El ABSOLUTO MANIFESTADO AL HOMBRE EN JESÚS DE NAZARET-CRISTO EL SEÑOR, LOGOS DE LA TRINIDAD, DA PLENO SENTIDO A LA EXISTENCIA HUMANA
El ser humano es para todos los que van más allá del materialismo marxista y de la mera biología (que son legión), conciencia y libertad-para, ¿Pero no será esto más que una utopía? ¿Una vana ilusión?
Muchos pensadores, y todos los místicos han mostrado ya el sentido de la existencia, han mostrado que la vida humana tiende a más allá de sí misma, que es totalmente coherente pensar que la vida no es un absurdo, pero, el interrogante de la duda sigue presente en la conciencia de muchos humanos, de la mayor parte, quizá, de nuestra sociedad. Incluso muchos piensan que la vida es un absurdo total.
La respuesta plena al sentido de la existencia la encontramos dentro de nuestra propia historia humana, dentro de esa totalidad que nos une a todos los que, superando el tiempo y el espacio, tenemos la misma naturaleza. La respuesta la encontramos, porque el Absoluto al que desde la raíz de nuestro ser tendemos, se nos ha mostrado en gratuidad en la persona de Jesús de Nazaret-Cristo el Señor (Jesucristo).
"El proyecto hombre no se quedó únicamente en utopía. Ni se perpetuó en su fracaso, sino que se realizó expresamente en alguien de la raza humana, concretamente en Jesús de Nazaret, vivo, muerto y resucitado"1
No nos adentraremos en un análisis de crítica histórica, ni de hermenéutica sobre los textos bíblicos. Nos basta, para esta reflexión, saber que está más que suficientemente probado que Jesús fue un personaje real, que fue parte de nuestra historia, que se le puede datar y situar, que no es un mito ahistórico, ni un invento de unos discípulos fanatizados, antes al contrario, es la realización de todos los mitos dentro de nuestra historia. Mas, aunque es plenamente histórico trasciende la historia,, su Misterio es transhistórico.
Hemos de tener igualmente presente que el lenguaje bíblico es un lenguaje testimonial, que la Biblia no es un libro histórico en el sentido científico que tiene hoy la palabra, sentido por otra parte muy reciente, y que quienes nos hablan de Jesús, el Cristo, lo hacen de lo que vieron y oyeron2, y que, por tanto, su testimonio es verdadero.
Por último, hemos de tener presente también que entre el Jesús histórico y el Cristo pascual hay una continuidad. Se trata de la misma persona, que empieza su caminar mortal en la encarnación y llega a su plenitud en la muerte, de la que el Padre lo levanta en la resurrección3. Ésta sirve (entre otras muchas cosas) para que los seguidores del Maestro caigan en la cuenta de quién era aquel a quien seguían, no para que se creen un personaje nuevo con doctrinas nuevas, con esperanzas distintas a las que tuvo Jesús, el Maestro. La misión de los Apóstoles será en palabras puestas en boca del Resucitado:
"Id y haced discípulos de todas las naciones enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado4".
El mismo Resucitado, como vemos, hace alusión directa a las enseñanzas que predicó mientras permaneció en carne mortal. Dichas enseñanzas y la trayectoria de la vida histórica de Jesús es el baremo para conocer la vivencia auténticamente cristiana de una comunidad.
El hombre nuevo
El sentido pleno de la existencia humana, la realización de ese proyecto que hay dentro del ser humano, la comunión total y natural con el Absoluto, el hombre libre del fracaso histórico y de todo tipo de esclavitud surgió en el acontecimiento Jesús de Nazaret.
"De esta manera se convirtieron en realidad las ansias de todas las antropologías y de todos los mitos antiguos " 5
A partir del acontecimiento de la resurrección encontramos luz para todas las preguntas que brotan desde lo hondo del ser humano, que brotan desde el Absoluto que llevamos en nosotros, aunque no lo conozcamos.
Nuestra experiencia de hombres en su concreción de existencia mortal, nos lleva a ver una realidad condicionada, agrietada por todas partes, y que, pese a dicha situación, en el hombre hay una dimensión que va más allá, que trasciende toda esta realidad que se nos manifiesta pobre y limitada a veces, rica y abundante otras, pero siempre contradictoria. Considerando ambos aspectos, vamos a reflexionar sobre el acontecimiento Jesús de Nazaret, sobre la persona que realizó en la historia el proyecto hombre en su totalidad, en su plenitud.
"Para la teología es de suma importancia el estudio de la praxis del Jesús histórico, porque es ahí donde se descubre al hombre ansiosamente esperado y la realización del verdadero humanismo. Cuando se reduce la Cristología al Cristo de la fe, se empobrece la visión global del cristianismo”6
Jesús de Nazaret, el hombre auténtico, el hombre-hombre.
La vida histórica de Jesús de Nazaret es la realización del hombre auténtico‚ la realización de la verdadera humanidad del hombre. Leyendo los textos evangélicos así aparece, y así lo vieron quienes le acompañaban en su proyecto humano.
No olvidemos que su divinidad no destruye nunca su humanidad, que por tanto. fue "verdadero hombre", es más fue el Hombre sin grietas, ni contradicciones.
Hombre auténtico es aquel que, como hemos planteado en el apartado anterior:
-. Es coherente consigo mismo, encontrando el pleno sentido de su existencia en la carne.
-. En su experiencia con el mundo es dueño y no esclavo.
-. En su relación con los otros es hermano con toda la profundidad del amor-entrega.
-. En su relación con el Absoluto lo hace con la naturalidad de la comunión íntima y permanente. Viviéndose como verdadero Hijo
-. En su proyecto de vida, en su historia, no se muestra como un absurdo, sino como proyecto total y escatológico.
Todo ello se realiza en Jesús de Nazaret, que es el hombre-hombre, el hombre auténtico. Tan auténticamente hombre que sólo podía ser Dios, como dice L. Boff.
Decimos que:
Jesús es el hombre coherente consigo mismo, el hombre que puede enfrentarse a los que lo quieren matar y decirles: ¿quién de vosotros puede mostrar tan siquiera que he cometido un solo pecado?7. Su existencia está libre de toda oscuridad que pueda entorpecer el sentido de la misma.
Su vida es luz, significación y sentido que profundiza en la comunión permanente con el Padre, y en la experiencia real y constante que tiene con la densidad del Ser que es uno con él8.
Jesús predica el Reino de Dios, que ya ha comenzado, y que es realidad en él mismo, pues los valores del Reino son los que marcan la dinámica histórica de su vida. Esos valores, que luego desarrollaremos, son los que Jesús asume con tal coherencia, que llega hasta la misma muerte en su defensa y promoción, y no a cualquier muerte, sino a la propia del condenado por subversivo, que es por lo que es condenado, aunque no sea por lo que muere.
Encuentra el sentido de su existencia personal, "porque, aunque era Hijo, sufriendo fue aprendiendo la obediencia9". Porque pone a disposición del Padre todo lo que tiene y todo lo que es.
Hemos de tener en cuenta que el sentido de la vida personal se realiza en la dimensión trascendente de la misma, en la vida como apertura-hacia. Y desde esta perspectiva vamos a continuar reflexionando sobre Jesús.
Decimos que:
El comportamiento de Jesús con respecto al mundo es de señor o responsable, de dominio y libertad. No manifiesta ninguna actitud egoísta. Ni rechaza estúpidamente los bienes de este mundo10 ni el acercarse a los marginados de la sociedad teocrática en que vive11. Y, aunque no tiene donde reclinar la cabeza, viste una túnica de calidad, no viste como un andrajoso12.
Condena las riquezas, como dominadoras del hombre, "no podéis servir a dos señores a Dios y a la riqueza13", condena la avaricia, el afán de almacenar bienes materiales, "entonces les dijo: guardaos de toda codicia, que aunque uno ande sobrado, la vida no depende de los bienes14". Y propone como norma de vida, la que ya era de la suya propia: "No estéis con el alma en un hilo buscando qué comer y qué beber. Son los paganos quienes ponen su afán en esas cosas, ya sabe vuestro Padre que tenéis necesidad de esas cosas. En cambio buscad que él reine y eso se os dará por añadidura.15".
Pero, también condena la pobreza que humilla al hombre. No es otro el sentido de las bienaventuranzas, en las que la esperanza activa del Reino y del consuelo alienta al hombre para superar su situación de marginación, creada por la injusticia de las estructuras humanas16. Jesús quiere al hombre libre de los bienes de este mundo, no sometido ni a la riqueza, ni a la pobreza; como lo es el mundo. Jesús busca al hombre no para que huya del mundo, sino para que se encarne en él, para que sea solidario con los otros y con el Todo, para que comparta con los marginados, con los pobres, con los rechazados de la sociedad, con los que menos tienen, para que sea responsable con los otros hombres en la busca de la justicia y de la verdad, en la búsqueda de este mundo “otro”.
Decimos que:
En sus relaciones con los otros hombres Jesús es hermano con toda la profundidad del amor-entrega. Su actitud no es la del superior, sino la de un hermano que está abierto a todos sin distinción, pero sobre todo, a los marginados, a los que menos tienen. Él hace que el hombre se sienta su prójimo (cercano a él). No hace distinción ni de posición social: trata con todos: Zaqueo, Leví, los leprosos, ni de sexo: le siguen mujeres, cosa escandalosa para un rabí , ni de religión: se acerca a la samaritana, a los pecadores, a las prostitutas. Y predica la esperanza en un festín al que son invitados todos los impuros de aquella sociedad teocrática e hipócrita.
Es más, Jesús convierte al prójimo en hermano, porque la relación que establece con los hombres y mujeres no es legalista, ni externa, sino cordial (ex corde), nacida de dentro. Hace lo que predica: "al que venga a mí, no lo rechazaré17". Identifica el mandamiento supremo con el amor fraterno18, y después de servir a los que le siguen hasta lavarles los pies, (trabajo reservado a los siervos), les propone el mandamiento nuevo: "amaos unos a otros, como yo os he amado19". Quiere que la comunidad que le siga, sea una comunidad de hermanos20. Y la relación entre hermanos no puede ser la opresión, sino el servicio que brota del corazón. Un servicio que se hace realidad en Jesús, "porque el Hijo del hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por la humanidad21". Jesús de Nazaret es el hombre-hermano del hombre, abierto al hombre, hecho hombre por el hombre.
En los evangelios encontramos a un hombre, Jesús, que era un ser-para-los otros. Pasó haciendo el bien entre los hombres, perdonando, consolando, curando, suscitando la esperanza y encauzando a los humanos hacia el Padre.
Esta actitud de Jesús es la que el hombre ha de integrar en su propio corazón, como dice Pablo a los filipenses22:
"Entre vosotros tened la misma actitud del Mesías Jesús:
él, a pesar de su condición divina,
no se aferró a su categoría de Dios,
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
haciéndose uno de tantos."
Decimos que:
La relación de Jesús con el Absoluto, con el Padre, la realiza con la naturalidad de una comunión íntima y permanente.
"Él fue el Hijo de Dios radicalmente y en el sentido “creacional”23 de esta palabra. En Jesús el proyecto divino no destruye al humano. El vivió una superlativa intimidad con el Padre, llamándole ABBA, sintiéndose‚ y viviendo como hijo obediente y siempre dispuesto a hacer la voluntad del Padre y no la suya“.24
En su relación con Dios no hay discontinuidad, no hay distancias, sino intimidad. Hay sumisión total a la voluntad del Padre, incluso en aquellas cosas que repugnan a su humanidad, como en la oración del Huerto de los Olivos25. Intimidad que llega a la consumación de la unidad26, creando una relación totalmente nueva para los hombres, la de paternidad-filiación. Esta unión con el Padre no es la propia de un niño, sino la de un adulto, es una relación de alteridad, en la que cada cual mantiene su proyecto y su camino, pero, en la que hay una comunión vital. Comunión que no es el resultado de un gran esfuerzo ascético‚ sino brote espontáneo de la misma personalidad del Nazareno, que no se encuentra a sí mismo, si no es en esa comunión íntima con el Padre. Para Jesús Dios, el Absoluto, es una evidencia existencial, (esencial en las palabras citadas de Dürkheim) no el resultado de un esfuerzo de renuncias, como pudiera serlo quizás para nosotros.
Decimos que:
El proyecto de vida de Jesús y su historia no se nos muestran como un absurdo, sino como proyecto total y escatológico.
Jesús es llevado a la muerte por subversivo, pero él no rehuye enfrentarse con la muerte, sino que la afronta, mostrando que hay algo que va más allá de la misma muerte: la defensa de unos valores que trascienden la vida personal, los valores del Reino, que en él son la vida más allá de la misma.
La muerte queda asumida dentro del proyecto de Jesús: el proyecto del Reino, el mostrar a los hombres el camino de liberación, el camino de la filiación divina y de la fraternidad universal. Por eso, aunque Jesús se somete a la muerte, a su vez somete a ésta a los valores que predica, a los valores que asume, destruyendo la muerte como final de todo proyecto histórico.
La praxis de Jesús como hijo, hermano, señor y como encarnación del Reino libera al hombre de su condición de pecador, hijo rebelde, dominador de hermanos, tirano de la naturaleza, desesperanzado de la trascendencia.
Él es el hombre-Hombre, el hombre libre que realiza su propia vocación haciendo en sí mismo lo que anuncia para la humanidad. La liberación total del ser humano, el sentido de la existencia, no es una utopía, una vana ilusión, un imposible, sino una topía, un hecho consumado, puesto que en Jesús es acontecimiento, plenificado en la resurrección. Con la resurrección el Padre nos muestra en Jesús que la utopía, lo que parece imposible para el hombre, es el verdadero camino para el cristiano, pues para Dios no hay nada imposible.
Cristo, el Señor, el hombre nuevo escatológico.
Nuestra sociedad presenta como valores humanos, los que realmente son no-humanos, los que son alienaciones27, esto es, idolatrías, como dinero: sexo, consumo, ideologías, partidos, dogmas. Lo mismo sucede en la sociedad en que vive Jesús, se presenta la alienación como suprema meta del hombre, se presenta la anormalidad como normal, el vacío como plenitud, lo egoísta como fin, lo superficial como profundo. Jesús cambia los falsos valores por los verdaderos y lo toman por loco, subversivo, hereje, blasfemo. Y lo condenan a muerte en nombre del Dios, que aquella cultura religiosa ha construido y en nombre del no-hombre que aquel humanismo ha establecido.
Mas, Jesús resucitado de entre los muertos, Cristo el Señor, revela a los cuatro vientos los planes del Padre, ocultos desde el comienzo de los tiempos: el hombre está hecho para la vida y no para la muerte. La resurrección es la humanidad terminal, es la consumación del proyecto divino, hecho acontecimiento en uno de nuestra especie: Jesús de Nazaret.
La resurrección no es privilegio suyo, sino proyecto del Padre para todos los hombres, y es la entrada del cuerpo terrestre en la plenitud de vida del Reino, es la entrada de la existencia humana en la vida de Dios.
Cristo-Jesús resucitado es el encuentro pleno entre el Padre Dios y el Hijo hombre, hecho acontecimiento en nuestra historia. Él es la plenitud de la humanización. Desde Jesús, el Cristo, entendemos la historia como proyecto que no acaba en el absurdo, sino que es realización que trasciende la carne, la muerte, la existencia terrena; entendemos al hombre cargado de sentido; entendemos a la creación como manifestación del proyecto de Dios, y por lo mismo como manifestación del mismo Dios.
A partir de Jesús se comprende al hombre en su profundidad, en su ser. Pero, el hombre absolutamente liberado no se ha realizado más que en Jesucristo. La plenitud de sentido sólo la ha alcanzado él, aún no se ha realizado la liberación cósmica. Entretanto, nosotros vivimos en la ambigüedad del tiempo presente, que lleva en sí el germen de la liberación final, de la plenitud escatológica, pero que se desarrolla en la tensión de la existencia carnal, de la obscuridad de la fe. Estamos en la misma carne en la que estuvo Jesús de Nazaret y hemos de seguir sus pasos, estamos en el tiempo de la existencia cristiana, estamos en el tiempo del seguimiento del Jesús histórico, aunque con la esperanza que nos trae el Cristo resucitado.
En los cuatro evangelios se dice que creyente es el que sigue a Jesús. Creer en Jesús es seguirle. El término griego que utiliza la traducción de los LXX es acoloûzein, palabra que aparece 91 veces en el NT, de las cuales 89 pertenecen a los evangelios. Esta abundancia en el uso de la palabra griega por parte de todos los evangelistas indica que el seguimiento no es una idea particular de uno sólo de ellos, sino una idea central de todos los evangelios.
Estamos ahora, pues, en la época del seguimiento del Jesús histórico. Y hemos de seguirle reproduciendo en nosotros los mismos sentimientos que él tuvo, no imitando (el seguimiento no es simple imitación) sus gestos, sino reencarnando sus valores y viviéndolos en nuestra sociedad y en nuestro momento histórico.
El DIOS (el Padre) QUE JESÚS NOS TRAE
La primera y más radical vivencia del Maestro que aparece en el NT, es la de su sentido profundísimo de su propia filiación divina, de que era verdadero Hijo de Dios. Y en esta misma actitud de filiación aparece como profeta de un Dios diferente del comúnmente aceptado, incluso por las personas religiosas.
Jesús crea una nueva relación con Dios que hemos de analizar un poco. En concreto, vemos que él invocando a Dios como Padre, lo está comprometiendo en unas acciones que la religión oficial considera blasfemas. Por tanto, nos interesa saber
¿Qué Dios, qué Absoluto se nos revela en Jesucristo?
La normativa bíblica para hablar sobre Dios.
Antes de entrar en la respuesta, tengamos en cuenta que nuestras palabras son pobres medios para hablar sobre Dios, es más, lo que pueden hacer es obscurecer el mismo concepto de Dios, que es imposible poder expresar lo que él es por ningún medio humano; ya Sto. Tomás de Aquino decía que la última palabra que un hombre puede decir sobre Dios, es afirmar que son mentira todas sus afirmaciones anteriores. Y sin embargo, como hemos de hablar, intentaremos hacerlo con un lenguaje similar al bíblico.
La normativa de la Biblia para hablar sobre Dios es la narración. La Biblia nos cuenta lo que Dios ha hecho en la historia de los hombres, no lo que Dios es en sí. Habla de Dios por sus obras y sobre todo por el hombre, que es su palabra más auténtica en este mundo28.
"A Dios nadie le ha visto jamás, pero el unigénito‚ que vive junto al Padre nos lo ha contado29". De Dios no conocemos más que lo que nos han dicho, o lo que hemos experimentado, pero, nunca lo hemos visto, no lo hemos poseído, como se posee una imagen (aunque sea mental), lo que sabemos de él es por el testimonio, por la maravillas que ha hecho (y sigue haciendo, también en nosotros). Por esto, nuestro lenguaje ha de ser muy humilde.
Este lenguaje narrativo es común a los dos testamentos, en ninguno Dios es objeto directo de contemplación, sino que es conocido sólo a través de sus obras, a través de la palabra que él nos comunica. No lo poseemos en nuestra mente, sino que somos poseídos por su palabra que rompe nuestro corazón interpelándonos, cuestionándonos, impulsándonos a salir de nuestro egoísmo en apertura hacia, y comunicándonos su amor sin límites.
En el AT el lenguaje sobre Dios está constantemente luchando contra la idolatría, que permanece siempre en el corazón del hombre, no contra el ateísmo, que no ha sido un fenómeno masivo hasta nuestros días. El ateísmo o el agnosticismo, si es puro30, es menos malo que la idolatría, posiblemente sea peor la falsa imagen que la negación pura, o la mera abstención de juicio. El hombre, incluso el ateo, tiende siempre a idolatrar lo que posee, a construirse ídolos, porque necesita seguridad. Y, lógicamente, adoramos lo que palpamos: dinero, poder, la imagen de la Virgen, los cargos y funciones de poder sean de la iglesia o del estado, el concepto de Dios que nos hemos forjado, nuestros dogmas, nustras actitudes, etc. De ahí que el esfuerzo de la revelación divina sea constante en la lucha contra esta actitud del corazón humano.
El NT continúa esta línea de lenguaje narrativo, sobre todo en los evangelios con la vida de Jesús, en la que se pone de revés lo que parece la imagen de Dios del AT.
¿Supone el NT una ruptura con el AT con respecto a la imagen que nos cuenta de Dios? ¿Realmente en la vida de Jesús se nos muestra un Dios diferente?
Existe en la iglesia católica una doble interpretación teológica en este tema.
La primera afirma que la doctrina sobre Dios en el AT está completa. Que Jesús hace suya esta doctrina y no añade nada nuevo. Sólo muestra que la gloria de Dios ha sido pisoteada por los hombres y que los hombres se han apartado de su estado original, del estado en que salieron de las manos del Creador. Para llevar a cabo la reconciliación entre Dios y el hombre, Jesús ofrece su vida en sacrificio, abriendo un camino hacia el Dios del AT. Gracias a su muerte Dios seguirá siendo el "justo" vengador, ya aplacado. Según esta interpretación es el NT el que ha de ser leído a partir del AT, y no al revés.
