martes, 9 de diciembre de 2008

El Servicio en las comunidades de los Hechos

El servicio en las comunidades de los Hechos
PENSAMIENTO





REFLEXIONES EN TORNO

AL SERVICIO EN LAS COMUNIDADES DE LOS HECHOS

JOSÉ A. CARMONA BREA



Pese a todos los conatos innovadores, es patente hoy en Occidente la existencia de una clase clerical claramente diferenciada de los seglares e integrada por sacerdotes, obispos y altas jerarquías.

En los siglos XVIII y XIX se pretendió incluso que tal clase sacerdotal-clerical tenía sus raíces en el sacerdocio de Cristo, del que participaban a un nivel ontológico-exclusivo los sacerdotes, los «consagrados», siendo, por tanto, la existencia de la «clase sacerdotal» consecuencia del sacerdocio de Cristo. Esta idea teológica fue la raíz de una espiritualidad sacerdotal muy difundida, incluso en los años de nuestra formación en los seminarios y de la que hemos recibido el último aguijonazo al «ser reducidos al estado laical».

En la Edad Media el pueblo estaba obsesionado con la idea de la consagración en la eucaristía, y la teología terminó por interpretar el sacerdocio como una «potestas consagrandi», un poder reservado a un grupo de elegidos: los sacerdotes, mientras que a los obispos y al Papa se les reservaba otra •potestas», la de jurisdicción. Así se interpretaba el sacerdocio en términos de poder, y el carácter sacerdotal como la impronta del poder en el sujeto, que recibía el sacerdocio.

En cambio, en la era patrística, aunque se va judaizando el concepto del sacerdocio cristiano, se mantiene la idea de que el sacerdocio está vinculado a la acción del Espíritu, para mantener la salvación en; la Iglesia. El sacerdote es interpretado, pese a la incipiente jerarquización, como «neumático», como hombre del Espíritu, como el carismático servidor de la comunidad.

Mas veamos ALGO DE LO QUE SE NOS DICE EN EL NUEVO TESTAMENTO SOBRE EL" SACERDOCIO CRISTIANO.

Tengamos presente que la palabra de Dios no es instrumento para demostrar nuestras ideologías preconcebidas, para refrendar los dogmas que hayamos elaborado, sino que es fin en sí misma y objeto de contemplación. (Non uti sed frui.)

Vamos a intentar una serena lectura, una reflexión sobre irs vivencias de fe de las comunidades que convivieron con los apóstoles, intentando hacerlo con el menor bagaje ideológico posible.

1. ALGUNAS REFLEXIONES SOBE LA CARTA A LOS HEBREOS

Es esta carta el único libro del Nuevo Testamento que utiliza el término griego "hiereus" aplicado a Cristo. Dicho término se utilizaba para designar a los sacerdotes del Antiguo Testamento y a los de las culturas no judías, arrastrando en su significación los conceptos de poder y de separación entre lo sagrado y lo: profano.

El autor de la carta utiliza la idea del sacerdocio levítico para mostrar que tal sacerdocio ya no tienen razón alguna de ser, pues Cristo muerto en la cruz y resucitado por el Padre, que acepta la entrega del Hijo, es el único y definitivo sacerdote para toda la humanidad, no sólo para los judíos.

Cristo es el •hiereus (sacerdote) para siempre, según el orden de Melquisedec• (5,6), no según el orden de Aarón. El es el «sumo sacerdote (archiereus), tomado de entre los hombres, puesto para representar a los hombres en las relaciones con Dios- (5,1), quien por su obediencia -se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen a El, pues Dios lo proclamó sacerdote en la línea de Melquisedec• (5,9-10). Por ello Jesús es el garante de una alianza más valiosa, la nueva alianza en su sangre, y así «puede salvar a los que se acercan a Dios por El. -pues está siempre vivo para interceder por ellos» (7, 22-25).

Por tanto, el culto antiguo (el sacerdocio levítico) es insuficiente y se ha de sustituir por el nuevo, basado en el Misterio de Cristo muerto/resucitado.

Ahora bien, el sacerdocio levítico era un sacerdocio tribal, de casta (personal sacro), dedicado al servicio y al cuidado del templo (lugar sacro), para ofrecer sacrificios durante las fiestas religiosas judías (tiempo sacro). Jesús viene a abolir esta forma de sacerdocio, viene a establecer la fraternidad universal, a eliminar toda separación en las personas, en el tiempo y en el espacio; viene a destruir la línea que separa lo sagrado de lo profano, porque el hombre es el templo vivo (no hay espacio sagrado), para ofrecer el sacrificio de su vida (toda persona es sagrada), en ofrenda constante al Padre (no hay tiempos sagrados).

Cristo resucitado es el nuevo sacerdote que abre la esfera de lo divino a todo hombre y a toda la creación, destruyendo los límites que los hombres constantemente nos hacemos para separar lo exclusivo de Dios, lo consagrado y lo meramente histórico, lo profano. Todo es crístico, como nos dice Teilhard; todo es cristocéntrico y cristotélico.

En el Apocalipsis se emplea el término hiereus aplicándolo no a los ministros del Nuevo Testamento, sino a toda la comunidad de creyentes en Cristo, a todos los bautizados. Su significación, pues, es totalmente diversa a la que tiene en el sacerdocio levítico.

Cristo, sumo sacerdote, supera la estrechez y limitación del culto antiguo y se manifiesta a sí mismo como único sacramento de una salvación, que abarca todos los rincones del espacio y del tiempo, de una salvación realmente universal y cósmica. Y el sacerdocio de Cristo es su propia realidad sacramental, su propia realidad divino-humana, que se nos manifiesta en la llamada que nos convoca para la, celebración, y en la palabra que nos comunica la misión de evangelizar a todo hombre, de anunciar que somos hijos del Padre.

2 EL SACERDOCIO-SERVICIO EN LAS COMUNIDADES DE LOS PRIMEROS DÍAS

Jesús no instituyó nada prácticamente; en todo caso, el apostolado, nos dice Schillebeeckx («El ministerio eclesial», pág. 7, Cristiandad, Madrid).

Jesús vive el Amor, el Agape, y nos lega el misterio de su vida y muerte, su mensaje, su proyecto de amor universal. Mas nos ha dejado e! Reino sólo comenzado, .abandonando. en nuestras manos su realización y la libertad para seguir construyéndolo en la historia.

Por eso ?instituyó. el apostolado, para que los hombres proclamáramos los valores del Reino, para que comunicáramos a los hermanos reunidos en la comunidad la gracia sacramental de la salvación. El apostolado es, pues, un servicio humano-divino (sacramental).

¿Se vive como tal en las comunidades de los primeros días?

Los inicios de la Iglesia son de gran creatividad, debido a las necesidades del momento. Se intentan muchos caminos. pero en gran parte se abandonan.

- Los apóstoles intentan mantener el grupo de los doce, eligiendo a Matías (Hec. 1,21-26); pero pronto dejan de mantener el grupo. Pablo se añade como miembro, después de la muerte de Santiago; no se elige a nadie en su lugar. El número doce tiene un significado simbólico (profundo), no aritmético (cuantitativo).

- Las funciones que ejercen los apóstoles están claramente expresadas en los Hechos: la predicación de la palabra, el convocar a los fieles a la asamblea en el nombre del señor Jesús, el ser emisarios de la reconciliación, la celebración de la fracción del pan y el orar manteniendo la unidad de los creyentes. (Hech. 6, 1-4; 2. 38; 2, 42, y passim.)

- Los bautizados forman una comunidad de laicos, incluso los sacerdotes de la ana tigua alianza, que se convierten, pasan a ser laicos. (Hech. 6, 7).

- Por necesidades de la Iglesia, que crece, se crea un nuevo grupo, «los siete-, para atender al servicio de las mesas. En aquellos primeros tiempos ya empieza a hacer tensiones entre judíos y griegos conversos. Mas en los acontecimientos está la acción del Espíritu. (Heb. 6, 1-7.)

- Los diáconos son elegidos para el servicio de las mesas, pero su acción va mucho más allá, pues predican la palabra con gran coraje y realizan grandes prodigios. Realizan funciones que parecen propias de los apóstoles.

- En la designación aparece ya la Imposición de manos (rito para significar) y la oración (palabra).

- Esteban es símbolo de la universalidad de la salvación en Cristo, frente a la estrechez de los doce (que permanecen cerrados en la casa de Israel), y por lo mismo fue la primera presa de la Ira de ¡os judíos. El continúa la línea de Jesús al negar que Dios -habite en edificios construidos por manos de hombres. (Hech. 7, 48.) Con lo que rompe con la sacralidad de la visión religiosa judía (aún respetada por los doce, que acudían al templo), y es condenado porque «la Ley es más importante que el hombre».

- Esteban ha entendido el sacerdocio de Cristo, el sacerdocio cristiano: servir al hombre en la proclamación de la Palabra.

ES CLARO:

• Que el ministerio de los -doce» y el de los -siete» no se realizan más que como servicio a la comunidad, nunca en beneficio propio_

• Que los diáconos se dedican al servicio de la Palabra para la conversión (Esteban, Felipe), sobrepasando el servicio de las mesas y, por tanto, la evangelización no es exclusiva de los doce.

• Que los fieles participan en la fracción del pan, sin que haya distinciones entra ellos.

• Que los testigos de la resurrección son los garantes de la unidad en la fe.

• Que hay un protagonismo de Pedro, aunque parece algo personal, pues no hay un solo dato que indique que dicho protagonismo haya de pasar a sus sucesores.

LA IGLESIA Y LOS SERVICIOS FUERA DE PALESTINA (Hech. 11. 19-22; 13, 1-3)

En los primeros capítulos de los Hechos aparece muy profundo el sentimiento hondo que tienen Pedro y quienes le codeaban de que la salvación pasaba por el judaísmo, pese a todo; pero ¿podremos decir lo mismo de todos los apóstoles y discípulos de Jesús?

Sobre la mayor parte de ellos hay un profundo y escalofriante silencio, una ausencia total de testimonios, que han de dar que pensar. ¿Podremos afirmar que ninguno de ellos había entendido el sentido universal del mensaje cristiano de salvación? ¿Qué podemos decir de Natanael, Tomás, Felipe, Andrés, los Alfeo...? ¿Por qué no escribieron nada? ¿Es que no tenían nada que decir, o que lo dijeron escribiendo en el corazón de la historia, en el corazón de los hombres?

Mas la comunidad de Jerusalén, con Pedro al frente, estaba cerrada a los paganos; por eso fue necesaria una intervención especial del Espíritu, una más, para que Pedro saliera de su estrechez, y se abriera a la universalidad del -Misterio de Cristo. Hech. 10. La puerta que abre el Misterio a todo hombre es el arrepentimiento (la conversión- reconciliación). Hech. 11. Y esto es posible en cualquier ser humano.

Frente a esta actitud cerrada de la iglesia Palestina empiezan a florecer otras comunidades en la diáspora.

La iglesia de Antioquia

La primera expansión de comunidades fuera de Palestina es provocada por la persecución. Hech. 11, 19. Y aun así el mensaje de salvación no se predica en principio más que a los judíos. Hech. 11, 19. Tan sólo con la llegada de los helenistas a Antioquía se comienza a predicar a los griegos, quienes atienden en gran número a la llamada de la fe. Hech. 11, 20-21.

Posiblemente no hayamos reflexionado suficientemente sobre la estrechez de miras de aquellos primeros cristianos a la hora de entender el mensaje salvador, y sobre la fuerza -de la acción del Espíritu que hace llegar la Palabra a todos, pese a la oposición de los propios portadores de la misma.

Mas ¿cómo nos presentan los Hechos a aquella comunidad de Antioquía? Como una comunidad:

• Compuesta en su mayor parte por hedenistas conversos; 11, 21.

• Solidaria con las otras comunidades; 11, 29-30 (envía ayuda a la de Jerusalén,

que pasa necesidad, en parte debida a la falta de previsión de dos primeros

años).

• Fraternal, sin jerarquías de poder; 11, 29 (son los discípulos los que deciden enviar la ayuda).

• Con variedad de servicios (Bernabé y Saulo son enviados a llevar la ayuda, 11, 30; Agabo es profeta, otros doctores, 13, 1; Pablo, en su carta primera a los de Corinto, recuerda esta estructura antioquena. (Cor. 12, 28).

• En la que los profetas y maestros mantienen la palabra y la oración, ejerciendo la liturgia ~(el servicio): 13, 1-4.

• Misionera, 13, 3. y centro de las nuevas comunidades.

• Que ora y ayuna en el servicio-liturgia, 13, 2-3.

• Que en la oración y ayuno comunica con el Espíritu y reconoce su voz, aunque

llame a algo desconocido; 13, 2.

