domingo, 2 de septiembre de 2012

NUEVOS APUNTES SOBRE EL PENSAR Y EL RAZONAR



Quizás pueda parecer éste un asunto que apenas tenga, o pueda tener, incidencia sobre el tema general del blog: la espiritualidad. Pero si nos paramos a considerarlo, caeremos en la cuenta de que el tema es esencial, que es profundamente espiritual. La razón de ese desconcierto inicial puede estar en la disociación que hemos hecho en nuestra mente entre teoría y práctica, entre pensamiento y acción, entre teología y mística. Mas al zambullirnos en el pensar, que no en el razonar, lo estamos haciendo en esa dimensión (no dual) que somos, y manifestamos allá donde las apariencias callan.

    Por nuestras venas corre un fluido cultural que confunde el saber con el filosofar en  sentido estrecho, el pensar con el razonar. Esto viene de muy lejos, de la influencia majestuosa, imponente de los quizás más importantes filósofos de la historia de Occidente: Platón, y sobre todo Aristóteles. Toda la filosofía se ha reducido a una “nota a pie de página de los escritos de Platón” dice Witehead. La ingente obra de estos dos grandes filósofos no puede sino dejarnos boquiabiertos, embelesados, pero… A mi juicio es tal la influencia de esta concepción: pensar=razonar que llamamos filósofos, y ¡filósofos insignes!, a Nietzsche y a Heidegger, cuando estos dos fueron pensadores insignes, pero en no propiamente filósofos en el sentido más tradicional que a la palabra se ha venido dando en los último siglos. Es más, creo (por lo que he podido conocer) uniéndome a muchos enormes pensadores, en los que me apoyo, (los ya citados, el apofatismo, Hugo de san Victor y sus seguidores, Eckhart, S. Buenaventura, Scoto, Silesius… y todos los místicos –al menos implícitamente-, todo el movimiento postmodernista con Foucault quien se pregunta: “¿Qué es por tanto la filosofía? Si no es labor crítica del pensamiento sobre sí mismo”, con Wilber, Cavallé, Raimon Panikkar sobre todo en sus últimos veinte años, Guenón…, sin hacer mención de los incontables pensadores orientales –Lao Tse, Nagaryuna, Shankara,… Aurobindo, Krishnamurti, Nisargadatta, Maharsi) que de un modo u otro transcienden la metafísica en el sentido que llamamos tradicional en Occidente, como forma de conocimiento deductivo, para contactar con la Realidad siéndola. “Hay que pensar sobre el pensar”, “más allá del razonar filosófico está el pensar el SER, pensar el pensamiento, o sea, ser Ser”.

    Ya en otro artículo de este blog he escrito algo sobre el pensar. Esto no es simple reiteración, aunque también la haya, sino un intento de abrir nuevas perspectivas quizás. También pretendo ordenar mis propias reflexiones sobre el tema.

    “La vida da el conocimiento más noble” dice el maestro Eckhart (Marta y María, v 40). Con esta cita comienza Raimon Panikkar una de sus obras más profundas a mi juicio: “De la Mística”, editada en 2005. Entiendo que esta obra junto a otras dos: El silencio del Buda y La plenitud del hombre, recogen fundamentalmente la enorme fecundidad de su pensar. La Vida es el conocimiento más noble, y esta nobleza acunó en su seno a todos aquellos que en Occidente y en Oriente experimentaron la plenitud de la existencia, más allá incluso del cálculo algebraico que es la razón, que es el razonamiento.
    
    Hemos identificado filosofar –el conocimiento por las causas ¿últimas?, que es ciencia- con pensar y pensar con razonar, de modo que toda la filosofía en su visión más académica ha venido a ser un cálculo, una pura deducción de unos principios Recordemos las leyes de la lógica: los silogismos. Llamamos verdad a la adecuación del  pensamiento y la realidad, (mejor: la cosa), pero en definitiva en la representación mental nunca hay un acercamiento supra-objetivo a la cosa, pues siempre ella es (en nuestra visión) un objeto frente a un sujeto, siempre hay dualidad, nunca adecuación plena. Así nos mantenemos, en definitiva, en nuestra percepción mental como eje de la verdad, como realidad misma ¿Qué quiere esto decir? Que hemos confundido el mapa con el terreno, que en nuestra mente lo que hay es un mapa, no la cosa, no la Realidad. Incluso cuando nos vemos a nosotros mismos sucede esto pues nos vemos como objeto. Tan solo llegando más allá de lo racional, de lo representacional, llegando a la comunión, a la identidad, a la superación sujeto-objeto podremos tener un conocimiento de la Realidad pleno, una gnosis, una sabiduría, una filosofía perenne como la llaman muchos, una percepción no-dual de lo no-dual: la Realidad-Misterio-Dios. Pero muchos se preguntan si esto es posible. Desde luego no lo es, ni puede serlo si mantenemos como eje de verdad nuestra visión mental-representacional, si estamos bajo la influencia del principio de causalidad. Es posible si lo que pretendemos es aprehender el sentido de la existencia no tanto su causa. Todos los místicos nos han mostrado que es un hecho.

    Heidegger estudió en la última parte de su vida el pensamiento taoísta, (el taoísmo es pensamiento, aunque no sea razonamiento por no ser dual) pensamiento que influyó mucho en el suyo propio, aunque él nunca fuera taoísta. Vemos clara su influencia cuando habla de la Lichtung del Ser, cuando nos dice que solamente podremos vislumbrar la esencia del pensar, si apartamos la mirada del pensar (citado por J.L. Mehta: Heidegger and Vedanta p.15). El olvido del ser en el que ha caído Occidente desde los socráticos atrae toda su atención según el estudio que hace de su pensamiento M. Cavallé. 

    Esto supone en definitiva una nueva forma de entender al ser humano, de entender ese “yo individual” que es sencillamente “persona” – relación - comunidad. Esto supone que la filosofía sea verdaderamente auto-crítica y se abra a la globalidad, pero no desde su misma doctrina sobre el ente –que es una doctrina particular de Occidente-, sino desde aquellas experiencias radicales que sean realmente universalmente válidas, asumiendo sus propios límites conceptuales y aceptando otras formas de ver y pensar que no sean meramente los razonamientos. Transcender el pensamiento representacional (el razonamiento, los conceptos…) y ser en el no-representacional, o esencial, no es nada del otro mundo, aunque así nos lo parezca: es la simple metánoia de la que nos habla constantemente los evangelios (“Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber…” Jn. 4,10). Es sencillamente transformarse conociendo, conocer transformándose , conocer porque nos transformamos, sin necesidad de discurso alguno, aunque de ninguna manera el discurso sea malo, sino totalmente necesario en esta vida, como sigue siendo necesaria toda percepción sensitiva. Es el escalón previo para alzarse al siguiente. La visión del ojo sirve para la de la mente… Es tener la visión del tercer ojo del que ya hablaba San Buenaventura, la dimensión mística. Que no es ningún privilegio de algunos sino una invariante humana. La FE (reitero: no mera creencia)  es la vida del alma, dice Tomás de Aquino.

    Como no pretendo someterme en este escrito a una estricta estructura académica, sería puro razonamiento, que me ate, voy a extenderme en poner un ejemplo de este pensar-metánoia-gnosis-sabiduría.

