domingo, 13 de julio de 2008

Resumen del libro La plenitud del hombre. Raimon Panikkar

Introducción al libro La plenitud del hombre

Uno de los pensadores que más han influido en mi propio pensamiento y en la remodelación de mi interioridad, sin duda, ha sido y sigue siendo Raimon Panikkar, y lo es tanto por la profundidad de su pensamiento humano y religioso (si es que cabe separación y no es sólo el mismo pensamiento), como por la fecundidad del matrimonio que en él han llevado a cabo Oriente y Occidente (es budista sin dejar de ser cristiano y a la inversa), y también por la amistad que me une a él, algo que me ha servido para ir purificando mi interioridad, mi reflexión y mi visión de lo humano a partir de la amistad, que en este caso está iluminada por una de las mentes más claras que en materia de diálogo de culturas y religiones, sobre todo asiáticas y europeas, existe hoy por hoy en el mundo.
Y de todos sus libros, ha escrito más de cuarenta, hay dos que a mí me han impactado de una forma particular: El silencio del Buda, que es una profundización muy personal en el sentido profundamente humano del budismo, a partir de lo que se conoce de Buda, y el otro es: La plenitud del hombre, en el que la figura central es Jesús, centro de la conciencia cristiana, y en la que propone una profundización de la cristología tradicional, que ya lleva casi dos milenio de existencia, transformando el logos (reflexión) de cristología por la manifestación o experiencia de la cristo-fanía. ¡Es hora de que nos acerquemos a la experiencia de Cristo, a la epifanía crística, pasando por la criba que el adelanto del pensamiento postmoderno exige a toda reflexión que quiera ser tenida seriamente en cuenta como tal reflexión!
Un resumen de este último libro es el que subo hoy a mi blog. Un resumen que he hecho yo, por tanto no es el libro, sino lo que yo he extraído del mismo, después de haberlo leído detenidamente tres veces. Y lo subo al blog con la intención de que se pueda dar algo más a conocer, de que la maravillosa visión que Raimon tiene sobre Jesús y sobre el hombre se puedan leer sin la necesidad de tener que perderse en las profundidades del pensamiento, no siempre fácil, del autor. Yo personalmente estoy convencido de que Raimon tiene una estructura de pensamiento que es mucho más oriental que occidental. Y por ello mismo, mucho más interesante para nosotros los que sólo conocemos el pensamiento estructurado según el Órganon aristotélico.







La plenitud del hombre
Raimon Panikkar
Siruela

Prefacio: este libro es el pathos de toda una vida.
Tres partes:
1ª Reflexión sobre la figura central de la conciencia cristiana. Propone una profundización en la cristología clásica: una cristofanía, que intenta ofrecer una respuesta al anhelo de plenitud de vida que está en todo hombre.
2ª Plantear la experiencia mística de Jesús de Nazaret.
3ª Descubrir en nueve sutras la epifanía crística.

El autor pretende ser originario, no original. Profundizar en la fe que le ha sido dada.
La primera tarea de toda criatura es la de llevar a su perfección el icono de lo real que somos todos nosotros.
Este libro interpela los XX siglos de tradición cristológica.
El gran dilema del mundo: o se da un cambio radical de “civilización” (de sentido del “humanum”) o llegamos a una catástrofe. La interculturalidad es un primer paso para la metanoia.
Este libro va también dirigido a aquellos a quienes el nombre de Cristo no dice nada en particular. Estas páginas son una reflexión sobre la condición humana en su dimensión más profunda. A estos les decimos no que Cristo es la plenitud humana, sino que esta plenitud que tantos nombres tiene, en la tradición cristiana es llamada Jesús el Cristo.
El tercer milenio será de apertura hacia el misterio de la Trinidad.
En los últimos 500 años se ha europeizado el mundo, y Europa está muy unida al cristianismo, que a su vez está cada vez más desligado de la organización eclesiástica.
Queda el Cristo: símbolo real de divinización, es decir de la plenitud del hombre (no humana que es menos que del hombre)

En autô katoikêi pân tò pléroma tès zeòtetos somatikós

Primera Parte
Introducción: La experiencia cristofánica

"...meínate en emoi, kagô en ymín."
“Rabí, ubi habitas? Venite et videbitis”

I Un desafío a la cristología

1º El punto de partida
Ningún conocimiento parcial puede llevar a la salvación. El conocimiento salvífico es la visión holística que asimila el conocido al conocedor.
La cristología, con más de 15 siglos (¿más de 20?) es la interpretación de las mentes cristianas sobre el misterio de Cristo, pero quidquid recipitur ad modum recipientis recipitur. La cristología ha llegado hasta nosotros en diálogo con el judaísmo, el mundo grecorromano, los nuevos pueblos europeos, el Islam... está ligada a una cultura.
El vaticano II conecta a Cristo con Dios y con el hombre.
Nuestro punto de salida es la cristología. Lo concreto manifestación de lo universal.

2º la situación del mundo
La situación existencial del mundo es ahora muy seria. El Hijo del Hombre se preocupaba de la gente ¿Cuál es hoy su manifestación?
La situación del mundo tiene mucho que ver con la justicia, la bondad, pero también con la belleza y la verdad.
Otro hecho es la interculturalidad. Cada cultura tiene sus propios criterios de belleza y verdad. Hay cristianos en todas las culturas. Hay que liberar a Cristo de la cultura que lo tiene prisionero.
Temas a tratar (II concilio de Jerusalén)
-. Concreción histórica. Los problemas internos de toda cultura humana
-. Convivencia humana. El diálogo colectivo sobre las distintas cosmovisiones
subyacentes a las diferentes religiones.
-. Hermandad cósmica. La armonía con la naturaleza. La ecosofía.
-. Transcendencia de la vida humana. La responsabilidad humana frente a lo
divino (realidad mistérica)

3º Los límites de la cristología
La cristología clásica carece de las categorías (preambula fidei) para solucionar los problemas que acarrea la interculturalidad. Pertenecen sus categorías a la cultura occidental.
La cristología no se ha liberado del monoteísmo abrahámico.
No se pretende suplantar la cristología, sino revisar la experiencia del misterio de Cristo a la luz del presente.
Dice el primer párrafo del libro Ghenjokan
“Fijaos en cuanto todas las cosas son simultáneamente auténticas, es entonces cuando existe la ilusión y el despertar, es cuando exístela práctica del camino, existe el nacer, existe el morir...”
¡Qué concepción de la realidad tan distinta a la occidental subyace en este texto!
¿Hemos de destruir todos los universos simbólicos, excepto el que fundamenta los preambula fidei?

II El papel de la cristofanía

Momento religioso actual:
.- declinar de las religiones tradicionales y nuevas formas de religiosidad
.- crisis de identidad cristiana
.- las culturas y tradiciones tropiezan a nivel planetario

Características de la cristofanía.

a)Pretende ofrecer una imagen de Cristo creíble a todos los hombres. Deja abierta la cuestión de si el cristianismo ha de ser pusillus grex (LC XII, 32)
b)Intenta presentar esa epifanía de la condición humana a la luz de nuestra situación actual como de esa luz que parece tener su fuente más allá del hombre. Pero sin manipular a Dios.
c)Equivale a la manifestación de Cristo a la conciencia humana e incluye una experiencia de Cristo y una reflexión crítica sobre la misma.
d)No debe abolir la tradición cristológica de los dos milenios precedentes. Nova et vetera. La continuidad. No suplanta la cristología tradicional, sino que la prolonga y profundiza en campos inexplorados.
e)El encuentro con Cristo no se puede reducir a la simple aproximación doctrinal o intelectual. La palabra cristofanía no sólo hace referencia al Logos, sino también al Espíritu. No es Pneumo-logía porque no subordina el Espíritu al Logos, sino que acoge la presencia del Espíritu de otra manera.
Es fanos: presencia inmediata, aparición directa a la conciencia humana, más allá de la razón.
Es experiencia: conciencia de la presencia inmediata, o sea, última instancia. La razón siempre es necesaria para contrastar las manifestaciones y experiencias.
f)Cristofanía subraya una actitud más pasiva que la cristología, se recibe el impacto de Cristo sobre la conciencia. Es una actitud contemplativa, no-quietismo.
g)Esta noción de Cristo ha de incluir tanto la figura del pasado histórico como la realidad del presente. La cristofanía es teología de la mejor ley y no acepta la dicotomía entre filosofía y teología. Es fides quaerens intellectum y a la vez intellectus fidei. Está abierta al diálogo con otras religiones y a la interpretación de todas las tradiciones. Igualmente está abierta al diálogo con la mentalidad científica moderna.
h)La cristofanía no es una disciplina centrada exclusivamente sobre un determinado suceso del pasado, aspira a ser intellectus mundi, sabiduría sobre el camino, la verdad y la vida. No excluye a priori ninguna hierofanía, sin renunciar al discernimiento crítico. Implica una integración temática de los elementos homeomórficos, o sea, símbolos y nociones que en otros sistemas muestran una analogía, desempeñan una función equivalente. La manifestación de Cristo tiene también una repercusión cósmica, la manifestación de Cristo interpela a otras culturas y es interpelada por ellas.
i)En el lenguaje escolástico, las otras religiones del mundo son interpretadas loci theologici. La cristofanía osa ampliar la noción de teología. Logos tou Theou: palabra de Dios (genitivo posesivo).
Los contextos y el lenguaje son distintos.




2 El género literario

Este escrito no pertenece a ningún género literario, porque pertenece a todos. Es una filosofía (teología) intercultural, pero filosofía no es sólo opus rationis, quiere ser un studium, una contemplación que comporta la asimilación vital de aquello que ha sido escuchado en la voz de los ancianos y la elaboración personal con la propia mente.
La filosofía (teología) no debe ser considerada como una ciencia deductiva, ni puramente conceptual, sino como una actividad del intelecto contemplativo, donde contemplación es teoría y praxis.
Se trasluce un pensamiento filosófico y una visión holística de la realidad, hay alusiones críticas a ciertos presupuestos y una interpretación personal de la tradición.
Tres razones para mantenerse a distancia de las cristologías clásicas.
Imposibilidad personal de un pensamiento exhaustivo de las reflexiones hechas.
La sospecha de se ha llegado a una saturación conceptual. Esto nos permite ver que los mitos de la cultura occidental tienen una cierta uniformidad.
La convicción de que la humanidad, desde los ocho últimos milenios, se encuentra en una crisis. Esto otorga una relevancia especial a la interculturalidad. Hay que profundizar en la sabiduría de una cultura para buscar dentro un trampolín que nos permita dar el salto de resurrección.

La perspectiva que hemos adoptado nos lleva a la integración de las teologías feministas en un marco que abarca el dualismo masculino-femenino.


3La manifestación divina

Todo ser es una cristofanía en tanto que la naturaleza de nuestra realidad muestra la polaridad no dualista entre lo transcendente y lo inmanente en sus manifestaciones.
La cristofanía es una forma concreta de expresar lo universal. Libera de monoteísmo y del politeísmo anárquico.
Cristo nos abre al misterio trinitario que no es monoteísmo (sería docetismo), ni su dios es substancia (sería triteísmo), ni un concepto universal (sería ateísmo).
La divinización del hombre es un tema humano. El hombre real y concreto no pertenece a la especie animal, porque la conciencia de su posible divinización lo hace esencialmente distinto. Esta divinización es su plenitud para llegar a ser aquello que es en potencia: capax Dei. Esta divinización tiene sentido sólo en el ámbito de la Encarnación y de la Trinidad.
La divinización tiene dos sentidos: a la divinización del hombre corresponde la humanización de Dios.
La divinización nos proyecta en la luz tabórica que nos hace descubrir nuestra dimensión infinita, presentándonos lo divino en la misma luz que nos permite descubrir a Dios en su dimensión humana.

III La experiencia cristofánica

1La cosmovisión
La cristofanía concentra su atención en la luz en la que Cristo se nos manifiesta. Parece que Cristo tiene una visión del mundo distinta a la nuestra. Se puede ver en el discurso eucarístico (Jn VI, 22)
Para aceptar cualquier hecho hemos de intentar entenderlo intelectualmente. Para aceptar algo intelectualmente lo hemos de integrar en nuestra cosmovisión, o hemos de modificar ésta.
La cristofanía modifica nuestra visión del mundo. La epifanía que está tras la cristofanía es tan potente que sin entrar en los parámetros de la razón, modifica la cosmovisión racional.
Esta cosmovisión de la cristofanía subyace tras el diálogo con Nicodemos. “Quod vidimus, testamur” “Venite et videte” Experiencia, la experiencia de la manifestación.
Si depositamos nuestra fe en las palabras que nos han dicho otros, nuestra fe es sólo creencia no aceptada por la inteligencia humana. Si la fundamentamos en la experiencia, es firme y buscará el lenguaje adecuado.

2El mundo de la interioridad

Quien habiendo oído hablar del kêrygma y de alguna manera haya querido buscar a Cristo y preguntarle “ubi manes?” habrá podido escuchar la respuesta en su propio corazón: “Ven y lo verás”. Lo que importa es la experiencia directa.
La experiencia de Cristo no está reservada para unos cuentos contemplativos.
Se trata ante todo de “ver”, de una experiencia personal, no de formular una doctrina. También nosotros hoy tenemos el derecho a recibir el impacto de Cristo. Se trata de una experiencia de verdad (1Jn 1-3), no de una convicción racional, ni tan sólo una confianza en la experiencia ajena.
La fe nos revela que la palabra “Cristo” no sólo denomina a un personaje histórico, sino una realidad en nuestra vida (Flp II, 9 -11). Es una experiencia consciente que luego se puede expresar de muchas maneras. “Nadie puede decir “Señor Jesús” sino en el espíritu” (1Cor XII,3).
La palabra experiencia es polisémica. Aquí nos referimos a un toque ontológico, que transforma nuestro ser más profundo.
¿Qué es lo que se ve en esta experiencia? “Manete in me” (Jn XV, 4-10). Permaneced en (no sobre) mí tan íntimamente como yo lo estoy en el Padre. El discurso eucarístico abunda en la misma experiencia. Éste es el misterio de Cristo: la interpenetración, la perichôrêsis, la circumincessio entre loo divino y lo humano, y en lo humano lo cósmico. Pablo interpreta este “manete” como vivir en Cristo.
¿Qué quiere decir este manere? Todo cristiano está convencido en lo más profundo de su ser de que Cristo es un ser viviente, que es una realidad incluso en él. Esto es un hecho sociológico. Pero el camino abierto con el bautismo hay que continuarlo, iniciando una búsqueda intelectual y mirando a nuestro interior. Hay que preguntar a la tradición y a nuestro corazón ¿Quién es Cristo?
Dos modelos interpretativos de la experiencia del manere: el enamoramiento (modelo antropológico) y la apertura del hombre a la Transcendencia (modelo filosófico) que supone la inmanencia.
La primera experiencia (enamoramiento) es humana, la segunda, divina, pero la cristofanía es teándrica o eucarística. Ni es meramente humana, ni exclusivamente divina. Es ambas en una unión sui generis. Es un manere teándrico que asume la naturaleza de las dos experiencias.
Sin el enamoramiento y sin el silencio del Abismo no hay experiencia cristofánica. No es una mera teofanía, ni un mero enamoramiento, es una unión no-dualista de las experiencias, es una experiencia unitaria, advaita. Se descubre con el tercer ojo (ni los sensibles, ni la mente), como Pablo, camino de Damasco.
La vida eucarística es la concreción de esta experiencia, la eucaristía es la condición para la resurrección (Jn VI,54). La eucaristía es un contacto a la vez material y espiritual.
Pero hay algo más. La cristofanía es una experiencia dinámica: _Cristo nos lleva al Padre, no se queda encerrado en nosotros. Tampoco el amor humano profundo se queda encerrado en el ser amado. Cristo nos catapulta al Padre y desde él a todo el universo. La experiencia cristofánica no abre a la cosmoteándrica.
Ejemplo de autoconciencia cristiana: “Según la revelación del misterio escondido por los siglos eternos” (Rom XVI, 25-26).

3El lenguaje místico

Basta con rozar otra cultura para darse cuenta de que el lenguaje no es un álgebra conceptual, que indica la forma (unívoca) de la res significata, sino un sistema de símbolos que exigen en el que escucha sintonía y participación especial. Todo lenguaje completo es un complejo sistema objetivo-subjetivo, cultural y temporal y sobre todo de niveles de conciencia y conocimiento. “hay que estar en la misma longitud de ondas” para comprender lo que se dice.
Toda expresión que no se limite a respetar conceptos ya establecidos, sino que desee verbalizar una experiencia profunda y sufrida ha de crear su propio lenguaje.
Una cristofanía que tenga presentes otras tradiciones religiosas no puede pretender que se acepte el álgebra conceptual de occidente como paradigma neutro y universal.
La mística utiliza el lenguaje más directo e inmediato.
Teresa de Ávila oyó decir al Señor: “Teresa, búscate en mí, búscame en ti “. La Santa hizo un hermoso poema de ello.

Búscate
Gnosce teipsum. Invitación a la experiencia autofánica, a conocer la realidad que somos nosotros.

Búscame
Abrirnos a la Transcendencia. La búsqueda humana no finaliza en nosotros. Invitación a la experiencia teofánica, para llegar a ser lo que estamos llamados a ser.

Pero Teresa oyó decir más. Búscate en mí. Búscame en ti.
Esta es la experiencia cristofánica. No búsqueda de sí en sí mismo, ni del Otro en la Transcendencia, sino en Cristo, hombre como nosotros e infinitamente superior.
El búscate en mí tiene tres momentos:

Búscate en mí, vaciándote de ti
Este es el principio de la vida propiamente humana, de la Vida. Sin tal inicio seguimos siendo una especie del género animal, no hemos nacido a nuestra verdadera naturaleza. Este vaciamiento equivale a una muerte, de la que resucitamos a nuestra naturaleza. Sin la metanoia no hay verdadera vida humana.
Búscate en mí, saliendo de ti.
Tu identidad no está en ti, sino en mí. Pero como el en mí es el Otro, no puede haber caminos. No podemos llegar a la Transcendencia, ni quedarnos en la inmanencia, debemos abrirnos a la Transcendencia.
El hombre es un peregrino, pero peregrinar no es viajar hacia una meta conocida, es ponerse en camino hacia la arriesgada aventura del ser (o del no-ser). “Vete y deja todo lo que tienes” (Mt XIX, 21).
Búscate en mi, descubriéndoMe
De lo contrario descubrirás únicamente un no-tú. DescubriéndoMe encontrarás un dios encarnado. El camino hacia Mí no tiene fin.
La realidad última se nos escapa, pero está también en nosotros y no podemos enajenarnos.
En este nivel el conocimiento implica igualmente al sujeto, el conocimiento objetivo ya no es posible. Es la intuición mística. Dios no es un objeto. El tercer ojo no compite con el intelectual. Es otro orden.
Descubrimos en nosotros toda la realidad y lo somos. No parte (metáfora absurda y espacial), sino (iconos de) toda la realidad. “Noli foras ire...”
Búscate en Mí
Debes hacerlo fuera de ti, pero sin salir de ti, o sólo te enajenarás. No te busques en las cosas, no eres una cosa, ni en el transcendente, porque no es posible, búscate buscándome.
De ahí que

Búscame en ti.
Tres niveles.
Búscame en ti, como tu tú más profundo
Es la peregrinación hacia el atman, la búsqueda del Ser.
Ala principio sólo hallarás en ti egoísmo y pequeñez ¿y si tú no fueses esto? “Eres bella y hermosa y en mis entrañas pintada”. Si Me buscas en ti, encontrarás esa bondad, belleza y verdad que hay en ti.
Si perdemos la autoestima, difícilmente podremos estimar a los demás y tener fe en Dios. Para eso primero búscate y luego búscame. Hay que tener confianza en quien busca. La crisis de nuestro tiempo es la crisis del hombre al que hemos reducido a un factor económico en el poderoso engranaje de la competitividad.
El hombre es algo muy distinto que un animal con un gran cerebro.

Búscame en ti, como tu “tú”
No todo lo que hay dentro de este nivel profundo en nosotros es puro. Búscame tal como eres. Tú me descubres y me amas como un amigo, como un tú que está en relación contigo. Sólo cuando hayas hecho este descubrimiento, te darás cuenta de que el silencio de este tú revela algo insospechado. Has vencido el dualismo, porque este tú lo vives como tuyo, pero no has superado el monismo. La peregrinación no termina aquí.

Búscame en ti, como tu “yo”
En ti, porque fuera de ti mismo no me encontrarás. La iniciativa es mía, no tuya. Me has descubierto como un tú, pero es precisamente es tú el que se dirige a ti como a su tú. Tú eres precisamente mi tú. Búscame, no como a otro, sino como el Yo que Yo soy y que hace que tú seas mi tú. Eres tú la que eres mi “tú”, no yo.
Estamos ahora frente al salto mortal: él no es otro, si lo busco en mí. No podemos parar ahora. Si dios es el otro la meta es inalcanzable. Esto es dualismo. Pero estamos llamados a ser hijos con el Hijo, a ser totalmente divinizados.
De esta apetencia el dualismo hace un sueño orgulloso. Así el hombre abandona la búsqueda y se dedica a construir la ciudad humana, a proyectar en el futuro sus frustradas esperanzas. Dios se ha retirado a la Transcendencia y lo ha abandonado.
Huyendo de los demonios del dualismo el hombre se da de bruces con el monismo. Nuestra peregrinación sería entonces del solo hacia el solo. Se abandona la ciudad terrestre y no se instala el hombre en la celeste. Es una espiritualidad acósmica.
En ambos caso se abandona la búsqueda. En el dualismo el hombre se queda en Hombre, en el monismo se transmuta en Dios. La epifanía humanística y atea o la teofanía deshumanizante y monoteísta. Falta una cristofanía simultáneamente divina y humana. Ni el hombre, ni Dios, sino Trinidad, advaita. El búscame no se puede separar del búscate. Mí y ti. El metron es teándrico.
Este es el tercer nivel: el descubrimiento del Yo. La Trinidad es central.
Tú puedes unirte a Mí. Yo me descubro en el “tú” de Dios. Él es el yo que habla, el yo que nosotros escuchamos en el Espíritu. Esta es la experiencia cristofánica: ni el dualismo de la criaturidad y de la mundanidad, ni la simplificación monista de la divinización.




