patológica.
Los “holistas” que dedican a negar la existencia de las holoarquías, son en realidad “conglomeristas”, un reduccionismo. Los mismos teóricos antijerárquicos tienen su propia categorización, su propia jerarquía, pues ponen como primer principio que no hay jerarquía, lo cual es ya una jerarquía.
No hay forma de escapar de las jerarquías, una postura antijerárquica es profundamente contradictoria. Lo que se ha de hacer es diferencias las jerarquías normales de las de dominio y curar éstas.
Toda pauta evolutiva procede a través de un proceso de holoarquización. Por eso el principio básico del holismo es la holoarquía: las dimensiones superiores proporcionan un principio, un aglutinante, una pauta, que une y vincula partes que de otro modo estarían separadas, en conflicto y aisladas, en una unidad coherente.
El hecho de establecer relaciones es realmente importante, pero esto sólo es posible dentro de un ordenamiento y una holoarquía.
Principio 5º. Cada holón emergente transciende pero incluye a sus predecesores. En cuanto totalidad transciende, pero las partes son incluidas. En esta transcendencia los conglomerados se convierten en totalidades, en la inclusión las partes son integradas, unidas en una totalidad y un espacio compartido que las libera de ser un mero fragmento.
La evolución constituye un proceso de transcendencia e inclusión. De este modo comenzamos a aproximarnos al núcleo del Espíritu-en-acción.
Cap. 2º El impulso secreto
El tópico fundamental del holismo: la aparición de nuevos niveles de organización que no pueden ser reducidos a las dimensiones anteriores, sino que las transcienden. Pero a la vez incluye, el nuevo nivel de organización es indiviso: los holones anteriores son partes del nuevo holón.
El nuevo holón (de un nivel superior) posee las cualidades esenciales del nivel inferior más algo más. Ese algo más es irreducible al nivel inferior y esto determina la jerarquía, por ejemplo: la célula contiene moléculas y algo más y no viceversa; por esto se da la jerarquía
Lo superior y lo inferior
Sabemos qué es superior y qué inferior, cuando al destruir todos los holones de un nivel, vemos quienes permanecen y quienes son destruidos. Los destruidos son los niveles superiores.
Las holoarquías no son nada arbitrarias. Así la noosfera no es una parte de la biosfera, sino que la transciende e incluye.
Profundidad y amplitud
Mucha gente confunde amplitud (o tamaño) con profundidad.
Profundidad es el número de niveles que tiene una holoarquía.
Amplitud es el número de holones de cada nivel.
Lo que se dice con la palabra nivel es un tanto arbitrario. Son escalas relativas. Pero no hay problemas si utilizamos la misma escala de forma coherente. Podemos hablar de pisos, o de escalones, pero o tomamos piso, o tomamos escalera…. Pero siempre la amplitud y profundidad son reales.
La evolución procede creando niveles de más profundidad y menor amplitud, puesto que lo superior transciende e incluye lo inferior.
¿Qué es la filosofía perenne?
Es el núcleo de las grandes tradiciones de la sabiduría del mundo entero. Sostiene que la realidad es una Gran Holoarquía de Ser y de Conciencia que va desde la materia hasta el Espíritu. Cada nivel incluye a sus predecesores y les agrega sus propias cualidades emergentes.
A mayor profundidad menor amplitud
Cuanto más profundo es un holón más significativo es, porque más incluye dentro de sí, porque contiene (significa) más parte del Kosmos.
La con(s)ciencia Kósmica
El espíritu es el principio y el fin de toda secuencia evolutiva. El Espíritu lo incluye y lo transciende todo. Está más allá de este mundo, pero a la vez incluye todo holón individual de este mundo.
El punto transcendental de una verdadera ética medioambiental es que los seres humanos transcendemos e incluimos a todos los holones: materia, vida, mente. La materia, la vida, la mente tienen un valor intrínseco y además constituyen el fundamento de mi propio ser. Por eso una verdadera ética medioambiental ha de incluir y transcender la ecología. No a una vuelta regresiva a la visión chata del universo, a la vida unidimensional.
La visión chata de los teóricos de la red de la vida simplemente se centra en la igualdad de ser, dejando de lado la holoarquía de la realización. Por supuesto que todos los holones son una manifestación perfecta del Espíritu, pero la realización de dicha manifestación no se da por igual en todos los seres. Hay gradaciones de profundidad, hay gradaciones de valor intrínseco.
El espectro de la con(s)ciencia
La evolución tiene un telos, una dirección, un impulso hacia una mayor profundidad. Así pone orden en el caos.
La evolución tiende a moverse en la dirección de una complejidad creciente, de una diferenciación/integración creciente, de una organización/estructuración creciente. Desde luego que esto es mirado a largo plazo, porque existen regresiones y disoluciones.
El impulso básico de la evolución es la profundidad creciente, es el impulso autotranscendente del Kosmos.
Conciencia y profundidad son sinónimos. La conciencia es simplemente la apariencia de la profundidad vista desde el interior.
Utilización de los términos: Desplegar y englobar
Desplegar - englobar
Transcender - incluir
Crear - amar
Eros - ágape
El Espíritu en nosotros está llamado a devenir consciente o superconsciente de sí mismo.
Todos los místicos nos ofrecen la misma historia: Despertar un buen día y descubrir que se es uno con el Todo de un modo atemporal, eterno e infinito
Cap. 3º Demasiado humano
Hasta ahora sólo hemos recorrido el camino evolutivo que conduce hasta la emergencia del ser humano, la noosfera.
En la evolución hay una continuidad global: se cumplen los 20 principios, y esto le da cierto sentido.
Visiones del mundo predominantes en las épocas del desarrollo humano: Arcaica, mágica, mítica, racional y existencial, que se corresponden con los principales estadios del desarrollo tecnológico y económico, que han sido: Recolector, hortícola, agrario, industrial, informático.
Podemos examinar el status de los hombres y mujeres en esos estadios y aislar los factores que han contribuido a establecer esas diferencias de status.
Recolectores
Los roles de los varones y mujeres estaban claramente definidos en un 97% de los casos. Hombres, la caza, las mujeres la recolección y el cuidado de los hijos. No se prestaba atención a las esferas de valores masculinos y femeninos. Esta época duró desde un millón hasta 400.000 años a. C.C. lo que diferencia a los humanos de los homínidos fue el rol del padre, o familiarización del macho. El varón unió la caza (producción) y la familia (reproducción). Se domesticaba la testosterona (fornicar o matar).
La estructura tribal se construyó sobre la base del parentesco.
Los hombres y mujeres de todos los tiempos han saqueado la naturaleza, y lo han hecho por ignorancia simplemente.
En estas tribus primitivas se asientan nuestras raíces. Tuvieron la asombrosa creatividad que permitió a la humanidad elevarse por encima de la naturaleza y comenzar a construir la noosfera, el mismo proceso que traería los cielos a la tierra y elevaría ésta a los cielos.
Hortícola
En la agricultura hay dos tipos de culturas: la hortícola y la agraria..
La hortícola se basa en la azada o palo para cavar, la agraria en el arado que necesita ser tirado por animales.
Una mujer embarazada puede usar el palo o azada, pero no puede con el arado. Eran capaces de llevar a cabo las tareas hortícolas, pero no las agrarias. En las culturas hortícolas las mujeres producían el 80% de los alimentos. Un tercio de esas culturas tuvieron deidades sólo femeninas, otro tercio tenían deidades de ambos sexos y el status de mujeres y hombres era equiparable. Eran sociedades matrifocales pero igualitarias. Esta época abarca hasta el año 10.000 a. C.C.
No existe ninguna época definitivamente privilegiada. El proceso continúa siempre y el Espíritu se encuentra en el proceso mismo, no en un lugar concreto del espacio o tiempo.
Agraria
Las mujeres embarazadas no podían manejar un arado. Muchos abortos. El no poder arar conllevó una ventaja darwiniana: el arado supuso una auténtica transformación. No hubo opresión, los hombres y mujeres decidieron que la labor del arado era cosa de hombres y en sus manos quedó toda la producción de alimentos.
El patriarcado fue una co-creación consciente de hombres y mujeres. Para el hombre no era nada divertido arar.
Los dos sexos estaban fuertemente polarizados. Ambos sufrían. Las deidades pasaron a ser masculinas (el 90%).
El dios y la diosa pueden tener un significado transpersonal más profundo, pero para la mentalidad promedio de la conciencia humana de este período esas imágenes solían representar realidades más prosaicas: quien llevaba la comida a casa.
Las sociedades agrícolas eran patriarcales (gobierno del padre). El hombre empezó a dominar la esfera pública en materia de gobierno, religión… y la mujer reducida a la esfera privada.
Duración del año 4.000 al 2.000 a. C.
La agricultura creó excedente de alimentos. Hombres liberados para tareas ajenas a la producción (matemáticas, escritura, guerra especializada…) Grandes imperios militares modernas naciones estados. Tareas contemplativas: sentido de nuestra existencia, ubicaban al Espíritu “aquí adentro”. Aparecieron los grandes sabios axiales: Buda, Confucio, Lao Tse, Parménides, Sócrates, Platón, Patanjali, todos varones.
Tarea del mundo postmoderno es compensar esta espiritualidad orientada hacia lo masculino.
Industrial
“Modernidad” suele referirse a los hechos que comienzan a ponerse en práctica con la Ilustración, desde Descartes hasta Locke y Kant, y el desarrollo tecnológico concomitante que va de la época feudal y agraria (visión mítica) a la industrialización (visión racional). “Postmedernidad” se llama al desarrollo postilustrado y postindustrial.
La industrialización fue una forma de garantizar la supervivencia recurriendo a la tecnología y aplicando la fuerza de las máquinas a la naturaleza.
Ninguna sociedad agrícola ha tenido nada que se asemeje a los derechos de la mujer. Siempre ha reconpensado la fortaleza y movilidad del varón.
Al cabo de un siglo de industrialización apareció el movimiento de liberación de la mujer. Por primera vez en la historia las estructuras sociales habían evolucianado hasta el punto de que la fuerza física deja de ser determinante y tan abrumadora en el poder cultural.
No es que la mujeres se hayan vuelto más inteligentesy decididas, sino que han evolucionado las condiciones históricas.
El status de la mujer en las sociedades industriales es superior al conseguido en cualquier otra sociedad anterior en la historia.
Por supuesto que hacen falta cambios. La polarización de los sexos es brutal para los dos. Hay que seguir trabajando por la liberación y la transcendencia.
Hablando de la crisis de la industrialización, ha originado la ecología. La causa principal de la destrucción de la naturaleza es la ignorancia. Es necesario el conocimiento científico de la biosfera, no basta el simple respeto sagrado que se tuvo en épocas prehistóricas. Hoy la industria nos ha dado el poder real de destruir el planeta.
Sabemos más, pero si no actuamos en concordia con lo que sabemos, terminaremos todos muertos.
Cap. 4º La gran revolución postmoderna
Yo, José A. Carmona, soy distinto del que era hace 10 años. Por decirlo así, mi pequeño Kosmos es otro. No sólo es que yo veo de otra manera, de una forma distinta, sino que mi propio Kosmos ha evolucionado y es otro, y como otro lo percibo.
Estamos en condiciones de examinar las visiones del mundo, correspondientes a cada época: arcaica, mágica, mítica, racional, existencial.
No son simplemente formas distintas de ver el mundo concreto, ya predeterminado, sino que en la medida en que el Kosmos llega a conocerse a sí mismo más plenamente, emergen diferentes mundos. Ejemplo: las semillas y el árbol. No es lo mismo la semilla que el árbol, y al ver la semilla no se ve el árbol.
Las diferentes visiones del mundo crean, actualizan diferentes mundos, lo cual es algo muy distinto al hecho de contemplar el mismo mundo de forma diferente. No es que exista un mundo concreto y predeterminado que pueda ser contemplado de formas diferentes, sino que, en la medida en que el Kosmos llega a conocerse a sí mismo más plenamente, emergen mundos diferentes.
La frontera postmoderna
Hay una diferencia crucial que separa la visión moderna del conocimiento de la visión postmoderna. Se trata de una verdadera revolución en el conocimiento humano.
Si queremos realmente comprender cómo debe ser un paradigma postmoderno, hay que empezar comprendiendo el moderno.
El paradigma fundamental de la Ilustración es el paradigma de la representación. Sujeto y objeto. Se trata de trazar mapas del mundo empírico que se han de ajustar al mundo empírico. Cartografía del objeto. Pero es un paradigma estrecho y limitado. Por ejemplo: los mapas dejan fuera al cartógrafo. Todos los grandes teóricos de la Ilustración han suscrito el paradigma de la representación, la creencia en un mundo empírico objetivo que puede ser cartografiado empíricamente. Y no es que esté equivocado, sino que es estrecho. Sino que dejan fuera al cartógrafo. Ignoran por completo el hecho de que el cartógrafo pueda aportar algo a la imagen.
Todos los enfoques postmodernos coinciden en que el paradigma de la Ilustración es completamente ingenuo.
El gran descubrimiento postmoderno ha sido que ni el yo ni el mundo son simples datos, sino que existen en contextos y sustratos que tienen una historia, evolucionan. Así el cartógrafo en distintas etapas hará mapas totalmente diferentes.
Hegel: “la mente sólo puede concebirse inmersa en un proceso de desarrollo”
Al trazar la historia de las distintas visiones del mundo, la historia de las diversas formas en las que ha ido desplegándose el Espíritu-en-acción, el Kosmos se contempla a sí mismo con nuevos ojos, y en consecuencia, crea nuevos mundos antes inexistentes.
Dos caminos en la postmodernidad
El gran descubrimiento postmoderno: ni el mundo ni el yo están predeterminados. Ante esto los teóricos han seguido dos caminos: El constructivismo extremo y el evolutivo o desarrollista.
Constructivismo extremo (Derrida, Foucault joven): todo está socialmente construido, y por ende todo es arbitrario y está basado en el poder, sexo, dinero… los “ismos”.
Pero las visiones del mundo se hallan limitadas por las corrientes mismas del Kosmos, que no está predeterminado, pero sigue unas pautas, tiene un telos. No se puede plantar un trozo de hierro y hacerlo crecer y florecer. Y no solo la bios sino que también la noosfera tiene su propio proceso evolutivo (si A es inferior a B, no se le puede convertir “socialmente” en superior a B). Las visiones del Kosmos no son simplemente caprichosas.
Este constructivismo radical cae en la contradicción performativa: “todas las visiones del mundo son arbitrarias, menos la mía”. Se trata de una nueva forma de nihilismo.
Constructivismo evolucionista (Piaget, Hegel, Marx, Nietzsche, Habermas…) estudian en la visiones del mundo una pauta desarrollista o evolutiva que se haya parcialmente gobernada por las corrientes del Kosmos, de la misma evolución (los 20 principios según Wilber).
Cada visión del Kosmos da lugar a visiones subsiguientes, cuando sus limitaciones inherentes son tan patentes que generan una gran conmoción. Así si no se colapsan, dan origen a una visión más organizada que tiene sus propias dificultades.
Estas visiones del Kosmos son: Arcaica, mágica, mítica, racional, existencial …
Que relaciona Wilber con los sistemas de producción históricos: recolector, hortícola, agrario, industrial, informático.
La visión del mundo es la mente del Espíritu y su fundamento es su cuerpo, este cuerpo-mente evoluciona y va dando lugar a nuevos mundos, en el proceso de actualización del Espíritu. Es el gran Florecimiento.
Al filo del mañana
¿Cómo supera el dualismo cartesiano el último de los dos caminos postmodernos?
El dualismo cartesiano enfrenta a sujeto y objeto, mapa y cartógrafo. El nuevo paradigma cae en la misma trampa. Hace un mapa más holista y sistémico y con ello cree que salva el dualismo. Pero, el pensamiento es un reflejo de la realidad y la vez un movimiento de esa misma realidad. El cartógrafo, el yo es también producto y un movimiento de lo que quiere conocer. El mapa es parte del territorio.
El enfoque no dualista no niega que el mundo se pueda cartografiar, sino que afirma que a nivel más profundo el pensamiento en sí mismo es un producto de las corrientes del Kosmos.
“Aquello de lo que puede uno alejarse no es el verdadero Tao”. Hay que corregir los mapas para superar las incorrecciones, pero no podemos olvidarnos de las corrientes profundas, de las formas en las que todos los mapas son expresiones del espíritu.
Por supuesto que la evolución que ha llegado a lo racional y existencial no tiene por qué parar aquí ¿Quién puede negar visiones superiores del mundo?
Transcendencia y represión
La visión del mundo que transciende la anterior es mejor que ella. Puesto que la transciende y la incluye. La mantiene y le añade algo más diferenciado del estado anterior.
La visión anterior fue apropiada pero la nueva lo es aún más… Si no lo fuera no lo habría seleccionado la evolución. Pese a todo tiene sus propias limitaciones. Donde quiera hay transcendencia, hay posibilidad de represión. La emergencia lleva consigo una posibilidad de represión.
La transcendencia supone diferenciación e integración y la represión conlleva disociación y alienación, supresión y negación.
Hay que estar atentos a los signos de la represión en cada estadio de la evolución.
Cada nueva visión del mundo crea sus propios problemas que aparecen cuando dicha visión se acerca a su fin. El Espíritu ha tropezado ya con las limitaciones propias de la modernidad que florece en su última primavera.
Cap. LAS CUATRO ESQUINAS DEL KOSMOS
¿Nos estamos aproximando al límite de la visión racional-industrial del mundo?