    Cuenta de sí mismo K.G. Dürckheim (hombre de un nivel místico muy elevado de quien mi amigo y maestro Panikkar - se conocían personalmente - me confesó que era un gran poeta) y el poeta piensa, percibe, la Realidad más allá de todo razonamiento, por comunión:

“Después del derrumbamiento de 1918 , la gran cuestión que animaba a los espíritus investigadores era el hombre nuevo. Una experiencia decisiva me ha impulsado a no hacer de ella un simple deber en una época de reconstrucción, sino a ponerla en el centro de mi vida. Lo que yo viví entonces, lo denomino la gran experiencia del ser… Tenía veinticuatro años y me encontraba en el taller del pintor Willi Geiger en Munich… Mi futura esposa, Madame von Hattingberg, estaba sentada en la mesa y a su lado había un libro… Todavía lo veo… Ella abre el libro y lee en voz alta el úndecimo versículo del Tao-te-King de Laotse:

Treinta radios alrededor de un cubo: en el vacío
mediano reside la obra del carro.
Se ahueca la arcilla y adquiere la forma de jarrones: es
por el vacío por lo que son jarrones.
Se abren puertas y ventanas para formar una
habitación: por esos vacíos es por lo que es una
habitación.
Por lo tanto, lo que es sirve a la utilidad, lo que no
es representa la esencia.

¡Y de pronto, Eso llegó!... Mientras escuchaba, me atravesó el relámpago… El velo se desgarró, ¡había despertado! Acababa de tener la experiencia de “Eso”. Todo existía y no existía, este mundo y, a través de él, el pensamiento de otra Realidad… Yo mismo existía y no existía. Estaba sobrecogido en el encantamiento en otro lugar y, sin embargo, estaba allí, feliz y como  privado de sentimiento, muy lejos y, al mismo tiempo, profundamente arraigado en las cosas. Toda la realidad que me rodeaba estaba formada de golpe por dos polos: uno que era inmediatamente visible y otro invisible que estaba en el fondo de la esencia de lo que veía. Veía realmente al Ser… En alemán diríamos como Heidegger: das Sein in Seienden. Veía al Ser en lo Existente. Y Eso me caló tan hondo que tenía la impresión de haber dejado de ser yo mismo plenamente. Sentía que estaba henchido de algo extraordinario, inmenso, que me colmaba de alegría y al mismo tiempo me sumía en un gran silencio. Estuve en este estado veinticuatro horas aproximadamente… y desde entonces creo que nunca me ha abandonado. Yo no había comprendido del todo de qué se trataba: pero desde aquel momento, siempre había algo diferente en mi vida, algo que me rodeaba, que me llenaba y me impulsaba hacia adelante. Estaba dirigido por una especia de nostalgia y de promesa inexplicables… Todavía hoy es así. Pero en aquella época yo no había comprendido que se trataba de una llamada y del nacimiento de una nueva consciencia… Eso me ha dado cierto valor para vivir, una cierta inocencia en el tacto, en el trato con las personas y las cosas.”

    Se trata de una verdadera conversión, metánoia, que no es sino puro conocimiento de la Realidad. Identidad total entre teoría y praxis. Nosotros con nuestro razonar lógico hemos separado, escindido lo que en sí mismo es solo uno, es no excluyente: lo Real. Y llamamos verdad al simple mapa.

     En el razonar hemos definido al hombre durante milenios como viviente racional, pero antes que esto el hombre es un animal – del indoeuropeo: aniti: él respira - espiritual, y su pensar no puede ser reducido a lo racional –que en definitiva nos ha llevado a la tecnología - sino apertura total al Espíritu-Misterio, que nos abre al sentido de la existencia. Tengamos en cuenta que el logos griego abarca mucho más que la mera racionalidad, sobre todo en los presocráticos. Y lo mismo hay que decir de la gnosis.

     La filosofía en Occidente ha entronizado el concepto de “razón”, algo que ha sido determinante para el imperio de la tecnocracia, algo muy bueno, junto al olvido del hombre, algo muy malo, en nuestra visión cultural, sobre todo del hombre en cuanto persona, en cuanto ser colectivo. Occidente al imponer la “razón”, y como consecuencia la tecnocracia, ha olvidado prácticamente el sentido de la existencia. Quizás en algún momento incluso se pregunte, pero no lo sabe (saborea).

    Sobre este tema son innumerables las páginas que se han escrito y se pueden escribir. Para no hacerme pesado, he decidido ir añadiendo en ocasiones posteriores algunos apuntes (sin más pretensiones) sobre el mismo.



José Antonio Carmona

carmonabrea@yahoo.es



 













domingo, 29 de julio de 2012

APUNTES SOBRE LA PROPIEDAD PRIVADA



He conocido a hombres –no sólo varones- buenos en mi vida, como he conocido a algún verdadero sabio, a eruditos que deslumbraban y lo continúan haciendo, a” ignorantes” de mucha calidad y calidez, a individuos, la mayoría mujeres, de una belleza física impactante… y al referirme a hombres buenos, lo digo tal como los expresa Antonio Machado: “en el buen sentido de la palabra” (Retrato).
Uno de esos hombres buenos que he conocido en mi vida fue Antonio Añoveros, quien, sin él saberlo, me introdujo la inquietud por la “función social de la propiedad privada”. Otro es, no simplemente ha sido, Antonio Troya quien introdujo en mí muchas inquietudes de hondo calado sobre las “cuestiones últimas”, sobre el Misterio.

Tenemos en nuestra sociedad “crisis” muchísimo más graves que la económica -en España la de la clase política muy incompetente desde hace largos años, por ejemplo –, tenemos sobre todo crisis de esperanza y no en un futuro temporal sino en lo profundo de nosotros mismos y en la humanidad-, pero es de ésta, de la económica, de la única que hablan los medios de comunicación de masas. La tesitura en la que se encuentra la humanidad, en occidente parece caótica “gracias a los mercados” ¿sólo gracias a los mercados? Pero en la mayor parte del mundo no ha cambiado mucho su situación de miseria económica ¡escandaloso! Mientras padecemos muchos recortes y mucha gente ha  de vivir en pobreza, muchos pueblos ni siquiera pueden padecerlos y siguen muriendo de hambre.

Escribo esto por varias razones, entre ellas porque entiendo que cualquier reflexión es productiva pues va abriendo surcos a nuevos niveles de conciencia, y la conciencia está en la raíz de todo fenómeno, más cuando es humano. Mejor, la consciencia es también todo fenómeno. No escribo, pues, porque entienda que lo que digo sea nada que la gente concienciada en lo social no sepa.

He hablado frecuentemente en este blog de los niveles de conciencia, de esos estados en los que se encuentra en cada momento histórico la autoconsciencia humana que es evolutiva y de la importancia de la conciencia dentro de esta cultura que la quiere desterrar por decreto. No me refiero (en exclusiva) a la conciencia moral, sino a la conciencia que es el S(s)er y a la autoconsciencia que es el hombre (uno de sus aspectos es la conciencia moral). Todo momento histórico tiene su visión de las cosas y su tiempo para evolucionar, tiempo que se mide en milenios, aunque cada vez dicho tiempo se acelere más. En todo momento histórico en la humanidad, en la sociedad, en los países conviven muy diversos niveles de consciencia (o conciencia) y el conjunto de todos queda manifestado en las formas culturales. Parte importante de la cultura y de la sociedad (cuadrantes interior y exterior colectivos) la constituye el capital, el dinero, la propiedad privada, las posesiones materiales -las otras no parecen existir, ni hablamos de ellas-… La inmensa mayoría de los hombres, de las sociedades se hallan bajo el paraguas del capitalismo, sistema económico que ha venido a desembocar en un sistema devorador y especulativo cuya única razón de ser es poseer, y poseer sobre todo bienes materiales, sistema que se está autodestruyendo. Esto supone que el nivel de conciencia, el nivel de evolución del Ser está estancado en la individualidad y en lo material, está en un nivel egocéntrico y sin proyección, sin apertura, en un nivel mítico-azul, pre-racional.

