viernes, 13 de marzo de 2015

VIDA Y MUERTE (EROS - THANATOS). EL PROYECTO ATMAN


PRIMERA PARTE

La tensión dialéctica y existencial, Vida – Muerte, es la más importante de nuestra existencia, de ahí que la preocupación por el sentido de la dicha existencia (la religión) sea la única preocupación que merezca la pena en nuestra vida. Todo lo demás estará en función de la preocupación del sentido último. Incluso quienes quisieron renunciar explícitamente a la religión propugnándose ateos, no renunciaron en verdad, sino que buscaron el sentido de la existencia por otros medios y en otras realidades que las de los no ateos.

Pretendo, apoyado en los pensadores que han elaborado una visión transpersonal del desarrollo humano, reflexionar sobre dicha tensión. Pero, antes de introducirme en ello quiero anotar algo sobre mi visión de la antropología.

No es necesario advertir que mi visión antropológica también esta fundada en unos pensadores de muy alto nivel tanto intelectual como religioso, verdaderos sabios-místicos.
La imagen del hombre de esta antropología rompe las estructuras habituales del pensamiento, lo despoja de todas las seguridades exteriores y lo presenta desde la experiencia personal y auténtica de lo más íntimo de su vida. Lo presenta como Persona. Es una visión que se inclina hacia el hombre que sufre, que se alegra, que busca el placer, la felicidad, que busca el sentido de su vida. Es un hombre consciente de sí mismo. El hombre interior que sufre por no ser lo que él mismo es en realidad, por no haber desarrollado su “yo-YO”. Su Yo esencial que no es el pequeño yo preocupado por el poder, el dinero, la seguridad...No es su yo existencial que es el que sale de su egoísmo y se dedica a una causa noble, a hacer el bien a los demás, a la acción social (algo encomiable, pero insuficiente, salvo que el compromiso sea el resultado de haber pasado antes por el yo esencial)... El Yo esencial es el núcleo con el que el hombre participa en la realidad sobrenatural del Espíritu divino. Es lo absoluto que hay en el hombre, la fuente de su verdadera libertad de persona...

Teniendo esto en cuenta, paso a reflexionar sobre la tensión existencial mencionada y cómo esta tensión va tomando diversas formas y aspectos a lo largo del desarrollo de la vida. Anima naturaliter christiana, decía Tertuliano, y comenta Rahner a este respecto: “el alma está dotada desde el origen del conocimiento de Dios y lo que Dios imparte de ese modo puede hallarse, a lo sumo, ensombrecido pero no anulado”.

En este misma línea abundan los textos sagrados del budismo, judaísmo... En definitiva es una afirmación, contenida en la principales religiones del mundo de una forma u otra, de que todo el desarrollo del hombre (y el del universo) se encamina hacia el Espíritu, hacia la Realidad Última. De que el Espíritu es la finalidad última del ser humano y del cosmos visible.

Pero el alma no solamente se contenta con tener ese material del Espíritu replegado sino que siente el impulso de actualizarlo constantemente. En una palabra, el alma en los distintos procesos de la evolución personal va consiguiendo un mayor acercamiento al Espíritu. Pero ¡ojo! Es solamente acercamiento, no es el Espíritu, no es Dios. El alma aspira la Unidad, pero para alcanzarla recurre a ciertas condiciones que le impiden alcanzarla. Recurre a elementos sustitutorios que son obstáculos para alcanzar lo Divino. En cada uno de los estadios del desarrollo (arcaico, pertenencia, racional...) el alma(nosotros) aspira a la Unidad absoluta pero por medios que de hecho le impiden conseguirla, y que solo le permiten conseguir soluciones provisionales que son gratificaciones sustitutorias. Mas como el alma aspira desde siempre a la Unidad total, a ser una con el Espíritu, debe proseguir su camino hasta ser totalmente el Espíritu y no gozar de un mero símbolo sustitutorio. La finalidad del hombre es el Espíritu, es Dios o la Realidad última, es la Unidad absoluta. Los medios que utiliza para conseguirla son erróneos y le impiden de hecho conseguir dicha unidad, o sean, reprimen dicho impulso. De ahí que lo que se consigan sean gratificaciones sustitutorias (dinero, fama, juego, sexo, triunfo, erudición...).

Naturaleza del proyecto
Sunyata es el término por el que es conocida en Oriente la naturaleza última de la realidad, pero esta palabra que traducimos por vacío en castellano, significa propiamente “sin separación”, sin costuras. Así como los dedos, manos, piernas... del cuerpo forman un solo cuerpo, sin división, así todas las cosas y eventos del universo forma una sola Totalidad, Esencia de la Realidad Única. La palabra vacío y la palabra sunyata resuenan de muy distintas formas en occidente y en oriente. En occidente vacío es la ausencia de ser, en oriente es uno de los nombres divinos (Dios no es objeto ni sujeto, por eso es vacío, pero también porque es la Totalidad inconsútil, la Esencia de la Realidad Única). Totalidad que es según la filosofía perenne la única Realidad. En ningún lugar existe una realidad radicalmente separada, aislada. Ni siquiera Dios.

El hombre como individuo separado (sujeto) frente al mundo (objeto) es una ilusión, pues, y un gran gasto de energías porque es una forma de represión por la que queremos separarnos del la Totalidad, y para ello creamos una frontera ficticia que nos separa del resto. Pero dicha separación no existe más que en nuestra ilusión. Separamos la mano del brazo y a éste del tronco con lo que obtenemos un montón de trozos de carne, huesos... y destrozamos el cuerpo. Destrozamos el cuerpo inconsútil del Universo. Lo mismo si separamos a Dios de la creación... Advirtamos, por tanto, que la sensación de identidad separada (sujeto) que experimentamos la mayor parte de los humanos (muchos místicos no) está asentada sobre un superposición de una frontera ilusoria sobre la Totalidad, a la que de esta manera dividimos en un sujeto versus un (o multitud de) objeto(s).

Las aspiraciones de todos los grandes sabios y místicos de la historia muestran que el anhelo
fundamental de todos los humanos es el descubrimiento de esa Totalidad infinita y eterna, pues toda alma sabe o intuye que su esencia es esa: la Totalidad infinita, el Espíritu. (Eros)

Pero a la vez, esto, a lo que aspira, le aterra. Esa transcendencia de la Totalidad supone necesariamente su muerte, la muerte de la ilusión del ser separado, del sujeto. Si no desaparece el sujeto no puede haber Totalidad. Tiene que desaparecer la falsa ilusión de frontera que separa en dos esa Totalidad, ese Espíritu. Lo cual implica la muerte del sujeto independiente, perspectiva que aterroriza al sujeto. (Thanatos)
De esta manera, el hombre se ve abocado a un dilema radical: lo que más desea, el ascenso hasta el Espíritu, es lo que más teme porque supone la muerte del sujeto, la muerte propia como sujeto independiente. Por esto, deseando la Totalidad se resiste a ella, el impulso que lo lleva hacia el Espíritu se ve reprimido por sus consecuencias. Impulso (Vida, Eros) y represión (Muerte Thanatos), el nudo en el que se encuentra atrapado el ser humano ante la eternidad. Y como no puede negarse a su anhelo pero a la vez no se atreve a seguirlo, busca por caminos sustitutorios unas gratificaciones simbólicas o sustitutorias (todo aquello con lo que queramos satisfacer nuestros deseos más radicales), que son alternativas provisionales, sustitutos de la absorción en la Totalidad.

Continuaremos con las consecuencias de este dilema.


José A. Carmona

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