Hay que matizar. Visión racional-industrial es la “modernidad”, es la visión general del mundo sostenida por la Ilustración. Cumplió con funciones muy importantes (democracia, abolición esclavitud, feminismo liberal, diferenciación entre arte, moral y ciencia… superación de las jerarquías sociales de dominio)
Transcender e incluir la modernidad supone: 1) abrirnos a modalidades de conciencia que transciendan la mera razón. 2) participar en estructuras tecnológicas y económicas que vayan más allá de la industrialización. Ambas cosas, no una sola.
Pero este cambio ha de incluir la razón y lo industrial, como componentes de una visión más equilibrada, más global y más integrada.
El racionalismo y la industrialización han excedido sus funciones y han derivado hacia un tipo de jerarquía de dominio. La nueva visión ha de limitar el poder del racionalismo, aunque traerá consigo sus propios problemas.
Los cuatro cuadrantes
Cualquier transformación futura deberá implicar al mismo tiempo un cambio de conciencia y una transformación institucional. Deberá implicar una nueva visión del mundo que se halle integrada en un nuevo sustrato tecno-económico, con una nueva modalidad de sensación de identidad que posea sus propias pautas conductuales. O sea, los cuatro cuadrantes que son cuatro tipos de jerarquía que ofrece todo holón.
Todo holón tiene cuatro aspectos, dos interiores y dos exteriores. Lo exteriores son el exterior individual: cuerpo, moléculas … y el exterior social o colectivo: sociedad, galaxia, tribu… Y dos interiores, el interior individual: emociones, percepciones, visión lógica… y el interior social: cultura y sus formas históricas, urobórico, pleromático…
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Los cuatro cuadrantes no representan más que los aspectos interior y exterior, individual y colectivo de todos los holones. Son aspectos reales de los holones reales.
Lo intencional y lo conductual
Es lo mismo que la interior y exterior en el aspecto individual.
La conciencia es la apariencia de lo profundo visto desde adentro.
Lo conductual o individual externo es el objeto de las ciencias. Forma parte del mapa estándar científico, objetivo y empírico. Y es un mapa que funciona.
Lo intencional pertenece a la dimensión interior y no es objeto empírico de ninguna ciencia, es lo que cualquier holón experimenta desde dentro, pero ambos aspectos tiene su correlato en el otro.
Lo cultural y lo social
Esto se refiere a la mitad inferior del diagrama: lo colectivo.
Todo holón individual sólo existe en una comunidad de holones de la misma profundidad.
El aspecto comunal tiene dos facetas: interior o cultural (significados, valores, visión del mundo…) y exterior o social (fundamento tecno-económico, estilos arquitectónicos, ciudades, pueblos… que son el fundamento exterior de esa visión del mundo).
Y esto sucede en los holones humanos y en los no humanos
También los holones no humanos comparten profundidad y exterioridad. Todos los holones sean los que sean, responden a los estímulos, y sólo a estos, que significan algo para ellos. Esta es su cultura. Lo demás es un espacio extraño para ellos. Su espacio común es su cultura compartida. Por ejemplo, los lobos comparten un espacio emocional y se reúnen en manadas, pero para ellos tanto el cordero como el pastor no serán que comida y el Quijote nada en absoluto. Por esto el Kosmos es distinto en cada estrato cultural, porque realmente es distinto. No es algo acabado que se ve descubriendo sino algo que se va realizando, que va evolucionando. En el Neolítico no existían las ciudades industriales, ni luz eléctrica, ni pensamiento ilustrado, ni ordenadores, ni aviones… en cada avance el Kosmos es distinto y por eso lo vemos distinto.
Estos espacios culturales evolucionan de la físico a lo místico, pasando por la urobórico, tifónico, mítico… y a cada visión del mundo corresponde una estructura social distinta.
Los cuatro cuadrantes están relacionados entre sí, pero son irreducibles entre sí.
A modo de ejemplo
Un holón pensamiento tiene sus correlatos en los cuatro cuadrantes.
El pensamiento: “Tengo que ir al supermercado”
En el cuadrante superior izquierdo: lo que experimento, el pensamiento mismo, su significado, su simbolismo, la imágenes (calle, supermercado…)
En el cuadrante superior derecho: los correlatos del cerebro, aumento de ondas alfas o betas, aumento de dopamina… todos fenómenos observables empíricamente.
En el cuadrante inferior izquierdo: ese pensamiento sólo cobra sentido en un determinado sustrato cultural. Si yo viviera en una cultura medieval, la palabra supermercado carecería de sentido, ni tan siquiera existiría, y si estuviera en la prehistoria ni siquiera podría emitir este pensamiento, en todo caso este otro: “voy a cazar”. El hecho es que mis pensamientos individuales sólo emergen en un sustrato cultural determinado que los articula y les da significado. (La cultura como horizonte de inteligibilidad).
Así pues, la comunidad cultural impone un determinado sustrato intrínseco a cualquiera de mis pensamientos individuales. Mis pensamientos brotan de mi cabeza, pero no de la nada, sino de un sustrato cultural determinado. El individuo jamás puede liberarse del todo de ese sustrato, es más sin el mismo somos incapaces de pensar.
En el cuadrante inferior derecho: la cultura tiene componentes materiales: los sociales (tecnología, arquitectura, trazado de las ciudades, pueblos, estructuras políticas…) y esos componentes sociales materiales son cruciales a la hora de determinar la visión cultural del mundo. Hoy la globalización es un hecho gracias a la informática y a los medios de transporte.
Cuatro son, pues, las facetas que hemos de analizar en cada holón.
La forma de las cosas por venir (El Espíritu en acción)
La transformación está teniendo lugar, si queremos participar en ella, los cuatro cuadrantes nos ayudarán a comprenderla. El Espíritu no es una especie de YO superior, o consciencia superior, sino que existe en y como los cuatro cuadrantes, los cuatro puntos cardinales del Kosmos conocido que son necesarios para navegar con seguridad.
Los estadios superiores del desarrollo de la conciencia presentan pautas más profundas y amplias en el yo, en la conducta individual, en la cultura y en la sociedad. En los cuatro cuadrantes.
No tener en cuenta a los cuatro es negarse a tener en cuenta a las fuerzas que están en juego, es sencillamente negarse a participar.
6. LAS DOS MANOS DE DIOS
Cada cuadrante encierra un tipo distinto de verdad. Estos cuatro tipos de verdad son los cuatro rostros que asume el Espíritu en el mundo manifiesto. Son el antídoto del mundo chato y descolorido de la actualidad.
En realidad es lo más gozoso que puede llegar a experimentar el ser humano. Hay una forma muy fácil de resumir todo esto, que parece muy complejo y difícil.
Figura 6.1.
CAMINOS DE LA MANO CAMINOS DE LA MANO
IZQUIERDA DERECHA
Interpretativo Monológuico
Hermenéutico Empírico, positivista
Conciencia I I Forma
N N
D D
Freud I I Skinner
Jung V V Watson
Piaget I I Locke
Aurobindo D D Empirismo
Plotino U U Conductismo
Buda A A Biología molecular, neurología…
L L
Thomas Kuhn C C Teoría de sistemas
Wilhelm Dilthey O O Talcott Parsons
Jean Gesber L L Auguste Comte
Max Weber E E Karl Marx
Hans-Georg Gadamer C C Gerhard Lenski
T T
I I
V V
O O
La Mente y el Cerebro
Aunque sean aspectos íntimamente relacionados , también son diferentes en muchos sentidos.
Cuando se estudia el cerebro los neurofisiólogos analizan los componentes objetivos: La estructura neuronal, la composición bioquímica, los diversos tipos de sinapsis, los neurotransmisores… todos son aspectos objetivos, externos del ser humano. El neurofisiólogo está viendo el cerebro de otro ser humano, no el suyo, salvo que se lo abra y lo mire en un espejo. Pero el interior de la mente sólo la percibe el sujeto y de forma directa, inmediata e íntima, el neurofisiólogo no puede ver nada, si el sujeto no se lo comunica. La mente es la apariencia interna de la conciencia, mientras que el cerebro es la parte externa de la misma. Son fenómenos completamente distintos.
¿Son es realidad lo mismo, aunque todavía no lo hayamos descubierto?
Pongamos por caso que un neurofisiólogo pueda llegar a saber todo sobre mi cerebro, pueda llegar a saber lo que en cada momento está haciendo cada átomo de mi cerebro, pero ni aún así sabrá lo que pienso, si yo no se lo digo. Puede conocer mi cerebro objetivamente, pero mi mente no, tan solo la puede conocer dialogando conmigo.
Por eso la mirada empírica es monológuica, y la única forma de llegar al interior es la dialóguica, la interpretativa. No se trata de contemplar el exterior, sino de compartir interioridades.
Por más tiempo que estudie mi cerebro nunca llegará a conocer mi mente, si no habla conmigo. El estudio objetivo le servirá para conocer mi cerebro, pero nunca mi mente.
Las dos manos de Dios
Tanto lo exterior como lo interior son manos de Dios, del Espíritu.
La mirada monológuica: La clave del camino de la Mano Derecha.
Todo lo que existe en la Mano Derecha son objetos, exterioridades. En el camino de la Mano Derecha se ha de observar pero no hablar, es el camino monológuico, no dialóguico. No hay nada erróneo en el camino de la Mano Derecha, lo único es que proporciona una visión parcial. Es la mirada de un técnico de laboratorio, de un conductista, carente de interioridad y profundidad. El camino de la Mano Derecha es el de la Ilustración, que terminó, y ha influido durante los dos últimos siglos, negando la existencia de nada que no sea la Mano Derecha, y así, nos hemos vistos inmersos un universo sin valor, sin profundidad, sin cualidades, de un mundo chato y sin sentido.
La Interpretación: La clave del camino de la Mano Izquierda.
Todos los elementos de la Mano Derecha tienen una localización simple, pero los aspectos de la Mano Izquierda carecen de localización simple, son dimensiones internas, pero reales. ¿Cómo acceder a ellos? Por la interpretación.
La mano derecha percibe, la izquierda interpreta. Pero para interpretar primero el sujeto ha de hablar, para poder conocer su interior. La profundidad ha de ser comunicada y la comunicación ha de ser interpretada.
Los caminos de la M.D preguntan: ¿qué hace esto?
Los de la M.I. preguntan: ¿qué significado tiene?
Son dos abordajes muy diferentes de la conciencia, y para comprender el Espíritu que se manifiesta en el mundo necesitamos de ambas manos.
¿Qué significa este sueño?
Los sueños son algo íntimo, que ha de ser interpretado, y entendido, cosa que ya empezó Freud.
Algunos ejemplos d estos dos caminos.
Freud siguió el camino de la M.I. interpretó. El diálogo cura, porque ayuda a interpretar mejor nuestra profundidad y a actuar en consecuencia. Así son todas las terapias de la palabra. Se basan todas en el mismo principio: descubrir una interpretación más adecuada de nuestra profundidad interior.
Mi vida no sólo tiene superficie sino también profundidad, no sólo tengo que observar, sino también interpretar.
El conductismo (y la psiquiatría biológica) es el polo opuesto. Trata de descubrir la respuesta observable. Ni siquiera reconoce la interioridad. No se trata de conocer el significado de los síntomas. Se ataca directamente a los mismos. Se niega la existencia de cualquier interioridad.
Pero el diálogo intersubjetivo con un terapeuta le ayudará a la interpretación más adecuada y a conocer mejor sus profundidades. Y esta transparencia puede llegar a permitirle llegar a vislumbrar la Divinidad.
La ciencia social versus la comprensión cultural
La sociología se ha dividido desde su origen en dos campos: el interpretativo y el empírico o naturalista. El interpretativo trata de comprender los significados culturales desde dentro, el empírico se ocupa del sistema social, de sus estructuras… desde el exterior. El primero se pregunta ¿Qué significa? El segundo ¿Qué hace?
La comprensión del significado cultural es una cuestión interpretativa, su objetivo no es tanto la conducta externa, como su significado interno. Exige compartir, dialogar…
Pero la mayor parte de las ciencias sociales son empíricas, observan las tasas de nacimientos, las tasas de suicidios, la cantidad de dinero que circula…es monológuica, empírica, conductual. No busca el significado, sino la función social que desempeña.
Son dos abordajes distintos al mismo holón. Los caminos de las Manos Derecha e Izquierda.
La hermenéutica
Es el arte y la ciencia de la interpretación. Hay malas y buenas formas de interpretar. Es la clave que nos permite adentrarnos en los caminos de la Mano Izquierda. La interpretación es la única forma de acceder a las profundidades, para ello el empirismo es inútil.
El empirismo niega la realidad de la interpretación, por no ser objetiva. Pero esto es un error. Estudiar el Quijote empíricamente es estudiar la clase de papel, los gramos de tinta, el tipo de letra… pero para saber lo que realmente es el significado de El Quijote, habrá de sumergirse en su lectura e interpretar su significado. La interpretación no es arbitraria, sería una mala interpretación decir que El Quijote es un libro de cocina. Hay criterios para validar las interpretaciones. Esto lo determina la comunidad de quienes compartan el mismo nivel de profundidad y hayan penetrado en su interior.
El conocimiento interpretativo es más complejo y sofisticado que el de la observación monológuica.
Aún hay quienes niegan la existencia de las cosas que carecen de localización simple, aunque su creencia carece de dicha localización.
Toda interpretación depende del contexto
Porque sólo existen holones dentro de otros holones y contextos dentro de otros contextos hasta el infinito. Por tanto la interpretación es una actividad escurridiza. Derrida y los descontruccionistas niegan todo significado, lo cual conduce al nihilismo.
Se trata de tener en cuenta los contextos, y cuantos más se tengan más rica será la interpretación.
La interpretación no humana
Hay para ello que compartir el espacio interior común. Cosa que varía de una perro a una piedra. Desde un espacio de empatía, emocional común, hasta el ocupar un espacio y estar sometido a la gravedad. El sustrato común proporciona el contexto común.
Los sustratos se hallan en proceso de evolución. Los cuatro cuadrantes evolucionan constantemente y con la evolución de los cuadrantes el Kosmos va cambiando. No sólo se percibe de otra manera, como quiere la visión monológuica, sino que de hecho cambia con los cuadrantes.
La interpretación espiritual
(Supongamos una experiencia directa de iluminación interior)
La experiencia es directa e inmediata, pero cuando se ha de decir algo sobre ella, aunque sea a uno mismo, se ha de interpretar. Y de la forma de interpretarla dependerá la forma de comunicarla/se con el mundo. Es muy importante la forma en que la integre en su sensación de identidad separada. Y la interpretación puede ser buena o mala.
Si la experiencia no puede integrarla con el resto de su ser, es que la interpretación no ha sido buena.
Para saber si es buena la interpretación, hemos de tener en cuenta si se interpreta de acuerdo con los cuatro cuadrantes, no sólo de superior izquierdo, como sucede en el New Age. Es una interpretación narcisista.
Hay quienes consideran estas experiencias como un mero subproducto del cerebro, resultado de una liberación masiva de endorfinas… soslayan los aspectos sociales, culturales y los estados interiores de consciencia.
Otros las interpretan en función del cuadrante inferior derecho. Para ellos la realidad última es la red empírica de la vida, la biosfera. Reducen los componentes de la Mano Izquierda a meros entramados de la Derecha, confunden amplitud con profundidad. Es el ecofascismo.
Otros la interpretan como conciencia cultural colectiva, soslayando el papel de la conciencia individual y el aspecto social.
Todo esto es muy parcial. Tienen su parte de verdad, pero terminan mutilando la misma experiencia original. No fomentan el desarrollo posterior de la experiencia espiritual y pueden llegar a abortarlo.
Cualquier interpretación adecuada de la experiencia espiritual ha de tener en cuenta los cuatro cuadrantes. Estamos compuestos de niveles (materia, cuerpo, mente, alma Espíritu) y cada nivel se manifiesta en cuatro facetas distintas. Es una visión multinivel y multicuadrante. Y esto es especialmente importante en los estadios superiores.
Hemos de sintonizar con las cuatro esquinas del Kosmos y así de la sintonía a la liberación y, desde ahí, hasta una unidad en la que nos fundimos en el abrazo totalizador que nos aguarda en el mismo borde de la consciencia kósmica.
Para ello hay que escuchar con mucha atención.
CAP. 7
EN SINTONÍA CON EL KOSMOS
Para estar en sintonía con el Kosmos es necesario escuchar las distintas voces de la verdad.
Se trata de estar sintonizado con lo real, es decir en contacto con lo verdadero, lo bueno y lo bello (el Gran Tres: verdadero = ello, bueno = nosotros, bello = yo), pues, podemos también no estar conectados.
La humanidad ha trabajado muy duro para poder llegar a establecer las pruebas de validez que nos ayudan a saber si estamos conectado con lo real. Las pruebas de validez son las formas en que nos conectamos con el Espíritu, sintonizamos con el Kosmos. Ellas nos obligan a hacer frente a la realidad.
La verdad proposicional
Se trata de una especia de mapa que se corresponde con algún tipo de territorio. Una proposición que representa algo concreto. Se trata de comprobar por los sentidos que es cierto lo que se afirma en la proposición. Está ligada a los cuadrantes exteriores tanto superior como inferior, y tiene una localización simple. (Teoría correlacional de la verdad).
La verdad es el criterio o prueba de validez de lo exterior individual.