Esto conlleva un sistema de valores (aquello por lo que merece la pena vivir y morir) propios: primero tener dinero, luego tener dinero y por último tener dinero. Cualquier otro tipo de valor se entiende como una estupidez. Para tener dinero hay que hacer lo que sea necesario. Y no podemos olvidar que el dinero es hoy pura especulación, que la economía productiva ha dejado en gran medida de tener vigencia, está prácticamente estancada desde hace muchos años con honrosas excepciones. No existen más valores. El capitalismo ha convertido a la sociedad en un campo de batalla en el que no matan las armas de fuego, sino la especulación sobre un capital inexistente en su gran mayoría. ¡Cuántas personas mueren cada día por falta de medios! –o porque no les llegan el salario, si lo tienen, a fin de mes-  ¡Cuántos mueren como humanos por falta de educación, posibilidad de estudios, de la Paz –Shalom-, de conocimientos…¡

Estamos tan metidos en esta burbuja cultural que ha potenciado el capitalismo liberal que la inmensa mayoría de nosotros la da por absolutamente verdadera. Somos incapaces de ser mínimamente críticos con la mayoría de los valores impuestos, pese a toda la indignación que este sistema, que hace aguas, está causando.  Estamos, la mayoría, por el momento muy a gusto bajo su horizonte. Se ve como normal que los que se dedican al “ocio”, a “distraer a los demás” ganen muchísimo dinero. Es el caso de un actor/actriz de cine, de un futbolista, de un tenista... todos de élite –o no tanto-, de un cantante… que ganan burradas de millones de euros y la masa humana, no solamente no se cuestiona la moralidad del hecho, sino que contribuyen con sus escasos haberes asistiendo al partido de fútbol, viendo la película… No estoy negando el derecho a asistir a dichos espectáculos, es bueno y gratificante para muchísimos. Me refiero a la falta de espíritu crítico,  y el conformismo general por ende, ante las cantidades astronómicas que se embolsan, mientras que la sociedad está sufriendo estrecheces y padeciendo hambre, por no entrar ya en otras estrecheces: de cultura, formación…  Me justificaba un conocido hace unos días con estas palabras literales que determinado futbolista ganara los millones, de euros por supuesto, que “gana”: “porque mueve mucho dinero” me decía, es claro que cuando él juega el campo se llena ¡Hasta qué punto están enraizadas en la “gente” las ideas de la economía especulativa: “mueve mucho dinero”! La producción ni se plantea.

Hay muchas protestas –a las que me uno- contra los muy sustanciosos salarios de los altos ejecutivos, pero ni una sola muestra de indignación, todo lo contrario, muchas veces es satisfacción lo que se muestra, por los altísimos contratos de deportistas, actores/actrices… ¿No será que hemos interiorizado totalmente uno de los máximos principios del capitalismo liberal: la propiedad privada no tiene límites?

Podría extenderme, pero baste lo dicho.

La propiedad privada y la ambición sin límites: un problema social

¡Los mercados: culpables! ¡Los bancos: culpables! ¡Los políticos: culpables!… todas las manifestaciones culpan a. Es la actitud humana, buscamos culpables –personas sobre las que recaiga una condena por haber causado el desorden social-, no buscamos responsables – los que han de dar respuesta ante sí mismo y ante la Humanidad, mucho menos implicarnos en la responsabilidad. No solemos conocer la diferencia, incluso el diccionario la desconoce, creo que la diferencia se está elaborando en el pensamiento más avanzado- y los (culpables) buscamos fuera de nosotros mismos. Castigamos al otro y pensamos que con ello se restablece el orden justo. Pero, ¿es así? Si profundizamos mínimamente comprobamos que nosotros (todos los hombres –no exclusivamente varones) somos los mercados y los bancos y los políticos… mas descubrir esto supone un grado de evolución de consciencia que no tiene la mayoría aún, ni siquiero los eruditos, sí los sabios. Todos somos Uno. Los mercados, los bancos… son la humanidad y la humanidad es nosotros (la identidad entre el Yo-yo y el nosotros). Descubrir esto significa haber llegado a ser persona en el sentido que he explicado en un artículo anterior. De todos modos

¿Quiénes son los mercados? El mercado no es más que la sociedad sin límites en sus ambiciones, sin límites en su afán de tener dinero. Es la sociedad que ha creado la especulación, cuando ha visto que la productividad era claramente insatisfactoria para sus pretensiones. Y la especulación no se basa más que en estimaciones arbitrarias que dependen de los momentos emocionales del grupo, o de los intereses de un grupo determinado. Esto es en substancia lo que hace la bolsa ¡tan adorada en el capitalismo! Todos somos ese mercado -y no es un mero decir-,todos somos esos humanos relacionados unos con otros que tenemos una ambición sin límites por poseer. Se me puede objetar y con razón: el pobre o la pobre que está parado/a no es el mercado bursátil, sino que sufre en sus carnes las consecuencias del mercado bursátil, de su ambición desmedida. Pienso que es así, pero el mercado es una creación de toda la sociedad y por lo mismo la responsabilidad (el que responde), no la culpabilidad, de su existencia y de sus caprichos es dicha sociedad. Los parados responden quizás padeciendo sus consecuencias. Y lo que es indudable: todos somos responsables por omisión o ignorancia, algo no muy tenido en cuenta en nuestra visión económica. Como es claro que la bolsa, el mercado del dinero no obedece más que a una ambición ilimitada, es la misma sociedad que la creó y en la se manifiesta, la que ha de hacerla desaparecer o la ha de transformar o ponerle límites. Pero de ahí a buscar unos culpables y quedarnos satisfechos con ello hay mucha distancia. Sin embargo, nuestra mente sólo se queda satisfecha cuando hace caer la culpa sobre alguien y a esto llamamos justicia sin ir más allá en lo que respecta a la responsabilidad personal ¡La conversión del corazón! Esta visión pertenece, pienso, a nuestra burbuja cultural: culpa-justicia-condena-satisfacción. Antes de Hammurabi la venganza no tenía límite, en dicho código se establecía un avance: solamente ojo por ojo, no muerte por ojo; hoy se contempla el ojo por ojo como una medida igualmente desmedida, poco a poco la consciencia avanza. Por descontado que la responsabilidad no es del mismo grado en cada uno, pero sí que afirmo que cada uno ha de asumir las suya propia y no quedarse satisfecho cuando “se castigue a los culpables”. Así queda satisfecha nuestra ¿sed de venganza? –que llamamos justicia-, pero no restablecido el orden social.

Algo similar, solamente similar, se podría decir de los bancos. El banco somos todos: los que utilizamos sus servicios para pagar recibos, para cobrar nuestros salarios aunque sean misérrimos, para cobrar el paro o subsidios, para tener nuestros ahorros, para inversiones pequeñas o grandes, para gestiones financieras de más o menos calado… Todos lo formamos aunque no todos tengamos el mismo nivel de responsabilidad, como ya he dicho y todos sabemos. Un sistema de administración y gestión de los bienes lo necesita la sociedad, en el capitalismo son los bancos. Y es ésta la que ha (hemos) de buscar sanearlo(s) para que sirvan realmente a la misma. No basta con condenar a los malos gestores.

Los políticos son representantes y no pueden resistir una sociedad en contra por mucho tiempo, si permanecen pese a que gestionen mal lo público, es porque tienen apoyos populares ¡La ignorancia y la pasividad! Hemos tenido, y tenemos en España, una larga época de políticos incompetentes, los hechos hablan, y sin embargo no les faltan los apoyos de muchos.

El problema de base está en la sociedad misma. Y esta forma de sociedad en la que vivimos tiene pancreatitis, se está auto devorando.

