domingo, 23 de marzo de 2014

¿DORMIDOS O DESPIERTOS? (2ª Parte)






En la primera parte de este tema ya se advirtió que la filosofía que se ha venido haciendo en occidente es una filosofía “ingenua”, puesto que ha pretendido siempre conocer la esencia de la Realidad por medio de la razón. De ahí que haya tal multitud de corrientes y pensamientos filosóficos tan dispares, la razón divide pues cada individuo (incluidos los que filosofan) tiene su propio mundo, o sea, tiene sus propios sueños. La razón no es el instrumento para percibir la Esencia. Se está saboreando un buen plato con los dedos de los pies, no es el instrumento adecuado. La razón lógica no lo es. Lo cual no conlleva que el enorme y variado monumento que ha construido la filosofía clásica sea algo ni trivial, ni fútil.

Cuando la sabiduría (se recuerda: conocimiento que transforma, sabor que alimenta) afirma que soñamos, está diciendo que cada uno vive en su propio mundo subjetivo, particular, indiviso. Afirma que normalmente confundimos nuestras ideas y palabras con la realidad que está allende ellas, confundimos el mapa con el territorio como se dice con mucha frecuencia (y con verdadero atino). Pero se ha de recordar que el lenguaje y el conocimiento que nos proporciona el pensamiento conceptual es muy válido, totalmente válido, para funcionar en el mundo que los orientales llaman de las apariencias, el mundo de lo relativamente real. Gracias a este pensamiento y al lenguaje podemos manejar el mundo en que nos desenvolvemos. Pero lo grave es que cada uno sueña su propio sueño, ni siquiera hay un sueño común. Se trata de una Babel de confusión (los límites, que adoramos y que asumimos como identidad, cuando no llegan ni a identificación).

Estas creencias en las que nos desenvolvemos desde niños van creando nuestro pequeño universo, nuestro pequeño yo (al que otros llaman yo superficial), que consiste en identificarse con lo que creemos sobre nosotros mismos y sobre el mundo que nos rodea. Y esto depende totalmente del pasado, de las experiencias habidas e integradas y no proyectadas. Así el yo, el pequeño yo, es esclavo de sus limitadísimas experiencias, y cuando cree ver la realidad ve lo que él cree que es la realidad, pues lo ve a través del vidrio de sus experiencias pasadas. La razón lógica no puede ir más lejos, es sencillamente tiempo. El pequeño yo no es tanto una realidad cuanto una auto-imagen mental elaboraba a partir de todo el pasado y que se proyecta hacia un futuro en la misma línea del pasado.

De forma breve se podría decir que el mundo es para cada hombre lo que éste piensa que es. Es más, cada hombre descubrirá siempre las razones que confirman su propia visión, y de ahí que cada uno piense que el mundo real es lo que él piensa que es. No olvidemos que el que tiene un martillo en la cabeza por todas partes ve clavos.

Por descontado que el mundo no humano, el mundo “en bruto” por decirlo gráficamente, es un mundo en el que coincidimos, de lo contrario sería imposible el pensamiento y el lenguaje. Si vemos una casa todo el mundo (salvo enajenación mental) coincidirá en que es una casa, o un ordenador, o una silla, o un cuadro... pero no así el mundo “humano”. Éste supone ya una interpretación, unos sentimientos, unas ideas, creencias, odios, valores... y en este mundo cada uno tiene el suyo propio (sueña).


LA VISIÓN TRANSCONCEPTUAL (La contemplación)

Grandes pensadores han hablado de esta realidad que llamamos visión transconceptual, incluso en occidente. Podríamos tomar como ejemplos la intuición de Bergson o la visión pura de Husserl, el tercer ojo (en parte) de la escolástica, o el embelesamiento contemplativo del que nos habla el Sermón de Monte: “mirad las aves del cielo... contemplad los lirios del campo...” (6,26-28). Todas estas citas nos hablan de esa visión-imagen y de la aprehensión no conceptual sino perceptual (experiencial) inmediata. Lo hacemos frecuentemente cuando nos quedamos embelesados ante la belleza sea sensible, conceptual, moral...(Un cuerpo, un paisaje, la visión del cosmos, una operación algebraica, trigonométrica..., una hermosa metáfora, un bello poema, el Requiem de Mozart, el heroísmo de algunos, momentos de meditación...)