Veracidad
Se trata de la prueba del cuadrante superior izquierdo, de la interioridad del holón individual. Se trata de verdades interiores, no objetivas. La única posibilidad para conocer la interioridad de cualquier holón es el diálogo y la interpretación. Se trata de saber si al dialogar estoy mintiendo, o no.
Por tanto, el criterio de sintonía con la realidad para la mano izquierda es la veracidad. Los eventos interiores están ubicados en la conciencia, no tienen una localización simple.
(La psicología profunda y las terapias nos ayudan a interpretar más auténticamente nuestra interioridad para que no nos mintamos a nosotros mismos) al malinterpretarme a mí, malinterpreto a los demás y les miento.
Al interpretar mejor mi interioridad comenzaré a ajustar mi conducta. El camino hacia la profundidad se halla flanqueado por el engaño y la mentira. Es la veracidad la que nos permite navegar por ese dominio con ellos trabajan las terapias de la Mano Izquierda, cada una según el nivel de conciencia en el que se mueva.
No me basta la verdad para alcanzar la libertad, lo que realmente nos hace libres es la veracidad.
Rectitud
Es el criterio del cuadrante inferior izquierdo.
El mundo subjetivo está ubicado en un espacio intersubjetivo, en un espacio cultural que permite la emergencia del espacio subjetivo. Sin este sustrato cultural mis pensamientos individuales carecerían de todo sentido, es más, yo ni siquiera podría pensar.
No se puede separar el espacio subjetivo del intersubjetivo. La prueba de validez del cuadrante inferior izquierdo es el ajuste intersubjetivo. El sustrato cultural es el que proporciona el contexto común en el que mis pensamientos cobran sentido.
Ajuste intersubjetivo o ajuste cultural.
El objetivo de este criterio de validez es la comprensión mutua, que no quiere decir estar de acuerdo, sino comprenderse. La existencia de un trasfondo cultural común en el que sea posible la comunicación.
Para vivir en comunidad hay que ponerse de acuerdo en muchas cosas, es necesario recurrir a una entidad supraordenada con respecto a los yoes individuales que nos permita el respeto mutuo. Todo esto tiene que ver con el sustrato común de significado, pertenencia y justicia.
Gran parte de este ajuste cultural no es consciente. (El lenguaje, valores morales…)
La comprensión intersubjetiva es algo excepcional, para que se dé, es necesario que cada individuo habite en el interior del otro, es necesario compartir la profundidad.
Cuando apuntamos a la verdad y estamos ubicados en la veracidad, podemos conseguir el milagro de la comprensión mutua. Es el Espíritu, es el ajuste cultural o la justicia, o bondad y rectitud común.
¿Cómo podremos lograr el bien común? Porque no se trata de una disposición de objetos de localización simple, sino de una disposición de sujetos en el espacio interno de la cultura. Es sencillamente la bondad.
El ajuste cultural, o la justicia, tiene que ver con todo tipo de cuestiones: ética, derecho, identidad grupal, contexto cultural,… y este espacio cultural existe en todo tipo de holones. El Espíritu está en el “nosotros”, (Regnum Dei intra vos est) en el ajuste cultural. La justicia apunta a todos los seres sensibles para poder producir el bien más profundo.
Ajuste funcional
Se trata del cuadrante inferior derecho, es el gran exterior de los sistemas. El criterio de validez de este cuadrante es el ajuste funcional, o sea, la forma en que los diversos holones se agrupan en el sistema objetivo global.
El ajuste cultural no es una teoría de sistemas. Esta teoría de sistemas no ha superado el paradigma cartesiano. El paradigma fundamental de la Ilustración era el paradigma de la representación (monológuico, cartográfico) y esto es lo que hacen los teóricos de sistemas..
Es verdad que ambos cuadrantes inferiores tratan con sistemas en sentido amplio, pero el izquierdo describe los sistemas desde dentro, y el derecho desde el exterior, sin preocuparse por compartir los valores de forma intersubjetiva, sino que sólo se interesa en la forma en que su correlato objetivo se ajusta funcionalmente en un sistema social global poseedor de localización simple.
La teoría de sistemas no habla de valores éticos, de veracidad, profundidad… sino de sus correlatos objetivos externos, sólo trata de la localización simple. Atiende a la Mano Derecha, no a la Izda.
Lo que hace la teoría de sistemas es un reduccionismo sutil. El enfoque sistémico incluye en la red que posee localización simple todos los elementos subjetivos e intersubjetivos, reduce los sujetos a objetos.
El reduccionismo burdo lo reduce todo al cuadrante superior derecho, el sutil reacciona en contra y opera de otro modo, pero reduce todos los aspectos de la mano izquierda la derecha y termina destruyendo toda la profundidad del Kosmos y arruinando la vida de los holones.
Ajuste funcional. La verdad del cuadrante inferior derecho se encuentra en la forma en que los distintos holones individuales encajan funcionalmente dentro del gran sistema holístico. El teórico de sistemas siempre está hablando de sistemas colectivos (no es atomista) pero lo hace en términos monológuicos, objetivos.
No es que sea falso lo que dicen, pero es parcial, soslaya las dimensiones de la Mano Izda.
El ajuste cultural intenta comprender a la comunidad desde adentro, sumergiéndose en el contexto común que le permite interpretaciones adecuadas.
El ajuste funcional del teórico de sistemas sólo se interesa en la función que tiene el dato en el sistema social. No se introduce en el contexto común, simplemente se limita a observar. El ajuste cultural tiene que ver con la forma en que los sujetos se agrupan en el espacio cultural, y el ajuste funcional tiene que ver con la forma en que los objetos se agrupan en el espacio físico.
Ambos son enfoques válidos y el uno es correlato del otro.
Conclusión: Los cuatro rostros del Espíritu.
Todas esta cuatro son formas válidas del conocimiento porque están arraigadas en la realidad de las cuatros facetas de cada holón. Cada una de ellas exige una prueba de validez diferente.
Estas verdades constituyen un verdadero tesoro de la colectividad. Son los cuatro rostros a través de los cuales se manifiesta el Espíritu.
Son estos distintos caminos de verdad los que nos llevan fuera de nosotros mismos y nos obligan a refrenar nuestro egocentrismo.
El Kosmos nos susurra desde todos los rincones. Dejemos, pues, que la sinceridad, la verdad, la bondad y la belleza (los cuatro criterios) resplandezcan con el marchamo de la radiante Vacuidad que nunca estuvo –y que nunca podrá estar- lejos de nosotros.
CAP. 8 LA BONDAD, LA VERDAD Y LA BELLEZA
Los cuatro cuadrantes no son más que el Gran Tres de la Filosofía Perenne. Y de él se ha de hablar con un triple lenguaje: el del “yo”, el del “nosotros” y el del “ello”.
El lenguaje del “ello” es objetivo, neutral, carente de valores, monológuico… Describe la faceta exterior de los objetos y sus interrelaciones. Lo que puede ser observado por los sentidos y sus extensiones, sean superficies internas (no interiores), como el cerebro, el corazón… sean externas.
El lenguaje del “yo” es el de la subjetividad interior. La subjetividad es mayor, cuanto mayor sea la profundidad del holón. Pero describir al yo con el lenguaje del ello es convertir al sujeto en objeto, y los sujetos son comprendidos, pero los objetos son manipulados.
El lenguaje del “nosotros” es el del cuadrante inferior izquierdo. La dimensión intercultural, el lenguaje de la visión colectiva del mundo propia de un tiempo, lugar y cultura determinados. Visiones que evolucionan a lo largo del tiempo.
Es el Gran Tres, o los cuatro cuadrantes, de la Filosofía Perenne, y no se pueden confundir uno con otro. Para describir un holón hay que utilizar los tres lenguajes.
Otras formas de hablar del Gran Tres:
Yo, arte, belleza, La crítica del juicio estético (Kant)
Nosotros, bondad, moral, La crítica de la razón práctica (Kant)
Ello, ciencia, verdad (proposicional), La crítica de la razón pura (Kant)
El paradigma fundamental de la Ilustración redujo todo lenguaje al del ello, que es el único que reconoce como real. Redujo el Gran Tres al chato lenguaje del ello. Rechazó la moral y la conciencia a favor de la ciencia. Pero la Ilustración tuvo sus grandes contribuciones positivas. Toda etapa evolutiva tiene su propia dialéctica del progreso.
La contribuciones positivas de la modernidad. La diferenciación del Gran Tres.
La modernidad logró por primera vez en la historia de la evolución de la conciencia diferenciar el Gran Tres. Es decir diferenciar el arte o yo, la moral o nosotros, y la ciencia, o naturaleza o ello.
En la etapa mítica le gran tres estaba fundidas, no integradas, que es lo que tenemos que llegar a conseguir. Ejemplo interesante en la página 174 del libro. No se diferenciaban los espacios subjetivo y objetivo, cultural, así lo que ocurría en uno tenía que ocurrir en el otro. (El número 7, siete orificios en la cara, siete sacramentos, siete pecados, siete planetas, siete el hombre, septenarios, siete virtudes…) (si estabas en desacuerdo don la iglesia eras hereje y traidor, criminal político) Los dominios del yo, del ello y del nosotros no estaban diferenciados, mucho menos integrados.
La diferenciación del Gran Tres es la dignidad de la modernidad.
Ventajas de la diferenciación:
La diferenciación entre sí mismo y la cultura permitió la liberación del individuo del dominio de la iglesia y del estado, la aparición de la democracia…
La diferenciación entre la mente y la naturaleza propició las liberaciones del yo con respecto a la biología, de la mujer, de los esclavos, la aparición del feminismo, difusión de los movimientos culturales…
La diferenciación entre la cultura y la naturaleza permitió que la verdad dejara de estar sometida a la biología, permitió el surgimiento de la ciencia empírica, la medicina, la física….
Las malas noticias: la disociación del Gran Tres
La modernidad aún no ha aprendido a integrar el Gran Tres. Y el esplendor de la modernidad ha terminado siendo su miseria, pues ha terminado disociando el Gran Tres.
Los avances conseguidos en el dominio del “ello” han eclipsado los de los dominios del “yo” y del “nosotros”.
El modernismo ha terminado reduciendo el Gran Tres a los dominios del Uno, el “ello”, los sistemas científicos. Ha terminado no aceptando más conocimiento que el científico. Y el Gran Tres se colapsó en el chato Gran Uno. Negó la existencia de la Mano Izquierda.
Es más fácil el conocimiento científico, que es monológuico, que la complicada investigación hermenéutica, pero esto explica algo, pero no justifica nada.
Dejar de lado al cartógrafo y a la interioridad es cómodo. La naturaleza, interpretada desde la ciencia empírica, constituye un sistema armónico e interrelacionado.
Los teóricos del nuevo paradigma sostienen que lo único fundamental del paradigma ilustrado fue su “atomismo”, y que sus esfuerzos se orientan a reemplazarlo por le holismo.
Pero esto es un gran error. El concepto dominante de la ilustración fue la “gran red de la vida”, no el atomismo, pero sólo tenía en cuenta las dimensiones de la Mano Derecha. Y la teoría sistémica no trata de remediar el legado negativo de la Ilustración, sino que prolonga su propia pesadilla. Forma parte de la visión chata del Mundo
El gran error de la Ilustración no fue el atomismo, el modernismo era holista de hecho, sino que sólo tenía en cuenta las holarquías de la Mano Derecha. Colapsó el Gran Tres (conciencia, cultura y naturaleza) en el Gran Uno (naturaleza sensorial). Y la teoría sistémica lo que hace es prolongar lo mismo. Forma parte del universo descualificado.
El lenguaje del “ello” es carente de valores, es un lenguaje de cantidades no de calidades, de mayor o menor, no de mejor o peor. Por ejemplo, la tolerancia es mejor que el fanatismo, pero una roca no es mejor que un planeta, sino menor. Así han hecho del mundo “un asunto aburrido, mudo, inodoro, incoloro, el simple despliegue interminable y absurdo de la material” (Whitehead)… y ha terminado arruinando a la filosofía occidental.
Si lo único real es el dominio del ello, lo valores y virtudes son “meramente subjetivos”, arbitrarios, sin anclaje en la realidad, con lo que el Kosmos ha perdido toda su profundidad. Y la vida carece de sentido. Esto es también lo que hace la teoría de sistemas.
La misión de la postmodernidad: La integración del Gran Tres
No debemos superar el lado negativo de la Ilustración volviendo a la indisociación mítica del Gran Tres, ni sustituyendo un atomismo monológuico por un holismo monológuico. La misión es, aceptando la diferenciación, integrarlo (los 20 principios de la evolución) según la corriente de la evolución. Hay en la postmodernidad mucho pensamiento regresivo. Hay que buscar formas de integrar la mente, la cultura y la ciencia, o lo que es lo mismo los cuatro cuadrantes. Formas de respetar las cuatro caras del Espíritu y de honrar por igual a la Bondad, la Verdad y la Belleza.
El Gran Tres espiritual
La conciencia colectiva ha llegado hasta los dominios personales, hasta la racionalidad moderna. Más allá están los dominios transpersonales o espirituales. Y este desarrollo posterior también tiene lugar en los cuatro cuadrantes, o en el Gran Tres. El “yo” último es el Buda (un ser espiritualmente realizado), el último “nosotros” es Sangha (la comunidad de quienes están intentando esta realización), el último “ello” es el Dharma (la verdad que realizó) (en visión budista).
Yo soy Espíritu, en los estadios superiores van desplegándose estadios de conciencia más profundos y elevados hasta el momento en que el yo individual descubre su identidad previa con el Espíritu, no es ego, que es pura mentira, la mentira de la sensación de identidad separada. “No soy yo, es Cristo quien vive en mí” , el último yo es Cristo, no yo (JAC).
Y la última cultura es que todos y todo (todos los seres) somos miembros de la comunidad del Espíritu, (todos los holones participan de la Naturaleza del Espíritu). Todos somos miembros de la iglesia mística, del último nosotros.
El último ello del Kosmos es el Dharma, la Verdad, la Mismidad, la Talidad, la Esidad misma de todos los holones. La Verdad objetiva es que todos los holones, tal y como son, son manifestaciones perfectas de la Vacuidad, del Espíritu. ¡Esa es la última Verdad!
Precisamente porque el Espíritu se manifiesta igualmente en los cuatro cuadrantes, podemos describirlo: subjetivamente, como el “yo” del Espíritu, Belleza; objetivamente: como el “ello” del Espíritu, Verdad; culturalmente: como el “nosotros” del Espíritu, Bondad última. Cuando el Espíritu se manifiesta lo hace como sujeto u objeto, en singular o plural, de ahí los cuatro cuadrantes. Y todos estos dominios están en proceso de evolución hacia su propia naturaleza espiritual.
SEGUNDA PARTE
9. LA EVOLUCIÓN DE LA CONCIENCIA
La evolución de la conciencia va desde los estadios inferiores hasta los más elevados, transpersonales o espirituales.
Prescindimos de los cuadrantes exteriores y del inferior izquierda, no porque sean menos importantes, sino para centrarnos en el superior izquierda, en la dimensión individual interna. Sepamos que todos los cuadrantes son igualmente importantes.
Los estadios superiores del desarrollo.
Las estructuras básicas de la consciencia:
1-sensorio física (materia)
2-emocional fantásmica (cuerpo)
3-mente representacional (mente reprentacional) (mente)
4-mente regla – rol (m. Conop operacional concreta) (mente)
5-reflexivo – formal (formop formal operacional) (mente)
6-visión – lógica, integradora (mente)
7-psíquica (alma)
8-sutil (alma)
9-causal (Espíritu)
(10- No dual) (Espíritu). Es el estadio superior, no es ningún estado concreto, sino el sustrato en el que tiene lugar el despliegue
Los estadios medios de conciencia alcanzados hasta hoy por la colectividad llegan hasta el 5 (reflexivo – formal formop). Pero siempre ha habido personas que se han saltado esta conciencia promedio y han ascendido a dimensiones superiores.
Cada sociedad dispone de un centro de gravedad de conciencia (como de cultura…), que atrae hacia sí el desarrollo individual. Cualquiera que esté por debajo o por encima será un marginado. Los que sobresalían de la conciencia promedio en épocas pasadas eran una elite, que con muchas dificultades se elevaban por encima de la conciencia promedio.
La escalera, el escalador y la visión
Los cuatro estadios superiores de la evolución (psíquico, sutil, causal, no dual).
Los modelos evolutivos no son lineales, no son exactamente una escalera, se trata más bien de unas esferas anidadas, en las que las superiores transcienden, incluyéndolas, a la inferiores. Si la consideramos como una escalera, hay que tener en cuenta el escalador y su visión en cada peldaño.
Las estructuras básicas: la escalera
El uso de la metáfora de la escalera se debe a que, aunque los estadios superiores engloben a los inferiores y no se dé una evolución lineal, si se daña un peldaño, o estadio, inferior todos los superiores saldrán dañados.
Aparte hay un ordenamiento holoárquico cultural irreversible: las imágenes aparecen antes que los símbolos, y éstos antes que los conceptos, como las palabras antes que las frases y éstas antes que los párrafos. Los holones básicos se erigen sobre sus predecesores y los incorporan a su propia estructura. No es posible invertir este ordenamiento, como en la escalera.
El yo: El escalador
(El yo subjetivamente hablando es una persona, una sensación de identidad separada)
En el caso de la evolución de la conciencia la acción real tiene mucho que ver con el escalador, es ahí donde se desarrolla la acción. El yo, el escalador posee capacidades que son ajenas a la escalera.