Sin embargo, esta doctrina sobre Dios conlleva una serie de problemas de difícil solución, problemas que a lo largo de la historia ha padecido la iglesia. He aquí algunos de ellos: Comparando la doctrina sobre Dios en ambos Testamentos, nos encontramos con que el veterotestamentario es un Dios vengador, un Dios justiciero; en cambio, el revelado en Jesús es Amor. En el AT aparece como fundamental en el creyente el temor de Dios, en cambio, en Jesús es fundamental la comunión con el Padre.
Esta interpretación de que el AT es en sí una doctrina acabada sobre Dios lo convierte en una organización doctrinal constante e inmutable, en las que la figura central es la del Dios justiciero y vengador, moralizante y severo, celoso guardián de su ley. Ha sido (y es) una doctrina muy frecuente en la historia dela iglesia.
Sus consecuencias son graves. Una de ellas es que la muerte de Jesús estaría exigida por el mismo Dios para reparar el daño hecho por el hombre con su pecado. Interpretando así la muerte “redentora” de Jesús, se viene a refrendar la doctrina del AT sobre Dios.
Otra consecuencia es, que la iglesia, al no poder conciliar la doctrina sobre Dios del AT con la del Nazareno, se ha ido decantando hacia una visión de Dios, o hacia otra, en función de las circunstancias políticas, sociales, o en función de la cultura y de la visión de los predicadores. ¡Cuántas veces se nos ha propuesto el fuego del infierno como razón para ser santos! !Cuántas veces se nos ha fundamentado una actitud cristiana en el temor de Dios! ¡En el santo temor de Dios, que venga los pecados de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación! Nos bastaría, para comprobar dicha ambigüedad, hacer un recorrido por toda la historia eclesiástica, empezando por el miedo de Pedro a actuar en libertad ante los judaizantes, y terminando en la doctrina que en muchas iglesias de nuestros días se enseña. Un ejemplo: a María se la ha mostrado siempre como intercesora ante la justicia divina, implorando a Dios (a su Hijo) en favor de los pecadores para aplacar la justicia divina, como si Jesucristo y el Padre fueran adustos vengadores de los pecados, cuando Jesús es la misericordia encarnada y el Padre puro don.
"Esta manera de proceder es perfectamente comprensible. Tiene su origen en la dificultad de asumir, con todas sus implicaciones, la novedad de la acción de Jesús. La iglesia antigua tenía un sistema de referencias que le permitían fijar unas cuantas observaciones sobre las relaciones entre Dios y los hombres. Este sistema de referencias estaba representado por la tradición del AT, leída en función de las tradiciones del pueblo judío." 31
La segunda interpretación afirma que el AT no es una doctrina, mucho menos acabada, sobre Dios, tan sólo es el relato de unas acciones salvíficas de parte de Dios en favor del pueblo judío. La doctrina que se ofrece sobre él no es más que el esfuerzo del pueblo judío para nombrarlo, no es más que una interpretación hecha desde una cultura (la judía) sobre unos hechos salvadores. Pero, la acción de Dios no se agota en estos hechos, queda abierta hacia el futuro, queda abierta hacia todas las dimensiones, Dios sigue interviniendo en la historia. Y de todas las intervenciones habrá una que es la "más concreta y la más humana": Jesús32.
Dentro de esta segunda interpretación se sitúa esta breve síntesis. Y así, en este texto se afirma que efectivamente la acción de Dios en Jesús supone una innovación en la interpretación y en la experiencia de Dios con respecto al AT.
¿Cómo actuó Dios en Jesús, el Cristo? ¿Qué Dios se nos revela en Jesucristo?
Lo primero que aparece, al leer los relatos neotestamentarios, es que se nos habla de un Dios que es trinidad. Desde los orígenes del cristianismo los creyentes se han dirigido al Padre, por la mediación del Hijo, impulsados por el Espíritu.
Es verdad, que no siempre la actitud cristiana ha tenido presente ni en la teología, ni en la piedad a las tres personas en la misma proporción. El Espíritu muchas veces ha sido relegado, incluso olvidado durante mucho tiempo en la iglesia latina. Pero, desde los comienzos la figura del Dios de Jesús es una figura trinitaria, y la misma experiencia mística de Jesús es trinitaria. En la vida de Jesús, Dios es el Padre, él es el Hijo exaltado a la derecha del Padre, quien a su vez nos envía al Espíritu, su Aliento. Dicho esquema trinitario es utilizado constantemente en las cartas paulinas y en concreto en Mt 28,19 y 2 Cor 13,13. Y tiene su fundamento en la acción liberadora de Jesús que, bajo el impulso del Espíritu, invoca a Dios como Padre, el cual se compromete en esa acción del Hijo, rompiendo todas las opresiones, incluso la de la ley religiosa judía.
Y esto es lo grande de Jesús, que en su acción quedan comprometidos totalmente el Padre y el Espíritu, ¡pese a que su acción es subversiva para la doctrina establecida!, para la sociedad que ha propuesto al no-hombre como modelo, a la idolatría como fe auténtica.
El Dios-Padre manifestado en la vida de Jesús no es un fantasma imaginario.
El fantasma paterno es una proyección de un deseo de inmortalidad, del deseo de protección indefinida propio del sujeto que lo proyecta, del hijo, el cual permanece en una actitud infantil, de regresión al origen. En este caso se reviste a la imagen paterna de los atributos del saber, del poder, para que el hijo justifique lo quiere: mantenerse siempre ligado al padre en un deseo infantil de no arriesgarse en la existencia, de no ser adulto, de no reconocer su propia alteridad con respecto a la del padre y a la de los otros.
Dios es el sujeto idóneo para alimentar este fantasma paterno, pues por hipótesis él no está sometido ni al tiempo, ni a la muerte, es el omnisciente y el omnipotente. Representa la figura ideal para convertirse en el fantasma paterno, asumir a Dios en este sentido nos evitaría tenernos que enfrentar a la realidad, viviendo en sueños ilusorios, infantiles y egoístas (algo muy frecuente en las actitudes religiosas de los humanos). Pero, no es esta la fe que supone una autonomía en el creyente y, por tanto, una separación del otro, una actitud personal.
Analizando lo que nos dice el NT sobre la actitud de Jesús, del hombre Jesús, con respecto al Padre vemos que ésta no se desarrolla en el falso ámbito de los sueños, sino en el real de la acción liberadora. El Padre no salva al Hijo de la cruz, antes al contrario lo hace uno como los otros, y así “se convirtió por la obediencia en causa de salvación para los demás33”.
El Dios-Padre que el NT nos muestra es "el Dios entregado".
Juan al comienzo de su evangelio ya plantea esta visión del Dios entregado, que es experiencia en Jesús, de la que él (Juan) es testigo: "Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por medio de él34". Esta visión del Dios entregado no sólo es idea de Juan, sino también de Pablo y de toda la tradición cristiana.
Dios es el que entrega a su Hijo en manos de los hombres, y no porque el hombre sea más fuerte que Dios, sino porque la dinámica de Dios no es la de la fuerza que impone, sino la del amor que ofrece y se entrega en don.
Esta realidad de Dios es totalmente inaudita para nuestra mentalidad occidental, no encaja en la idea que tenemos de Dios (imagen paterna idolátrica), no podemos pensar en un Dios sometido al hombre, sino superior y dominador del hombre. Y lo es también para la mentalidad veterotestamentaria. En el AT Abraham, el gran patriarca padre del pueblo judío, es sometido a prueba cuando Yavé le pide el sacrificio de su hijo, Isaac, pero el sacrificio no es consumado. En cambio, el Dios de Jesús va mucho más allá que el de Abraham, el Dios judío salva al justo, el de Jesús deja que el justo muera. Jesús con su muerte está poniendo de revés toda la mentalidad judía sobre Dios. Y el mismo Jesús (que es judío, aunque no por serlo) experimenta trágicamente en la cruz el abandono de esa entrega del Padre, del silencio de Dios, y no puede menos de gritar: “Padre, ¿porqué‚ me has abandonado?35". Nunca podremos comprender la terrible tragedia del hombre Jesús en aquellos momentos.
La cruz de Jesús es escándalo y locura, pues no encaja en ninguno de los parámetros de la mente humana, ni de las religiones establecidas, al patentizar que Dios no sale al encuentro del justo que lo busca, sino que guarda silencio.
Sin embargo, Juan no habla del abandono sino de la entrega. El Padre entrega al Hijo, no lo abandona, "tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único36". Y entrega quiere decir que no hay abandono, que el alejamiento es sólo aparente, que el silencio de Dios es su manifestación. En la muerte de Jesús Dios se revela como el que entrega a su Hijo, no porque no tenga fuerzas para arrancarlo de la mano del hombre, sino porque su intervención es a través de la fuerza del amor, de la donación.
Así, por la muerte del Hijo sabemos, que el Padre no interviene en la historia más que por una oferta de amor, y que Jesús, muriendo, asume esta manifestación divina hasta sus últimas consecuencias. Jesús no utiliza el poder para cambiar el curso de la historia y librarse de la muerte, sino que vive la obediencia hasta la consumación de sí mismo. Los judíos que estaban al pie de la cruz, no podían entender (nosotros tampoco) esta actitud, Dios ha de ser manifestación de poder (pensaban y pensamos), y en consecuencia pedían (y pedimos) a Jesús que bajara (baje) de la cruz, si era el hijo de Dios, mas Jesús, precisamente porque era el Hijo, no podía bajar, no podía librarse de las penas propias de su historia humana.
Dios permanece discreto, silencioso, ante el sufrimiento de la historia, pero no impasible, deja autonomía total a la historia humana. Padece, diríamos con nuestro lenguaje humano, junto con el Hijo, junto con el justo, al entregarlo al curso de la fuerza y violencia de los hombres, pero en la entrega apuesta por el hombre. Se nos ha hecho compañero de viaje en nuestro caminar, ya no intervendrá en la historia para cambiarla, sino para sufrirla junto con el hombre, y para triunfar en ella con el triunfo del hombre. Y Dios no es ningún necio que no sepa por qué apuesta, en Jesús hombre encontró la respuesta total y autónoma del hombre al amor de entrega ofertado por él. Jesús fue coherente con este amor hasta la muerte y por eso el Padre lo exaltó hasta su diestra. Desde Jesucristo y por él Dios sigue apostando por el hombre, sigue amando al hombre y poniendo en él aquello por lo que puede ser amado: el Espíritu que derrama en nuestros corazones.
Si el Padre sigue apostando por los hombres, es porque reconoce en nosotros al Espíritu de Jesucristo, que es quien a su vez nos lleva a reconocer la presencia del Padre en la historia fracasada de Jesús, pero triunfante del Cristo.
"Si Dios sigue amando al hombre, es porque el hombre es digno de ser amado (o es hecho digno de ser amado) a pesar de todo" "el Dios ausente de la historia se nos hace presente en la historia, como la apuesta por la libertad del hombre que marca la historia."37
Dios apuesta por una libertad que nos arranque del egoísmo y del sometimiento al poder, aunque éste aparezca como divino. Nos libera del Dios-poder, porque el es el Dios-Padre-entregado.
En respuesta al Dios-Padre-entregado la actitud filial del hombre Jesús no es la de un niño, que se ampara en el fantasma paterno, sino la de un adulto, que asume las consecuencias de su filiación hasta la entrega de su vida en aras de la obediencia.
Aunque la experiencia que tiene Jesús de Dios, y que nos narra el NT no acaba en esta visión, no podemos desarrollar otros aspectos. Sólo apuntaremos que Jesús vive la presencia de Dios como Padre, como amor, como fecundidad, como libertad, como alegría, como ternura, etc.
El Espíritu que Jesús nos envía.
Jesús vivió su filiación divina, vivió su relación con el Padre no como con un fantasma paterno, como la ilusión de un paranoico, sino con la realidad de una imagen simbólica, esto es, una realidad profunda, enraizada en el ser, previa a cualquier conceptualización y contrastada con la comunidad cultural humana. El paso de la imagen paterna falsa a la simbólica sólo se da por una conversión. O sea que es obra del Espíritu.
Advirtamos que en Jesús no se da la conversión del pecado a la gracia, pero sí se da la acción del Espíritu que lo va llevando por la obediencia al Padre. El camino de Jesús también es progresivo.
En el AT apenas aparece algún indicio que aluda al Espíritu. Aunque ya en Génesis 1,2 se habla del “ruaj Yahvé”, del aliento de Dios, a lo largo de toda la historia bíblica apenas hay referencias al Espíritu. Es más, para los doctores de la Ley es impensable una Trinidad en Dios. La figura del Espíritu es totalmente neotestamentaria y viene a romper el círculo de relación Padre-Hijo.
¿Cómo nos presenta el NT al Espíritu?
Lo presenta como:
Empuje38.
Libertad 39.
Comunión40.
Memoria41.
El Espíritu Santo es empuje, fuerza, energía de Dios.
El Espíritu aparece siempre en las narraciones bíblicas como el que suscita la existencia. Aparece en la creación dando orden al caos junto con Dios42. Dando origen también a los tiempos escatológicos haciendo concebir a María sin obra de varón43. Igualmente, impulsa a Jesús a comenzar su vida pública44. Lo resucita de entre los muertos45 y finalmente inaugura el tiempo de la iglesia en Pentecostés46.
El Espíritu es el origen de todos los comienzos. Comienzos proyectados hacia el futuro, que ya por ser tales, no son círculos, sino líneas de esperanza que es el fruto a su vez del Espíritu47.
El Espíritu es la fuerza que impulsa al individuo hacia el futuro, que lo lanza fuera de sí mismo en la búsqueda del otro y de la historia, para la creación continuada del paraíso, que no es el pasado, sino la realización plena del presente desde la perspectiva del porvenir escatológico.
El Espíritu, en cuanto energía que es procedente del Padre como fuente primera, no puede ser en modo alguno encorsetado. Es el Espíritu del Padre no encarnado en ninguna realidad histórica, sino manifestado por puro don en la experiencia del hombre. Ni la palabra, ni la experiencia, ni las instituciones, ni las iglesias, ni el poder, ni la ley, ni los partidos, ni el pensamiento, nada, absolutamente nada creado tiene la exclusiva del Espíritu, la exclusiva de la energía del Padre, que "sopla" cuando quiere y donde quiere. El soplo del Espíritu no está sólo en la sensatez, sino también en lo imprevisto, en la novedad, no sólo en lo cristiano, sino en el hombre, no sólo en el hombre, sino en lo creado, no está en lo que nosotros queramos que esté, sino donde él quiera estar.
El Espíritu es libertad.
Es una de la ideas fundamentales de la teología paulina48.
Existe, según Pablo, una oposición entre Espíritu de Jesús y ley. Él nos libera de la esclavitud de la ley, porque escribe la ley del hombre (no ya la de Moisés) en nuestro corazón.
El Espíritu se manifiesta siempre como verificador del hombre contra la falsificación constante a la que el hombre está sometido, sea por la ley como Absoluto, sea por cualquier otra cosa que esclavice al hombre. Verifica al hombre-Hombre, como imagen de Dios.
El ser humano se debate entre dos esclavitudes: o se esclaviza a su propio egoísmo, o se esclaviza a la ley que viene de fuera. El Espíritu regala al hombre la libertad de ambas esclavitudes, haciéndolo‚ y mostrándole, que es hijo del Padre, y que la fuente de su actuar es el amor filial hacia él, el amor fraternal para con todos los hombres y la comunión vital con la creación entera.
El Espíritu nos hace realmente hombres, verificando en nosotros lo que anunció Jesús que somos: hijos de Dios. Dando a nuestro ser su verdadera dimensión, y en consecuencia relativizando toda ley y toda realidad externa que no sea para el servicio y realización del hombre. Por eso el Espíritu nos hace libres para los hermanos, los seres humanos.
El Espíritu es comunión en la pluralidad y por consiguiente gozo (Gal. 5,22).
Ya Ireneo de Lyon decía en el siglo II:
"El Espíritu es el principio de armonía interior de cada hombre, que lo equilibra. Y principio de comunión con todos los hombres." 49
En la primitiva iglesia neotestamentaria aparece siempre el Espíritu como coordinador de la comunión entre los creyentes, nunca como unificador, porque siempre respeta las diferencias entre ellos. Así, eran muchas las lenguas que se hablaban el día de Pentecostés, pero cada uno entendía lo que se decía, eran muchos los servicios, eran muchos los dones que se entregaban a los distintos miembros de la comunidad, pero uno sólo el Amor. El Espíritu era la armonía que mantenía la comunión en la pluralidad, comunión de la que brotaba el gozo de la vida comunitaria.
El Espíritu de Jesús derramado en nuestros corazones es fuente de unión en medio de las diferencias, pero nunca destructor de las mismas, porque las diferencias no son conflictos a eliminar, sino riquezas a compartir en el gozo del amor.
Tan sólo una mentalidad infantil, encerrada en el fantasma paterno originario, tiene miedo a la diversidad, a la que percibe como destructora de sí misma, de su propio vacío personal. El hombre afianzado en el Espíritu del Padre sitúa el pluralismo en su verdadera realidad, en su alteridad y en su riqueza. El Espíritu de Jesús no viene a hacernos una sola identidad, sino a unirnos en comunión de gozo.
El Espíritu es memoria. Nos hace recordar la objetividad histórica de Jesús.
Al decir que es memoria, se está diciendo que es presencia y recuerdo50 sin confusión, ni separación entre ambas. Que es presencia creadora hoy, que actualiza al Jesús histórico como crítica de nuestra actitud.
Al afirmar la presencia del Espíritu estamos volviendo a lo apuntado ya, que el Espíritu es hoy: esperanza, fuerza, libertad. Una esperanza que va más allá de la misma historia de los hombres, y que, por tanto, no depende de por dónde sople el viento de la historia humana. Una fuerza que impulsa a la creación, sin desechar la sensatez. Una libertad que busca las raíces cosmoteándricas del hombre51.
Al afirmar que es recuerdo, se dice que hace presente al Jesús que vivió entre nosotros, al Jesús que, sin género de dudas, fue un hombre conflictivo, un hombre libre, que optó por los marginados y oprimidos, que introdujo en la historia los signos del Reino y que fue un fracasado según el enfoque de la historia humana.
Y, afirmando que el Espíritu es memoria, decimos que es presencia en el recuerdo, que es esperanza, libertad y fuerza en la conflictividad, que lo es en la lucha para la humanización de nuestra sociedad y en la preferencia por los pobres. En una palabra, que es la gran esperanza y consuelo para los hombres que intentan instaurar los valores del Reino en nuestro mundo, aunque el resultado sea el fracaso ante los ojos de todos.
Estamos tentados, hoy de manera particular, para no ver el Espíritu en esta dimensión de memoria, como presencia del rostro humano de Jesús. La mayor de las actuales "seducciones del Espíritu" está olvidando esa concreción de la memoria del Jesús histórico en la presencia de lo Humano, que es lo que discierne la originalidad cristiana.52 Incluso, en un cierto afán de darle entidad exclusiva a lo cristiano, lo hemos separado de lo humano, inventándonos un sobrenatural artificial, cuando lo verdaderamente “cristiano y sobrenatural” es vivir la profundidad de lo humano, la profundidad del proyecto del Padre sobre el hombre. La gracia no puede ser en manera alguna un añadido superficial que aliena al hombre, sino todo lo contrario. Por tanto, el sobrenatural no es más que los más auténticamente natural, es lo que de más profundo y auténtico hay en el hombre, lo radicalmente humano, según el proyecto del Padre.
martes, 9 de septiembre de 2008
sábado, 16 de agosto de 2008
CRECER
CRECER
Crecer es desarrollarse, el desarrollo es evolución y la evolución es transcendencia. Dice Erich Jantsch: “La evolución es autorealización a través de la autotranscendencia”.1 Y el objetivo final de la transcendencia (trans scandere, subir por encima y a través de) del crecimiento es la Conciencia de Unidad esencial en sólo Dios, lo que en la visión cristiana se llamaría la integración plenamente consciente en la relación que es la Trinidad. Esta es la finalidad de todo crecimiento desde el punto de vista religioso y el conocerla actúa y transforma profundamente la vida del conocedor. No podemos separar theoria y praxis sin caer en el dualismo.
El problema de la transcendencia ha preocupado y ocupado intensamente a todo pensador, que no es sino el amante (filo - sofo), interesado por la Realidad, pues todo filósofo, que no se contenta con una mera visión sensible, sino que quiere llegar al fondo del ser, a contactar siendo él mismo aquello con lo que contacta, es consciente de que todo evoluciona, o sea, de que todo se transciende. Cuando el hombre sale por el mar y por el bosque en busca de la Realidad, lo que busca es su propia voz, nos dice Tagore, convencido no sólo de que todos los humanos somos uno, sino de que lo somos todos los seres, o participamos en la relación trinitaria.
Transcender es lo mismo que desarrollarse, crecer o evolucionar (es negar y asumir a la vez lo inferior en lo superior2, como dice Hegel. Se niega lo individual, se asume lo colectivo y se añade un plus que emerge, así el hidrógeno -gas- se une al oxígeno -gas- y forman el agua -líquido-.), pero, parece que cuando se usa dicho término, estamos hablando de grandes cuestiones metafísicas, totalmente pasadas según los postmodernistas, y puede que así sea y lo haya sido en el pasado, pero, no necesariamente, por eso he titulado el presente escrito: “Crecer”, palabra que a nadie espanta, parece ser, y en buena medida es sinínima.