• Que entiende la oración y el ayuno como condición inicial, a fin de poder enviar en el nombre del Espíritu a los nuevos misioneros, apóstoles itinerantes; 13, 3. Pablo especificará más tarde que la misión del apóstol es evangelizar, 1 Cor. 1,17; y colocará a los apóstoles a la cabeza de los servidores de la comunidad, 1 Cor. 12, 28.

Así nos presentan los Hechos a la comunidad, a la iglesia antioquena, humana en sus grandes tensiones internas, en sus divisiones superadas por la fe; mínima en su organización, la necesaria para mantener e! servicio de la fe y del amor mutuo (profetas y doctores); lúcida en su misión de salvación.

4 ° LA IGLESIA DE JERUSALÉN

En la iglesia de Jerusalén aparecen junto a los apóstoles y a la comunidad los ancianos o responsables (15, 4); a continuación, en el v. 6, se suprime la mención de la comunidad, pero no la de los responsables o ancianos. Estos, junto con los apóstoles (Pedro, Santiago), tienen una misión de control, han de examinar si procede o no la circuncisión de los conversos no judíos.

La comunidad está presente en la recepción de Pablo y Bernabé y también en la decisión final (v. 22). pero no en el consejo de deliberación ni en el encabezamiento de la carta, que tiene la resolución (v. 23).

En Jerusalén la iglesia se estructura en torno a Santiago y a los presbíteros y más tarde, al desaparecer los primeros, quedarán !os presbíteros o ancianos al frente con su misión de pastores, vigilantes para que se conserve la doctrina. No aparece jerarquía de poder, sino diversidad de funciones entre los «hermanos» apóstoles y los «hermanos» responsables o ancianos.

Sin embargo, aunque la iglesia de Jerusalén es el punto convergente de todas las comunidades de la diáspora, su modelo de organización no se copia en muchos lugares.

Nunca olvidan los primeros creyentes que la acción dei Espíritu es la primordial, sea cual sea el medio humano que se emplee en la organización (v. 28).

Es de destacar el papel tutelar de la iglesia de Jerusalén con respecto a las otras iglesias.

Y pese a todos los esfuerzos de los apóstoles y responsables continuarán muchos de los discípulos, provenientes del judaísmo, siendo fanáticos de la Ley de Moisés y exigiéndola a los no judíos. Hech. 21, 20.

Conclusión:

La comunidad de Jerusalén está cercana al judaísmo.

Es variopinta y con fuertes tensiones internas.

Es muy numerosa, por eso las deliberaciones las hacen los responsables; de lo contrario no sería viable la deliberación.

Los responsables son servidores de la buena doctrina.

La conservación de la sana doctrina no se opone a las innovaciones, frente a las férreas exigencias de los fariseos conversos.

La sana doctrina supone fidelidad a Jesús de Nazaret, aunque haya que superar tradiciones de honda raíz judía.

5 LOS PRESBÍTEROS DE LA IGLESIA DE ÉFESO (Hech. 20, 17-38)

Lo que se narra en este capítulo hay que encuadrarlo en torno al año 60 posterior a Cristo, pero la redacción lucana es posterior, en torno al año 80 posterior a Cristo, fecha en la que la estructura presbiteral se había impuesto en gran parte de las comunidades.

La organización de la iglesia de ÉFESO que se presenta en este texto es muy distinta a la de las primeras comunidades apostólicas. Se trata de una iglesia presbiteral.

En el discurso que Pablo dirige a los ancianos aparece que al frente de la comunidad de creyentes no hay ni apóstoles, ni profetas, ni doctores, sino sólo los ancianos responsables (20, 17).

Pablo afirma que su misión como apóstol es la de evangelizar, la de comunicar la buena noticia, y hacerlo por entero, en su integridad, sin mutilaciones (20, 24-27; confrontar 1 Cor. 1,17).

El apóstol recomienda a los responsables que actúen en la comunidad, como pastores responsables de su rebaño, pues para eso fueron colocados por el Espíritu en su cargo servicio (20, 28).

También pone de relieve el peligro que ya acecha a la iglesia y que procede incluso de los propios creyentes: el peligro de los falsos pastores (20, 30).

En esta época, prácticamente post-apostólica, es incesante la presencia de falsos pastores. Ya ha acabado la era de las grandes misiones. Las comunidades se organizan en torno a los responsables, o responsables-pastores que han de cuidar de mantener la unidad en torno a la sana doctrina (v. 30). Los apóstoles, testigos directos de los Misterios de la vida de Jesús, van desapareciendo. La expectación escatológica se va enfriando. La unidad peligra y se busca la unicidad para protegerla, unicidad que se realiza imponiéndose poco a poco la estructura presbiteral de las comunidades, según el modelo de la iglesia de Jerusalén; ya en el siglo 11, con Ignacio de Antioquía y Policarpo de Esmirna, dicha estructura se hará monárquica.

Ese miedo al riesgo de que las comunidades sean dirigidas por falsos pastores es el que motiva las tres cartas pastorales, atribuidas tiempo atrás a Pablo y cuya ¡redacción es posterior a la del libro de los Hechos.

Las pastorales van dirigidas a personas concretas, no a comunidades {ha cambiado la estructura), personas que ejercen un cargo relevante dentro de esas comunidades, a las que apenas si conocemos más que su falta de relieve, de importancia frente a los pastores (Timoteo, Tito).

Hemos de notar que el cargo de pastor conlleva la gracia del Espíritu, 1 Tim. 4, 14; 2 Tim. 1, 6; que se trata de un cargo duradero y deseable, que comporta una serie de obligaciones a fin de que el servicio a la comunidad se asegure. 1 Tim. 5, 1-16.

Esta preocupación por los falsos pastores, que muestra Pablo en su discurso a los responsables de Efeso, es una constante en las cartas pastorales y en la carta a los efesios, que no es de Pablo, aunque sí de clara influencia paulina, al parecer.

En dicha carta, dirigida, como el discurso que nos ocupa, a la comunidad de Efeso, se afirma que los cristianos, los creyentes de aquella comunidad son verdadera familia de Dios, «porque fueron edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, con el Mesías Jesús como piedra angular». Ef. 2, 20.

El criterio de discernimiento entre los buenos y malos pastores ha de ser éste: el evangelio predicado, sobre el que se mantiene la fe. 1 Cor. 3, 5-7. Pensamiento que Pablo va predicando a lo largo de su vida apostólica.

Los apóstoles recibieron la misión de predicar el Misterio escatológico, el mensaje de Jesús y no otro. -Id y haced discípulos de todas las naciones... y enseñadles a guardar todo lo que os he mandado; mirad que yo estoy con vosotros cada día, hasta el fin del mundo.» Mt. 28, 20. Es ésta la misión del apóstol, anunciar la salvación a todos los pueblos, no sólo a los judíos '(no sólo a los cristianos), porque para todos se realiza el Misterio de Jesús en la historia; pero el hombre ha de abrirse a la salvación, convirtiéndose y guardando en su vida todo lo que Jesús había enseñado durante su vida histórica en la carne, asumiendo los valores del Reino, que Jesús predicó y vivió.

Este y no otro es el criterio para discernir al falso pastor del verdadero, que ha de guiar al rebaño con los criterios de Jesús, fundamentando a la comunidad en la misma persona de Jesús, 1 Cor. 3. 5-7; cualquier otro evangelio que se predicare se basaría en saber humano, no en la gracia de Dios, 1 Cor. 2. 5. Y no sería genuino.

La comunidad no puede mirarse a sí misma, no puede mirar a los pastores, que no son más que ministros, servidores en el servicio que nos trajo Jesús, sino al Jesús histórico y al mensaje de salvación que difundió entre los hombres, pues •a fin de cuentas ¿qué es Apolo y qué es Pablo? Auxiliares que os llevaron a la fe, cada uno con lo que le dio el Señor». Los apóstoles cuentan tan sólo en cuanto que son los que predicaron el «verdadero evangelio», los que presentaron al auténtico Jesús histórico, los que transmitieron los genuinos valores del Reino que la comunidad ha de vivir y transmitir de corazón en corazón hasta que El vuelva.

Valores que han quedado plasmados en el Sermón del Monte. Mt. 5... Y que son la antítesis de los valores sociales, admitidos como tales en nuestro mundo. Bienaventurados los pobres, los marginados, los no violentos, los perseguidos, los no instalados, los que tienen hambre y sed de justicia.- Estos valores suenan a verdadera mofa en nuestra sociedad (también la eclesiástica) y, sin embargo, son los valores que Jesús nos trajo, haciéndolos suyos hasta la cruz. Estos son los valores del Reino, baremo de discernimiento de los buenos/malos pastores, de los buenos/malos discípulos.

Este es el criterio que Pablo propone a los responsables-ancianos de Efeso para que examinen su servicio pastoral.

Así, pues, la comunidad de Efeso no está jerarquizada por el poder, sino distribuida en los servicios, aunque aparece sólo el de responsable.

Los responsables han de ser servidores en la línea del servicio de Cristo, marcando el camino de la cruz, de los valores del Reino.

La comunidad puede (y debe) juzgar a sus pastores-servidores para discernir al buen pastor del que no lo es.



6 ° CONCLUSIÓN

Es evidente que tenemos que partir de las fuentes de la revelación a la hora de entender nuestro pretendido sacerdocio y de llevarlo a la vida de los hombres.

Es claro también que no podemos perder de vista toda la historia de la Iglesia, ni la evolución que el sacerdocio ha sufrido a lo largo de los tiempos. En la historia habla el Espíritu.

Pero no es menos cierto que las soluciones históricas no son universalmente válidas y, por tanto, no imitables sin más. El Espíritu habla a través de los hombres. Toda la historia se ha de conocer, mas no toda se ha de imitar.

Lo que sí se ha de imitar siempre es el Evangelio del Reino, y en ello hemos de empeñar nuestro afán de cristianos-servidores de los hombres.

En las fuentes del Nuevo Testamento EL MINISTRO (¿sacerdote?) APARECE COMO UN MIEMBRO MAS de la comunidad, no separado, no sacro, sino integrado.

En los Hechos se ve que la Iglesia tiene libertad para crear nuevas formas de misterios y servicios (liturgias) con el fin de mantener la unidad de la fe, y la misión de predicar el verdadero evangelio.

El ministro aparece (pastor, apóstol...) como símbolo de Jesús en la predicación de los misterios de salvación, en la proclamación de los valores del Reino, del mensaje de amor fraternal universal, y como símbolo de la gratuidad de la convocatoria a la fe y a la mesa.

Se deduce de las mismas fuentes que toda estructura que pueda darse en la Iglesia ha de ser necesariamente símbolo significativo de los valores del Reino en cada cultura.

Es claro que en los Hechos de los Apóstoles el ministerio es algo funcional, nunca ontológico; es un cargo, nunca una entidad.

Que las comunidades primeras son fraternales, no existe entre ellos la jerarquía.

Que la imposición del modelo presbiteral en las comunidades se da como fenómeno histórico-humano para solucionar el problema de crisis de unidad, y para ello se intenta la unicidad, aunque siempre se mantiene el sentido carismático (de servicio a) del cargo pastoral.

Por todo ello creo, HEMOS DE ABUNDAR EN NUESTRO «RETORNO AL LAICADO., abandonando por antievangélica la conciencia de clase clerical, la conciencia de elegidos por ser sacerdotes, cambiándola por la de elegidos por ser humanos.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Breve resumen de Siddhartha

Siddhartha. Hermann Hesse
Editorial Bruguera

Capítulo
El hijo del brahman

Siddhartha tiene en casa de sus padres todo lo que el confort conformista puede pedir. Es listo, inteligente, bien formado, conoce la doctrina de Brahman, los ritos, las buenas costumbres, brahman perfecto hijo de un brahman perfecto. Tiene un gran amigo también brahman, Govinda. Se dedica a la meditación, concentración y contemplación. Pero… ¿esto era todo? ¿No eran los dioses criaturas como tú y como yo, sometidas al tiempo y perecederas? ¿Tenía algún sentido ofrecer sacrificios a los dioses ¿No era el Atman el Único e Indivisible? ¿A quién inmolar las víctimas sino al Único, a Atman? Y ¿Dónde encontrar a Atman? ¿Dónde moraba? ¿Dónde sino en nuestro propio Yo, en lo más hondo, en aquel reducto indestructible que todos llevamos dentro?
¿Y dónde se encontraba ese reducto? ¿Qué camino existía para acceder al Yo mismo? Nadie lo conocía.
Todo lo conocía los brahmanes y sus libros sagrados, pero ignoraban lo Uno y lo Único.
Los libros del Upanishads hablaban de que el hombre al caer en el sueño profundo penetra hasta lo más recóndito de su interior. Todo esto lo conocían los brahmanes, pero ¿Quién lo había vivido?
Su padre, le gran brahman, el hombre sereno, ¿era feliz? ¿No era también un buscador consumido por la misma sed de verdad? ¿No estaba Atman dentro de él? Había que encontrar la fuente primordial en el propio Yo y poseerlo. Todo lo demás no era sino búsqueda vana y extravío.