La escalera carece de sensación de identidad separada, pero el yo se identifica con los peldaños y genera distintas sensaciones de identidad. (Wilber las llama: identificación ,organización, voluntad o atención, defensa, metabolismo y navegación).
Escalera y escalador son cuestiones totalmente diferentes.
En cada uno de los peldaños del desarrollo el yo tiene cuatro alternativas entre las que elegir, los cuatro impulsos de todo holón: la individualidad, la comunión, la autotranscendencia y la autodisolución. Y en todos los peldaños puede haber un desequilibrio en estas cuatro alternativas y darse una patología. De ahí que nos encontremos con una escala de patologías.
Los fulcros
A cada uno de estos pasos W. lo denomina fulcro. Un fulcro describe el importante proceso de diferenciación e integración que tiene lugar durante le crecimiento y el desarrollo del ser humano. Es una bifurcación que aparece en el camino evolutivo del yo. La forma de gestionarlo determinará el futuro del individuo. Cada uno de los peldaños es un fulcro.
La estructura básica de cada fulcro es trifásica: 1º fase, el yo evoluciona, asciende a un nivel de conciencia y se identifica con él (fusión/identificación). 2ª fase, comienza a ir más allá de ese nivel, a diferenciarse de él y transcenderlo (diferenciación/transcendencia). 3ª fase se identifica con el nuevo nivel superior (integración/inclusión). Descansa sobre los anteriores, que se ven integrados en el proceso global de expansión.
Y en el caso de que haya problemas en cualquier escalón, vendrán las patologías, más graves, cuanto más bajo sea el escalón.
La emergencia de un nuevo mundo: diferentes visiones del mundo
Cada uno de los peldaños del proceso de desarrollo evolutivo nos brinda una visión diferente del mundo. En cada uno el mundo es en realidad diferente. A medida que la conciencia evoluciona, surgen espacios diferentes que acompañados también de diferentes mundos.
Cada peldaño nos proporciona una sensación de identidad diferente, un tipo diferente de las necesidades del yo, y un tipo diferente de actitud moral, aspectos distintivos de los distintos mundos a los que se accede.
Algunos ejemplos de la escalera, el escalador y el paisaje
Estructura básica necesidades del yo sensación de identidad sensación moral
Sensoriofísica(F1) fisiológicas autística premoral
Simbiótica premoral 0. Deseo mágico
Emocional-fantásmica (F2) impulsiva-pertenencia 1. Castigo/obediencia
Mente rep (F3) seguridad impulsiva I Preconvencional 2. Hedonismo ingenuo
Autoprotectora
Mente regla/rol(F4) pertenencia conformista II convencional 3. Aprobación de los demás
Conformista consciente 4. Ley y orden
Mente reflexivo-formal (F5) autoestima consciente III postconvencional 5. Derechos del individuo
Individualista 6. Principios universales
De la conciencia
Visión-lógica (F6) autorrealización autónoma integrada
Psíquica (F7) autotranscendencia Séptimo estadio superior
Universal-espiritual
Sutil (F8) autotranscendencia
Causal (F9) autotranscendencia
Escalera (escalador)
La mente regla/rol comienza a emerger hacia los 7 años. Acata reglas mentales complejas y asume roles sociales. Comienza el fulcro de este nivel. 1 habrá de asentar bien los pies en él (identificarse). Sensación de identidad conformista. La necesidad básica es la pertenencia. La actitud moral es la aprobación convencional de los demás.
Cada peldaño que se sube supone realizar los tres pasos de cada fulcro: desidentificarse o transcender el peldaño anterior, identificarse con el nuevo, adquiriendo una nueva visión del mundo y una nueva actitud moral.
Ningún yo se halla sencillamente ubicado en un solo estadio, participa de los niveles inferiores también y a veces de los superiores. Y hay todo tipo de regresiones, saltos hacia delante, experiencias cumbres… Hablamos sencillamente de un promedio. El sistema del yo tiene su propio centro de gravedad, lo cual quiere decir que parte de sus elementos compositivos están en el estadio del centro, otros están más arriba o más abajo.
La patología
Cuando un fragmento del yo, v.c. el yo impulsivo queda desgajado del proceso de transcendencia, el resto del yo seguirá el ascenso, pero ese quedará anclado en el sótano. E interpretará al mundo a través de sus categorías. Así pueden darse personas muy evolucionadas intelectualmente y muy atrasadas moralmente.
Los estadios del desarrollo espiritual
Antes de llegar a los estadios superiores se han de pasar todos los inferiores, aunque puede hacerse a más o menos velocidad.
Ha sido muy popular el modelo de “un solo paso”, “todo lo que no es ego es divino” pero esto no es así, hay muchos estados no egoicos que son prerracionales y no transrracionales. Se trata del fenómeno pre/trans.
Pero las cosas no son tan sencillas, no se pasa de bellota a bosque con un simple salto cuántico, antes hay que ser roble…
Una persona puede tener en un momento una experiencia cumbre, que le permita vislumbrar la profundidad, pero lo cierto es que deberá crecer y desarrollarse hasta llegar a integrarla en su propia estructura y asentarse en ella.
La religión chata
Las experiencias cumbres son el atisbo del paisaje que hay que recorrer.
Y además el desarrollo cognitivo es condición necesaria, pero no suficiente para el desarrollo moral. Se puede ser un nazi muy brillante.
Una persona puede vislumbrar un nivel muy elevado de la escalera y negarse a vivir en él. Es necesario que el centro de gravedad del individuo se desplace hacia él. Que el sujeto se transforme hasta llegar a las esferas más profundas de la conciencia.
En los círculos del “nuevo paradigma” hay resistencia a aceptar la noción de estadios, al igual que a aceptar la noción de holoarquía.
Los americanos son la encarnación de la visión chata del mundo, de la espiritualidad de un solo paso. Un mundo chato que requiere un dios igualmente chato, con un paradigma chato, según el cual no es necesaria ninguna transformación. La religión del dios chato es fundamentalista y tiene su dios y su diablo y tiene sus inquisidores…
Freud y Buda
Hay que acudir a la psicología, mal llamada, profunda, mejor sería inferior, para curar los aspectos disociados del yo inferior y así tener toda la energía para saltar a la transcendencia, al desarrollo superior. Tenemos que unir a Freud y a Buda, hoy que es posible.
El desarrollo espiritual termina desembarazándose de la escalera, lanzándose a la Vacuidad. Ya no hay dentro y fuera, sujeto y objeto, aquí y allí, antes y después, ya nos habremos convertido en Kosmos. La chispa divina resplandecerá en cada visión y en cada sonido… eso somos.
EN EL CAMINO A LO GLOBAL: PRIMERA PARTE
La mayor parte de las aproximaciones del nuevo paradigma afirman que estamos viviendo en una aldea global, en una red planetaria…
Pero un mapa global es una cosa y cartógrafo capaz de vivir de vivir de acuerdo a él es otra. Una perspectiva global no es algo innato en el homínido.
Es desde dentro y más allá de esa perspectiva global es desde donde emergen los estadios genuinamente espirituales o transpersonales.
Vamos a subir por la escalera. Primer peldaño
La matriz primordial
Llamemos nacimiento al comienzo. El bebé es fundamentalmente un organismo sensoriomotor, un holón que transciende e incluye las células, moléculas, átomos…, pero no tiene desarrollado el lenguaje, la lógica… el “yo es, por así decirlo, material”. Está identificado con el mundo físico, todavía no se ha diferenciado. Es la matriz primordial, el estadio oceánico…es la fase 1 del primer fulcro.
El yo no está más allá de la dualidad, sino más acá de ella. El niño ni siquiera es consciente de la dualidad. Un narcicismo totalmente primario.
El niño puede desplazarse en principio cuanto quiera horizontalmente, pero no puede moverse verticalmente. Los teóricos de la visión chata se basan en este desplazamiento horizontal.
La forma de consciencia más superficial y limitada es ésta. En muchos y diferentes sentidos este estado de fusión es la antítesis misma del despertar, de la compasión y del amor auténticamente espirituales.
El trauma del nacimiento
El primitivo estadio evolutivo es el fulcro 0, el anterior al nacimiento. Este fulcro como todos tiene una dinámica trifásica. Lo ha estudiado muy bien S. Grof (las matrices perinatales) En algún momento de la vida posterior por diversas causas este fulcro puede ser reactivado.
El falso yo
Un trauma en cualquiera de los fulcros puede dar lugar a un complejo patológico que infecte el desarrollo subsiguiente. El yo puede permanecer fundido o atrapado en un estadio, generando una fijación y así tendrá dificultades para una diferenciación clara y para la integración posterior. Esta patología provoca una lesión en la conciencia que obstaculiza el desarrollo posterior.
El yo comenzará a mentirse a sí mismo. El yo real siempre estará ahí, pero sobre él se desarrollará un falso sistema del yo. La esencia de la represión consiste en mentirse a sí mismo sobre lo que realmente está ocurriendo en el propio psiquismo. Así se origina el inconsciente personal. El locus de la mentira es del yo es el inconsciente.
Las partes disgregadas de la consciencia consumen parte de la energía del yo. La terapia debe enmendar esta falta de sinceridad.
Al atravesar los distintos fulcros hay que prestar atención a los posibles problemas.
Fulcro 1. La incubación del yo físico
En este estadio el yo es sensoriomotor. A los 4 meses el niño separa las sensaciones físicas de su cuerpo y del entorno. Empieza la diferenciación del fulcro 1, hasta los 9 meses.
La diferenciación es el nacimiento real del yo físico. Si no se da esta diferenciación (donde termina el cuerpo físico y empieza el entorno) tenemos la psicosis, el adualismo, la incapacidad para establecer las fronteras físicas del yo, a la que acompañan alucinaciones e ilusiones narcisistas
Estos síntomas, aunque muy raramente, pueden darse por influjo de una consciencia sutil o transpersonal.
Fulcro 2. El nacimiento del yo emocional
En el fulcro 1 el niño permanece emocionalmente fundido con el entorno, sobre todo con la madre. El niño considera que lo que él está sintiendo lo siente todo el mundo que ve. Y que si el no ve (si se tapa los ojos) tampoco los demás lo ven.
Su identidad es biocéntrica y ecocéntrica, se halla fundido con la biosfera. Lo biocéntrico es muy ecocéntrico.
Hay una expansión horizontal, pero no vertical. Es superficial y narcisista.
Entre los 15 y 24 meses el yo emocional comienza a diferenciarse del entorno emocional. Es el nacimiento psicológico o emocional del niño. Surge la sensación de identidad separada. Se diferencia no se disocia. Diferenciación es preludio de la integración (posterior y) superior.
Hemos de tener en cuanta en contra de lo que piensan los retrorománticos que la fusión de los primeros meses no es beatitud, sino ignorancia, y que todo aquello que no ha sido transcendido nos hace cautivos, no libres.
El estadio del fulcro 2 es agridulce. El estadio previo es un estadio de letargo, pero no de beatitud. Cuando nos despertamos como yo emocional separado, hemos transcendido el estadio de fusión anterior, hemos ganado en profundidad, pero nos queda un largo camino hasta la integración superior.
Si el yo no se diferencia, permanece fundido con ese estadio emocional narcisista, el yo carecerá de fronteras emocionales reales, tendrá los problemas fronterizos entre la psicosis y la neurosis: problemas narcisistas y bordeline. El yo carece de una sensación de identidad coherente.
(Página 223 del libro cuadro de las estructuras básicas de conciencia, sus fulcros, patologías y tratamiento pertinente.)
Fulcro 3. El nacimiento del yo conceptual
El yo conceptual transciende el yo emocional, la mente representacional está compuesta por imágenes, símbolos y conceptos. Es el estadio preoperacional de Piaget.
Las imágenes surgen a los 7 meses, se trata de una representación casi física del objeto, por ejemplo la imagen de la Kala, que representa el color, la altura, la forma del hocico… que es la perra de Pepi.
Los símbolos son operaciones cognitivas más complejas. Sería los nombres propios. Se representa a un objeto. En el caso anterior sería el nombre “Kala”. Empiezan a los 2 años, hasta los 4.
El concepto. A partir de los cuatro años. Son operaciones cognitivas que representan a un conjunto de objetos. V.c. perro.
Todas estas estructuras básicas permanecen en la conciencia como capacidades básicas y así empieza a aparecer un yo especialmente mental, que se identifica con la mente conceptual.
A partir de aquí empieza a aparecer el mundo lingüístico, el mundo noosférico. Es una verdadera revolución.
En el fulcro 3 comenzamos a adentrarnos en la noosfera.
Toda neurosis es una crisis ecológica
El mundo lingüístico es nuevo y abre un nuevo espacio. Es un mundo temporal y por tanto histórico, ahora el yo puede pensar en el futuro y en el pasado (planificar y recordar, guardar rencor…) Puede reprimir impulsos inferiores, cosa que el yo anterior no podía, puede sencillamente negar la biosfera. Esta represión en lo individual es una neurosis, y en lo colectivo la negación de la biosfera es una crisis ecológica.
Normalmente el yo conceptual reprime la sexualidad y la agresividad. Este fulcro ya tiene un yo suficientemente fuerte para poder reprimir, en los fulcros anteriores era imposible. Por tanto la neurosis supone un paso adelante con respecto al fulcro 2.
Existe una jerarquía de sistemas de defensa del psiquismo. Pero si estos sistemas se desproporcionan el psiquismo termina devorándose a sí mismo, tenemos una patología. Así el yo comienza a mentirse a sí mismo, se hace opaco a sí mismo. Pero, hay una mentira psicótica, una bordeline, otra neurótica… y el falso yo puede hacerse cargo de la situación o explotar en una crisis… aquí vienen las terapias interpretativas de la Mano Izquierda.
En cualquier nivel del desarrollo, la existencia puede apoyarse en el yo real de la sinceridad o en el falso yo de la mentira. Y los diferentes niveles de la mentira son los diferentes niveles de la patología.
Las primeras visiones del mundo: Arcaica, mágica, mítica
Cada fulcro nos da una visión nueva del mundo. La visión del mundo es el aspecto que asume el Kosmos desde un determinado peldaño de la escalera de la evolución de la conciencia.
Al fulcro 1 corresponde la visión arcaica, al 2 la mágica, al 3 la mítica…
En el fulcro 2 las imágenes y los símbolos rudimentarios no se diferencian claramente de los objetos que representan. Así si se manipula una imagen se cree que se manipula el objeto, v.c. el vudú.
Cuando se acerca al fulcro 3 el niño se da cuenta que no puede manejar mágicamente el mundo, e intenta que otro lo maneje por él. Así aparecen los dioses…
La visión mítica del mundo comienza con la mente rep(representacional), prosigue con la mente regla/rol y se desvanece con la visión racional del mundo.
Fulcro 4. El nacimiento del yo rol
En Piaget es conop (operacional concreto) Va desde los 6 o 7 años hasta los 11-14. Implica capacidad para aprender reglas mentales y asumir roles mentales. Capacidad para asumir el papel de los demás.
En este estadio se ha dado un paso más hacia lo global.
La actitud moral cambia de una egocéntrica y preconvencional a una convencional y conformista.
Cambios de paradigma
Se da un cambio total de visión del mundo, y un profundo cambio de la sensación de identidad, de la actitud moral y de las necesidades del yo.
Al llegar a este punto el adulto habrá experimentado media docena de cambios de paradigmas, nosotros tendemos a expulsar de nuestra conciencia esos recuerdos de niños. Cuando los niños experimentan un cambio de paradigma, el paradigma anterior desaparece totalmente de su conciencia. Y el nuevo yo reinterpreta todos los acontecimientos de su vida anterior desde la nueva perspectiva.
Cuando analizamos lo que nos ha sucedido en etapas anteriores de nuestra vida, deformamos realmente lo que ocurrió.
11 EL CAMINO HACIA LO GLOBAL. II PARTE
Hemos llegado al cambio del fulcro 3, preconvencional, al fulcro 4, convencional. Todo el proceso de evolución de la conciencia es una batalla contra el egocentrismo.
Evolución versus egocentrismo
La evolución consiste en una continua disminución del egocentrismo, un continuo descentramiento.
En el momento en que aparece la capacidad de asumir el rol de los demás, la perspectiva egocéntrica experimenta otro cambio radical y pasa de ser egocéntrica a ser sociocéntrica.
El fulcro 4 (Cont.): los guiones de la vida social
Lo importante de este estadio es cómo me relaciono con mis roles, con mi grupo… Actitud sociocéntrica. Pero la expansión del ego se limita al grupo, no va más allá. Etnocentrismo. Es una postura de mítico-pertenencia, la visión es aún mitológica y se expande el respeto a los que pertenecen a la misma mitología, la misma cultura. No hay una actitud mundicéntrica, que se dará en el fulcro 5.
En este fulcro el yo ha de atenerse a los guiones. Muchos de estos son absolutamente necesarios, son los medios a través de los cuales el sujeto va más allá de sí mismo y penetra en el círculo intersubjetivo de la cultura.
Algunos de esos guiones pueden ser distorsionados, y la persona dispondrá de máscaras y mitos sociales falsos y dañinos. Son las mentiras sociales que alimentan el falso yo. Este es el objetivo de la terapia cognitiva (terapia familiar, análisis transacional, terapia narrativa…) en la que se hace frente a losa guiones distorsionados.