SEGUNDA PARTE
Prolegómenos

Sentido de algunas palabras clave.
Misticismo: todo lo referente a la(s) experiencia(s) última(s) de la realidad.
Realidad: todo lo que de alguna manera entra en nuestra con(s)ciencia, también como impensable, inexistente...
Última: irreductibilidad intelectual. Lo que no puede ser reducido a algo posterior. Pero lo último para un individuo (o grupo) no tiene por qué serlo para otro(s).
Experiencia: inmediatez consciente, la conciencia de algo presente de manera inmediata. Sin mediación. El campo de la experiencia es la consciencia humana. La experiencia está en la base de todo fenómeno cognitivo. En cuanto experiencia no puede derivar, ni deducirse, de cualquier otra cosa.
Realidad última: una realidad que no está permitido deducir de ninguna otra cosa o reducir a cualquier otra cosa.
La experiencia mística: esa experiencia que nos revela la realidad última.
Queda abierto qué pueda ser esta realidad. También la ultimidad es relativa.

No podemos limitar la conciencia mística a una visión teísta o deísta de la realidad, ni a un fenómeno religioso confesional. La forma de unión con lo divino queda muy abierta, ¿pero qué es esto divino?
Un primer problema es si verdaderamente es posible hablar de tal experiencia. El campo de la conciencia es mucho más amplio que el de la inteligibilidad, “la inteligencia no es más que la conciencia cubierta con el velo de la ignorancia” (Tripara Rahasya, 21).
Un segundo problema ¿verdaderamente es posible comparar tales experiencias místicas diferentes? Es necesaria una hermenéutica diatópica. En toda experiencia es como si nos encontrásemos con una cuerda de cuatro hilos. Podemos identificarlos pero no separarlos.
En toda experiencia tenemos:
La experiencia pura. Acto espontáneo, atemporal, fuente de sucesivas actividades de nuestro espíritu.
La memoria de la experiencia que nos permite convertirla en objeto de descripción... le añade elementos de otras experiencias... aparece la temporalidad.
La interpretación, el análisis consciente de la experiencia mediata de la memoria. Interpretación de acuerdo con nuestras categorías... y nosotros somos intrínsecamente dependientes del tiempo (nuestra época) y del espacio (nuestro lugar).
La recepción de la experiencia en el complejo conjunto de conocimientos en que nosotros mismos estamos incluidos.

E = e.m.i.r.

Nuestra tarea no es la de comparar experiencias, sino estudiar la pretendida posible experiencia mística de Jesús el Cristo.
Pero ¿se puede tener la experiencia de otro? ¿no es personal e intransferible?
Mas ¿No podría, tal vez, ser la fe, precisamente, esa participación en la experiencia última? ¿No podría suceder que la persona fuese más comunidad que individualidad? ¿No es la Divinidad más una Vida infinita en eterna participación que un Ser supremo individual?

El ambiente

No cabe duda de que el misticismo cristiano está arraigado directa o indirectamente en la experiencia personal de Jesús. Considerando a Jesús como Dios, carece de sentido hacer un análisis antropológico de la divinidad; pero Jesús era también hombre y, como tal, no hay razón por la que no se deba intentar estudiarlo, como a cualquier otro.
Se ha afirmado con razón que “Jesús, el predicador del mensaje, se ha convertido en Jesús, el mensaje predicado”
Pero ¿podemos intentar revivir en cierta medida la experiencia de Jesús? ¿Es posible comprender el mensaje sin comprender al mensajero?
Se trata de una aproximación cristiana con la mente y el corazón de la tradición ´sivaitica, que tiene en cuenta la población de India que vive con menos de un dólar diario. Una cristofanía en India no puede olvidar el hecho dalit (oprimido), que tiene una relevancia teológica especial.

1. El punto de partida
a)El texto
¡Nos proponemos explorar el misticismo de Jesucristo!
Nos proponemos alcanzar la comprensión de un ser (el humano), cuya naturaleza es fundamentalmente autocomprensión. Jesucristo se había aplicado a sí mismo y a los demás la frase del Salmo 81,6 “Dioses sois” (Jn 10,34). La más íntima aspiración natural de todo hombre es llegar a ser infinito.
¿De qué manera hemos de proceder? Los textos no son suficientes, aunque sean necesarios, pero ¿podemos acceder al misterio de la persona de otros modos?
No podemos reducir los problemas humanos a parámetros abstractos. Es una tentación nominalista moderna.
Un retrato de Jesús: treinta años de vida privada, uno o tres de intensa actividad pública. Tenemos cuatro evangelios, un limitado número de documentos canónicos y no canónicos y algunas noticias posteriores. Su impacto ha sido fortísimo en los 20 siglos posteriores: exaltadas apologías y furibundos ataques.
Conocemos algunas de sus expresiones y muchas palabras que se le atribuyen. Podemos aventurar razonablemente cuáles eran sus propósitos principales. No se alineó con los conservadores saduceos, ni con los extremistas celotas, tampoco optó por la vía de en medio de los fariseos o los esenios.
Sintió una compasión fuerte por los Pobres, los sencillos carentes de instrucción. Lo siguió un conjunto de hombres y mujeres que apenas le comprendían. Fue crucificado por los romanos. Su principal actividad: hacer el bien a la gente sencilla. Sus palabras más recordadas: las Bienaventuranzas que pueden sonar a ingenuas, pero … daba mucha importancia al amor a Dios y al prójimo, a la paz y a la libertad.
Ha suscitado amor y odio entre los hombres.
Sus seguidores han dado frutos buenos y malos a lo largo de 20 siglos.

El contexto
Los rastros de Jesús han quedado impresos en el suelo judío, en la época de los romanos y en un contexto semítico. Las hipótesis de sus posibles viajes a otras tierras no constan de pruebas históricas. Ni podemos decir que queden rastros en otras culturas. A pesar de todo hay una vena no hebrea, y sobre todo no ortodoxa, en sus palabras y en su actuar.
El antisemitismo de los cristianos parece que mengua y ya han pedido perdón por él, no así parecen dispuestos a pedir perdón a los paganos y a otras religiones.
No es posible entender a Jesús sin colocarlo en su estrecho ámbito popular judío. Es imposible comprender la personalidad de Jesús si se minimizan los rasgos concretos de un judío de hace sesenta generaciones.
Se ha escrito tanto sobre él que no es posible trazar una imagen de Cristo capaz de alcanzar un cierto grado de consenso. Hay ciertos rasgos de Jesús que transcienden las contingencias históricas. Hay rasgos y dichos de él que revelan una experiencia central para la vida humana.

b)El pretexto
Nuestros anteojos personales perfilan la figura de Jesús que vemos, pero el mismo hecho de ser conscientes de tenerlos nos permite atribuir a nuestra descripción los factores de incertidumbre y variabilidad que hacen posible crear un cuadro convincente para un número representativo de fieles a Jesús.
Nuestra pregunta es si podemos penetrar en los niveles más profundos de otro individuo, o si hemos de contentarnos con investigar para reconstruir un hecho pasado. En definitiva, ¿si la fe se basa en un libro histórico o es una experiencia personal? ¿Es gracia o conclusión de un silogismo? Jesús era judío, pero el Cristo no es judío, ni gentil, ni griego, ni romano.
Para otras religiones que tienen su equivalente homeomórfico de Cristo, se ha de advertir que equivalente homeomórfico no equivale a equivalente religioso
Jesús era judío, pero Jesús resucitado, el Cristo no, y no debiera excluirse la posibilidad de un transplante cultural de su figura.
Yo he creído en Cristo a través de muchas y necesarias mediaciones. Se impone una reflexión crítica sobre ellas.
La cuestión principal es ¿cómo penetrar en el texto y orientarnos en la complejidad del contexto? Por la tradición que es polisémica, fluida y viva. El pretexto siempre tiene mucho de subjetivo, no meramente objetivo.
La que la tradición transmite es la vida, la fe, un sentido de pertenencia a la comunidad, una participación en un destino común. Por tanto, nos proporciona algo más que un texto, o una interpretación, nos transmite la palabra viva, hablada. ¿Y cuál es su fundamento? La palabra que es escuchada que desencadena la experiencia de la fe.
El pretexto es pues la transmisión de la vida.

2. Tres antropologías:
aproximación individualista,
aproximación personalista,
aproximación pneumática.

A.Individualista.
Jesús ha sido un personaje histórico. Pero ¿qué es un individuo? La cultura occidental prevalerte nos presenta al hombre como una entidad individual. El individualismo es un mito muy enraizado en la cultura actual.
En este ámbito sólo hay una puerta de acceso al misterio de la individualidad: observar las huellas dejadas por la persona cuando sale de su mónada atomista. Tenemos
.- las palabras y obras del individuo pronunciadas y realizadas por el individuo
.- en un contexto concreto.
.- nuestra interpretación de lo anterior mediante nuestra visión particular.
Para reconocer las huellas como imagen hay que conocer de alguna manera el original. Para ello hay que conquistar el misterio de la individualidad.
Para ello es necesario que nuestra credibilidad sea avalada por un testigo de moralidad e inteligencia contrastadas. Y es necesario que entendamos el lenguaje del testimonio.
O sea, que nuestro corazón arda en el mismo fuego “porque nosotros mismos hemos oído y sabemos” (Jn, 4, 42). Sólo en nosotros mismos nos es dado encontrar, y tal vez, comprender, el misterio de identidad de otro ser. Sólo compartiendo la identidad podemos conocerla.
Identidad no es identificación.
Para conocer la identidad necesitamos un conocimiento lleno de amor, el conocimiento toca el qué, el amor el quién. El amor es una experiencia no dualista. En él no cabe ni igualdad ni alteridad, no es uno ni dos. Diferenciación sin separación. Es un “ir” hacia el “otro” que rebota en un entrar en “sí”, mediante la aceptación del “otro” dentro del propio “sí”. No se trata de la cognición de un objeto, sino del conocimiento de un “tú”, que a su vez es el sujeto cognoscente. Hay un solo “sí-mismo” en el que participa el otro en tanto que yo, y yo mismo. El movimiento del amor ha de ser recíproco.
Todas las tradiciones humanas han insistido en la necesidad de la pureza del corazón como requisito esencial para el auténtico conocimiento, “Bienaventurados los puros de corazón, porque verán a Dios” (Mt, 5,8). El corazón de la ortodoxia es la ortopraxis.
Nos proponemos llegar al ipse Christus, ¿es esto posible?
No podemos confundir el aliud con el alius, si desterramos el conocimiento del amor, todo queda en un aliud, un objeto conocido, pero si reconocemos al alius, reconocemos el rostro humano. El conocimiento amoroso descubre al tú y no al otro. Si Jesús es otro y no un tú para el yo que intenta conocerlo, es imposible y blasfemo penetrar en los sentimientos de Cristo Jesús (Flp 2, 5).
Frente al homo homini lupus de Plauto, el homo homini Deus de Erasmo.
Es de notar que este dogma moderno de la individualidad no es una convicción universal y empieza a recibir grandes críticas. El hombre tiene individualidad, pero es más que una individualidad. La individualidad lleva al atomismo sociológico, solipsismo filosófico, a la cuantificación política, al consumismo…
Se comienza a dar mayor importancia a la persona diferenciándola del individuo.
B.Personalista
Intentamos compartir la autocomprensión de Jesús e Nazaret. ¿Estamos seguros de que toda conciencia individual es una fortaleza inexpugnable? ¿La realidad el cuerpo místico es sólo una frase? ¿No es el Ser un acto, una actividad? ¿es la conciencia una propiedad privada?
La persona puede ser descrita como un nudo en una red de relaciones. La realidad es relación. En pantí panta, todos los nudos están en conexión en la red.
La persona no es ni un individuo, ni una experiencia indiferenciada. Escapa a toda definición porque es algo último. Es relación como lo es el Ser.
La persona dice YO, que no es la subjetividad del yo individual. La persona es más que comunicable, es comunicación. En ella la cuantificación no es aplicable, no es una, ni dos, ni singular ni plural. Toda persona es fin en sí misma.
Es más la persona es comunión, y comunión significa pertenecerse mutuamente como sujetos. Comunión no significa que yo posea un tú, sino que ambos se pertenecen. La relación es un coesse, no es causal. Su ser es estar (juntos). Conocer es convertirse en aquello que se conoce.
Preguntamos a Jesucristo: ¿Quién dices tú mismo que eres?.
El hombre es persona, no individuo, por tanto puede participar en la autoconsciencia de otro, aunque con límites. El yo entiende al otro en la medida en que es tú, en la medida en que es amado por un yo.
Este conocimiento tiene sus peligros: alucinaciones fantasmagorías… El yo y el tú no sólo son interdependientes, sino también inteindependientes, como en la Trinidad.

C.Espiritual o adhyatmica
La aproximación individualista es peligrosamente semejante al experimento científico.
La personalista es significativamente similar a la observación de la psicología profunda.
En el tercer enfoque se comparten no sólo ideas, sino el Ser. Las escrituras cristianas nos invitan a ser uno con Cristo, a transformarnos en él. Es la vía de la experiencia, la mística.
Los tres ojos (sensus, mentis et fidei) están interrelacionados. Consideramos al hombre en todas sus dimensiones. Una antropología integral. El hombre no es un individuo separado, ni una persona aislada del resto del mundo. Toda la realidad está constitutivamente interconectada. La antropología tripartita (cuerpo, alma, espíritu) ha sido muy olvidada en la tradición cristiana de los 17 últimos siglos.
¿El conocimiento nos pertenece como una actividad meramente privada? ¿Y si fuese algo en lo que participamos? Esta es la cuestión que se plantea en la aproximación espiritual. No se trata del conocimiento objetivo, sino del identificante y salvífico. Ricardo de San Víctor afirma que el amor está en el origen de la consciencia, y una vez conscientes de algo brota la contemplación.
Conócete a ti mismo = Conoce tu Sí mismo. Sólo cuando deje de ser tu ego surgirá tu Sí mismo. No se trata del conocimiento del otro, sino de Dios, intimior intimo meo. ¿Quién soy yo?
El conocimiento es un conocimiento de todo el Ser y el tercer ojo ve la otra dimensión de lo real. Por ello el autoconocimiento no es conocimiento de ningún objeto. Somos sujetos. Mientras no compartamos la autoconsciencia de un hombre, no lo habremos conocido. El Atman no es esto, ni aquello.
El único medio de conocer al conocedor es convertirse en el mismo conocedor. Se trata de conocer con un crecimiento de nuestro ser.
Llegar a canecer a Jesucristo es un acto místico, la empresa más alta del espíritu humano.
En una visión trinitaria cabe tanto la identidad como la diferencia. Pero yo no puedo ser absolutamente idéntico a mí mismo, porque vivo en la temporalidad y porque no existe ningún predicado que pueda decir quién es el sujeto sin transformarlo en predicado. Pero quizás lo puedo ser sin pensarlo.
El yo se reconoce reconociéndose el tú – igual al yo.
Deseamos conocer la autoexperiencia del hombre Jesús, osamos hablar del misticismo de Jesús el Cristo.
No se trata de una doctrina, ni de una verdad, sino de una experiencia mística. Pero siempre abiertos a la posibilidad contraria.
Utilizaremos los tres métodos como complementarios.

3. La búsqueda existencial
- El status quaestionis
En este tema el que investiga está implicado a fondo. En definitiva la que se cuestiona es el sentido último de la vida. Su equivalente homeomórfico es la pregunta por la identidad de Jesucristo. La cuestión es legítima y real, pero hay que tomar tres precauciones:
a)han existido muchos iconos del misterio del hombre. Jesús es uno de ellos.
b)El impacto de Jesucristo en la vida humana hace del él un caso excepcional.
c)Cristo pretendiendo ser el salvador universal, no admite neutralidad ante su persona. Este hombre me interpela de una forma particular y su experiencia es de importancia capital para una gran parte de la humanidad. La cuestión de la identidad de Jesucristo pretende ser una pregunta última.
¿Quién dice Jesús que es el hombre?
El cristiano auténtico no es el secuaz de una ideología, sino aquel que ha encontrado la realidad de Cristo. La gracia es Cristo mismo. El encuentro es sólo con el misterio inefable que los cristianos llaman Cristo.
Y este encuentro sólo es posible si la comunicación y comunión tiene lugar en lo más íntimo de nuestro ser: la persona. La persona es precisamente ese tipo de relación (comunión) y a la vez nuestra realidad más íntima y más misteriosa.
El individuo es el desconocido que uno se encuentra por la calle. Persona es aquella que es acogida en el corazón.
Para evitar cualquier interpretación pietista o cerebral hay que advertir que no se trata de un dualismo: no se trata de un encuentro con otro, ni con mi interior, mi ego. Cristo ni es otro, ni es yo mismo. No somos ni uno ni dos (ni monismo, ni dualismo) es la relación no dual. Tengo que aceptar mi pisteuma, y confesarlo, así evito toda absolutización. No puedo dejarlo de lado. Hay que relativizar.

La experiencia personal
El salto final no es un ejercicio intelectual, ni un acto de voluntad. Se trata de la misma experiencia mística cristiana.
La experiencia personal de Cristo no puedo más que recibirla en mi experiencia personal. Una fusión de experiencias influenciada por la meditación de las palabras y hechos de Cristo, y quizás por haber encontrado en él una imagen en la propia experiencia de mi profundidad.
Yo tengo la experiencia de mi propia contingencia, en la que descubro el toque tangencial de la inmanencia y de la transcendencia, me doy cuenta de que soy parte integrante (no participación) del mismo flujo que llamamos realidad. Soy el punto de la tangente donde esos dos polos se tocan.
Todo lo que tengo lo he recibido, es criatura. Pero lo que soy no es idéntico a lo que tengo. Lo que soy no es criatura, ni creador. Soy consciente de mi finitud, por eso empieza ya a superarla, por ello no soy finito, ni infinito. Desde joven he oído decir que Dios me había creado a “mí”, pero este “mí” no es idéntico a yo. Mi yo parece encontrarse más allá de ese “mí”. Pero de este yo no puedo decir nada. Yo me sentía responsable de todo lo que hacía ese “mí”, pero no de ser yo.
El yo está antes de saber qué o quién soy.
He llegado a experimentar el “mí” como el tú del yo. No me parece convincente llamar Tú a Dios. Más bien es el Yo, y yo el tú. Pero en los momentos de inseguridad me veía impulsado a llamarlo Tú, Padre… e invocar a Cristo mi istadevata.
Después empezó a invertirse los papeles: intimius intimo meo se fue haciendo realidad. Mi pequeño yo no era relevante, no era último. Mi verdadero sí-mismo no podía ser ni un simple animal racional, ni un ser divino. Un mediador estaba aflorando entre la Transcendencia y mi ego: Cristo. Ese mediador era el hombre Jesucristo y yo me reconocía como hombre. Experimenté la gracia, la fuerza interior que era mi más íntimo sí-mismo y que me llevaba a hacer cosas inexplicables.
Si yo debo entrar en contacto con la experiencia de Jesús, el encuentro debe tener lugar en el ámbito de una experiencia común.

La búsqueda de la credibilidad
El encuentro es con Cristo vivo, no con el pasado. Intellectus quaerens fidem. La fe es el camino de la liberación. La fe es necesaria para iniciar el camino.
Osamos penetrar en la intimidad personal de Cristo.
Para ello hay que distinguir entre el conocimiento racional y otros posibles tipos de conocimiento. Pero no podemos contradecirnos. El credo debe ser razonable y la razón creíble. Puedo creer lo que no puedo entender, pero no lo no creíble.
Por supuesto estaremos cerrados al sentido de estas afirmaciones si somos insensibles a la tercera dimensión (oculi sensus, mentis, fidei) de la realidad, ciegos a la conciencia mística.

II. Las expresiones
“… si hi tacuerint, lapides clamabunt”

Distinción escolástica entre
Discernir: conocer una cosa por diferenciación con respecto a otras.
Pensar: considerar la cosa en sus partes y propiedades. (Cogitare= co-agitare)
Entender: intuición del intelecto sobre aquello que se le presenta como inteligible.

1.Abba, Pater!
“Abba, Padre, para ti todo es posible; ¡aparta de mí este cáliz! Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres”.