Entiendo que no hemos de andar en exclusiva buscando culpables, sino asumiendo la responsabilidad personal, o sea, alcanzando la madurez necesaria para que todos nuestros actos sean acciones y no reacciones, sean personales (persona: relación) y no meramente individuales. Esto en modo alguno es conformarse, sino aceptar “lo que es” y cambiar lo que se haya de cambiar primero en nosotros mismos sin olvidar que la sociedad es nosotros mismos, no resignarse a la opresión, pero sí hacerse agua con el río para fecundar, no para arrasar. Muy difícil en nuestro nivel de cosnciencia. Esto conlleva una visión de la vida muy distinta a la que difunde nuestra cultura, una visión que personalmente veo plasmada en las Bienaventuranzas, no solamente las contenidas en el evangelio de Mateo (5, 3-16) sino también las del de Lucas (6, 20-23). Entiendo que para ello no basta el conocimiento representacional sino el de identificación. Un paso más en el nivel de consciencia, paso que conlleva una nueva conciencia moral pero que es mucho más que la conciencia moral.


La propiedad privada no es un derecho ilimitado

La ambición es el fundamento en el que se apoya la propiedad privada tal como la entendemos. Y la ambición sustento de la propiedad privada no tiene ningún límite por la sencilla razón de que está considerada socialmente en el nivel de lo absoluto, o del Absoluto muchas veces. No existe nada más allá del dinero, bueno, de la posesión del dinero. Poseerlo lo justifica todo. Éste es el pensamiento del capitalismo liberal, y lo que subyace en el deseo de la inmensa mayoría de los hombres. ¿Hay que demostrarlo? Echemos una mirada alrededor: guerras, hambre, poder, miseria, lujos escandalosos… y la masa contempla impasible en las televisiones junto a peticiones en favor de Haití, de los niños de Costa de Marfil, de las víctimas de las múltiples injusticias estructurales… la exhibición de mansiones, coches, riquezas (materiales), poder mediático de los ídolos de masas… realmente insultantes. Y se admira a los que tienen mucho dinero.

¿Realmente no tiene límite la propiedad privada? Hemos descartado a Dios que durante siglos fue pensado como el Absoluto, así que en el pensamiento occidental no hay nada Absoluto en la línea de las ideas, sí lo hay en la línea de los valores: el dinero. Creo que ha habido razones muy poderosas para descartar al dios mítico que nos esperaba al final de nuestra existencia. Pero en modo alguno para descartar al Espíritu, a lo No-dual, al Misterio, al Amor y la Verdad. Cualquier hombre bueno piensa que los bienes materiales, que el dinero, ha de servir a la humanidad entera: sé muy bien que los economistas liberales, como dice Sala i Martín, entienden que esta finalidad de servicio a toda la humanidad es la que justifica que en la base de la propiedad privada esté la ambición pues de lo contrario no serviría a todos,  pues es la ambición lo que mueve a los hombres, pero en modo alguno comparto su opinión.

Es cierto que estamos en un período de la evolución de la consciencia de la mayoría de los hombres al que le queda mucho por avanzar, mas ya se dan muchos atisbos de que una buena parte está en niveles superiores. Y estos: los de consciencia más avanzada, son los que han de marcar la ruta a seguir, entre estos está muy claro que la base de la existencia de la propiedad privada es su fin social, la justicia distributiva. Ya Maslow en 1943 desarrolló su famosa pirámide de necesidades humanas, necesidades que han de ser satisfechas en todos los hombres. La pirámide es una jerarquización de las mismas: comienza por las necesidades fisiológicas, como el respirar –nadie la pone en duda, ni la ataca- la alimentación –muy atacada por la ambición-… Y termina con las necesidades de autorrealización –que estas lleguen a todos en el capitalismo neoliberal ¡ni soñarlo!, ni en ningún sistema del mundo-.  Pues bien, la amplitud que han de satisfacer estas necesidades, posteriormente mucho más desarrolladas por psicólogos y místicos, es el límite a la propiedad privada de cualquier bien, comenzando por la del dinero.

Y es ésta la finalidad de toda propiedad privada de bienes: que todos tengamos Shalom –los medios necesarios para desarrollar una vida humana plena y libre-. No quiero ser confundido con un marxista, mi pensamiento y mi corazón están muy lejos del marxismo ortodoxo, que no supera el segundo escalón de los estados de conciencia. En modo alguno acepto que las ideas y las dimensiones superiores o interiores, espirituales, profundas del hombre sean nacidas de las necesidades materiales. Ciertamente que hay una comunión entre todo lo humano, pero lo material no es sustento de las “superestructuras”, sino manifestación externa de las realidades interiores. Dicho esto, quiero afirmar rotundamente que la función social de la propiedad privada es la única razón que justifica su existencia. “Mi libertad acaba donde empieza la tuya” dice Sartre, mi derecho de propiedad privada acaba donde empieza el tuyo. En la casa del Padre hay sitio para todos. Mi Paz no se puede construir sobre tu  muerte, ni la tuya (paz) sobre la mía (muerte).

Establecer los límites es el resultado de un pleno desarrollo de la consciencia. Mientras evoluciona y la humanidad no acceda a ese grado de desarrollo, es función colectiva primero y de los poderes públicos con sus leyes donde lo colectivo falle (que hoy es en todo) establecerlos.

Nota: Un detalle: la proporción entre lo que perciben – son ya muchos millones los que no perciben nada- muchísimos trabajadores no cualificados, aceptemos mil euros/mes, y lo que reciben los directores de muchas empresas más de cien mil euros/mes, no digamos de los cantantes, actores, deportistas de élite… es de cien a uno como mínimo. ¿Realmente una persona ha de ser valorada cien veces –o muchísimas más- por encima de la inmensa mayoría -muchas veces, no siempre, por engañar a los demás-? ¿En qué nivel se puede estar tan por encima? ¿Qué diríamos de los que quitaran el aire a los otros? Nadie puede consumir más aire del que necesita, ni guardar para el futuro ¿por qué en el dinero, y lo que este conlleva, sí?

José A. Carmona
Email: carmonabrea@yahoo.es

viernes, 6 de julio de 2012

LA PARTÍCULA DE DIOS


El bosón de Higgs

Durante todo el día cuatro de julio, las noticias de los canales de televisión nos han estado martilleando con la noticia, por cierto muy importante, importantísima, del hallazgo de una partícula física nueva desconocida hasta hoy, y que muy probablemente corresponda al llamado “bosón de Higgs”. Por lo que he podido ver, todos los canales televisivos, cómo no, han caído en el sensacionalismo más desequilibrante. No así los científicos de física teórica entrevistados por dichas televisiones, quienes han mantenido la serenidad sin alarmismos, situando el descubrimiento como el posible dintel de una nueva concepción de la física. Algo verdaderamente importantísimo para la humanidad, pero a infinita distancia de lo que dicen las noticias de las televisiones: “se ha descubierto cómo fue el Bing-Bang” (“bienaventurados aquellos que no están pendientes del televisor” me decía mi maestro-amigo Panikkar).

Lo perverso del asunto es que lo que queda en el pueblo es lo dicho en “la tele”, y así los "medios" van deformando cada vez más la opinión popular, basada siempre en la ignorancia. Y si esta ignorancia, como sucede en la mayoría de los casos, es sobre “las cuestiones últimas”, como decía Tillich, peor que peor.

Lo que a mi juicio ha acabado de empeorar la manipulación de la ignorancia del pueblo ha sido la intervención de la Conferencia Episcopal, que ha estado impregnada de un buen desprecio hacia la física y una defensa oculta del libro del Génesis. Despreciar la física es despreciar la inteligencia humana, es despreciar al hombre. Afirmar que la Fe es la creencia en Dios (tal como es concebido por la estructura oficial) es despreciar la Fe. La Fe es la experiencia mantenida y compartida, cotejada, de Dios, del Misterio, de lo Profundo, de Las Cuestiones Últimas, experiencia que ilumina la vida desde la Vida. Y esto no se puede reducir a una mera creencia, que puede ser válida y consoladora para ciertos niveles de conciencia –siempre bajos: arcaico, mágico, mítico…-,  pero no válida para niveles superiores transracionales: psíquico, sutil, causal… y nunca auténtica para la realización del Hombre y del Universo.