No pretendo más que aportar unas reflexiones, no escribir un tratado, que ayuden y me ayuden a entender que el crecimiento no sólo ha de abarcar el Amor hecho Servicio, cosa indudable, sino que ha de extenderse a todas las líneas de desarrollo de la persona. Y, por hacer un inciso destinado a quienes creemos en Jesús, el Cristo, quiero recordar que el gran evangelio del Amor (el IV), lo es también del Logos, de la Luz, del Agua, del Nacimiento por el Espíritu, de la Vida, de la Vid... todos símbolos que han de ser comprendidos en un abrazo sin dualidad por el hombre, en el que la mente es corazón y el corazón es mente, símbolos que requieren del Tercer Ojo, el de la contemplación, el de la sabiduría, para ser integrados en la vida, como nos enseñan los buenos escolásticos y recordar también a San Pablo en su primera carta a los Corintios en la que nos habla de los diferentes carismas y un solo Espíritu, y que cada uno ha de servir a los otros según su propio carisma y siempre en el Amor (Cap. 12,13,14). En el camino cristiano caben tanto S. Pablo, intelectual e iniciador de una teología cristiana, que ha inspirado los siglos posteriores, como una Madre Teresa de Calcuta que hizo su camino sirviendo a los marginados. Las fronteras que separan a la mente y el corazón las hemos puesto los hombres, son creación de nuestro raciocinio imperfecto, no son reales, como todas las fronteras que aparecen en nuestra conciencia. No hay Luz sin Amor, ni Logos sin Espíritu, no hay Trinidad sin relación de Fuerza, Originado y Amor. Cristo tanto es Luz como es Amor, es todo Amor y todo Luz sin separación ni división. Y la Luz y el Amor son no dos, son Servicio para que toda la humanidad y el Kosmos puedan ser el Reino.
Dicho esto, paso a la reflexiones prometidas.
En los últimos decenios se está desarrollando un estudio global (algo antes impensable) que cuenta todo lo que las distintas culturas habidas y actuales nos han dicho sobre el ser humano, a este estudio, que es obra de muchísimos expertos y pensadores, se le llama enfoque integral. En él se distinguen cinco elementos fundamentales de la Realidad y por ello del hombre, que son: “los cuadrantes, los estadios o niveles, las líneas,los estados y los tipos” Elementos que no son simples conceptos teóricos, puesto que en todo momento están disponibles en nuestra conciencia que no es sino el vacío donde aparecen en todo momento estos elementos. Atendiendo a los cinco, el enfoque integral del hombre nos permite vernos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea (empezando por el resto de los humanos) de un modo más compre(he)nsivo y eficaz.
Tratar sobre estos cinco elementos nos podría alargar mucho esta pequeña reflexión, por lo que voy a limitarla, de momento, a uno de ellos: el de las líneas de desarrollo (o crecimiento), que posiblemente sean las que más claramente nos muestran la evolución individual del hombre3. Pero antes, repasemos muy brevemente lo que son estos cinco rasgos de nuestra conciencia.
Los cuadrantes. Todo ser, si hablamos dentro de una ontología que se remonta hasta Platón y Aristóteles, o todo holón4, si hablamos con la visión que aporta una psicología evolutiva, tiene cuatro aspectos indisociables e irreductibles unos a otros que son:
el aspecto exterior individual (físico, material, corporal),
el aspecto interior individual (subjetivo, espiritual, intencional),
el aspecto exterior colectivo (lo social y la sociedad)
y el aspecto interior colectivo (la cultura y todo lo que conlleva).
Los estados de conciencia son realidades subjetivas, lo cual no quiere decir que sean caprichosas o arbitrarias5, sino que se dan en el mismo sujeto, en su interior y son tan reales como aquellas cosas que la ciencia llama objetivas. Hay muchos estados de conciencia como los meditativos (inducidos por una técnica), los alterados (inducidos por drogas), la experiencias cumbre( inducidas por experiencias intensas como oír buena música o ver bellos cuadros...).
Las grandes tradiciones de sabiduría sostienen que los tres grandes estados de conciencia son:
la vigilia,
el sueño con sueños
y el sueño sin sueños.
Los estadios o niveles de conciencia, son también subjetivos, o interiores al sujeto, no son temporales como los anteriores, sino permanentes y representan los hitos reales del proceso de crecimiento. El número de estadios es relativo, está en función de la escala de medir que se utilice, como pasa con todo lo que crece. Por ejemplo, ¿cuánta distancia hay entre dos puntos? La respuesta depende de que se utilicen metros, decámetros, hectómetros kilómetros para medir... el número con que expresamos la distancia será distinto, pero la distancia siempre es la misma.
Los estadios se llaman también niveles de desarrollo. Lo más normal es que se empleen entre ocho o diez niveles, los más altos de los cuales sólo lo alcanzan y han alcanzado los místicos. Estos niveles o estadios tienen mucho que ver con los memes que expuse en mi entrada anterior en este blog, titulada del “dualismo en la política”6. Hay quienes utilizan tres:
preconvencional o egocéntrico,
convencional o etnocéntrico
y postconvencional o mundicéntrico.
Los tipos son factores que pueden hallarse en todos o casi todos los estados y estadios, por ejemplo, masculino y femenino, sano o enfermizo...
Y las líneas...
Todos somos conscientes de lo irregular que es el crecimiento o desarrollo tanto en el cuerpo como en el alma, por usar unas palabras y unos conceptos (cuerpo y alma) que abundan en nuestra cultura. En el caso del cuerpo el desarrollo o crecimiento casi que lo hemos reducido a ser más grande en tamaño cuando se es adulto que cuando se es bebé o niño, pero, siempre será interesante recordar que no por mucho que crezca un/a niño/a para convertirse en hombre nunca tendrá ni un sólo músculo, ni un sólo hueso... más, si lo tuviera no crecería propiamente sino que se deformaría; aumentará el tamaño del corazón y del estómago... pero no cambiará su función. Sería estúpido afirmar que el niño/a no ha evolucionado físicamente porque mantenga la misma función del corazón, o el mismo número de huesos cuando llega a la edad adulta.
Pero, acercándonos a los niveles de la conciencia (no sólo de la moral, ni de la cognitiva, sino de la conciencia sin epítetos), nos damos cuenta de que vemos totalmente normal que el crecimiento sea muy desigual en unos aspectos de ésta con respecto a otros. Por ejemplo, puede una persona tener una erudición médica excepcional y carecer casi por completo de una moralidad adecuada, o puede una persona ser un/a gran artista en pintura y mostrar una inmadurez emocional o ser un depravado en el trato con las personas del otro sexo...
Howard Gardner ante este hecho esbozó la idea de las inteligencias múltiples.
Los hombres disponemos de una variada gama de inteligencias y unas crecen más que otras. Estas inteligencias múltiples son las líneas de desarrollo o crecimiento y hemos de ser conscientes de que unas son nuestras fortalezas y otras nuestras debilidades. Hemos de descubrir en qué sobresalimos, o somos mejores, porque en eso es en lo que hemos de prestar nuestra mayor colaboración para que este mundo sea cada día un poco mejor; el futbolista jugando al balón, el intelectual ofreciendo luz, el artista belleza, el político gestión adecuada a la sociedad... y todos dando pan al que tiene hambre, pero sobre todo enseñándole a conseguirlo (cuando sea posible) y siempre ayudándole a ser hombre.
Las inteligencias múltiples más estudiadas por los expertos son:
la cognitiva (¿De qué soy consciente?),
del yo (¿Quién soy yo?),
la de los valores (¿Qué es significativo para mí?),
la interpersonal (¿Cómo deberíamos relacionarnos?),
la moral (¿Qué debo hacer?),
la espiritual (¿Cuál es la preocupación última?), aunque sobre ésta hay una discusión entre los evolucionistas o desarrollistas, que en otro momento trataré,
la de las necesidades (¿Qué necesito?),
la kinestésica (¿Cómo debería hacer esto?),
la emocional (¿Cómo me siento al respecto?),
la estética (¿Qué es lo que más me gusta?).
Y dentro de cada una de estas caben otras y otras... La riqueza de la personalidad que tiende a la plenitud es inconmensurable, y la personalidad no es el límite del hombre7.
Todas estas líneas se desarrollan de forma relativamente independiente como ha mostrado la investigación sobre las mismas. Parece que las diferentes líneas de crecimiento son tipos de respuestas a las preguntas que la misma vida nos hace8.
Estas líneas crecen, van desarrollándose a lo largo de los niveles o estadios de los que hemos hablado anteriormente, y por escoger la división de estadios allá apuntada de tres grados diríamos que la línea moral, por ejemplo, va desde el estado egocéntrico o preconvencional del niño, que sólo se tiene en cuenta a sí mismo, al estadio convencional o etnocéntrico en el que considera al otro, pero sólo al que es de mi propia tribu, raza, nación, ideología, creencia, partido político o equipo de fútbol, para por último llegar al postconvencional (al que no todos llegan) o mundicéntrico que supera todas las fronteras impuestas en el estadio anterior, y considera al hombre por ser tal y más allá a la Totalidad del Kosmos que todo lo engloba, lo manifiesto (que siempre es relativo, como nuestra propia vida temporal9) y lo no manifiesto. Esto lo han estudiado detenidamente todos los desarrollistas, como es el caso de Carol Gilligan, Maslow, Piaget, Loevinger... y todos están de acuerdo en que no se ha llegado a un nivel superior que no pueda ser superado, el crecimiento está abierto... ¿hasta el infinito?.
Esto aplicado en cada línea es crecer y madurar. Lo que hoy es el nivel medio más alto adquirido en una línea, estado o visión mañana no lo será, pues la humanidad va siempre transcendiéndose, o sea creciendo en intencionalidad, cultura, relaciones interpersonales, conocimiento, amor, relaciones sociales, ciencia, arte..., aunque lo haga muy lentamente, con verdadera paciencia histórica. Comparemos, simplemente, al hombre de hace ocho mil años con el actual, para darnos cuenta de que la humanidad globalmente y, pese a sus involuciones, a veces largas, sigue caminando hacia el Punto Omega que nos dice Theilard. Y que individualmente el hombre también camina y crece, aunque parece que en estos tiempos lo hace aceleradamente en tecnología (que también es caminar) y casi no camina, o son pocos los que lo hacen, en humanidad, amor y servicio, pero, abramos bien los ojos...
José Antonio Carmona
Crecer es desarrollarse, el desarrollo es evolución y la evolución es transcendencia. Dice Erich Jantsch: “La evolución es autorealización a través de la autotranscendencia”.1 Y el objetivo final de la transcendencia (trans scandere, subir por encima y a través de) del crecimiento es la Conciencia de Unidad esencial en sólo Dios, lo que en la visión cristiana se llamaría la integración plenamente consciente en la relación que es la Trinidad. Esta es la finalidad de todo crecimiento desde el punto de vista religioso y el conocerla actúa y transforma profundamente la vida del conocedor. No podemos separar theoria y praxis sin caer en el dualismo.
El problema de la transcendencia ha preocupado y ocupado intensamente a todo pensador, que no es sino el amante (filo - sofo), interesado por la Realidad, pues todo filósofo, que no se contenta con una mera visión sensible, sino que quiere llegar al fondo del ser, a contactar siendo él mismo aquello con lo que contacta, es consciente de que todo evoluciona, o sea, de que todo se transciende. Cuando el hombre sale por el mar y por el bosque en busca de la Realidad, lo que busca es su propia voz, nos dice Tagore, convencido no sólo de que todos los humanos somos uno, sino de que lo somos todos los seres, o participamos en la relación trinitaria.
Transcender es lo mismo que desarrollarse, crecer o evolucionar (es negar y asumir a la vez lo inferior en lo superior2, como dice Hegel. Se niega lo individual, se asume lo colectivo y se añade un plus que emerge, así el hidrógeno -gas- se une al oxígeno -gas- y forman el agua -líquido-.), pero, parece que cuando se usa dicho término, estamos hablando de grandes cuestiones metafísicas, totalmente pasadas según los postmodernistas, y puede que así sea y lo haya sido en el pasado, pero, no necesariamente, por eso he titulado el presente escrito: “Crecer”, palabra que a nadie espanta, parece ser, y en buena medida es sinínima.
No pretendo más que aportar unas reflexiones, no escribir un tratado, que ayuden y me ayuden a entender que el crecimiento no sólo ha de abarcar el Amor hecho Servicio, cosa indudable, sino que ha de extenderse a todas las líneas de desarrollo de la persona. Y, por hacer un inciso destinado a quienes creemos en Jesús, el Cristo, quiero recordar que el gran evangelio del Amor (el IV), lo es también del Logos, de la Luz, del Agua, del Nacimiento por el Espíritu, de la Vida, de la Vid... todos símbolos que han de ser comprendidos en un abrazo sin dualidad por el hombre, en el que la mente es corazón y el corazón es mente, símbolos que requieren del Tercer Ojo, el de la contemplación, el de la sabiduría, para ser integrados en la vida, como nos enseñan los buenos escolásticos y recordar también a San Pablo en su primera carta a los Corintios en la que nos habla de los diferentes carismas y un solo Espíritu, y que cada uno ha de servir a los otros según su propio carisma y siempre en el Amor (Cap. 12,13,14). En el camino cristiano caben tanto S. Pablo, intelectual e iniciador de una teología cristiana, que ha inspirado los siglos posteriores, como una Madre Teresa de Calcuta que hizo su camino sirviendo a los marginados. Las fronteras que separan a la mente y el corazón las hemos puesto los hombres, son creación de nuestro raciocinio imperfecto, no son reales, como todas las fronteras que aparecen en nuestra conciencia. No hay Luz sin Amor, ni Logos sin Espíritu, no hay Trinidad sin relación de Fuerza, Originado y Amor. Cristo tanto es Luz como es Amor, es todo Amor y todo Luz sin separación ni división. Y la Luz y el Amor son no dos, son Servicio para que toda la humanidad y el Kosmos puedan ser el Reino.
Dicho esto, paso a la reflexiones prometidas.
En los últimos decenios se está desarrollando un estudio global (algo antes impensable) que cuenta todo lo que las distintas culturas habidas y actuales nos han dicho sobre el ser humano, a este estudio, que es obra de muchísimos expertos y pensadores, se le llama enfoque integral. En él se distinguen cinco elementos fundamentales de la Realidad y por ello del hombre, que son: “los cuadrantes, los estadios o niveles, las líneas,los estados y los tipos” Elementos que no son simples conceptos teóricos, puesto que en todo momento están disponibles en nuestra conciencia que no es sino el vacío donde aparecen en todo momento estos elementos. Atendiendo a los cinco, el enfoque integral del hombre nos permite vernos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea (empezando por el resto de los humanos) de un modo más compre(he)nsivo y eficaz.
Tratar sobre estos cinco elementos nos podría alargar mucho esta pequeña reflexión, por lo que voy a limitarla, de momento, a uno de ellos: el de las líneas de desarrollo (o crecimiento), que posiblemente sean las que más claramente nos muestran la evolución individual del hombre3. Pero antes, repasemos muy brevemente lo que son estos cinco rasgos de nuestra conciencia.
Los cuadrantes. Todo ser, si hablamos dentro de una ontología que se remonta hasta Platón y Aristóteles, o todo holón4, si hablamos con la visión que aporta una psicología evolutiva, tiene cuatro aspectos indisociables e irreductibles unos a otros que son:
el aspecto exterior individual (físico, material, corporal),
el aspecto interior individual (subjetivo, espiritual, intencional),
el aspecto exterior colectivo (lo social y la sociedad)
y el aspecto interior colectivo (la cultura y todo lo que conlleva).
Los estados de conciencia son realidades subjetivas, lo cual no quiere decir que sean caprichosas o arbitrarias5, sino que se dan en el mismo sujeto, en su interior y son tan reales como aquellas cosas que la ciencia llama objetivas. Hay muchos estados de conciencia como los meditativos (inducidos por una técnica), los alterados (inducidos por drogas), la experiencias cumbre( inducidas por experiencias intensas como oír buena música o ver bellos cuadros...).
Las grandes tradiciones de sabiduría sostienen que los tres grandes estados de conciencia son:
la vigilia,
el sueño con sueños
y el sueño sin sueños.
Los estadios o niveles de conciencia, son también subjetivos, o interiores al sujeto, no son temporales como los anteriores, sino permanentes y representan los hitos reales del proceso de crecimiento. El número de estadios es relativo, está en función de la escala de medir que se utilice, como pasa con todo lo que crece. Por ejemplo, ¿cuánta distancia hay entre dos puntos? La respuesta depende de que se utilicen metros, decámetros, hectómetros kilómetros para medir... el número con que expresamos la distancia será distinto, pero la distancia siempre es la misma.
Los estadios se llaman también niveles de desarrollo. Lo más normal es que se empleen entre ocho o diez niveles, los más altos de los cuales sólo lo alcanzan y han alcanzado los místicos. Estos niveles o estadios tienen mucho que ver con los memes que expuse en mi entrada anterior en este blog, titulada del “dualismo en la política”6. Hay quienes utilizan tres:
preconvencional o egocéntrico,
convencional o etnocéntrico
y postconvencional o mundicéntrico.
Los tipos son factores que pueden hallarse en todos o casi todos los estados y estadios, por ejemplo, masculino y femenino, sano o enfermizo...
Y las líneas...
Todos somos conscientes de lo irregular que es el crecimiento o desarrollo tanto en el cuerpo como en el alma, por usar unas palabras y unos conceptos (cuerpo y alma) que abundan en nuestra cultura. En el caso del cuerpo el desarrollo o crecimiento casi que lo hemos reducido a ser más grande en tamaño cuando se es adulto que cuando se es bebé o niño, pero, siempre será interesante recordar que no por mucho que crezca un/a niño/a para convertirse en hombre nunca tendrá ni un sólo músculo, ni un sólo hueso... más, si lo tuviera no crecería propiamente sino que se deformaría; aumentará el tamaño del corazón y del estómago... pero no cambiará su función. Sería estúpido afirmar que el niño/a no ha evolucionado físicamente porque mantenga la misma función del corazón, o el mismo número de huesos cuando llega a la edad adulta.
Pero, acercándonos a los niveles de la conciencia (no sólo de la moral, ni de la cognitiva, sino de la conciencia sin epítetos), nos damos cuenta de que vemos totalmente normal que el crecimiento sea muy desigual en unos aspectos de ésta con respecto a otros. Por ejemplo, puede una persona tener una erudición médica excepcional y carecer casi por completo de una moralidad adecuada, o puede una persona ser un/a gran artista en pintura y mostrar una inmadurez emocional o ser un depravado en el trato con las personas del otro sexo...
Howard Gardner ante este hecho esbozó la idea de las inteligencias múltiples.
Los hombres disponemos de una variada gama de inteligencias y unas crecen más que otras. Estas inteligencias múltiples son las líneas de desarrollo o crecimiento y hemos de ser conscientes de que unas son nuestras fortalezas y otras nuestras debilidades. Hemos de descubrir en qué sobresalimos, o somos mejores, porque en eso es en lo que hemos de prestar nuestra mayor colaboración para que este mundo sea cada día un poco mejor; el futbolista jugando al balón, el intelectual ofreciendo luz, el artista belleza, el político gestión adecuada a la sociedad... y todos dando pan al que tiene hambre, pero sobre todo enseñándole a conseguirlo (cuando sea posible) y siempre ayudándole a ser hombre.
Las inteligencias múltiples más estudiadas por los expertos son:
la cognitiva (¿De qué soy consciente?),
del yo (¿Quién soy yo?),
la de los valores (¿Qué es significativo para mí?),
la interpersonal (¿Cómo deberíamos relacionarnos?),
la moral (¿Qué debo hacer?),
la espiritual (¿Cuál es la preocupación última?), aunque sobre ésta hay una discusión entre los evolucionistas o desarrollistas, que en otro momento trataré,
la de las necesidades (¿Qué necesito?),
la kinestésica (¿Cómo debería hacer esto?),
la emocional (¿Cómo me siento al respecto?),
la estética (¿Qué es lo que más me gusta?).
Y dentro de cada una de estas caben otras y otras... La riqueza de la personalidad que tiende a la plenitud es inconmensurable, y la personalidad no es el límite del hombre7.
Todas estas líneas se desarrollan de forma relativamente independiente como ha mostrado la investigación sobre las mismas. Parece que las diferentes líneas de crecimiento son tipos de respuestas a las preguntas que la misma vida nos hace8.
Estas líneas crecen, van desarrollándose a lo largo de los niveles o estadios de los que hemos hablado anteriormente, y por escoger la división de estadios allá apuntada de tres grados diríamos que la línea moral, por ejemplo, va desde el estado egocéntrico o preconvencional del niño, que sólo se tiene en cuenta a sí mismo, al estadio convencional o etnocéntrico en el que considera al otro, pero sólo al que es de mi propia tribu, raza, nación, ideología, creencia, partido político o equipo de fútbol, para por último llegar al postconvencional (al que no todos llegan) o mundicéntrico que supera todas las fronteras impuestas en el estadio anterior, y considera al hombre por ser tal y más allá a la Totalidad del Kosmos que todo lo engloba, lo manifiesto (que siempre es relativo, como nuestra propia vida temporal9) y lo no manifiesto. Esto lo han estudiado detenidamente todos los desarrollistas, como es el caso de Carol Gilligan, Maslow, Piaget, Loevinger... y todos están de acuerdo en que no se ha llegado a un nivel superior que no pueda ser superado, el crecimiento está abierto... ¿hasta el infinito?.