El fulcro 5.El ego mundicéntrico y maduro
Entre los 11 y 15 años aparece en la cultura de occidente el estadio de las operaciones formales (formop) que permite operar sobre el pensamiento, pensar sobre el pensamiento.
Así la persona puede empezar a imaginar mundos diferentes, “ qué ocurriría en caso de…” Un mundo ideal es posible. Por eso la adolescencia es la edad de la razón y de la revolución. El mundo interno se abre al ojo de la mente. Se puede pensar sobre las reglas y los roles.
Al final deberá integrar los roles sociales sin perderse en ellos (identificación, diferenciación, integración) transcendiéndolos.
Un nuevo descentramiento. Mi grupo no es el único…
Se trata de una transformación realmente difícil, pero, cuando ocurre (a mayor profundidad, menor amplitud) nos encontramos con la primera actitud auténticamente universal, mundicéntrica. Es el trampolín para acceder a cualquier desarrollo posterior superior.
Por primera vez en el curso de la evolución, el Espíritu contempla a través de sus ojos y ve un mundo global, un mundo descentrado del yo y de lo mío, un mundo que exige atención, respeto, compasión y convicción, un Espíritu que despliega sus propios valores intrínsecos, y que sólo se expresa a través de la voz de quienes tienen el coraje de permanecer en el espacio mundicéntrico y no caer en compromisos inferiores más superficiales.
Diversidad y multiculturalismo
La moralidad convencional es sociocéntrica y la postconvencional es mundicéntrica y basada en el pluralismo universal.
El multiculturalismo subraya la diversidad cultural pero esta actitud propia del fulcro 5 es muy infrecuente, muy difícil de lograr. La actitud universalmente pluralista es realmente multicultural y postconvencional, pero la mayor parte de los individuos son egocéntricos y etnocéntricos, por eso Vd. Ha de ser tolerante con individuos que no lo son.
Parece que sólo el 4% de los habitantes de EEUU son postconvencionales. Se trata de una elite. Sin embargo, los multiculturalistas afirman. Es una elite. Sin embargo, los multiculturalistas afirman (no sólo tratan a todos por igual, lo cual es bueno) sino que todos los individuos (y puntos de vista) son iguales. Es muy difícil llegar a esta visión de igualdad de todos, la mayoría de la gente no la ha alcanzado. Pero no todas las actitudes son equiparables. Unas son mejores que otras (una mundicéntrica mejor que una sociocéntrica) El multiculturalismo al uso se niega a hacer estos juicios, afirma que ¡todas las actitudes son iguales! Que tratan como la mejor y tratan de imponerla.
Se trata de la patología propia de este estadio. “Crisis de identidad”, porque ¿Quién es usted cuando comienza a cuestionar su cultura, se distancia de los prejuicios sociocéntricos y etnocéntricos y se independiza de ellos?
Los multiculturalistas padecen una crisis de identidad global, afirman que cualquier clase de elitismo es mala, y su propio yo es elitista y se ven obligados a distorsionarlo. Pasan de decir que todo debe ser juzgado de forma equitativa a decir que nada debe ser juzgado, y terminan sosteniendo una postura elitista que niega su propio elitismo.
Afirmar que todas las posturas son iguales supone afirmar la superficialidad preconvencional y etnocéntrica.
Es una patología de una mente adolescente, del desastre de la modernidad.
El fulcro 6. La integración corpomental del centauro
Es el último gran estadio ortodoxo.
La estructura básica es la visión – lógica, o lógico – global, una estructura de conciencia muy global e integradora. No dicotómica. Esta estructura unifica las partes separadas, y cuando se asienta en una auténtica transformación interior sirve de soporte a una personalidad integrada. Es cuando el yo se identifica con la visión – lógica. Integración entre mente y cuerpo, noosfera y biosfera que configura un yo que ha superado el aislamiento, un yo integrado en redes de responsabilidad y servicio.
Resumen de la investigación realizada por Broughton: “La mente y el cuerpo como experiencias de un yo integrado”. En este estadio el yo es perfectamente consciente tanto de la mente como del cuerpo: el yo observador de ambos como objetos de conciencia, comienza a transcenderlos.
El yo observa al comenzar a transcender la mente y el cuerpo, le permite comenzar a integrar la mente y el cuerpo: “centauro”
Es un estadio trifásico, como todos.
Fusión inicial: mente formal
Diferenciación: yo observador, mente objeto
Integración: con el resto de los componentes de la conciencia, cuerpo, mente, impulsos…
La locura aperspectivista
Centauro o nivel existencial. En este punto de la evolución uno se encuentra a solas consigo mismo, ha dejado los roles y reglas convencionales, el etnocentrismo… pero puede malograr la libertad conseguida. Libertad que es aperspectivista (término de Jean Gebser) La visión – lógica es aperspectivista porque dispone de una multiplicidad de puntos de vista y no privilegia automáticamente a ninguno.. Todas las perspectivas son relativas, pero no todas igualmente adecuadas, unas son relativamente mejores que otras: el mundicentrismo es mejor que el etnocentrismo… La locura aperspectivista olvida esto y afirma sin exclusión que todo es relativo y que no hay nada mejor que otra cosa. Pero, claro, su afirmación es mejor que las otras.
El Espíritu en la visión aperspectivista contempla el mundo a través de multitud de puntos de vista. Un descentramiento más.
La antesala de la transpersonal
El yo real del estadio existencial no se contenta con las distracciones existenciales, no se consuela con lo trivial. La tarea fundamental del fulcro 6 es la emergencia del yo auténtico, del yo existencial y para ello el yo finito debe morir y los dioses míticos y la ciencia racional no pueden salvarlo. El descubrimiento del auténtico ser–en–el-mundo exige la asunción de la propia contingencia, de la propia mortalidad, de la propia finitud.
Los existencialistas han descubierto que mentimos sobre nuestra finitud, creando símbolos de inmortalidad, mentimos sobre nuestra propia responsabilidad ocultándonos en el Otro, o en el rebaño. La autenticidad existencial es prerrequisito imprescindible para entrar en el reino de lo transpersonal sin el lastre de las mitologías o arrebatos etnocéntricos.
La patología de este estadio es la falta de sentido. El yo existencial ha probado todo lo que el dominio de lo personal puede ofrecerle y no le resulta satisfactorio, pero sigue anclado en el dominio de lo personal. ¿Para qué intentar la “fortaleza” si todo termina convirtiéndose en polvo?
Para el alma existencial lo personal se ha convertido en algo insubstancial. Está en la antesala de lo transpersonal.
CAP. 12 LOS DOMINIOS SUPRACONSCIENTES
1ª PARTE
En el estadio del centauro el yo observador toma conciencia de la mente y el cuerpo y empieza a transcenderlos.
El yo observador conduce directamente a Dios, inserta nuestra conciencia en el Infinito. El yo observador es el Yo, Testigo, Presencia, Cristo, Buda… Vacuidad.
Donde la mente queda atrás
El Testigo ha estado presente desde el comienzo mismo, como la forma básica de consciencia, no es más que la consciencia de todo holón, pero, va haciéndose cada vez más patente a medida que evoluciona el proceso de crecimiento.
En el estadio del centauro la consciencia está empezando a desidentificarse de la mente, puede contemplarla, verla, experimentarla… se convierte en un objeto del Testigo.
Las tradiciones místicas aparecen en este momento de la evolución, cuando el yo abandona la mente y se basan en una serie de experiencias sobre la consciencia.
¿Qué sucede cuando la consciencia va más allá de la mente, hasta una dimensión que no se halla confinada al ego ni al yo individual?
El Yo observador termina desplegando su propio origen, que es el mismo Espíritu, la misma Vacuidad. En esas profundidades místicas el Yo se funde con el Yo del Kosmos en una Identidad Suprema que eclipsa la totalidad del mundo manifiesto. Se desata el nudo del yo separado.
Los estadios transpersonales
Un puñado de hombres y mujeres recorrieron a lo largo de los siglos estos caminos y nos dejaron un mapa detallado de los mismos. Basados en el estadio actual de la investigación podemos hablar de cuatro niveles: psíquico, sutil, causal, no dual, cada uno de los cuales proporciona una visión distinta del mundo: misticismo natural, misticismo teísta, misticismo informe, misticismo no dual. Se trata de estructuras básicas, niveles discretos e identificables y visiones del mundo muy concretas. Cada una de ellas posee una estructura, sensación de identidad, actitud moral, necesidades, etcétera, diferentes.
Pero siempre la acción real no tiene lugar en la escalera, sino en el escalador.
El desarrollo real del yo en estos estadios, como en todos, no es exactamente lineal, no obstante el centro de gravedad tiende a centrarse en torno a una determinada estructura.
Se puede ir más o menos aprisa, pero se han de superar todos y cada uno de los estadios.
El fulcro 7: El nivel psíquico
A mi juicio (K.W.) constituye un estadio de transición entre la realidad cotidiana ordinaria y los dominios transpersonales. Aumenta la posibilidad de ocurrencia de fenómenos paranormales. En él una persona puede disolver provisionalmente la sensación de identidad separada y experimentar el misticismo natural. En este estadio no hay separación entre sujeto y objeto, entre el yo y el mundo natural. No hay dentro y fuera. El Yo Superior puede ser llamado el Yo eco-noético, o Alma del Mundo.
No es un salto brusco, se viene preparando desde el primer nivel o fulcro 1. Éste es un paso más hacia delante en el camino que conduce a la experiencia real de la identidad esencial del hombre con todos los seres vivos. La conciencia mundicéntrica es un paso más, una superación de los prejuicios antropocéntricos. Cada nueva emergencia es ir descubriendo más aspectos del mundo externo como algo realmente interno, integrándolo como una parte de tu propio ser. Es como si una mañana se despertasen las moléculas y tomaran consciencia de que los átomos están dentro de ella, formando parte de su propio ser. Es despertarse una mañana y descubrir que la naturaleza forma parte de ti mismo (no a la inversa) y en consecuencia se cambia la forma de tratarla.
La consciencia transpersonal no es el fruto de una transformación de un solo paso, sino fruto de un muy largo proceso de transformaciones.
La ecología profunda y el ecofeminismo
La experiencia fundamental de la ecología profunda: descubra ese Yo profundo que engloba la naturaleza y luego trátela con el mismo respeto con que se trataría a sí mismo.
Pero, reducen esta experiencia a la Mano Derecha, al cuadrante inferior derecho, concluyendo: todos somos hebras de la gran red, cayendo en un holismo empírico que sólo tiene en cuenta la dimensión funcional y externa, es más negando la existencia de toda interioridad.
Pero, en la experiencia mística usted no es una hebra de la gran red, sino que es la totalidad de la red. Usted hace algo que una simple hebra no podría hacer, transcender la red y fundirse con la totalidad.
Interpretar esta experiencia en términos de sistemas de redes de vida es muy pobre interpretación.
Desarrollo de la argumentación contra los ecologistas…página 276.
Le experiencia es muy genuina, pero la interpretación muy inadecuada.
No queremos quedar atrapados en un chato mapa holístico que es el paradigma fundamental de la Ilustración, que no tiene en cuenta para nada la profundidad de la Mano Izquierda. Que reduce todo “yo” y todo “nosotros” a “ellos” interrelacionados, toda profundidad interior a mero ajuste funcional y todas las dimensiones translóguicas y dialóguicas a monológuicas.
El eneagrama y el esqueleto básico
Todos los desarrollos del nivel psíquico comparten el hecho de tener un pie en el reino ordinario y personal y el otro en los dominios transpersonales.
Todos las fenómenos psíquicos comparten la misma estructura profunda, la que supone haber comenzado a transcender en la realidad ordinaria. (Algunos de estos fenómenos: viajes chamánicos, sensación abrumadora de lo numinoso, despertar espiritual espontáneo, liberación de traumas del pasado…)
Todos estos fenómenos son objetos que pueden ser percibidos en este nuevo espacio psíquico del mundo, como en el mundo sensoriomotor se perciben las piedras… Para percibirlos la cognición se ha de desarrollar hasta el nivel 7, el psíquico.
Cualquier nivel de conciencia es un espacio más amplio (que el anterior nivel) del mundo en el que puede presentarse un amplio abanico de fenómenos.
Los niveles no expresan más que el esqueleto al que hay que dotar de carne. Así está la teoría de las inteligencias múltiples de Martín Gadner (talento musical, artístico, atlético, matemático…) Las estructuras básicas inferiores no son eliminadas, sino transcendidas, y, por tanto, integradas por las superiores. No desaparecen sino que adquieren nuevas dimensiones psíquicas. Hay, además, una gran variedad de tipos que se presentan en cada uno de los niveles de conciencia.
El eneagrama: presenta nueve tipos fundamentales de personalidad, presentes en cualquier nivel de conciencia (9*9 = 81) Cuando comienza a desarrollarse, durante los tres primeros fulcros, la personalidad tiende a instalarse en uno de los nueve tipos eneagramáticos, dependiendo sobre todo de la disposición innata de los mecanismos de defensa. Estos tipos dominan la consciencia hasta el fulcro 7, el comienzo del dominio transpersonal, en donde se empieza a transformar en su correspondiente sabiduría.
Es una idea tántrica: si se entra despierto en un estado inferior, se terminará transformando ese estado en su correspondiente sabiduría. Así en los niveles superiores los tipos eneagramáticos posibilitan también el despliegue de la sabiduría correspondiente. El eneagrama no cubre bien las dimensiones sutiles o causales, pero incorpora la sabiduría psíquica transpersonal.
En todo caso los tipos y los niveles cubren las dimensiones horizontales y verticales.
Es un ejemplo de cómo se va articulando el esqueleto básico.
Fulcro 8. El nivel sutil
El nivel “sutil” simplemente se refiere a aquellos procesos que son más sutiles que la consciencia vigílica ordinaria, las iluminaciones, sonidos interiores,… los estados expandidos del amor y la compasión,… y también los estados patológicos sutiles.
Es el misticismo teísta. El estado de fusión den la Deidad es el comienzo del fulcro 8.
(El misticismo natural: Nirmanakaya. El misticismo teísta: Samboghakaya. El misticismo causal: Dharmakaya)
Las estructuras profundas de los niveles superiores se hallan presentes de manera potencial en todos los seres humanos, pero al irse desplegando sus estructuras superficiales reales van siendo moldeadas por los cuatro cuadrantes.
Las profundidades deben ser interpretadas y esas interpretaciones son imposibles fuera del contexto que proporciona las herramientas de la interpretación, el sustrato de la interpretación. Las estructuras profundas están dadas, pero no las superficiales, y la experiencia misma tiene un componente interpretativo que supone la existencia de unos sustratos que no existen en el psiquismo individual (culturales, conductuales…)
Pero la realidad básica de la experiencia interior sutil no es algo construido artificialmente por la cultura, sino que está ahí, es un acontecimiento ontológicamente real, aunque no está en los niveles inferiores. Esas experiencias existen en el espacio sutil y ahí es donde hay que buscarlas.
Jung y los arquetipos
Los arquetipos jungianos son formas psíquicas primordiales heredadas. Representan experiencias típicas comunes a las que se han visto expuestos todos los seres humanos en todo tiempo y lugar: experiencia del nacimiento, de la madre, del padre, de la sombra, del viejo hombre sabio, del mentiroso, del ego, del ánima y del ánimus (femenino y masculino) Es una sedimentación en el psiquismo humano de millones y millones de experiencias…
El análisis jungiano analiza e interpreta el inconsciente individual y el estrato colectivo en el que éste se halla inmerso. Los arquetipos jungianos son colectivos, no transpersonales. La mayor parte de los arquetipos pertenecen a las etapas mágica y mítica.
Colectivo no es igual a transpersonal, espiritual, ni místico.
Hay algún tipo de arquetipo jungiano raquíticamente transrracional como el hombre sabio, el mandala, el yo…
Los arquetipos reales.
Los arquetipos reales son (según todas las tradiciones místicas) las semillas-formas sutiles de las que depende toda manifestación, son las primeras formas básicas que emanan de la Vacuidad y de las que depende toda forma posterior, son la pauta original, el molde primordial, son una Consciencia comparada con la cual toda cognición es un mero reflejo. Son una experiencia meditativa imposible de comprender hasta que se realice la experiencia.
CAP 11 LOS DOMINIOS DE LO SUPRACONSCIENTE
SEGUNDA PARTE
Los arquetipos nos permiten contemplar el Rostro de lo Divino, y esto no puede ser desdeñado como “pura metafísica”. Si no se hace la experiencia meditativa y se descubren los datos por uno mismo, no se puede negar su existencia. Después de la experiencia vendrá la interpretación. No se puede demostrar el Teorema de Pitágoras a quien esté en el nivel mágico… Tampoco las experiencias sutiles a quien está en los estados inferiores. Hay que practicar: meditar.
El fulcro 9. Lo causal
Fulcro9: La Vacuidad pura. Estado de consciencia discreto, identificable, es absorción, cesación sin manifestación. Equiparable al estado de sueño sin sueños. No se experimenta como un vacío, sino como una plenitud que ninguna manifestación puede llegar a contener. Este Yo puro que nunca puede ser visto como objeto es la Vacuidad pura.
Todo lo que sabemos sobre nosotros son objetos de nuestra consciencia, no son el Yo observador, son lo que se ve, no El que ve. Cuando nos describimos a nosotros mismos enumeramos una retahíla de identidades erróneas, que no son el Testigo.