Me temo que quienes piensen que hay contradicciones entre la Fe y el conocimiento científico está aún bajo la influencia del Modernismo. Occidente en el Medievo y en el Modernismo ha ido caminando siempre bajo la égida de un “absolutismo de cuadrante”, y lo malo es que muchos siguen bajo dicha égida.

Me explico:

La Realidad es una e indivisible pero nos aparece con cuatro perspectivas distintas (como las dos caras de una moneda). Estas perspectivas son: exterior individual, exterior social, interior individual, interior social o cultura. Lo que se llama en los círculos transpersonales los cuatro cuadrantes.

Lo exterior individual, que es el campo de las ciencias, es la Realidad en tanto en cuanto puede ser percibida por los sentidos o sus extensiones (microscopio, acelerador de partículas…). Las ciencias nunca dirán, ni pueden decir nada de lo interior, por ejemplo, de los sentimientos, de la música, de la que harán, con su razón, vibraciones de ondas y no lo que sentimos en nuestro interior, de la alegría que explicarán, también con su razón, como reacción del sistema límbico, pero la alegría nunca la sentiremos como reacción límbica, sino como euforia comunicativa ¿Qué científico dice al salir de casa por la mañana: ¡qué día más límbico tengo! por muy alegre que esté? Los sentimientos... tienen su aspecto exterior en las vibraciones..., pero no son tal aspecto.

Lo exterior social, que es el campo de la sociología, es las estructuras sociales de la Realidad. También percibidas por los sentidos, siempre con el apoyo de la inteligencia, lo mismo que en el caso anterior. No me refiero solamente a las formas sociales humanas, desde la época de familias cavernícolas a los estados actuales, pasando por las tribus, sociedades hortícolas neolíticas…, sino también a las galaxias, sistemas planetarios, ecosistemas…  Y a los medios de producción que acompañan esta evolución (hortícola, agrario, industrial, informático…).

Lo interior individual o conciencia subjetiva (no caprichosa ¡Qué mal utilizamos el lenguaje hasta deformarlo!) o interior. Por seguir con un ejemplo ya dicho, cuando hay una alteración del sistema límbico –algo exterior- experimentamos alegría, y esa experiencia de la alegría es personal e intransferible, la podemos explicar con palabras o gestos, la podemos contagiar pero cada uno tendrá la suya, no la podemos transferir. Lo mismo podríamos decir del pensamiento, del amor… de la Fe. Como el fuego: cuanto más se comunica más hay, no se pierde, la vela que inició el reparto sigue encendida.  Para conocer lo interior es necesaria la hermenéutica.

Lo interior colectivo o cultura es el conjunto de significados y valores interiores, compartidos dentro de una sociedad. Si la sociedad es mundial ¡Genial! En este cuadrante tiene una importancia enorme la visión del mundo. No tiene la misma visión del mundo el ignorante que el sabio (que no ha de ser erudito), el hombre de creencias firmes y acérrimas que el abierto a la Verdad en toda su dimensión, a la Fe…

En toda la historia de la humanidad, prácticamente, un cuadrante se ha impuesto sobre los otros tres, a los que incluso ha llegado a negar entidad. En el Medievo se impuso el interior individual (teocracia, la doctrina asumida de la llamada fe ¿cristiana?), en la modernidad el exterior individual (ciencias) que ha llegado a negar la dimensión subjetiva, hoy en muchos aspectos su existencia sigue siendo negada en multitud de sectores académicos (se entiende la ciencia como absoluto). He escuchado decir a un periodista de mucho prestigio en Cataluña, al entrevistar a un catedrático de física de la UB: “porque usted como físico no creerá en Dios” ¡Cuánta ignorancia sobre las cuestiones últimas se ha infiltrado en el mundo académico! 

De la visión de estos cuatro cuadrantes es fácil deducir que son cuatros los aspectos que de Verdad de los que se puede hablar. Verdad, veracidad, rectitud y ajuste funcional, los llama Wilber.

Teniendo en cuenta estos cuadrantes es imposible la afirmación de que la física sustituye a Dios, ¡La llamada partícula de Dios! ¡Cuánta estupidez oficializada en las televisiones! La física viene a darnos mayor conocimiento de la Realidad y esto es profundizar en el Misterio. Es fantástica la visión de profundidad sobre las cosas que nos aporta a la humanidad este nuevo descubrimiento de la física. Dios no es sino el Todo, la Realidad de cuanto es, la Plenitud que abarca los contrarios, que abarca ser y no-ser… y la física versa sobre esa Realidad en una de sus vertientes, la individual exterior. Por ello, decir que el objeto de dicha ciencia no tiene nada que ver con Dios, es lo mismo que afirmar que dicho objeto no tiene nada que ver con la Realidad. Una afirmación de una desmesura tan ingente que solamente una ignorancia muy seria la puede engendrar. Lo insensato es crearse un Dios como el Otro y distinto de la Realidad misma, o peor aún, enfrentado a ella, pues parece claro que la física y la idea del creacionismo van por caminos contradictorios.

¡Abramos los ojos, los de la carne, el de la mente, el de la FE (San Buenaventura) y percibamos en una experiencia iluminada la Realidad-Misterio, Dios, el Cristo, el Buda…!

La física no solamente no se opone sino que nos acerca a lo Divino. No destruye la Fe, lo único que va destruyendo es el ídolo mental al que hemos venido llamando, y aún llamamos, Dios y en el que apoyamos nuestras creencias que nos dan seguridad. Aceptemos que Dios no es ese concepto arrastrado y cargado de estupideces y falsos mitos. La física junto con otras ciencias lo va desmoronando. Seamos agradecidos y humildes, y como Teresa de Ávila, busquémoslo (a Dios) en nosotros (Alma, a Mí, buscarme has en ti) y en todo sustrato de la multiplicidad.

José A. Carmona
carmonabrea@yahoo.es


lunes, 25 de junio de 2012

Sobre el Jesús histórico

Nuevas reflexiones acerca de Jesús de Nazaret

Ya en el año 2007 publiqué en este blog unas reflexiones sobre Jesús de Nazaret. Las actuales quieren ser un pequeño complemento a aquellas, nunca una negación. Desde entonces yo he seguido caminando-progresando, creo, en mi visión del Universo; en estos años he seguido leyendo, reflexionando, pensando, comparando, meditando, en definitiva, ocupándome de esa visión y de mi integración en la Realidad. En el centro de la misma está una persona central en la historia de los dos últimos milenios en Occidente: Jesús de Nazaret, al que los cristianos confesamos como el Cristo, como el Misterio que no solamente se realiza en Jesús, cabeza del Cuerpo Místico, sino en todo el Cuerpo que es el Universo. Quede sentado ya de entrada que yo confieso, como reiteradamente he ido diciendo, que Jesús es el Cristo. Pero el Cristo no es solamente Jesús, es más que Jesús, también somos todos y es el Universo entero. Jesús es una persona histórica (individual y limitada), el Cristo es el Misterio de la Totalidad. Entiendo que hay una continuidad entre Jesús y el Cristo, o sea, que para mí –y para todo el que se confiese cristiano- en aquella persona histórica percibo unas experiencias que me abren a la dimensión de todo y del Todo, o si queremos con las palabras del propio Jesús, me ponen en los brazos del Abba, cuando les abro la puerta de mi propio ser manifiesto encontrándome conmigo mismo en lo más hondo, más allá de José Antonio. Lo experimento como Yo, mucho más que “intimior intimo meo” –pese a todo, en mis reflexiones posteriores a la experiencia me asalta constantemente la dualidad  Tú:yo-. Es esto una realidad cultural dentro de la cual me encuentro con mi identidad, aunque ésta vaya mucho más allá de esa cultura. Por descontado que esta realidad cultural tiene sus equivalentes homeomórficos en las todas las otras, pasadas o actuales, tanto para las actitudes llamadas religiosas, como para las llamadas no religiosas y para las agnósticas o ateas. También, entiendo, el Misterio, el Cristo puede ser experimentado, y sobre todo pensado, como un y como Él, o sea, en segunda o tercera persona, puesto que el Misterio lo abarca todo, mas nunca como ajeno a mí mismo, ni ajeno al Universo, nunca en dualidad.
 