Esto aplicado en cada línea es crecer y madurar. Lo que hoy es el nivel medio más alto adquirido en una línea, estado o visión mañana no lo será, pues la humanidad va siempre transcendiéndose, o sea creciendo en intencionalidad, cultura, relaciones interpersonales, conocimiento, amor, relaciones sociales, ciencia, arte..., aunque lo haga muy lentamente, con verdadera paciencia histórica. Comparemos, simplemente, al hombre de hace ocho mil años con el actual, para darnos cuenta de que la humanidad globalmente y, pese a sus involuciones, a veces largas, sigue caminando hacia el Punto Omega que nos dice Theilard. Y que individualmente el hombre también camina y crece, aunque parece que en estos tiempos lo hace aceleradamente en tecnología (que también es caminar) y casi no camina, o son pocos los que lo hacen, en humanidad, amor y servicio, pero, abramos bien los ojos...
José Antonio Carmona
jueves, 31 de julio de 2008
Del dualismo en la política
El dualismo (y lo no-dual) en la política
(Conservadores, progresistas y místicos)
El estudio del genoma humano ha atraído toda la atención de los medios científicos y los de información porque realmente es algo muy interesante en el conocimiento de la estructura biológica humana, pero, también porque vivimos en un mundo terriblemente chato, que ha eliminado de un plumazo todas las realidades del Universo que no sean perceptibles por los sentidos exteriores. Pero, junto al estudio del genoma, se ha hecho (y se sigue haciendo) una investigación que podría ser un correlato de la anterior, sobre la conciencia humana (en modo alguno me refiero a la conciencia moral-que tiene mucho de superego-, sino a la conciencia en general, que en el hombre se hace autoconciencia, y que es la manifestación del Espíritu en la biología por hacer una aproximación siempre inexacta).
Esta investigación de la conciencia consiste en llevar a cabo un “proceso de cartografiado intercultural de todos los estados, estructuras, memes, tipos, niveles, estadios y olas de la conciencia humana”1
Por lo que respecta a nuestra reflexión, de momento al menos, nos interesa seguir la teorías de las estructuras o memes, según la Spiral Dynamis. Y según ésta un meme es “un estadio básico del desarrollo que puede expresarse en cualquier actividad”. En definitiva, se trata de una visión estructurada del proceso de desarrollo de la conciencia humana que comienza en el estadio uno y termina en el diez, estadios que en vez de ser numerados se les identifica por colores. (Así lo decidieron los estudiosos Beck y Cowan, cuando participaban en los diálogos que contribuyeron a acabar con el appartheid).
No pensemos que estos memes son niveles rígidos de conciencia, más bien son como olas (término muy utilizado por los estudiosos del tema) fluidas, solapadas, interrelacionadas. Los memes son olas de la existencia y cada persona o grupo se halla fundamentalmente en una, pero, puede estar tocando también la anterior o la posterior. Por supuesto, cuando se estudian la líneas de desarrollo (la moral, la cognitiva, la espiritual, la de los valores, la de relaciones...) los niveles son muy distintos en cada una de ellas y en la misma persona.
Graves denomina a los seis primeros niveles “pensamiento de primer grado”, superados éstos, sucede una transformación en la conciencia y emergen los niveles del “pensamiento de segundo grado”. Emergencia que supone que el hombre toma conciencia de su desarrollo no sólo horizontal, sino también vertical, desarrollos que tienen mucho que ver con lo religioso y lo político. El desarrollo horizontal supone una acomodación dentro del nivel de conciencia en el que uno se encuentre, por ejemplo, cambiamos los muebles de lugar en nuestra casa. Adaptamos nuevos conceptos más acordes con las ideas actuales sobre la inmortalidad del alma. El desarrollo vertical supone la emergencia de un nuevo nivel de conciencia, dentro del cual integramos y transcendemos el anterior, por ejemplo, subir los muebles al piso de arriba. Pasar del estado mítico al racional...
Los niveles de primer grado son los siguientes:
1.Beige. Arcaico-instintivo. Nivel de la supervivencia básica (alimento, sexo, agua, calor, seguridad...). Apenas existe un yo diferenciado. Estos humanos se agrupaban en hordas.
2.Púrpura o magenta. Mágico-animístico. Pensamiento animista. Polarización entre el bien y el mal. Los espíritus están por todas partes y hay que satisfacerlos. Hechizos. Tribus étnicas. (Aún hoy día se dan estos tipos de humanos, y no muy lejos).
3.Rojo. Dioses del poder. Emergencia del héroe, ajeno a la tribu, poderoso, egocéntrico... es el surgimiento del ego. El mundo está lleno de espíritus míticos, dragones, ... muy poderosos. Fundamento de los imperios feudales (basados en el poder y la gloria). El mundo se divide en dominantes (señores que protegen) y dominados (los siervos de la gleba). Se hallan hoy en multitud de formas sociales.
4.Azul. Orden mítico. La vida tiene un sentido que no lo impone ni la magia, ni los héroes, sino un Otro que es todopoderoso. Este orden se sostiene en un código de conducta de principios absolutistas y fijos acerca de lo que está bien y de lo que está mal. Aceptar el código tiene su recompensa, violarlo su castigo. A menudo asume un aspecto religioso. Fundamento del pensamiento único, de las naciones, de las jerarquías sociales rígidas, del sentido de culpa, del fundamentalismo... se halla presente hoy en muchísimas estructuras y en muchísimas mentes. La Spiral Dynamis calcula que en el 40% de la población del mundo. Empezó en el Neolítico.
5.Naranja. Pensamiento racional y científico. En este nivel el yo toma conciencia de su individualidad, se libera de la mentalidad de rebaño, que tanto abundaba en el Medievo, y busca la verdad y el significado del a vida por su propia cuenta. No necesita de dogmas impuestos que aglutinen al rebaño2. El Mundo se presenta como una máquina que obedece sus propias leyes naturales y muy orientada hacia el beneficio material. Es el pensamiento de la Ilustración en general, pero también de la Bolsa, del mundo de la Empresa, de la Publicidad... Este pensamiento racional y científico se autoerigió en único en el mundo de Occidente y eliminó de un plumazo cualquier otra visión, sin pensar que todas ellas fueron las escaleras que ayudaron a los hombres a elevarse hasta ella. Y que todas contenían dentro un núcleo permanente de verdad. El 30% de la población está en muchos momentos en esta línea de conciencia.
6.Verde, también llamado del yo sensible. Este meme está centrado en la relación entre los hombres, en la llamada red de la vida y en la ecología. Sustituye la fría razón y los intereses materiales e individualistas por la atención a los demás y a la ecología, a la madre Tierra, Gaia. Es enemigo de toda jerarquía, pues piensa que ésta sólo puede ser fruto del abuso y del poder como paradigma del mal. “Presta atención a la espiritualidad, la armonía y el enriquecimiento del potencial humano. Fuertemente antijerárquico, igualitario, centrado en valores plurales...”3
Este pensamiento está presente en la ecología profunda, la teología de la liberación, el postmodernismo, la psicología humanista, los derechos humanos... y representa el 10% de la población.
Con la actualización del meme verde se da el salto hacia el pensamiento de segundo grado, al que hemos hecho referencia. Según Clare Graves se trata de un avance transcendental.
No podemos olvidar que estos niveles y todos no son propiamente niveles estáticos, sino como olas de conciencia en las que unas se solapan con las otras, aunque predomine una cresta, un pensamiento, una visión-creación de la Realidad. Y una ola engloba siempre la anterior, el meme verde engloba todos los anteriores, a la vez que los transciende y por tanto el mundo percibido y co-creado en este meme contiene a los anteriores, pero, a la vez, añade un plus que los anteriores no tenían. Así una célula transciende y engloba las moléculas, no las niega, sino que añade un plus que en la molécula no existe.
Además cada ola puede verse reactivada en respuesta a las circunstancias que se le presenten, ante un peligro puede ser activado el meme rojo, o el azul aunque la persona en concreto esté ya en el verde. Lo que no puede hacer cualquier meme del pensamiento de primer grado es darse cuenta de la existencia de los otros memes. Y así cada uno de ello piensa que su visión-co-creación del Mundo es única, exclusiva y la única válida.
El pensamiento de segundo grado apenas afecta al 2% de la población, es, por tanto, raro y es una auténtica vanguardia de la evolución colectiva del hombre. Esto afirman todos los estudiosos del tema con Beck y Cowan al frente. Sólo apuntaremos que en él también hay niveles, según han podido deducir estudiando a las personas que han llegado a esos niveles (los místicos), pero no sólo estudiando a otros, sino que algunos de esos estudiosos son verdaderos místicos que han seguido los pasos de otros místicos, han analizado sus propias experiencias y las han cotejado con las de los otros estudiosos-místicos para llegar a conclusiones comunes, como ha sucedido con buena parte de los integrantes del Integral Institute4.
Sobre estos niveles vamos a aportar algunos datos muy someros.
Por encima del meme verde colocan algunos que estudian la evolución de la conciencia el color turquesa, pero otros hablan de un color intermedio, el amarillo, o el esmeralda, pero a lo que se refiere a nuestro tema esto carece de importancia, así que los omitimos.
1.Turquesa, nivel en el que según Aurobindo se alcanza la mente superior o iluminada, la mente planetaria, una visión lógica intuitiva (no razonada)... y el espíritu es percibido (y se hace) holoarquía planetaria.
2. Añil. Mente global, iluminada (2º grado), espíritu como luz y amor infinitos.
3.Violeta. Metamente, claridad de la sobremente que engloba a todos los seres sensibles. Espíritu como interioridad radical y holoarquía infinita.
En el pensamiento de segundo grado, y sobre todo en los niveles añil y violeta la visión dual de la Realidad que tenemos en nuestra mente racional desaparece, las fronteras desaparecen, los enemigos desaparecen y por ello mismo las guerras desaparecen, y todo porque desaparece el otro, desaparece la dualidad. En el pensamiento de segundo grado caemos en la cuenta de que la Realidad no es dual, sino no-dual (que no es uno, pero tampoco dos). Hay un Sabio que afirma que la expresión de Jesús: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” dice: “Ama a tu prójimo como a ti (tú) mismo que es”. Jesús vivió los niveles más altos de la mística y experimentó y creó la no-dualidad de cuanto es. En una moneda nosotros con nuestra mente racional que no llega más que a la mitad de su evolución, vemos una cara y una cruz, pero entre ellas no hay separación, ni frontera, hay una sola realidad: la moneda. Lo mismo podemos decir del varón y la mujer, del tú y yo en el nosotros...En estos niveles de mente global, el místico no encuentra ningún yo, sino un Yo-yo, como decía Ramana Maharsi, o un Espíritu intimior íntimo meo que decía Agustín de Hipona.
Y nosotros caemos en la cuenta de que estamos fabricando un mundo incompleto, fragmentado y dividido con nuestra percepción racional de dualidad, de bueno y malo, bello y feo, varón y mujer, luz y obscuridad... No hay fronteras que separen, sino que unen y donde vemos bueno y malo lo que hay es ser, donde cara y cruz, moneda, donde luz y obscuridad, desarrollo, donde varón y mujer, hombre en el más pleno sentido de la palabra . El agua y la arena no se separan en la playa, sino que se besan... Y así, haremos del Kosmos un verdadero Universo no-dual.
Este desarrollo, o evolución, de la conciencia se ha ido desarrollando desde el Big Bang, y los niveles se desarrollan a través de ingentes cantidades de tiempo, aunque en la última parte de la evolución el desarrollo se hace más rápido.
Cada nivel ha tenido sus formas propias de desarrollo social y político, formas que en cada etapa fueron válidas y verdaderas y a las que no podemos juzgar desde la altura de conciencia que tenemos hoy. Mas, cuando se está en un proceso entre dos niveles, surge el problema, los más avanzados ven claramente las exigencias de un nivel superior que exige unas estructuras socio-políticas nuevas y una nueva conciencia que las administre, mientras que los que aún no se han movido del nivel anterior se oponen a todo cambio, que ni ven ni entienden. Y sin embargo, la conciencia continúa avanzando con paciencia histórica.
No nos vamos a entretener en las formas más primitivas, que van desde las hordas a las tribus, de estas a las pequeñas ciudades y más tarde a los imperios (Asiria, Egipto, Macedonia, Persia, Roma). Y finalmente a las naciones y al mundo globalizado, que son las formas actuales que nos interesan sobre todo en esta reflexión.
En definitiva, todo hombre no busca sino una respuesta y una solución para su sufrimiento y su libertad nunca acabada de realizar. Y es a esto a lo que en buena medida los partidos políticos han de dar respuesta, aglutinando y orientando lo colectivo.
Lo que ha sucedido y sigue sucediendo es que nos hemos movido y nos seguimos moviendo, tanto partidos como sociedad, en un terreno muy resbaladizo, en el dualismo en el que está inmersa nuestra mente, nuestro cuerpo, todos nosotros, y el dualismo al construir fronteras, está creando el enemigo y con él la ansiedad y el sufrimiento, el miedo y la falta de liberta. Los partidos están inmersos hasta tal punto en este dualismo que se han dividido entre sí, con visiones del mundo opuestas, a veces contradictorias y se han constituido en izquierdas y derechas (términos un tanto obsoletos), en progresistas y conservadores. División, fragmentación, separación, lucha...La manipulación ,la mentira y la hipocresía se han adueñado del mapa político... Cualquier cosa sirve para legar al poder y ¡qué poco se piensa en el servicio por parte de muchos políticos de profesión! ¿Es éste el camino para ayudar a la liberación del sufrimiento? Y entre tanto la sociedad sigue estando ahí, necesitando un liderazgo que la dirija hacia la libertad (¡qué mal empleada está esta palabra en muchas ocasiones!), o sea, la realización humana plena.
Estoy hablando de generalizaciones, que pueden ser orientadoras, que pueden servir para quizás fundamentar una acción política determinada orientada hacia lo no-dual, pero, sólo esto y nada más. Yo no soy un político profesional, sólo intento pensar desde la espiritualidad.
Si tu haces esta simple pregunta - Por qué sufren los seres
humanos? - obtendrás dos respuestas principales. La Derecha dirá, Sufres por ti mi mismo; la Izquierda dirá, Sufres por alguien mas.
Por ejemplo, ¿por qué son algunas personas pobres?
Ante esta pregunta se vuelven a dividir la Izquierda y la Derecha, los primeros ponen la causa del problema en lo exterior, y los segundos en el interior del individuo. Y se enfadan mucho unos contra otros.
El enfoque progresista de izquierda nace con la Ilustración, sobre todo con Rousseau y sigue con Marx. Según este punto de vista, los hombres nacen esencialmente libres y bondadosos, pero han de adaptarse a la sociedad y a la política que perpetúan la desigualdad social y la opresión. Para dar un ejemplo, el hombre más rico del mundo (quien sea en estos momentos) posee una fortuna más de un millón de veces superior a la de un obrero medio, y sería un disparate decir que ese hombre sea un millón de veces más listo, más trabajador, más sagaz... que el trabajador medio. Luego las diferencias entre las personas no justifican las diferencias de estatus y económicas, hay que buscar la causa fuera, en la sociedad que favorece excesivamente a algunos en contra de la mayoría. Y estos abusos en contra de la mayoría son los que han de ser corregidos buscando unas instituciones sociales más igualitarias.
La Izquierda, por ello, lucha por cambiar las estructuras sociales.
En este mismo sentido arguyen la filosofía y psicología humanistas, con Maslow a la cabeza.
El Conservador, que tiene sus orígenes mucho antes en el tiempo, en buena medida en la época de los Imperios, y se encarna de alguna manera, como en símbolo, en Freud (pese a la distancia en el tiempo son muchísimos hoy los que tienen la mentalidad mítica o conservadora, el salto hacia adelante cuesta una verdadera paciencia histórica) en cambio, piensa que la causa del desorden social está dentro del individuo, la causa es el sujeto no el objeto. Nacemos viciados, distintos unos a otros, jerarquizados, orientados hacia el mal. Las revoluciones no sirven para nada, pues dejan intactas las condiciones de la naturaleza humana. Por ello, si las instituciones objetivas son relativamente justas y democráticas no se ha de pensar en cambiarlas, lo mejor será dejar las cosas como están. Para los partidarios de esta visión política la falta de igualdad y de justicia social son absolutamente inevitables, pues son resultado de la propia naturaleza humana que es constitutivamente desigual, y los hombres unos albergan cualidades positivas y otros negativas.
Por lo que el Conservador recomienda desarrollo interior (educación del carácter, valores familiares, valores de Dios, diligencia, auto-responsabilidad, ética laboral); el Progresista recomienda desarrollo exterior (progreso material, redistribución económica, atención sanitaria universal, estado del bienestar).
Desde luego, hay toda clase de excepciones y mezclas. Pero más a menudo que no, esa es la diferencia básica genuinamente en la orientación socio-política entre el Progresista y el Conservador.
Esta es la razón por la que podrían ser llamado los Externalistas (Progresistas) y los Internalistas (Conservadores). Los E, que tienden hacia la izquierda política, dicen que los problemas sociales tienen que ser dirigidos a través de intervenciones exteriores (acción afirmativa, programas de gobierno para,reparar el daño del pasado y reforzar la justicia con los más desfavorecidos, como los inmigrantes...). Los I, que son proclives a ser conservativos, soluciones de estrés que requieren esfuerzos desde el interior: educación, trabajo duro, auto-motivación, moral, valores burgueses, gratificación aplazada, ...".
Vemos que los Conservadores tienen valores tradicionales ámbar (época del Imperio romano, en la que se formó la institución católica, que los asumió como divinos y definitivos ¡horror!, cuando sólo eran transitorios y temporales) muy fuertes. Por tanto, cuando dicen que el carácter cuenta, o que quieren inculcar valores en las personas, o que son el partido de los valores, casi siempre quieren decir sólo valores ámbar, valores tradicionales, valores etnocéntricos: nacionalismo, valores de familia, militarismo, patriotismo, patriarcalismo, mandatos bíblicos y moralidad de autoridad. No quieren decir valores verde, valores rojo, valores turquesa, etc.
Pero esa clase de movimiento político tradicional y conservador, fundamentado en la pertenencia mítica y el sistema de valor ámbar fue la forma de gobierno dominante para la mayor parte la la historia civilizada de la humanidad, oriental y occidental, desde el gran Periodo Axial (alrededor del SVI C.) hasta la Ilustración en occidente. Esta estructura de valor ámbar, y los sistemas de gobierno que soportaba, fueron los de los grandes imperios republicanos y las antiguas naciones, orientales y occidentales, del norte y del sur, siendo Roma una de las mas poderosas. Recordemos todos los absolutismos.
Pero el punto importante es notar que, precisamente cómo el espectro de la consciencia y la espiral de valores son constantemente regenerados - todo el mundo nace en el nivel 1 y empieza su crecimiento a través de la espiral como
existe en su cultura en ese tiempo - entonces, incluso en el mundo moderno naranja de hoy, los valores mágicos/magenta están todavía, y los valores egocéntricos/rojo, y los valores tradicionales/azul - y por tanto siempre habrá seres humanos que, parando en esas estaciones de valores en sus propias vidas, serán atraídos hacia lideres políticos, filosofías, y sistemas que dan voz a
estos valores - sus valores. Y así, como veremos, hay bloques rojo de votantes, y ámbar, y naranja y verde y así sucesivamente....
Empezando alrededor del 10.000 a. C., con la invención de la agricultura, la ola ámbar empezó a emerger, y consiguió una forma madura o dominante durante el primer milenio a. C. con Grecia y Roma siendo típicos, y continuó siendo el
modo dominante de consciencia ciertamente hasta las naciones nacientes que existieron en Europa en la era del Renacimiento. Desde luego, el punto total es que incluso si la cultura dominante de una sociedad es ámbar hay sin embargo, bolsillos de subculturas de todos los estadios primeros, donde muchas personas todavía residen, y un pequeño porcentaje en unos pocos estadios superiores también. Y así una cultura cuyo centro de gravedad es ámbar, todavía hallaremos grandes bolsillos de magenta y rojo al lado de ámbar, así como algunos naranja y verde. Sin embargo, la mayoría de sociedades tienen centro de gravedad y así un modo dominante de discurso que especialmente refleja la altitud de los sistemas gobernantes de esa sociedad.
Hasta alrededor del 1.200 a. C en occidente, el modo superior principal de consciencia promedio era ámbar tradicional. En sus formas sofisticadas, las grandes Repúblicas organizadas en ese estadio produjeron las raíces de los que hoy llamaríamos filosofía política conservadora – aristocrática, jerárquica, disciplinada, agrario-patriarcal, tradicional, orientada al valor ámbar, con énfasis en la defensa militar, identidad nacional, y religión etnocéntrica.
Pero empezando alrededor del Renacimiento y culminando con la Ilustración, un nivel enteramente nuevo de valores empezó a emerger - a saber, el sistema de valores naranja, moderno, excentricidad - y con él, un tipo radicalmente nuevo de filosofía política nació: el liberalismo.