Hay que dar un paso atrás y desindentificarnos del cualquier objeto. El que ve no es pensamiento, ni sensación, ni objeto… es lo que contempla todo esto, pero que no puede ser contemplado. El yo que se contempla contemplando tampoco es el Yo, pues éste no puede verse, no es objeto.
Permanecer en la Consciencia observadora, contemplándolo todo es una experiencia enorme de sensación de libertad, sensación de no estar atado a ninguno de los objetos vistos. Se es una inmensa libertad, se es apertura, claro, Vacuidad.
Cualquier intento de ver al Testigo puro es identificarse con el tiempo, porque el Testigo está fuera de la corriente del tiempo y del espacio, no es objeto, ni sujeto alguno.
Nosotros identificamos Quien ve con las menudencias que pueden ser vistas t éste es el origen mismo de la esclavitud. El Testigo es la ausencia de todo sujeto y de todo objeto, es la liberación de todo esto. El Testigo puro no está en la corriente del nacimiento y la muerte, es no nacido, no viene, ni va; no es que permanezca después de la muerte, es que ni siquiera está en la corriente.
Y esta Vacuidad no nacida es la que nos permite liberarnos de lo nacido, del sufrimiento inherente al espacio y ala tiempo…
No es difícil entrar en contacto con el Testigo, pero, vivir desde esa Libertad es algo muy diferente. El Testigo es lo Causal sin manifestar, el sustrato creativo de todas las otras dimensiones, es Dios, Tao, Alá, Brahman… Capacidad “Autotranscendente”.
Vacuidad, creatividad, holones… que se desarrollan siguiendo los veinte principios, o sea, la forma en que se despliega la pauta de toda manifestación. Esta pauta encarna el impulso creativo a alcanzar mayor profundidad… mayor desarrollo que finalmente retorna a su sustrato infinito en la Vacuidad, que no es un emergente, sino el sustrato s9in fundamento y que estaba presente desde el comienzo en la profundidad de todo holón.
Lo no dual
Para las tradiciones no duales la cesación no es el estado último. La sensación de ser un Testigo “aquí” termina desvaneciéndose y el Testigo resulta ser idéntico a lo atestiguado.
Es el segundo significado de la Vacuidad, no es un estado discreto, sino el sustrato de todos los estados, la realidad misma de todos ellos.
No se contempla el cielo, se es el cielo. No hay nadie contemplado el paisaje, se es el paisaje, hay sólo paisaje. El mundo real le viene dado de forma inmediata de una sola vez, en una sola sensación, en un solo Sabor.
El mundo real viene dado de forma inmediata, de una sola vez, no una aquí y otra ahí. Es un singular que carece de plural… La dualidad es ajena a la inmediatez de la experiencia. La experiencia real antes de que usted (todo el libro está escrito en forma de diálogo) la cercene es ajena a toda dualidad. En la experiencia de la montaña, usted es usted y la montaña. Montaña, pero son dos facetas de una sola experiencia, de la misma experiencia.
Si usted se relaja en la experiencia presente, la sensación de identidad separada desaparecerá, usted dejará de contraerse ante la vida, ya no tendrá una experiencia, sino que se convertirá en experiencia. Ya no se halla en el cuerpo-mente, porque éste ha desaparecido, ya no hay usted, sino el mero despliegue de lo numinoso emanando espontáneamente instante tras instante en una dimensión en la que no hay lugar alguno en el que encontrar al yo separado.
Usted es Vacuidad pura, “es el sonido de una mano aplaudiendo”. Ya no hay nada ajeno. Todo es Kosmos, Totalidad.
Pero este estado no es algo que se pueda alcanzar, porque es la condición misma de toda experiencia antes de que usted la cercene. Es anterior al esfuerzo, es el mundo real antes de que usted haga algo con él. Es un estado del que resulta imposible salir, usted siempre ha estado en él, nunca ha salido de él, nunca ha habido un solo instante en el que no estuviera contemplando su Rostro Original. Y el objetivo de las tradiciones no duales n0o es producir este estado, sino señalárselo.
Los dualismos siguen apareciendo en este mundo, pero son verdades relativas, no son la última palabra.
El problema de dualismo no puede resolverse, sólo puede disolverse en el sustrato primordial no relativo. Deja a los dualismos tal cual son, poseyendo una cierta realidad relativa y convencional.
La inmediatez de la presencia pura
William James y Bertrand Russell estaban de acuerdo en este punto crucial: la no dualidad de sujeto y objeto en la conciencia inmediata.
La experiencia pura no está dividida en exterior e interior, en ella no hay dualidad.
No es difícil tener un atisbo, un sabor, una vislumbre de lo no dual, y éste es el comienzo. Cuando usted descansa en este estado no creado de inmediatez pura… comienzan a ocurrir cosas raras. Todas las tendencias subjetivas con las que usted se había identificado comienzan a consumirse en el fuego liberador de la no dualidad. Pero las muertes de estos yoes son muy intensas. Usted no tiene que hacer nada, sólo se mantiene ahí.
Poco importa el tipo de experiencia que aparezca porque el estado natural, no dual, es anterior a la experiencia. Usted debe permanecer en ese esfuerzo sin esfuerzo durante un tiempo y morir de continuo esas pequeñas muertes.
La iluminación
Pero los dualismos siguen presentándose. Es la dinámica misma de la manifestación. El Espíritu se manifiesta como sujeto y objeto, de forma singular y plural… Nosotros no podemos suprimir la existencia de esos cuadrantes, pero sí ver a través de ellos hasta atisbar su misma Fuente. Esto es muy fácil y lo más difícil.
Existen dos escuelas sobre el estado iluminado: causal y no dual.
Las tradiciones no duales no tratan de cambiar su estado, sino de despertar su reconocimiento de lo que siempre ha sido.
La naturaleza Esencial de todo estado ya tiene Un Solo Sabor y siempre está ante nuestros propios ojos. Hay que aprender a descubrirla, como el juego de descubrir las palabras en un conjunto informe (aparente) de letras…
La Esencia de las tradiciones no duales es: Morar en la Vacuidad y abrazar toda Forma. La Liberación está en la Vacuidad, pero ésta abraza toda Forma como un espejo refleja todos los objetos.
TERCERA PARTE. EL MUNDO CHATO
Cap. 14 Los ascendentes y los descendentes
Resumen de lo visto hasta el momento:
- De la Vacuidad emergen creativamente los holones y evolucionan siguiendo los veinte principios.
- Todos los holones poseen cuatro capacidades (individualidad, comunión, autotranscendencia, autodisolución) El motor de la evolución es el impulso autotranscendente, y su desarrollo es holárquico. Los holones evolucionan a mayor profundidad, y cuanto mayor es ésta, mayor es su conciencia y mayor el riesgo de tener problemas.
La evolución es un proceso dialéctico.
Cada holón presenta cuatro facetas: individual – colectivo, interior – exterior.
En los seres humanos la reflexión sobre los cuatro cuadrantes les lleva a tener consciencia de su situación y conciben varios tipos de conocimiento, varios tipos de búsqueda de la verdad y de pruebas de validez: verdad, veracidad, rectitud, ajuste funcional.
Las dos dimensiones exteriores pueden ser descritas con el lenguaje del ello. Los cuatro cuadrantes se resumen en el Gran Tres: Bello, Bueno y Verdadero; yo moral, ciencia; arte, ética y objetividad.
El lenguaje del ello requiere un abordaje empírico, el del yo y del nosotros requiere la interpretación. Las superficies pueden ser vistas, pero las profundidades han de ser interpretadas.
Los cuatro cuadrantes son irreducibles unos a otros. No podemos fijarnos sólo en los aspectos exteriores.
En la evolución interior se procede de lo prepersonal a lo personal y después a lo transpersonal. La evolución interior implica una escalera de estructuras básicas, un escalador o fulcros y un paisaje o visión del mundo. Así la sensación de identidad, las necesidades y la actitud moral discurren a través de los diversos estadios (fisiocéntrico, biocéntrico, egocéntrico, etnocéntrico,…) y las patologías propias de cada estadio.
Se han visto someramente los cuatro estadios superiores (psíquico, sutil, causal, no dual) y sus misticismos correspondientes.
A lo largo de nuestra evolución de conciencia colectiva futura han de surgir los estadios transpersonales, y lo harán en los cuatro cuadrantes (intencional, conductual, cultural y social) Está aún por ver las formas que asumirá dicha evolución.
El Espíritu deviene cada vez más consciente de su condición. De subconsciente a autoconsciente y a supraconsciente. El mismo Espíritu que ha estado plenamente presente a lo largo de todo el proceso de desarrollo. Así las Formas se revelan como el despliegue creativo de la Vacuidad en un universo de Un Solo Sabor. No existe ningún punto final, sólo la incesante gracia de la Vacuidad.
Así es como va desplegándose el luminoso juego, gesto atemporal tras gesto atemporal… extasiado en su perfecta entrega… maravillosa danza autoliberadora… sin que haya nadie para contemplarla, ni cantarle alabanzas.
La Gran Holoarquía
El hecho es que el sustrato cultural de la mayor parte de la historia de la humanidad contiene algún tipo de Gran Holoarquía.
La Gran Holoarquía ha sido la filosofía oficial predominante durante casi toda la existencia de la mayor parte de la humanidad.
Esta situación acabó en Occidente con la Ilustración, empeñada en cartografiar la Gran Holoarquía con el mapa monológuico y empírico. Y la mirada monológuica no puede acceder a lo interior, por tanto el yo y el nosotros desaparecieron de la vista, y se negó su existencia. Se decidió el mundo chato, en el que solo está lo grande y lo pequeño, pero no lo mejor y lo peor. Sólo lo cuantificable. Un mundo descualificado, despojado de valores y sentido, de conciencia y cualidades. Se produjo el colapso del Kosmos, y todo se quiso reducir al cosmos.
Y el Occidente moderno perdió el contacto con la Gran Holoarquía.
Lo intramundano versus lo ultramundano
Existen en la Gran Holoarquía dos direcciones posibles, la ascendente (transcendente o ultramundana) y la descendente (inmanente o intramundana)
Pese a la opinión de siglos Platón no es un filósofo ascendente, sino que reconoce la importancia de ambos movimientos. Reconoce que toda creación es una manifestación perfecta del Espíritu, porque el Uno se derrama en todas las formas.
Estas dos corrientes que debieron permanecer siempre unidas en la historia, se separaron y originaron una contienda. Pero tanto en Platón como en Plotino ambas corrientes se hallaban fundidas.
Plotino nos ofrece una Gran Holoarquía, una jerarquía anidada en la que disponemos de dos posibles movimientos: ascendente y descendente, a los que Plotino llamaba Flujo y Reflujo.
Los gnósticos llegaron a descubrir el Uno causal, pero no llegaron al no dual. Son ascendentes. Plotino acusa a los gnósticos de profanar las creaciones del Espíritu.
La sabiduría y la compasión
El camino de ascenso es el camino de la sabiduría, el descenso es el de la compasión.
El de ascenso o sabiduría, o prajna, nos permite ver que Toda Forma es Vacuidad. El de descenso o compasión, o karuna, nos permite ver que la Vacuidad es Forma. La Sabiduría nos permite advertir que los muchos son Uno, y la Compasión que el Uno es muchos. Sabiduría = Eros, Compasión = Ágape. Eros = Dios y Ágape = Divinidad.
Eros lucha por el bien del Uno en la sabiduría transcendente, mientras que Ágape engloba a los muchos con un respeto divino por todo lo inmanente.
Dos dioses diferentes
La guerra entre los ascendentes y los descendentes ha terminado convirtiéndose en el problema central característico de la mente occidental.
Durante el milenio que va de S. Agustín a Copérnico el ideal de Occidente es ascendente fundamentalmente. Las corrientes ascendentes existen en toda sociedad agraria, que tiende a afirmar la ilusoriedad de este mundo y terminan condenando la tierra, el cuerpo, los sentidos, la sexualidad, la mujer…
La vida está bien, pero lo realmente importante viene después de la muerte…
Con el Renacimiento todo empezó a cambiar… y los ascendentes fueron reemplazados por los descendentes. Para el modernismo lo ascendente se convierte en el nuevo pecado. La asunción de lo descendente sin atisbar mínimamente lo ascendente es el origen de la visión de un mundo chato, sin sentido ni espiritualidad.
Este marco de referencia chato y descendente ha determinado la condición moderna y postmoderna.
Para el mundo moderno la salvación, venga de la política, de la ciencia, de la sexualidad… sólo puede ser encontrada en esta tierra, en el mundo de los fenómenos, en la pura inmanencia… no existe nada transcendente, superior. Es la visión chata del mundo.
La visión descendente se halla tan arraigada en la cultura occidental que hasta los activistas del nuevo paradigma están atrapados en sus garras.. el marco de referencia descendente impregna por igual la ortodoxia y la vanguardia… lo industrial y lo ecológico. Y esta visión es una de las causas de la crisis ecológica.
Cap 15. EL COLAPSO DEL KOSMOS
El gran obstáculo que encontró la evolución al llegar al Renacimiento e Ilustración fue la no diferenciación del Gran Tres. Pero e la diferenciación pasó a la disociación y a la negación de la existencia del yo y el nosotros. Y la dignidad de la Ilustración se convirtió en miseria.
El esplendor de la modernidad
En la era agraria los determinantes biológicos eran determinantes culturales. No se había diferenciado el Gran Tres, la noosfera y la biosfera permanecían indiferenciadas. Lo único importante era la fuerza masculina. Al separar yo, cultura y naturaleza aparece el poder de la mente, de la razón y la mujer se independiza, empieza la abolición de la esclavitud, aparecen las democracias, la sociedad deja de ser agraria y se va convirtiendo en industrial-racional.
El dios mítico es agrario y etnocéntrico, es el dios de un pueblo concreto, o el de todos los pueblos que le rindan pleitesía, o un dios mundicéntrico por derecho de conquista militar. Este tipo de jerarquías de dominio suele tener una sola cabeza (papa, rey, khan…) que se halla en la cúspide y bajo la cual se despliegan diversos niveles de servidumbre. Todas estas sociedades guerrearon en nombre de su dios, o diosa, mítico predilecto, ante el cual debían postrarse todos los seres humanos.
En consecuencia la Edad de la Razón fue también la de la Revolución en contra de las grandes jerarquías de dominio.
Desde una postura postconvencional todas las personas son merecedoras de las mismas oportunidades.
En cambio en la estructura agraria no se podía ni pensar en la emancipación de los esclavos, era insostenible la estructura.
La miseria de la modernidad
De la diferenciación del Gran Tres se pasó a la disociación y de ahí a la negación de todo lo no empírico. El cientificismo quiso acaparar toda la verdad y todo conocimiento. Y el Gran Tres se colapsó en el Gran Uno y la ciencia empírica se arrogó la facultad de pronunciarse sobre la realidad última, y se excedió de sus dominios. Se determinó que lo único real eran los “ellos” objetivos poseedores de localización simple. El Espíritu y la Mente desaparecen, y lo mismo la supraconsciencia y la autoconsciencia, sólo queda el inconsciente inserto en un vasto sistema de ellos interrelacionados.
Cuando lo único realmente real son “ellos” objetivos poseedores de localización simple, la mente misma se convierte en una tabula rasa que debe ser llenada con imágenes de la única realidad existente, la naturaleza objetiva y sensorial. Entonces el Espíritu y la Mente desaparecen y lo único que existe es la naturaleza empírica
La racionalidad instrumental: un mundo de “ellos”
¿Por qué la ciencia aplastó los otros dominios? Confluyeron dos elementos: los logros alcanzados por la ciencia empírica (todos dominios del “ello”) y las extraordinarias transformaciones logradas por la industrialización (también dominios del “ello”) Dos fuerzas a favor del “ello”.
Las bases tecnoeconómicas de una civilización imponen las formas concretas en las que se puede mover una determinada cultura. No es que determine la superestructura cultural (marxismo), sino que impone los límites y la libertad de movimiento (el agua no puede salirse del vaso, pero no la produce el vaso "digo yo"). Ahora bien, la base industrial constituye también el fundamento de la productividad instrumental.
Toda cultura se desarrolla dentro de un marco de posibilidades que le proporciona su fundamento macroeconómico y, en este sentido, la industrialización favoreció el desarrollo de una mentalidad productiva, técnica e instrumental que enfatizó el dominio del “ello”.
Lo realmente esencial en esto es la presión ejercida por la base productiva sobre la conciencia para privilegiar el dominio del “ello”, para crear un mundo en el que el “ello” es lo único real. Tanto la ciencia atomista, como la holística se hallan al servicio del “ello”. La idea de que el cerebro forma parte de la naturaleza y de que la conciencia puede ser descubierta, mediante el estudio empírico del cerebro, supone una lamentable reducción a las superficies monológuicas. El cerebro forma parte de la naturaleza, pero la mente no forma parte del cerebro. La mente es una dimensión interna y su correlato externo es el cerebro, al que puedes ver. A la mente no la puedes ver, la has de interpretar, y para ello tienes que dialogar.
Cuando reducimos el Kosmos a la gran red de la naturaleza empírica, desnaturalizamos también el interior de la naturaleza. La dimensión interior carece de localización simple, sólo puede compartirse mediante la comunicación sincera, y a ella sólo se puede acceder por el diálogo y la interpretación.
Con el dominio del “ello” las únicas holoarquías ontológicas posibles se basarán en la extensión física, los órdenes de magnitud reemplazarán a los órdenes de significado, sólo se podrá discriminar la diferencia de tamaño.