La relación con Dios en el hombre primordial es más estrecha que la biológica. ¿Llamar a Dios padre y madre es un antropomorfismo, o llamar así a los progenitores es un teomorfismo?
La presencia de la palabra padre en los evangelios es muy abundante. Jesús no tiene duda de que Dios es su Padre.
En san Pablo Cf. Rom 8, 14-17 y Gal 4, 6-7.
Hay un círculo vital (Perichoresis) en estos textos, porque somos hijos Dios manda su Espíritu, y es porque Dios manda su Espíritu es por lo que somos hijos.
La interpretación
Jesús llama a Dios su Padre e invita a los suyos a que hagan lo mismo en virtud del Espíritu divino que mora en ellos.
La palabra padre, purificada de sus condicionamientos antropológicos, la podemos interpretar en el sentido de fuente, origen, fundamento. No tiene nada que ver con el género ni con el sexo.
Jesús tuvo una experiencia muy intensa de su filiación divina. Y los que reciben el Espíritu son también hijos de Dios. Descubrimos a Jesús como nuestro hermano.
Existe una diferencia entre la filiación de Cristo y la nuestra. Se ha resuelto diciendo que la suya es natural y la nuestra adoptiva. Pero adopción es un concepto cultural de Occidente. Si Jesús en cuento hombre es también hijo natural de Dios, nada impediría que lo fuéramos nosotros. Para mantener la transcendencia divina se dice que Dios en su omnipotencia hizo una excepción con Jesús. Así se asume la redención. Pero si Cristo es el restaurador de la divinidad las cosas se verían diferentes. Nuestra naturaleza divina es real pero in fieri. Hay textos que apoyan esta visión.
Esta metamorfosis afecta a toda la creación. (Jn 15,5. Hch 17, 28. 1Cor 15, 28. Lc 20,36).
Los textos citados de Pablo hablan de que si somos hijos también herederos.
Si nosotros tuviéramos que permanecer humanos no haría falta la divinidad de Cristo.
¿Qué es la filiación?
Hijo natural es una metáfora natural y adoptivo una jurídica. En el concepto monoteísta es lógica la distinción.
La plenitud del hombre no es la plenitud humana, la plenitud del hombre incluye una filiación real divina. Cristo es totalmente divino también en su humanidad corporal (Col 2, 9), y en él nosotros aunque in fieri.

La experiencia
Para la descripción de la experiencia personal de R. P. libro páginas 129…
Jesús experimenta la continua generatio. Él es el hijo de Dios y del hombre. Esta filiación es el destino de todo ser, aunque en grados muy diferentes.
El fundamento de nuestro ser no es otro, un no-yo, sino un tú (transcendencia inmanente) que descubro como el Yo (como mi Yo).
La palabra padre es una función, no una substancia. Más allá de ser Padre no hay nada.
Se trata de experimentar esto como la fons et origo…, como el silencio del que brotó la palabra.
Existir = ex sistere, proceder de la fuente sin nombre.
Nada que no sea una personificación colma a la naturaleza humana cuando, en situaciones extremas, experimenta la vida insondable de la criatura.
Padre= Madre en nuestra cultura, = Amor.
Hay dos caminos para llegar a la experiencia del Abba. La de la gracia y la de la contingencia. Nos basta con ser niños.
Y la experiencia me lleva a ver una relación que no es una dependencia de un Padre todopoderoso. Abba, Pater es una oración que pueda salir de un corazón lacerado pero no de un ser deshumanizado.
La divinización del hombre no es la apoteosis (apo Theôs is) del individuo. La experiencia de la Trinidad es saberse envueltos en una perichoresis cosmoteándrica. Dios es misterio y también nosotros estamos dentro de ese misterio.

2.YO Y EL PADRE SOMOS UNO

Los Textos.

También esta segunda afirmación atraviesa todo el mensaje de Jesús, como la anterior es la expresión de una convicción manifestada de diversas maneras.
Si lo divino no es el ideal último del hombre, se convierte en algo diabólico. Si Cristo no es la revelación de Dios, es la del Hombre.
Las palabras pronunciadas por Cristo no pueden estar fuera de nuestra comprensión, están hoy al alcance de nosotros.
Tres citas:
1. Jn, 10, 30: (Egô kái o Pater én ésmen).
El contexto es una disputa con los judíos sobre el salmo 82,6 “Dioses sois”. Al final los judíos querían apedrear a Jesús.
2.Jn, 14, 9: “Quien me ha visto ha visto al Padre” (o eôrakòs emè eôraken tón Pátera ).
El contexto está teñido de pena y tristeza, forma parte del testamento de Jesús… Jesús ante la propuesta de Felipe no habla de conocer al Padre, sino a él mismo.
Estas frases tenían pleno sentido para Jesús y para multitud de generaciones después de él. Estos textos modifican substancialmente nuestra noción de un Dios separado e inaccesible.
3.Jn, 6, 57: “Sicut missit me vivens Pater, el ego vivo propter Patrem, el qui manducat me, et ipse vivet propter me”.
El contexto es la disputa eucarística. La unidad de Jesús y su Padre es extendida a los que coman de él (de Jesús).

La interpretación.
Se trata de la perichoresis trinitaria extendida a toda la creación. Si Cristo es uno de la Trinidad, también su Cuerpo está implicado en la vida trinitaria.
Entre Dios y el hombre no hay separación insalvable, hay un puente. Jesús no dice yo soy igual al Padre, sino el Padre y yo somos uno, o sea, somos una relación. Esta es todo su ser, la paternidad-filiación. Nada hay más allá de la Trinidad. Dios no es uno (una substancia) ni trino (tres substancias) sino la correlacionalidad última e infinita de la realidad. Hay identidad (le relación) y diferencia (Padre, Hijo…). Padre e Hijo no son diferentes, sino correlatos, ambos nombres no son más que relaciones. La relación es la categoría fundamental de la Trinidad y de la creación.
Jesús es el Hijo porque el Padre lo engendra eternamente y en él a nosotros y a la creación entera. Esta relación no está cerrada, el Espíritu la mantiene abierta.

La experiencia
Nosotros compartimos la Vida como la fuente y el río comparten el agua, pero todavía no se ha manifestado lo que seremos. (1Jn, 3.2). La cristofanía no está plenamente manifestada. ¿No es quizás la vida la aventura de hacer utraque unum (Ef. 2,14) y un Uno no numérico? La experiencia de la Trinidad.
“Soy uno con la fuente cuando yo mismo hago de fuente, haciendo refluir todo aquello que recibo – como Jesús”.”Cuando soy transparente, soy libre de todo miedo, soy verdaderamente yo mismo”
Esto no es orgullo, es la experiencia de la Pascua, de la Resurrección. La experiencia cristiana no acaba el Viernes Santo sino el Domingo de Resurrección, que se hace real en nosotros por Pentecostés, que nos humaniza divinizándonos.

3.CONVIENE QUE YO ME VAYA

Esta expresión representa el estadio más profundo de la experiencia religiosa, también porque es la más human la theosis sin kenosis sería diabólica.
Es bueno reconocer que nuestra hora debe llegar en un momento u otro, porque la existencia temporal debe resucitar, entrar en la ”sistencia” tempiterna, en el manere del Espíritu. Es bueno que el tiempo no se pare en nosotros, ni nosotros en el tiempo.

Los textos

Sed ego veritatem dico vobis; expedit vobis ut ego vadam. Si ego non abiero, Paraclitus non veniet ad vos; si autem abiero, mittam eum ad vos. (Jn 16, 7)

Se trata de una situación muy humana, el maestro está a punto de dejarlos, sin haber concluido prácticamente nada. No les ha dejado nada duradero. Les deja el Espíritu y su presencia silenciosa en la acción eucarística. Les promete el Espíritu: paráclito, consuelo.

"Ótan de élthê ekéinos, to pnéuma tes alêtheías, odegếsei ymâs eis tên alêtheian pâsan"
Cum autem venerit ille, Spiritus veritatis deducet vos in omnem veritatem.
(Jn 16, 13)
Se trata de una confianza total en el Espíritu, que es Espíritu de verdad, Verdad que nos hace libres (Jn 8, 32). El Espíritu nos llevará hasta la verdad completa, no fragmentada, no hacia formulaciones de la verdad, sino a la verdad indivisa, al núcleo de la realidad. El Espíritu no nos hace omniscientes, sino verdaderos.
La verdad de la que nos habla Jesús no es adaequatio, sino aequatio ad ordinem realitatis... y esta aequatio es la justicia, la dikaiosine que tiene tanto de justicia humana como de justificación divina.
La verdad se puede traducir en conceptos??, pero no es un concepto, es una relación. La verdad es espíritu de verdad.

Qui credit in me, opera, quae ego facio, et ipse faciet, et malora horum faciet, quia ego ad Patrem vado. (Jn 14, 12).
Estamos al comienzo de una nueva manifestación del Espíritu.
Los discípulos haremos obras mayores que él, porque él se va al Padre. No nos deja huérfanos. Él es el mediador, no el intermediario, que ha cumplido su misión. Ahora nos toca a nosotros. Él vuelve a la Fuente, de la que también nosotros podemos sacar agua viva.
Volvamos a los sentimientos de Jesús cuando pronunció aquellas palabras.

La interpretación.
Él no había venido para quedarse, tenía que alejarse, porque había venido para quedarse en nosotros de una manera personal, manere en nuestro ser.
Nuestra tentación es hacer de él un ídolo, o fijarlos en conceptos. Con sus enseñanzas elaboraremos un sistema, lo aprisionaremos en nuestras categorías y asfixiaremos el Espíritu.
No hemos entendido aún que el Reino no se puede objetivar.
La cristofanía es la máxima potenciación de nuestra verdadera identidad. Él se fue, permitiendo así al Espíritu conferirnos nuestra verdadera identidad.
Las últimas palabras (Qui credit in me…) representan la quintaesencia del mensaje de Jesús: ninguna certidumbre, ninguna seguridad, ninguna regla externa. Confianza total en cada uno de nosotros. El Espíritu vendrá.
Conviene que así sea. Conviene que la iglesia esté en manos de los hombres, que la humanidad forje su destino, que seamos corr4esponsables del destino del mundo. La inmutabilidad que rompe el dinamismo de la vida es la muerte.
Ubi spritus, ibi libertas.
La promesa del Espíritu pertenece al kerigma de Jesús.
Sus palabras pueden ser interpretadas como la narración de una situación realista que rompe todo idealismo. Se diría que Jesús había fracasado y que perdió toda oportunidad de fundar su iglesia. Murió abandonado.
Y en medio de todo Jesús predicó: Mê merimnâte, nos os preocupéis (Mt 6,25-34 y Lc 12, 11-22). Y en el último momento, después de la resurrección no pide más que amor (Jn 21,15-16). Sólo el amor borra el pecado. Y sólo se ama si se tiene el Espíritu que es Amor. Se trata de una experiencia humana.
Si Jesús no se va, ni viene el Espíritu, ni su resurrección adquiere todo su sentido, que es la revelación de la vida trinitaria en nosotros.
La resurrección es la presencia real de la ausencia. Resurrexit, non est hic, como el Reino.
“sé tu mismo la continuación de la encarnación”, nos pide Jesús, que la misma no se ha acabado conmigo, es más en este conmigo, en este mí, estás tú. El kerigma es esto encarnar una Vida en la misma proclamación gozosa de una vida, y no un discurso o doctrina.
La creatio continua nos libera de vivir en un universo fijo y condicionado, la incarnatio continua (valgan las palabras a falta de ellas) nos l ibera de vivir en un universo histórico y temporal y nos hace conscientes de nuestra naturaleza divina. Es la visión trinitaria de la creación. La encarnación es la revelación del Misterio escondido desde los eones eternos en Dios. El destino de la cabeza (Cristo) es el de su cuerpo (el universo entero). La vida trinitaria circula por todo el universo, y nosotros vivimos en este tránsito.
Conviene que él se vaya, conviene que nosotros nos vayamos. La Vida es don que nos ha sido dado y hemos de dar a otros, la vida es transitoriedad.

La experiencia
Raimon con sus palabras.
“El asumir mi condición humana, el darme cuenta de que mi tiempo se acabó y de que debo irme, el estar convencido de que el Espíritu no puede ser apagado, ni controlado o dirigido es la experiencia suprema. El Hijo del hombre no quiere para sí excepciones ni privilegios.
Ésta es la última prueba. Me iré, debo irme. El ego morirá dejando sitio al espíritu. Esta Vida es Resurrección.

III. LA EXPERIENCIA MÍSTICA DE CRISTO JESÚS

1.“Esto he oído” "êkousa": había un hombre que vino al mundo y afirmó ser uno con el Origen; había venido de esa Fuente y había de volver a Ella. En el lapso de tiempo que le fue concedido, pasó su vida haciendo el bien…

2.“Esto veo”: la vida interior de Jesús revela una experiencia universal. Nos lo muestra la historia. También yo, intensidad y pureza aparte, estoy en condiciones de vivir esta experiencia…

3.El misticismo de Jesús es simplemente misticismo humano… Es la experiencia última del hombre en cuanto hombre… la plenitud de todos lo que todos nosotros somos. Hablamos de divinización, pero si dejamos de ser hombres, puede convertirse en enajenación…


Resumen:
El misterio de Cristo es el misterio de toda la realidad: divina, humana, cósmica, sin confusión ni separación.
Cristo no sería Cristo si no fuese divino, más aún, si no fuese Dios. Lo divino no puede ser fragmentado.
Cristo no sería Cristo si no fuese humano, más aún, si no fuese toda la humanidad.
Pero esta humanidad distendida en el tiempo, no está acabada, ni lo estará mientras el tiempo sea tiempo, y el tiempo no tiene fin porque el fin es temporal. La vida es esta novedad, o creación constante.
Cristo no sería Cristo si no fuese toda la corporalidad. Pero esta materialidad extendida en el espacio no está aún acabada, ni lo estará nunca mientras el espacio sea espacio, porque el límite del espacio ya es espacial. La materia es parte de lo real con esas otras dos dimensiones, en interpretación infinita.
Los cristianos ven en Cristo Jesús este símbolo como un punto resplandeciente que, deslumbrándonos, permite entrever, sentir, vivir, realzar la experiencia tabórica de toda Luz.
El lenguaje humano debe callar. El logos por sí solo es insuficiente: “Conviene que yo me vaya”.

Quoniam apud te est fons vitae, et in lumine tuo videmus lumen.


TERCERA PARTE

CRISTOFANÍA: LA EXPERIENCIA CRÍSTICA.
"Kai autós éstin pro pântôn
kai ta pânta en autô synéstêken"

Ipse est ante omnia et omnia in ipso constant (col 1, 17)

Nueve sutras

Introducción
Lo que estos sutra se proponen es lo que podría llamarse como una reflexión de la gran iglesia. Pretenden ser una vía intermedia entre la teología clásica (monoteísta) y una corriente teoclasta, liberar a Cristo de toda ligazón con dios.
Usamos la palabra sutra y no tesis, porque no es pensamiento inductivo-deductivo, el sutra nos habla desde el interior, es necesario haber adquirido un nivel de conciencia para captar su sentido. Nadie puede deducir un roble de una semilla.
Estos sutras son condensaciones de experiencias vividas son sutra=hilos que junto con otros forman la urdimbre de la realidad…

I.Cristo es el símbolo cristiano de toda la realidad


Coherencia significa ante todo la existencia de un símbolo central. El símbolo expresa una experiencia de la realidad la cual sujeto y objeto (fenómeno y númenon) están inextricablemente unidos. El conocimiento simbólico es irreducible a la evidencia racional. Ejemplos: dios, ser, materia, misterio, hombre, luz, energía… el símbolo tiene naturaleza ontológica, no epistémica.
La tradición cristiana ha recuperado la antigua tradición trinitaria de la realidad. En el misterio trinitario adquiere toda su dimensión el simbolismo de Cristo.
Cristo es esa luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo (Jn 1,9)
Y un montón de citas bíblicas: (Col 1,17. Jn 1,3. Jn 1,18. Col 1,15. Ap. 1,8. Col 1,18. Rom 7,22)
La aventura de la realidad es un egressus espacial y temporal de Dios y un regressus a la fuente por obra del Espíritu Santo. Esta extensión espacial y dis-tensión temporal del hombre es reunida en la tensión (humana) del hombre en crecimiento hacia la plena medida de Cristo (Ef 4,13).
El sentido del camino de la vida es cada paso, cuando es auténtico.
Leyendo a Filipenses, Colosenses, Efesios, Corintios, Romanos, Juan… re-cordamos (llevamos al corazón) que el punto central de la comprensión cristiana es el hombre Cristo Jesús, el mediador.
Orígenes llega a decir que Cristo tiene como cuerpo a la creación entera, y cada uno de nosotros es un miembro según su parte. Cristo es el hombre completo teléios ânthropos que une y representa a toda la naturaleza humana y es desde el principio.
La visión cosmológica de los Padres no es la científica de hoy, que ha perdido la tercera dimensión.
Una visión cristiana debería poder afirmar que cada ser es una cristofanía. Toda realidad podría ser llamada Fuente, Realidad y Espíritu (enèrgeia).
El equivalente homeomórfico de Cristo no es un avatara, que no es hombre, sino apariencia de hombre.
En el seno de una visión trinitaria la centralidad de Cristo con respecto a la realidad es consecuencia directa de la Encarnación. En él está todos los tesoros de la divinidad y todos los misterios del hombre. Cristo es el símbolo de toda la divinización del universo: per ipsum, et cum ipso, et in ipso.

II.El cristiano reconoce a Cristo en Jesús y a través de él

Cristo es la traducción griega de la palabra hebra Mashiah. Pero pronto dejó de significar el Mesías esperado de Israel. La revolución cristina se manifestó en el I Concilio de Jerusalén que abolió la circuncisión, sacramento primordial del pueblo hebreo, reconoció en Jesús, un hebreo crucificado, no ya al Mesías del pueblo hebreo, sino al hombre en el que habita corporalmente la plenitud de la divinidad (Col 2,9) y la revelación del heredero de todas las cosas que contiene el universo con la palabra de su poder (Heb 1,3). La transformación cristiana no consiste en afirmar que Jesús es el Mesías prometido del pueblo hebreo, sino que en Jesús se ha revelado ahora el misterio escondido desde el principio de los tiempos (Rom 16.25) y que por medio de él han sido creadas todas las cosas (Col 1,16).
Quien cree (confesión existencial) que Jesús es el Cristo es cristiano. No se puede decir esto sino en el Espíritu.
Cristo Jesús porque hay distinción y equivalencia. Cristo no es el apellido de Jesús, no queda agotado en el individuo de Nazaret. El concilio de Calcedonia reelaboró la relación entre Jesús y Cristo como inconfuse, inmutabiliter, indivise, inseparabiliter.
Encontramos a Cristo en Jesús y a través de Jesús, pero Cristo no puede ser plenamente identificado con Jesús. Estamos hablando de un conocimiento simbólico, no algebraico donde si A es B, B es A. en este caso el Icono A no es el original B, aunque no es sólo su imagen. El icono visto a la luz tabórica es la revelación del original, el símbolo que lo hace presente a quien lo descubre como tal icono. Por ejemplo: la Eucaristía es la presencia real de Cristo, pero no las proteínas e Jesús de Nazaret.
El gran escándalo cristiano, que lo es tanto para los cristianos como para los no cristianos, consiste en afirmar que el Jesús de la historia, el hijo de María es el Cristo de la fe. Es el gran misterio que nadie puede entender.
El cristiano encuentra a Cristo en Jesús y a través de él. Es un encuentro personal, un “toque experiencial”, una verdadera Gnosis de la tradición cristiana, un conocimiento experiencial, una actividad ontológica no meramente epistemológica.

III.La identidad de Cristo no es su identificación

Los métodos científicos se han apropiado del método teológico y con frecuencia se confunde el qué del individuo con el quién de la persona. Además a pesar del nominalismo, el haber entendido un concepto nos lleva a creer que hemos entendido la cosa. En física se ha descubierto que el observador modifica la observación (Heisenberg). El pensamiento no es un simple reflejo epistemológico de la cosa, es una actividad ontológica. Algo que saben todos los místicos.
Identidad e identificación son inseparables, pero no son lo mismo. Podemos identificar a Jesús plenamente, pero aún se nos puede escapar su identidad. Para conocer la identidad de una persona se necesita amor. Conocer el tú. Pedro descubrió la identidad de Jesús pero no pudo ser más que por obra del Espíritu. La identidad no se conoce ni por la carne, ni por la sangre, n por el cálculo, ni por el sentimiento.
Las cristologías se han concentrado en la identificación más que nada, o han hecho de la identidad una categoría objetivable, y la han extrapolado a distintos contextos, cuando ha sido descubierta en una cultura concreta.
Una reflexión sobre Cristo no puede limitarse a una exégesis de textos, debe buscar su identidad, no su identificación. El pisteuma es una conciencia iluminada y crítica en la cual la fe del creyente no es puesta entre el paréntesis de una época (pura fenomenología).
Los místicos han vivido la tensión el quién de Cristo, unos se han acercado más (no exclusivamente) a la persona divina, otros a la naturaleza humana.
La identidad que se descubre en el encuentro personal debe aceptar los criterios de la identificación, y esta debe intentar descubrir la identidad, la cual atestigua que la identificación es correcta. Este encuentro personal no debe interpretarse en el sentido de una antropología bidimensional.

IV.Los cristianos no tienen el monopolio del conocimiento de Cristo

La fe en el misterio de Cristo supera, pero no niega, la manifestación que tiene en Jesús, la reflexión sobre los datos de Jesús no puede agotar la riqueza de la realidad de lo que los cristianos llamamos Cristo.
Cristo es el nombre por encima de todo nombre, también el de Jesús. Los cristianos no pueden convertir en exclusivo este nombre.
Las otras religiones usan lenguajes diferentes y lo (al misterio que llamamos Cristo) de diversas formas. Corresponde a los cristianos reconocer en esas tradiciones luces del mismo misterio, que han de considerar como otros aspectos de Cristo.
Oda religión vivida en profundidad tiene pretensión de universalidad, pero vivida de modo limitado. Es un sendero para la realización, y la realidad es entera. Pars pro toto. Pero esto no es algo cuantificable. En toda icofanía está el todo, pero tamquan in speculo et obscure.
Los cristianos no son los dueños de Cristo.