El liberalismo reflejaba muchas cosas a la vez: un paso de las perspectivas etnocéntricas a las metacéntricas; de la monarquía/aristocracia a la democracia; de la esclavitud a la igualdad; de una sociedad informado por el mito a una informada por la ciencia; de un rol de identidad a una identidad del ego; del deber a la dignidad y el reconocimiento; de los valores etnocéntricos a los valores universales (especialmente la libertad, la igualdad, la solidaridad).
En resumen, involucró una transformación vertical en los niveles de consciencia: un paso de ámbar a naranja, de etnocéntrico a excentricidad, de convencional a pos convencional. Fue el nacimiento del liberalismo en la Ilustración moderna.
Pero, desde luego, la Ilustración occidental fue muchas otras cosas también, no todas ellas saludables. Sobre todo el llamado desencantamiento del mundo. Este desencantamiento no fue una definición de modernidad, sino de modernidad insana.
Pero con respecto a ese desencantamiento, ¿qué ocurrió? Que el arte y la moral quedaron reducidos a puras marionetas en el mundo de la ciencia, en el mundo sensoriomotor. El materialismo científico nació. La versión del mundo chato nació. Y el liberalismo nació con él. El liberalismo creció en la misma atmósfera chata, la atmósfera que reconocía solo los exteriores, solo la materia, solo las cosas que puedes ver ahí fuera - por eso precisamente, hasta este día, la mayoría de liberales solo puede pensar confortablemente sobre lo que tiene que ser fijado en los exteriores (tal como la economía) para hacer de la sociedad un mejor lugar. Pensar en los interiores fijados implicaría que algunos interiores son mejores o peores que otros, y los liberales normalmente reculan ante la implicación - paralizando así inadvertidamente cualquier desarrollo interior efectivo y centrándose casi exclusivamente en la ingeniería exterior de los sistemas sociales.
Pero hay también una razón muy positiva para la resistencia liberal a discutir el desarrollo interior, la separación de la iglesia y el estado. La filosofía política previa (el tradicionalismo conservador), procediendo de la ola mítico-pertenencia (ámbar) fue esencialmente una filosofía de la fusión iglesia-estado: el Faraón, Cesar o el Rey era o Dios o el representante de Dios, un sistema político de un solo partido y control enchufado en una religión etnocéntrica y en su único e incomparable Dios. El liberalismo deseaba ir más allá, desde este gobierno etnocéntrico al gobierno excentricidad basado no en los valores míticos religiosos o los valores familiares convencionales, sino en las libertades
posconvencionales extendidas a tantos individuos como sea posible. Por tanto la posición liberal general definitoria, cuando emergió por primera vez, es que el estado no promoverá oficialmente ninguna versión especifica o privilegiada de ninguna religión particular. Separación e la Iglesia y el Estado.
En términos simples, esto significa que el Estado no puede forzarte a pertenecer a ninguna religión. Previo a la modernidad, si pertenecías a cualquier religión diferente a la del estado-iglesia, tu existencia era tenue. A menudo, la cabeza del estado era también la cabeza de la religión (como fue cierto para muchos Faraones, Cesares, Khans, etc.), y así estar en desacuerdo con lo oficial era ser culpable tanto de crimen político de traición como de crimen religiosos de herejía, un castigo doble conocido por su crueldad. Recordemos la Inquisición, pero no olvidemos que la humanidad masivamente no había alcanzado el nivel naranja, influenciada como estaba por la institución católica y por el absolutismo de los reyes.
El Derecho precede a Dios, afirmaba en su postura el liberalismo - lo que significa, es tu derecho elegir tu propia religión, o ninguna religión. Es tu derecho, no el del estado, elegir tu versión de la buena vida. Por tanto, tu derecho precede a lo bueno, y puedes elegir cualquier bueno que quieras; mientras en las culturas tradicionales, la Buena vida (la religión) precede al Derecho_ la espiritualidad del grupo es la que tienes que aceptar, o la Diosa de la tribu es la que debes abrazar, o la religión del estado es la única buena permitida, y no tienes derecho a estar en desacuerdo
públicamente con ella o sin castigo severo, como se vio en tantos condenados por la Inquisición (Galileo, Hallaj, Giordano Bruno) - por no mencionar a quizás 200.000 paganos y brujas europeos quemados o apedreados por no adoptar la Buena vida correcta, la “religión verdadera”.
La separación de la iglesia y el estado pone fin a esa persecución. Es tu derecho adorar cuando, donde, a quien, a lo que, y como desees. El liberalismo, por tanto, recomienda lo que se conoce como la república procesal (donde el derecho precede a lo bueno), no la república sustantiva (donde lo bueno precede al derecho); y generalmente defiende las libertades negativas (la libertad de) mas coherentemente que las libertades positivas (la libertad para).
La posición liberal por tanto aboga por un tipo igualdad e incluso de igualitarismo. Pero en todos los casos, el énfasis está en la igualdad exterior y social. Las jerarquías interiores, las llamadas espirituales, aunque esta forma de hablar ha de ser revisada, son miradas con sospecha, como los interiores en general. Y, de hecho, en el liberalismo clásico de, digamos, Locke, los interiores son muy negados.
Pero hay una gran dificultad, una dificultad enorme con tal liberalismo: la propia capacidad de proteger y promover la igualdad universal es el PRODUCTO o el RESULTADO de varios estadios de crecimiento jerárquico interior (de egocéntrico a etnocéntrico a excentricidad - o de magenta a rojo a ámbar a naranja, por eso las democracias representativas no se muestran en ningún lugar de la historia hasta que el nivel naranja empieza a emerger).
La posición liberal que dice que todas la personas son iguales es en si misma un valor elite alcanzado solo por una minoría de la población en la mayoría de las épocas. El liberalismo es el resultados del desarrollo que comenzó en varios estadios jerárquicos anteriores que contenían elementos interiores, espirituales, y no sólo exteriores. Pero el liberalismo lo niega, pues niega todo lo interior, y todo ello porque surge del materialismo científico, del reduccionismo económico, que mantenía que todas las realidades verdaderamente importantes son ocasiones exteriores/sensoriomotoras.
Incluso los sistemas psicológicos que crecieron con el liberalismo ( el empirismo, el conductismo, el positivismo ) mantenían que el mundo interior no era nada excepto una serie de cuadros o representaciones del mundo exterior, que es el único mundo realmente real.
Desde el principio, el liberalismo por tanto entendió mal la génesis de su propia posición. Y falló en entender el hecho de que los valores liberales solo surgen a trabes de una serie de estadios de crecimiento interiores, anidados y jerárquicos del crecimiento.
Asia, el liberalismo trabaja muy duro para destruir el camino que lo produjo, todo el proceso de desarrollo interior de las anteriores etapas y en lugar de desarrollo interior, sólo admite desarrollo exterior que es el recomendado por el liberal del mundo chato. La mejora material y los cambios
económicos se convierten en los principales objetivos del gobierno - redistribuirla riqueza material, proveer el cuidado de salud física para todo el mundo, proveer el refugio físico para todo el mundo, proveer el alimento físico para todo el mundo, proveer el bienestar físico para todo el mundo. Todo lo cual es maravilloso, pero en si mismo, esto deja todos los valores, todos los interiores, todos los significados, todas las intenciones, toda espiritualidad, y toda profundidad para los conservadores, que a menudo representan una ola inferior el desarrollo (ámbar tradicional en vez de naranja moderno) pero que al menos no han olvidado los interiores!
El liberal entonces mira los valores conservadores típicos tradicionales-ámbar -que son etnocéntricos, nacionalistas, y patrióticos, pero que pueden caer fácilmente en homofobia y acoso a los homosexuales, sexismo y misoginia, militarismo e imperialismo - y dice, "Si eso es lo que queremos decir con instaurar los valores, entonces permaneceré fuera del juego de los valores" - fallando en ver que su propia ecuanimidad mundicéntrica es simplemente el siguiente estadio en la jerarquía anidada (u
horquillar) de valores desplegantes. El liberalismo así intenta escapar de los valores etnocéntricos, no abanderando transparentemente sus propios valores metacéntricos superiores (en si mismo lo Bueno), sino afirmando ser de valor neutral e igualitario, mientras de hecho está abanderando el siguiente estadio de la estructura de valores, la siguiente ola de los interiores, el filo de la vanguardia y el filo verdaderamente progresivo del desarrollo. Y a esto llama estar libre de valores y ser igualitario, mientras no es nada en absoluto.
El número de personas que están en el meme naranja o superior es menos del 30% en el mundo en general. Y el asunto en cualquier evento es que naranja mismo es un logro del desarrollo alcanzado solo en los estadios superiores, y si no llegas a esos estadios superiores, simplemente no generas liberalismo.
El caso es que, como vemos, los externalistas y los internalistas, los progresistas y los conservadores, los de izquierda y los de derechas ven al mundo y a la sociedad divididos en dos elementos enfrentados: el objeto y el sujeto, y ambos irreconciliables. El objeto está ahí, fuera de mí, es no-yo, mi negación. El sujeto es quien se enfrenta al objeto, soy yo, mi identidad, mi naturaleza que ya nace viciada, sea por el pecado original (para los internalistas católicos) o por cualquier otra causa. Y sujeto y objeto son siempre dos, el mundo está dividido en dos, y a partir de esta división que percibimos claramente, que nuestra razón ve se construye fundamentalmente la política dualista, la de todas las épocas.
Lógicamente yo, pobre de mí, no voy a proponer ninguna solución a un problema que lleva cientos de miles de años de existencia, con distintas características en cada nivel de conciencia o meme, como estudian los entendidos en el tema, simplemente quiero apuntar una reflexión que, por otra parte, no es novedosa, orientando, o tratando de enfocar la mente humana hacia los memes superiores con los que ni los conservadores ámbar, ni los liberales progresistas han contado en la historia de la humanidad. No pretendo afirmar que los místicos, y quede esto muy claro desde aquí, hayan de ser políticos que nos gestionen los asuntos públicos, sino que los políticos aspiren a la mística y se inspiren en ella, e incluso que algunos sean verdaderos místicos, como podemos afirmar de Gandhi o Mandela.
Dicho esto, entramos en la tercera parte de esta reflexión: la visión no-dual de la sociedad y del Universo.
Ya hemos dicho algo sobre la visión no-dual, aquella que no ve fronteras que separan, sino unidad que enlaza, aquella para la que no hay consideración de objeto y sujeto, sino de Totalidad en la que no hay separación, el objeto se integra en el sujeto formando un todo superior, como sucede en los átomos que se integran en las moléculas, o éstas en las células y ni los átomos, ni las moléculas desaparecen, sino que aparecen formando un nuevo cuerpo, que no existiría sin los elementos previos.
Esta es la visión transcendente, que se alcanza en los memes superiores, del turquesa hacia arriba. Visión que pone el problema de la falta de libertad y del sufrimiento de los humanos no en algo que el objeto haga con el sujeto, ni en la naturaleza del mismo sujeto, sino en la existencia de la dualidad previa que existe en nuestra mente entre objeto y sujeto. Por tanto, de lo que se trata no es de reprimir al yo, sino de transcenderlo, de ver a través del yo. Nosotros estamos convencidos, y con este convencimiento ha vivido la humanidad siempre, salvo las excepciones de los místicos, de que somos un “yo”, un yo verdadero, una identidad frente a todos y a todo. Pero, esto no es más que un error de nuestra mente que nos sitúa en el núcleo del sufrimiento y de la falta de libertad verdadera. Y al estar convencido de que somos una identidad, una persona independiente del resto aparece en seguida la ansiedad y el miedo, ansiedad porque somos autoconscientes y sabemos de nuestra temporalidad, y miedo al otro al que juzgamos como el enemigo que ataca nuestro yo.
Y así hemos actuado en el mundo político. El externalista lucha contra las instituciones para eliminar la ansiedad, y no es malo que así se haga, pero siendo conscientes de que la ansiedad esencial no desaparecerá luchando contra las instituciones, sino transcendiendo la identidad, mejor, esta sensación de identidad separada (del Universo, del Todo) que tenemos. Insistimos en que una distribución de los bienes de la naturaleza más equitativa puede provocar mucho bien. Igualmente en los ámbitos de la psicología y filosofía humanistas todas las terapias lo provocan, pero, no se trata de la solución definitiva.
Por otra parte, no se trata de que la naturaleza humana sea por sí misma agresiva, llena de ansiedad, falta de libertad...
sino de que donde están estos desórdenes es en la sensación de identidad separada (del Todo). Por ello, los humanos vamos buscando nuestra verdadera identidad (Cristo, Atman...) como afirma Pablo: “Mas ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí”, que vamos colocando en distintos objetos, cosas, valores según vas evolucionando nuestra conciencia desde el nivel arcaico-beige hasta llegar a la identidad con el Absoluto, Dios, Tao, Vacío, Trinidad...
Todos estos sustitutos de nuestra verdadera identidad no solucionan el problema del sufrimiento, ni de la libertad, como pretenden los partidos políticos de uno u otro aspecto. Porque mientras no transcendamos las fronteras el problema de la ansiedad y el miedo permanecerá.
Vemos como los políticos de uno y otro bando, más o menos desarrollados en la escala (o espiral) de la conciencia, más o menos aferrados a sus posturas, unas integristas y faltas de desarrollo, y otras nacidas en un mundo chato (falto de interioridad) que las incapacita pese a su desarrollo externo no pueden dar una respuesta plena al miedo estructural del hombre, a su falta de real libertad, y así, se van conformando con dar paliativos sustitutorios, como bienes materiales y sociales (muy necesarios por descontado, pues son reformas que se llevan a cabo en los niveles inferiores del desarrollo), o interioridades obsoletas que no dan respuesta a las exigencias de la sociedad más avanzada, y menos, respuestas con proyección hacia la verdadera Identidad de los hombres en su desarrollo hacia el Absoluto que ellos tratan de estancar, sin pretenderlo y sin saberlo.
El místico es quien se sitúa en el equilibrio entre los dos polos en los que nuestra mente dualista ha dividido la Realidad, y podría ser claramente quien orientara a la sociedad hacia su verdadero desarrollo. “El el místico quien posee el verdadero sustrato que puede reconciliar los dos polos... Así pues, desde nuestro punto de vista la solución definitiva a la falta de libertad no reside en los Externalistas, ni en los Internalistas, sino en la respuesta mística del despertar, de la metánoia, del satori...”(Wiber).
El hombre es una criatura sufriente, porque es autoconsciente, pero pueden dar un nuevo paso hacia adelante y transcender el yo y con él la muerte, tornándose identidad con lo Divino, como afirmó Plotino y con él todos los místicos. Si los políticos pierden de vista esta realidad, nos tendrán siempre orientados hacia el sufrimiento.
“El Padre y yo somos Uno” este yo referido a Jesús de Nazaret en el texto del evangelio y en la tradición de la institución católica, se hace universal en el Cristo resucitado. Todos somos ese Yo.
(Conservadores, progresistas y místicos)
El estudio del genoma humano ha atraído toda la atención de los medios científicos y los de información porque realmente es algo muy interesante en el conocimiento de la estructura biológica humana, pero, también porque vivimos en un mundo terriblemente chato, que ha eliminado de un plumazo todas las realidades del Universo que no sean perceptibles por los sentidos exteriores. Pero, junto al estudio del genoma, se ha hecho (y se sigue haciendo) una investigación que podría ser un correlato de la anterior, sobre la conciencia humana (en modo alguno me refiero a la conciencia moral-que tiene mucho de superego-, sino a la conciencia en general, que en el hombre se hace autoconciencia, y que es la manifestación del Espíritu en la biología por hacer una aproximación siempre inexacta).
Esta investigación de la conciencia consiste en llevar a cabo un “proceso de cartografiado intercultural de todos los estados, estructuras, memes, tipos, niveles, estadios y olas de la conciencia humana”1
Por lo que respecta a nuestra reflexión, de momento al menos, nos interesa seguir la teorías de las estructuras o memes, según la Spiral Dynamis. Y según ésta un meme es “un estadio básico del desarrollo que puede expresarse en cualquier actividad”. En definitiva, se trata de una visión estructurada del proceso de desarrollo de la conciencia humana que comienza en el estadio uno y termina en el diez, estadios que en vez de ser numerados se les identifica por colores. (Así lo decidieron los estudiosos Beck y Cowan, cuando participaban en los diálogos que contribuyeron a acabar con el appartheid).
No pensemos que estos memes son niveles rígidos de conciencia, más bien son como olas (término muy utilizado por los estudiosos del tema) fluidas, solapadas, interrelacionadas. Los memes son olas de la existencia y cada persona o grupo se halla fundamentalmente en una, pero, puede estar tocando también la anterior o la posterior. Por supuesto, cuando se estudian la líneas de desarrollo (la moral, la cognitiva, la espiritual, la de los valores, la de relaciones...) los niveles son muy distintos en cada una de ellas y en la misma persona.
Graves denomina a los seis primeros niveles “pensamiento de primer grado”, superados éstos, sucede una transformación en la conciencia y emergen los niveles del “pensamiento de segundo grado”. Emergencia que supone que el hombre toma conciencia de su desarrollo no sólo horizontal, sino también vertical, desarrollos que tienen mucho que ver con lo religioso y lo político. El desarrollo horizontal supone una acomodación dentro del nivel de conciencia en el que uno se encuentre, por ejemplo, cambiamos los muebles de lugar en nuestra casa. Adaptamos nuevos conceptos más acordes con las ideas actuales sobre la inmortalidad del alma. El desarrollo vertical supone la emergencia de un nuevo nivel de conciencia, dentro del cual integramos y transcendemos el anterior, por ejemplo, subir los muebles al piso de arriba. Pasar del estado mítico al racional...
Los niveles de primer grado son los siguientes:
1.Beige. Arcaico-instintivo. Nivel de la supervivencia básica (alimento, sexo, agua, calor, seguridad...). Apenas existe un yo diferenciado. Estos humanos se agrupaban en hordas.
2.Púrpura o magenta. Mágico-animístico. Pensamiento animista. Polarización entre el bien y el mal. Los espíritus están por todas partes y hay que satisfacerlos. Hechizos. Tribus étnicas. (Aún hoy día se dan estos tipos de humanos, y no muy lejos).
3.Rojo. Dioses del poder. Emergencia del héroe, ajeno a la tribu, poderoso, egocéntrico... es el surgimiento del ego. El mundo está lleno de espíritus míticos, dragones, ... muy poderosos. Fundamento de los imperios feudales (basados en el poder y la gloria). El mundo se divide en dominantes (señores que protegen) y dominados (los siervos de la gleba). Se hallan hoy en multitud de formas sociales.
4.Azul. Orden mítico. La vida tiene un sentido que no lo impone ni la magia, ni los héroes, sino un Otro que es todopoderoso. Este orden se sostiene en un código de conducta de principios absolutistas y fijos acerca de lo que está bien y de lo que está mal. Aceptar el código tiene su recompensa, violarlo su castigo. A menudo asume un aspecto religioso. Fundamento del pensamiento único, de las naciones, de las jerarquías sociales rígidas, del sentido de culpa, del fundamentalismo... se halla presente hoy en muchísimas estructuras y en muchísimas mentes. La Spiral Dynamis calcula que en el 40% de la población del mundo. Empezó en el Neolítico.
5.Naranja. Pensamiento racional y científico. En este nivel el yo toma conciencia de su individualidad, se libera de la mentalidad de rebaño, que tanto abundaba en el Medievo, y busca la verdad y el significado del a vida por su propia cuenta. No necesita de dogmas impuestos que aglutinen al rebaño2. El Mundo se presenta como una máquina que obedece sus propias leyes naturales y muy orientada hacia el beneficio material. Es el pensamiento de la Ilustración en general, pero también de la Bolsa, del mundo de la Empresa, de la Publicidad... Este pensamiento racional y científico se autoerigió en único en el mundo de Occidente y eliminó de un plumazo cualquier otra visión, sin pensar que todas ellas fueron las escaleras que ayudaron a los hombres a elevarse hasta ella. Y que todas contenían dentro un núcleo permanente de verdad. El 30% de la población está en muchos momentos en esta línea de conciencia.
6.Verde, también llamado del yo sensible. Este meme está centrado en la relación entre los hombres, en la llamada red de la vida y en la ecología. Sustituye la fría razón y los intereses materiales e individualistas por la atención a los demás y a la ecología, a la madre Tierra, Gaia. Es enemigo de toda jerarquía, pues piensa que ésta sólo puede ser fruto del abuso y del poder como paradigma del mal. “Presta atención a la espiritualidad, la armonía y el enriquecimiento del potencial humano. Fuertemente antijerárquico, igualitario, centrado en valores plurales...”3
Este pensamiento está presente en la ecología profunda, la teología de la liberación, el postmodernismo, la psicología humanista, los derechos humanos... y representa el 10% de la población.
Con la actualización del meme verde se da el salto hacia el pensamiento de segundo grado, al que hemos hecho referencia. Según Clare Graves se trata de un avance transcendental.