¿Es posible tener una experiencia nueva del mundo que no sea condicionada? La sabiduría (conocimiento que llega al ser) nos lo afirma. El hombre, generalmente, está encerrado dentro de su propio yo superficial, ese que identificamos con un nombre propio, con una profesión, con un estado (esposa, familia, hijos...) con unas características, pero el hombre puede liberarse de esta prisión, de la prisión de la subjetividad del pequeño yo, y ver más allá, transcender este conocimiento condicionado y acceder a la experiencia inmediata de lo que es. A esta experiencia la suele llamar la sabiduría la “visión”.

La “visión” no pertenece al mundo del pensar, al estrecho mundo del pequeño yo, sino que pertenece a la apertura del Ser. Pensar es interpretar, lo experimentamos en cada momento. Ver es ir más allá de los pensamientos, como se ha apuntado anteriormente, dejándolos en suspenso. Es salir de la pequeña jaula del yo superficial.

Esta visión interior no es algo ignoto o misterioso, sino que es algo que tenemos cada momento. Si nos damos cuenta de que nuestro pensamiento está condicionado, si tomamos conciencia de ello es porque tenemos algo más en nuestro interior, porque tenemos en lo más profundo una dimensión que nos hace ver lo limitado de nuestro propio pensar. Si vemos que estamos condicionados al pensar es porque hay en nosotros algo que es des-condicionado (M. Cavallé). Si simple y solamente estuviéramos dentro de la burbuja del pensar, seríamos incapaces de ver nuestros condicionamientos en el pensamiento. Aquello que (de alguna manera, la que sea) no conocemos en absoluto en modo alguno puede ser cuestionado.

La visión es experiencia directa e inmediata, es discernimiento instantáneo de lo que es. Percepción inmediata de la evidencia, en la que todo razonar sobra. Si salimos al mediodía a la calle, no necesitamos pensar que es de día, lo palpamos, no necesitamos el más mínimo proceso discursivo. Pensar es interpretar y proyectar en el futuro lo que recordamos del pasado. Ver es no pensar, sino ir más allá del pensamiento para palpar la realidad. Y la interpretación de los hechos nos impide ver, dice Krishnamurti. Dicha experiencia directa es inaprensible para la razón, por ello hemos de mantener en suspenso su acción (la de la razón) para que la visión sea posible. Siguiendo su reflexión dice Krishnamurti: “Sólo cuando la mente está libre de la idea puede haber una experiencia directa. Las ideas no son la verdad; la verdad es algo que debe ser experimentado directamente, de instante en instante...”.

La filosofía perenne, la “sabiduría”, aquella que podemos llamar filosofía esencial para distinguirla de la ingenua dice que el tan elogiado sentido común es muy poco de fiar (ya hice referencia a esto hace poco en un escrito). El hombre normalmente está dormido a la Realidad y en ese estado brota el sentido común, que nos habla siempre de mundos cerrados y particulares. Por mucho que sirva para defendernos en este mundo de lo relativamente real, no nos sirve para el absolutamente real. Los evangelios atacan muchas veces este sentido común... si alguno quiere salvar su vida, la perderá... (Lc 9,24...). La Fe no pertenece al estado de dormido, sino al de muy despierto. Mientras dormimos nos agarramos a las creencias.

Para habitar el mundo de lo Real es preciso despertar. Para ello hemos de darnos cuenta de que estamos dormidos casi siempre y que necesitamos aprender a ver, necesitamos despertar.