V La cristofanía es la superación de la cristología tribal e histórica

Jesús es Cristo, pero Cristo no es idéntico a Jesús. Jesús es para los cristianos el camino que lleva a la vida que es la verdad. Pero no aparece como tal ante los ojos de los demás. Si tienen alguna idea de Jesús es muy imprecisa.
Por atraparte la figura de Cristo ha sido elaborada sólo en diálogo con las culturas mediterráneas, por eso la cristología es tribal. Los dos mil años de historia cristiana está centrada en sus propios intereses, con una gran indeferencia hacia el resto.
¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Al principio la respuesta se buscó en diálogo con los hebreos, griegos, romanos, bárbaros…, pero luego no se dirigió la mirada a otras civilizaciones, sino que se creó la C. de propaganda fide. No imitaron a su maestro, se limitaron a dar su propia respuesta.
La historia es el mito moderno de occidente o sea, es el horizonte de inteligibilidad, donde se manifiesta lo real. Así identificamos al Jesús real con el histórico. Si Jesús de Nazaret no hubiera sido un personaje histórico, perdería toda su realidad.
La cristofanía no rechaza la historicidad de Jesús, sino que afirma que la historia no es la única dimensión de lo real y que la realidad de Cristo no se agota en la historicidad de Jesús. La superación de la cristología histórica por parte de la cristofanía pertenece al momento cultural en que vivimos.
Con la modernidad y la cosmología copernicana, en la que no hay lugar para los ángeles, espíritus, ni dios inmanente la función cósmica y universal de Cristo se reduce a la humanidad de Jesús, y ésta con su historia. Tampoco el vaticano II superó los parámetros de la Ilustración, y presentó a la Iglesia como Pueblo de Dios, olvidándose de la dimensión angélica y cósmica e ignorando otras culturas. La apokatastasis pantôn abarca también a los ángeles caídos y la anakefalaiôsis nos habla de un Cristo cósmico, alfa y omega de toda la realidad…
Es significativo en qué medida ha sido olvidada la concepción del Cuerpo místico de Cristo. El miedo a que la encarnación pueda conducir al panteísmo. Hemos dividido al logos en dos el logos ad intra (Trinidad) y ad extra (Creación) cuyo campo es la historia, mientras que el campo del Espíritu (Pneuma) transciende la temporalidad. El fiat de María fue un suceso histórico, pero la acción del Espíritu Santo no necesitó tiempo. “Hoy estarás conmigo e el paraíso”. La realidad efectiva de la Encarnación y de la Resurrección no se reduce a la historia.

VI.El Cristo protológico, histórico y escatológico es una única y misma realidad “distendida” en el tiempo, extendida en el espacio e intencional en nosotros.

No hay tres Cristos, creador, redentor y glorificador. Cristo es todo a la vez. Es uno de la Trinidad. El misterio de Cristo, la experiencia cristofánica no tiene sentido sin la visión trinitaria. Sin esta visión se reduce a un personaje histórico más o menos divinizado.
La visión que se tiene de Cristo depende de la cosmovisión que se emplee.
Las palabras que hemos usado no están exentas de ambigüedad. Creador es un abuso del lenguaje en un monoteísmo rígido. Redentor sugiere una teoría no exenta de sadismo. Glorificador tienen una visión teocrática imperial.
En la experiencia humana nuestra conciencia nos dice que:
1º. Nos sentimos distendidos en el tiempo. Nuestra conciencia humana es temporal, nuestra vida no se vive toda en un instante, corre a lo largo de un sendero temporal. El mundo es un lapso de tiempo. La distensión del tiempo afecta a todo ser. Pero vemos que todo está enlazado, que hay algo de no dis-tendido, que no es tiempo…
2º. Somos conscientes de que todo lo que existe está “extendido” en el espacio, es corpóreo y tiene partes. El universo, incluidos nosotros, es un lugar material. Estamos en el espacio. La realidad es espacial y temporal. Si abstraemos lo material, la realidad se derrumba. Sin embargo, tenemos una intuición de que hay algo más que la materia. El espíritu no es un puro concepto. La misma distancia no es algo corporal (es entre cuerpos, pero no otro cuerpo).
3º. Somos también conscientes de nuestra naturaleza intencional. Todo en nosotros tiende hacia algo más, estamos proyectados hacia delante. Somos intencionales. Hay en nosotros un tender a… Existe una transcendencia, aunque no sepamos dónde…
Tendemos a indagar lo que es desconocido. De dónde venimos, a dónde vamos, qué somos… las preguntas sempiternas de la humanidad.
Somos temporales y eternos, espaciales y espirituales, conscientes y podemos siempre saber más…
A estas preguntas la cristofanía ha de dar una respuesta.
No es necesario que nos apoyemos en una cosmovisión vieja. El problema de la ecología ha de tener una respuesta en el Cristo escatológico (ecosofía).
No hay que dejar de lado la historia, pero la plena realidad de Cristo no puede partirse en tres funciones…
Nuestra fidelidad a Cristo y nuestro amor hacia él no nos enajenan del amor por nuestros semejantes, desde los ángeles, hasta la tierra. Cristo no es un muro de separación. Él nos empuja hacia los demás, y a ver lo de negativo que hay en nosotros. El “a mí me lo hicisteis” es una afirmación de la presencia ontológica de Cristo en el otro, nos hace descubrir el verdadero rostro humano del prójimo.
La religiosidad es la dimensión humana más profunda que vincula al hombre con el resto de la realidad mediante sus lazos constitutivos más íntimos, esta religiosidad no puede reducirse a la pertenencia exclusiva a un grupo humano particular. Es la pertenencia consciente a la realidad la que nos hace cristianos.
Somos plenamente humanos, pero también plenamente reales aunque de un modo contingente y limitado.
La creación es creatio continua, el fundamento sobre el que la temporalidad se apoya.
La eucaristía es la incarnatio continua. La parousia de Cristo no es separable del Cristo eucarístico y resucitado, no es una segunda encarnación u otra aparición de Cristo.
La realidad del tiempo está sobre dos potentes pilares, el principio y el fin, que no son temporales, ni pre-, ni post- sino sempiternos.
La cristofanía nos ayuda a vivir conscientemente nuestra vida tempiterna, la plenitud de una vida que ha integrado el pasado, presente y futuro de forma que puede ser vivida en plenitud.

VII.La encarnación como hecho histórico es también inculturación

La Encarnación en cuanto hecho histórico en el tiempo y en el espacio, es un suceso temporal, solamente inteligible dentro de un ámbito religioso-cultural concreto. Pero, la encarnación divina como tal no es un hecho histórico, sino una acción divina de la Trinidad. El Unigénito es también el Primogénito. La Encarnación es la realidad total del Logos, “Misterio escondido desde el origen de los siglos en Dios” que se ha manifestado en le cristofanía histórica de Jesús.
No debe absolutizarse la historia…Aunque la salvación tenga lugar en la historia no es un hecho histórico. La Historia de la Salvación no es ni la salvación de la historia, ni la salvación histórica del hombre, sino la secuencia histórica de los eventos a lo largo de los cuales tiene lugar la salvación, que no es esos eventos, que no es un hecho histórico.
La esencia del colonialismo consiste en la convicción de que una sola cultura es suficiente para abarcar y comprender todo el espectro de la experiencia humana. El cristianismo se ha aliado con esta mentalidad. ¿Ha contribuido a su consolidación?
Hoy no se cree, al menos teóricamente, en ello, por lo tanto es necesaria la inculturación para defender la pretensión de universalidad.
De ahí la tensión, si el cristianismo es esencialmente histórico. En los últimos
La Encarnación no es un hecho histórico, pero ha sucedido en la historia y como tal ha cambiado radicalmente la forma de percibir la historia de los cristianos, pero de ahí a afirmar que los cristianos son el nuevo pueblo de Israel (de Dios), hay un abismo. El dios de la Biblia hebrea es el Dios de la historia, pero el Cristo de los cristianos es su víctima.
La Encarnación en tanto que acaecida en la historia es un hecho irrecuperable, en un tiempo lineal. Podemos recordarlo. Pero, la cristofanía no es sólo una cristología que intenta interpretar los hechos históricos de Jesús de Nazaret. Pretende acoger críticamente “el misterio aparecido,… revelado ahora” con todos los medios de conocimiento de que pueda disponer el hombre. Este misterio, ya desde el principio en el seno del Padre, no es histórico ni temporal.
Sin una visión mística desvanecemos el misterio. La historia no puede ser repetida, sólo recordada, conmemorada, (anánnesis). El hecho pasado no es presente históricamente. La Encarnación como hecho histórico no puede ser considerado universal, salvo que un grupo determinado de humanos (los cristianos) quieran fagocitar al resto para “salvarlos”. Si los sucesos históricos que dieron origen al cristianismo pretenden tener relevancia para otras culturas, tendrán que demostrar su validez transhistórica. De lo contrario será otra invasión colonial.
Este es un hecho que hay que afrontar. El cristianismo es también una construcción cultural, ligada a la historia y a la cultura occidentales, ninguna cristología es universal, y la cristofanía ha de ser conciente de ello al enfrentarse al problema de la identidad de Cristo. O esta cultura (la histórico-cristiana para la que la Encarnación tiene sentido) debe convertirse en una cultura universal, o la cristofanía es pluralista, no unívoca. No puede reducirse al orden del logos. Y esto es posible gracias a la Trinidad. El Espíritu no es el Logos.
El cristianismo es una religión histórica, pero, Cristo es más que una realidad histórica, en el sentido en que la cultura semítica ha entendido la historia.
La cristofanía no se limita a la identificación de Cristo, aspira a alcanzar la identidad. Esto requiere la visión mística, el tercer ojo.
Cristo no es una figura políticamente neutral, nos desafía a escoger, a tomar decisiones. Los factores culturales, con todas sus ambivalencias y límites son intrínsecos a toda cristofanía.
Es insuficiente la mera exégesis. El cristianismo es una religión de la palabra, no de la escritura: Fides ex auditu.
No existe una cristofanía absoluta, no es la conclusión de un silogismo. Él es principio de contradicción. Pero no por ello hemos de renunciar a una cristofanía convincente para nuestro tiempo. Sólo que no hemos de absolutizar nuestras interpretaciones, sería reducir el Misterio de Cristo a nuestras categorías.
No podemos cerrar de forma determinista la aventura humana. La aventura de la creación está también en nuestras manos. No somos una marioneta en las manos de Dios. El futuro depende también de nosotros


VIII.La iglesia se considera el lugar de la encarnación

La comprensión traicional de la iglesia es el sacramentum mundi, misterion tou kosmou. Misterio del universo. Se considera el lugar donde actúa el Espíritu Santo. Y por tanto, como parte integrante del único acto trinitario de la fe cristiana.
La fe es credere in Deum, credere Deum et credere Deo. Credere in Deum: Padre, Hijo y Espíritu santo en el seno del misterio de la iglesia, ese misterion que es más apmlio que el sacramento eclesial, comprendio de los siete sacramentos. Ecclesia es el locus salutis, ei ita, ubi salun, ibi ecclesia. Por supuesto que esta iglesia no puede ser confundida con una institución.
Reducir la iglesia a la iglesia visible y al fenómeno histórico sería microdóxico. La iglesia visible no es el reino.
La salvación consiste en alcanzar la plenitud, en compartir la naturaleza divina (capax Dei). Y esto es posible porque en la misma raíz de la creación está el mediador, Cristo, engendrado por la Fuente, crea todas las cosas y las diviniza por la gracia del Espíritu Santo, de modo que la vida de la Trinidad lo impregne todo y Dios sea todo en todos (1Cor 15.28). mientras tanto somos peregrinos. El lugar donde sucede este proceso es la iglesia, también se realiza en la iglesia visible pese a todas sus sombras.
El lugar de la Encarnación es el hombre. El lugar del hombre la tierra, la iglesia en su camino. La meta es la plenitud (o el Vacío budista, que no es igual a la nada).
Creatio continua et incarnatio continua.

IX.La cristofanía es el símbolo del Mysteriun coniunctionis de la realidad divina, humana y cósmica

El aspecto cósmico y trinitario del misterio de Cristo no empaña su realidad histórica. El misterio de Cristo es precisamente esta coniunctio armónica: igual al Padre e igual a nosotros.
La Nativitas es hodie, no olim. Es celebración de algo actual, no conmemoración del pasado. La horizontalidad humana de Jesús transciende el tiempo. Es la experiencia cosmoteándrica. Cristo restaura no sólo al hombre, sino al mundo.
En Jesucristo lo humano, lo cósmico y lo divino están unidos. Une estos polos sin sacrificar ninguno.
La no-dualidad no es una negación dialéctica de la dualidad, ni un acto secundario del intelecto, sino una visión directa que transciende la racionalidad (sin negarla). Se capta sin mediación la relacionalidad previa a toda dualidad. La correlacionalidad constitutiva de la realidad no es reconducible ni a la unidad, ni a la dualidad.
Cristo es uno, no unión de tres elementos, aunque podemos y debemos distinguir esta tridimensionalidad en él. Es el símbolo central de lo divino lo humano y lo material (cuerpo).
Si separamos a Jesucristo de la Trinidad su figura pierde todo sentido y credibilidad. Sería simplemente un gran profeta. Si separamos su humanidad de su real caminar histórico por la tierra y de sus raíces históricas, lo convertimos en una mera figura gnóstica, que no comparte nuestra naturaleza humana.
Esta conjugación de los tres es tarea de la cristofanía para nuestro tiempo.

domingo, 6 de julio de 2008

Del laicismo o de una nueva etapa en la manifestación el Espíritu

Del laicismo o de una etapa más en la evolución del Espíritu


Para entender con más conocimiento de causa lo que se dice en estas reflexiones es conveniente tener en cuenta la entrada en este blog del 6/12/2007.

He de comenzar este escrito confesándome hombre de fe, y de fe en Jesús, el Cristo. Toda mi educación ha venido marcada por la presencia constante en mi vida de Jesucristo, y en modo alguno he renunciado a él, antes bien, quiero hacer en mí lo que ya hicieron los místicos, tanto teístas como no teístas, y que en una línea cristiana marca, a mi entender, el Evangelio Gnóstico de María Magdalena:
“ He puesto mis huellas dentro de las Suyas y me he sentido libre por el mero hecho de no haber imitado Su actitud, sino haber descubierto su esencia.
...ésto no es cuestión de creencias, la creencia es una fuerza ciega, suele reposar en la simple confianza ingenua, a veces en lo arbitrario... a veces se alimenta de una falta de lógica, que lleva al fanatismo, no es algo razonado... Yo te hablo de fe, que es una certeza, un conocimiento directo, y fuera del tiempo, de Aquello que es... una certeza que viene a alcanzarnos hasta la profundidad de nuestro cuerpo. ...Es como un soplo que ningún muro o prisión podría contener, ni siquiera frenar. Os sitúa en el Espíritu del Maestro, en ese espacio que ninguna palabra podría describir. Ahí es donde se redescubre el sentido del amor y de la libertad.”
Y puesto que lo que quiero es esto, le fe, a la que alimento cada día dejándome llevar al centro (meditari) y no la creencia, cada vez me siento personalmente más distante de cualquier institución que exija que se deponga todo criterio personal en favor de la creencia en sus afirmaciones y dogmas, en sus mandamientos e ideologías. Jesús de Nazaret fue un hombre verdaderamente libre, como lo fueron Buda, Lao Tse, Mahoma, Francisco de Asís, Lutero, Eckhart y todos los místicos que en el mundo han sido.
Creo que esta confesión personal ha de ser suficiente para que no se me alinee en una línea de no-espiritualidad a la que no pertenezco. Veo que todo cuanto es en el Kosmos no es sino la manifestación plena y libre, en cada momento, de la evolución del Espíritu. Sin Espíritu no hay Kosmos y sin éste tampoco hay Espíritu, como bien dice Raimon Panikkar, pues el Kosmos no es sino el modo de manifestación del mismo Espíritu.
Ya en varias entradas que he realizado en este blog hay material que ayuda a reflexionar sobre el tema que ahora propongo. De todas maneras he decidido hacer la reflexión desde una perspectiva nueva, aunque lógicamente utilice mucho material del ya empleado.
Para llevar a cabo esta reflexión, se han de precisar varios conceptos, no definirlos, puesto que se trata de algunas realidades que van mucho más allá que nuestra mente humana racional, pero sí, como decimos, hemos de precisarlos, puesto que los términos como laicismo, Espíritu, religión...se utilizan para decir cosas muy distintas, en función de todo un contexto y de la persona que utilice el término.
Por Espíritu se entiende en este escrito la Meta y el Sustrato del que están hechos todos los peldaños de la evolución, el Misterio que abarca cuanto es tanto en el mundo manifiesto de las cosas, como en el no manifiesto, o quizás podamos decir: Aquella Plenitud que me saca de mi aislamiento, respetando mi soledad, en una palabra lo que quiere decir la palabra Dios sin todo el peso idolátrico que la historia ha cargado sobre la misma. Las cosas son el Espíritu en su forma manifiesta. Se huye expresamente de cualquier concepto dentro del cual queramos encerrarlo, pues se trataría de un ídolo mental (al que por desgracia estamos muy acostumbrados los hombres1 en todas las religiones). Creo que la misma palabra Dios, como Yahvé, Alá... han dejado en buena medida de ser un símbolo para convertirse en un ídolo. Así cuando afirmamos que Jesús es Dios, le estamos atribuyendo a Jesús aquellas cualidades que nuestra mente ha ido elaborando a través de la historia como pertenecientes a la Divinidad, cuando lo correcto sería la actitud inversa, si creemos que Jesús es Dios es porque Dios es Jesús, o sea, porque Dios no es sino lo que es Jesús y nada más. No lo que nosotros podamos pensar que es.
El Espíritu ha sido expresado de muchas maneras y formas en las más variadas teorías humanas teístas (religiosas) y no teístas: Vacío, Libertad absoluta, Amor, Tercera Persona de la Trinidad, Trinidad, Inspiración, Aliento...
El laicismo, es una palabra a la que se aplican muchos matices. Proviene del latín (laicus) que a su vez proviene del griego laicos (laicos), que significa: perteneciente al pueblo.
En la iglesia católica la palabra laico ha significado: el que carece de órdenes religiosas. Y en su jerga teológica significa lo mismo que secular o perteneciente al mundo, en contraposición al clérigo que se “considera” consagrado y perteneciente a lo Divino. Como vemos es una palabra que en una estructura humana patológicamente jerarquizada ha sido muy utilizada con connotaciones algo peyorativas.
Pero, ¿Qué significa laicismo en los últimos tiempos? ¿Qué sentido damos a esta palabra? Por supuesto que los matices varían mucho según el uso que se haga de ella, y de quien lo haga.
“Este término tomó significado a partir de la raíz latina original para designar el impulso moderno (surgido durante el llamado Siglo de las Luces) de los Estados, organizaciones y personas para la independencia de las instituciones respecto al poder eclesiástico, el deseo de limitar la religión al ámbito privado, particular o colectivo, de las personas y permitir mejores condiciones para la convivencia de la diversidad religiosa, poniendo al Estado de árbitro y, como reglas del juego, los derechos humanos. En general, los laicistas afirman que la laicidad es un principio indisociable de la democracia, porque las creencias religiosas no son un dogma que deban imponerse a nadie ni convertirse en leyes.”
Y en este sentido describimos el laicismo en este estudio como la doctrina que defiende la existencia de una sociedad organizada aconfesionalmente y cuya máxima representación se da hoy por hoy en el Estado Laico y en la que las reglas del juego vienen marcadas por los derechos humanos.
En el Estado Laico la confesión religiosa es un derecho privado, personal o colectivo, y nunca un deber que se puede imponer a nadie.
Por último nos falta describir de alguna manera qué entendemos en estas páginas por religión.
Como podemos suponer, no es una cuestión baladí ni nada fácil porque la religión pertenece a lo más íntimo y sagrado de la persona, a un santuario que fácilmente puede ser afectado por cualquier virus (tal como están las suspicacias de muchos) y en la que muchos se juegan con verdad o erróneamente su seguridad vital. Aparte de la inercia de muchos siglos en nuestro país, en el que la confesión religiosa católica con su Jerarquía ha venido imponiendo las normas sociales a seguir.
No podemos olvidar que la Fe, que no es más que la Vida, es riesgo, como lo es la Vida, y no porque la Fe pueda estar errada (es una certeza vital que transforma todo en Amor, no una creencia, menos un fanatismo), sino porque estamos en el tiempo y el tiempo es riesgo, aunque ni la Fe ni la Vida lo sean.
Además la multitud de acepciones que ha tenido esta palabra a través de los siglos aún hace más confuso el problema.
Proponemos el concepto de religión como sigue: La palabra religión, como bien sabemos, tiene una etimología controvertida: “relegere”, “religare”, “reeligere”. Es una cuestión que tiene su importancia, pues la etimología nos acerca a los orígenes. Personalmente me inclino claramente por “religare” por su significado de Unión ontológica. Pero, no es el tema principal de estas reflexiones incidir en la etimología, sino en la pluralidad de sentidos con que se utiliza hoy día la palabra religión, dando lugar a una ambigüedad conceptual, que llama frecuentemente a equívocos. Para evitarlos, sería conveniente especificar qué contenido le damos a la palabra en cada caso.
La religión como compromiso no racional
Esta acepción significa para los teólogos que la religión se ocupa de aspectos válidos, pero no racionales, como fe, gracia, transcendencia… Para los positivistas no puede ser un conocimiento válido, podría tener un “significado” emocional, pero no se trataría un conocimiento verdadero al no ser racional.
Esta visión es la que se refleja en el común de las gentes: “La religión no es racional, pertenece a la esfera de la creencia, o de lo que vulgarmente se llama fe (identificando fe y creencia, cosa que como hemos dicho es un error.)” Para la gente normal, de la calle, los dioses míticos de los “antiguos” serían algo religioso, pero no lo sería los conocimientos científicos actuales, ni el mismo laicismo que nos ocupa.
Según este uso, la religión no se realiza en todos los niveles de la conciencia humana, sino sólo en los que no son racionales. Y normalmente estos niveles racionales son los que se aprecian como los más elevados a los que puede llegar el ser humano. La religión, por consiguiente, sería una actitud humana que tendría que ser superada.
Pero, eso de que los niveles más elevados de la conciencia humana sean los racionales está en cuestión. Las experiencias místicas, las experiencias cumbres de conciencia, la transracionalidad, los principios fundamentales de la filosofía perenne… están siendo estudiados muy seriamente, y sus logros no pueden ser echados en saco roto, más bien todo lo contrario, apuntan a una clara superación de la racionalidad.
Nuestra cultura occidental es deudora, ya por un tiempo, excesivo, del principio de racionalidad cartesiano: “Cogito ergo sum”. Posiblemente R. Descartes expresó el error más básico, aunque lo adoren millones de racionalistas, al identificar el Ser con el pensamiento (reduciéndolo). El Ser es la Vida, es la Conciencia y ésta va mucho más allá que el pensamiento, ¿Dónde si no queda el amor, la alegría, la ilusión, el gozo, la tristeza, la ira…?
Por descontado que la racionalidad es un gran logro conseguido por la raza humana. Que ha tenido que evolucionar muchos cientos de milenios desde la primera etapa de conciencia, a la que podríamos llamar arcaica o pleromática, para conseguir la etapa racional, pero ésta no es la meta, no es el Punto Omega, que nos dirá Theilard. La humanidad ha de transcender la racionalidad para auparse hasta esas nuevas etapas, sutiles o causales, a esos niveles transpersonales que las conciencias más evolucionadas (los místicos) de la Historia ya han conseguido.
Muy unida a esta visión está la del uso de la palabra y del concepto religión como una regresión a las actitudes infantiles y prerracionales. Está esta visión muy de moda hoy, sobre todo con la visión del mundo que dejó Freud. En este sentido se ha de considerar que la religión no es una actitud racional, pero tampoco pre-racional, sino trans-racional, supone no una regresión a las actitudes de la infancia, sino una transcendencia de la racionalidad que es asumida y negada a la vez, como afirma Hegel.
La religión como compromiso en extremo significativo e integrador
Según este uso, la religión es una actividad funcional particular, no es que sea racional o no racional, sino que actúa en cualquier nivel de conciencia tanto racional como no, y dicha actividad consiste en buscar significado, integración…
Este uso, que es frecuente, refleja la búsqueda de lo que Wilber llama maná en cada nivel, del significado… Cada estado de conciencia exige una permanencia en sí mismo, una continuidad y para ello necesita alimentarse, y lo hace comiendo de todo aquello que aumente su poder, su fuerza, su eros. Así una persona que esté en el segundo grado de conciencia, o estado mágico, p.e. Un practicante del vudú, se alimentará de toda práctica, ceremonia, conversación… que le signifique a él un aumento de su magia, sea real dicho aumento, o no. Pero, también un científico, que está en el nivel racional, se alimentará de todo conocimiento, experimento… que le sirva para alimentar su estado de racionalidad pura. En ambos casos encontramos un compromiso humano con la realidad que da más cohesión y significado a la actitud propia, al estado de conciencia en que se halla cada persona. Para el primero la magia y para el segundo la ciencia tienen un carácter religioso.
De hecho afirmamos en nuestra forma coloquial frases como la siguiente: “la ciencia es para él su religión” “su verdadera religión es el dinero”.