Capítulo
Con los samanas

Una meta tenía Siddhartha: Quedarse vacío, despojarse de todo, incluso de su sed de buscar. Hallar paz y tranquilidad en su corazón vacío.
Aprendió muchas cosas, a recorrer muchos caminos para alejarse del yo, la despersonalización a través del dolor, del hambre, del sufrimiento, del cansancio…
Todo lo podía haber aprendido en cualquier taberna de un barrio de prostitutas. Huir del Yo.
Siddhartha sólo conseguía insensibilizarse momentáneamente. No llegaba al nirvana.
El puro de corazón que meditando se sumerja en el Atman, sentirá en su corazón una alegría inefable.


Capítulo
Go(au)tama

Govinda se queda de discípulo de Gotaza. Siddhartha lo interpela: tu doctrina es perfecta, pero no puedes comunicar el momento de tu experiencia de la iluminación. Tu doctrina no trata sino de la liberación del sufrimiento. Poco importan las palabras. Lo que tú conseguiste no lo has hecho a través del pensamiento, la meditación, el conocimiento y la iluminación. ¡No a través de una doctrina! Nadie accede a la liberación a través de una doctrina. Lo que ocurrió en el instante mismo de tu liberación es incomunicable. Esta experiencia no la contiene tu doctrina.
Cuídate de una inteligencia excesiva, le dijo Gotaza.
Siddhartha siguió el camino en busca de su Yo. “ninguna doctrina volverá a seducirme. Muchas cosas me ha quitado Buda, a Govinda…, pero me ha regalado a Siddhartha.”

Capítulo
Despertar

Al abandonar el bosque Siddhartha abandonaba su vida anterior. Y a todos los que le habían acompañado en ella: su padre, Govinda, Buda…
Analizó lo sucedido llegando a sus causas últimas, pues pensar era eso: sólo así las sensaciones se convierten en conocimiento y adquieren contendido y empiezan a irradiar lo que hay en ellas. Algo no existía más en él: el deseo de tener maestros y escuchar sus enseñanzas.
Lo que había querido aprender bajo todas las doctrinas era el Yo, su sentido y esencia. A la vez era el Yo del que anhelaba desprenderse y aniquilarlo. Mas sólo lograba engañarlo por algún momento. Buscaba a Atman en el fondo de su yo, pero en lugar de encontrarlo se perdía a sí mismo.
¡Quiero aprender de mí mismo! Y miró a su alrededor como si viera el mundo por primera vez. ¡Qué hermoso era, el azul era azul, el amarillo, amarillo, la roca, roca…! Ya no eran los hechizos de Mara, ni el velo de Maya, y en el fondo de todo subsistía latente la idea de unidad… El sentido y la esencia no se hallaban en algún lugar tras las cosas, sino en ellas mismas, en todo.
Siddhartha comenzaba a despertarse y a marchar hacia sí mismo.
“Ya no soy asceta, ni sacerdote, ni brahman” todo esto ha terminado y no se encuentra en mi camino. Él durante años no había tenido hogar, pero ahora lo sentía. (Ni la casa de su padre, ni los samanas, ni el bosque del Sublime). ¿Siddhartha a qué comunidad pertenecía? ¿Con quien compartiría su existencia? Se le heló el pecho, pero se irguió un Siddhartha sólido y fuerte, más posesionado que nunca por su propio Yo. Y caminó ya no hacia atrás.

Capítulo
Kamala

Siddhartha iba aprendiendo a cada paso cosas nuevas, pues, para él, el mundo se había transformado.
¡Qué hermoso era el mundo para quien lo contemplaba así, sin ningún deseo de explorarlo, con una visión ingenua y de infantil simplicidad!
Dijo a Buda que su (de Buda) verdadero tesoro no estaba en su doctrina, sino en esa vivencia inefable e imposible de enseñar que el Sublime experimentara en el instante mismo de su Iluminación.
Siddhartha en adelante tendría que vivir su propia vida. Sabía que su propio Yo era el Atman, formado de la misma esencia eterna de Brama. Mas nunca había hallado de verdad a ese Yo, pues siempre intentaba atraparlo con las redes del pensamiento. Ni el cuerpo ni el juego de los sentidos constituyen el Yo, tampoco la inteligencia, ni el pensamiento ni los conocimientos adquiridos, ni el arte de sacar conclusiones, o ideas nuevas… tanto las ideas como los sentidos eran cosas buenas, tras las cuales yacía el significado último. Había que escucharlas y jugar con ambas, sin menos preciarlas ni darles demasiada importancia. Y a través de ellas sorprender las voces secretas del propio mundo interior.
El pecho de aquella joven tenía una leche que sabía a mujer a hombre, a sol y a bosque, a flores y animales, a todos los frutos y a todos los placeres.
El barquero solía escuchar al río y mirarle los ojos con frecuencia y siempre le enseñaba algo.
A todos los hombres les gusta ser sumisos, ser amigos, obedecer y pensar poco.
Cuando encontró a Kamala Siddhartha tenía ya una meta (alcanzarla).
Eres la primera mujer con la que Siddhartha habla sin bajar la mirada.
Y Siddhartha aprendió muchas cosas de Kamala en el arte del amor y de los placeres.
Un ladrón nunca podrá robarte tu interior, tus pensamientos, ideas, sentimientos….
El amor se puede mendigar, comprar, recibir como regalo, recoger en la calle, pero nunca robar.
¡Qué va a ser de ti si solo saber pensar, ayunar y escribir poesías?!
¿Qué sería de ti sin la ayuda de Kamala? Siddhartha no hace nada: espera, medita, ayuna, pero atraviesa las cosas del mundo como la piedra el agua, sin hacer nada, la propia meta lo atrae. Cualquiera puede hacerlo si sabe pensar, esperar y ayunar.

Capítulo
Con los hombres niños

No poseo bien alguno, – dijo Siddhartha – pero es por mi voluntad, así que no soy indigente.
Todos vivimos del bien ajeno. Unos toman y otros dan. Sé meditar, ayunar y esperar.
“Bueno es escribir, pensar es mejor. Buena es la inteligencia, la paciencia es mejor.
Siddhartha lo observaba todo (el negocio) como un juego, cuyas reglas se esforzaba en aprender, pero cuyo contenido le dejaba indiferente.
Junto a Kamala se hallaban el sentido y el valor de aquella etapa de su vida y no en los negocios.
No viajaba por negocios, sino por placer.
Del negociante aprendió el precio de una cesta de pescado, pero no a pensar.
Siddhartha sentía que algo lo separaba del resto del mundo. Veía que los humanos se entregaban a la vida con un aspecto infantil o animal que él amaba y despreciaba al mismo tiempo. La voz interior le hablaba a veces, pero muy flojo, no la oía.
Continuamente visitaba a Kamala con quien aprendía el arte del amor y practicaba el culto del placer, que más que ningún otro unifica la doble actividad de dar y recibir.
“La mayoría de los hombres, Kamala, son como las hojas que caen de los árboles y revolotean indecisas, antes de ir a parar al suelo. Otros son más bien como los astros: siguen una ruta fija, ningún viento los alcanza y llevan en su interior su propia ley y trayectoria.
“Siddhartha, sigues siendo un samana, no me amas a mí, ni a nadie”- Kamala -.

Capítulo
Sansara

Entregose Siddhartha largo tiempo a la vida y placeres mundanos, aunque sin integrarse nunca en ellos. Sus sentidos volvieron a despertarse, pero en el fondo de su corazón seguía siendo un samana. El arte de meditar, esperar y ayunar siguió rigiendo largo tiempo su vida. Pero poco a poco todo se fue cubriendo de polvo. Aprendió a comerciar, a comer platos finamente preparados, a jugar a los dados y al ajedrez, a admirar el arte de las bailarinas… y lentamente también había ido adoptando ciertos rasgos típicos de los hombres niños. Aprendió más bien su lado desagradable, y sobre todo la avaricia. La miseria de su corazón le impulsaba a jugar y a dilapidar, en cambio era mezquino en sus negocios. Fue debilitándose, envejeció y cayó enfermo.
Una noche soñó que el pájaro cantor que Kamala guardaba en una jaula de oro, había muerto. Era su corazón. Al amanecer se marchó al jardín, se sentó bajo un mango y pasó el día allá lleno de tristeza.
Aquella misma noche abandonó Siddhartha su jardín y su ciudad para siempre. Kamala había quedado embarazada en la última noche que pasaron juntos.

Capítulo
A orillas del río

Siddhartha echó a andar por el bosque, lejos de la ciudad, sabiendo que la vida que había llevado hasta ahora era algo totalmente acabado. Estaba repleto de hastío, miseria y muerte y nada en el mundo era capaz de atraerlo y consolarlo. Deseaba ardientemente estar muerto.
Llegó al gran río, se detuvo. ¿Para qué seguir andando? Quiso ahogarse en el río y con los ojos cerrados, se fue hundiendo cada vez más en dirección a la muerte
De las regiones más recónditas de su alma le llegó un sonido: el sagrado Om que significa “lo Perfecto”, “la Realización”. Om y volvió a tomar conciencia de Brama, de la divinidad… y se dejó caer al pie del cocotero. Y se durmió.
¡Qué sueño tan maravilloso el suyo! Lo había reanimado y rejuvenecido. Había muerto para renacer bajo una forma nueva. Se incorporó y se encontró a Govinda que intentaba velar su sueño y que no le reconoció.
- ¿A dónde vas ahora?
- A ningún sitio. Los monjes siempre estamos en camino.
Siddhartha: - tampoco yo voy a ningún sitio sólo estoy peregrinando, pese a mis ropas.
Efímero es el mundo de las apariencias, efímeros nuestros vestidos… y el propio cuerpo. ¿Qué seré mañana? No lo sé.
¡Qué rodeos tan curiosos he dado! Brahmán, samana, el Sublime, rico y mercader, amante… No obstante ha sido un camino excelente, y el pájaro que moraba en mi pecho no ha llegado a morirse. Pero, ¡Cuánta estupidez en mi camino, cuánto vicio, cuántos errores… para poder empezar de nuevo! He tenido que convertirme en un loco para redescubrir el atman en mi interior. ¿Por dónde me llevará aún mi camino?
Pero algo he ganado, pensó Sidhartha, ¡haber terminado de una vez por todas con ese odio contra mí mismo, con esa vida monótona e insensata! Y sintió una gran alegría. “¡Qué bueno –pensó- es probar por sí mismo lo que hay que saber!
Su pequeño Yo no había muerto en tantos intentos que hizo como brahmán y samana, y sin embargo, ahora, en aquel día había muerto. ¡El exceso de conocimientos, de versos sagrados, de normas rituales, mortificación, celo y aspiraciones lo habían inmovilizado! Y en ese sacerdocio, en ese orgullo, en esa espiritualidad se había escondido su Yo, en ellos se había instalado y seguía creciendo, mientras Siddhartha creía poder matarlo con ayunos y penitencias. Ningún maestro hubiera podido matar ese Yo. Hasta que el sacerdote y el samana no murieran en su interior, no moriría el Yo.
De hecho había muerto y un nuevo Siddhartha había surgido del sueño.


Capítulo
El barquero

A orillas de este río deseo quedarme –pensó Siddhartha.
En su corazón oyó la voz, que había vuelto a despertar y le decía: “¡Ama esta agua! ¡Quédate a su lado! ¡Aprende de ellas!”
Ese día vio un misterio del río, misterio que le impresionó vivamente. Vio que aquella agua era siempre la misma, aunque se renovara a cada instante.
Barquero- es hermosa esta vida, pero ¿Acaso no lo es toda vida?
Siddhartha contó toda su vida a Vasudeba, el barquero, y éste lo escuchaba con mucha atención, con sosiego, abierto, expectante. Siddhartha lo captó.
Le relató su sueño a orillas del río, le habló del Om sagrado y del amor que sintiera por el río al despertar.
Vasudeba la dijo- el río te ha hablado. A mí el río me enseñó a escuchar, tú también lo aprenderás de él, de él puede aprenderse todo. Se pueden aprender muchas cosas, que no te puedo decir, las aprenderás, o a lo mejor tú ya las sabes. Yo sólo sé escuchar y ser piadoso. Para unos pocos, muy pocos (3 o 4) de los miles de viajeros el río ha dejado de ser un obstáculo, oían su voz, lo escuchaban y esta agua se convertían en algo sagrado para ellos.
Lo primero que aprendió Siddhartha fue a escuchar, a prestar oído con el corazón en calma, con el ánimo abierto y expectante, sin apasionamientos, sin deseos, juicios ni opiniones.
Un día le pregunta a Vasudeba: ¿También a ti te enseñó el río que el tiempo no existe?
Sí, respondió Vasudeba, el río está a la vez en todas partes. Para él no existe más que el presente sin la menor sombra de pasado o de futuro.
Mi vida, dijo Siddhartha, es un río. Todo es presente. El Siddhartha niño, y el Siddhartha anciano no son sino sombras, todo es, todo tiene una Esencia y un presente.
¿No es el tiempo la causa de todo sufrimiento, la causa de todo temor y toda tortura?
El río tiene mucha voces, todas las de la creación, el sagrado Om.
Se extendió el rumor por los lugares vecinos que los barqueros eran dos santos y venían muchos curiosos, que hacían muchas preguntas, sin recibir respuestas, y volvían desencantados y comentaban la estupidez y la credulidad de la gente del pueblo, que propagaba esos rumores carentes de fundamento.
Los años pasaban y ninguno los contaba.
Empezaron a llegar monjes para cruzar el río, el Sublime se moría. Siddhartha recordó su conversación con él, sus palabras de entonces ahora le parecían altaneras. Mas no había podido aceptar seguirlo. Un auténtico buscador, alguien que realmente deseara encontrar, no podía aceptar doctrina alguna. Pero el que ha encontrado puede aceptarlas todas, todos los caminos; nada los separa ya de esos miles que vivieron de los eterno.
También llegó Kamala para pasar el río y ver morir al Sublime, iba con su hijo, el pequeño Siddhartha. En el camino le picó una serpiente venenosa, Vasudeba la recogió y la llevó a la cabaña moribunda. Allí murió en brazos de Siddhartha. El día de su muerte Siddhartha pasó la noche sentado frente a la cabaña, escuchando el río. Sufrió mucho, pero la tristeza no invadió su corazón. Él y Vasudeba levantaron la pira funeraria.