¿Es esto un henoteísmo (el Misterio es el Dios más poderoso entre muchos otros)? Pienso que no, puesto que, consciente de que el Misterio no puede ser encasillado en nada, mi visión de Dios dejó de ser heterónoma hace tiempo: en todo caso mi expresión de fe por expresarme con los términos que utiliza Lenaers, va por el camino de la teonomía. Ni soy ateo, ni creo en un D(d)ios distinto a (y de) la Realidad. Ya lo he expresado suficientemente en este blog (p.e. el artículo: Yo soy eso). Dios, entiendo, es el Sustrato único de la multiplicidad y la Multiplicidad misma, o si queremos, mi experiencia, en algunos momentos, de el Cristo (Dios) es la de un Amor universal sin límites de ningún tipo, Amor que se plasma de múltiples formas (cristianismo, islamismo, budismo, hinduismo, ateísmo, ecologismo…) y transciende la mera razón personal, aunque no todas las formas sean igualmente válidas y mucho menos auténticas.  Cada cultura y cada momento ve dicho Sustrato a su manera. No se trata de una despersonalización de Dios, sino de una transpersonalización, a Dios no lo podemos encasillar ni siquiera en el concepto de persona (no nos estamos moviendo en los niveles de la racionalidad, sino más allá de ella). 

No nos podemos mover, hablando de Dios en tercera persona, en el ámbito de decir qué es Dios (utilizando un lenguaje asertivo, óntico), salvo que precisemos lo que la espiritualidad integral llama matriz OCON (omni cuadrante: omni nivel), y aun así nuestras afirmaciones serían muy limitadas, pero sí nos podemos mover en el ámbito de cómo es utilizando un lenguaje metafórico, simbólico y catafático, y de qué no es utilizando un lenguaje apofático; en concreto, podemos indicar hacia dónde pero no explicar el Misterio.
 

Tengamos en cuenta que la persona no es la meta a conseguir en la evolución de la conciencia, aunque lo sea hoy por hoy en la humanidad (hay muchos individuos, pero pocas  personas), sino el camino que ha de ser dejado atrás.
 

Por eso mismo la Fe, en un nivel de conciencia que haya superado el etnocentrismo, no puede ser excluyente y por lo mismo ha de escapar de cualquier dogmatismo, que siempre excluye a los que no piensan o sienten como los propios dogmáticos (anatema sit). Esto no puede ser confundido con que “todo vale”, “todo da igual”. Otra cosa muy distinta es la creencia que mora en las conciencias etnocéntricas y míticas. 

Y con respecto a Jesús de Nazaret los últimos dos milenios de historia están cargados de creencias míticas y etnocéntricas, en cuya raíz había, si la había, una fe muy endeble, o sea, muy falta y muy faltos los humanos, en su mayoría, de experiencias fundantes.
 

Y si no puedo entender, aunque pueda hablar en estos términos, un “Dios totalmente otro” que nos presta ayuda desde fuera del Universo, como se ha pregonado en muchas teologías como la Teología Dialéctica de Karl Barth, me es imposible aceptar como históricas muchas de las cosas que se afirman de Jesús, más aun sabiendo que los estudios históricos de los textos nos dicen todo lo contrario: todo lo dicho de la infancia de Jesús, buena parte de los relatos de la pasión (que se contradicen en muchos aspectos entre ellos) y que probablemente sean unos escritos hechos con la intención no de mostrar lo que sucedió, sino la de destacar aspectos míticos sobre Cristo a las comunidades (por ejemplo que en él se cumplían las profecías del AT), la resurrección por obra de Dios… son creaciones literarias. El salto a la Fe no es una cuestión de entender (intelligere), sino de experimentar esa dimensión que se escapa a los niveles de la inteligencia, y que aparece ante el ojo de la contemplación, de ahí la necesidad de una matriz OCON (¿hablaré de ella en otro escrito?), dimensión, como he dicho, manifestada de múltiples formas en las distintas culturas. Una dimensión, por otra parte, cotidiana: todos hablamos en muchas ocasiones del entusiasmo –ahora con la Eurocopa!!!-, de la inspiración. Eso, que queremos decir con esas palabras, es contemplar, esa dimensión contemplativa no es sino “entusiasmo” en su sentido más original: “enthousiasmós-entheázo” estar lleno de los dioses, o “in-spiratio – in-spiritu” estar lleno del espíritu, de Vida. El entusiasmo de los asistentes a un partido de fútbol, la inspiración que llega al poeta al redactar un texto, al científico al descubrir una novedad, la alegría de una madre al ver al hijo que hacía tiempo que no veía… Lo que nos pasa es que esa experiencia la hemos rebajado confundiendo lo que es cotidiano con lo que es vulgar muchas veces, o la hemos elevado, guiados por la “ortodoxia” a niveles superiores a nosotros (inspiración de los libros canónicos: Dios:el Otro guiando la mente del escriba). Cuando estás inspirado y te brotan las palabras y las ideas sin saber por qué, estás en una dimensión contemplativa.

Ya he dicho que en otro escrito me he referido a ciertos aspectos de Jesús de Nazaret, a los que podríamos llamar actitudes de Jesús, hoy quiero aproximarme a “quién fue de hecho para los que lo veían” en aquellos tiempos. ¿Qué es lo que una aproximación histórica nos podría asegurar sobre Jesús?
 

No voy a hacer dicha aproximación. Utilizaré lo hecho para destacar algunas líneas, pero antes, una simple anotación. Sabemos que los evangelios nacen dentro de unas comunidades que creen con matices muy diferentes, a veces mucho más que matices, que Jesús de Nazaret, crucificado por los judíos y resucitado por Dios (Hech 2,24), es el Mesías, el Señor, el Hijo de Dios que salva a los hombres. No cabe duda de que los hechos acaecidos al final de su vida influyeron decisivamente en la formación de los evangelios y en esta visión de fe. Pero el Cristo que aquí se manifiesta es el Cristo de la fe, mas ¿podemos decir que manifiestan igualmente al Jesús histórico? 

Desde finales del siglo XVIII se está estudiando la historicidad de lo que se narra en los mencionados evangelios, a lo largo de todo este tiempo han surgido muchas luces y no pocas tinieblas, se han desarrollado movimientos varios a veces contradictorios, pero algo más de luz podemos aportar. No estamos en el infantilismo del Medievo. Teniendo en cuenta las indagaciones de estos más de dos siglos ¿qué sabemos del Jesús de Nazaret histórico?
 


Es más que probable que a Jesús no se le pueda identificar con el movimiento religioso del cristianismo. Ya sabemos que el cristianismo se ha montado “con la excusa de Cristo” y que en modo alguno se puede afirmar con un verdadero fundamento histórico que Jesús lo fundó. Más bien se ha de decir que Jesús de Nazaret no tuvo nada que ver con lo que “vino después”. Por descontado que no podemos inventarnos lo que queramos decir acerca de él, sin embargo, mucho de esto es lo que ha venido sucediendo en los obscuros siglos que median entre él y nosotros. A cada momento de la historia, su luz.
 