La religión como proyecto de inmortalidad
La idea, que en esta frase se contiene, es que la religión consiste, en lo fundamental, en una creencia anhelante, defensiva, compensatoria, creada para mitigar la inseguridad/angustia, creada en la conciencia del ser cuando se hace consciente de que su muerte es un hecho inevitable. En el fondo, muchísimas personas buscan en la religión el rechazo de la muerte. La creencia en dicha inmortalidad, bien sea porque se crea que el alma no muere, bien porque se espere la resurrección de los muertos, o la reencarnación, o cualquier otra forma de supervivencia. Es una constante del fenómeno religioso tal como lo conocemos y lo experimentamos en nosotros mismos. Nuestra conciencia, esté en el nivel en que esté, necesita defenderse de la angustia que produce la muerte cierta, y utiliza la religión como defensa contra ella.
Quizás tengamos que meditar un poco sobre el asunto y darnos cuenta que realmente no somos inmortales, meditar un poco y aceptar el hecho de nuestra mortalidad. Algo que no se opone en absoluto a otra verdad incuestionable, y que han conocido en su profunda experiencia los grandes místicos: “Nuestro ego es mortal, nuestro YO es eterno, no conoce ni el nacimiento, ni la muerte.”
Los cristianos debiéramos vivir la resurrección no como un proyecto de inmortalidad, sino, como dice nuestro amigo Panikkar, como Misterio de eternidad de cada momento y en cada momento. AHORA2.
Los cuatro significados de la religión que a continuación se exponen, creo, que son de una gran importancia a la hora de calibrar nuestra actitud religiosa y ver en cuál de ellas estamos de cara a nosotros mismos, teniendo en cuenta que el Ser, el Misterio o Dios es “intimior intimo meo”
Religión exotérica
Se suele llamar religión exotérica, (del griego  = exterior) a todos los aspectos exteriores y preparatorios de la práctica religiosa. Suele ser un sistema de creencias utilizado para apoyar la fe. No es una religión inútil, si coexiste con la dimensión esotérica, pero, sin esta es puro teatro. En el aspecto exotérico se ha de incluir todas las doctrinas y rituales que constituyen al armazón de una religión institucionalizada.Si alguna religión carece por completo de una dimensión esotérica, entonces se la conoce como exotérica.

Religión esotérica
Se llama religión esotérica (del griego = interior) a todos los aspectos superiores, interiores y más avanzados de la práctica religiosa, cuya meta es la transformación de la conciencia y en última instancia la experiencia de Unión, de Identidad Absoluta, la experiencia mística, que no tiene nada que ver con el éxtasis. El éxtasis acompaña muchas veces a estas experiencias, pero no hay una relación de identidad, ni siquiera de igualdad. Puede darse un éxtasis sin experiencia mística, sino por razones muy diversas, desde el uso de drogas, hasta una situación extrema en la vida; y puede darse, de hecho se da, la experiencia mística sin éxtasis alguno. En nuestra cultura urbana hay una cierta identificación que es totalmente falsa.
Religión legítima y religión auténtica
Me voy a permitir recordar en estos momentos una pequeña anécdota personal. Formaba yo una tarde parte de una mesa que presentaba un libro de carácter “religioso” (versaba sobre el cristianismo oficial.) En el turno de preguntas y respuestas un señor que asistía al acto se dirigió a mí para interpelarme: “¿Puede usted decirme cuál es la religión verdadera? Porque de sus palabras se puede deducir que lo son todas.”
No viene a cuento la respuesta que le dí, pero esta frase nos sirve para introducir el problema de la religión verdadera, algo que desde pequeño viene sonando en nuestros oídos con machacona insistencia, porque la iglesia institucional ha hecho causa beligerante de la que ella llama “verdadera” sin tener en cuenta las diversas acepciones de la palabra religión, ni la validez de la diversas experiencias religiosas que ha tenido la Humanidad.
Lo primero que hemos de tener en cuenta es la misma palabra verdadera. Religión verdadera sería en todo caso la que estuviera fundamentada en la verdad. Sería muy pretencioso y vano de nuestra parte afirmar que la verdad está aquí y no allá y por otra parte sería absurdo, infantil, irracional negar la verdad o autenticidad de las experiencias religiosas de todos los hombres que no profesen la misma religión exotérica que nosotros (el Espíritu sopla cuándo y dónde quiere). Negar la autenticidad de las experiencias de Buda, Lao-Tse, Mahoma, sólo por poner algunos ejemplos, es sencillamente estúpido. Por ello creo que hay que comenzar precisando bien los conceptos.
Y lo segundo que hemos de tener en cuenta es el mismo concepto de verdad. Según la filosofía escolástica verdad es la adecuación entre la mente que conoce y el objeto conocido. Si acudimos a lo que se piensa por la mayoría de las personas sobre qué es la verdad, nos daremos cuenta que se trata de una realidad representacional, pues todo el mundo piensa que la verdad es una especie de plano de algo que llevamos en la cabeza, cuanto más preciso sea el plano, o sea, cuanto más responda a ese “algo” más verdad es. En ambos casos estamos viendo que la verdad está exigiendo un dualismo: sujeto que representa frente a objeto representado.
Precisamente la religión, al menos en su acepción esotérica, es un intento de superar este dualismo, si nos fiamos de los místicos, que son quienes más profundamente han vivido la religiosidad. Por ello, llamar a una religión verdadera es algo contradictorio.
Por lo dicho, entiendo que es más preciso y correcto hablar de religión legítima y de religión válida.
Religión legítima
Es la que valida principalmente la traslación, o sea, el movimiento, el cambio, que se produce en la conciencia sin cambiar de nivel de evolución. Lo hace proporcionando, dicen los estudiosos del tema, un buen maná y ayudando a evitar el tabú, proporcionando significado y símbolos de inmortalidad.
Se trata de una escala horizontal. El grado de legitimidad se refiere al grado relativo de integración, valor-significado, buen mana, facilidad de funcionamiento, evitación del tabú. “Más legítimo” significa más integrativo-significativo dentro de ese nivel.
Cuando el maná y los símbolos de inmortalidad predominantes cesan, se produce la crisis de legitimidad. Esto puede suceder en los niveles inferiores de la religión mítico-exotérica (por ejemplo, las encíclicas del Papa, basadas como están en nociones biológicas aristotélico-tomistas, superadas desde hace mucho tiempo, han perdido legitimidad para mucha gente) y similar en otros niveles, p.e. El paradigma newtoniano.
Es la religión de la que normalmente se habla en muchos tratados de teología, en las homilías, encíclicas. Es la religión asumida como compromiso, como proyecto de inmortalidad, la que responde a las ansias que tenemos de no morir, de asegurarnos una vida eterna (inmortal), cuando somos formas mortales, la exotérica3…
Cuando la religión en cuestión deja de proporcionar significado, integración o símbolos de inmortalidad, surge la crisis llamada de fe, pero, sólo se trata de una fe legítima, no auténtica.

Religión auténtica

Es la que valida principalmente la transformación de un nivel-dimensión particular. Esto es, la que exige con una actitud verdaderamente esotérica el ascenso a un nivel de consciencia superior al que se tiene. Normalmente estamos entre los niveles 3 ó 4 según el desarrollo personal de la conciencia
Una crisis de autenticidad, como he dicho, ocurre cuando una visión del mundo (o lo que es lo mismo, una religión) prevaleciente se enfrenta con una visión de un nivel superior, que empieza a emerger y gana legitimidad por sí misma. La nueva visión del mundo encarna un poder transformativo nuevo y superior que se enfrenta a la vieja visión. Y ello exige la transformación en la conciencia.
Corolario: El “grado de autenticidad” se refiere al grado relativo de transformación real expresado por una religión dada. Ésta es una escala vertical: “más auténtica” significa más capacitada para llegar a un nivel superior.- (Cada uno, como cada místico, o cada experto indicará cuál es su nivel superior).
Puede ser que todo lo dicho sobre la religión aclare algunas cosas y confunda otras, pero es necesario para que enfoquemos debidamente el problema de la relación del laicismo con la evolución del Espíritu.

Pequeña historia de la evolución de la conciencia
Todo empezó con un juego del Espíritu, dicen los orientales, y por ello el Espíritu creó el Universo, el Mundo de las Formas. La Biblia, nos dice algo similar: “...la tierra era un caos informe... Y el Aliento de Dios (el Espíritu) se cernía sobre la faz de las aguas” (Gen.1,2). Con el Big Bang hace más de 15.000 millones de años (en la utilización que los estadounidenses hacen de los números, sería 15 billones) comenzó todo. Es el origen de los orígenes. Los homínidos aparecieron, según consta hoy, hace unos seis millones de años.
Hasta muy avanzado el siglo pasado, en el seminario de Cádiz, por ejemplo, se enseñaba el creacionismo (aún hay lugares superconservadores en los que personas fanatizadas lo enseñan). Yo personalmente recuerdo alguna anécdota de mi vida en el seminario, que me habla de mi furibunda oposición al evolucionismo. Ya hacía más de un siglo que Darwin había hecho su famoso viaje (1831-1836) que le sirvió para elaborar la teoría de la evolución. Hoy ya en círculos teológicos muy serios se habla de la co-creación del mundo, han cambiado mucho las cosas.
Pero la evolución, cuyo conocimiento se ha desarrollado ampliamente desde Darwin, no sólo se atiene a los factores materiales y biológicos (al cuerpo), sino que afecta a todo cuanto es, a todas las dimensiones físicas, biológicas, psicológicas y espirituales de la existencia, y por tanto, también a la conciencia. Quizás convenga señalar que hoy se está haciendo una investigación sobre la conciencia que es una especie de correlato psicológico del proyecto del genoma humano.
Y este estudio colectivo sobre la conciencia ha conseguido ya muchas metas. La primera que tenemos que destacar es el paralelismo, no identidad, entre la ontogenia (desarrollo individual) y la filogenia (desarrollo colectivo) de la conciencia. Los pasos y peldaños que va adelantando la raza humana, también lo adelantan casi sin esfuerzo los individuos posteriores, por ejemplo, nosotros hoy tenemos una relativa facilidad para acceder a la escritura, en pocos meses lo conseguimos, pero fueron muchos cientos de miles (¿millones?) de años los que tardó la humanidad en expresar algo por escrito.
La Dinámica Espiral considera que el desarrollo (tanto ontogenia como filogenia) humano (de la conciencia) procede a través de ocho estadios generales a los que denomina memes. Un meme no es sino un estadio básico de desarrollo, que no es rígido, sino como olas flúidas que dan lugar a la compleja dinámica espiral de la conciencia.
Por su parte Jean Gesber, y otros estudiosos de la evolución de la conciencia posteriores, ha dividido la filogenia en varios períodos que van desde el Arcáico hasta el Existencial. Esta división es un tanto arbitraria, o como se diría en filosofía escolástica medieval, distinctio rationis cum fundamento in re, podría dividirse en más estadios, pero estos explican suficientemente el desarrollo de la misma a través de la historia y prehistoria.
Esta evolución de la conciencia a lo largo de los siglos, este ascender constante del Universo hacia niveles siempre más elevados, no es sino la manifestación del Espíritu en la Forma, este Eros que impulsa constantemente la realidad universal hacia un Telos siempre más allá, es el Espíritu volviendo a la casa de la que partió al Principio, pero sólo en apariencia porque “volvemos a la Casa de la que nunca en verdad, en esencia hemos salido” según las afirmaciones de todos los místicos habidos en la humanidad. Cuando se busca algo es porque ya de alguna manera se conoce ese algo, de lo que no sabemos absolutamente nada no nos preocupamos en absoluto, mucho menos lo buscamos.
Y esta evolución de la conciencia o presencia del Espíritu en la Forma ha pasado muchas etapas, todas ellas cargadas de esa Presencia y Plenitud, la propia de cada momento. Comparar la etapa Arcáica con la Racional es una insensatez total, es como querer comparar el ir de un lugar a otro caminando o hacerlo en avión. Todo es Presencia el Espíritu, pero adecuada al momento y la forma.
La primera etapa es la llamada Arcáica o Pleromática en la que el hombre (la humanidad) sólo intenta sobrevivir, en la que no importa más que el alimento, el agua, el calor, el sexo, la seguridad. Apenas si existe el yo diferenciado, la vida requiere la agrupación en hordas para sobrevivir. (Por desgracia, o no, aún hoy hay muchos humanos en este nivel primitivo, prehistórico).
La segunda es la llamada Mágica. Es el período determinado por el pensamiento anismista. Los espíritus mágicos llenan la tierra y hay que satisfacerlos con hechizos. Los hombres se agrupan en tribus étnicas que quedan cohesionadas por los ancestros, los espíritus de los antepasados. (De esto tiene mucho los equipos deportivos, las supersticiones mágicas, muchas de las oraciones de petición y no digamos las promesas hechas a la Virgen y a los santos, las apariciones... Se trata de una de las primeras etapas de religiosidad habidas en la prehistoria. ¿No habrá que ayudar a toda esta gente a evolucionar en el nivel de conciencia?).
La tercera es la Agraria, también llamada de Mítico-pertenencia. Agraria porque el nivel de conciencia del hombre promedio sube hasta este peldaño en el Neolótico, cuando se hace cultivador de los campos y comienza a vivir en ciudades-estados. Y Mítico-pertenencia porque el hombre se integra en la ciudad en un orden mítico. La magia ya no le satisface, se ha dado cuenta con el paso de cientos de miles de años, de que los espíritus de los antepasados o no existen o no tiene poderes sobre las cosas. Se da cuenta de que la vida tiene un sentido, un Orden impuesto por Otro que al no conocerse se re-crea en el mito (las mitologías)4, que nada tiene que ver con la fe, que recibe distintas formas en distintos contexto culturales sobre la base de una experiencia trascendente similar. Este orden impone un código de conducta basado en principios absolutistas y fijos acerca de lo que está “bien” y de lo que está “mal”. Quien acate el código será recompensado, quien lo rechace será condenado. Se establecen las jerarquías sociales y religiosas rígidas y paternalistas. Sólo hay un modo correcto de pensar. (Establece el fundamentlaismo religioso que todavía inunda el mundo, y no precisamente sólo el musulmán. A este respecto se puede consultar, si se quiere, mi entrada en este blog sobre la mentalidad agraria de la iglesia católica). Aún cerca de la mitad de la población mundial está en esta etapa de la conciencia, con sus consecuencias de fundamentalismo religioso. Miremos a nuestro alrededor. Y no afirmo que en esta etapa no haya presencia del Espíritu, sino que es una etapa que gran parte de la humanidad ha dejado atrás, y que el Espíritu se manifiesta de una forma más avanzada. Así como sería improcedente tratar de imponer una religiosidad laica en el seno de una sociedad inundada de dioses, también lo es a la inversa, mantener una visión agraria en una etapa de la conciencia que habla de racionalidad. ¿Por qué no seguimos alumbrándonos con antorchas? ¿Por qué no nos trasladamos de una ciudad a otra a pie? Es la mentalidad azul (el color del meme) de los conservadores.
La etapa racional.
En esta ola el yo escapa de la mentalidad azul del rebaño y busca la verdad y el significado en términos individuales. Es un nivel hipotético-deductivo, experimental, objetivo, mecánico... en definitiva científico. El mundo se presenta como una máquina engrasada que funciona siguiendo sus leyes naturales que pueden ser aprehendidas, dominadas y manipuladas en propio beneficio. Aunque los comienzos de esta etapa se puedan colocar allá por el entorno de 1000 años antes de Cristo, su expansión y momento álgido se corresponde con el Renacimiento y la Ilustración. Galileo al querer medir las cosas, Descartes al introducir la racionalidad como forma de alcanzar la verdad y más tarde Kant con sus demostraciones de la falta de fundamento cognitivo de la metafísica son los prohombres de esta etapa naranja (meme) de la evolución de la conciencia. Y como todas las etapas son la expresión, adecuada al momento, del Espíritu en el mundo de las Formas.
Hay otras etapas superiores del nivel de conciencia (visión-lógica, psíquica, sutil, causal, no dual, y de todas ellas hay místicos que dan testimonio de su existencia), pero a nosotros por lo que compete al tema que nos trae el título, no nos interesan, por lo que las vamos a dejar para en otra ocasión poder estudiarlas con alguna seriedad.
Como ya se ha dicho repetidamente, la Forma propia de cada etapa de la evolución es la expresión o manifestación del Espíritu en la Forma y querer mantener una etapa ya pasada, como la mítica o la mágica, es oponerse al desarrollo propio del Espíritu en el mundo manifiesto, es poner obstáculo al proceso por el cual el Espíritu se va haciendo patente identificándose con la conciencia.