Capítulo
El hijo

El niño pasó días enteros junto al túmulo de la madre muerta, se negó a aceptar su destino, rebelándose contra él.
Siddhartha lo trató con miramientos y lo dejó hacer: respetaba su dolor. Comprendió que su hijo no lo conocía ni podía amarlo como padre. Era un niño mimado, triste y mimado, que no podía sentirse de buenas a primeras contento en la miseria de aquel ambiente extraño.
Siddhartha empezó a comprender que con su hijo no le habían llegado la paz ni la felicidad, sino congojas y preocupaciones. Sin embargo lo amaba. Prefería las congojas con el niño a cualquier dicha sin él.
Esperó largos meses a que su hijo lo comprendiera, a que aceptara su cariño y tal vez le correspondiera.
Vasudeba le habló: “el niño está acostumbrado a otro tipo de vida. He interrogado al río y éste se ríe de nuestra torpeza. El agua quiere agua, la juventud, juventud.”
Dijo Siddhartha: no puedo separarme de él, dame más tiempo.”
Vasudeba: “No le obligas ni le pegas, pero ¿no será tu cariño un lazo con que lo tienes maniatado? ¿No estás con tu cariño obligando a este niño a vivir en una cabaña con dos viejos? Esto es un castigo para él.”
Siddhartha con voz triste contestó: Todo eso lo he pensado muchas veces, pero ¿cómo puedo confiarlo al mundo si su corazón no es tierno? ¿No repetirá uno a uno todos los errores de su padre? ¿No terminará extraviándose definitivamente en el sansara?
Vasudeva: ¿De verdad crees que tú cometiste esos errores para extraviárselos a tu hijo? ¿Podrás protegerlo del sansara? ¿Cómo? ¿Quién te protegió a ti? ¿Qué padre o qué maestro te hubieran impedido vivir tu propia vida? ¿Y a él, no tendrá que cargar sobre sí su propia culpa, encontrar por sí mismo su camino? Aunque murieras diez veces por él no podría apartarle ni un milímetro de su destino.
Siddhartha sabía todo esto pero no lo podía poner en práctica, porque más poderoso que todo era su amor por el niño. Nunca su corazón se había apegado a algo tanto como entonces.
Se dejó mandar por el muchacho, callaba y esperaba, cada día reiniciaba la muda batalla del afecto. Se había convertido en un hombre niño. Su amor por su hijo era una auténtica pasión que también pertenecía al sansara, pero también procedía de su propio ser.
Para el niño aquel padre no tenía nada que le atrajese o le inspirase temor. Lo único que quería era hacer daño a su padre. Una noche se marchó, después de robarles lo poco que tenían de dinero y la barca.
Siddhartha quiso seguirlo porque el bosque era un medio muy hostil para un niño. Lo siguió y pronto se dio cuenta de que la búsqueda era inútil, pero siguió corriendo hasta la ciudad para ver si lo volvía a ver. Llegó hasta los jardines de la casa de Kamala, y allá sentado bajo un árbol recordó todo su pasado, cómo Kamala lo acogía, se vio de mercader, despreciando a los criados…vio los festines…
En lo más hondo sintió su amor por su hijo como una herida que no había florecido aún, y que no era para hurgar en ella. Del río había aprendido a esperar y escuchar. Pasó varias horas meditando.
Vasudeba vino a buscarle y ambos regresaron al bosque.

Capítulo
Om

La herida ardió mucho tiempo. “Hasta los hombres malos tienen hijos a quienes aman y por quienes son amados. Sólo yo no los tengo” pensaba. Se asemejaba ahora a los hombres niños. Y veía a los hombres con otros ojos, con más calor e interés, con menos altivez. Él que estaba cerca de la perfección tuvo la impresión de que esos hombres niños eran sus hermanos. Todos los deseos y banalidades de los hombres niños le parecían comprensibles y dignos de respeto, todos esos impulsos eran fuertes, llenos de vida. Los hombres vivían por ellos. En cada uno de los actos y pasiones de los hombres veía ahora la vida, lo animado, lo indestructible, el Brama.
El sabio sólo los aventajaba en el detalle de la conciencia, en la concepción de la Unidad de todo lo viviente.
Poco a poco fue floreciendo en Siddhartha la idea de que la que realmente era la sabiduría: una capacidad del alma, un arte secreto que le permitía descubrir en cualquier momento la idea de unidad, que le permitía sentir la unidad y respirarla. Y se reflejaba en el rostro de Vasudeva: armonía, ciencia de la eterna perfección del mundo, sonrisa, unidad.
Un día Siddhartha marchó en la barca a buscar a su hijo, pero el río se reía de él. De pronto Siddhartha vio en el río reflejado el rostro de su padre, al que dejó para seguir a los samanas y no volvió a ver. ¿Acaso su padre no sufrió por ello, como él ahora? ¿Por qué repetir el mismo círculo fatal? ¿No era acaso una comedia absurda y extraña? Todo lo que no se terminaba de sufrir o no se resolvía hasta el final, se repetía siempre.
Siddhartha se volvió, mas su herida aún no florecía. Lo contó todo a Vasudeva desde el comienzo de su vida. Le mostró su herida y de pronto empezó a sentir que el amigo era lo Eterno que escuchaba. Y conforme hablaba se daba cuenta de que todo era natural y estaba en orden. Sintió que Vasudeva era así desde siempre, sólo que él no se había dado cuenta, que acaso él mismo se le pareciera mucho. No paró de hablar pero ya se estaba despidiendo del amigo.
Acabada su confesión, Vasudeva lo miró con amor y serenidad, con comprensión y sabiduría y le dijo: Vamos al río, no lo has oído todo.
Se pusieron a escuchar.
Siddhartha se esforzó por escuchar, vio a su padre, Kamala, su hijo, Govinda…vio pasar toda su vida, y todas se confundían convirtiéndose en río, que se dirigía hacia su meta… la voz del río era anhelante, luego otras voces se iban uniendo a ella, voces de alegría y pesadumbre, voces buenas y malas… él había escuchado todas estas voces muchas veces antes, pero ahora le parecieron nuevas… todo eso junto era el mundo. Todo formaba el río del devenir, era la música de la vida. Y cuando Siddhartha no ligaba su alma a una de esas voces en concreto, percibía el Conjunto, la Unidad y todo se reducía a una palabra: OM, la Perfección.
Su herida floreció, su dolor empezó a irradiar, su Yo se había fundido en la Unidad. En ese momento dejó de luchar contra el destino, Siddhartha dejó de sufrir y sobre su rostro floreció la sabiduría de la serenidad.
Vasudeva: ya que ha llegado esta hora, déjame partir hacia el bosque, hacia la Unidad. Y se alejó radiante.

Capítulo
Govinda

En el corazón de Govinda, viejo ya, la inquietud y el afán de búsqueda no se habían extinguido.
Govinda oyó hablar del barquero santo y fue a conocerlo.
Le dijo: “Soy viejo, pero nunca he dejado de buscar, ni dejaré de hacerlo, tal es mi destino. ¿Quisieras decirme algunas palabras?”
Siddhartha: “¿Quizás buscas demasiado a fuerza de buscar ya no encuentras? A fuerza de buscar uno se obsesiona con el objetivo y se hace no receptivo. Buscar significa tener un objetivo. Encontrar significa ser libre, estar abierto, carecer de objetivos.
Me he convertido en barquero, soy de los que tienen necesidad de cambiar.”
Govinda: “Siddhartha, ¿Tienes alguna doctrina, alguna fe o ciencia que guíe tus actos y te ayude a vivir y obrar rectamente?
Siddhartha: “Siempre, sabes, he desconfiado de las doctrinas y de los maestros. No he cambiado de opinión pero he tenido muchos maestros… Pero de quien más he aprendido ha sido de este río y de mi predecesor el barquero Vasudeva. Era muy simple y un santo.”
“Una de las ideas que he tenido es que la sabiduría no es comunicable, cuando se intenta comunicar suena a locura. El saber puede comunicarse, perola sabiduría no, la puedes encontrar, vivirla,…pero no comunicarla”
“Otra idea que he encontrado es que lo contrario de toda verdad es también verdadero. Una verdad sólo se puede traducir en palabras cuando es unilateral, y las ideas y las palabras son unilaterales, todo mitad… Pero el mundo en sí mismo nunca es unilateral, nunca un hombre es del todo santo, ni del todo pecador…
Nos parece unilateral porque vivimos bajo la ilusión de que el tiempo es algo real. He experimentado que el tiempo no es real. Y todas las distancias son ilusión. Por ejemplo el Buda futuro existe ya en el pecador actual… todo moribundo lleva en sí la vida eterna. La meditación profunda ofrece la posibilidad de abolir el tiempo, de ver simultáneamente toda la vida pasada, y entonces todo es bueno, todo perfecto… Todo no pide sino comprensión amorosa. Lo he experimentado en mí mismo. He aprendido a mar el mundo y a no compararlo con otro mundo ideal deseado o imaginado.”
Siddhartha cosió una piedra y dijo: “Esta piedra es tan sólo una piedra, y en el futuro se puede convertir en tierra, animal…esto lo hubiera pensado antes. Ahora pienso que esta piedra ya es tierra, vegetal, animal, hombre, Dios por ello la amo y respeto tal como es ahora, en este momento se me presenta como tal piedra… y reza el Om a su manera. Las palabras son nocivas para el sentido secreto de las cosas. Amo las piedras, las cosas… pero soy incapaz de amar las palabras y las ideas. Las doctrinas no significan nada para mí, porque no tienen más que palabras. No hay objeto ninguno que sea el nirvana, sólo existe la palabra nirvana. No hallo mucha diferencia entre las palabras y las ideas. Me interesan las cosas. Vasudeva fue un santo y su Dios era el río, no conoció otra cosa. Y porque tuvo fe en el río aprendió todo lo que tenía que saber.”
Govinda: ”¿Pero eso que tú llamas cosas son algo esencial, algo real? ¿No será sólo ilusión de Maya?
Siddhartha: “También soy yo apariencia. Eso las hace mis semejantes. El amor es la cosa más importante que existe. Lo único que persigo es amar el mundo, no explicarlo, lo que persigo es poder contemplarlo con amor, admiración y respeto.”
Govinda: “El Maestro nos prohibió atar nuestro corazón con el amor hacia las cosas terrenales.”
Siddhartha: “Lo sé, es una contradicción aparente, por eso no confío en las palabras. También en él, en tu Maestro prefiero las cosas a las palabras. Veo su grandeza en sus obras, en su vida.”
A Govinda sólo Gotama y Sidhartha la habían causado la impresión de encontrarse ante un santo.
Govinda: “¡Siddhartha, dame algo que pueda tocar, algo que pueda comprender!”
Siddhartha: “¡Bésame en la frente!
Govinda obedeció y comenzó a ver cómo el rostro de Siddharta convertido en muchos rostros, un río de rostros, también de animales, cosas,… los vio todos anudados en mil relaciones recíprocas, amándose, odiándose, destruyéndose, renaciendo… cada cual dando un testimonio doloroso de su caducidad; pero ninguno moría, sólo se transformaban, renacían sin cesar adquiriendo siempre un rostro nuevo, sin que entre los sucesivos rostros viniera a interponerse un resquicio del tiempo… y por encima de todos flotaba una piel tenue, transparente, una más cara con una sonrisa, la sonrisa de la unidad sobre el fluir de las formas. Una sonrisa perfecta, la de Siddhartha. Por fin se cerraron los abismos de la multiplicidad. Siddhartha sonreía tranquilo, dulce y tiernamente, exactamente como había sonreído el Sublime.
Govinda sintió cómo el sentimiento más íntimo del amor y de la veneración más humilde ardió en su corazón.

domingo, 26 de octubre de 2008

La filosofía como estilo de vida. R. Panikkar

LA FILOSOFIA COMO ESTILO DE VIDA

Propongo en estas líneas poner al alcance de los menos conocedores (supongo que muy pocos) del pensamiento de Raimon Panikkar partes de un capítulo de un libro suyo sobre la Sabiduría, en el que él nos habla de su forma de vida. El libro está escrito en un catalán excelente. Yo me he atrevido a traducirlo al español, y a resumirlo, aun a riesgo de no ser fiel del todo a su pensamiento, ya se sabe: traductor = traditor, pero la amistad que me une a él y los veinte años que llevamos de conversaciones y diálogos me permiten aventurar que la fidelidad a lo que dice el texto va a ser, al menos, aceptable. Estamos en el mundo de lo relativo, de las formas.