Y luego estar decididos a ver, querer ver, aunque nos dé miedo. Pues el ver nos llevará a cuestionarnos nuestro propio yo (el pequeño), nuestro estado de creencias y seguridades. Jesús nos dice que tomemos la propia cruz si queremos seguirle. Y la cruz supone un cuestionamiento radical, desde la base. Conlleva el cuestionarse uno a sí mismo, y ese cuestionamiento no lo quiere el yo (ego) superficial que tiene un fuerte instinto de supervivencia. Nos cuesta cambiar incluso en cosas superficiales, cuánto más en las profundas. Sentimos que peligra nuestra identidad. Identidad que asimilamos a nuestro mundo pequeño, concreto, mundo de sueños y fantasías...

Es, pues, indispensable un compromiso muy fuerte con la Verdad, no con la conceptual que no es más que el mapa que fabricamos, sino con la Verdad misma, un compromiso de inmersión en la Realidad que somos y en la que somos.

En la tercera parte intentaremos indicar el camino del despertar.


José A. Carmona

sábado, 8 de marzo de 2014

MIS NIETOS (y resurrección)







Desdibujando los límites,
incierto mi yo al amarlos,
trasminan mis senderos,
libres,
dos brotes de luz
que en mis huesos refulgen
y mi interior alumbran con sus voces del Origen.

Temerosa al tocarlos
mi carne ya vencida y victoriosa
en su diálogo con los días,
se transforma en esperanza,
en vida
que en mis nietos renace virgen...


José A. Carmona (el iaio)

lunes, 3 de marzo de 2014

EL SILENCIO


Reflexiones sobre el Silencio



La palabra es muy importante, importantísima. Son las palabras, al constituir un idioma, las que modelan nuestra visión del Mundo, del Ser y de la Nada, de lo Divino, Humano y Cósmico. Pero si la palabra no nace del Silencio primordial, no es Palabra Humana.

Estamos inmersos en una cultura de la palabra, la sobreabundancia de palabras es una de las características de Occidente. Por supuesto que muchas son auténticas, pero hay un uso de ellas que son pura cháchara, o peor aún, se las utiliza para mentir (y a enorme escala). Por eso, es totalmente necesario que antes de hablar, para que la palabra sea palabra, incluso para que nos realicemos como humanos, que nos adentremos en la Realidad, en el Silencio, que es el Silencio del Ser.

Nuestra más profunda esencia es Silencio, que en modo alguno quiere decir incomunicación, sino comunicación de ser a ser, solidaridad “óntica”. Somos no-dos. El ejemplo lo tenemos muy claro en el Misterio cristiano de la Trinidad: El Padre, Silencio Primordial (“Felipe, quien me ve a mí ve al Padre” Jn 14,0 “A Dios nadie le ha visto jamás; es el Hijo único, que es Dios y está al lado del Padre, quien lo ha explicado” Jn 1,18), que es pura y eterna relación, engendra eternamente la Palabra (el Verbo), que es quien se comunica, sobre todo en Cristo, y entre ambos existe (por decirlo de una manera aproximada) una relación igualmente eterna de Amor y Comunión, a la que llamamos Espíritu Santo, que también es Silencio que constantemente inspira la Vida de todos los seres sensibles. No son tres, pero tampoco uno. Son (Relación) no-dual. Para poder entendernos…

En la Creación, visión cosmológica del judaísmo, asumida por el cristianismo, todo empieza también por un Silencio, Silencio que acaba por resolverlo todo. El silencio meditativo acaba por disolver todas nuestras resistencias, todo nuestro ego para que acabemos de verdad siendo el agua de la gota, y no la gota de agua. Este Silencio significa parar nuestra mente razonadora, por cuya causa se generan y se mantienen muchos malentendidos. Es una aceptación de romper el círculo de los discursos y dejar que en el Mundo se encarne lo Humano, que en el Mundo se encarne el Amor.