Estas etapas no son simplemente formas distintas de ver el mundo concreto ya predeterminado, sino que en la medida en que el Kosmos llega a conocerse a sí mismo más plenamente, emergen realmente mundos diferentes. Las diferentes visiones del mundo crean, actualizan diferentes mundos, lo cual es algo muy distinto al hecho de contemplar el mismo mundo de forma diferente. No es que exista un mundo concreto y predeterminado que pueda ser contemplado de formas distintas, sino que, en la medida en que el Kosmos llega a conocerse a sí mismo más plenamente, emergen mundos diversos. El Kosmos no está acabado, se está realizando continuamente, cada vez es mayor la manifestación del Espíritu. No es el Mundo del momento del Big Bang que el actual. Y el Mundo, no sólo la materia, sino la biosfera, la noosfera, la conciencia... siguen ampliando su realidad y co-creando un Mundo que manifiesta el Absoluto, el Vacío (budista), el gran Otro, el Espíritu, Dios...
La visión que se tenía, y se tiene, de las cosas no es algo dado que se va percibiendo, sino también algo no realizado que se va co-creando. No tenemos más que mirarnos a nosotros mismos y compararnos con nosotros mismos, cuando teníamos treinta o cuarenta años menos, ¿No hay algo ganado y otro algo perdido en el camino?
En esta última etapa, la racional, hay que destacar ciertos aspectos. Aunque empezara hace unos 3.000 años, no quiere decir que toda la humanidad haya avanzado hasta este nivel de conciencia, ya se ha dicho que estas etapas son como olas que se confunden unas sobre las otras. Sólo hablamos del nivel promedio de la humanidad. Por supuesto, hay muchos niveles de conciencia dentro de la sociedad, e incluso los hay dentro de cada individuo en función de la línea que se considere en él (moral, cognitiva, religiosa, afectiva...). Los aspectos a considerar son: la religión y metafísica premoderna o premodernidad, la modernidad y la postmodernidad.
Y es necesario considerar estas subetapas porque la visión del mundo (y su realidad) y con ella la religión ha cambiado radicalmente.
En la premodernidad, la subetapa de la Edad Media se mantuvo la visión del mundo que venía dada por la Gran Cadena del Ser. Visión que puede ser resumida, por razón de la brevedad, en el Gran Tres: Arte, Moral y Ciencia. El Arte era la subjetividad, la Moral la intersubjetividad, y la Ciencia era el ello. Toda esta visión estaba animada por la religiosidad, que era de orden mítico, religiosidad que aún hoy sigue dominando muchas mentes y estructuras humanas y religiosas. El Arte, la Moral y la Ciencia no se concebían tal como son concebidas hoy, sino que formaban en sí mismas una fusión, una sola cosa, no cabía Arte, Moral ni Ciencia que no fueran dominadas por el criterio religioso de la jerarquía eclesiástica. El Arte expresaba comúnmente las distintas mitologías religiosas, sobre todo la cristiana, la Moral de los decretos eclesiásticos imperaba, junto con la fe (asentimiento externo) en los dogmas, y todo bajo del peligro constante de la inquisición, la Ciencia argumentaba a partir de los prejuicios concebidos por aquellas mentes infantiles a partir de una lectura literal de algunos pasajes de la Biblia. No me entretengo en repasar algunas de las páginas de la llamada Ciencia Medieval que argumentaban por ejemplo que el rostro del hobre tenía que tener siete orificios y sólo siete, o que la tierra era el centro del Universo... pues todo esto es anecdótico y lo importante es destacar que el Arte la Moral y la Ciencia estaban fusionadas y bajo el criterio déspota del dogma impuesto y alejado del verdadero sentido del amor de Cristo.
Con la modernidad apareció un vuelo en la conciencia del hombre. Hace 1600 años Galileo se empeñó en medir las cosas. Y comprobó que la que rota es la tierra y no el sol, y la Ciencia empezó a despegarse de la Moral y del Arte. Y así, poco a poco, empezó la grandeza de la modernidad que primero con Descartes y más tarde con Kant y la Ilustración diferenció el Gran Tres: Arte, Moral y Ciencia, que ya no tuvieron que someterse el uno al otro y sobre todo no tuvieron que somenterse al despótico imperio de una fe mítica que los subyugaba y no los dejaba caminar su propio camino. Esta diferenciación fue la gran conquista de la Modernidad.
Mas poco a poco, la Ciencia y el empirismo sensible fue enamorando a las mentes y fue dominando a la Moral y al Arte, y sobre todo terminó despreciando todo aquello que no cayera bajo el control de los sentidos, del empirismo craso de los mismos. Con lo cual aquella diferenciación inicial entre las parte del Gran Tres se convirtió en disociación, es más se eliminó toda dimensión que no fuera sensible y experimentable por los sentidos. Con lo que consiguieron, como dice Wilber, tirar al niño que bañaban (lo espiritual y subjetivo) junto con el agua sucia del baño (la fusión del Gran Tres).
Para que haya verdadera evolución es necesaria la diferenciación posterior a la fusión, pero luego ha de venir una integración en la que los elementos diferenciados pasen a ser parte de un todo emergente superior.
Posteriormente, el idealismo de los siglos XVIII y XIX con Schelling y Hegel a la cabeza intentaron esta integración, considerando la Historia como el Espíritu en acción, pero carecieron de los medios prácticos para perpetuar sus logros e intuiciones, a parte del fervor con que el mundo académico recogió los avances del empirismo radical (en buena medida como reacción ante la imposición tiránica del dogma religioso).
El postmodernismo reaccionó contra la visión estrecha de la modernidad que no tenía en cuenta la relación de los sujetos entre sí a la hora de formar una Cultura (No voy a introducirme ahora en la versión patológica del postmodernismo radical, que hasta llega a caer en una clara petición de principio). Sus teorías (nueva forma de avance de la evolución del Epíritu) se basan en tres ideas fundamentales:
1.La realidad no está, en modo alguno, prederterminada, sino que es en muchos sentidos una construcción, o una interpretación. (Este principio que no tenemos tiempo de desarrollar, ni es nuestra misión, elimina de un tajo toda la metafísica medieval, algo que ya había hecho con mucha hondura I. Kant con sus famosas y profundísimas “Críticas”).
2.Todo significado depende del contexto y estos son ilimitados.
3.La cognición no es privilegio de ninguna perspectiva concreta, con lo que dan origen al “aperspectivismo integral”

En este aperspectivismo integral es donde se sitúa, o ha de situarse, el laicismo, un laicismo sin patologías. Ha de ser esa postura que tenga en cuenta todas las subjetividades (y por ende religiosidades) y no prime a ninguna sobre las demás, sino que a todas las mantenga en la realización justa y adecuada de los derechos humanos. Esto, sin dudas, es, a mi entender, un gran avance en el camino de la realización del Espíritu, del Amor en el mundo de las Formas y del Tiempo en el que nosotros aún estamos.
Llegar hasta aquí ha costado muchos miles de años de evolución, evolución que aquí no ha de quedar parada, sino que ha de avanzar hacia nuevos horizontes, hasta llegar al Punto Alfa, que nos dice Theilard, que no es otro que la Plenitud, que a veces atisbamos en un gesto de amor hacia alguien tan entrañable como la pareja, un hijo, una nietecita..., Punto Alfa que los cristianos vemos en la consumación en Cristo y en el Padre por el Amor que es el Espíritu, ese Espíritu que no para de manifestarse bajo las más diversas formas y maneras (entre ellas el mal “o bien” llamado ateísmo). Por ello Jesús nos advertía: ”Quien tenga oídos para oír que oiga”.
Por supuesto, no todas las formas de religión reaccionan de la misma manera ante el laicismo. Por ejemplo: la religión asumida como proyecto de inmortalidad, que lo que intenta es sólo mitigar la inseguridad existencial del ser humano, si se sitúa en la época agraria, como sucede con muchísimos católicos que no han avanzado más, el laicismo es el horror que ataca directamente su propia seguridad existencial.
La religión exotérica, la que se refiere a los aspectos exteriores de cualquier religión que tiene aspectos interiores y sublimes. La que tiene un sistema de creencias utilizados para apoyar la fe, pero carece de toda dimensión esotérica en la mayoría de sus adictos, algo que también pasa mucho con la religión católica oficial. Esta se interpreta a sí misma como la única verdadera y legítima, pues es la única que a su juicio se basa en hechos históricos fundamentados (algo dudoso en principio que el hecho histórico sea fundante de la mal llamada “religión verdadera”). Para esta expresión externa el laicismo es la personificación del mal, pues en su postura aperspectivista equipara la verdad con el error.
Para la religión auténtica el laicismo no es más que un paso más adelante hacia un nivel de transformación más profundo, impulsado por un amor universal. Es más el laicismo en sí se convierte en una mayor exigencia de autenticidad, de Amor que sabe ponerse en la perspectiva del otro. ¿No nos suena esto a ama a tu prójimo como a tí mismo (porque es tú mismo)?

José A. Carmona

domingo, 29 de junio de 2008

A propósito del evangelio de María Magdalena

Creo que la entrada anterior de este blog merece un comentario de introducción.
Lo que se dice en esa entrada no es sino un resumen, hecho por mí (soy responsable de lo malo o de lo bueno del mismo), de un libro que Daniel Meurois publicó en el año 2.000 sobre el Evangelio de María Magdalena. En aquellos años yo ya había leído libros de Daniel Meurois, conocía su visión gnóstica y sus afirmaciones de que muchas de las cosas de sus libros (por ejemplo: El otro rostro de Jesús) las había conocido leyendo en los Anales del Tiempo.
Asistí a la conferencia que dio en Barcelona como introducción a la puesta en circulación del libro sobre el Evangelio de María Mag. en la que apuntó los motivos que lo llevaron a investigar y escribir el citado libro.
En la introducción al mismo dice el autor:

"Quiero insistir, de todos modos, en que las cuestiones en las que me he detenido (en el libro) constituyen puntos importantes de las enseñanzas que Cristo impartió a sus allegados. Mis numerosas y largas exploraciones por los Anales del Tiempo son las que me impulsan a afirmarlo..."

Confieso que los Anales del Tiempo son un verdadero misterio para mí, pero por otra parte todo cuanto dicen los libros de D. Meurois encajan perfectamente con los hechos que por otras fuentes conocemos y son un brillante ejemplo de la visión gnóstica de la fe cristiana.
Con respecto al libro que tratamos, él afirma:

"Que yo sepa no existen más que dos o tres traducciones del Evangelio de María en lengua francesa. Todas ellas se han hecho, al parecer, a partir del manuscrito copto conservado desde 1896 en el Departamento de Egiptología de los Museos Nacionales de Berlín.
Mi trabajo difiere radicalmente de dichas traducciones, no sólo porque ofrece una restitución del texto en su integridad, sino también porque está realizado a partir de la visión de un manuscrito básico que, en este caso, fue redactado en griego clásico. ...me parece cierto que los pliegos coptos de los que hoy tenemos conocimiento son una transcripción más tardía y acondicionada...
A través de mi percepción extracorpórea, los pliegos se me han presentado trazados con tinta negra y en caracteres griegos sobre pergamino..."

La Mariham de los escritos coptos de este Evangelio, es la Myriam, o María Magdalena, conocida por los cristianos. De este manuscrito copto faltan las páginas 1-6 y 11-14. En cambio el libro de D. Meurois presente 18 pliegos completos, que aún no siendo idénticos al manuscrito copto (algo muy normal para la época de la que se trata) sí que son muy similares.

Sea lo que sea de las incursiones en los Anales Akásicos, realmente no es un método que podamos llamar científico en el término que hoy damos a la palabra, pero... ¿es esto suficiente para negar la validez de lo que se dice en los 18 pliegos?
Para mí encaja plenamente en la visión que yo tengo hoy sobre Jesús de Nazaret, y que he ido elaborando a base de más de 50 años de estudios y oraciones.

Por esto, me ha parecido oportuno y conveniente colgar el resumen del Evangelio de Myriam (María Magdalena), que presenta una Fe muy distinta a la oficial.
Por último añadir, no sé si lo hago en el resumen, creo que no, que D. Meurois afirma no haber encontrado en sus incursiones en los Anales Akásicos, que utilizó para descubrir el Evangelio de María, ningún dato que pueda confirmar que Jesús y María formaran pareja. Según él, sólo se puede afirmar con seguridad que María era la discípula bienamada del Maestro, algo parecido a lo que ya afirma el Evangelio Apócrifo de Felipe que dice que María era la "compañera" (la que come el pan,cum panibus) del Maestro. Y la palabra compañaera no equivalía a pareja.
Esta duda de momento no la podemos resolver.

El evangelio gnóstico de Miriam Magdalena

El evangelio de Myriam. Sacado de los anales del tiempo. Evangelio gnóstico. Daniel Meurois-Givaudan

En el transcurso del tiempo…

Primera escala

Hay muchos que cuentan sobre el Maestro, pero no enseñan, y sus voces con frecuencia son discordantes. ¿Sabes tú por qué no quiso dictar nada Él mismo?

Myriam:
- ¿Sabéis lo que pasa con todo lo escrito? Pues bien, pronto empieza a parecerse a cuatro paredes con techo y luego, sin que uno se dé cuenta, se convierte en una prisión. Ésta es una de las cosas que Él nos enseñó y por eso no dictó nada.

Lo que yo debía saber ha pasado a mi cuerpo y es mi cuerpo el que lo ha retenido. Mi cuerpo es toda mi carne que ha aprendido a ser de otra manera y, sobre todo, mis ojos… y mi corazón. Yo… ignoro lo que las palabras podrán hacer.

Con una risa fue creado el universo.
Todo es cuestión de juego y alegría. Lo que hace de nosotros peregrinos y buscadores de la paz es el recuerdo de la Alegría.
El Maestro me ha enseñado a divertirme y os aseguro que en eso reside una de sus principales enseñanzas..
Para rasgar un velo y lanzarse a lo que tiene la apariencia de un vacío hay que haber pasado por la experiencia del desequilibrio y viajado lo suficiente.
El Maestro quiere enseñarnos a ver más allá. Quiere que toquemos aquello con lo que el amor se construye, aquello con lo que actúa. El amor en verdad se construye con ladrillos de voluntad.
Es cierto que el amor llama a todas las puertas, pero también es cierto que nunca las derriba. Su poder reside en su paciencia. Amar es la unión del puño que sabe alzarse y del corazón que no expresa sino ternura.
Si habéis venido a recoger las palabras de una Fuerza de antaño, entonces os equivocáis…Aquél que m e enseñaba sigue hablándome e instruyéndome…
El Maestro, o mejor Lo que lo habita, está en mí. Él es de una humanidad total, de esa por lo cual lo divino adquiere su sentido… Para Él no hay nada que signifique algo, sino el presente. En la esencia del presente se encuentra la esencia del Maestro y el principio de la vida sin fin. Lo que nos enseña es cómo encontrarnos a nosotros mismos detrás de los velos.
Hay algo de Él que existe y que habita en nosotros, se llama: Él en nosotros.
Con dos oídos se escucha, pero no se oye…
El Maestro ha hecho surgir en mí y en todos vosotros, las semillas de otra comprensión del ser. Es una comprensión que abre el tercer oído, el del corazón. Y es de él de donde nace la percepción interior de Lo que es.
El Maestro es, pues, tú en Lo que te espera.

Movimiento I

El descenso

Somos los hijos de un sueño, y de un sueño que se nos presenta como un juego. Pero, un juego no es una broma. Para comprender esto es necesario entrar en un espacio interior: lo Divino se interpreta a sí mismo. Es su aliento y por ende su sueño primordial, lo que se propaga en nosotros, y de él somos portadores. De ahí esa nostalgia que se propaga hasta la noche de los tiempos. (Atman - telos).
El juego inicial, el Sueño, o sea, la proyección de una expansión inevitable (para que haya Creador se necesita la Creación). El Sueño primordial contiene todo en sí mismo.

El Sueño primordial es el Origen, pero hay también los orígenes. Nosotros vivimos actualmente, dice Magdalena, en los universos, en los juegos que proceden del gran juego. Estos universos… dan lugar a su vez a mundos que son otras tantas máscaras. Máscaras que nos apropiamos y con las que hacemos nuestras verdades y de ellas juramos que son la verdad rostros ficticios que crean la ilusión de lo que pensamos que es real, y que son nuestras cárceles. Es ese lamentable egocentrismo esa facultad libre que tenemos de querer juzgarlo todo para circunscribirlo al antojo de nuestro intelecto lo que nos hace prisioneros.
Los universos en los que construimos nuestras vidas se tejen y destejen en función de nuestro nivel de conciencia., o sea, según lo que podemos considerar como posible.
Las morales son invención de las máscaras humanoides que llevamos puestas. Cuando caen las máscaras, nos damos cuenta que detrás del polo positivo y del negativo de las morales, existe una Realidad, La Realidad.

¿Por qué un esquema de creación tan complejo?
Si ganamos altura, cansados de tropezar, veremos una maravilla, un milagro permanente.
Para conoce la vida hay que aventurarse en las vidas. Para conocer el amor, hay que conocer el desamor. Al conocimiento y la felicidad sólo podemos acercarnos por la experimentación directa.
El evangelio de Miriam viene anunciado la libertad como agente del despertar. La libertad enseña la unidad por la multiplicidad.

El gran juego de la separación requiere adversarios, no enemigos.
Es el encuentro, la confrontación y luego la combinación de la que surge el movimiento de la vida. El macho y la hembra sólo son capaces de treguas sucesivas dentro de una gran guerra visceral, mientras que los principios masculino y femenino están destinados a unirse en un matrimonio último, que no es sino la reconciliación consigo mismo tras la apariencia de las máscaras..
No logramos imaginarnos a nosotros mismos sino no es como buenos, o como “malos”. ¿Siempre del lado de los buenos? Como blancas o negras en un tablero de ajedrez. Y esto no es más que un problema de máscaras que tenemos muy asumidas. Nuestra vida verdadera no se sitúa en la moral, o en el tablero de ajedrez, sino en el centro de Aquel que permanentemente concibe el juego.

La cuestión de la culpa en el texto griego transmitido por los Anales Akhásicos utiliza el término falta y no pecado. El pecado no existe sino no se da un dedo acusador que juzga y que, sin dudas, no es divino. La falta sobreentiende el error y resulta de una experimentación necesaria.
El Maestro niega la existencia de la falta. Nos la presenta como una invención de la forma de vida que nos caracteriza. Es una divagación del alma atrapada en las deformaciones impuestas por los juegos de la existencia. La falta es el resultado de una ilusión… en nuestra educación occidental cristiano judaica la noción de culpabilidad tiene una función bloqueadora de nuestro inconsciente. ¡El pecado original! ¿Hay algo más contrario a lo verdaderamente divino que esta invención?

Según la tradición gnóstica la creación vive en un constante adulterio al separarse del Creador, pero esta separación es necesaria en el camino de nuestra ascensión. Gracias a este adulterio se ha sembrado en nosotros la conciencia de algo distinto, de una reconciliación, de la necesidad de un retorno a la Fuente. Hagamos lo que hagamos la divinidad nunca será optativa. Estamos en la Divinidad, pues no podemos separarnos de nosotros mismos.

Nuestro viaje del alma, o las mil rebeldías que vamos creando no son sino estados de conciencia. Los mundos visitados por el alma, el de las Tinieblas, el de la Codicia, el de la Ignorancia … representan grados vibratorios correspondientes a los niveles del olvido en el que nuestras rebeldías nos hacen vivir durante largos espacios de nuestro tiempo cósmico.

Somos ante todo enfermos y moribundos. Son las insuficiencias de nuestros estados de conciencia las que nos hacer serlo. Nadie esparce a su alrededor el sufrimiento y la muerte, si no les ha hecho sitio dentro de sí. En el ámbito sutil sembrar la muerte es privar a la conciencia de esperanza y alegría. La muerte no aparece sino como una de las manifestaciones pasajeras de nuestro alejamiento de nosotros mismos.

En el transcurso del tiempo…

Segunda escala

La enseñanza del Maestro pasaba por el hecho de que nada se detiene y permanece en nosotros. Así nos permitió comprender que no existe ninguna transformación sin el constante despertar al riesgo. La mayoría de los hombres de este mundo no salen de los grandes ejes decididos por unos pocos. Ahí es donde reside parte de su desgracia, en el encadenamiento a lo que da seguridad a la superficie de sus vidas.
A un joven que no entendía las palabras de Myriam, ella le dice: El Maestro te habría respondido: “No comprendes debido al óxido que se ha establecido en ti” “Ten confianza en ti, pues yo la tengo”
Todos los que buscan al Maestro dentro de ellos empiezan por entrar en un territorio de desequilibrio y fragilidad, y buscan refugio en el amor por la armonía de las cosas pequeñas.
Yo, como ya hizo el Maestro, enseño ahora el riesgo, porque he experimentado en mí misma sus efectos. Yo no imito al Maestro, sino que he descubierto su esencia, no sigo sus huellas, sino que he puesto las mías dentro de las suyas.

Palabras sobre la fe y la creencia, que Daniel pone en boca de Myriam en el relato de sus visiones.
“¡No es una cuestión de creencias!
La creencia es una fuerza ciega; suele reposar en la simple confianza ingenua, a veces en lo arbitrario. Sucede incluso que se alimenta de una falta de lógica. Yo te hablo de fe, porque la fe es una certeza, un conocimiento directo, y fuera del tiempo, de Aquello que es. Así, ya ves, hay muchos creyentes en el mundo, ya que hay muchos seres influenciables y que aceptan que uno piense por ellos lo que debe llenar su alma. Sin embargo, hay pocos hombres y mujeres que conozcan la fe y que la vivan. La fe es una certeza, una certeza que viene a alcanzarnos hasta la profundidad de nuestro cuerpo.