Raimon es una de las personas que en los últimos veinte años ha influido más en mi manera de pensar, en estos veinte años de amistad no he parado de aprender de su enfoque intelectual, que es no dualista (cosa harto infrecuente en nuestra cultura), como de su visión del Hombre y del Universo, a los que incluye junto con la Trinidad (de varias religiones del mundo) en su gran visión cosmoteándrica. Todo es Trinitario, y saberlo comprender es llegar a la Iluminación. Es un gran realista y por ello optimista en cuanto a la esencia del Ser.

Antes de entrar en el artículo de Raimon, una simple nota sobre algo que él mismo aclara dentro del artículo: Filosofía y teología son una y la misma cosa.

Dice Raimon:

“No puedo escribir sobre mí mismo. Primera y principalmente porque no soy capaz de ello. Ni siquiera tengo una lengua propia. En segundo lugar, soy demasiado consciente de que, caso de intentarlo, el yo del que escribiría no sería el yo que soy, pues soy un sujeto y no un objeto. En tercer lugar, escribir sobre aspiraciones y decisiones es como forjar planes. Puede ser interesante para los amigos y para la gente con que me relaciono personalmente, pero el interés se limita a este ámbito.

Y sin embargo, escribo. No escribo sobre mí mismo, sino que me escribo yo mismo. Todo lo que yo escribo es, por lo menos, una parte de mi yo. Todo es de naturaleza autobiográfica. Sólo pongo por escrito pensamientos que ya he pensado como palabras. Yo mismo soy lo que escribo y escribo como uno que habla.

Estoy particularmente atento a dejar hablar a la palabra, a permitir a la misma lengua que se desenvuelva. El yo, que también vive en la lengua (y que no es el ego), habla y se revela a él mismo, en cuanto que dice lo que tiene para decir. Por eso el yo no se expresa del todo, y el proceso de convertirse en lenguaje no es automático, sino que el yo tiene necesidad de mí como de un mediador necesario. Soy un elemento activo de esta revelación y muchas cosas dependen de mi transparencia, aparte de mi atención y de otros factores.

Recuerdo un antiguo ideal: cada párrafo que escribo, y en lo posible, cada frase, habría de reflejar mi vida entera y ser una expresión de mi ser. Sería necesario poder reconocer toda mi vida a partir de una sola frase, igual que se puede reconstruir un esqueleto completo de un animal prehistórico partiendo de un solo hueso. Se trata de la interdependencia simbólica de cuanto vive. Una sola palabra, el logos, expresa todo el universo. Cada una de mis palabras, del mismo modo, habría de ser un símbolo de toda mi vida. Las vinculaciones de este símbolo no son de naturaleza matemática (pura racionalidad), sino de tipo vital.

¿Por qué escribo? Repito lo que hace muchos años escribí. No sólo para expresarme, no sólo para articular mis pensamientos, para observarlos con más claridad y hacerlos más comprensibles. Todo esto son medios, pero ¿Cuál es el fin?

En lugar de vivir la vida como diversión, o de hacer el bien a alguna persona, me someto a una disciplina estricta con el fin de acabar algunos de mis escritos. Ahora escribo para entregar un texto que me han pedido. Ahora bien, esta no es, ciertamente, la motivación última...

En último término, ¿Cuál es la finalidad de trasmitir una buena idea? Yo la tengo y la doy a otra persona. Así la tenemos dos. Esto no cambia el mundo. ¿Acaso escribo para cambiar el mundo? ¿Sería esto otra forma de mesianismo?

Si las ideas públicas cambiasen el mundo, sería más útil que hubiera empleado mi tiempo en los medios de comunicación, la televisión, el cine. Para redimir al Universo los cristianos y los budistas dirían que no necesariamente se ha de cambiar la opinión de la mayoría.

Probablemente la mayoría de la población mundial desea el desarme total, pero no pasa nada. Dos personas con buenas ideas no hacen nada, pero, ¿dos millones?... puede que tampoco. Es el mito de la democracia. Ni se trata sólo de ideas, ni cuentan nada más que las cifras.

¿Por qué me dedico a la dura disciplina de escribir? Si contesto porque forma parte de mi vida, estoy diciendo verdad, pero no es suficiente. No escribo para influir en las personas, no por cultivar un arte. Escribir es para mí meditación, o sea, medicina y al mismo tiempo, moderación, orden para el mundo. Escribir es para mí vida intelectual, que quiere decir también existencia espiritual. La culminación de la vida es, para mí, la participación en la vida del universo, tomar parte en la sinfonía cósmica y divina a la que también somos convidados los mortales.. no se trata simplemente de vivir, sino de permitir a la vida, que es un don, que se sostenga y se adentre en sí misma. Por esto, para mí escribir es un acto religioso, porque escribir es divinizar, esto es, liberar el universo, embellecerlo, perfeccionarlo, y lo hacemos haciéndolo con el microcosmoss que somos nosotros.

Escribir me permite profundizar en el misterio de la realidad y me obliga a hacerlo. Esto exige pensamiento, contemplación, pero al mismo tiempo tengo que aportar la forma, la figura, la belleza, la expresión , la revelación. Escribir es morphê como esencia y como forma a la vez. Escribir implica pensar, pero también forjar pensamientos, pulirlos, adornarlos con colores, olores y formas y hasta darles fuerza y movimiento. Es un proceso de encarnación de “la palabra que se hace carne”. Estas reflexiones me las hice hace más de un cuarto de siglo.

Me han preguntado por aquello que tengo que decir sobre la relación entre mi vida privada y mi actividad profesional. He de contestar que no veo ningún sentido en la pregunta. No hay separación entre mi vida privada y mi trabajo profesional. Mi vida personal no se puede separar de mi actividad, que es también personal.

Sí que distingo entre “hacer”, que es la actividad de mi ser, la actualización de mis capacidades para el perfeccionamiento del mundo y de la gente, incluyéndome a mí mismo. Algo que en el lenguaje religioso de la tradición abrahámica se llama “vocación”. Se trata de realizar aquello a lo que estoy llamado. Y “trabajar” que consiste en poner mis cualidades y capacidades a disposición de alguien, o algo, a cambio de una remuneración económica. La palabra trabajo lleva en su etimología el significado de esfuerzo, tormento y dolor. Mi realización nunca es aprovechar mis capacidades para la finalidad de otros.

...

No necesito usar modelos para mi pensamiento. En filosofía critico el punto de vista de origen platónico, que considera que el pensamiento discurre a partir de paradigmas y patrones... Estoy convencido de que pensar con modelos es como viajar con tren o con coche. Se necesitan vías o carreteras que determinan el lugar a donde se va.

Presuponer que se piensa a partir de modelos,, comporta creer en el mundo platónico de las ideas, aunque se les llamen leyes de la naturaleza o maneras de pensar. Pero, en “el cielo no hay caminos” dice el Dhammapada, y Antonio Machado escribió: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Pensar no es investigar. El verdadero pensamiento no sigue un camino, sino que lo hace.

No vivo la vida, o la realidad, como un enigma que haya que descifrar. Mi kosmología (sic) es otra. La realidad no se me presenta como algo que es lanzado delante de mí, o sea, como un objeto, y tampoco como un problema (del griego pro-balló, que dice lo mismo, algo lanzado contra mí). Entiendo por kosmología no una doctrina sobre el cosmos, sino la vivencia de cómo el cosmos me habla a mí (Kosmos legein).

También me es difícil dar una auténtica explicación de cómo mi trabajo influye en el de otros. Sería fácil construir una respuesta convincente, y no falsa del todo; sería el resultado de mi carácter oriental, que instintivamente respondo sólo a aquello que satisface las aspiraciones del que pregunta. Así, muchas de mis ideas y mis concepto introducidos hace décadas están hoy asimilados, por ejemplo; el diálogo interreligioso.

Conozco a muchos eminentes teólogos, llenos de un celo constructivo por reformar su iglesia, la católica romana sobre todo. Yo estoy totalmente de acuerdo con su postura, estoy a su lado en la misma lucha por la justicia, la libertad, el valor y la transparencia... Admiro a estos amigos e intento colaborar con ellos en este deber. Pero, si me preguntasen, en un nivel más profundo, por mi preocupación personal, contestaría que mi finalidad, antes que nada, no es la reforma de la iglesia, sino mi propia transformación, la de mi yo -pese a que soy consciente de que una lleva a la otra y que no se pueden separar. No se trata de una reacción egoísta, ni de una individualista, ni de creer en una espiritualidad sobrenatural. No es una cuestión de interioridad versus exterioridad, acción contra contemplación... La diferencia no es de opinión, sino de formas de pensamiento. Nuestros universos son diferentes. Soy plenamente consciente que en estas manifestaciones represento una pequeñísima minoría en Occidente, (entendido como categoría cultural y no geográfica).

No es fácil de explicara porque nadie puede imaginar un universo distinto del que tiene. ¿Diría simplemente que no creo en el mito de la historia como ámbito básico de la realidad? ¿o que la muerte no está ante mí? Mas escoger estas referencias occidentales para expresarme es ya traicionar el intento de explicación.

Sobre mí mismo

Quiero decir, en primer lugar, que no soy consciente de ningún tipo de trauma, positivo o negativo. No puedo acordarme de ninguna experiencia de conversión, ni de ningún cambio brusco en mi vida. No puedo explicar nada que sea relevante en mi infancia. Todo me ha impresionado profundamente y nunca he estado interesado en investigar mi vida psicoanalíticamente.

Nunca he participado en una guerra, pero nací después de la Primera Guerra Mundial. La Guerra Civil Española interrumpió mi vida exterior e interiormente. Muchos de mis compañeros de colegios estuvieron en el frente y muchos murieron. Pasé tres años en la Alemania nazi, hasta poco antes de que comenzara la guerra. Luego la dictadura española. Conocí bien la inhumanidad de los regímenes totalitarios.
Posteriormente mi estancia de más de diez años a la orilla del Ganges en India, donde viví la condición humana en su forma más descarnada. Luego mi actividad académica en Estados Unidos. Más tarde un cuarto de siglo repartiéndome entre las universidades de Santa Bárbara (California) Estados Unidos y la de la ciudad de Venarés en India. (La nación más rica y una de las más pobres del mundo).

Sin estas experiencias es prácticamente imposible superar la creencia moderna de que el desarrollo humano ha seguido una sola línea que culmina en el homo technocraticus.

A mi manera no me he encontrado entre el oriente y el occidente, sino en medio, y ello en sus versiones hinduista/budista y cristiana/secular.

¿Cuál es mi público? ¿quienes mis lectores? Yo escribo para el dharmakaya, o el Cuerpo de Cristo, o la estructura kármica del mundo, o el carácter de tú de la realidad... he necesitado mucho tiempo para entender que escribo para los mismos para los que vivo: la humanidad en general. La mayoría viven y escriban para un público determinado, lo que les permite una efectividad enorme, ¿alimentar el mercado?

Yo no tengo ninguna clientela. Y la falta de un mercado determinado me ha hecho escribir en seis o siete lenguas diferentes. Cuando hablo intento identificarme con los que me escuchan y utilizo la lengua que me parece más adecuada para la ocasión. Puedo hacer espontáneamente una liturgia católica, un upadhesa hindú, una conversación profana, una conferencia científica, una meditación filosófica...

Mas, cuando escribo siento una comunión total con la humanidad global, sobre todo con la cultura del presente y con las tradiciones del pasado que me son familiares... no leo prensa, ni escucho radio, ni veo televisión, por eso mismo puedo escuchar las voces de los que no tienen voz y percibir el ritmo de la realidad.

...

Se tendría que precisar que no estoy diciendo que mi público sea el universo atemporal de las especulaciones ontológicas abstractas. Guerra y paz, economía, ecosofía, religión, pacifismo, tecnología, la humanidad y también la divinidad y la naturaleza no son para mí concepciones puramente desencarnadas y puramente teóricas.