Saborear el Silencio no significa caer en el mutismo, ni en el aislamiento. Sólo supone, en muchas ocasiones, una disposición de no participar en la dispersión colectiva de nuestra sociedad. Y siempre, una decisión de ir a lo que es esencial, a lo que es el centro.

Este Silencio es una condición indispensable para que nuestro discurso sobre Dios no degenere en mera logomaquia, es la atmósfera en la que la experiencia de Dios puede respirar plenamente, porque las dialécticas sobre Dios no hacen sino ahogar la experiencia primordial sobre Él. Si tenemos en cuenta las principales tradiciones religiosas de la humanidad, podemos decir que la experiencia de Dios, de la Realidad, del Todo, de la Nada, del Tao…sólo se consigue cuando el hombre llega a un triple silencio, que en modo alguno conlleva ningún tipo de represión. Este triple silencio es:

El de la mente, que implica que nuestras ideas y conceptos no dominen sobre nuestra vida. La mente no es la última guía del hombre, aunque esto no implica que la vida humana tenga que ser irracional, sino simplemente que ha de transcender la misma razón, que no es sino una etapa más en la evolución de la conciencia a lo largo del tiempo.

El de la voluntad, que conseguimos cuando la voluntad se mueve armoniosamente integrándose en el Todo. La voluntad libre, silenciosa, vive del dinamismo intrínseco del Ser, que no depende de ningún factor externo. No se trata, pues, ni de no querer, ni de querer no querer.

El de la acción, que cuando es fecunda, no se mide por el esfuerzo, sino por cómo encarrila los aconteceres de la vida a favor de la armonía del Cosmos.

El hombre cuando experimenta la infinitud guarda silencio en su inteligencia y desde el centro de su ser.

El silencio es el aire que hemos de respirar para palpar la inmanencia de la transcendencia, la Realidad de la que somos expresión.

José Antonio Carmona
carmonabrea@yahoo.es

domingo, 23 de febrero de 2014

¿DORMIDOS O DESPIERTOS? 1ª PARTE






Heráclito de Éfeso, llamado el obscuro, es un filósofo aforístico del que podemos aprender mucha “sabiduría” (conocimiento que transforma). Diógenes Laercio recogió muchos fragmentos de sus dichos de los que buena parte, gracias a grandes estudiosos (entre ellos, Heidegger y Ortega y Gasset), han llegado hasta nosotros. Uno de ellos es éste (89):

Los despiertos tienen un mundo único en común; cada uno de los que duermen, en cambio, se vuelve hacia su mundo particular.”

Cada vez que veo que los hombres nos planteamos opiniones diversas, a veces incluso contrarias, me pregunto: ¿Será que estamos dormidos? Y no digamos si no son solo opiniones...Por descontado que realizados el lugar y el momento no todas son igualmente válidas, y algunas ni siquiera son válidas, pongamos por caso las opiniones y las situaciones de violencia, las de autodestrucción del hombre, de la naturaleza... las anacrónicas que suponen una rémora para el desarrollo... las que se oponen a la libertad...

¿Tiene esta pregunta algún valor social? Creo que tanto como pueda tener el mandamiento evangélico de amar al enemigo, o la afirmación de la carta a Gálatas (2,20): “vivo, mas no yo, es Cristo quien vive en mí”. No habrá cambio social eficaz y real si no se transforma al hombre. Este principio oriental creo que ha de ser completado con la visión social de occidente, pues la influencia en el cambio entre el individuo y la sociedad es mutua. El individuo se hace persona cuando deja de ser un número para convertirse en relación. Lo social no es más que la realización de lo personal que transciende al individuo.

Hasta la llegada del postmodernismo el pensamiento filosófico en casi su totalidad ha dado por hecho que hay un mundo único y objetivo que todos los hombres compartimos. La filosofía pretende llegar a conocer las últimas causas de ese mundo -hacer un mapa del mismo lo más exacto posible-. Se ha interpretado que las distintas teorías filosóficas son perspectivas diferentes, más o menos acertadas, de ese mundo único. A esta filosofía el postmodernismo la llama “filosofía ingenua” y la critica en profundidad (yendo hasta la raíces de la misma).