La creencia fabrica fanáticos con facilidad. La adhesión a un dogma o a un conjunto de imágenes significa casi siempre servidumbre a decretos humanos. No es algo razonado. Creéis, a veces, porque vuestros padres lo hicieron, y así sucesivamente. Así se deposita en vosotros el óxido y ya nada se mueve.
La fe por su parte es como un soplo que ningún muro, ni ninguna prisión podría contener, ni siquiera frenar. La fe os sitúa en el espíritu del Maestro, en ese espacio que ninguna palabra podría describir. Ahí es donde se encuentra l a libertad absoluta, ahí donde se redescubre el sentido del amor y uno se encuentra a sí mismo tras una infinidad de máscaras. Ahí es, finalmente, donde el “siempre” se confunde con el “ahora”.
No es con la reflexión como se sale del sueño del que uno se siente prisionero. La inteligencia, en el sentido que la entendemos, nunca hará salir a nadie de su propio laberinto de interrogantes y sufrimiento. Los doctores de la ley no salen de él, ni han sembrado la verdadera paz.
La visión de la Puerta se alcanza por otra dimensión del ser que no está en relación con la personalidad. Es cuestión de un puente entre el alma y el espíritu.
Cuando yo me haya ido, quedará algo de mí, algo como el rastro de un perfume y habrá muchos hombres y mujeres que recogerán sus efluvios… Siempre es así para los que aman con Amor.
Las verdades más elevadas y las más grandes visiones no se inculcan. La experiencia de otro nunca es la bastante inmensa para uno mismo.
La tarea del iniciador es revelar la existencia y el contorno de esa Puerta e invitar a empujarla. Es despertar la posibilidad del maestro en el otro.


Movimiento II

El hundimiento

El Olvido
La enfermedad y la muerte son implícitamente consecuencia de una amnesia. No sólo no sabemos de dónde venimos, sino que hemos olvidado quienes somos.
Se trata de un hundimiento de todo el juego de estas separaciones surgidas de la Gran Separación. Hemos ido arañando en el suelo, cada vez más, bajo las plantas de nuestros pies con el fin de descubrir distintas densidades y nos hemos ido metiendo en la periferia de los orígenes del Origen Real. A fuerza de debatirnos teniendo únicamente como punto de apoyo el cuerpo en el barro (las apariencias) continuamos ahondando cada vez más en el atolladero en que estamos.

La seguridad de la amnesia
Todos podemos encontrar cierta tranquilidad ilusoria en el hecho de olvidar, en el no querer acordarse. Nos sucede en esta vida, y mucho más aún en la inmensidad del Movimiento de la Vida.
Vemos nuestro cuerpo como una prisión. La belleza de la encarnación puede desembocar en una sensación de estar encarcelados. La amnesia puede llegar a generar en nosotros a una negación de la esperanza. Hemos generado un mundo en el cual el Sol interior no existe, oficialmente se niega su existencia.
Amamos nuestras heridas porque las conocemos, porque nos identificamos con ellas. Nuestra actitud es globalmente suicida.
La nivelación se hace por la parte baja, hacia una mayor densidad.

La victimación
Dentro de un mundo en que las ilusiones se apilan unas sobre otras, lo urgente es: ¿Queremos verdaderamente comprender lo que ocurre?
Es de cada uno, y no de la colectividad, de donde ha de surgir la respuesta. Nadie más que nosotros ha repartido las cartas del juego en cuyo centro nos estamos debatiendo.
Ha llegado la hora de reconocer que somos innumerables los seres que jugamos a ser víctimas., y así nos disculpamos de saber hacernos responsables de nosotros mismos. Se trata mucho más de los que quieren que los que pueden.
La verdadera voluntad, como la verdadera fuerza, surge al final del largo viaje del alma, a menudo al límite de su agotamiento. ¿Habrá que volverse fatalista y declarar que nada podemos hacer mientras no tengamos nuestra ración completa de sufrimiento?
No olvidemos que se nos ha dado el libre albedrío.
Somos, ante todo, criaturas encargadas de hacer llegar más lejos la Inteligencia de Vida dentro de la Creación.
Nos corresponde decidir nuestro propio nivel de saturación en el errar.
Nuestro hundimiento es el resultado de nuestra complicidad con el fango, con la gravedad, pero esta gravedad es sólo nuestra.
Sólo nuestra visión de nosotros mismos y del mundo autoriza y regula la intensidad de nuestro hundimiento.

La debilidad
La debilidad está constantemente adherida a nuestro ser. Es un poderoso freno a nuestra liberación. Si le permitimos instalarse en nosotros, nos estancamos.
Para darse cuenta de que uno está en un atolladero, es necesario distinguir las paredes y vallas que la hacen una prisión.
Reconocer nuestra falta de voluntad es una lucidez, que supone humildad el primer paso para llega a la fuerza.
La marcha es una andadura por la verdad y pertenece al que quiere oír.

La Materia que enseña
Tras estas reflexiones, sería un primer reflejo condenar nuestro mundo de materia. Pero, esta es la última trampa en que hemos caído: no entender la función de nuestra amnesia y hundimiento.
La intensidad de nuestro sufrimiento y el encadenamiento a la materia tiene su origen, en gran parte, en nuestra total ignorancia del aspecto ilusorio y transitorio de todo lo que vivimos.
El acceso al Conocimiento, que en un momento dado nos ofrece la mente superior () pasa por un primer enfoque de la mente simple. Se empieza por concebir, se deja madurar a la luz del corazón y después se integra, es decir, se convierte uno en testigo viviente.
El camino recorrido por María Magdalena es nuestro camino. Ella reunió sus fuerzas para salir del laberinto y convertirse voluntariamente en peregrina, no creyente sino capaz de encarnar el principio mismo de la fe.
El Maestro lo afirma: la materia es una invención iniciática. Posee su propia coherencia, pero, ante todo es un todo profundamente ilusorio. Hay que comprender que nuestro sometimiento a ella va a herirnos mientras no hayamos permitido florecer en nosotros “la mente superior”: el Conocimiento nacido del corazón global e intuitivo de lo que es. Conocimiento que desestructura los mundos fabricados por nuestras rebeldías.

La naturaleza devuelve el equilibrio
El Evangelio de M. Magdalena ofrece pistas para seguir. Una de las más evidentes es la vía que pasa por la naturaleza.
La naturaleza adopta el rostro de la belleza y la coherencia, no se nos presenta como la realidad última a la que tuviéramos que acomodarnos.
Saber utilizar conscientemente algunas ilusiones a modo de estribo para ascender es señal incontestable de sabiduría.
Lo que nos sugiere la naturaleza es la contemplación. Esa forma especial de meditación que considera la noción de lo sagrado.

Las tres fases
Saber, comprensión, conocimiento
El saber atañe el cuerpo de la conciencia
La comprensión se dirige al alma.
El conocimiento es la huella del espíritu en la conciencia
Tanto Pedro como sus compañeros andan todo el día junto al Maestro pero permanecen aún en la aridez. Saben y comprenden pero no llegan a conocer, siguen estando fuera de la clave intuitiva de lo supramental, no consiguen abandonar el mundo de los conceptos ni de la imitación del Maestro.. la liberación no es un asunto de recetas. Todo ello requiere una maduración del ser.
El Conocimiento reclama otro nivel de conciencia, que sólo la Magdalena parece haber desarrollado.


En el transcurso del tiempo…

Tercera escala
De la Memoria del Tiempo… dijo Leví a Myriam: ¿Por qué, hermana? Tú que tienes tanto y tanto que enseñar, tú que, sobre todo, conociste al Maestro, ¿por qué vives así como una simple pastora? … ¡Me parece que explicas tan poco!

Myriam: Ya te lo he dicho. No es con palabras con lo que hablo. El Maestro me enseñó a convertirme yo misma en un relato… igual que Él hacía con su persona. Por eso, son mis ojos, mi boca, mis manos, y mis pies lo que se esfuerzan en inventar el relato más bello….
Porque siempre estamos inventando nuestra vida. La tejemos instante tras instante según la trama que imprimimos a nuestro corazón… Sobre todo, he aprendido a hablar sin palabras allí donde se necesita un vocabulario más sencillo.
El Maestro enseñó con su Palabra… pero no fue con ella con lo que se dio a conocer. Fue con el brillo de sus ojos y la pureza de Sus manos como cumplió su milagro en esta Tierra.
El verdadero testigo reviste la máscara del que inspira y, al hacerlo, prolonga la obra ¡No será nunca sólo el que repite! El Amor al que invita el Maestro es escucha, es mirada, es olfato, gusto y hasta tacto. En fin, es una forma de ser, es decir, de recibir y dar, nunca el mundo cerrado edificado basándose en argumentos, definiciones o reglamentos… Es un cruce de caminos.
No tengo que convencer a nadie… no vienen a verme para oírme predicar… viene a verme para recibir amor… porque he aprendido a escuchar, a recoger el sufrimiento, porque me he mostrado en esta apertura y porque esta brecha abierta de mi alma basta siempre para dejar que Él se exprese como juzgue conveniente. Tal vez aprendí sólo a ser la transparencia. Pero, la transparencia es exigente. El Maestro es exigente, su amor nada tiene de dulzón. Enseña el Mundo destruyendo el mundo
La confianza nace de una exigencia que hace avanzar.

Movimiento III

El ascenso


Todos aspiramos al ascenso, aunque no reconozcamos nuestro descenso. En nosotros está impresa la imagen de una liberación. Mas todo se lleva a cabo por etapas, con pausas y momentos de observación. Todo se lleva a cabo por etapas, con pausas y momentos de observación. El viaje del alma que contempla los mundos en los que tuvo que vivir y hace una recapitulación de ellos, es muy elocuente a este respecto.
De ahí la impresión que tenemos en algunos momentos, en ciertas épocas de la existencia de estar detenidos e incluso de retroceder… la vida, en su movimiento de reconstrucción, tiende a crear los acontecimientos de manera que exijan de nosotros una puesta al día…. Hace el último esfuerzo de contemplar quién está detrás de la imagen que ha proyectado hacia fuera.
La libertad que se nos ha ofrecido es una fuerza con la que tendremos que obrar de principio a fin.
Para salir del hundimiento es un imperativo que nos forjemos herramientas

Las herramientas
1.Saber pedir
2.La audacia
3.La visión y la escucha
4.Saber soñar e imaginar
5.Bajo la mirada de la exigencia
6.La voluntad
7.De la confianza al desapego y la alegría
8.El misterio del conocimiento
9.¿A quién seguir?
10.De la mujer iniciadora al Cristo interior
11.El Hijo del Hombre
12.Interior y exterior
13.La trampa narcisista
14.El miedo a la renovación, un reflejo ancestral
15.Un cierto silencio
16.El salto cuántico

1. Saber pedir
La Petición es la primera de esas herramientas.
Es un acto de humildad que no se formula sino en una situación de emergencia.
Esta petición deja traslucir una apertura. Una demanda es primero una intención, es decir, una apertura a la hipótesis de otro nivel de conciencia. “Llamad y se os abrirá” Todo se lleva a cabo por etapas, con pausas y momentos de observación. El viaje del alma que contempla los mundos en los que tuvo que vivir y hace una recapitulación de ellos, es muy elocuente a este respecto.
Tal llamada representa la acción primordial imprescindible para la pulsión liberadora.
La intención del ascenso debe venir del fondo. Tiene que haber cimientos en nuestra vida interior. Se trata de iniciar un retorno a la Fuente, el único punto inmutable.
Llamando a aquello que está en nosotros y que podemos llamar Chispa Divina. Y que es perpetuamente presente y portadora de visión.

2. La audacia
¿Cómo alcanzar la realidad? Responde el Maestro: “Atreviéndose”
Se trata de una actitud global de la conciencia que, por lo que a ella respecta, raramente se muestra revolucionaria.
Para el Maestro la única audacia que existe es la que permite ver más allá e la línea del horizonte de los senderos mil veces recorridos. La audacia no existe sino en la superación de un funcionamiento dualista basado en la apariencia de las cosas. Es el privilegio de volverse a encontrar en el mundo del Origen.
Sin duda es un asunto de visión. No hay audacia sin el recuerdo de todas las posibilidades inscritas en nosotros desde toda la eternidad. La audacia es una espada que corta todo lo que no refleja la Unidad, sino que sigue ahondando en el surco de las fronteras. Lo contrario a la audacia no es otra cosa que el miedo al vértigo de la libertad…
La actitud de los apóstoles en este evangelio ilustra las dos tendencias entre las que nos debatimos la mayoría de nosotros: la falta de apertura y la audacia interior. Nos aferramos a las seguridades rutinarias cotidianas, aun cuando las sepamos insatisfactorias y frustrantes. Amamos nuestra cárcel porque conocemos sus reglas internas.
Atreverse es algo más que romper las cadenas, es inventarse a sí mismo, inventar la propia trayectoria en lugar de calcarla ciegamente sobre la de otro. El camino que nos devuelve al Soñador primordial siempre será individual. No es que lo que enseña la colectividad no tenga un sentido en momentos determinados.
La audacia requiere una soledad habitada por la visión de la Meta, la Maestría no se puede clonar.

3. La visión y la escucha
Si no hay audacia sin visión, tampoco sin ella hay escucha. La Visión, o lo que es lo mismo, la presencia inicial de la Meta, nos devuelve constantemente al Origen.
Visión y escucha parten del mismo principio de voluntad de atención a todo lo que es. Por la unión de la visión y la prolongación de esta, la escucha de nuestra Esencia, es como vamos hacia la Meta.
Somos nosotros en función de nuestro puesto de observación quienes definimos el carácter de lo concreto y de lo abstracto.
El descubrimiento de los principios del holograma, para quien sabe comprenderlo, no habla sino de una redifinición de los concreto y lo real.
¿Pudiera suceder que estuviéramos haciendo que la materia de nuestro mundo diera un salto hacia delante que nuestra conciencia aún no está preparada para integrar?

4. Saber soñar e imaginar
La pregunta del sueño es especialmente pertinente en nuestro tiempo. En numerosas sociedades el sueño siempre se ha percibido como una comunicación especial con una realidad superior. El sueño, en su aspecto noble e inicial, representa la función creadora por excelencia, y así lo menciona María Magdalena.
El verdadero poder es el de la imaginación. Primero hay que concebir, diseñar puertas, y al final abrirlas, posteriormente crear – crearse. El Creador dormita en nosotros con tanta seguridad como nosotros dormitamos en Él. De modo que todo es cuestión de despertarse.
El poder del sueño se nos presenta como generador de alegría.

5. Bajo la mirada de la exigencia
Manifestar el Amor es la solución a cualquier situación conflictiva. Y ¿Cómo manifestar este amor? Exigiéndose.
Exigir es exigirse, reclamar lo mejor de nuestro yo. La exigencia del Maestro es una autodisciplina sin la cual no puede edificarse nada sólido.
El crecimiento es un asunto de uno mismo con uno mismo.
Cuando los discípulos se separan, al final del evangelio, no se les pide que vayan a convertir almas perdidas, sino a ofrecer la Palabra. No se puede añadir nada más a esta exigencia, nada se erigirá en regla.
La autodisciplina que se exige para tal ascensión es pureza. Hay que hacer un esfuerzo de transparencia.. Hay que decir no a la mentira y al autoengaño. Hay que adoptar una ética.
Uno no se miente a sí mismo eternamente.
No hay flojera posible en la vía que nos lleva hasta nosotros mismos.

6. La voluntad
Está constantemente presente en el legado que nos dejan el Maestro y su discípula. Nada no es revelado, ni regalado, si no lo hemos merecido de un modo u otro.
Decir que queremos, ¿es de verdad suficiente para avanzar?
El “sí, pero…” es, en cierto modo, el credo de la religión más extendida en la Tierra.
Deseamos sin querer y, cuando queremos, nuestro impulso tiene tendencia a detenerse allá donde las consecuencias del esfuerzo ya no nos convienen. Tenemos una incapacidad casi crónica de ver a lo lejos.
Querer requiere lucidez, y ésta es un asunto de madurez.
Sin voluntad nos volvemos semejantes a organismos desprovistos de columna vertebral, no podemos mantenernos rectos. En este evangelio se nos dice sin ambages que se “nace a la muerte por la debilidad del querer”.

7. De la confianza al desapego y la alegría
Nuestra ascensión requiere mucha confianza. Quien se niega a apostar por el futuro y las inevitables transformaciones que éste implica, indefectiblemente está estancado.
El que deja de esperar, en cierto modo se convierte en un muerto viviente. La desesperanza surge del Olvido, de la pérdida de la Visión.
A los Apóstoles les falta la fe en lo que son, ya que la enseñanza que han recibido aún no ha echado raíces en ellos. Ellos llaman al Sol con fuerza, pero, permanecen encogidos y acurrucados, incapaces de abrirse a una nueva manera de funcionar.
Abrirse a la confianza es dar nombre a nuestros miedos para aprender a relajarse. Siguen en estado de guerra porque continúan rebeldes a abandonar sus resistencias. De hecho dudan porque se aferran en sus creencias.
Hay dos modos de dudar, el segundo es causante de esclerosis, traduce nuestros miedos frente a horizontes inexplorados y, por tanto, molestos.
Quienes llevan dentro la alegría son siempre quienes por su confianza aceptan abrirse desde su interior a los peligros que la vida pone en su camino. La confianza es una puerta que se abre a la alegría y al entusiasmo. Reconstruirse implica una actitud de confianza.

8. Gnosis ()
Define una Puerta que permite el fluir entre el alma y el espíritu (). Nada tiene que ver con el intelecto puro que diseca y en consecuencia desvitaliza el objeto de su mirada. Es más bien una comprensión desde dentro que da acceso a un conocimiento directo. Es la puerta por la cual la Visión de Eternidad se hace posible.
La gnosis no puede apenas definirse, su principio, esencialmente, ha de ser experimentado.
Cuando se llega a alcanzar la gnosis y uno la deja manifestarse no hay duda de que se encuentra en el umbral de una metamorfosis, todo se redefine. El Espíritu se convierte en una realidad que comenzamos a saborear.
Aquí es donde se vuelve urgente para nuestra sociedad empezar su mutación, pues existe una forma de inteligencia que se sitúa y manifiesta mucho más allá de las normas del coeficiente intelectual., que no segmenta la vida, no es dualista, no pone etiquetas a nada… se sitúa en un tiempo distinto. Es en realidad un nuevo punto de partida, ya que, al sacar a la luz otro nivel de conciencia, redefine nuestra percepción de lo que es y de la amplitud de nuestro campo de acción.
El conocimiento tal como lo ilustra Miriam, se ríe de las reglas de cierta lógica humana. Ella no decide enseñar después de estudiar y reflexionar acerca de ciertas cuestiones. Ella ha recorrido un largo camino.
En el momento en que un ser deja que se exprese a través de él la presencia de la mente superior, puede comparárselo a una astilla en el talón de la sociedad en la que vive. Fascina y molesta a la normalidad.
La gnosis aparece como un nacimiento después de sucesivas muertes de la personalidad inferior. Es un puente entre las realidades y la Realidad.

9. ¿A quién seguir?
Toda búsqueda interior evoca la presencia –o la no presencia- de un guía, de una autoridad capaz de mantenernos en el camino recto. Según el Maestro, no hay que mirar a éste o a aquél. Sólo hay que contemplar nuestro centro.
El ascenso es cosa nuestra, un asunto de nosotros con nosotros mismos. Somos los únicos responsables. Se convierte en adulto todo el que se hace cargo de sí mismo.
El Maestro lo es, porque se ha convertido en un Principio por Sí solo. Se ha convertido en lo que es común a cada uno de nosotros y que Él deliberadamente llama “Hijo del Hombre”. En este sentido, la fuerza que se expresa a través de Él no pretende ser extraña a nosotros.
Cuando afirma: “Mi paz os doy”, quien se expresa no es tampoco el hombre de carne, sino El que ha ascendido a la Fuente, el recordatorio por el que cada uno puede recuperar la memoria de lo que fue y fortalecerse.

10. De la mujer iniciadora al Cristo interior
La noción del Cristo interior en todo ser se encuentra por completo en el fondo de la enseñanza iniciática transmitida por María Magdalena (el centro, la fuente, la savia, la chispa…). En su viaje simbólico ella lo afirma: “He visto en mí…”
“Su (del Maestro) Esencia de Luz no nos deja”. Evoca los más altos conceptos metafísicos sin dejar de ser la mujer de carne. Materia y Espíritu.
¿Por qué ella - y no otra persona – ha acogido la Conciencia Crística? ¿Por qué su acceso al Maestro es directo? Porque no se dispersa, no carece de confianza y no despliega su mente analítica. Ella no olvida su centro. No mira, sino ve.
María Magdalena es a la vez raíces y hojas, cuerpo capaz de abrazar y alma abierta a lo impalpable..
Cualquiera que sea el grado de despertar de un ser, el hecho de estar encarnado conlleva una forma de vulnerabilidad, que al mostrarse da fe de su grandeza.
Myriam provoca problemas en los apóstoles. Ellos están en una danza constante de vacilación y dudas. Pasan de continuo de la atracción a la repulsión. Piden y rechazan.
Recordemos que nunca es la discípula la que toma la delantera para revelar el secreto que le ha sido confiado. Siempre le piden que hable.
Ella como todos los que han alcanzado lo Esencial y que son portadores de Ello, exacerba las pasiones. Es molesta.