Jesús, más que probablemente, nació y vivió en Galilea – sabemos sobradamente que todo el evangelio de la infancia, contado por Mateo y Lucas, no es sino una leyenda mitificadora sin más contenido histórico que la afirmación de que Jesús nació, que era hombre -. Esta región, toda Judea pero sobre todo Galilea, en aquellos tiempos del helenismo romano sufría una penuria económica seria. Apenas existían infraestructuras, su sistema de producción, solamente agrícola, era neolítico, no tenían relaciones comerciales,… y sus habitantes estaban sometidos al helenismo romano, por lo que su cultura, expresada sobre todo en la fe en Yahveh, estaba sometida al “enemigo”.  Los agricultores, los pescadores del lago Tiberíades, los mínimos artesanos que apenas existían… sobrevivían a duras penas sin ningún sistema planificado de producción. En este ambiente de subsistencia económica y de sometimiento cultural debió vivir Jesús. 

Es más que posible que sólo conociera lo que se enseñaba en las sinagogas el Sabbat: la Ley y los Profetas: en aquella Galilea no existían lo que hoy llamamos colegios, ni enseñanza reglada, ni libros –solamente rollos (papiros) en las sinagogas-. La enseñanza era oral. Prácticamente, diríamos hoy, era analfabeto.
 

Se han dicho multitud de cosas sobre los años ocultos de Jesús, pero en verdad no sabemos nada de ellos.  Es seguro fue educado en una cultura y religiosidad judía cercana a la de los fariseos (a los que posteriormente hemos dado muy mala fama), pues era la más extendida en Galilea. Lo que claramente se puede deducir de los evangelios es que tuvo una fe inquebrantable en Yahveh, Dios de Israel, al que llega a llamar ABBA, una familiaridad impensable en un judío ortodoxo, que tuvo unas esperanzas de tipo apocalíptico (reveladora) de que Dios intervendría en su propio tiempo (todo el discurso escatológico de los sinópticos rezuman esta visión, aunque sean una construcción post eventum. Mt 23 y sss . Mac 13… Lc 21…). Sin duda era un místico excepcional.
 

La experiencia de Jesús con sus conciudadanos fue muy similar a la que tenemos en nuestra sociedad: había como hoy una gran injusticia estructural, cada vez los ricos más ricos y lo pobres más pobres, un poder despótico del emperador romano, y un pactismo incondicional con ellos por parte de la jerarquía religiosa judía. Esta experiencia lo llevó a predicar un Reino de los Cielos opuesto al reino del César, a predicar unas actitudes totalmente contrarias a las de los jerarcas sagrados del pueblo, para conseguir que floreciera el Reino de los Cielos era totalmente necesario que la gente cambiara su manera de ver las cosas: se había de anteponer al ser humano por delante de todo, incluso de la Ley. En esto consistía la metánoia, la conversión. Y cada vez fue más consciente de que la fuerza del nuevo Reino estaba en que todo el pueblo tomara conciencia del mismo y se convirtiera. Jesús era judío y su horizonte estaba en los límites de Israel (Mt 15,21… y par), en esto algo muy parecido a la visión de los fariseos (perhusim: los apartados).  
 

Pasó un tiempo que no podemos precisar –hay distintas versiones- predicando ese cambio. Debió comenzar junto a Juan Bautista y poco a poco fue integrando en su predicación las cosas que iba aprendiendo: enseñanzas sencillas, parábolas, dichos. Su conocimiento de las Escrituras ya le vendría de su asistencia a la sinagoga y de la propia sociedad en la que vivió. Pero sobre todo hemos de tener en cuenta su enorme experiencia mística, de comunión con Yahveh, incluso de identidad con el Abba. Con el tiempo, incorporó a su predicación la necesidad del amor incondicional, incluso a los enemigos (la comunidad de Juan). Hizo “curaciones” (lo que en aquella época de supina ignorancia se interpretaba como tal. No eran infrecuentes los taumaturgos.) que sus incondicionales interpretaron como señales de que Dios estaba con él. Posiblemente al final de su vida, se opuso frontalmente al sistema de poder político y religioso (expulsión de los mercaderes del Templo, que era el lugar-momento de simbiosis “idolátrica” entre el comercio y lo sagrado, ¿nos suena alguna cosa?), esto no pudieron aceptarlo por más tiempo los poderosos establecidos, y con la ayuda de los romanos lo condenaron a muerte y lo crucificaron. Es más que probable que, como sucedía con todos los crucificados, que su cadáver fuera a parar a una fosa común o arrojado a la Gehena –el vertedero de Jerusalén-. La idea del sepulcro nuevo es una elaboración como todos los relatos de la pasión y de las apariciones post mortem. 

Aunque los relatos tal como nos lo presentan no sean  históricos en su mayor parte, no identifiquemos histórico con válido, ni mucho menos con real, no hemos de negar la validez de los mismos. Estamos muy inmersos en el mito de la historia. Las cosas importantes no son históricas, o sea, no caen dentro del tiempo.
 

Sus discípulos ante tanta ignominia reaccionaron, tomaron conciencia profunda e interpretaron los acontecimientos a la luz de las profecías del AT, así lo identificaron con el Mesías, crearon -se necesitaron varias decenas de años- los relatos que hoy conocemos como evangelios y creyeron (no simplemente se imaginaron) que Jesús fue enaltecido por Yahveh.
 

Esta perspectiva, interpretada de múltiples formas y maneras a lo largo de los siglos posteriores y gracias a dichas interpretaciones, ha hecho de Jesús (el gran místico) ese ente bastante raro: Dios encarnado con dos naturalezas y una sola persona: la segunda de la Trinidad… al que la iglesia le da culto y lo llama fundador.
 

No he de repetir todo lo que antecede en este escrito a esta imagen que, apoyado en los estudiosos del tema, he elaborado sobre el Jesús judío. Es muy importante para mí saber que Jesús no destacó en nada socialmente, tan solo en la mística y esto “no es considerado por la sociedad como valor”. Y asumir por mi propia experiencia, poca pero cotejada con las de otros y por lo mismo no caprichosa, y sobre todo por la de muchos místicos cristianos que es esa actitud de Jesús –el Amor hasta la muerte- la que nos hace divinos y da pleno sentido a nuestras vidas en el tiempo. Vida que no se puede identificar con dicho tiempo, aunque para nosotros aparezca en él salvo cuando tocamos lo eterno.  

José A. Carmona
Correo electrónico: carmonabrea@yahoo.es

lunes, 11 de junio de 2012

ACERCA DE LA MEDITACIÓN



MEDITAR O CONTEMPLAR

Entre los primeros escritos que colgué en este blog hubo uno sobre la meditación. Me limité a transcribir un diálogo entre Ken Wilber y su fallecida esposa Treya sobre el tema. Hoy quiero hacer una reflexión personal teniendo como base un diálogo de Krishnamurti con Chögyam T. Rinpoche.

No siempre me ha interesado meditar, pero ya antes de los treinta años empezó a interesarme y, por supuesto, me interesó hacerlo bien. Desde los años sesenta ha sido un interrogante en mi vida qué es lo que hacía Jesús de Nazaret todas aquellas noches en las que se perdía en la montaña a orar, a dialogar con su ABBA.