No podemos olvidar que estos niveles y todos no son propiamente niveles estáticos, sino como olas de conciencia en las que unas se solapan con las otras, aunque predomine una cresta, un pensamiento, una visión-creación de la Realidad. Y una ola engloba siempre la anterior, el meme verde engloba todos los anteriores, a la vez que los transciende y por tanto el mundo percibido y co-creado en este meme contiene a los anteriores, pero, a la vez, añade un plus que los anteriores no tenían. Así una célula transciende y engloba las moléculas, no las niega, sino que añade un plus que en la molécula no existe.
Además cada ola puede verse reactivada en respuesta a las circunstancias que se le presenten, ante un peligro puede ser activado el meme rojo, o el azul aunque la persona en concreto esté ya en el verde. Lo que no puede hacer cualquier meme del pensamiento de primer grado es darse cuenta de la existencia de los otros memes. Y así cada uno de ello piensa que su visión-co-creación del Mundo es única, exclusiva y la única válida.
El pensamiento de segundo grado apenas afecta al 2% de la población, es, por tanto, raro y es una auténtica vanguardia de la evolución colectiva del hombre. Esto afirman todos los estudiosos del tema con Beck y Cowan al frente. Sólo apuntaremos que en él también hay niveles, según han podido deducir estudiando a las personas que han llegado a esos niveles (los místicos), pero no sólo estudiando a otros, sino que algunos de esos estudiosos son verdaderos místicos que han seguido los pasos de otros místicos, han analizado sus propias experiencias y las han cotejado con las de los otros estudiosos-místicos para llegar a conclusiones comunes, como ha sucedido con buena parte de los integrantes del Integral Institute4.
Sobre estos niveles vamos a aportar algunos datos muy someros.
Por encima del meme verde colocan algunos que estudian la evolución de la conciencia el color turquesa, pero otros hablan de un color intermedio, el amarillo, o el esmeralda, pero a lo que se refiere a nuestro tema esto carece de importancia, así que los omitimos.
1.Turquesa, nivel en el que según Aurobindo se alcanza la mente superior o iluminada, la mente planetaria, una visión lógica intuitiva (no razonada)... y el espíritu es percibido (y se hace) holoarquía planetaria.
2. Añil. Mente global, iluminada (2º grado), espíritu como luz y amor infinitos.
3.Violeta. Metamente, claridad de la sobremente que engloba a todos los seres sensibles. Espíritu como interioridad radical y holoarquía infinita.
En el pensamiento de segundo grado, y sobre todo en los niveles añil y violeta la visión dual de la Realidad que tenemos en nuestra mente racional desaparece, las fronteras desaparecen, los enemigos desaparecen y por ello mismo las guerras desaparecen, y todo porque desaparece el otro, desaparece la dualidad. En el pensamiento de segundo grado caemos en la cuenta de que la Realidad no es dual, sino no-dual (que no es uno, pero tampoco dos). Hay un Sabio que afirma que la expresión de Jesús: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” dice: “Ama a tu prójimo como a ti (tú) mismo que es”. Jesús vivió los niveles más altos de la mística y experimentó y creó la no-dualidad de cuanto es. En una moneda nosotros con nuestra mente racional que no llega más que a la mitad de su evolución, vemos una cara y una cruz, pero entre ellas no hay separación, ni frontera, hay una sola realidad: la moneda. Lo mismo podemos decir del varón y la mujer, del tú y yo en el nosotros...En estos niveles de mente global, el místico no encuentra ningún yo, sino un Yo-yo, como decía Ramana Maharsi, o un Espíritu intimior íntimo meo que decía Agustín de Hipona.
Y nosotros caemos en la cuenta de que estamos fabricando un mundo incompleto, fragmentado y dividido con nuestra percepción racional de dualidad, de bueno y malo, bello y feo, varón y mujer, luz y obscuridad... No hay fronteras que separen, sino que unen y donde vemos bueno y malo lo que hay es ser, donde cara y cruz, moneda, donde luz y obscuridad, desarrollo, donde varón y mujer, hombre en el más pleno sentido de la palabra . El agua y la arena no se separan en la playa, sino que se besan... Y así, haremos del Kosmos un verdadero Universo no-dual.
Este desarrollo, o evolución, de la conciencia se ha ido desarrollando desde el Big Bang, y los niveles se desarrollan a través de ingentes cantidades de tiempo, aunque en la última parte de la evolución el desarrollo se hace más rápido.
Cada nivel ha tenido sus formas propias de desarrollo social y político, formas que en cada etapa fueron válidas y verdaderas y a las que no podemos juzgar desde la altura de conciencia que tenemos hoy. Mas, cuando se está en un proceso entre dos niveles, surge el problema, los más avanzados ven claramente las exigencias de un nivel superior que exige unas estructuras socio-políticas nuevas y una nueva conciencia que las administre, mientras que los que aún no se han movido del nivel anterior se oponen a todo cambio, que ni ven ni entienden. Y sin embargo, la conciencia continúa avanzando con paciencia histórica.
No nos vamos a entretener en las formas más primitivas, que van desde las hordas a las tribus, de estas a las pequeñas ciudades y más tarde a los imperios (Asiria, Egipto, Macedonia, Persia, Roma). Y finalmente a las naciones y al mundo globalizado, que son las formas actuales que nos interesan sobre todo en esta reflexión.
En definitiva, todo hombre no busca sino una respuesta y una solución para su sufrimiento y su libertad nunca acabada de realizar. Y es a esto a lo que en buena medida los partidos políticos han de dar respuesta, aglutinando y orientando lo colectivo.
Lo que ha sucedido y sigue sucediendo es que nos hemos movido y nos seguimos moviendo, tanto partidos como sociedad, en un terreno muy resbaladizo, en el dualismo en el que está inmersa nuestra mente, nuestro cuerpo, todos nosotros, y el dualismo al construir fronteras, está creando el enemigo y con él la ansiedad y el sufrimiento, el miedo y la falta de liberta. Los partidos están inmersos hasta tal punto en este dualismo que se han dividido entre sí, con visiones del mundo opuestas, a veces contradictorias y se han constituido en izquierdas y derechas (términos un tanto obsoletos), en progresistas y conservadores. División, fragmentación, separación, lucha...La manipulación ,la mentira y la hipocresía se han adueñado del mapa político... Cualquier cosa sirve para legar al poder y ¡qué poco se piensa en el servicio por parte de muchos políticos de profesión! ¿Es éste el camino para ayudar a la liberación del sufrimiento? Y entre tanto la sociedad sigue estando ahí, necesitando un liderazgo que la dirija hacia la libertad (¡qué mal empleada está esta palabra en muchas ocasiones!), o sea, la realización humana plena.
Estoy hablando de generalizaciones, que pueden ser orientadoras, que pueden servir para quizás fundamentar una acción política determinada orientada hacia lo no-dual, pero, sólo esto y nada más. Yo no soy un político profesional, sólo intento pensar desde la espiritualidad.
Si tu haces esta simple pregunta - Por qué sufren los seres
humanos? - obtendrás dos respuestas principales. La Derecha dirá, Sufres por ti mi mismo; la Izquierda dirá, Sufres por alguien mas.
Por ejemplo, ¿por qué son algunas personas pobres?
Ante esta pregunta se vuelven a dividir la Izquierda y la Derecha, los primeros ponen la causa del problema en lo exterior, y los segundos en el interior del individuo. Y se enfadan mucho unos contra otros.
El enfoque progresista de izquierda nace con la Ilustración, sobre todo con Rousseau y sigue con Marx. Según este punto de vista, los hombres nacen esencialmente libres y bondadosos, pero han de adaptarse a la sociedad y a la política que perpetúan la desigualdad social y la opresión. Para dar un ejemplo, el hombre más rico del mundo (quien sea en estos momentos) posee una fortuna más de un millón de veces superior a la de un obrero medio, y sería un disparate decir que ese hombre sea un millón de veces más listo, más trabajador, más sagaz... que el trabajador medio. Luego las diferencias entre las personas no justifican las diferencias de estatus y económicas, hay que buscar la causa fuera, en la sociedad que favorece excesivamente a algunos en contra de la mayoría. Y estos abusos en contra de la mayoría son los que han de ser corregidos buscando unas instituciones sociales más igualitarias.
La Izquierda, por ello, lucha por cambiar las estructuras sociales.
En este mismo sentido arguyen la filosofía y psicología humanistas, con Maslow a la cabeza.
El Conservador, que tiene sus orígenes mucho antes en el tiempo, en buena medida en la época de los Imperios, y se encarna de alguna manera, como en símbolo, en Freud (pese a la distancia en el tiempo son muchísimos hoy los que tienen la mentalidad mítica o conservadora, el salto hacia adelante cuesta una verdadera paciencia histórica) en cambio, piensa que la causa del desorden social está dentro del individuo, la causa es el sujeto no el objeto. Nacemos viciados, distintos unos a otros, jerarquizados, orientados hacia el mal. Las revoluciones no sirven para nada, pues dejan intactas las condiciones de la naturaleza humana. Por ello, si las instituciones objetivas son relativamente justas y democráticas no se ha de pensar en cambiarlas, lo mejor será dejar las cosas como están. Para los partidarios de esta visión política la falta de igualdad y de justicia social son absolutamente inevitables, pues son resultado de la propia naturaleza humana que es constitutivamente desigual, y los hombres unos albergan cualidades positivas y otros negativas.
Por lo que el Conservador recomienda desarrollo interior (educación del carácter, valores familiares, valores de Dios, diligencia, auto-responsabilidad, ética laboral); el Progresista recomienda desarrollo exterior (progreso material, redistribución económica, atención sanitaria universal, estado del bienestar).
Desde luego, hay toda clase de excepciones y mezclas. Pero más a menudo que no, esa es la diferencia básica genuinamente en la orientación socio-política entre el Progresista y el Conservador.
Esta es la razón por la que podrían ser llamado los Externalistas (Progresistas) y los Internalistas (Conservadores). Los E, que tienden hacia la izquierda política, dicen que los problemas sociales tienen que ser dirigidos a través de intervenciones exteriores (acción afirmativa, programas de gobierno para,reparar el daño del pasado y reforzar la justicia con los más desfavorecidos, como los inmigrantes...). Los I, que son proclives a ser conservativos, soluciones de estrés que requieren esfuerzos desde el interior: educación, trabajo duro, auto-motivación, moral, valores burgueses, gratificación aplazada, ...".
Vemos que los Conservadores tienen valores tradicionales ámbar (época del Imperio romano, en la que se formó la institución católica, que los asumió como divinos y definitivos ¡horror!, cuando sólo eran transitorios y temporales) muy fuertes. Por tanto, cuando dicen que el carácter cuenta, o que quieren inculcar valores en las personas, o que son el partido de los valores, casi siempre quieren decir sólo valores ámbar, valores tradicionales, valores etnocéntricos: nacionalismo, valores de familia, militarismo, patriotismo, patriarcalismo, mandatos bíblicos y moralidad de autoridad. No quieren decir valores verde, valores rojo, valores turquesa, etc.
Pero esa clase de movimiento político tradicional y conservador, fundamentado en la pertenencia mítica y el sistema de valor ámbar fue la forma de gobierno dominante para la mayor parte la la historia civilizada de la humanidad, oriental y occidental, desde el gran Periodo Axial (alrededor del SVI C.) hasta la Ilustración en occidente. Esta estructura de valor ámbar, y los sistemas de gobierno que soportaba, fueron los de los grandes imperios republicanos y las antiguas naciones, orientales y occidentales, del norte y del sur, siendo Roma una de las mas poderosas. Recordemos todos los absolutismos.
Pero el punto importante es notar que, precisamente cómo el espectro de la consciencia y la espiral de valores son constantemente regenerados - todo el mundo nace en el nivel 1 y empieza su crecimiento a través de la espiral como
existe en su cultura en ese tiempo - entonces, incluso en el mundo moderno naranja de hoy, los valores mágicos/magenta están todavía, y los valores egocéntricos/rojo, y los valores tradicionales/azul - y por tanto siempre habrá seres humanos que, parando en esas estaciones de valores en sus propias vidas, serán atraídos hacia lideres políticos, filosofías, y sistemas que dan voz a
estos valores - sus valores. Y así, como veremos, hay bloques rojo de votantes, y ámbar, y naranja y verde y así sucesivamente....
Empezando alrededor del 10.000 a. C., con la invención de la agricultura, la ola ámbar empezó a emerger, y consiguió una forma madura o dominante durante el primer milenio a. C. con Grecia y Roma siendo típicos, y continuó siendo el
modo dominante de consciencia ciertamente hasta las naciones nacientes que existieron en Europa en la era del Renacimiento. Desde luego, el punto total es que incluso si la cultura dominante de una sociedad es ámbar hay sin embargo, bolsillos de subculturas de todos los estadios primeros, donde muchas personas todavía residen, y un pequeño porcentaje en unos pocos estadios superiores también. Y así una cultura cuyo centro de gravedad es ámbar, todavía hallaremos grandes bolsillos de magenta y rojo al lado de ámbar, así como algunos naranja y verde. Sin embargo, la mayoría de sociedades tienen centro de gravedad y así un modo dominante de discurso que especialmente refleja la altitud de los sistemas gobernantes de esa sociedad.
Hasta alrededor del 1.200 a. C en occidente, el modo superior principal de consciencia promedio era ámbar tradicional. En sus formas sofisticadas, las grandes Repúblicas organizadas en ese estadio produjeron las raíces de los que hoy llamaríamos filosofía política conservadora – aristocrática, jerárquica, disciplinada, agrario-patriarcal, tradicional, orientada al valor ámbar, con énfasis en la defensa militar, identidad nacional, y religión etnocéntrica.
Pero empezando alrededor del Renacimiento y culminando con la Ilustración, un nivel enteramente nuevo de valores empezó a emerger - a saber, el sistema de valores naranja, moderno, excentricidad - y con él, un tipo radicalmente nuevo de filosofía política nació: el liberalismo.
El liberalismo reflejaba muchas cosas a la vez: un paso de las perspectivas etnocéntricas a las metacéntricas; de la monarquía/aristocracia a la democracia; de la esclavitud a la igualdad; de una sociedad informado por el mito a una informada por la ciencia; de un rol de identidad a una identidad del ego; del deber a la dignidad y el reconocimiento; de los valores etnocéntricos a los valores universales (especialmente la libertad, la igualdad, la solidaridad).
En resumen, involucró una transformación vertical en los niveles de consciencia: un paso de ámbar a naranja, de etnocéntrico a excentricidad, de convencional a pos convencional. Fue el nacimiento del liberalismo en la Ilustración moderna.
Pero, desde luego, la Ilustración occidental fue muchas otras cosas también, no todas ellas saludables. Sobre todo el llamado desencantamiento del mundo. Este desencantamiento no fue una definición de modernidad, sino de modernidad insana.
Pero con respecto a ese desencantamiento, ¿qué ocurrió? Que el arte y la moral quedaron reducidos a puras marionetas en el mundo de la ciencia, en el mundo sensoriomotor. El materialismo científico nació. La versión del mundo chato nació. Y el liberalismo nació con él. El liberalismo creció en la misma atmósfera chata, la atmósfera que reconocía solo los exteriores, solo la materia, solo las cosas que puedes ver ahí fuera - por eso precisamente, hasta este día, la mayoría de liberales solo puede pensar confortablemente sobre lo que tiene que ser fijado en los exteriores (tal como la economía) para hacer de la sociedad un mejor lugar. Pensar en los interiores fijados implicaría que algunos interiores son mejores o peores que otros, y los liberales normalmente reculan ante la implicación - paralizando así inadvertidamente cualquier desarrollo interior efectivo y centrándose casi exclusivamente en la ingeniería exterior de los sistemas sociales.
Pero hay también una razón muy positiva para la resistencia liberal a discutir el desarrollo interior, la separación de la iglesia y el estado. La filosofía política previa (el tradicionalismo conservador), procediendo de la ola mítico-pertenencia (ámbar) fue esencialmente una filosofía de la fusión iglesia-estado: el Faraón, Cesar o el Rey era o Dios o el representante de Dios, un sistema político de un solo partido y control enchufado en una religión etnocéntrica y en su único e incomparable Dios. El liberalismo deseaba ir más allá, desde este gobierno etnocéntrico al gobierno excentricidad basado no en los valores míticos religiosos o los valores familiares convencionales, sino en las libertades
posconvencionales extendidas a tantos individuos como sea posible. Por tanto la posición liberal general definitoria, cuando emergió por primera vez, es que el estado no promoverá oficialmente ninguna versión especifica o privilegiada de ninguna religión particular. Separación e la Iglesia y el Estado.
En términos simples, esto significa que el Estado no puede forzarte a pertenecer a ninguna religión. Previo a la modernidad, si pertenecías a cualquier religión diferente a la del estado-iglesia, tu existencia era tenue. A menudo, la cabeza del estado era también la cabeza de la religión (como fue cierto para muchos Faraones, Cesares, Khans, etc.), y así estar en desacuerdo con lo oficial era ser culpable tanto de crimen político de traición como de crimen religiosos de herejía, un castigo doble conocido por su crueldad. Recordemos la Inquisición, pero no olvidemos que la humanidad masivamente no había alcanzado el nivel naranja, influenciada como estaba por la institución católica y por el absolutismo de los reyes.
El Derecho precede a Dios, afirmaba en su postura el liberalismo - lo que significa, es tu derecho elegir tu propia religión, o ninguna religión. Es tu derecho, no el del estado, elegir tu versión de la buena vida. Por tanto, tu derecho precede a lo bueno, y puedes elegir cualquier bueno que quieras; mientras en las culturas tradicionales, la Buena vida (la religión) precede al Derecho_ la espiritualidad del grupo es la que tienes que aceptar, o la Diosa de la tribu es la que debes abrazar, o la religión del estado es la única buena permitida, y no tienes derecho a estar en desacuerdo
públicamente con ella o sin castigo severo, como se vio en tantos condenados por la Inquisición (Galileo, Hallaj, Giordano Bruno) - por no mencionar a quizás 200.000 paganos y brujas europeos quemados o apedreados por no adoptar la Buena vida correcta, la “religión verdadera”.
La separación de la iglesia y el estado pone fin a esa persecución. Es tu derecho adorar cuando, donde, a quien, a lo que, y como desees. El liberalismo, por tanto, recomienda lo que se conoce como la república procesal (donde el derecho precede a lo bueno), no la república sustantiva (donde lo bueno precede al derecho); y generalmente defiende las libertades negativas (la libertad de) mas coherentemente que las libertades positivas (la libertad para).
La posición liberal por tanto aboga por un tipo igualdad e incluso de igualitarismo. Pero en todos los casos, el énfasis está en la igualdad exterior y social. Las jerarquías interiores, las llamadas espirituales, aunque esta forma de hablar ha de ser revisada, son miradas con sospecha, como los interiores en general. Y, de hecho, en el liberalismo clásico de, digamos, Locke, los interiores son muy negados.
Pero hay una gran dificultad, una dificultad enorme con tal liberalismo: la propia capacidad de proteger y promover la igualdad universal es el PRODUCTO o el RESULTADO de varios estadios de crecimiento jerárquico interior (de egocéntrico a etnocéntrico a excentricidad - o de magenta a rojo a ámbar a naranja, por eso las democracias representativas no se muestran en ningún lugar de la historia hasta que el nivel naranja empieza a emerger).
La posición liberal que dice que todas la personas son iguales es en si misma un valor elite alcanzado solo por una minoría de la población en la mayoría de las épocas. El liberalismo es el resultados del desarrollo que comenzó en varios estadios jerárquicos anteriores que contenían elementos interiores, espirituales, y no sólo exteriores. Pero el liberalismo lo niega, pues niega todo lo interior, y todo ello porque surge del materialismo científico, del reduccionismo económico, que mantenía que todas las realidades verdaderamente importantes son ocasiones exteriores/sensoriomotoras.
Incluso los sistemas psicológicos que crecieron con el liberalismo ( el empirismo, el conductismo, el positivismo ) mantenían que el mundo interior no era nada excepto una serie de cuadros o representaciones del mundo exterior, que es el único mundo realmente real.
Desde el principio, el liberalismo por tanto entendió mal la génesis de su propia posición. Y falló en entender el hecho de que los valores liberales solo surgen a trabes de una serie de estadios de crecimiento interiores, anidados y jerárquicos del crecimiento.
Asia, el liberalismo trabaja muy duro para destruir el camino que lo produjo, todo el proceso de desarrollo interior de las anteriores etapas y en lugar de desarrollo interior, sólo admite desarrollo exterior que es el recomendado por el liberal del mundo chato. La mejora material y los cambios
económicos se convierten en los principales objetivos del gobierno - redistribuirla riqueza material, proveer el cuidado de salud física para todo el mundo, proveer el refugio físico para todo el mundo, proveer el alimento físico para todo el mundo, proveer el bienestar físico para todo el mundo. Todo lo cual es maravilloso, pero en si mismo, esto deja todos los valores, todos los interiores, todos los significados, todas las intenciones, toda espiritualidad, y toda profundidad para los conservadores, que a menudo representan una ola inferior el desarrollo (ámbar tradicional en vez de naranja moderno) pero que al menos no han olvidado los interiores!