La falacia de la localización simple: lo que puede ser localizado en un espacio físico no es realmente real. Y esto nos ha llevado a un universo sin sentido.
El paradigma fundamental de la Ilustración
Frase de Foucault, con la locura monológuica los hombres se transformaron en “objetos de información , nunca en sujetos de comunicación”.
El cientificismo apareció al mismo tiempo que las ciencias del hombre, el humanismo deshumanizado. Es la Era del Hombre de Foucault, porque se inventó al hombre como objeto de investigación.
Y hoy se conoce como conocimiento a la reducción de todos los sujetos a objetos en una gran red interrelacionada. La ironía de una racionalidad chata. El mundo se unidimensionalizó. Ni Espíritu, ni mente, sólo naturaleza sin interioridad. Al dios fragmentado ascendente, se le sustituyó por el dios fragmentado descendente. La naturaleza vacía, sin Espíritu, y el hombre moderno y postmoderno deambula entre los humeantes escombros de la quimera de buscar la salvación infinita en un mundo finito.
La ironía, el talante de la modernidad
La gran ironía de la modernidad ha sido conseguir la diferenciación del Gran Tres con sus avances y a la vez haber propiciado el colapso del Kosmos en las exterioridades absurdas y superficies sin significado. La misma razón que liberó a la humanidad está a punto de destruirla. ¡Una mayor libertad para ser superficial!
La ironía implica que el objetivo buscado y los resultados obtenidos son totalmente desproporcionados, la ironía es un tipo de mentira que permite que un falso yo suplante al verdadero.
El colapso del Gran Tres y la exaltación de la mera naturaleza empírica fue un proceso de achatamiento y superficialización. Ningún creyente mítico lo aceptaría.
El mundo moderno no tiene Espíritu sino ironía. La conciencia moderna y postmoderna ha asumido la extenuante misión de negar su propia existencia.
La voz del marco referencial industrial
Muy pocos, pese a lo que puedan decir, se hallan en condiciones de asumir una perspectiva mundicéntrica. Se tienen que haber superados los cinco o seis estadios anteriores. El único camino que nos lleva de verdad a esa consciencia es el de la Mano Izquierda. Y la industrialización nos ha llevado al mundo de la mononaturaleza de localización simple.
En otras culturas no descubrimos este colapso, pues la naturaleza es prediferenciada, o es una encarnación del Espíritu. ¡Nunca antes la naturaleza diferenciada se había equiparado a la realidad última! Este concepto de naturaleza es un producto de la industrialización. Si la naturaleza es la única realidad, o bien ésta es el Espíritu, como quieren los retrorrománticos, o no hay tal Espíritu, como sostienen los filósofos de la Ilustración, pero ambos estaban atrapados en la misma visión descendente.
Para Platón y para Plotino la naturaleza es una expresión del Espíritu, lo mismo que la mente.
Sólo en la aurora de la modernidad pudieron aparecer Marx, Feuerbach o Comte, los románticos y los ecofilósofos. De modo que el movimiento ecorromántico es un producto de la industria, no una rebelión contra ella, pues mantienen la ontología industrial de que la naturaleza es la única realidad. La religión de Gaia es una de las formas que asume la religión industrial.
En las eras mágica y arcaica no se había diferenciado la naturaleza, por tanto, no se adoraba.
El moderno marco de referencia descendente está destruyendo a Gaia porque la despoja de su interioridad. Y la religión de Gaia es uno de los principales mecanismos de transmisión del moderno marco de referencia descendente.
Sólo en la integración del Gran Tres y no en el dominio de uno de ellos, podemos hallar la salvación. Hay que volver a la transcendencia y luego descender a las formas.
Este marco de referencia descendente es en el que se haya instalado y estancado el mundo moderno y postmoderno, y es el marco de referencia que determina nuestros objetivos, nuestros deseos, nuestros logros y nuestra salvación.
Quienes más atrapados están en esta visión chata del mundo, son quienes más alto cantan sus alabanzas.
Cap. 16 El ego y el eco
La rebelión postilustrada empezó entre los siglos XVIII y XIX por las profundas contradicciones inherentes al paradigma fundamental de la Ilustración.
Ego versus eco
Las dos fuerzas enfrentadas fueron: la Ilustración racionalista y el romanticismo de la naturaleza. Y ambas eran fuerzas del marco de referencia descendente. La Ilustración racional y el romanticismo natural participaban de la misma ontología (industrial): zafarse por completo de todo lo ascendente, (no integrar lo ascendente y lo descendente en la Esencia no dual). Ambos participaban de la misma visión chata del mundo, pero la Ilustración lo hacía de un modo racional, calculado y metódico y los románticos se apoyaban en la sensación, sentimiento y emoción. Los románticos no querían controlar el mundo chato, sino fundirse con él. No Naturaleza, sino naturaleza.
Los dos hijos gemelos de la visión chata del mundo
Ambos afirmaban poseer la solución a los problemas de la disociación del Gran Tres. Ambos se movían en el marco descendente, pero en direcciones opuestas: El ego racional querían controlar e incluso sojuzgar la naturaleza. La vida en la naturaleza era sucia, cruel, pobre, corta, solitaria, amoral… “hay que emanciparse de la naturaleza”. Para los ecorrománticos esto era una ruptura, había que recuperar la armonía integrar al yo con la naturaleza y ambos con la corriente de la Vida cósmica.
Pero en ambos caso se trata de la misma naturaleza vacía del Espíritu, monológuica, la naturaleza como gran trama interrelacionada, como sistema de procesos empíricos. Como gran orden, que en sí mismo es la realidad última.
Y sin embargo, el problema de la disociación radica en que el marco de referencia es puramente descendente.
La verdad el ego
Ambos tenían sus verdades relativas. Para las fuerzas del ego: querían alejarse de la naturaleza porque ésta carece de valores morales conscientes, es amoral. En el mejor de los casos el mundo postmoderno tiene una moral mundicéntrica, la cual es inexistente en el mundo de la naturaleza sensorial. La moral mundicéntrica sólo la tiene un pequeño número de seres humanos, y supone haber transcendido muchas etapas anteriores. Sólo transcendiendo los impulsos egocéntricos, los compromisos inferiores, los deseos naturales y conformistas y asumiendo una actitud mundicéntrica podré descubrir mi yo más auténtico.
Kant se indignó con el empirismo chato e insensato de Hume y le respondió con la filosofía más exquisita elaborada en Occidente (¿?). A Kant se remontan casi todas las corrientes transcendentalistas modernas conocidas.
Resumiendo: la verdad del ego es que sólo es posible asumir una actitud superior y más inclusiva que permita el desarrollo de la tolerancia y de la compasión universal en las corrientes transcendentes del Kosmos.
El problema del ego
Las fuerzas del ego adolecen de graves limitaciones, Aunque todo lo que dice Kant es cierto, pero, aunque éste trató de superar la escisión existente entre el conocimiento de la moral y el de la naturaleza a través de la estética, no pudo conseguirlo. Kant reconoció que el gran fracaso de la modernidad fue no poder integrar el Gran Tres, y él tampoco pudo. Se llegó ala disociación.
El ego y la represión
La transcendencia del ego se convirtió en represión, el ego racional se elevó y terminó reprimiendo los impulsos naturales, la biosfera, y terminó arrancando sus propias raíces. Reprimió a la naturaleza tanto externa como interna, por eso apareció Freud. El ego terminó desencantando la naturaleza, cartografiándola mediante el conocimiento representacional.
Y todo esto indignó mucho a los ecorrománticos.
El reencantamiento del mundo
La rebelión romántica fue un alzamiento contra la represión del ego, que había ignorado sus raíces prepersonales y sus intuiciones transpersonales. Hay mucho de verdad en estas críticas. La escisión entre mente y naturaleza, entre mente y cuerpo, es para los románticos inadmisible. Ellos hablan de totalidad y unidad, los ilustrados de autonomía. La gran verdad romántica es la necesidad de salvar el abismo entre moral y naturaleza, y la de Kant es la necesidad de transcendencia.
Así se llegó al colapso filosófico, empate entre ambas fuerzas, y aún hoy es el problema crucial: ¿Cómo reconciliar el ego y el eco?
Para los defensores del ego la pregunta es ¿Cómo fundirse con la naturaleza sin abandonar la actitud moral mundicéntrica?
La respuesta romántica, muy pobre, se centraba en dos concepciones diferentes de la naturaleza. Para ellos la naturaleza lo abarca todo, pero de la que se ha desviado la cultura, y la está destruyendo. Pero, si la cultura se ha desviado de la naturaleza, ya no es Naturaleza, no lo abarca todo.
Los románticos comprometidos con un marco de referencia solamente descendente, confundieron naturaleza con Naturaleza, y terminaron equiparando al Espíritu con naturaleza sensorial. En la búsqueda de la Naturaleza los románticos terminaron en la naturaleza y cayeron en el agujero negro de su propio egoísmo, mientras seguían clamando el nombre de la divinidad.
El eco y la regresión
El colapso del Kosmos es el de la Naturaleza en la naturaleza.
Si se permanece abierto a las experiencias espirituales y a la vez fiel a la ontología industrial, se termina equiparando el Espíritu con naturaleza. La intuición es válida, pero la interpretación inadecuada. Y en vez de avanzar evolutivamente hacia la emergencia de la Naturaleza, se volverá a la naturaleza, a los fulcros anteriores a la racionalidad.
Esta regresión es lo distintivo de los movimientos románticos y ecofilósofos de hoy.
La única realidad espiritual para los ecorrománticos es la naturaleza, o biosfera, y la cultura la destruye necesariamente, por tanto es antiespiritual. Para estos movimientos la recuperación del paraíso perdido exige el regreso a formas de vida originales y primordiales, y toda la evolución ha sido un tremendo error.
El paraíso perdido
Este error se ha cometido en muchos dominios. La modernidad logró diferenciar el Gran Tres, pero fue demasiado lejos y la convirtió en disociación. Los románticos reaccionaron, pero creyeron que el problema estaba en la diferenciación (preludio necesario para la integración), y no en la disociación. Concluyeron que el hombre tenía que retroceder al período anterior a la diferenciación. Así se eliminaban los problemas de la disociación, pero se anulaban las ventajas de la diferenciación.
La cultura convencional es muy poco espiritual, pero hay que avanzar a lo postconvencional, no retroceder a lo preconvencional. Se trata de una regresión de la noosfera a la biosfera, cosa que le libra de las miserias de la modernidad y de sus ventajas. Lo que se hace es curar una represión con una regresión.
Si en la dinámica del ego se niega la transcendencia, se queda uno ahí, en el ego y no se da más. Pero los ecorrománticos tienen auténticas experiencias espirituales, que luego las interpretan inadecuadamente.
Usted puede contemplar la naturaleza, fundirse con el Alma del Mundo y experimentar que es uno con la naturaleza. Pero se ha de tener en cuenta que la naturaleza no es la fuente de esta intuición. Un animal con los sentidos mucho más desarrollados que los nuestros no siente esta experiencia. Se interpreta este éxtasis en un marco de referencia descendente, un marco de ontología industrial, y se confunde al Espíritu con la naturaleza, se le atribuye a la naturaleza sensorial lo que es del Espíritu postconvencional.
Si usted cree que el Espíritu, el Alma del Mundo, es un simple impacto sensorial, no se dará cuenta de que la cultura constituye una parte necesaria del camino evolutivo que conduce a una aprehensión consciente del Espíritu, y concluirá que la cultura oculta y distorsiona la mononaturaleza, en la que supuestamente reside su “yo real”.
La pesadilla retrorromántica es que soslaya por completo la causa real de los problemas de la modernidad: Diferenciación del Gran Tres, colapso en el Gran Uno y ontología industrial.
La sabiduría ecológica no es vivir de acuerdo con la naturaleza, sino ponernos de acuerdo en cómo vivir de acuerdo con la naturaleza. Es u problema intersubjetivo, de la noosfera, no una inmersión en la biosfera.
Es éste un error regresivo.
La maquinaria de la regresión
Los ecorrománticos en su regresión fueron en busca del paraíso perdido, pero no anhelaban el Espíritu atemporal, sino uno hipotéticamente presente en algún momento del pasado.
Fueron primero a Grecia, pero como ésta tenía una estructura agraria, eran patriarcales, y se fueron a culturas hortícolas, y de éstas a las recolectoras y cazadoras. Pero todas tienen acentuados aspectos desagradables, que los eco han terminado ignorando.
Terminan curando la enfermedad desembarazándose de la profundidad y siendo cada vez más superficiales.
CAP. 17 EL DOMINIO DE LOS DESCENDENTES
Schelling: integración de la mente y la naturaleza.
La Ilustración logró diferenciar la mente de la naturaleza y olvidó el sustrato transcendental que los unifica. Así terminó en la disociación. El paradigma de esta disociación es la investigación científica, el paradigma de la representación: la mente refleja la naturaleza.
Según Schelling este paradigma abrió una grieta, hizo a los seres humanos objetos de sí mismos y deshumanizó el humanismo. Schelling terminó transcendiendo el romanticismo y rechazando cualquier tipo de regresión a la naturaleza. Para él hay que ir más allá de la razón para descubrir que mente y naturaleza son dos movimientos del mismo Espíritu, que se manifiesta en los diferentes estadios sucesivos del desarrollo.
El Espíritu no es Uno se parado de los muchos, sino el mismo proceso mediante el cual es Uno se expresa a través de los muchos.
La evolución: el despliegue en el tiempo de la Gran Holoarquía.
El concepto no nació con Darwin. A partir de Leibniz los teóricos comenzaron a comprender que la Gran Cadena no es una Holoarquía que viene dada de una vez por todas, sino que va desplegándose en el tiempo. Un tiempo histórico inmensamente largo.
Y la Gran Cadena no tiene huecos, la plenitud del Espíritu llena todos los huecos, de ahí que no haya “eslabones perdidos”. Por tanto la idea de evolución era muy común antes de Darwin. (Giordano Bruno dedujo la vida en otros planetas). De hecho todo se remonta hasta Plotino.
La modernidad atada a una mano descendente, nos ofrece una evolución que acaba en la razón y no la transciende. La contribución de Darwin no fue a la teoría de la evolución, sino la teoría de la evolución por medio de la selección natural. Una teoría que en modo alguno puede explicar la macroevolución.
Los tres filósofos que más han influido en la mente occidental: Platón, Plotino y Schelling.
La idea que domina en la cultura actual es la de evolución.
La evolución: el Espíritu - en - acción
Para Schelling el proceso evolutivo es aún un proceso espiritual y se halla presente en todos y cada uno de los procesos del desarrollo en forma del mismo proceso. Y lo mismo dice Hegel, su amigo y discípulo. Para Schelling la única realidad esencial es el Espíritu, no la naturaleza, ni la mente.
El Espíritu desciende a la naturaleza, la crea y ésta no es más que Espíritu objetivo, la mente Espíritu subjetivo. L a naturaleza no es un estúpido sustrato mecánico, sino que es esencialmente espiritual, aunque ese Espíritu se halle todavía aletargado. Con la emergencia de la mente es Espíritu comienza a tomar conciencia de sí mismo, y así introduce la conciencia moral.
Para Schelling tanto la naturaleza como el ego son fases del arco total de la evolución del Espíritu. En lugar de retrotraernos al momento anterior a la diferenciación, hemos de avanzar en la evolución para superar el momento de autoafirmación “absolutistas” del ego y del eco. Para él el acto no dual de autoconocimiento del Espíritu de sí mismo es la síntesis del ego y del eco, una intuición mística directa que no se ve mediada por ninguna forma (ni la de la naturaleza objetiva, ni la de la mente subjetiva)
El Espíritu se conoce a sí mismo objetivamente como naturaleza, subjetivamente como mente y absolutamente como Espíritu.
Estos tres grandes momentos son subconsciente, consciente y supraconsciente, o prepersonal, personal y transpersonal, o prerracional, racional y transracional, o biosfera, noosfera y teosfera…
La intuición esencial de Schelling es que el Espíritu que se actualiza en forma consciente en la Suprema Identidad es el mismo Espíritu que ha estado presente desde el comienzo como la totalidad del proceso evolutivo.
Existe una profunda integración entre ego y eco, entre lo ascendente y lo descendente… el Espíritu se halla plenamente presente en todos y cada uno de los estadios de la evolución en forma de mismo proceso de autorrealización, y va desplegándose cada vez más plenamente a lo largo del proceso.
Se diferencia de los románticos en que el Espíritu transciende la naturaleza, cosa nunca admitida por los románticos. Para ellos la naturaleza es lo único que existe y mente y Espíritu no son más que hebras de la red..
Como Plotino enseñaba el “otro mundo” siempre es este mundo visto de la manera adecuada.
El desvanecimiento de la visión
En pocas décadas el marco de referencia descendente terminó devorando el idealismo y promulgando la salvación gaiacéntrica.
Pero, no podemos quedarnos estancados en los idealistas.
Errores que cometieron:
1º no desarrollar una práctica auténticamente contemplativa, una práctica realmente espiritual. Carecían de una disciplina meditativa… por eso fueron interpretados como pura metafísica, pura representación monológuica. Carecían de un camino para reproducir la conciencia transpersonal.