No voy a hablar de mi experiencia personal, ni incluso desde ella, pero sí con ella. Y en esta experiencia ha tenido un sentido especial las palabras de Zhuang zi –Chuangzi-, el heredero del pensamiento místico de Lao-tse:

“Cuando el agua está quieta, es como un espejo, refleja la barba y las cejas… si el agua obtiene transparencia de la quietud, ¿cuánto más lograrán las facultades mentales? Cuando la mente del Sabio se halla en reposo, se convierte en espejo del Universo…” (citado por Alan Watts)

La mente en reposo es el espejo de la Realidad, dice, yo diría con los transpersonalistas: es la consciencia en la que aparece la Realidad. La mente en reposo es meditación, es contemplación.

Lo divino, lo numinoso, que nos causa miedo y atracción a la vez, no es un objeto que podamos pensar, analizar, o sobre el que podamos reflexionar. Lo sabemos, y conocemos que es así, mas tampoco puede ser objeto de una mera experiencia individual. Y ello por varias razones, entre otras, porque lo numinoso nunca es, ni puede ser, objeto de nada. Lo Divino no es lo opuesto al sujeto, sino que es el sí-mismo que lo abraza todo, incluido el sujeto. No es objeto de una experiencia individual, sino que es la misma experiencia en la que no hay ni sujeto, ni objeto, ausencia total de dualidad.

Tengamos en cuenta que esta ausencia de dualidad no es el resultado, ni puede serlo, de un esfuerzo por afianzar en la existencia un solo polo –el bueno- de la realidad en que vivimos y la consiguiente negación del otro –el malo-. Algo que es lo normal en nuestra visión ascética: insistir en la “virtud” (no necesitamos esforzarnos para que la sangre circule por nuestras venas, el árbol no necesita que lo fuercen a crecer, la ayuda ha de ser indirecta) y negar el “pecado”. Con esta actitud no conseguimos la llamada “perfección”, solamente destruimos, mejor intentamos destruir, el ser relativo que siempre es bipolar. Lo bueno no es lo que se consigue negando lo malo, sino transformándolo: transformación que es fruto de un abrazo total al ser, un abrazo a la Vida que es lo positivo y lo negativo. (Una traducción del Tao dice: Cuando se reconoce la Belleza en el Mundo, se aprende lo que es la Fealdad /Cuando se reconoce la Bondad en el Mundo, se aprende lo que es la Maldad… (ver. 2). Profundicemos en la parábola de la cizaña (Mt 13, 24…) sin olvidar que el relato lo escribe una mente muy dual, una mente hebrea.
Nunca existe la posibilidad de que un polo venza al otro, pues se autodestruiría el ser. Ambos son el mismo ser.

Y por lo mismo, la contemplación no puede ser el resultado de una técnica practicada asiduamente, aunque la práctica sea muy recomendable pues evita las piedras que obstaculizan el camino, que nos impiden caer en la cuenta de "lo que es".

Vemos que en todas las religiones establecidas o estructuradas la práctica del sujeto y la experiencia personal-individual juegan un papel muy importante, es más, la persona, no solamente la experiencia personal lo juega, pero, siempre se habla de la persona en tanto que sujeto, no en tanto que relación. La cultura humana aún está inmersa en el mito de la persona en tanto que sujeto –apenas ha penetrado en ella la persona como relación constitutiva, como apertura y amor del Ser-, y sujeto “enfrentado” al objeto, sujeto dueño de experiencias –no experiencia misma- a las que se accede por la práctica constante. De ahí que entre nosotros haya tal multitud de mitos- dioses-personas, por ejemplo: cantantes, actores y actrices, científicos, futbolistas… (¡Los derechos de la persona! que están muy bien, pero se quedan cortos). En ellos se cifran las esperanzas, en ellos se apoyan las alegrías y contra ellos proyectamos nuestras frustraciones.

También en las religiones la persona ha tenido y tiene un papel preponderante, hasta el punto de identificar lo Divino con una persona o con tres. Lo transpersonal y numinoso es algo vislumbrado por muy pocos.

No estoy condenando nada. Sería una estúpida interpretación personal-individual. Es bueno que la planta crezca, pero no esperemos frutos saludables si no ha llegado a la madurez.

Sea como sea, la persona –repito en tanto que sujeto- ha tenido y tiene una importancia suma en las religiones, que no son sino expresiones culturales de los pueblos. La persona representa para “los fieles” la autoridad, el respeto, la tradición, el ejemplo a imitar, al que hay que pedir y suplicar, con quien dialogar… de ahí la importancia que se da, no siempre ¡por desgracia!, a la experiencia y a la práctica personales. No olvidemos que esta experiencia personal es la que tiene cada sujeto-individuo que en muchos casos no es experiencia comunal, sino pura proyección de los deseos individuales. Y el deseo es enemigo de la paz interior. Es experiencia aislada, no verificada con otras, por tanto experiencia del individuo, no de la persona que nunca es, ni está, aislada. No niego la necesidad de repetir constantemente, de practicar, sino que niego que la meditación sea efecto del esfuerzo individual. No podemos dejar de respirar, pero el respirar no es resultado de un esfuerzo, sino una manifestación y un brote de Vida, cuando se convierte en el resultado de un esfuerzo es señal de que se escapa la vida o de que la forzamos.

La ausencia del sujeto no es sino la ausencia del yo, no simplemente del ego. Ese yo que conocemos por los nombres propios y que incluso puede estar ¡ojalá siempre! comprometido en muchas causas existenciales de solidaridad. Ese yo es siempre sujeto de experiencias personales, es un centro construido fundamentalmente con los recuerdos del pasado. La ausencia del sujeto, o yo existencial, es simplemente la superación de toda dualidad. La meditación es dicha superación.

Concentración, contemplación

Hemos de ser conscientes de que meditar, contemplar, no es simplemente concentrarse.
La concentración es un proceso en el que excluimos una serie de elementos. Es así como la entendemos: me concentro en un punto, en un objeto, en una idea y elimino todo lo restante. Mas la meditación, la contemplación no puede ser excluyente, sino comprensiva. La meditación es comprensión, o sea, dar a las cosas su auténtico o verdadero significado. Y esto solamente se puede conseguir si abrazamos en un Todo a los llamados “sujeto y objeto”, vida y muerte, noche y día, alto y bajo... a la dualidad. Si no hay conocimiento propio, “sabiduría de lo que somos” no podremos dar a las cosas su verdadero significado, solamente calificarlas (o clasificarlas) en función de un baremo determinado (cristiano, agnóstico, social, deportivo, económico, laboral…lo cual es loable en principio y totalmente necesario en nuestro mundo relativo). Si hay comprensión, sabiduría de nosotros mismos, el “yo” desaparece, y al desaparecer, bajo esa capa del yo existencial caemos en la cuenta de que sólo es lo único que es: el YO. Eso. El Misterio. Y la mente se aquieta, permanece en reposo total, en silencio total, no califica, sencillamente observa la totalidad: el sustrato de todo cuanto aparece en la mente (no observa algo), se manifiesta como pura consciencia. Al aquietarse la mente, el espíritu, no hay yo ni ego, ni bueno ni malo, ni alto ni bajo, ni vida ni muerte. Todo es Libertad inmensa.

Acabo trascribiendo unas palabras de Krishnamurti:

“El problema con los seres humanos es que no han observado nunca un árbol, un pájaro sin división. Dado que no lo han hecho, no pueden observarse totalmente a sí mismos… Dónde el “yo” esté tiene que haber desorden. Y si observo al mundo a través del “yo”… hay desorden y conflicto. Observar todo sin crear conflicto es meditar. Para eso no hay que practicar (no se aprende practicando), todo lo que tiene que hacer es darse cuenta exactamente de lo que está sucediendo por dentro y por fuera, sólo darse cuenta.” (Diálogo: ¿Qué es meditar?)


José A. Carmona
Correo electrónico: carmonabrea@yahoo.es