Me propongo hacer una reflexión global y crítica de esta actitud “ingenua” de la mayor parte de la filosofía. Buena parte de dicha actitud es lo que llamamos “sentido común”. Puede resultar novedoso e impertinente la crítica de la filosofía común (incluido el tan ponderado sentido común), por ello quiero advertir de entrada que no niego la validez del pensamiento conceptual, del lenguaje para desenvolvernos en el mundo práctico de las “apariencias”, en el que los filósofos sabios (poseedores de sabiduría, no los eruditos) llaman “mundo manifiesto”, en el mundo en el que creemos (y percibimos por los sentidos y la mente) vivir y que se desarrolla en el tiempo, en este mundo que llamamos real, y lo es, mas sólo relativamente, no absolutamente. En el que nos sirve el pensamiento conceptual, el sentido común, las palabras... el dinero... De hecho es lo que estoy haciendo con este escrito, pero la inteligencia puede trabajar también con los elementos que la intuición percibe del “mundo inmanifiesto”, puede hablar de lo Absoluto con un lenguaje indicativo, no enunciativo. Estoy hablando de la Realidad última – el Espíritu, Dios, el Tao, el Cristo...- de la que hablan los sabios y santos de la historia, Realidad que es algo más allá de nosotros a la vez que lo somos.

Vayamos por partes.

La filosofía que ha seguido a la modernidad sostiene que no hay un mundo único, objetivo, independiente de nosotros, pues el hombre (varón/mujer) es inseparable del mundo que ingenuamente ve como objetivo, como algo que está frente a él que es el sujeto (de nuevo la dualidad). El hombre y el mundo no son dos realidades, sino una sola con dos aspectos o polos. “Los humanos tenemos conciencia de un mundo porque es la clase de mundo que engendra organismos conocedores” (Watts). Porque somos mundo, somos capaces de conocerlo. El individuo que conoce es siempre hombre-en-el-mundo.

Si analizamos, siquiera somerísimamente, nuestro organismo, vemos que no puede subsistir sin el mundo que lo rodea, sin el kosmos: respirar, la luz y el calor del sol, los minerales que nos aprta la tierra, los vegetales y animales que nos alimentan. Hay una intercomunicación, más, hay una sola realidad, un solo kosmos que va ampliando su abrazo y del que somos parte.

Algo similar sucede con nuestros sentidos corporales que solamente perciben determinadas frecuencias o longitudes de onda (vista, oído...). Abarcamos con ellos una parte muy reducida del mundo (la vista de un halcón, el oído y el olfato de un perro...). Además están los límites de nuestro cerebro, connaturales a su estructura específica, que a su vez limitan las posibilidades rales de nuestros sentidos y de nuestra percepción mental.

También nuestros conceptos son resultado del Kosmos, no son algo en lo que el kosmos se refleja. El conocimiento que tenemos es inseparable del mundo físico, del social, del cultural. Tenemos este conocimiento gracias a que hemos incorporados códigos sociales y culturales. Aparte dicho conocimiento depende de la base (bio)química de nuestro cerebro. No todo es pensable. Además el lenguaje conforma nuestro pensamiento, como también lo conforma la educación recibida, a la vez que nos facilitan el desarrollo de nuestra cognición (y formación). Si no hubiera un mundo que lo posibilitara, nuestro pensamiento no existiría. Mas no solo esto, sino que nuestro pensamiento es un aspecto de ese mundo, aunque esto no es todo.

Y al revés, es la mirada del hombre, con su pensar y su lenguaje, la que hace un mundo humano, la que hace un mundo inteligible. Gracias a nuestras palabras y a los conceptos que están tras ellas percibimos un mundo con significado y sentido. Estas palabras y conceptos estructuran la información que percibimos por medio de los sentidos, la dividen, la organizan. Y esto, y solamente esto, es lo que percibimos: Un mundo humano. Por tanto lo que conocemos es ya un mundo transformado y recreado, cuando no creado, por los hombres a lo largo de los miles de años de historia. El mundo previo es inalcanzable para la mente del hombre.