La sabiduría del amor

Intentaré revestir todo esto con términos más académicos.
1. La sabiduría es para mí tanto la sabiduría del amor como el amor de la sabiduría. Y el verdadero amor es espontáneo, y extático, esto es, no reflexivo. El amor verdadero no tiene un fundamento sobre el que se apoye, porque es lo definitivo. Lo mismo se es un amante (sin una razón dialéctica que lo fundamente), que se es un filósofo. Se es porque sí y nada más. La filosofía es una actitud primaria, no secundaria. Se trata de algo que nos sale al encuentro...

La voluntad y la inteligencia no la pueden manipular. La filosofía es un amor muy particular. Es la sophia del amor primordial... La sabiduría surge cunado se unen el amor del saber y el saber del amor.

La filosofía original cristaliza en una manera de ser, es la expresión de la misma vida tal como es impresa en la realidad con el punzón (stilus) de de la propia vida. Una filosofía que se aleje de la vida, que evite la praxis, es para mí unilateral, una mala filosofía que deja a un lado aspectos de la realidad. La realidad es compleja y no se puede captar sólo con el entendimiento no sería una filosofía, sino una especie de álgebra, no sería sabiduría...

La actividad filosófica lo exige todo. Una persona inmoral podrá ser un buen matemático, pero no un filósofo, al menos en sentido existencial. Como diría un maestro zen: “sólo cuando seas tú mismo (eres puro, limpio) reconocerás las cosas tal como son”. Esta filosofía, o sabiduría, o experiencia total, trasciende y por lo mismo incluye el aspecto crítico de la misma filosofía, que ya desarrolló Kant.

La influencia de las ciencias naturales en la filosofía, en su método y por lo mismo en la teología, ha hecho que las mismas se conviertan en asignaturas sobre temas específicos, y por tanto han perdido toda sabiduría, se han denigrado... Se han separado razón y fe. Se ha colocado la ley moral como si fuese válida para todo y todos, como si la moral no exigiera en sí misma un fundamento, como si fuera independiente de una cosmovisión, como si fuera inmune a una investigación crítica.

...
Mi aspiración filosófica consiste en ofrecer una alternativa convincente a la esquizofrenia destructiva de nuestra cultura tecnocrática dominante. Hemos de reconstruir la armonía entre lo crítico y lo espontáneo...

En el momento, pues, en que yo me deje determinar por factores exteriores, mi estilo (punzón) dejaría de ser libre y mi filosofía no sería auténtica. Por eso me pregunto ¿Puedo ser testigo de mí mismo? ¿Puedo ser autocrítico?... Podría hacer hacia atrás el camino de mi vida, pero no vería más que las señales, porque yo no estaría ya allí. Por ello, dudo de que pueda tomar una postura sobre mí mismo.

Lo que sí puedo hacer es recordar la carga que he llevado encima durante mi peregrinaje y ver si puedo tirar lastre y aligerarla.

Siempre he sentido el impulso de abrazar la realidad y de vivirla. Después de estudiar las especulaciones sobre el absoluto en la historia de la humanidad, sentí el anhelo de buscar lo real más allá de las meras manifestaciones, haciéndome monje (acósmico) o académico (especializado). Escogí lo segundo porque un profesor, a mi entender, es una persona que “profesa”, que hace una confesión con su vida entera. Y así también es un monachos,(monos), que busca ser uno, entero, total. En ello el dogma cristiano de la resurrección se convirtió para mí en un símbolo viviente: nada de lo real puede ser separado de lo corporal.

Por ello, estudié física y química, luego filosofía y por último teología... el orden cronológico no quiere decir que hubiera una verdadera separación ontológica... Y fui superando mi distancia con el mundo, con lo real. De esta manera me hice un hombre religioso. Religioso es aquel que experimenta la trascendencia, o sea, el que supera existencialmente la separación entre él y el mundo, no el que dice: Señor, Señor...”.

El riesgo existencial

El riesgo existencial es el riesgo de una vida se está a gusto en más de una cultura y una religión, el riesgo de una existencia que está tan comprometida en lo ortopraxis como en la ortodoxia... A causa de mi nacimiento, mi educación, mis iniciaciones y de mi vida práctica he llegado a ser un hombre que vive al mismo tiempo de experiencias originarias de la tradición occidental y a la vez de la India, y que participa tanto del ámbito cristiano, como del secular en unos casos, y en otros, tanto del hinduista como del budista. Sólo es posible la comprensión y la fecundación de tradiciones diversas del mundo cuando se está dispuesto a sacrificar la vida en el intento de soportar las tensiones existentes sin volverse esquizofrénico, manteniendo siempre las polaridades sin caer en una paranoia personal o cultural. Superado esto, en un segundo momento, esta aceptación serena permite que surjan las transformaciones necesarias... El diálogo intercultural es también una circunstancia personal y comienza como vivencia intra-religiosa. Si no vivo en mí las polaridades de lo real, no será posible encarar la realidad bajo la influencia de las dos visiones y ser equitativo con ambas.

En otras palabras, estoy hablando de mi interés por el mito y mi confianza en el espíritu. El mito me ha conducido de una doble manera, por una parte me ha enseñado a aceptar el dharma (orden eterno, ecuanimidad, armonía...) de mi existencia concreta, y por otra a dedicarme a configurar una espiritualidad nueva que intenta un diálogo, fundamentada en la naturaleza humana, y que no descanso sólo (ni principalmente) en el logos, como el cristianismo, sino que contempla al espíritu tan fundamental como el logos. El espíritu no puede supeditarse al logos ni reducirse a él. Una fenomenología del espíritu es tan poco completa como un ballet sin música. Mito y logos se corresponden, mas su relación no es dialéctica ni mítica, ambos son creados a partir de su propia vinculación. El logos es el lenguaje del mito, y no hay mito sin logos, del cual el mito es el fundamento... Se trata de la relatividad radical de todo cuanto es, del vacío absoluto de budismo.

El científico experimenta con objetos, el filósofo con ideas, el monje consigo mismo. Yo tengo la impresión de que he vivido en mi persona todo eso.

Recuerdo que he evitado espontáneamente situaciones en las que podría haber obtenido honores y poder...

La carga intelectual

Ésta es tan difícil de llevar como el riesgo existencial. Consiste en expresar estas experiencias fundamentales de una forma inteligible. ¿Se puede elaborar la multiplicidad de las propias experiencias en una forma comprensible? Es el momento apropiado para el advaita (no dualista, es una rama del hinduismo vedanta que afirma la no-dualidad de la realidad, que no es una (sola), ni muchas, sino no-dos. En esta línea está una gran parte de la mística cristiana con el Maestro Eckhart, línea con la que yo personalmente me siento totalmente identificado intelectual, experiencial y espiritualmente). Es esa experiencia inmediata (la del advaita) que nos abre una realidad en las que las diferencias no son absolutizadas (caso del dualismo, maniqueísmo, gnosticismo...), ni ignoradas (monismo, materialismo, puro espiritualismo), ni elevadas a la categoría de ídolos (panteísmo), ni reducidas a puras sombras (monoteísmo, un solo señor dueño absoluto de todo), sino que se trata de una polaridad en tensión. Estos son sus símbolos: advaita, secularidad, trinidad.

Para explicar todo esto me parece válido el concepto de ontonomía, nomos tou ontos (orden interior del ser, traduce del griego el traductor del artículo)..., que no es ni heteronomía (el poder de otro), ni autonomía (el poder propio aislado del resto)... La ontonomía a la comprensión recíproca y a la fecundación de las diversas esferas del ser y de la actividad humana, pues hace posible un crecimiento sin romper la armonía... Indica la relatividad radical (no el relativismo absoluto, nota del traductor) de la realidad que no es sino aquella relación recíproca que nos muestra que todo es una polaridad no dualista, y que lo mejor para cada ser es su integración armónica en el todo...

¿Es posible desarrollar un orden ontonómico?... su símbolo sería la persona que no es ni singular ni plural y es la conjunción en su misterio de todos los pronombres personales. Cuando hiero un yo, sufre un tú...
...

Ayudaría a entender todo esto el concepto de diferencia simbólica que expresa la estructura simbólica de la realidad como un todo. Así, puede superara la dicotomía entre sujeto y objeto tanto epistemológica como ontológicamente. Un símbolo es un signo de carácter noético. No es la cosa y sin embargo, no existe sin la cosa. Es lo que aparece en el símbolo y como símbolo. No es ni sujeto, ni objeto, sino relación entre ambos. Ver el ser como símbolo abre, entiendo, un nuevo capítulo en el encuentro de las culturas y de las visiones del mundo.

...

Otro concepto que ayudaría a expresar esta intuición consiste en hablar del carácter tempiterno (temporal y eterno a la vez) de la realidad. La cultura secular tiene razón al afirmar que todo está tocado por el tiempo. Pero el aspecto temporal de la Realidad es sólo un aspecto de su naturaleza tempiterna de todas las cosas. La realidad no se agota en su temporalidad; no es temporal ahora y más tarde eterna, sino que es ahora temporal y eterna (tempiterna)...

Otra de las formulaciones que me han preocupado y que ahora quiero añadir aquí, es la llamada intuición cosmoteándrica. La realidad no es dualista, y todo ser tiene tres dimensiones constitutivas: la cósmica, la humana y la divina. O lo que es lo mismo: la material (espacio-temporal), la intelectual (consciente) y la mistérica (la infinita). Es ésta una visión holística, muy en consonancia con la de los primeros tiempos míticos y muy distinta de las dimensiones que desde hace milenios se vienen dando para conocer la realidad: la división, la abstracción y la especialización. No hay materia sin espíritu y a la inversa. Dios, hombre y mundo son tres formas de los tres atributos originales inherentes a la realidad... No hay que despreciar los méritos de la analítica, pero, esos tres mundos que se encuentran bien bien en todas las tradiciones se deberían reconducir hacia una nueva perspectiva que haga posible el redescubrimiento de la realidad como un todo dinámico...

Entiendo que la naturaleza central de la palabra, que no es lo mismo que términos (empleados en el lenguaje científico), es un símbolo, y así es utilizado siempre en el contexto de la filosofía auténtica. En la palabra hay cuatro elementos: el que habla, aquel a quien se habla, lo que se habla (la idea) y el medio con que se habla (el lenguaje). Quaternitas perfecta. La palabra es la revelación de la naturaleza cosmoteándrica de la realidad.

...

La libertad espiritual

Este apartado no se deja resumir en palabras y afecta muy directamente a mi vida misma. Mientras el hombre no se libera no experimenta la salvación, el nirvana. Para explicarlo hace falta disciplina y fidelidad. Baste citara la frase paulina, donde está el espíritu hay libertad. El espíritu lo penetra todo porque no es propiedad de ninguno.

Lo que he dicho proviene de una aventura personal, o sea, de una experiencia que no es individualista, pues no ha sido llevada a cabo para mi satisfacción propia, ni tampoco sociológica, como una utopía de la humanidad. Es aquello que se hace real en cada pequeño espejo que refleja y contiene toda la realidad, en el microcosmos íntimo de cada persona, en aquella profundidad del amor contemplativo al que me he referido al principio.