El liberal entonces mira los valores conservadores típicos tradicionales-ámbar -que son etnocéntricos, nacionalistas, y patrióticos, pero que pueden caer fácilmente en homofobia y acoso a los homosexuales, sexismo y misoginia, militarismo e imperialismo - y dice, "Si eso es lo que queremos decir con instaurar los valores, entonces permaneceré fuera del juego de los valores" - fallando en ver que su propia ecuanimidad mundicéntrica es simplemente el siguiente estadio en la jerarquía anidada (u
horquillar) de valores desplegantes. El liberalismo así intenta escapar de los valores etnocéntricos, no abanderando transparentemente sus propios valores metacéntricos superiores (en si mismo lo Bueno), sino afirmando ser de valor neutral e igualitario, mientras de hecho está abanderando el siguiente estadio de la estructura de valores, la siguiente ola de los interiores, el filo de la vanguardia y el filo verdaderamente progresivo del desarrollo. Y a esto llama estar libre de valores y ser igualitario, mientras no es nada en absoluto.
El número de personas que están en el meme naranja o superior es menos del 30% en el mundo en general. Y el asunto en cualquier evento es que naranja mismo es un logro del desarrollo alcanzado solo en los estadios superiores, y si no llegas a esos estadios superiores, simplemente no generas liberalismo.
El caso es que, como vemos, los externalistas y los internalistas, los progresistas y los conservadores, los de izquierda y los de derechas ven al mundo y a la sociedad divididos en dos elementos enfrentados: el objeto y el sujeto, y ambos irreconciliables. El objeto está ahí, fuera de mí, es no-yo, mi negación. El sujeto es quien se enfrenta al objeto, soy yo, mi identidad, mi naturaleza que ya nace viciada, sea por el pecado original (para los internalistas católicos) o por cualquier otra causa. Y sujeto y objeto son siempre dos, el mundo está dividido en dos, y a partir de esta división que percibimos claramente, que nuestra razón ve se construye fundamentalmente la política dualista, la de todas las épocas.
Lógicamente yo, pobre de mí, no voy a proponer ninguna solución a un problema que lleva cientos de miles de años de existencia, con distintas características en cada nivel de conciencia o meme, como estudian los entendidos en el tema, simplemente quiero apuntar una reflexión que, por otra parte, no es novedosa, orientando, o tratando de enfocar la mente humana hacia los memes superiores con los que ni los conservadores ámbar, ni los liberales progresistas han contado en la historia de la humanidad. No pretendo afirmar que los místicos, y quede esto muy claro desde aquí, hayan de ser políticos que nos gestionen los asuntos públicos, sino que los políticos aspiren a la mística y se inspiren en ella, e incluso que algunos sean verdaderos místicos, como podemos afirmar de Gandhi o Mandela.
Dicho esto, entramos en la tercera parte de esta reflexión: la visión no-dual de la sociedad y del Universo.
Ya hemos dicho algo sobre la visión no-dual, aquella que no ve fronteras que separan, sino unidad que enlaza, aquella para la que no hay consideración de objeto y sujeto, sino de Totalidad en la que no hay separación, el objeto se integra en el sujeto formando un todo superior, como sucede en los átomos que se integran en las moléculas, o éstas en las células y ni los átomos, ni las moléculas desaparecen, sino que aparecen formando un nuevo cuerpo, que no existiría sin los elementos previos.
Esta es la visión transcendente, que se alcanza en los memes superiores, del turquesa hacia arriba. Visión que pone el problema de la falta de libertad y del sufrimiento de los humanos no en algo que el objeto haga con el sujeto, ni en la naturaleza del mismo sujeto, sino en la existencia de la dualidad previa que existe en nuestra mente entre objeto y sujeto. Por tanto, de lo que se trata no es de reprimir al yo, sino de transcenderlo, de ver a través del yo. Nosotros estamos convencidos, y con este convencimiento ha vivido la humanidad siempre, salvo las excepciones de los místicos, de que somos un “yo”, un yo verdadero, una identidad frente a todos y a todo. Pero, esto no es más que un error de nuestra mente que nos sitúa en el núcleo del sufrimiento y de la falta de libertad verdadera. Y al estar convencido de que somos una identidad, una persona independiente del resto aparece en seguida la ansiedad y el miedo, ansiedad porque somos autoconscientes y sabemos de nuestra temporalidad, y miedo al otro al que juzgamos como el enemigo que ataca nuestro yo.
Y así hemos actuado en el mundo político. El externalista lucha contra las instituciones para eliminar la ansiedad, y no es malo que así se haga, pero siendo conscientes de que la ansiedad esencial no desaparecerá luchando contra las instituciones, sino transcendiendo la identidad, mejor, esta sensación de identidad separada (del Universo, del Todo) que tenemos. Insistimos en que una distribución de los bienes de la naturaleza más equitativa puede provocar mucho bien. Igualmente en los ámbitos de la psicología y filosofía humanistas todas las terapias lo provocan, pero, no se trata de la solución definitiva.
Por otra parte, no se trata de que la naturaleza humana sea por sí misma agresiva, llena de ansiedad, falta de libertad...
sino de que donde están estos desórdenes es en la sensación de identidad separada (del Todo). Por ello, los humanos vamos buscando nuestra verdadera identidad (Cristo, Atman...) como afirma Pablo: “Mas ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí”, que vamos colocando en distintos objetos, cosas, valores según vas evolucionando nuestra conciencia desde el nivel arcaico-beige hasta llegar a la identidad con el Absoluto, Dios, Tao, Vacío, Trinidad...
Todos estos sustitutos de nuestra verdadera identidad no solucionan el problema del sufrimiento, ni de la libertad, como pretenden los partidos políticos de uno u otro aspecto. Porque mientras no transcendamos las fronteras el problema de la ansiedad y el miedo permanecerá.
Vemos como los políticos de uno y otro bando, más o menos desarrollados en la escala (o espiral) de la conciencia, más o menos aferrados a sus posturas, unas integristas y faltas de desarrollo, y otras nacidas en un mundo chato (falto de interioridad) que las incapacita pese a su desarrollo externo no pueden dar una respuesta plena al miedo estructural del hombre, a su falta de real libertad, y así, se van conformando con dar paliativos sustitutorios, como bienes materiales y sociales (muy necesarios por descontado, pues son reformas que se llevan a cabo en los niveles inferiores del desarrollo), o interioridades obsoletas que no dan respuesta a las exigencias de la sociedad más avanzada, y menos, respuestas con proyección hacia la verdadera Identidad de los hombres en su desarrollo hacia el Absoluto que ellos tratan de estancar, sin pretenderlo y sin saberlo.
El místico es quien se sitúa en el equilibrio entre los dos polos en los que nuestra mente dualista ha dividido la Realidad, y podría ser claramente quien orientara a la sociedad hacia su verdadero desarrollo. “El el místico quien posee el verdadero sustrato que puede reconciliar los dos polos... Así pues, desde nuestro punto de vista la solución definitiva a la falta de libertad no reside en los Externalistas, ni en los Internalistas, sino en la respuesta mística del despertar, de la metánoia, del satori...”(Wiber).
El hombre es una criatura sufriente, porque es autoconsciente, pero pueden dar un nuevo paso hacia adelante y transcender el yo y con él la muerte, tornándose identidad con lo Divino, como afirmó Plotino y con él todos los místicos. Si los políticos pierden de vista esta realidad, nos tendrán siempre orientados hacia el sufrimiento.
“El Padre y yo somos Uno” este yo referido a Jesús de Nazaret en el texto del evangelio y en la tradición de la institución católica, se hace universal en el Cristo resucitado. Todos somos ese Yo.
La Sabiduría
Reflexiones sobre la Sabiduría.
Es constante en nuestra cultura del siglo XXI identificar la Sabiduría con la erudición, incluso el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, acepta esta identificación en la segunda acepción que da al término Sabiduría, cayendo así en un reduccionismo sutil, reduccionismo que abarca muchas facetas de la vida, de la conciencia y por ende del lenguaje y que está creando un verdadero mundo chato en nuestra cultura. Esto no es algo que denuncie sólo yo, pobre de mí, sino que suenan las voces de muchísimos filósofos y verdaderos sabios actuales (entre muchos Wilber, Habermas, Dürckheim, Panikkar, Whitehead, Wallace, Foucault...) denunciando el hecho: En nuestras aulas académicas se ha instalado el “chatismo”, con el nombre de cientificismo (no de cientismo). Muy frecuentemente se llama, con la mayor inconsciencia, sabio al científico, al filósofo, al literato, a aquellos que tienen erudición. Y ello quizás sea debido en buena parte a que se ha identificado el “saber” con el conocer, y sobre todo con el conocimiento analítico, que es bueno en sí, pero nunca fue, ni es Sabiduría.
Lo peor de este asunto es que al identificar las dos palabras se identifican los conceptos con lo que la realidad de la “Sabiduría” desaparece del mapa de la cultura, del mapa de las intersubjetividades, de la comunión de los sujetos. Ya los niños no sabrán nunca qué es y sobre todo qué ha sido la Sabiduría, porque en el contexto en el que nacen sus “conocimientos” no está, y sobre todo no serán verdaderos sabios, sino eruditos especializados.
Y sin embargo, la Sabiduría es una invariante humana que pertenece a todas las culturas y que es fundamental en todas las formas religiosas de la historia de la humanidad, incluído el ateísmo humanista, como bien muestra el movimiento constructivista (no radical) y se revolución epistemológica. Mas la modernidad y la postmodernidad, que tienen muchas cosas buenas, han caído en una disfunción muy grave al encerrar la Sabiduría en un asilo, al margen de la realidad mundana, al margen de la vida-Vida.
Y ¿qué es la Sabiduría? Posiblemente este afán por definirlo todo sea una verdadera debilidad de nuestra cultura, de nuestra epistemología. Son muchas, muchas las realidades que no pueden ser definidas (sencillamente porque van más allá de nuestra capacidad mental), sino experimentadas. ¿Es que la definición de la música como la percepción de determinadas ondas por el oído, nos dice en verdad lo que es la música? La música, como el sabor, la pintura... el amor han de ser vividos, experimentados, no definidos, salvo que los queramos asfixiar, con lo que dejarán de ser lo que son. Mas podríamos describir la Sabiduría como el Arte de la Vida, o sencillamente como Experiencia Vital. La Sabiduría se hace presente en la famosa tríada (de la que habla Buda): en la armonía de la actitud fundamental, la visión verdadera y la acción correcta, lo que Santo Tomás de Aquino llamaría más tarde: unitas, veritas, bonitas.
De esta Sabiduría nos han hablado siempre los místicos, que son los verdaderos Sabios, como nos dice el gran Fray Luis de León en su primera estrofa de la Canción de la vida solitaria:
¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruido
y sigue la escondida
senda, por donde han ido,
los pocos sabios que en el mundo han sido;
...!
Y es ella la que da la verdadera seguridad a nuestra existencia: “a oscuras y segura” nos dice S. Juan de la Cruz, esa seguridad que falta a nuestro mundo y que busca por mil y un vericuetos, menos en la Sabiduría a la que ha abandonado.
Es de notar que en el cristianismo llamamos santos a quienes han alcanzado la cumbre de la conciencia, la mística y en cambio en el budismo se les llamas sabios. Y tanto en una forma de espiritualidad como en la otra estos verdaderos santos o sabios están llenos de alegría y son profundamente libres. El fruto de la Armonía es la alegría y su morada es la libertad.
Quiero acabar esta primera reflexión sobre la Sabiduría citando un texto del libro de los Proverbios, de clara influencia egipcia según los entendidos:
“Quien me alcanza, alcanza la vida
y goza del favor del Señor.” (Prov. 8, 35)
El tema de la Sabiduría, ya se dijo en lo escrito anteriormente, es una invariante humana, y por lo mismo, pertenece al núcleo de todos los libros que han fundamentado el judaísmo, el cristianismo, el budismo, el hinduísmo, el islamismo...
Nosotros en nuestra dependencia de una formación eclesiástica, cerrada sobre sí misma y sus mitos, hemos recibido la Sabiduría con los condicionamientos de la visión paulina de la Primera Carta a los Corintios (1 Cor I,18-2,16 ), sin tener en cuenta que lo que dice Pablo viene en buena medida condicionado por su contexto (como siempre), por lo que es muy relativo y nosotros lo hemos absolutizado (como casi siempre). Pablo está luchando contra los gnósticos, que ya tenían una cierta influencia en el mundo griego, y opone la sabiduría de la revelación a la de los gnósticos (sofía – gnosis). Y no tuvo para nada en cuenta, ni la podía tener porque no estaba haciendo un trabajo de invetigación, sino una apología de su doctrina, la enorme riqueza que el mundo gnóstico aportó a la Sabiduría y al mundo cristiano. En el AT, si prescindimos de las afirmaciones racistas del autollamado: Pueblo de Dios, aparece la Sabiduría con una visión más amplia en muchas de las expresiones, sobre todo en el capítulo 8 del libro de los Proverbios (Dios tuvo a la Sabiduría -sofia- junto con él en la creación del mundo, algo que recogió el prólogo del IV evangelio)) . Hoy sabemos que todos los libros sapienciales del AT recibieron muchas influencias de las filosofías egipcias y griegas.
La Sabiduría (Sofia o Gnosis) es patrimonio de la humanidad en el sentido más estricto de las palabras, como llega a decir el libro sabio de los Proverbios (8,31) cita que ya se encuentra en el escrito anterior.
La Sabiduría no es mera sensatez, ni reflexión, ni erudición, sino que abarcando todas estas realidades las trasciende y les da una nueva dimensión que la hace siempre justa, equilibrada y armónica, tiene un regusto de fe y experiencia vital, es lo divino en nosotros, como afirma Plotino.
La Sabiduría tiene un sabor que no se percibe con la lengua, sino con todo el cuerpo, el alma y el espíritu. El lenguaje de la Sabiduría une al oído, el cuerpo y el espíritu, como dice Panikkar.
Sabiduría no es simplemente oír, (o leer) palabras es saborear su contenido y hacerlo carne de nuestra carne, o lo que es lo mismo: espíritu de nuestro espíritu. Sabiduría es Vivir y exprimir la Vida hasta la última gota.
Esto, en buena medida, es lo que buscaban los gnósticos, quienes vieron en Jesús de Nazaret el ejemplo viviente de la Sabiduría de la Gnosis Suprema. Su misión consistía en ayudar a todos a encontrar en sí mismos una sensibilidad olvidada.
Lo que nos sucede hoy día es que hemos olvidado esta sensibilidad, esta Sabiduría. Olvido que comenzó hace muchos siglos, olvido que se ha repetido mucho a través de la historia, pero que últimamente ha venido de la mano de la vuelta al Humanismo “chato” (le verdadero Humanismo no olvida la Sabiduría, sino que la hace centro) con el Renacimiento, y de la separación, muy válida, por cierto, en muchas cosas, entre ciencia, arte y moral que nos trajo la Modernidad. Fueron muchas las cosas buenas que trajeron a la humanidad estos movimientos, pero en algunas se pasaron de rosca y, como dice Wilber, no se contentaron con tirar el agua con que bañaban al niño, porque ya estaba sucia, sino que terminaron también tirando al niño con el agua. Terminaron encarcelando la Sabiduría y marginándola de la Vida y negando el Espíritu, como dice Panikkar.
El intento mío en estas reflexiones no es el de comentar los libros sapienciales del AT, ni ningún otro que fundamente religión alguna, sino hablar algo sobre esa Sabiduría que hoy como ayer es totalmente necesaria para la Vida, esa Sabiduría a la que encanta estar entre nosotros, como se ha dicho, y hasta tal punto le gusta permanecer en nuestra compañía que se ha construido un hogar en nuestros corazones (Prov. 9,1).
De todo lo dicho sobre la Sabiduría se puede deducir que esta se identifica con una determinada experiencia de Totalidad, que configura profundamente nuestra propia vida humana.
Experiencia de Totalidad que no significa estar informado de todo, algo que se valora en grado sumo en nuestros días, ni mucho menos dominar todas las líneas del desarrollo (un verdadero Sabio no tiene que correr los 100 metros en 9 segundos, o conocer la física cuántica, por ejemplo) sino haber llegado al centro de sí mismo y experimentar la identidad con la Totalidad, no sentirse fragmentado en modo alguno, habiendo transcendido todas las fronteras (“Y pasaré los valles y fronteras” de San Juan de la Cruz).
Quizás si entendemos lo contrario de Sabiduría podamos entender mejor lo que ella es. Lo contrario de la Sabiduría no es ni la torpeza (se puede ser muy torpe jugando al fútbol), ni la ignorancia (se puede no tener ni idea de oncología), tampoco la necedad, a veces la necedad a los ojos del mundo es sabiduría ante los de Dios, dice Pablo, aunque esto hay que tomarlo como ya apunté en un contexto muy concreto. De todos modos a los verdaderos sabios en multitud de ocasiones se les ha llamado necios. Es típico el caso de San Juan de Dios, también llamado “el loco”.
El Sabio tampoco es un sabelotodo, un homo universalis como Pico de la Mirandola, o Leonardo de Vinci. El saber de todo, mejor, el querer saber de todo es lo contrario de la Sabiduría. Esto surge del deseo de conocer muchas cosas, y una sóla es importante nos dice Jesús, y Buda afirma que ese deseo es la causa del sufrimiento. Ya Heráclito decía que el saber de todo no da ni Sabiduría, ni comprensión, y lo decía refiriéndose a la especialización como método para la Sabiduría, y la especialización es fragmentación del saber como método para el conocimiento, lo cual es bueno y necesario, pero nunca es Sabiduría. “Aquello que llamamos progreso científico no es otra cosa que la expansión de las especializaciones, que se dividen más y más para iluminarnos menos y menos”, dice Raimon Panikkar. Este afán de ir en la dirección analítica nos hace olvidarnos de la visión de Totalidad. De nuestra verdadera Identidad.
En nuestro mundo se ha perdido la actitud integradora, porque la persona ha quedado reducida a la razón, la razón al entendimiento, éste a la capacidad de clasificar y de formular leyes sobre el comportamiento de las cosas. Algo, si dudas, útil, pero que nos hace ir exclusivamente en la dirección analítica, de fragmentación, de la pura clasificación y no hace olvidarnos de la dimensión integradora, de la Totalidad que es lo que el Universo, el Kosmos, es y en definitiva de nuestra verdadera Identidad. Nos hace olvidarnos de nosotros mismos que somos parte integrante de ese Kosmos que no simplemente ha de ser analizado (que es lo más superficial) sino comprendido en un abrazo de Totalidad en el que no haya analizado y analizador, conocido y conocedor, sino simplemente la Realidad que se hace consciente de sí misma, como dijo Theilard.
La Sabiduría exige, como vimos, una actitud integradora, nos exige no ir tras la obsesión analítica de nuestras ciencias (analítica que tiene muchos elementos positivos, pero no es comprehensiva, aunque sea muy útil). Para se Sabio es necesario no olvidar la identidad, el centro, darnos cuenta de que no somos simplemente un sujeto frente a un objeto (esto es fragmentación), sino caer en la cuenta de que sujeto y objeto no están separados, ni enfrentados, no fragmentados, sino que son uno, mejor diríamos en la postura no.dualista que son no dos, que el Universo es un Kosmos, uno sólo del que el sujeto es parte, y todo él manifestación del Espíritu. Ser Sabio es simplemente tocar la unidad de todo con todo nuestro ser. No es un simplismo artificial, ni un reduccionismo más o menos burdo, “sino el descubrimiento del hecho de que toco toda la Realidad, de que no soy un sujeto aislado frente a un objeto” (Panikkar), sino integrante de toda la Realidad y a la vez la Realidad misma, pues esta no puede ser dividida en sí misma en partes. La división la creamos nosotros con nuestras fronteras mentales (esto es agua, esto tierra, esto varón, esto mujer,...). Esta experiencia integral sólo es experiencia cuando la praxis y la teoría no se distinguen, porque se armonizan en la unidad, allá donde el corazón está cargado de amor. No se conoce lo que no se ama, pues es el amor el que nos da la unidad con lo conocido, y a la inversa por supuesto, es el conocimiento quien a su vez abre el camino al verdadero amor.
Esta unidad, no-dualidad de la verdadera Sabiduría viene expresada en las múltiples tradiciones míticas sobre el pecado original, al que todas interpretan como el conocimiento del bien y del mal. El pecado es la separación, la fragmentación del Universo no-dual. Y en estos mitos se está expresando una realidad que transciende la mera racionalidad, no se trata en este caso de un mito creado en los anales de la Historia o Prehistoria para explicar una Magia ya caduca, como puedan ser las plagas de Egipto, sino un punto de luz que va más allá de los niveles de conciencia adquiridos por la elite mística de la humanidad en estas épocas prehistóricas. Se trata de un mito transracional y no prerracional.
Podemos concluir este apartado sobre la Sabiduría con las palabras de un verdadero Sabio, que vive entre nosotros (Raimon Panikkar): “La sabiduría es armonía personal con la realidad, concordia con el ser, Tao, cielo, Dios, Nada,...”