2º las intuiciones profundas de los dominios transpersonales se expresaron casi siempre en términos de visión-lógicos, imponiendo a la razón un objetivo que nunca podrá alcanzar. Hegel en concreto identificó l Espíritu con la razón madura, “Lo real es racional y lo racional es real”
Por supuesto que Hegel sabía de la pobreza de las palabras, pero se empeñó en que la razón debía hablar el lenguaje de los ángeles. Y esto no hubiera sido un error si hubiera diseñado prácticas para el desarrollo evolutivo, como hicieron los maestros Zen, que disponen del zazen o meditación, que les sirve para asentar sus intuiciones en criterios experimentales. El Zen es mucho más que un simple proceso de cartografiado.
El idealismo al no tener una metodología para reproducir sus intuiciones, hace que estas no sean fácilmente reproducibles y tampoco falseables. “Mera especulación”
El dominio de los descendentes
El fracaso del idealismo dejó el camino libre a los descendentes. No tardó Feuerbach, discípulo de Hegel, en afirmar que cualquier tipo de espiritualidad, de ascenso, era una proyección potencial de los humanos en un “ultramundano” totalmente imaginario. Pero Feuerbach confundía lo mítico con lo transpersonal, lo ignoraba.
Y tras él, Marx y todo el mundo moderno sigue sus pasos: “No existe nada fuera de la naturaleza y los seres humanos”
Internet
Forma parte de la nueva base tecno-económica (cuadrante inferior derecho). Es en sí misma neutra, depende del uso.
La Red es una estructura exterior que no garantiza en absoluto la transformación interior. La humanidad se halla globalmente en gran parte en modalidades de conciencia preconvencionales egocéntricas y como mucho sociocéntricas, y la Red no cambiará esta conciencia, en todo caso está contribuyendo al estancamiento o a una regresión.
La religión de Gaia
Los principales problemas de Gaia no son la superpoblación, el agujero de ozono… sino la falta de comprensión y acuerdo mutuo en la noosfera en cómo afrontar estos problemas.
El hecho es que al despojarnos de la transcendencia el marco de referencia descendente nos despoja de la única posibilidad de salvar a Gaia, pues el logro de una moral mundicéntrica nos exige un proceso de crecimiento y transformación interior, pertenece al mundo del yo y el nosotros y no al del ello.
La terrible verdad de la condición moderna es que el odio a la transcendencia es la forma a través de la cual el marco de referencia descendente se reproduce en la conciencia de aquello mismo que está destruyendo.
CAP. 18 EL DESVELAMIENTO DE DIOS
La escritura en la pared
Muchas personas tienen intuiciones verdaderamente espirituales, pero, atrapadas en el marco descendente, las interpretan mal. Atrapadas en la disociación entre el yo, la cultura y la naturaleza interpretarán las intuiciones en función (los defensores del ego) del Yo superior, teniendo en cuenta los componentes intencionales, pero sin tener en cuenta los componentes conductuales, culturales y sociales, totalmente necesarios para una auténtica transformación, en tal caso el Yo Superior aparece como una especie de Yo hiperautónomo, que nada tiene que ver con los asuntos sociales, conductuales, culturales, que crea su propia realidad… O puede interpretar (los defensores del eco) estas intuiciones como fusión con la naturaleza, pero que interpretada como mononaturaleza, o naturaleza empírica, le impedirá transformarse interiormente y poder devenir uno con la Naturaleza (habrá experimentado una unión con la montaña, pero no ha devenido uno).
La disociación moderna se halla tan arraigada en la mentalidad moderna que la interpretar una experiencia espiritual se interpreta desde el mundo fragmentario del marco descendente de la modernidad, y así se exalta un cuadrante y se ignoran los otros, con lo que se deforma la intuición.
Las interpretaciones afortunadas de las intuiciones espirituales favorecen la emergencia de una nueva profundidad, pero las desafortunadas tienden a dificultarlas.
Y esto es porque las interpretaciones son llevadas a cabo desde un solo cuadrante y no rinden tributo a los cuatro cuadrantes, o lo que es lo mismo al Gran Tres: lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero. Fragmentan el pleno desarrollo del Espíritu.
El Yo superman
Parece con la interpretación desde el ego, como si el hecho de conectar con nuestro Yo Superior fuera a resolver todo tipo de problemas. ¡Como si el Yo real fuera superman! Pero, de hecho las cosas suceden al revés de lo que interpreta esta teoría. Cuanto más en contacto se halle el Yo Superior, más comprometido estará usted con el mundo y con los demás, como un componente de su auténtico Yo, el Yo en el que todos somos Uno. La Vacuidad es Forma. Cuando usted conecte con su Yo superior una de las primeras cosas que hará será comprometerse con el Mundo (dar de comer al elefante) y respetar cada uno de los holones como forma de manifestación de lo Divino. Aunque no todo sea igual, como veremos. Ciertamente en la Suprema Identidad, uno está asentado en la Libertad, que se manifiesta como compasión, atención y respeto.
Un Yo que ignore el resto de los cuadrantes aborta su propia realización y se mantendrá encerrado en su propia conciencia hasta llegar a secarse.
El maravilloso yo de la Gran Red de Gaia
Hay mucha gente buena con verdadera intuición del Espíritu, pero que la interpreta en términos del ello. Reduciendo el Espíritu a una especie de suma de todos los fenómenos o procesos interrelacionados en una gran red (cuadrante inferior derecho). Todo esto tiene mucho de verdad, pero es una visión sin las dimensiones interiores, es una interpretación monológuicas.
Tratan, frente al atomismo y el mecanicismo, desde la física, biología, teorías sistémicas… demostrar objetivamente que la naturaleza del universo es holística, pero todas ellas son ciencias monológuicas. Se trata de una interpretación genuina, pero, inadecuada del Espíritu, porque ignora las dimensiones del yo y del nosotros. No hacen más que hablar de la Totalidad, pero el mero hablar no cambia nada, sigue siendo una interpretación monológuica. Adoran a la biosfera, convertida románticamente en Biosfera y a su gran amada la naturaleza (no Naturaleza)
Una experiencia de fusión cósmica, no lo es con la naturaleza (mono), sino con los cuatro cuadrantes de la Naturaleza, no es con un mundo de localización simple, sino con el Espíritu que se manifiesta de cuatro formas siempre.
La sabiduría ecológica no consiste en vivir de acuerdo con la naturaleza, sino en ponernos de acuerdo en cómo vivir de acuerdo con la naturaleza, en cómo integrar el Gran Tres. Y este estado es un esfuerzo largo y arduo de transformación.
La actitud fundamental de los ecologistas y multiculturalistas de respetar las diferencias individuales sólo puede ser producto de una conciencia mundicéntrica, que aparece en los fulcros postconvencionales, y no el resultado de zambullirse en los preconvencionales (volver al hombre primitivo…). Estamos favoreciendo la superficialidad y la fragmentación.
Así sólo se alimenta la falta de crecimiento, de desarrollo, de transcendencia, de evolución; sólo se promueve la cultura de la regresión y la política del narcicismo.
Mas allá de la mente postmoderna
La modernidad es considerada por las grandes religiones como el gran movimiento antirreligioso. Y así es, pero mató al dios mítico. Pero el Espíritu está presente en todos los momentos del proceso. La razón es más profunda que el mito, y en este sentido represente un mayor desarrollo de las potencialidades del Espíritu. La razón libera la luz atrapada en el mito y la distribuye entre los oprimidos de la tierra, liberándolos de sus cadenas.
Las alabanzas al pasado y el odio al presente suelen basarse en una falsa comparación. Se coge lo peor de esta cultura y se compara con lo mejor del pasado.
Por supuesto que hay que ir más allá de la mente postmoderna, pero no regresando a épocas anteriores, sino transcendiéndola.
Cada época de la evolución humana parece girar n torno a una idea central.
Recolectora: El Espíritu está integrado en el cuerpo de la tierra.
Hortícola: Pero el Espíritu exige sacrificio.
Agraria: Los distintos pasos del desarrollo del Espíritu están, de hecho, dispuestos según la Gran Cadena del Ser.
Modernidad: La Gran Cadena se despliega en el tiempo evolutivo.
Postmodernidad: Nada está dado, el mundo no es tanto una percepción, como una interpretación. (No es la locura aperspectivista).
Y los pensadores religiosos antimodernos se hallan atrapados en la visión agrícola del mundo y ni siquiera comprenden la modernidad y postmodernidad. No parecen comprender las manifestaciones modernas del Espíritu y menos aún las postmodernas.
Para éstas no existe nada predado, para la mentalidad agraria, todo lo contrario, todo está eternamente ahí, más allá del despliegue del tiempo y del desarrollo.
Y es precisamente la identificación del Espíritu con la visión agraria la que impide el reconocimiento moderno y postmoderno del Espíritu.
La transformación del mundo y el abismo cultural
A trompicones en el mundo ha habido un proceso de transformación de una sociedad racional-industrial a una informática visión-lógica. No es una transformación espiritual, pero sí muy profunda .
A lo largo de su historia la raza humana ha experimentado seis grandes transformaciones culturales (inf. izdo.) que se suelen resumir en tres: agraria, industrial e informática. Estamos al comienzo de la tercera-sexta o “tercera ola”
Esta transformación está impulsada por una base tecno-económica de transferencia de información digital (inferior derecho), que conlleva una nueva visión del mundo con un nuevo centro de gravedad socio cultural, la sociedad visión-lógica informática, con una nueva modalidad del yo, un yo centáurico con nuevas pautas intencionales y conductuales (superior izquierdo) que debe integrar su materia, su cuerpo y su mente para ajustar funcionalmente su conducta (superior derecho) al nuevo espacio del mundo.
Pero esto corresponde a un orden muy elevado y supone una terrible carga sobre el mundo.
Cuanto mayor es la profundidad de la transcendencia, mayor es la dificultad que conlleva la inclusión. Y la pesadilla es que pese al espacio superior del mundo, cada ser humano ha de empezar su desarrollo particular por el primer fulcro. Y cuanto más niveles de desarrollos verticales tenga una cultura mayor es la probabilidad de que las cosas vayan mal. Los sociedades más profundas han de afrontar mayores riesgos en los cuatro cuadrantes.
Cuanto más peso soporta el centro de gravedad de una determinada sociedad (cosa que ocurre cuando más individuos suben de un nivel a otro) mayores son sus dificultades para integrar verticalmente a individuos que presentan distintos niveles de desarrollo.
Y lo peor de todo no es el abismo económico, sino el cultural, el abismo de valores que impide la integración en el nivel que ofrece la sociedad. Porque la integración de los individuos en ese nivel se posibilita, pero no se garantiza. Este abismo entre el nivel ofrecido y los individuos que de hecho lo alcanzan crea una tensión que genera patologías culturales.
Y lo más grave aún en esta sociedad chata es que ni siquiera puede pensar en el abismo cultural, porque para ella todo tiene la misma profundidad, 0. No se reconoce ni la existencia del problema.
Y si nuestra visión del mundo sigue sin permitirnos reconocer el problema, no está lejos el momento en que el abismo cultural termine provocando un colapso en nuestra cultura.
La ética medioambiental
La crisis medioambiental y el abismo cultural son en realidad el mismo problema. Salvo por el temor, es imposible respetar las cuestiones globales.
Sólo será posible solucionar la crisis ecológica, salvando el abismo cultural. Pues sólo el punto de vista postconvencional y mundicéntrico puede permitir el reconocimiento real de la crisis y dar la fortaleza necesaria para tratar de modificarla. Y para ello es necesario que un número considerable de individuos alcance el desarrollo postconvencional.
Las discusiones sobre ética ambiental se basan en la axiología, la teoría de los valores.
Cuatro escuelas:
Bioigualdad. Todos los holones vivos tienen el mismo valor (ecólogos profundos y ecofeministas)
Hay diferentes derechos entre los animales. En función de los sentimientos trazan la línea divisoria.
Jerárquica u holoárquica. Las entidades más complejas son las que más derechos tienen. Primero los humanos.
Cuarta escuela: el ser humano es el único que posee derechos, pero estos incluyen el respeto y la gestión de la tierra y de los seres vivos.
Para Wilber: tres tipos de valor: Valor Sustrato, valor intrínseco y valor extrínseco.
Valor Sustrato el que corresponde por ser una manifestación perfecta de la Vacuidad. En este sentido todos los holones tienen el mismo valor. Toda Forma es Vacuidad.
Valor intrínseco el que corresponde a cada holón por ser una totalidad relativa, es el valor de la propia profundidad. Un simio tiene más que un átomo.
Valor extrínseco o instrumental el que corresponde a cada holón en tanto que una parte relativa. Es un valor para otros. A mayor amplitud mayor valor extrínseco.
Derechos: Los derechos expresan las condiciones de existencia del valor intrínseco de un holón, las condiciones necesarias para preservar su individualidad y conservar su profundidad.
Deberes: En cuanto parte todo holón es responsable de la conservación de la totalidad. Las responsabilidades expresan las condiciones de existencia del valor extrínseco del holón.
Holón = Totalidad Parte
V. Intrínseco V. Extrínseco
Derechos Deberes o responsabilidades
El fracaso en asumir las responsabilidades implica el fracaso en establecer las condiciones necesarias de existencia de holones… que conllevaría nuestra propia destrucción.
En el paradigma de la visión chata se ha terminado confundiendo derechos con deberes.
La versión ego ilustrada nos habla de derechos sólo del ego. Todos los demás holones son meras partes.
La versión eco romántica no admite más holón que la Gran Red. El único valor intrínseco, todos los demás somos meros instrumentos. Es un ecofascismo.
Llegan a confundir valor Sustrato con valor intrínseco, y así llegaron a la bioigualdad.
Es necesaria una ética medioambiental que respete los tres tipos de valores.
La intuición moral básica
La regla fundamental: Promover y proteger la mayor profundidad posible para la mayor amplitud posible.
Cuando yo intuyo al Espíritu no sólo la intuyo para mi yo, sino también en el dominio de los seres que comparten el Espíritu conmigo. Y además me siento impulsado a implementar este despliegue espiritual en el mayor número posible de seres, en los dominios del yo, del nosotros y del ello.
Adiós a la visión chata del mundo
Será imposible una auténtica transformación, que en parte ya está en marcha, si no se logra integrar el Gran Tres. No podemos construir el mañana sobre las llagas el ayer. Es necesaria la emergencia de un nuevo tipo de sociedad que integre la conciencia, la cultura y la naturaleza y abra paso al arte, la moral y la ciencia. Pero para ello hay que librarse de la visión chata del mundo.
La solución está en la integración de las corrientes ascendente y descendente, de modo que la sabiduría y la compasión puedan aunar sus esfuerzos en la búsqueda de un Espíritu que incluya y transcienda este mundo.
En lo más profundo del corazón, el juego finaliza, la pesadilla de la evolución concluye y usted se encuentra exactamente en el mismo punto en el que se hallaba antes de comenzar la representación. Usted reconoce su propio Rostro Original.””
domingo 5 de julio de 2009
Regalo de unas/os amigas/os
Llevo dos años dando clases gratuitas sobre español a un grupo de señoras y señores que ya no son jóvenes. En este tiempo es muchísimo lo que he recibido de ellos, he visto en sus actitutes el afecto, la constancia, la fidelidad, el espíritu de trabajo, la diligencia, la apertura, el afán por aprender, la docilidad, la gratitud, la capacidad de admiración, la sencillez, el amor como don y apertura, la falta de prejuicios... en fin un sinnúmero de cualidades buenas o virtudes.
Hoy 22 de junio hemos celebrado la clase final del curso 2008-2009. Y me han obsequiado con un pergamino en el que está impreso un poema creado por una persona del grupo, pero firmado por todas.
Su contenido y el gesto de canalizar su gratitud a través de ese regalo tan original me han emocionado profundamente.
En correspondencia y con mi agradecimiento coloco el poema en este blog.
José Antonio
Dice el poema, escrito en el pergamino en hermosa letra gótica a dos tintas.
Tú eres el árbol,
nosotros las ramas,
estas ramas echan frutos
con tu enseñanza;
porque sabes expresar
lo que a todos nos hace falta.
Amor, paz y esperanza.
Este árbol tiene nombre,
José Antonio, así se llama;
con tu bondad y humildad
mucho amor tú nos sabes dar.
Los amigos del árbol.
Ana y Juan, Lucía, Rosi,
Montse, Silvia, Isidoro,
Rafael, Isabel, Nati,
Ana, Antonia, Encarna,
Marisa, Gemma, Daniela,
Hortensia, Pepi, Rufina,
Antonia, Isabel y Josefina.
Hoy 22 de junio hemos celebrado la clase final del curso 2008-2009. Y me han obsequiado con un pergamino en el que está impreso un poema creado por una persona del grupo, pero firmado por todas.
Su contenido y el gesto de canalizar su gratitud a través de ese regalo tan original me han emocionado profundamente.
En correspondencia y con mi agradecimiento coloco el poema en este blog.
José Antonio
Dice el poema, escrito en el pergamino en hermosa letra gótica a dos tintas.
Tú eres el árbol,
nosotros las ramas,
estas ramas echan frutos
con tu enseñanza;
porque sabes expresar
lo que a todos nos hace falta.
Amor, paz y esperanza.
Este árbol tiene nombre,
José Antonio, así se llama;
con tu bondad y humildad
mucho amor tú nos sabes dar.
Los amigos del árbol.
Ana y Juan, Lucía, Rosi,
Montse, Silvia, Isidoro,
Rafael, Isabel, Nati,
Ana, Antonia, Encarna,
Marisa, Gemma, Daniela,
Hortensia, Pepi, Rufina,
Antonia, Isabel y Josefina.
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