No exclusivamente son los mundos físico, social y cultural los que condicionan el mapa que nos forjamos en la mente. Es también nuestro mundo personal el que influye en la visión. El mundo nos configura y a la vez nosotros configuramos el mundo.

Incluso los que compartimos el mismo lenguaje, una historia común, un cultura... percibimos las cosas de modo muy distinto (a veces), diferente siempre. Quien percibe es un personaje, un individuo con su historia personal cargada de experiencias, emociones, sentimientos, aversiones... y con su memoria que no sólo es algo colectivo (la cultura), sino también individual que condiciona constantemente nuestras percepciones, conceptos, principios... juicios, valores... Lo que para uno puede ser una maravilla (El Quijote, el canto gregoriano...) para otro será algo insoportable. Por ello, hemos de tener en cuenta que todo conocimiento es un re-conocimiento condicionado por nuestro pasado. Toda percepción es una interpretación, nos dicen los sabios.

Analizando todo esto podemos concluir (lo que dice Heráclito): que más que un único mundo, lo que hay es tantos mundos como personas y todo porque el pensamiento no puede reflejar el mundo de forma objetiva e imparcial porque es en sí mismo la resultante de todo un mundo particular que lo sostiene, posibilita y condiciona (M. Cavallé).

Ya he dicho y lo repito ahora. El pensamiento conceptual y las percepciones de los sentidos nos son muy útiles. Nos sirven para describir el mundo, para catalogarlo, para manejarnos en él, para comunicarnos... No se trata de que el pensamiento y los sentidos nos engañen, como alguna filosofía ha osado decir, sino que se trata de que ni el uno, ni las otras nos sirven para conocer la esencia íntima de la Realidad (Dios, Tao, Brahman, Cristo... Totalidad). Cuando pensamos que nuestro pensamiento conceptual, nuestras palabras... nos dicen lo que es la esencia de las cosas, nos dicen lo que es absolutamente real, estamos soñando, dice la Sabiduría Perenne. Y en nuestro sueño soñamos que atravesamos la superficie de la Realidad, cuando lo que hacemos es patinar sobre ella y cada uno a su manera. Confundimos el mapa que nos hemos creado con la realidad que el mismo quiere representar.

Se puede decir sin miedo a errar que en el estado de consciencia actual de la humanidad, la visión, la contemplación o mente superior (como llaman algunos/as) está dormida en la inmensa mayoría de la humanidad (Marquier). Estamos dormidos para lo esencial y pensamos que estamos despiertos, cuando llamamos profundo a la brillante superficie de la realidad.

Cada mañana, cuando abrimos los sentidos y la mente que está tras ellos, caemos en la ensoñación que nos hace creer que vemos, cuando en verdad estamos profundamente dormidos, ensoñación que nos priva de la felicidad.


José A. Carmona




martes, 18 de febrero de 2014

DEFENSORES DE LA VIDA



El asunto del aborto vuelve a estar en plena vigencia.

Dice un gran jurista español que una sociedad que está abriendo y cerrando constantemente el tema del aborto en función del gobierno de turno, es una sociedad anclada en el pasado (Martín Pallín). Que España está anclada en el pasado es algo tremendamente obvio, somos del sí o del no, del dogma o de la negación, del blanco o del negro. O sea, que estamos en unos niveles de conciencia míticos aún, muy parecidos a los medievales de las Cruzadas. Y lo que pasa con la evolución de las conciencias es similar a lo que sucede con las plantas, para que crezcan y se desarrollen el hortelano ha de ponerles abonos, cavar la tierra, regarlas... y esperar a ver si eso da resultado, lo que nunca puede hacer es tirar de ellas para que crezcan más aprisa. Las mataría. Con el “sí” y con el “no” en el fondo queremos destruir al contrario, no ayudarle a evolucionar.