jueves, 9 de octubre de 2008

Postmetafísica

Reflexiones breves a propósito de la postmetafísica

Ya sé que una gran mayoría de las personas de esta sociedad, ciertamente no todas, se reirían de que me preocupen estos temas, pero, no así el resto (siempre los menos, de lo contrario nunca sería el resto). Y yo me pregunto, en otro orden de cosas, ¿No es más fácil ocuparse de las hojas y no acordarnos de la raíz? Por supuesto, preocuparse de las hojas y frutos es importante, pero olvidarse de las raíces sería fatal para las hojas y para los frutos del árbol. Y yo llevo un tiempo preocupado con la postmetafísica ¿rarezas?
Recuerdo aún, aquellas clases de metafísica u ontología que nos daba Félix Cabezón, magistral emérito de El Burgo de Osma en la actualidad, en las que, pese a mis buenas notas, aprendí muy poco de lo que es la verdadera ontología, empezando porque la separábamos de la epistemología, lo cual no deja de ser de dudoso sentido de lo ontológico. Pero, aquellos fundamentos hicieron florecer en mí una pasión por las raíces de la Realidad que florece, o sea, por la Realidad misma, la Realidad en sus fundamentos. Luego, me he ido encontrando en mi vida con personas que tenían la misma pasión, y además una mente privilegiada, de las que he ido aprendiendo, y sobre todo me han despertado la conciencia para que conociera la Filosofía Perenne, o la Gran Cadena del Ser, o el Gran Tres, pues de muchas maneras puede ser nombrada esta consecución de la historia de los Sabios-Místicos que, de todas las culturas, en el mundo han sido desde hace milenios. Sabios tales como Confucio (K’ung.-fu-tzu), Lao-Tsi(e), Buda, JESÚS, Plotino, Agustín, Eckhart, Kant, Hegel, Heidegger, Nietzsche y los grandes místicos contemporáneos, Aurobindo, Krishnamurti, Wilber… por nombrar sólo algunos que me vienen ahora a la memoria.
Esta Gran Cadena de Ser contiene en sí todas las grandes concepciones, todos los valores que han ido siendo asimilado por la humanidad en su evolución, pero estos están sustentados por una metafísica que fue puesta en duda por la postmodernidad, que exigía para todo conocimiento la prueba epistemológica de la demostración empírica. Ya la modernidad empezó a atacar, muchas veces con toda razón, la visión religiosa medieval que, en parte, era portadora de los valores de la Gran Cadena del Ser, y hacía este ataque precisamente por la falta de empirismo de la mítica medieval. “Lo que no podía ser demostrado por los sentidos no podía ser admitido como verdad”, pero la modernidad, que comenzó con el renacimiento y tuvo enormes aciertos, se extralimitó al considerar que el empirismo era solamente el sensitivo, un empirismo estrecho, pues puede haber y de hecho existe un empirismo interior que no tiene nada que ver con los sentidos, un empirismo amplio; es más, la mera existencia del principio de que nada puede ser aceptado como verdad, si no es experimentado por los sentidos, ya en sí mismo no es empírico en el sentido sensitivo o estrecho, es puramente intelectual.
La postmodernidad fue mucho más allá, al demostrar que toda idea que no tuviera en cuenta que nacía en un contexto cultural determinado, no podía ser dada como válida. Que todo concepto que no fuera dialóguico (término acuñado por Wilber para expresar la cultura que está en diálogo con otras) era esencialmente no válido, en definitivo sustituyó las percepciones de las cosas por las perspectivas, porque no tenemos, ni podemos tener, percepciones de las cosas, sino perspectivas en función del contexto de nuestra cultura. Así nació el constructivismo con Foucault al frente, quien se rebeló contra toda norma establecida, porque dicha norma simplemente nacía de un contexto opresor (el hecho de que Foucault fuera homosexual le ayudó mucho en la creación de su pensamiento). Pero, el constructivismo se ha pasado de rosca, algo que le pasó también a la modernidad, pese a ser muy sensato en su postura inicial y contener grandes verdades, porque ha arrojado por la cañería de la bañera al niño de los valores de la Gran Cadena junto con el agua sucia con la que se le bañaba (la metafísica greco-medieval que suponía la existencia de estructuras ontológicas preexistentes a la percepción).
Dicha agua (la metafísica que conocemos de la teología y del seminario) había que cambiarla por no tener en cuenta su contextualización, por ser elaborada sin una demostración previa, necesaria y empírica (no sensitiva). La Realidad no es la metafísica y el pensamiento sobre ella seguirá avanzando y con ello, profundizando en la misma, pero esto en modo alguno nos puede llevar a concluir que los valores (místicos) fundamentados en la metafísica platoniana y posterior no lo sean, porque con una metodología integral que tenga en cuenta todo lo aportado por la historia del pensamiento podemos seguir co-construyendo esa Realidad y esos valores, fundamentándolos en una Realidad que tenga en cuenta todas las aportaciones de la Modernidad (el valor de toda realidad sensitivo-externa) y de la Postmodernidad (el valor de los contextos culturales y sociales). Y poder así continuar con la línea evolutiva de la interioridad apoyada en los cuatro cuadrantes que posee el Universo: Individual interior (contemplación), individual exterior (ciencia), comunitario interior (cultura) y comunitario exterior (sociedad).

jueves, 2 de octubre de 2008

Las dos vertientes del camino espiritual

Las dos vertientes del camino espiritual o místico

“Mi reino no es de este mundo” “Regnum meum no est de hoc mundo” Vulgata. (Jn 18, 36) Traducciones posteriores dicen. “Mi realeza no pertenece al mundo este”
Traducción que dulcifica mucho la visión de que el Reino de Cristo, de Dios no es de este mundo (Creación). Pese a innumerables citas evangélicas que dicen lo contrario, la formación espiritual desde casi el principio del cristianismo ha ido por los derroteros de que el Reino no es de este mundo, y que por lo tanto este Reino exigía la renuncia total y para siempre del llamado mundo (¿Mundo?).
Por otra parte, como acabo de decir, los evangelios sinópticos están cargados de la seguridad de que, con Jesús, el Reino ha llegado a la tierra. Todas las parábolas no hacen sino manifestar de alguna manera esta llegada y el evangelio joánico lo que hace es, aparte de incluir algunos discursos de Jesús, narrar los signos que Él hizo de que el Reino está ya “intra vos (nos)” . La Transfiguración (Mt 17,1-8. Mc 9,2-13. Lc 9,28-36) es el momento culminante de esa manifestación de la presencia del Reino inter e intra nos.

El Reino está presente en la tierra, y no otro es el significado profundo de las parábolas del Sembrador (Mt 13... Mc 4... Lc 8...) y de la Cizaña ( unida en los textos a la del Sembrador), que nos enseña que, mientras estemos en la tierra, el Reino convivirá con el no-Reino (¿no vemos aquí un guiño a la polaridad del Ser?). Y el mismo Jesús dice a sus seguidores: “Vosotros podéis comprender ya los secretos del reinado de Dios” porque tienen ya ojos para ver y oídos para oír. El Reino, pues, está dentro de vosotros.

Pero, un mal entendimiento en la cultura griega de los caminos Ascendente (el que se ha de seguir para llegar hasta lo Bueno, Dios) y Descendente (el que bajando de lo Bueno, descubre la Bondad en la Creación) hizo que Aristóteles propugnara en exclusiva el camino Ascendente y se olvidara del Descendente, visión que pasó a San Agustín quien defendió que la Beatitud o Felicidad en esta existencia no podía ser otra más que el abandono del mundo ilusorio y la entrega sin condiciones a la contemplación total del Bien absoluto (algo en lo que incidían también los gnósticos y los maniqueos). Y coincidiendo con ellos, la línea cristiana oficial se llenó de ascetas y padres del desierto, que abandonaban este mundo para alcanzar el Reino, porque hacían decir a Jesús: mi Reino no es de esta Creación, confundiendo la palabra mundo con la palabra creación, no está en esta vida sino en la otra.

Es cierto que Juan en su evangelio pone en boca de Jesús las siguientes palabras (en su discusión con Pilato): “Mi reino no es de este mundo, si mi Reino fuera de este mundo, mi guardia personal hubiera luchado para impedir que me entregaran a las autoridades judías...” sin introducirnos en un análisis exegético del texto, es muy fácil ver que están hablando del reino del poder de las armas, del reino de la imposición por la fuerza, al que se llama mundo y es una visión del mundo, que abunda en exceso. Y la realeza de Cristo no nace de la fuerza de las armas, sino de la energía del Amor y de la Verdad, como atestigua la continuación del texto evangélico (Jn 18, 35-38). En modo alguno se está negando la realidad de que el Reino ya ha llegado. Y llegó desde el primer momento de la Creación, desde el Beresit, el Principio. La narración en detalle de esta presencia está repartida por todos los libros que fundamentan la Historia.

Con esta visión de que el Reino no es de este mundo, se instauró el camino Ascendente hacia Dios (sin un sentido trinitario) como único camino posible de realización ascética y sobre todo mística, por lo que se cortó de raíz el camino Descendente, camino por otra parte muy peligroso para la iglesia oficial, porque la vertiente Descendente del camino afirma y confirma el hecho de que cada persona es en su corazón, en su más profundo ser (una manifestación de) el Espíritu, y eso es algo totalmente incontrolable para los poderes humanos, aunque a ese poder se le llame la iglesia que se autodenomina de origen divino. Y ya sabemos del afán controlador de la oficialidad, sea la que sea.

Así gran parte de la línea mística cristiana va sólo por el Camino Ascendente, por la vertiente Ascendente del Camino algo que vemos claramente en el mismo S. Juan de la Cruz: “Iré por esos montes y riberas / Ni cogeré las flores / ni temeré las fieras / y cruzaré los valles y fronteras.” dice el alma que sale en una noche oscura buscando al esposo que huyó como el ciervo herido. Canciones entre el alma y el esposo. En general el nihilismo, aunque condenado por la iglesia oficial, está marcando hondamente gran parte de la mística cristiana.

No faltan, por supuesto, ejemplos en la mística cristiana que sean modelos de síntesis de las dos vertientes del Camino, desde S. Francisco de Asís hasta Teresa de Calcuta, entregados a la contemplación y al bien de todos los humanos. El amor con que estos santos trataban a los hombres es una extraordinaria muestra de la vivencia del Camino Descendente y lo mismo la fraternidad con la que el de Asís trataban a toda la creación.

Pero, esa dimensión del más allá, esa esperanza en otra vida, ese afán de inmortalidad después de la muerte, ese confundir la eternidad con un tiempo sin límites, ese ignorar la Vida y el Ahora... sigue siendo una característica de la formación religioso-moral que se imparte aún en todas las formas de cristianismo. Y eso a todas luces está hablando sólo de una vertiente del Camino, la Ascendente, pese a los muchos esfuerzos que se están haciendo por liberarse de este error. Hay grandes estudiosos de las formas de conciencia del ser humano, y por lo tanto, de la mística, que afirman que por esta desviación es por lo que probablemente hay muchos menos místicos en el cristianismo, que en el budismo, hinduísmo, taoísmo...

Ruego que nadie que pueda leer estas líneas se precipite y que, a tenor de lo dicho, en el párrafo anterior pueda decir que yo afirmo que todo se reduce a esta vida terrenal, que no hay nada después de la muerte (en el tiempo, ciertamente no). Sólo digo que hemos cogido una parte del evangelio, el primer segmento del aforismo hindú que dice: “El mundo es ilusorio; sólo Brahman es real” sólo digo que hay una continuación que dice: “Brahman es el mundo”. O bien, el Crucificado resucita y es el Cristo y es el Espíritu y es el Don del Padre y se hace realidad en el universo entero, convertido en Universo. Y eso eternamente, o sea, sin tiempo, fuera del tiempo. No antes, ni después. Ahora.

Esta vivencia exclusiva del Camino Ascendente ha corroborado una visión dualista de la realidad, visión que por otra parte está engendrada por nuestra mente racionalista que no sabe intuir la unidad, o mejor, el no-dos, la bipolaridad formando una sola realidad, la pura relación que es el Ser. Así, hemos concluido en nuestra mente que todo lo que no fuera Ascenso hacia el más allá, hacia lo Bueno, hacia Dios..., era malo. Y como tal hemos calificado en general todo lo perteneciente al Mundo Manifiesto desde hace mucho tiempo. Aún es frecuente en nuestra cultura la frase: “Eso es tan bueno que tiene que ser pecado”. Mas la Realidad trasciende totalmente nuestra mente, y el Mundo Manifiesto no es más que una manifestación del Espíritu en acción.

La filosofía que es una de las “artes” más noble, si no la más, que puede ejercer el espíritu humano, también entiende de estos dos caminos, o mejor, de estas dos vertientes del Camino, y a la Ascendente la llama Idealismo y a la Descendente, Materialismo, pero las llama así cuando dejan de ser vertientes del mismo camino y sus defensores las convierten en el único Camino. La oposición y lucha constante entre Idealismo y Materialismo ha llenado muchas páginas de la Historia del pensamiento humano en Occidente. De hecho nuestra cultura sigue en gran modo enfrentada entre estas dos posturas. La solución pasaría por un verdadero sincretismo, no eclecticismo.

Las tradiciones platónicas y neoplatónicas, que son no-duales, con Platón y Plotino a la cabeza respectivamente, y otras tradiciones no-duales de Oriente, como el Zen, el Tantra... mantenían que una cosa es lo Bueno o Perfecto y otra la Bondad. La Bondad es la expresión de lo Bueno en toda la creación. Y al Camino que sube hacia lo bueno o Ascendente le llamaban Sabiduría, y al que abrazaba a los Muchos, a la Creación lo llamaban Compasión (cum patere = vivir en unión, Amor).

La Sabiduría, esa Sabiduría que es Don y Regalo y se oculta en el Misterio, sabe que tras la Creación, tras la Multiplicidad está el Uno, el Absoluto, la Trinidad. La Sabiduría ve siempre a través de las formas cambiantes de todo ser hasta llegar al Fundamento Único de todo, o como diría Platón, ve a través de las sombras de la caverna, las trasciende y llega hasta la Luz sin tiempo ni forma. La Sabiduría, nos dice el hinduísmo, “ve que este mundo es ilusorio” y no se queda en él. Este Camino es arduo y largo, consta de muchas etapas que describen los libros de los místicos, como Las Moradas de Santa Teresa, o las que plantea la corriente de la Dinámica Espiral.