11. El Hijo del Hombre
¿Por qué El que nos es presentado como Hijo de Dios es llamado también Hijo del Hombre?
¿Podría ser que el Hombre fuera Dios?
El Principio del Hombre, realizado en su perfección total, forma uno con el Principio divino. El Maestro, en su esencia, representa la manifestación de la máxima realización que puede ofrecer el género Humano, y este género Humano no es diferente de su Fuente, el Soñador primordial. No se trata de la humanidad encarnada, sino de la chispa que nos habita.
La humanidad que constituimos todos nosotros no es sino una prehumanidad, que sigue sin querer ser capaz de lo Divino.
El Cristo fundamental –o Maestro- que todos llamamos sin siquiera saberlo no puede ser sino interior. Es una realidad que se nos adhiera al alma. Comprenderlo equivale a dar un gran paso hacia uno mismo.
Cuando se dilata una sola conciencia, es la humanidad entera (nuestra realidad global) la que se modifica
Nos mantenemos sistemáticamente fuera de nosotros mismos. Nuestra identidad última escapa aún a nuestra comprensión.
El Maestro no menciona su Reino, sino nuestro Reino, esa realidad ilimitada que nos pertenece desde toda la eternidad.
La conciencia Crística es un estado que cada uno de nosotros ha de heredar sin excepción posible.
El testigo, que en la enseñanza del Maestro es algo fundamental, es quien crea el puente entre una realidad y otra (la exterior y la interior). No se sitúa en el “dicen que…” sino en el espacio de lo que él mismo ha experimentado.
El Cristo interior no se puede situar en otro, ni se puede adquirir a fuerza de argumentos, sino que se sitúa en acoger individualmente la Luz y luego expandirla por medio del ejemplo.

12. Interior y exterior
La unidad es o no es. El Maestro afirma que lo de dentro y lo de fuera se comunican constantemente, hablan de lo mismo. El uno expresa las realidades del otro y viceversa.
No se ve el interior que se aloja en el exterior, pero es dentro donde se encuentra la alegría perdida. El Maestro nos habla de la fusión con el Todo. No se trata de una disolución de lo que somos en un Todo que puede parecerse a la nada, es todo lo contrario, se trata de una extraordinaria expansión de nuestra conciencia que la hace más amplia y capaz de englobarlo todo con amor. Al llegar a este estado ya no existen los otros y nosotros, ni siquiera el Creador y nosotros, sino un sola Realidad que va más allá de todas las palabras.
Es necesario volver a recordar nuestra unidad con el Todo a través de los detalles de la vida cotidiana. Es el camino directo a la compasión, una ruta que se recorre por una voluntad de encarnar lo más noble y humano que hay en nosotros. No hay recetas. Sólo una mirada nueva que hay que desarrollar y unas manos de ternura para darle forma.

13. La trampa narcisista
“Estoy en el tercer nivel de la quinta iniciación” esta contemplación de nosotros mismos suele acabar en un estancamiento prolongado, y hace reír. Dice María M. Quien mira sus ojos no ve su Ojo. Detenerse en el camino recorrido y hacer de él un pedestal en el cual uno se sube es una trampa frecuente.
El orgullo espiritual es un país de pleno derecho que tenemos que atravesar al mismo tiempo que los demás.
El Despertar destila una noble discreción

14. El miedo a la renovación, un reflejo ancestral
La renovación no es pintar la casa, sino reinventarle unos planos totalmente nuevos.
Todos estamos de acuerdo en avanzar, pero, en la práctica somos deudores de todo aquello en lo que fuimos educados… así actúan los apóstoles en este evangelio. Su defensa se realiza de forma primaria, primero la duda, después el rechazo al cambio.
Hay que dejar espacio dentro de nosotros para que una nueva realidad pueda instalarse en él e invitarnos a horizontes más amplios. Aquí la humildad, el no estar pegado a sí mismos, es un signo de madurez y de grandeza. No todo el mundo es capaz de esto.
¿Queremos realmente lo que queremos, o estamos representando una comedia?
La especie humana es capaz de agredir en nombre de la Paz, de odiar en nombre del Amor, de utilizar toda clase de armas apelando a la armonía.
Es hora de desincrustar de nuestra alma reflejos ancestrales que siguen haciendo de nosotros enfermos graves. Es una decisión ante todo individual.

15. Un cierto silencio
Todo empieza por un silencio y un silencio acaba por resolverlo todo.
El silencio dinámico significa poner sordina a la mente razonadora por cuya causa se generan y manifiestan muchos malentendidos. Es una aceptación de romper el círculo de los discursos y encarnar con el ejemplo el Amor. Se acalla la personalidad inferior y se deja que lo Humano florezca.
El descubrimiento del silencio es muy urgente en nuestra sociedad…
Saborear el silencio sólo sugiere una voluntad de no participar en la dispersión colectiva, la decisión de ir al encuentro del centro: el Amor manifiesto más allá de las ideas y lenguajes, testigo de nuestra raíz común.

17.El salto cuántico
¡Los peldaños de la escalera por la cual hemos emprendido el retorno a nuestra morada parecen tantos y tan altos!
¿Cómo tener fuerzas para imaginarse a uno mismo creciendo a lo largo de períodos de miles y miles de años?
Evidentemente el enfoque clásico de espacio-tiempo no nos sirve. Creo que Dios ha establecido una especie de atajos, afirma el autor, en el mecanismo de la evolución de la conciencia. Hasta ahora lo han usado los místicos, pero es posible que lo usemos colectivamente y que estemos en un momento apto ara ello.
El salto cuántico es un salto del a conciencia por encima de la ilusión del tiempo, un salto que proyecta hacia delante todos los niveles de manifestación de la Creación.
Algo apunta la Magdalena al decir que el Maestro es la realidad sublime que ya hemos alcanzado en alguna parte fuera del tiempo y que es necesario recordar para realizar el salto decisivo.
No todos los hombres, pero, sí un número creciente de nosotros se acercará más a lo Humano.

En el transcurso del tiempo…

CUARTA ESCALA

Estar atentos a todo lo que habla en el fondo de nosotros.
Es el Maestro quien nos enseña permanentemente en el silencio.
El milagro no está en las palabras… que los siglos recordarán, sino en los silencios que (las palabras rememoradas) inspirarán. Escuchad…

domingo, 1 de junio de 2008

De la meditación

En este capítulo me limito a resumir la entrevista que Treya Killam Wilber, afectada en esos momentos de un cáncer terminal, cuando apenas superaba los cuarenta años de edad, hizo sobre la meditación a Ken Wilber, su marido. Me ha parecido tan profundo y tan completo lo que se dice en ella que no entiendo que sea necesario añadir nada más. No expongo la entrevista entera, sino que la resumo, evidentemente en función de mi propia visión.

TREYA: ¿Por qué no empiezas por explicar lo que entiendes por “filosofía perenne”?

KEN: La filosofía perenne es esa visión del mundo que comparten la mayor parte de los principales maestros espirituales, filósofos, pensadores e incluso científicos del mundo entero. “Perenne” o universal porque aparece implícitamente en todas las culturas del planeta y en todas las épocas.
Y dondequiera que la hallamos presenta siempre los mismos rasgos fundamentales: es un acuerdo universal en lo esencial. Es algo difícil de creer para los occidentales contemporáneos que no nos ponemos de acuerdo en nada. Pero, la situación extraña es la que nosotros tenemos, no la que tenían otros pueblos en otros tiempos.
Creo que estas verdades de naturaleza universal constituyen fundamentalmente el legado de la experiencia universal del conjunto de la humanidad, que en todo tiempo y lugar ha llegado a un acuerdo sobre ciertas profundas verdades relativas a la condición humana y sobre cómo acceder a lo Divino.

TREYA: Modernamente se habla de que es el lenguaje y la cultura lo que modela nuestro conocimiento. De ser así no cabría ninguna verdad universal. Desde este punto de vista no existe una condición humana, sino sólo una historia humana, muy diferente en cada caso. ¿Qué opinas de esta noción de relatividad cultural?

KEN: Hay mucha verdad en ello. Existe esa diversidad de culturas que poseen ese diferente conocimiento “local”. Pero ello no es toda la verdad, junto a estas formas diversas culturales existen otras formas humanas que son en gran medida universales. Son las estructuras profundas del ser humano. Todos los hombres tienen el mismo número de huesos, de músculos, un solo corazón… y en todos los humanos la mente humana tiene la capacidad de formar imágenes, símbolos, conceptos y reglas. Las estructuras superficiales varían, pero no así las profundas. Y de igual manera que el cuerpo humano crea universalmente pelo y la mente crea ideas, el espíritu también produce intuiciones sobre lo Divino. Y esas intuiciones configuran el núcleo de las grandes tradiciones espirituales del mundo. La filosofía perenne se ocupa fundamentalmente de las estructuras profundas del encuentro humano con lo Divino.

TREYA: A primera vista parece difícil ver en qué podrían estar de acuerdo el cristianismo y el budismo. ¿Podrías postular sus tópicos fundamentales?

KEN: Muchos. Los siete más importantes.
Uno: el Espíritu existe.
Dos: ese Espíritu está dentro de nosotros.
Tres: a pesar de ello, la mayor parte de nosotros vivimos en un mundo de pecado, separación y dualidad, en un estado de caída ilusorio, y no nos percatamos de ese Espíritu interno.
Cuatro: hay una salida para el estado de caída, un Camino que conduce a la liberación.
Cinco: si seguimos ese Camino hasta el final, llegaremos a un Renacimiento, a una Iluminación, a una experiencia directa del Espíritu interno, a una Liberación Suprema.
Seis: esta experiencia marca el final del pecado y del sufrimiento.
Siete: el final del sufrimiento conduce a una acción social amorosa y compasiva hacia todos los seres sensibles.

Vayamos por partes: Ser (Dios, lo Divino,…) existe, llámesele como se le llame. Lo sabemos por los místicos que apoyan su afirmación en la experiencia inmediata y directa. Y este conocimiento de los místicos es un conocimiento válido, tanto como la del sabor de un trozo de pastel. Tanto una como otra experiencia son en cierto modo inefables. En estos casos y en todos los similares es necesario tener la experiencia real para saber de qué se trata. Aunque la experiencia mística sea en gran manera inefable, se puede comunicar, se puede trasmitir, de la misma manera que muchas cosas no pueden ser explicadas con palabras: pintar, cantar, saborear… pero se puede enseñar. Es posible aprender una determinada técnica espiritual y llegar a la experiencia.

TREYA: Pero la experiencia mística podría estar equivocada.

KEN: Por supuesto que la experiencia mística no es más cierta que cualquier otra experiencia, pero tampoco menos. Tiene el mismo estatus que cualquier otro conocimiento experimental. Así que o aceptamos todas estas experiencias o nos hundimos en una ignorancia total y absoluta. Ni el Quijote lo escribió Cervantes, ni hoy es 23,4.05, ni yo (José Antonio) estoy escribiendo, ni oyendo las estaciones de Vivaldi, ni existen los electrones… Y la experiencia sólo se confirma con más experiencia. Este argumento lo que hace es afirmar que los místicos son verdaderos especialistas para hacer las aseveraciones que hacen.

TREYA: Pero ¿no será la visión mística una esquizofrenia? como se suele decir (incluso por muchos mal llamados teólogos).

KEN: Hay esquizofrénicos que experimentan intuiciones místicas. Pero desconozco a cualquier autoridad en la materia que crea que las experiencias místicas son básica y primordialmente alucinaciones esquizofrénicas. Sí que hay muchas personas no cualificadas que lo piensan, y no sería fácil convencerlas de lo contrario. Diré tan sólo, que las prácticas espirituales y contemplativas utilizadas por los místicos pueden ser muy poderosas, pero no lo suficiente como para coger a un montón de gentes normales, sanos y adultos y en el curso de pocos años convertirlos en esquizofrénicos delirantes y alucinados que no podría ponerse de acuerdo ni para ir al baño.

TREYA: ¿No es posible que la noción de ser “uno con el Espíritu” no sea más que un mecanismo de defensa regresivo para proteger a una persona contra el pánico ante la mortalidad y la finitud?

KEN: Si la “unidad con el Espíritu” es algo en lo que uno cree, se trata de una idea o de una esperanza. Entonces suele formar parte de la “proyección de inmortalidad” de una persona, o sea, de un sistema de defensa, diseñado para protegerse mágica o regresivamente de la muerte bajo la promesa de una prolongación o continuación de la vida. Pero la experiencia de la unidad atemporal con el Espíritu no es una idea, sino una experiencia directa. Y una experiencia directa o es una alucinación, ya hemos demostrado que no, o un error y también se ha demostrado que no, o simplemente se ha de aceptar tal como es: una experiencia directa del Espíritu.

TREYA: Por lo que dices el misticismo genuino a diferencia de la religión dogmática, es científico, porque se basa en la evidencia y en la comprobación experimental directa. ¿No?
KEN: Así es. El laboratorio del místico es su propia mente, su interioridad y el experimento: la meditación. Cualquier persona puede verificar y comparar los resultados de su experiencia con los de otros que hayan hecho la misma experiencia. Este conocimiento experimental y la consiguiente convalidación te llevan a una serie de verdades, o ciertas leyes del Espíritu…

TREYA: Y esto nos lleva de nuevo a la filosofía perenne. A los siete grandes principios antes enumerados. El primero: el Ser, el Espíritu existe. El segundo: El Espíritu está dentro de ti.

KEN: El Espíritu está dentro de ti. Hay todo un mundo en tu interior. El mensaje de los místicos es este: en el centro de ti mismo tú eres Dios. El Chandogya Upanishad nos ofrece la formulación de esta verdad: “En la misma esencia de tu ser no percibes la Verdad, pero en realidad está ahí. En eso, que es la esencia sutil de tu propio ser, todo lo que existe Es. Esa esencia invisible y sutil de tu propio ser es el Espíritu del universo entero. Eso es lo Verdadero, eso es el Ser. ¿Y tú? Eso eres tú”.
Con nuestra mentalidad occidental este pasaje es difícil de entender y con una mentalidad cristiana más aún de aceptar. Mas se ha de pensar que ese “tú” al que se refiere el pasaje no es la identidad individual y personal de cada uno, tal como lo entendemos en occidente. No es José Antonio el que es el Espíritu del universo. No es mi ego, al contrario mi ego es el que impide que tomemos verdadera conciencia de nuestra Identidad Suprema. Ese “tú” es nuestra esencia más profunda, o nuestro yo más elevado que transciende el ego mortal, la temporalidad, el espacio, las limitaciones del mundo manifiesto y participa directamente de lo Divino, del Espíritu. Es lo que en el cristianismo llamamos Pneuma, en contraposición a la psique. Cristo nos pide para ser verdadero discípulo, verdadero cristiano “que perdamos nuestra propia vida o alma, nuestra propia identidad1”. Sólo transcendiendo nuestra alma mortal, podremos descubrir nuestro pneuma: espíritu inmortal que es uno con el Todo. Ya lo afirma San Pablo “Vivo. Pero no yo. Es Cristo quien vive en mí”. Pablo descubrió su verdadera identidad, que no era su psique o su alma individual. También los hebreos distinguían entre ruaj, la participación en lo Divino, y nefes, el ego individual. Por supuesto que si creemos que nuestro ego individual es Dios, estamos padeciendo una verdadera psicosis.

TREYA: Pero entonces, si el Espíritu está realmente en nuestro interior, ¿por qué no es evidente para todo el mundo?

KEN: Con esto entramos en el tercer punto. Las diversas tradiciones dan diferentes respuestas a este asunto. Pero todas coinciden en esto: no puedo percibir mi verdadera identidad, porque mi conciencia está obnubilada y obstruida por alguna actividad en la que estoy implicado ahora mismo. Esta actividad recibe nombres muy diferentes, mas fundamentalmente consiste en contraer y centrar la conciencia en mi ego personal, en mi yo individual. Esa identificación y la correspondiente exclusión de todo lo demás es lo que me impide encontrar mi verdadera identidad con el Todo. Estoy separado y alienado del mundo de ahí afuera, un mundo que percibo como algo externo, ajeno y hostil a mi propio ser. Y mi propio ser en sí no parece ser uno con el Todo, sino que permanece encerrado y aprisionado dentro de las paredes limitadoras de este cuerpo de carne mortal.

TREYA: eso es el dualismo ¿no?

KEN: así es. Me divido a mí mismo como sujeto y objeto y a partir de este dualismo inicial sigo dividiendo el mundo en todo tipo de opuestos en conflicto: placer y dolor, bien y mal, verdad y mentira..., según la filosofía perenne la conciencia contraída sobre sí misma, dominada por el dualismo, no puede recibir la realidad tal como es, la realidad como Identidad Suprema. El pecado es la contracción de uno mismo, la sensación de identidad separada, el ego. El pecado no descansa en algo que hace el yo, sino en algo que es.
La sensación de estar separado, de ser un individuo separado, da nacimiento al sufrimiento, da nacimiento a la “caída”. El sufrimiento no es algo que ocurre al estar separado, sino que es algo inherente a estarlo.
“Pecado”, “sufrimiento” “yo” no son sino diferentes nombres para un mismo proceso: contracción y fragmentación de la conciencia. Es imposible rescatar al yo del sufrimiento, ambos nacen y mueren al mismo tiempo.

TREYA: el mundo dualista es el mundo del pecado original, es el mundo de la contracción. ¿También los místicos occidentales definen el pecado y el infierno como algo inherente al estado de identidad separada?

KEN: Sí. Al yo separado y a su codicia, deseo, huida carentes de amor. Viene a propósito un escrito de William Law, un místico cristiano inglés del siglo XVIII: “He aquí la verdad resumida. Todo pecado, toda muerte, toda condenación y todo infierno no son sino el reino del yo, las diversas actividades del narcisismo, del amor propio y del egoísmo que separan el alma del Ser (Dios) y abocan a la muerte y al infierno eterno”. La Theologia germanica afirma: “lo único que arde en el infierno es el yo”.
En sánscrito el “pequeño yo” o alma individual se denomina ahamkara, que significa nudo o contracción. Y esta contracción dualista y egocéntrica de la conciencia es la que constituye la raíz misma del estado de caída.

TREYA: así que la transcendencia del “pequeño yo” conduce al descubrimiento del “gran YO”.

KEN: efectivamente, es la forma para superar la caída. Tirar a la cuneta al pequeño yo. Morir a esa sensación de ser una identidad separada es el único camino si queremos descubrir nuestra identidad con el Todo.
Para la gran mayoría de nosotros esta sensación ha de ser superada poco a poco, aunque de hecho esta separación nunca ha existido, porque Ser lo es Todo, sólo existe Dios. Por tanto esa identidad separada no existe, es sólo una sensación, pero que afecta a nuestra conciencia.
Existe el Camino, y si lo seguimos hasta el final, nos conducirá desde el estado de caída al de salvación o iluminación. Como dijo Plotino: “Es un vuelo desde el único hasta el Único”.

TREYA: ¿Es la meditación ese camino?

KEN: hay diversos caminos. Son diversas estructuras superficiales que comparten la misma estructura profunda. Podemos simplificar diciendo que todos estos caminos, procedentes de diversas tradiciones de sabiduría, se dividen en dos grandes caminos. Uno de ellos consiste en expandir tu ego hasta el infinito y el segundo en reducirlo a la nada. El primero es una vía de conocimiento, mientras que el segundo es una vía devocional. El sabio dice: “Yo soy Dios, la Verdad Universal”. Y el devoto. “Yo no soy nada. ¡Oh, Dios! Tú lo eres todo”. En ambos casos el individuo transciende su pequeño yo, muere al ego y resucita, redescubre su Identidad Suprema con el Espíritu Universal.
El pequeño yo debe morir para que pueda resucitar en nosotros el gran YO, el Cristo.
Los nombres que dan las distintas tradiciones de sabiduría a esa muerte y nuevo renacimiento son muy diversos. En el cristianismo: Adán y Jesús, o Hombre Viejo y Hombre Nuevo, y la conversión, el proceso de retorno: metanoia.
En el budismo y el hinduismo llaman a la muerte jivatman y al despertar Brahman y shunyata. Y la iluminación o liberación moksha. El Zen llama satori o kensho a la transformación.

TREYA: ¿La iluminación se experimenta como una muerte real o sólo es una metáfora?

KEN: se trata de una verdadera muerte del ego. Los relatos de esa experiencia pueden ser muy dramáticos, o también muy sencillos. Afirman: te despiertas y descubres que tu verdadero ser es todo lo que has estado mirando hasta ese momento. No te vuelves uno con Dios, sino que te das cuenta, tomas conciencia de que eternamente has sido esa unidad sin percatarte de ello. Y junto a esa experiencia, también experimentas que tu pequeño yo ha muerto de verdad. Eckhart dice: “El reino de Dios (Ser) no es sino para los que han muerto completamente”.
Al morir el pequeño yo se descubre la eternidad. El YO no mora para siempre en el tiempo, sino en el presente atemporal previo al tiempo, previo a la duración. ES.
El sexto gran principio de la filosofía perenne afirma que la iluminación pone fin al sufrimiento. Lo que causa el sufrimiento es el apego y el deseo de nuestra identidad separada, y lo que pone fin al sufrimiento es el camino meditativo que transciende al pequeño yo y al deseo. El sufrimiento es inherente a ese nudo o contracción llamado ego, y la única forma de acabar con el sufrimiento es acabar con el ego. No se trata de que después de la iluminación ya no sientas dolor, angustias, miedo… sientes todo eso, pero lo que ocurre es que esos sentimientos ya no amenazan tu existencia, dejan de constituir un problema, no te identificas con ellos, no les das energía, ya no resultan amenazadores. El Yo es el Todo y no hay nada que pueda hacerle daño. Esta situación produce una profunda relajación y distensión del corazón. La persona se asienta sobre la paz que sobrepasa todo entendimiento, como dice S. Pablo.
El sabio como es consciente del sufrimiento, aunque no le haga daño a él personalmente, se siente motivado por la compasión y el deseo de ayudar a los demás que sufren y creen en la realidad del sufrimiento.
Este es el séptimo punto. La verdadera iluminación deriva en una acción social inspirada por la misericordia y la compasión, en un intento de ayudar a todos los seres humanos a alcanzar la liberación suprema. “Ama a tu prójimo como a ti mismo que es, como al Ser mismo que es”.