Los antiabortistas se autoproclaman defensores de la vida (los pro vida), es que ¿acaso los abortistas no lo son también? Todos estamos a favor de la vida, sólo cambia lo que se asume como vida. Los abortistas defienden que el aborto es un derecho de la mujer, que es la dueña de su cuerpo. Con estas actitudes radicales entramos en una vorágine de violencia que en modo alguno puede facilitar que la conciencia humana (no ya la moral meramente, sino toda, y más la absoluta) avance y la humanidad suba de nivel. En ambas corrientes lo que abunda es ideología llámese o no dogmatismo.

Entiendo que hay que plantearse las cosas en profundidad y sin dogmatismos, que no suelen ser más que prejuicios creados por nosostros mismos para defendernos de nuestros propios miedos. Los dogmatismos pertenecen a una etapa de conciencia propia de la época mítica (muchos permanecen en ella) que en la modernidad empezó a ser superada (La crítica de la razón pura) y que ha sido sustituida en buena parte de la humanidad por la conciencia de la razón, que a su vez empieza a tener síntomas de superación hacia la de nivel de visión lógica...

Para los paladines de la vida, que reclaman el monopolio de la moralidad y de la ética, desde el momento en que se produce la fecundación la mujer debe poner su útero al servicio de la gestación.
Mas solo la ignorancia, la incongruencia, la prepotencia, el dogmatismo, la soberbia o la provocación pueden explicar esta postura.

Puede que no lo queramos admitir pero una bellota no es un roble, como decía un buen compañero cuando se debatía (otra vez) la vigente ley del aborto. Quien se come un piñón no se come un pino. El feto que en los primeros días no es más que un cigoto o unos miles o millones de células que se multiplican no es un ser humano, sí está destinado a serlo si la naturaleza sigue su curso. La equiparación del embrión y del feto a una persona viva demuestra que sus patrocinadores están alejados de la ciencia y de la racionalidad. El embrión tiene potencialidad para ser persona si llega a término su gestación, se desprende del claustro materno, y lleva una vida independiente, entretanto está sometido incluso a los hábitos de comportamiento y el estado de salud de la mujer que lo lleva en su vientre. ¿Lo que hay en el feto es vida? Sí (también lo que hay en el corazón) pero no vida humana, solo destinada a serlo. En términos escolásticos diría: vida humana en potencia, no en acto. La del nacido es en acto. Por descontado que la ciencia tendrá que ir desgranando la progresiva actualización de la humanidad de la vida del feto. ¿Estamos aún pensando con el Obispo de Hipona los llamados católicos que para cada niño Dios crea un alma? ¿Y cuándo la inserta? ¿En el momento de la concepción? (no es de recibo) ¿en el momento del parto?...¿Aún estamos en el s. IV?

Por otra parte ignorar que esa vida que se está gestando difiere de la vida del propio corazón, o ignorar que es vida humana en potencia tampoco responde a un conocimiento de lo que es, sino a una ideología determinada tan violenta y absurda como la dogmática. Por ello entiendo que ni el útero está meramente al servicio de la gestación, ni la vida del gestante puede estar pendiente de una mera veleidad de quien lo concibió y lo está gestando. No entiendo que el aborto pueda ser sagrado, pero sí que la gestante ha de tener una responsabilidad superior a todos los demás en el caso de su gestación, salvo imposibilidad del tipo que sea.