José Antonio Carmona
Es constante en nuestra cultura del siglo XXI identificar la Sabiduría con la erudición, incluso el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, acepta esta identificación en la segunda acepción que da al término Sabiduría, cayendo así en un reduccionismo sutil, reduccionismo que abarca muchas facetas de la vida, de la conciencia y por ende del lenguaje y que está creando un verdadero mundo chato en nuestra cultura. Esto no es algo que denuncie sólo yo, pobre de mí, sino que suenan las voces de muchísimos filósofos y verdaderos sabios actuales (entre muchos Wilber, Habermas, Dürckheim, Panikkar, Whitehead, Wallace, Foucault...) denunciando el hecho: En nuestras aulas académicas se ha instalado el “chatismo”, con el nombre de cientificismo (no de cientismo). Muy frecuentemente se llama, con la mayor inconsciencia, sabio al científico, al filósofo, al literato, a aquellos que tienen erudición. Y ello quizás sea debido en buena parte a que se ha identificado el “saber” con el conocer, y sobre todo con el conocimiento analítico, que es bueno en sí, pero nunca fue, ni es Sabiduría.
Lo peor de este asunto es que al identificar las dos palabras se identifican los conceptos con lo que la realidad de la “Sabiduría” desaparece del mapa de la cultura, del mapa de las intersubjetividades, de la comunión de los sujetos. Ya los niños no sabrán nunca qué es y sobre todo qué ha sido la Sabiduría, porque en el contexto en el que nacen sus “conocimientos” no está, y sobre todo no serán verdaderos sabios, sino eruditos especializados.
Y sin embargo, la Sabiduría es una invariante humana que pertenece a todas las culturas y que es fundamental en todas las formas religiosas de la historia de la humanidad, incluído el ateísmo humanista, como bien muestra el movimiento constructivista (no radical) y se revolución epistemológica. Mas la modernidad y la postmodernidad, que tienen muchas cosas buenas, han caído en una disfunción muy grave al encerrar la Sabiduría en un asilo, al margen de la realidad mundana, al margen de la vida-Vida.
Y ¿qué es la Sabiduría? Posiblemente este afán por definirlo todo sea una verdadera debilidad de nuestra cultura, de nuestra epistemología. Son muchas, muchas las realidades que no pueden ser definidas (sencillamente porque van más allá de nuestra capacidad mental), sino experimentadas. ¿Es que la definición de la música como la percepción de determinadas ondas por el oído, nos dice en verdad lo que es la música? La música, como el sabor, la pintura... el amor han de ser vividos, experimentados, no definidos, salvo que los queramos asfixiar, con lo que dejarán de ser lo que son. Mas podríamos describir la Sabiduría como el Arte de la Vida, o sencillamente como Experiencia Vital. La Sabiduría se hace presente en la famosa tríada (de la que habla Buda): en la armonía de la actitud fundamental, la visión verdadera y la acción correcta, lo que Santo Tomás de Aquino llamaría más tarde: unitas, veritas, bonitas.
De esta Sabiduría nos han hablado siempre los místicos, que son los verdaderos Sabios, como nos dice el gran Fray Luis de León en su primera estrofa de la Canción de la vida solitaria:
¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruido
y sigue la escondida
senda, por donde han ido,
los pocos sabios que en el mundo han sido;
...!
Y es ella la que da la verdadera seguridad a nuestra existencia: “a oscuras y segura” nos dice S. Juan de la Cruz, esa seguridad que falta a nuestro mundo y que busca por mil y un vericuetos, menos en la Sabiduría a la que ha abandonado.
Es de notar que en el cristianismo llamamos santos a quienes han alcanzado la cumbre de la conciencia, la mística y en cambio en el budismo se les llamas sabios. Y tanto en una forma de espiritualidad como en la otra estos verdaderos santos o sabios están llenos de alegría y son profundamente libres. El fruto de la Armonía es la alegría y su morada es la libertad.
Quiero acabar esta primera reflexión sobre la Sabiduría citando un texto del libro de los Proverbios, de clara influencia egipcia según los entendidos:
“Quien me alcanza, alcanza la vida
y goza del favor del Señor.” (Prov. 8, 35)
El tema de la Sabiduría, ya se dijo en lo escrito anteriormente, es una invariante humana, y por lo mismo, pertenece al núcleo de todos los libros que han fundamentado el judaísmo, el cristianismo, el budismo, el hinduísmo, el islamismo...
Nosotros en nuestra dependencia de una formación eclesiástica, cerrada sobre sí misma y sus mitos, hemos recibido la Sabiduría con los condicionamientos de la visión paulina de la Primera Carta a los Corintios (1 Cor I,18-2,16 ), sin tener en cuenta que lo que dice Pablo viene en buena medida condicionado por su contexto (como siempre), por lo que es muy relativo y nosotros lo hemos absolutizado (como casi siempre). Pablo está luchando contra los gnósticos, que ya tenían una cierta influencia en el mundo griego, y opone la sabiduría de la revelación a la de los gnósticos (sofía – gnosis). Y no tuvo para nada en cuenta, ni la podía tener porque no estaba haciendo un trabajo de invetigación, sino una apología de su doctrina, la enorme riqueza que el mundo gnóstico aportó a la Sabiduría y al mundo cristiano. En el AT, si prescindimos de las afirmaciones racistas del autollamado: Pueblo de Dios, aparece la Sabiduría con una visión más amplia en muchas de las expresiones, sobre todo en el capítulo 8 del libro de los Proverbios (Dios tuvo a la Sabiduría -sofia- junto con él en la creación del mundo, algo que recogió el prólogo del IV evangelio)) . Hoy sabemos que todos los libros sapienciales del AT recibieron muchas influencias de las filosofías egipcias y griegas.
La Sabiduría (Sofia o Gnosis) es patrimonio de la humanidad en el sentido más estricto de las palabras, como llega a decir el libro sabio de los Proverbios (8,31) cita que ya se encuentra en el escrito anterior.
La Sabiduría no es mera sensatez, ni reflexión, ni erudición, sino que abarcando todas estas realidades las trasciende y les da una nueva dimensión que la hace siempre justa, equilibrada y armónica, tiene un regusto de fe y experiencia vital, es lo divino en nosotros, como afirma Plotino.
La Sabiduría tiene un sabor que no se percibe con la lengua, sino con todo el cuerpo, el alma y el espíritu. El lenguaje de la Sabiduría une al oído, el cuerpo y el espíritu, como dice Panikkar.
Sabiduría no es simplemente oír, (o leer) palabras es saborear su contenido y hacerlo carne de nuestra carne, o lo que es lo mismo: espíritu de nuestro espíritu. Sabiduría es Vivir y exprimir la Vida hasta la última gota.
Esto, en buena medida, es lo que buscaban los gnósticos, quienes vieron en Jesús de Nazaret el ejemplo viviente de la Sabiduría de la Gnosis Suprema. Su misión consistía en ayudar a todos a encontrar en sí mismos una sensibilidad olvidada.
Lo que nos sucede hoy día es que hemos olvidado esta sensibilidad, esta Sabiduría. Olvido que comenzó hace muchos siglos, olvido que se ha repetido mucho a través de la historia, pero que últimamente ha venido de la mano de la vuelta al Humanismo “chato” (le verdadero Humanismo no olvida la Sabiduría, sino que la hace centro) con el Renacimiento, y de la separación, muy válida, por cierto, en muchas cosas, entre ciencia, arte y moral que nos trajo la Modernidad. Fueron muchas las cosas buenas que trajeron a la humanidad estos movimientos, pero en algunas se pasaron de rosca y, como dice Wilber, no se contentaron con tirar el agua con que bañaban al niño, porque ya estaba sucia, sino que terminaron también tirando al niño con el agua. Terminaron encarcelando la Sabiduría y marginándola de la Vida y negando el Espíritu, como dice Panikkar.
El intento mío en estas reflexiones no es el de comentar los libros sapienciales del AT, ni ningún otro que fundamente religión alguna, sino hablar algo sobre esa Sabiduría que hoy como ayer es totalmente necesaria para la Vida, esa Sabiduría a la que encanta estar entre nosotros, como se ha dicho, y hasta tal punto le gusta permanecer en nuestra compañía que se ha construido un hogar en nuestros corazones (Prov. 9,1).
De todo lo dicho sobre la Sabiduría se puede deducir que esta se identifica con una determinada experiencia de Totalidad, que configura profundamente nuestra propia vida humana.
Experiencia de Totalidad que no significa estar informado de todo, algo que se valora en grado sumo en nuestros días, ni mucho menos dominar todas las líneas del desarrollo (un verdadero Sabio no tiene que correr los 100 metros en 9 segundos, o conocer la física cuántica, por ejemplo) sino haber llegado al centro de sí mismo y experimentar la identidad con la Totalidad, no sentirse fragmentado en modo alguno, habiendo transcendido todas las fronteras (“Y pasaré los valles y fronteras” de San Juan de la Cruz).
Quizás si entendemos lo contrario de Sabiduría podamos entender mejor lo que ella es. Lo contrario de la Sabiduría no es ni la torpeza (se puede ser muy torpe jugando al fútbol), ni la ignorancia (se puede no tener ni idea de oncología), tampoco la necedad, a veces la necedad a los ojos del mundo es sabiduría ante los de Dios, dice Pablo, aunque esto hay que tomarlo como ya apunté en un contexto muy concreto. De todos modos a los verdaderos sabios en multitud de ocasiones se les ha llamado necios. Es típico el caso de San Juan de Dios, también llamado “el loco”.
El Sabio tampoco es un sabelotodo, un homo universalis como Pico de la Mirandola, o Leonardo de Vinci. El saber de todo, mejor, el querer saber de todo es lo contrario de la Sabiduría. Esto surge del deseo de conocer muchas cosas, y una sóla es importante nos dice Jesús, y Buda afirma que ese deseo es la causa del sufrimiento. Ya Heráclito decía que el saber de todo no da ni Sabiduría, ni comprensión, y lo decía refiriéndose a la especialización como método para la Sabiduría, y la especialización es fragmentación del saber como método para el conocimiento, lo cual es bueno y necesario, pero nunca es Sabiduría. “Aquello que llamamos progreso científico no es otra cosa que la expansión de las especializaciones, que se dividen más y más para iluminarnos menos y menos”, dice Raimon Panikkar. Este afán de ir en la dirección analítica nos hace olvidarnos de la visión de Totalidad. De nuestra verdadera Identidad.
En nuestro mundo se ha perdido la actitud integradora, porque la persona ha quedado reducida a la razón, la razón al entendimiento, éste a la capacidad de clasificar y de formular leyes sobre el comportamiento de las cosas. Algo, si dudas, útil, pero que nos hace ir exclusivamente en la dirección analítica, de fragmentación, de la pura clasificación y no hace olvidarnos de la dimensión integradora, de la Totalidad que es lo que el Universo, el Kosmos, es y en definitiva de nuestra verdadera Identidad. Nos hace olvidarnos de nosotros mismos que somos parte integrante de ese Kosmos que no simplemente ha de ser analizado (que es lo más superficial) sino comprendido en un abrazo de Totalidad en el que no haya analizado y analizador, conocido y conocedor, sino simplemente la Realidad que se hace consciente de sí misma, como dijo Theilard.
La Sabiduría exige, como vimos, una actitud integradora, nos exige no ir tras la obsesión analítica de nuestras ciencias (analítica que tiene muchos elementos positivos, pero no es comprehensiva, aunque sea muy útil). Para se Sabio es necesario no olvidar la identidad, el centro, darnos cuenta de que no somos simplemente un sujeto frente a un objeto (esto es fragmentación), sino caer en la cuenta de que sujeto y objeto no están separados, ni enfrentados, no fragmentados, sino que son uno, mejor diríamos en la postura no.dualista que son no dos, que el Universo es un Kosmos, uno sólo del que el sujeto es parte, y todo él manifestación del Espíritu. Ser Sabio es simplemente tocar la unidad de todo con todo nuestro ser. No es un simplismo artificial, ni un reduccionismo más o menos burdo, “sino el descubrimiento del hecho de que toco toda la Realidad, de que no soy un sujeto aislado frente a un objeto” (Panikkar), sino integrante de toda la Realidad y a la vez la Realidad misma, pues esta no puede ser dividida en sí misma en partes. La división la creamos nosotros con nuestras fronteras mentales (esto es agua, esto tierra, esto varón, esto mujer,...). Esta experiencia integral sólo es experiencia cuando la praxis y la teoría no se distinguen, porque se armonizan en la unidad, allá donde el corazón está cargado de amor. No se conoce lo que no se ama, pues es el amor el que nos da la unidad con lo conocido, y a la inversa por supuesto, es el conocimiento quien a su vez abre el camino al verdadero amor.
Esta unidad, no-dualidad de la verdadera Sabiduría viene expresada en las múltiples tradiciones míticas sobre el pecado original, al que todas interpretan como el conocimiento del bien y del mal. El pecado es la separación, la fragmentación del Universo no-dual. Y en estos mitos se está expresando una realidad que transciende la mera racionalidad, no se trata en este caso de un mito creado en los anales de la Historia o Prehistoria para explicar una Magia ya caduca, como puedan ser las plagas de Egipto, sino un punto de luz que va más allá de los niveles de conciencia adquiridos por la elite mística de la humanidad en estas épocas prehistóricas. Se trata de un mito transracional y no prerracional.
Podemos concluir este apartado sobre la Sabiduría con las palabras de un verdadero Sabio, que vive entre nosotros (Raimon Panikkar): “La sabiduría es armonía personal con la realidad, concordia con el ser, Tao, cielo, Dios, Nada,...”
José Antonio Carmona
Un apunte sobre el crucifijo
Un apunte sobre el crucifijo
Cada semana, Juan Cejudo, nos invita a leer la colección de artículos que nos expone en su blog particular. Yo los leo con verdadera sintonía con su línea de pensamiento, y con un abrazo sincero a su corazón, lleno de Jesús de Nazaret.
En estos días nos ha propuesto los artículos pertinentes, que he repasado detenidamente, como todos ellos. Pero al leer el que nos propone de nuestro común amigo Juanjo Tamayo, algo me picó dentro y me he decidido a poner por escrito estas líneas, que no son más que un ligero apunte.
No pretendo en modo alguno defender las acciones y mucho menos las contradicciones de cualquier gobierno (estoy preparando un artículo, de fondo social, político y espiritual, en el que creo que propugno claramente una forma de actuación social y política. Por cierto, no lo puedo omitir, lo que está haciendo Juan de Dios Regordán me parece maravilloso), sólo quiero apuntar, como digo, una nueva perspectiva a la visión del crucifijo.
Recuerdo que leyendo, hace muchos años, el libro de Gustavo Gutiérrez: Teología de la liberación, me impactó profundamente un sencillo principio que Gustavo expone: “Ser cristianos nos exige pasar de la individualidad de Jesús de Nazaret a la universalidad de Cristo”. Y creo que esta universalidad que subyace frecuentemente en los escritos de los teólogos de la liberación, está un poco ausente en los de los europeos.
Y no sé si no sería conveniente que la aplicáramos al crucifijo, no como símbolo de lo que hace el poder (no el Padre) con Jesús, sino como símbolo que es del Verdadero Amor. Es éste un valor humano universal, el cristianismo en su jerarquía ha secuestrado muchos valores (la fe, el mismo Jesucristo, la espiritualidad cristiana, los símbolos...) apropiándoselos en exclusiva. Aún pesa mucho la carga histórica de la inquisición, aún nos cuesta ver lo cristiano (y en general lo profundamente religioso) como lo profundamente humano, sobre todo identificar lo cristiano como aquello que llega hasta las verdaderas raíces de lo humano. Creo que cuanto más se acerca uno a lo cristiano más humano se hace, es más, sólo lo verdaderamente humano (en el Amor) puede ser cristiano, religioso, divino, por eso podemos afirmar, al ver a Jesús crucificado que él es Dios, porque es la Plenitud del Amor de un Hombre, que ama sin límites. Es toda la religión que predicó él. Incluso se rebeló, siendo él judío, contra la Ley en favor del hombre. Esto lo olvidamos mucho.
Por ello, entiendo que ya va siendo hora de que recorramos el camino inverso al que ha recorrido la institución, no sacralizar lo pagano, como en la historia ha hecho con las fiestas, símbolos, palabras, funciones... sino universalizar lo que llamamos hoy cristiano, como el crucifijo y que aparezca por siempre como un símbolo más del Amor sin más epítetos y no de un determinado tipo de fe. Y el Amor es patrimonio, podríamos decir, de la Humanidad, de la Totalidad, del Universo, del Abismo, del Todo, del Misterio, pues se identifica totalmente con el Todo, con la Trinidad.
Creo que el crucifijo, como símbolo, ha de superar el tiempo y el espacio y hacerse humano y universal. Es más, creo que podríamos afirmar que ésta es la esencia del Cristo, su Universalidad, como afirma la teología de la liberación.
Recuerdo haber oído contar una anécdota sobre el viejo profesor Tierno Galván, que viene muy a cuento en este apunte. Cuando salió elegido alcalde de Madrid, el encargado de protocolo del ayuntamiento le enseñó el que había de ser su despacho, y al hacerlo se dio cuenta de que sobre la mesa de trabajo había, presidiéndola, un crucifijo. Inmediatamente el jefe de protocolo la intentó lo intentó retirar, mas Tierno Galván que, como sabemos, era agnóstico, le dijo que no lo retirara porque el crucifijo era sencillamente un símbolo de un Amor enorme, que era lo que él necesitaría para ejercer en ecuanimidad su cargo.
Por ahora no quiero decir más, se me ocurren muchas cosas, desde el Postmodernismo hasta la Cristianía. Baste el apunte expuesto.
José Ant. Carmona
Cada semana, Juan Cejudo, nos invita a leer la colección de artículos que nos expone en su blog particular. Yo los leo con verdadera sintonía con su línea de pensamiento, y con un abrazo sincero a su corazón, lleno de Jesús de Nazaret.
En estos días nos ha propuesto los artículos pertinentes, que he repasado detenidamente, como todos ellos. Pero al leer el que nos propone de nuestro común amigo Juanjo Tamayo, algo me picó dentro y me he decidido a poner por escrito estas líneas, que no son más que un ligero apunte.
No pretendo en modo alguno defender las acciones y mucho menos las contradicciones de cualquier gobierno (estoy preparando un artículo, de fondo social, político y espiritual, en el que creo que propugno claramente una forma de actuación social y política. Por cierto, no lo puedo omitir, lo que está haciendo Juan de Dios Regordán me parece maravilloso), sólo quiero apuntar, como digo, una nueva perspectiva a la visión del crucifijo.
Recuerdo que leyendo, hace muchos años, el libro de Gustavo Gutiérrez: Teología de la liberación, me impactó profundamente un sencillo principio que Gustavo expone: “Ser cristianos nos exige pasar de la individualidad de Jesús de Nazaret a la universalidad de Cristo”. Y creo que esta universalidad que subyace frecuentemente en los escritos de los teólogos de la liberación, está un poco ausente en los de los europeos.
Y no sé si no sería conveniente que la aplicáramos al crucifijo, no como símbolo de lo que hace el poder (no el Padre) con Jesús, sino como símbolo que es del Verdadero Amor. Es éste un valor humano universal, el cristianismo en su jerarquía ha secuestrado muchos valores (la fe, el mismo Jesucristo, la espiritualidad cristiana, los símbolos...) apropiándoselos en exclusiva. Aún pesa mucho la carga histórica de la inquisición, aún nos cuesta ver lo cristiano (y en general lo profundamente religioso) como lo profundamente humano, sobre todo identificar lo cristiano como aquello que llega hasta las verdaderas raíces de lo humano. Creo que cuanto más se acerca uno a lo cristiano más humano se hace, es más, sólo lo verdaderamente humano (en el Amor) puede ser cristiano, religioso, divino, por eso podemos afirmar, al ver a Jesús crucificado que él es Dios, porque es la Plenitud del Amor de un Hombre, que ama sin límites. Es toda la religión que predicó él. Incluso se rebeló, siendo él judío, contra la Ley en favor del hombre. Esto lo olvidamos mucho.
Por ello, entiendo que ya va siendo hora de que recorramos el camino inverso al que ha recorrido la institución, no sacralizar lo pagano, como en la historia ha hecho con las fiestas, símbolos, palabras, funciones... sino universalizar lo que llamamos hoy cristiano, como el crucifijo y que aparezca por siempre como un símbolo más del Amor sin más epítetos y no de un determinado tipo de fe. Y el Amor es patrimonio, podríamos decir, de la Humanidad, de la Totalidad, del Universo, del Abismo, del Todo, del Misterio, pues se identifica totalmente con el Todo, con la Trinidad.
Creo que el crucifijo, como símbolo, ha de superar el tiempo y el espacio y hacerse humano y universal. Es más, creo que podríamos afirmar que ésta es la esencia del Cristo, su Universalidad, como afirma la teología de la liberación.
Recuerdo haber oído contar una anécdota sobre el viejo profesor Tierno Galván, que viene muy a cuento en este apunte. Cuando salió elegido alcalde de Madrid, el encargado de protocolo del ayuntamiento le enseñó el que había de ser su despacho, y al hacerlo se dio cuenta de que sobre la mesa de trabajo había, presidiéndola, un crucifijo. Inmediatamente el jefe de protocolo la intentó lo intentó retirar, mas Tierno Galván que, como sabemos, era agnóstico, le dijo que no lo retirara porque el crucifijo era sencillamente un símbolo de un Amor enorme, que era lo que él necesitaría para ejercer en ecuanimidad su cargo.
Por ahora no quiero decir más, se me ocurren muchas cosas, desde el Postmodernismo hasta la Cristianía. Baste el apunte expuesto.
José Ant. Carmona
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