Esta Vertiente Ascendente o Sabiduría es Don, es la Palabra que comunica el Logos, y que comunica para todos, aunque sólo los que tienen oídos para oír la oyen, los que han preparado su oído interior. Y para que nuestro oído interior se acomode al Silencio de la Palabra del Logos es necesaria una técnica (como para ver una célula hace falta un microscopio): Abrir nuestro tercer ojo, abrirnos a la contemplación, el Oculus contemplationis que decía S. Buanventura, adaptar nuestro oído interior al soplo del Espíritu, y eso requiere muchos años de práctica de la meditación, de recogimiento interior, de saber mirar hacia adentro, de contemplar y contemplarnos. Esta mirada interior no es una mera reflexión, sino un abrirse hacia el centro de uno mismo, un dejarse llevar por la Vida y el Amor, un llegar hasta y permanecer en el Misterio y en la Esencia...

Platón, cuando se refiere a esta experiencia del Uno, no habla de deducciones lógicas de su pensamiento, sino de una experiencia vital, de la que dice: “No es algo que pueda ser puesto en palabras, como cualquier otra de las ramas del conocimiento; sólo después del prolongado compartir de una vida en común (la de la comunidad contemplativa que era su Academia) dedicada a este aprendizaje, la Verdad se revela al alma, como una llama encendida al saltar una chispa. A este respecto no hay ningún tratado mío, ni lo habrá” (citado en Sexo, Ecología, Espiritualidad. Vol 2). Esta Sabiduría no es ciencia, sino experiencia del Misterio y hemos de estar preparados, porque siempre está llamando a nuestra puerta y, si no entra, es también porque no la sabemos abrir, y porque no sabemos dejar nuestra habitación vacía.

Pero, si la Sabiduría ve que los Muchos son el Uno, la Trinidad, la Compasión o Amor percibe que el Uno está en los Muchos, en el universo que se hace Universo, que el Bueno se ha hecho Bondad en la Creación y se ha expresado en todos y cada uno de los seres, y por tanto, cada ser ha de ser amado como lo que es, una Manifestación, perfecta en su dimensión, del Absoluto, de la Perichoresis Trinitaria, cada ser tiene su Origen y Fuerza en el Padre, su Vida en el Hijo y su Amor en el Espíritu.

Tanto en Oriente como en Occidente se ha mantenido siempre que la integración de Ascenso y Descenso es la unión de la Sabiduría con el Amor, o Compasión (como le llaman los orientales). El Amor que tenemos al Uno se extiende necesariamente a los Muchos, porque en realidad son no-dos. El Espíritu, y su Manifestación en el tiempo.

Tomar aisladamente cada una de las vertientes sin la otra es catastrófico, es fragmentar el Camino (es cierto que no paramos de fragmentar el mundo y eso tiene también sus aspectos muy negativos, nuestra ciencia racional fragmenta), es negar la Realidad. Es como convertir a la humanidad en sólo varones, o sólo mujeres, dejaría de ser humanidad.

Quedarnos sólo en la vertiente del Ascenso es olvidarnos de que el Espíritu, la Trinidad se manifiesta y se hace visible en el mundo, en la tierra, en los hombres, en los seres, es quedarnos con un Espíritu mutilado, con un Absoluto que a juicio de Platón, no sería el verdadero Absoluto, porque le faltaría su manifestación en los seres, sería olvidarnos de los mensajes evangélicos sobre el Amor. “El que diga “yo amo a Dios”, mientras odia a su hermano, es un embustero... Y éste es precisamente el mandamiento que recibimos de él: quien ama a Dios, ame también a su hermano.” (1Jn 4, 19-21). Y el Amor se realiza experimentando la vida divina en lo creado, viviendo totalmente el Camino de Descenso, después de haber subido hasta la contemplación misma de la Vida Trinitaria. No nos quedemos diciendo. “¿Señor, cuándo te vimos con hambre, o con sed, o desnudo...?” Porque se nos dirá: “Cada vez que dejasteis de hacerlo con uno de esos más humildes...?(Mt 25, 44-45)

Quedarnos sólo en la vertiente del Descenso, en el Materialismo es no trascender la Creación. Y hemos de tener en cuenta que en modo alguno la Creación es mala, como pretenden los gnósticos y maniqueos, pero sí lo es perderse en ella, las criaturas son la Manifestación del Espíritu, pero no son el Espíritu. Quedándonos sólo en las cosas lo reducimos todo a pura sombra, a pura ilusión, destruimos el Ser. Es caer en el más grande pecado original posible. Olvidarnos de que este mundo es la irradiación de la Bondad del Espíritu es el más auténtico pecado.

Sin descubrir ese Uno en los Muchos, ese Uno que no es numérico, ni cantidad, ni tres, sino no-dos, pura Relación de Fuente, Vida y Amor y sin llegar hasta la Trinidad partiendo de los Muchos, elevándonos por la escalera de la Sabiduría nuestra vida espiritual no tiene una realización cabal. Ya Santa Teresa nos dice que Dios está entre los pucheros (Vertiente Descendente), a la vez que nos enseña las maravillas del Castillo Interior (Vertiente Ascendente).


José A. Carmona

jueves, 18 de septiembre de 2008

Sabiduría perenne

La llamada “Filosofía perenne” y lo moderno y postmoderno.

Lo más probable que nos puede suceder, en nuestra cultura occidental, al utilizar la expresión: “filosofía perenne” es que nos venga a la mente el recuerdo de aquella filosofía antigua que estudiamos en nuestra adolescencia y que rememora los pensamientos y sus formas de expresión de la cultura griega, como Platón, Aristóteles, Sócrates, Plotino, San Agustín... y en todo caso también Sto. Tomás de Aquino, S. Buenaventura, Scoto... Filosofía que tenía, y así nos lo ensañaron, la pretensión de ser válida en todo espacio y tiempo, de ahí su nombre de perenne.

Ya en la segunda mitad del siglo XX comenzaba a filtrarse dentro de los ambientes tradicionalistas, en los que se enseñaba aquella filosofía antigua, como si fuera perenne, la novedad de “lo actual” en contraposición a lo antiguo. Por descontado que me estoy refiriendo a los ambientes más tradicionalistas de España, como acabo de decir, pues en el mundo la filosofía había avanzado sin parar desde los primeros (no por ello menos profundos) pasos dados por los pensadores tanto chinos, como indios (menos conocidos en la sociedad, al menos en aquellas fechas) y por los conocidos (no a fondo en ocasiones) griegos a partir de los presocráticos, hasta los postmodernos europeos.

¿Sería posible integrar lo antiguo con lo moderno y postmoderno? ¿Existe realmente esa filosofía perenne? Porque de ser así, la filosofía actual ha de enlazar con ella, o de lo contrario, no sería ella misma perenne. ¿Son compatibles la Metafísica aristotélica (objetivante) y las postmetafísica postmodernista que desconstruye toda metafísica? ¿Hemos de pensar hoy como pensaba Platón hace mucho más de dos mil años, habiendo cambiado tanto el mundo?

Siempre ha sido muy problemático integrar la “sabiduría antigua” con los tiempos “modernos”. Hasta los mismos términos antiguo-moderno se oponen.

Podemos hablar indistintamente de filosofía antigua o perenne, pero sabiendo qué queremos decir con el adjetivo “antigua”. Si nos estamos refiriendo con la expresión filosofía antigua, a las verdades, al contenido de esa filosofía, o mejor a la Verdad única y universal (en su sentido más amplio, como Verdad última, o Espíritu), entonces podemos hablar claramente de filosofía perenne, o más exactamente de sabiduría perenne.

Por supuesto que esta sabiduría perenne no tiene nada que ver con doctrinas, creencias, enseñanzas, ideas..., porque estas tienen que ver con el mundo de las formas, esto es, son los vestidos con los que se viste a la Verdad, o Espíritu (al decir Espíritu estoy hablando de la Trinidad, soy hombre de fe, no de creencias, cristiana) en cada época o lugar para que los hombres la podamos captar.

La Verdad última se halla más allá del espacio y del tiempo, no depende de ellos, aunque es cierto que los engloba, de lo contrario no sería esa Verdad, ese Espíritu, esa Totalidad en la que nosotros mismos estamos inmersos. Esa Verdad nunca puede ser enunciada, pues está más allá del espacio, del tiempo y de la mente. Podemos hacer muchas afirmaciones sobre ella, que siempre serán una parte, nunca la totalidad.

Es muy curiosa la simpleza que abunda en la mayoría de nuestra sociedad superficial, en la que se está dando afirmaciones como la que sigue: “ésa es tu verdad, no la mía”. Afirmación en la que se coge el rábano por las hojas y con la que se pretende dar el mismo valor a todas las opiniones, tengan el fundamento que tengan (igualar la del ignorante con la del sabio). No se trata de poseer ninguna verdad, la Verdad nunca es tuya ni mía, sino que está más allá de nosotros y lo único que podemos hacer son intentos de aproximación a la misma. Estas afirmaciones o similares están en la línea, tan difundida hoy, de elevar la mediocridad (o la incapacidad) a los altares, mediocridad, o mejor, horteradas que están encontrado constantemente respaldo en muchas instituciones y medios de comunicación.

Por tanto, ningún conjunto de ideas, pensamientos, o doctrinas nos permitirá aprehender la esencia de la filosofía o sabiduría perenne. La Verdad esencial (el Espíritu) puede ser mostrada y lo es de hecho en la visión contemplativa, en la que no hay ni forma, ni modo, ni color, ni tiempo..., pero nunca puede ser enunciada (por un lenguaje discursivo) ni aprehendida por una mente creada.

Pero, si con la expresión “antigua” nos estamos refiriendo a las formas y expresiones que asume dicha Verdad, como ideas, palabras, símbolos... entonces las verdades entran de lleno en el mundo del tiempo y del espacio y quedan sometidas a sus leyes.

Y éste es el otro significado de la palabra “antigua”, empleado constantemente por los románticos, que piensan que cualquier tiempo pasado siempre fue mejor, un significado que identifica lo antiguo con lo viejo, con lo pasado, esto es, no con la Verdad atemporal, sino con las doctrinas de antaño. Así, cuando dicen que nuestra cultura necesita de la “sabiduría del pasado” se están refiriendo a las ideas y doctrinas antiguas, a las formas pasadas de la verdad. Con lo que están afirmando que nuestros antepasados intuyeron la verdad mejor y más claramente que nosotros. Algo que no resiste una revisión histórica del mundo de las ideas.

Es cierto que desde el siglo VI antes de Cristo hasta el mismo Jesucristo (prescindiendo -no negando-, así lo exige esta reflexión, de la fe cristiana), se da en la historia el período llamado de los sabios axiales – Zoroastro, Confucio, Lao-tse, Buda, Moisés, Sócrates, Platón, Jesús de Nazaret... - cuyos conocimientos evidencian una profundísima comprensión de la Verdad, de la Vida, del Ser. Pero sus formas de expresión de la Verdad han quedado anticuadas y también han de ser actualizadas para que sigan siendo válidas para acercarnos a esa comprensión de la Verdad hacia la que caminamos.

Los románticos, que son amantes de la sabiduría antigua, entendida como vieja, como forma externa, creen que después del período de los sabios axiales el desarrollo espiritual de la humanidad ha ido cuesta abajo, hasta llegar a caer en esta sociedad moderna y postmoderna decadente, científica y secular en que vivimos. Pero, un análisis serio de la historia posterior al período axial nos revela todo lo contrario. El desarrollo del taoísmo, budismo, hinduismo y cristianismo, por citar sólo unas formas externas de mostrar la Verdad, ha seguido evolucionando y se han sustituido las formas de la sabiduría antigua por otras nuevas. Y cuando no se han sustituido, la humanidad no ha entendido su lenguaje. Y en este cambio de lenguaje, de utilización de las verdades parciales, han colaborado, aún pretendiendo lo contrario muchas veces, la Modernidad y la Postmodernidad, con sus esfuerzos por dar nuevas formas a la verdad, pese a que negaran y nieguen que esa verdad es la Verdad.

Con su profundización en la filosofía, en el conocimiento han ido despojando al Espíritu (que muchísimas veces niegan) de sus viejos ropajes, y le han colocado vestidos más apropiados a los avances de la humanidad.

Mas para verlo así, es necesario que nosotros también nos desvistamos de nuestras ideas caducas y conceptos viejos, es necesario que experimentemos al Espíritu en la contemplación que es amor, y caigamos en la cuenta de que la humanidad no hace sino caminar hacia ese Espíritu, hacia ese Punto Omega del que nos habla Theilard y de que todo avanza hacia él.

Toda evolución no es sino el Espíritu en acción, como nos dice Hegel.

La Verdad nos exige ser más y más conscientes de que vivimos en la Relación Trinitaria y de que todo avance en las verdades y sus expresiones, lo haga quien lo haga, nos acerca a Ella, pues sigue siendo válida, pienso, sigue siendo Verdad la frase: “crede ut intelligas.”