La incongruencia de la Conferencia Episcopal, que quiere mantener las riendas de una institución dogmática (quizás estén convencidos de que eso lo quiere Dios -¿qué Dios?-), hace a veces comparaciones totalmente insultantes, predicando desde la distancia (hay pocos menos comprometidos en el quehacer diario que los obispos): Un aborto es un asesinato, es matar a una persona inocente. Y eso sin distinguir casos, ni circunstancias. (Suelen hacerlo en muchos temas -en materia de sexo no hay parvedad de materia...-) Tenemos testimonios desgarradores de madres que se han visto obligadas a abortar por deformaciones tremendas de sus fetos, y ¿estas son equiparables a un asesino? ¿Cuando no a un terrorista como se llega a afirmar? ¿Son unas nazis, comparables a los que organizaban los hornos crematorios o la selección biológica? ¿Dónde queda la comprensión y la misericordia en los obispos y en los católicos?

Por descontado que el nasciturus tiene derechos y también los tiene la madre, mas sólo la mujer es persona, el feto es un proyecto de vida dependiente de la mujer y nunca podrá superponerse o gozar de la plenitud de derechos de esta. Y en las trágicas circunstancias de que entren en conflicto esos derechos ¿qué hacer? ¿se ha de condenar a la madre que aborte? O ¿se la ha de obligar a tener un hijo con una malformación grave y a cargar con ello toda la vida porque lo quiere Dios? ¿Qué es lo que quiere Dios -y qué Dios-? Sin duda ha de prevalecer el derecho de la persona. En el Congreso los parlamentarios podrán sacar la ley que les dicte sus prejuicios, dogmatismos, o consignas, pero...

¿Por qué los dogmáticos se respaldan en Dios para imponer sus propios juicios y prejuicios? ¿Y sobre todo su consciencia atrasada que ignora por sistema todo avance de la humanidad? ¡El fundamentalismo católico!

¡Pobre Dios! ¡Responsable de los disparates de los hombres ignorantes!


José A. Carmona

jueves, 6 de febrero de 2014

Apunte acerca del contemplar





Estamos inmersos en la cultura del preguntar. “¿Por qué?” “¿Qué?” La objetividad es la gran obsesión. Lo que llamamos nuestro pensar gira en torno al preguntar. Al romper con el dogmatismo hemos desarrollado el espíritu crítico que en la ciencia y en la filosofía-búsqueda ha alcanzado su cima. Hemos institucionalizado el “sentido común”. Y esto es bueno pero claramente insuficiente.

Sin embargo, las ideas que merecen ser puestas en duda son las que más se dan por supuestas -el sentido común- (Whitehead). Entender la realidad como lo enfrentado objetivamente al sujeto nos hace perder de vista la contemplación, pues la mente no puede ir más allá de sí misma (Nisargadatta). El Ser no puede caer dentro de los términos creados por la propia mente, términos que nos llevan al conocer, nunca al ser: siempre al objeto frente al sujeto.

Sólo saliendo de la mente (que es dual), sólo dejando de preguntar por el “qué” se puede llegar a ser. El resultado de una pregunta es lo preguntado presentado como respuesta. La Realidad, el Absoluto, Dios no puede ser alcanzada/o, sólo podemos “serla/o”. (Yo soy la cepa y vosotros los sarmientos. El Cuerpo Místico que en los comienzos se le llamó Cuerpo Físico de Cristo)

Nos dice Eckhart en sus sermones, refiriéndose a Dios: “Cuánto más uno te busque, tanto menos te encontrará...” “Si no lo buscas, lo encontrarás”.


José A. Carmona

sábado, 14 de diciembre de 2013

NAVIDAD






Silencio en el Misterio

que es el Origen.

Explosión sinfónica

de las maravillas del Kosmos.

Amoroso perdón

a los odios superados.

Anhelo que rompe

la rutina de la tierra.

Viento de Plenitud.



Logos que se expande

creador del universo

que nace...

        ...naciendo cada día.

Luz que inunda en su Vida

los fríos de la muerte.

Cáliz que recoge en esperanza

la sangre que los hombres derramamos.



Abrazo del Padre, en el Padre, con el Padre

Comunión del Cristo, en el Cristo, con el Cristo.

Grito del Espíritu

que inunda las aguas...


...Sencillamente Ternura



José A. Carmona
Navidad 2013

PAZ A TODOS